36.- Los ojos solares
Ninguno de los personajes me pertenece, todos son propiedad de Joanne K. Rowling y la Warner Brothers, éste fic está escrito sin ningún ánimo de lucro, únicamente las ideas de éste texto son de mi invención.
Notas: Me tarde más o menos dos semanas en actualizar, por lo mismo pude escribir más así que subí dos capítulos, el treintaiseisavo y el treintaisieteavo, XD. Espero que les gusten.
Ella se acomoda la bufanda y mira al asfalto nuevamente con la sonrisa gruesa y los ojos agrandados, siempre le ha gustado detenerse a ver a los pintores callejeros, siempre le ha gustado pensar que pueden abrirse ventanas a otros mundos, portales sobre los adoquines simples de la ciudad, en las bardas grises del viejo Londres. Se adelanta a poner unas monedas en la boina del dibujante que espera en el piso a modo de receptáculo, luego vuelve al nido que le hacen los brazos de Snape. Lo mira, alza la cara y se encuentra con su gran nariz, su rostro delgado y esa mirada inerme tan poco usada por él, parecería que es la única a la que observa de esa forma.
Siguen su camino, hasta un café recóndito, donde se darán algunas palabras escasas y densas y luego se besarán para acortar los silencios, el tiempo y las distancias. Ella tiene la teoría de que no hay mejor forma de hacerle decir la verdad que írsela succionando directo de la boca, a sorbos y con intuición. Snape parece otro cuando besa, Granger supone que es lo mismo que cuando prepara una poción, lo hace muy despacio, tentando a su alrededor. Besar lo vuelve cuidadoso, las ranuras de sus labios se curvan en pliegues hospitalarios y continuos.
Snape habla poco a pesar de que desde hace un tiempo es el mayor objeto de estudio de Jean. Ella pregunta sobre cualquier cosa, le pregunta si está cansado, si le gusta su empleo, alguna vez le pregunto por Eileen. Hermione lo busca en los detalles, en los libros de sus estantes, en la manera en la que se bebe el café, en la textura de la palma de su mano. A veces se siente abrumado por ése ímpetu exploratorio, a veces cree y espera que algún día ella tomara su soledad por los cabellos y la quemara hasta que no quede nada. En ocasiones Hermione pregunta por cosas que él no quisiera oír, mucho menos mencionar y de pronto parecen lanzados a la esterilidad de un silencio ineludible. Ella se pone triste cuando eso pasa, los ojos le envejecen un poco y acaricia al mestizo-sepultura y se reprocha por no haber hecho algo por él en el pasado.
Severus, cómo me gusta mirarte dormitar en el sillón, siempre con un libro en las piernas. Me gusta también verte cuando comes, me gusta imaginar cómo se escucha tu risa, aunque nunca me hayas dejado oírla, Severus yo sé que no eres apuesto, quizás ni siquiera joven, pero ¿sabes? No me importa en lo más mínimo, hay algo en tu cara, en el ruido infinito de tu voz en los espacios de mi memoria, que me hace pensar que eres hermoso de alguna manera silenciosa e imperceptible.
¿Desde cuándo me gustas? Podría decir que desde que estuvimos juntos en la casa de arraigo, quizás fue aquél "gracias" que susurraste en esa alacena en la que nos escondíamos. A veces pienso que te quiero desde mucho antes, pero no puedo mentirme, de haber sido así no podría haber tomado con tanta calma el hecho de que la serpiente de Voldemort te mordiera el cuello. Por mucho tiempo me resistí a creer que eras culpable, ojalá nunca hubiera dejado de resistirme. Siento que debería pedirte perdón, pero en fin, en realidad tú y yo no nos conocíamos, quizás estábamos en los mismos lugares, quizás nos veíamos a diario pero éramos ajenos por completo, a veces sospeché que eras diferente a lo que parecías, que eras más que tu ropa de funeral y tu mueca sin fe. Alguno de nosotros tuvo que haber intentado ayudarte, lamento no haber sido yo.
