*¡Bienvenidos de nuevo! Los acontecimientos del último capítulo tienen sus consecuencias y aquí vemos algunas de ellas. Una situación incómoda para Melinda y Cary que tendrán que lidiar con ella.

Si os gusta la historia, no dudéis en haceros seguidores de ella o dejar algún comentario sobre la misma. ¡Os espero en dos semanas!*

6

El arrepentimiento sólo es una pose

La luz entraba por la ventana anunciando un nuevo día. Melinda se despertaba poco a poco, intentando retrasar el momento de levantarse y ponerse en funcionamiento. Notaba la cabeza embotonada, la misma sensación cuando tenía resaca después de pasarse con las copas. Sin embargo, la noche anterior no había bebido en absoluto. La noticia de la muerte de Will Gardner recorrió una vez más su mente, lo que le devolvió a la realidad de inmediato. Abrió los ojos y se lo encontró allí, tumbado a su lado todavía dormido. Cary Agos había pasado la noche junto a ella, en su cama, tras dos meses de ruptura. Había cometido una estupidez, un tremendo error, pero del que poco se arrepentía. Le seguía queriendo y, a pesar de todo, no iba a negar que la parte más primitiva de sí misma le había estado pidiendo un poco de alegría para su cuerpo. Para comprobar los hechos, miró bajo la sábana. Efectivamente, estaban ambos desnudos y ella no sabía ni siquiera dónde meterse. Se incorporó en la cama y le pidió a su cabeza que empezase a hilar a gran velocidad. Miró la hora en el despertador de la mesilla y vio que llegaba tarde. ¿Cómo podría haber ocurrido tal caos en tan poco tiempo? Se metió prisa en el cuerpo y una de las primeras cosas que hizo fue zarandear a Cary.

- ¡Mierda! – se susurró a sí misma al darse cuenta de todo lo que había pasado la noche anterior y de que nada ni nadie podría remediarlo –. Vamos, Cary, hay que levantarse.

Tuvo la tentación de pegarle un par de bofetadas en la cara, aunque realmente se las quería pegar a sí misma. Se dirigió al armario y empezó a coger la ropa que formaría el modelito que se pondría aquella mañana. Recogió la ropa que estaba tirada por el suelo mientras Cary se desperezaba y se sentaba en la cama.

- ¿Qué hora es? – preguntó.

- Muy tarde – contestó de forma seca.

No estaba de humor. Lo que había pasado anoche no tenía que haber pasado. Se recordaba que estaba enfadada con él, que le había puesto los cuernos con Kalinda y que, en aquel momento, la venganza estaba servida desde hace tiempo. "Menuda cagada, amiga", se dijo para sí. "Vete ya de casa que vas a llegar tarde al trabajo y es mejor que esto se quede en una simple anécdota". Se vistió lo más rápido que pudo, se tomó el zumo y, tras echarle un último vistazo a Cary, quien se estaba vistiendo todavía, salió de su apartamento sin decirle una sola palabra. Él se sintió observado y miró hacia su dirección, pero ella ya no estaba. Con la velocidad ya acelerada, sabía que no podía ser un buen día. Este tipo de cosas le rompían los esquemas, le partía por completo los planes, a pesar de que fuese un día normal en la oficina. Pasar consulta, alguna operación que otra…, era lo típico de su día a día pero, con lo que había pasado con Cary, sus nervios estaban a punto de crisparse. ¿Por qué se había acostado con él? La pregunta no paraba de resonar dentro de su cabeza y, aunque intentaba justificarse, ninguna de las respuestas la satisfacía por completo. Agradecía que Cary le hubiese dicho en persona lo que había pasado con Will y comprendía que eran dos personas heridas, que habían encajado un duro golpe aunque su relación con Gardner era complicada, que habían buscado consuelo el uno en el otro. Sin embargo, ¿tenían que pasar por la cama? ¿Era el único consuelo que podían darse en aquel momento? Melinda siguió su día lo mejor que pudo. Sabía que dentro de poco tendría que pasar por el bufete o que, en general, vería a Cary, por lo que tendría que hacer frente a una situación de lo más incómoda para ambos. Lo único que haría esto sería complicar todavía más las cosas de lo que estaban. Si ya la rabia impedía que pudiesen tratarse en persona, esto lo empeoraba más. Sin duda alguna, le parecía una tremenda pena que la gran relación que habían establecido entre ambos, la amistosa que dio comienzo a la amorosa, se hubiese desvanecido casi por completo. Pero, como había ocurrido la noche anterior, si sacaban a relucir su parte más humana, aquella que todavía escuchaba a razones, veían que realmente no había muerto, sino que se encontraba enterrada bajo mucho dolor y despecho.