Quisiera poder explicarte que hay una cosa en mí, que crece y se estruja cuando te veo, como aquel día en que tuvimos que tomar un bus y te me adelantaste para hacerle la parada, siempre voy a recordarte bajo la lluvia, con tu levita categórica, con tu nariz que sobresale por donde quiera que te asomes, ahora vuelve a encenderse tu imagen, mis ojos casi la alcanzan… Abajo mi padre está hablando por teléfono, pienso en el hecho de que ignora todo esto, de que ignora lo que eres para mí ahora, tengo miedo de que todos digan que me has engañado, que me has dado un bebedizo para que me enamore de ti, tengo miedo de que juzguen locura a este proceso tan minucioso. Me ha costado quererte Severus, cómo nos ha costado estar cerca y aprender a apreciarnos, quizás de hecho hemos sido demasiado cuerdos, pero ellos probablemente no lo entiendan así.
¿Imaginabas que algo asó podría pasar Albus? Hay ciertas situaciones que uno descarta de su posibilidad de vida, hay personas a las que borronea con una mancha de olvido y de indiferencia, ella era una de esas personas para mí. Ni siquiera tú lo veías venir.
Tenía la certeza de no ser capaz de reproducir mi sentimiento por Lily, en cierta parte es verdad, Granger y Lily, no son la misma, pero es algo similar, hecho de los mismo, posee la misma fuerza que hace veintitrés años, una fuerza que yo creí que ya no existía.
En un principio sólo me preocupaba por no ser rechazado por ella, por no permitir que me tocara, ahora que no me rehúye, ahora que está ahí y que veo que su mirada ha cambiado, que me besa con los ojos ¿ahora qué Albus? Normalmente no me importaría la moral, sabes que siempre he menospreciado esas reglas dictadas por un montón de ancianos hipócritas y decrépitos. Sí, no tengo veinte años, sí, no soy lo que una joven espera, pero tú y yo sabemos que ella no es cualquier joven, tú y yo sabemos que ahora no hay nada que me detenga, no hay nada que tenga que esconder, Potter ya se encargó de mostrarle mi vida desnuda a toda la comunidad mágica, un escándalo más no me importa demasiado, pero temo que la resolución de Granger en realidad no sea quedarse conmigo, temo que cuando la gente la cuestione ella decida que prefiere alejarse. Yo sé que eventualmente ella se irá ¿qué puedo hacer con ése conocimiento que me amarga todo? Que le deja a todo un sabor rencoroso y frustrado.
El mestizo parado frente a un estante iba catando los libros, sus dedo largo caminaba por los lomos de las enciclopedias, sus ojos se entrecerraban como rendijas mientras leía los títulos y murmuraba, la muchacha, subida en una escalera, iba tirando el polvo de los libreros y metía las manos en la colección de manuscritos que Snape guardaba en la parte más alta de sus estantes, en su pesquisa encontró también unos frascos pequeños con insectos extravagantes flotando en su interior, hizo un mohín de desagrado y siguió buscando. Un tomo pequeño y azul acabó en sus manos. Lo hojeó sin mucha curiosidad. Reconoció la letra pequeña y apretada de Prince, fue pasando las hojas rebosantes de inscripciones en latín, nombres de sustancias y recetas modificadas de pociones. Entre dos páginas amarillentas había una fotografía, el muchacho metida en ella estaba quieto, parpadeaba solamente, con un dejo de nerviosismo. Hermione revolcó la mirada en la tinta vieja de la imagen, tardó unos momentos en reconocer que esa persona le era familiar. Se giró para ver a Snape que seguía encorvado en la segunda repisa del librero, absorto en la fila de enciclopedias que aún no inspeccionaba. Granger regresó su atención a la foto, a la cara muy delgada y larga del joven, a sus ojos turbios, a la nitidez cremosa de sus colores, él la miraba, el mismo hombre que revisaba en los estantes estaba mirándola desde un pasado gris, los ojos del joven Severus estaban vidriosos, precedidos por largas cavilaciones y voces conflictuadas detrás de ellos, el muchacho captado parecía estar pensando en algo muy lejano a la cámara que lo retrataba. Tenía una manera de observar impregnada de ansia, de una angustia vaga y ciega, de una seriedad precoz y en el centro una cierta vulnerabilidad hostil. En aquellos entonces sus ojos se parecían más unas ventanas grisáceas que a dos pozos de hondura acorazada. Hermione sonrió a pesar de la tristeza y la compasión que le producía ver el paso del tiempo en la expresión de su maestro.
Bajó unos peldaños y le mostró a foto al hombre.
-Éste eres tú.
Él apartó sus ojos del libro que tenía abierto entre las manos para mirar lo que la muchacha le ofrecía.
-Si.-Respondió secamente y volvió a su lectura.
-¿Cuándo te tomaron esta foto?
-Fue mi último año en Hogwarts.- Respondió de nuevo con el menor número posible de palabras.
-Has cambiado.
Snape no dijo nada, puso el libro en el estante y continuó buscando entre los títulos. Granger bajó las escaleras y siguió al pocionista.
-¿Encontrase algo útil?
La muchacha le tendió la pequeña libreta azul de la que había sacado la foto.
-Aquí vi algunas cosas relacionadas con el tema, quizás te sirvan.
Él asintió sin quitar la vista del estante.
-¿Me regalas la fotografía?
Por primera vez en mucho tiempo pareció ofuscado con una pregunta, sus pupilas erraron alrededor de la cara de Hermione.
-Se te ha endurecido el semblante, me gusta la expresión que tienes aquí, me deja verte mejor.
Los ojos del príncipe estaban agrandados y fijos, con un destello confuso.
-¿Puedo llevármela?
-No veo la razón de tu interés, pero si eso quieres…
Para Hermione la forma en que él se giró para seguir con su búsqueda fue el equivalente a encoger los hombros.
-Parecía que estaba preocupado por algo.
La cabeza del hombre se volteó hacia ella, aparentando pocos ánimos de continuar con aquella conversación.
-En la foto, parece estar preocupado.- Aclaró ella. -¿Cómo era Hogwarts para usted Profesor Snape?- En ocasiones olvidaba tutearlo, se reprochó a sí misma por haberle llamado profesor, algo le hacía pensar que lo incomodaba ése hecho.
-Da igual, señorita Granger, ya pasó mucho tiempo.
Su silencio parecía un reproche pasivo, ella lo miró durante unos momentos, de alguna manera se mostraba rehuidizo, distante. Ella empezaba a adivinar alguna especie de miedo tras tanta impasibilidad, un escepticismo añejo que no le permitía creer que lo quería realmente.
Nunca pensó sentir tanta compasión precisamente por él, alguna vez había oído que nada conmueve más a una mujer que la posibilidad de salvar a un hombre, quizás era cierto.
Adelantó unos pasos y lo abrazó por la espalda, se sujetó fuerte de las telas negras, abrió las manos en medio del pecho del mestizo y lo sintió respirar, el pelo negro le rozaba la cara, unas manos frías y rasposas se desplegaron sobre las suyas, la libreta azul cayó al suelo. Hermione enterró la cara en un hombro cortés. Aspiró fuerte y apretó aún más el cuerpo delgado que tenía contenido en el espacio de su abrazo.
-Severus te quiero, háblame.
Sobre sus manos el agarre de las ajenas se tornó más fuerte, tanto que ya sentía la expansión y contracción de los pulmones de Snape.
-¿Qué quieres que te diga?
-Pensé que te resultaba odiosa, insufrible en tus propias palabras ¿Qué cambió? ¿Qué va a pasar ahora entre nosotros? ¿Qué soy para ti? ¿Qué piensas verdaderamen…
-Siempre exiges demasiadas explicaciones- Susurró Snape, mientras sus manos acariciaban las muñecas de Hermione.- Me di cuenta de que no eres lo que yo pensaba cuando decidiste quedarte conmigo a pesar de que los mortífagos podían matarte.
Granger hundió la barbilla en la clavícula del maestro, acurrucando la cabeza en su cuello.
-Eres mucho más que la típica hipocresía Gryffindor.- Y de nuevo las manos largas se unieron en torno a las suyas.-Eres más de lo que yo…
Unos labios húmedos caminaron por el cuello de Snape, fueron besando las grietas de sus cicatrices de modo que se estremeció un poco de placer, un poco de dolor.
Hermione se sorprendió al notar cómo se giraba hacia ella sin soltarle las manos, sus ojos imantados y voraces la buscaron en la media luz, estrepitosamente se impacto contra ella, medio derribándola, medio sosteniéndola, infestando de besos, agresivos y tiernos, su cara, su pelo, todo lo que apareciera frente al absorber de su boca ansiosa y desamparada.