Sobre las cuatro de la tarde, Melinda decidió darse un paseo por Florrick, Agos & Associates. Clarke Hayden la había llamado para preguntarle si podía ir a firmar unos papeles en cuanto a la parte administrativa del bufete. Al llegar, vio que Cary y Carey se encontraban en la sala de juntas reunidos con un hombre al que no le sonaba de nada. Alicia estaba apoyada en uno de los pilares que hacía esquina con la sala, bastante seria. No parecía estar de buen humor. Quería acercase y darle el pésame, pero si estaba ocupada, sería mejor que esperase un poco. Clarke la saludó con una sonrisa. Ambos habían hecho buenas migas desde aquel día que Cary les presentó en el rellano del apartamento de Alicia.

- Aquí tengo los papeles que tienes que firmar. Son algunos pagos que el bufete tiene que hacer sobre el mantenimiento del local y hay que ver los arreglos que hay que hacer – dijo Clarke mientras se sentaba al otro lado del escritorio y le acercaba los documentos a Melinda.

- Como el tema de los baños, ¿verdad? – le miró por encima de las gafas después de echarle un vistazo rápido a los papeles que le entregaba.

- Exacto – contestó con una gran sonrisa.

Tras un par de lecturas, Melinda firmó donde le indicó Hayden y miró hacia la sala de juntas. Carey Zepps se encontraba a solas con el hombre mientras que Cary y Alicia hablaban en lo que era el despacho de ella, una pequeña zona con un escritorio sin paredes. No le veía la cara a ella pero sí que pudo vérsela a él y no estaba complacido con la conversación. En ese momento él le vio a ella y esta desvió la mirada lo más rápido que pudo. Ni siquiera se había fijado en si se había cambiado de ropa o llevaba la misma con la que le había dejado. A continuación, se despidió de Clarke y se dirigió al ascensor. Allí fue donde él fue a buscarla.

- Mel… – llegó a decirle mientras se veía que había ido corriendo hasta ella. Melinda se giró y le miró como si no fuese gran cosa. En ese momento se dio cuenta que sí había pasado por casa para cambiarse de atuendo y no levantar sospechas –. Sobre lo de anoche…

- Fue un tremendo error y no tendría que haber ocurrido, ¿de acuerdo? No hace falta que le demos más vueltas, Cary – la expresión de él fue una mezcla de alivio con desilusión. Ella no entendió el porqué del segundo. Decidió cambiar totalmente de tercio –. ¿Quién es el nuevo cliente? – preguntó inocentemente.

- Es el señor Grant. Quiere ir contra la fiscalía por el caso de su hijo – a Melinda le sonaba aquel nombre pero no dio hasta unos minutos después con la razón.

- ¿Ese no fue quien mató a Will en el juzgado? – Cary asintió –. ¿Vais a coger el caso?

- Sólo le estamos escuchando. Es lo mínimo que podemos hacer. Pero no, Alicia ya me ha dicho que si aceptamos el caso ella se marcha del bufete – a Melinda no le sorprendió la reacción de Alicia. Jeffrey Grant le había arrebatado la vida a una persona inocente y se merecía pagar por lo que había hecho. No había forma de suavizar el impacto que el joven se llevaría por ello.