Hermione lo tentó sin lograr asirlo, era como besarse con lenguas de fuego, con el pilar de una hoguera sin forma, quemante y con seis brazos. Snape respiraba muy fuerte, le mojaba la mejilla con su aliento tibio y rápido. Sus brazos se enredaban y desenredaban en un manoteo constante, en un batallar amoroso por sostenerse el uno al otro. Al final sujeta a él firmemente, lo acarició con concentración, con empeño, besó la mordida de su cuello pensando que de alguna forma la borraba un poco, que deshacía el miedo y el dolor que tuvo que haber significado. Ya no estaban más las fauces impías de una serpiente, sino sus labios profundos, buscando en la extensión expuesta de su piel y de sus marcas. Lo escuchó exhalar un gemido ronco, la hundió más en la concavidad de su cuerpo, ciñó su cabeza y su pelo indómito contra él, para que besara más, para que no se detuviera. Pareciera querer arrasar con su soledad de años, pareciera creer que era posible si ella tan sólo seguía enlazada en él. Hermione no flaqueó, fue acariciando los desgarres con las punta de sus dedos y el filo de sus labios benéficos, lo escuchó de nuevo soltar el aire contenido. Snape echó la cabeza hacia atrás y se dejó vencer, hasta quedar casi en cuclillas. Jean se apartó para verle el rostro, nadie antes había visto dentro de sus ojos con ése ímpetu codicioso, con esa adoración arrodillada y deseosa, Hermione tembló a causa de la mirada fija, transparente y terriblemente desnuda que Snape iba untando en ella. ¿Cómo podía el gélido y estéril maestro de pociones ser capaz de mirar con los ojos de una tormenta de lluvia cálida y de relámpagos implacables? Supo que por primera vez lo veía tal cual era y sintió ganas de llorar porque entendió lo que significaba su silencio constante y su andar de orgulloso soldado, entendió que nada de eso era auténtico, que la única verdad de Snape era esa mirada solar, rotunda y vulnerable.
Le acarició el contorno de la mejilla y él se lanzó hacia adelante para impactarle un beso pero antes de que consiguiera llegar una de las velas de la mesita se encendió espontáneamente. Los dos miraron, con el beso deshecho en medio de ellos, hacia el lugar en el que había surgido la luz.
-¿Qué es eso?
-Significa que me están llamando por la chimenea. Espérame aquí, quizás sea una emergencia.
La muchacha estuvo quieta mirándolo subir las escaleras, pero al final sintió que debía seguirlo, llegó tras él al segundo piso y lo espero parada en el umbral de la puerta, cuidándose de que la cara que aparecía en el fuego de la chimenea no consiguiera verla.
-¿Qué es lo que pasa Niepce?
Snape estaba cruzado de brazos, con la cabeza inclinada hacia abajo, intentando sondear la intención del joven en las llamas.
-Los mortífagos atacaron otra vez, ahora fueron Potter, Zubiri y Dennis, como era de esperarse se ensañaron especialmente con Potter.
Una pausa tensa se alargaba en la habitación, el crepitar de las llamas era un murmullo constante y lento, similar a la voz que hablaba desde las cenizas.
-¿Dónde está?
-En San Mungo y quiere verlo, en realidad todos queremos verlo, señor, esta estrategia no está funcionando, tenemos que…
-Voy para allá Niepce, mientras tanto tome las declaraciones.
El fuego se apagó, la habitación estaba gris y Snape era un alto cúmulo negro en medio de la vaciedad. Ella lo miraba desde la puerta con sus ojos siempre grandes y siempre atentos dirigidos hacia él con expectativa angustiada.
-Potter está herido, al parecer.
Molly Weasley estaba sentada en una de las bancas del sanatorio retorciendo un pañuelo, volteando a su alrededor con un gesto intranquilo. Al verlos aparecer por el pasillo se levanto como jalada por cordones apresurados y caminó hacia ellos resueltamente, abrazó a Hermione y le dijo que Harry y Ginny estarían contentos de verla, después se giró hacia Snape y lo miró con dureza, a punto de soltar una reprimenda.
-Severus, pensé que cuidarías mejor de los aurores ¿a cuántos han atacado hasta ahora?
El hombre torció los labios con fastidio.
- La profesión de auror implica estas situaciones, al parecer algunos tienen la idea de que es mi deber protegerlos como a las crías de Hogwarts, si Potter quiere asegurar su seguridad es mejor que se busque unos guardaespaldas y se dedique a algo más… acorde con él, quizás a dar entrevistas.
La cara de Molly enrojeció hasta parecerse a un jitomate.
-¡Se supone que eres su líder, son tu responsabilidad!
-Mi responsabilidad es atrapar mortífagos no ser la niñera de una jauría de mozalbetes insensatos.
Hermione permaneció oculta en un silencio prudente, observando nada más las dos bocas que se abrían y escupían reproches de una parte a la otra.
-¿Y a cuántos has atrapado hasta ahora?
-A treinta tres en dos meses, más de lo que hizo el último jefe en un año. Por supuesto que están furiosos, por supuesto que quieren matarnos, si Potter no está de acuerdo que se largue de mis filas.
La mujer giró su cara rubicunda hacia Hermione como pidiendo apoyo, pero la muchacha se mordió los labios y se encogió de hombros.
-El profesor no es todo poderoso, considero que hace lo que está en sus manos y no creo que Harry siquiera piense en renunciar, ésta es nuestra guerra después de todo.
Molly se apaciguó un poco tras unos instantes de silencio, incluso dio al hombre una mirada conciliatoria que él no tomó en cuenta. Los tres se dirigieron hacia el cuarto en el que tenían a los jóvenes aurores.
-Pensé que no te enterarías pronto Hermione, Minerva te envió una lechuza, pero no creímos que llegarías tan rápido.
-El profesor me puso al tanto, justo hoy tenía unas asesorías de pociones con él.
Un mutismo espinoso e incómodo se desató entre los tres.
Llegaron frente a la sala indicada, un fuerte olor a antisépticos emanaba de ella, varias enfermeras iban saliendo a la vez, saludaron inclinándose levemente, para seguir su recorrido por el largo pasillo blanco.
El auror Niepce "cabeza de cerilla" recibió a Snape con una pila de documentación y un monólogo ininterrumpido sobre los tres ataques. Harry esperaba desde su cama con cierta impaciencia, los otros dos heridos se habían abandonado al sueño. Granger caminó hasta donde su amigo yacía, se sorprendió un poco al notar a Ginny medio escondida detrás de una cortina, la muchacha de pelo rojo la abrazó, con algo en los ojos, cercano al llanto.
Harry sonrió ante la visión de las dos jóvenes paradas frente a su camastro.
-¿Qué fue lo que pasó Harry?
-Había quedado de verme con Ginny en un parque, me atacaron de camino a allí.
La muchacha aludida apretó los puños y arrugó la nariz.-Dos contra uno, son unos cobardes.
-¿Y qué hiciste?
-Para ser sincero estaba a punto de perder, pero apareció un grupo de muggles y tuvieron que dejarme.
Ginebra intercambió una mirada con Jean. Aún se escuchaba la voz rasposa del auror pelirrojo en el fondo de la habitación. Molly se unió a la pequeña reunión y arrastró a las muchachas hacia un lugar apartado de las camillas, argumentando que Harry necesitaba dormir un poco y que sería mejor dejarlo hablar con Snape por lo pronto.
Las tres mujeres iniciaron un cuchicheo aletargado en un rincón.
-Harry ya ha peleado suficiente, quizás sería bueno que se mantuviera alejado de esto por un tiempo.
-Creo que igual seguirían viéndolo como un blanco, no se puede olvidar quién es él.- Susurró Granger a Molly. Ginny guardaba silencio y miraba con insistencia el rostro quieto del muchacho acostado a los lejos. –Lo mejor sería quizás que le proporcionaran cierta protección, de hecho lo de los guardaespaldas no me pareció descabellado, podría ser una buena opción.
Molly apretó los labios, pensativa. Las dos, Granger y Weasley se giraron hacia Ginebra, extrañadas del silencio meditabundo tan poco usual en su persona.
-¿Qué piensas hija?- La madre le puso una mano en el hombro, como buscándola en medio de su palidez.
-Quiero casarme con Harry.
Hola les gustó? Muchas gracias a todas las que comentaron, si leí sus comentarios y los aprecio mucho.
Diosa Luna- no sé cómo podría enviarte la imagen, pero se titula: moment. La dibujante es katigerclaw y tiene sus fan arts en deviantart, donde de hecho hay muchísimas ilustraciones, algunas muy hermosas, de y Hermione, ojalá puedas encontrarla y si no ya veremos la forma de que te la envíe.