- Déjalo estar, Cary. No nos conviene el caso ni tampoco que Alicia se pire por esto. Sabes muy bien que la necesitamos.

El ascensor se abrió y ella desapareció dentro de él. Cary la seguía mirando sin decir palabra. ¿A eso habían llegado, a cometer un "tremendo error" que "no tendría que haber ocurrido" para luego pasar a hablarse como si siguiesen siendo amigos? La situación era bastante bipolar pero, si lo pensaban bien, no era extraño. Si Melinda no se recordaba día sí y día también lo que había pasado con Cary y Kalinda, podía tratarle cordialmente, como si hubiesen terminado su relación por otros motivos menos bruscos. También había que añadir que las situaciones a las que se enfrentaban diariamente podían promover que el trato entre ellos fuese mejor o peor, por lo que cada día era una aventura diferente a la que había que enfrentarse sin saber muy bien cómo.

En Florrick, Agos & Associates se enfrentaban otra vez a Lockhart & Gardner. Sonaba rara la segunda parte del nombre teniendo en cuenta los últimos acontecimientos. Esta vez, para variar, era David Lee quien se hacía cargo del caso al tratarse de una demanda de divorcio. Aunque en un primer momento tenía pinta de llegar a buen puerto en tiempo récord, Lee no se iba a quedar con los brazos cruzados e iba a ir a por todas. La grabación de una cámara vigilaniñeras saltó a la palestra y el daño que le hizo a la clienta de Florrick/Agos fue casi mortal. Sin embargo, Alicia, haciendo de tripas corazón, saltó a la yugular del padre del niño por el que se luchaba por la custodia y le dejó a la altura del betún.

Una noche, totalmente inesperado, alguien tocó a la puerta del apartamento de Cary. Este, con una camiseta gris oscura, no muy pegada al cuerpo pero que dejaba entrever la buena forma física de la que gozaba, y unos pantalones negros cortos, la abrió. Delante de él se encontró a Kalinda, seria pero completamente decidida.

- Kalinda… – dijo antes de que ella se lanzase a sus labios y empezase a besarle.

Cerró la puerta mientras no paraban de besarse y la condujo hasta su habitación al mismo tiempo que le acariciaba un lado de la cara con dulzura. Por su parte, lo último que tenía Kalinda era dulzura para él. Al entrar en la habitación, a su izquierda, se encontraba una pequeña lámpara sobre una cómoda, la cual intentó apagar pero sin éxito ya que esta cayó al suelo. Ninguno de los dos le dio importancia y continuaron con lo suyo. Cary se sentó en el suelo y ella se puso de rodillas frente a él. Le quitó la camiseta y él se dejó hacer. No había quien la parase y él, por supuesto, tampoco quería. Kalinda se quitó su inconfundible cazadora de cuero negro y pasó a la blusa que tenía, la cual se quitó por delante, dejando a la vista su busier negro atado al cuello. Ella le cogió la cara con un poco de delicadeza pero sin dejar a un lado la agresividad del momento y le tumbó en el suelo. Sin embargo, algo no parecía ir bien. Se fue parando, la actitud que había traído consigo se fue disipando por la habitación. Cary no podía más que mirarla, esperando su próximo movimiento. Como gesto de invitación a continuar con ello, él intentó acariciarle la parte izquierda de su cara pero Kalinda lo rechazó. Su momento se había terminado, no había quien lo salvara. La cara de ella cambió de gesto, pasando de la relajación al horror en cuestión de segundos. Parecía como si algo hubiese cruzado su mente y hubiese cambiado su humor. Lo que se asemejaban a unas lágrimas recorrieron su rostro y, antes de que Cary pudiese hacer o decir algo, ella se incorporó, cogió sus cosas y se marchó. Él vio cómo se marchaba con la cara desencajada. Se había dado cuenta a lo que había ido: a liberar su dolor por la muerte de Will con él. Simplemente, algo la había parado y él se quedó descompuesto y con las ganas.