Tercera Temporada-Capítulo 3- La sangre llama

-¿Sigue molesto contigo?

-No quiso hablarme en todo el camino.

Alex dormía profundamente después del ajetreado y accidentado viaje junto con su madre, y en el que inesperadamente conociera finalmente a su padre. Candy y Albert lo observaban desde el umbral de la puerta, ella, mordiéndose el labio y frunciendo el ceño preocupada por la reacción de tan emocional de su hijo. Albert lo miraba pensativo, con una sonrisa en los labios que irremediablemente terminó convirtiéndose en sonora carcajada.

-¡Albert no te rías! En verdad estoy preocupada, Alex jamás… jamás se había enfadado así conmigo.

-Jaja. Lo siento, pero, la verdad es que te lo mereces Candy. Algo que los niños no pueden soportar es que sus padres le mientan y tú llevas mucho tiempo ocultándole la verdad. Debiste haber aprovechado la oportunidad y hablar con Terry de una buena vez.

-No era tan sencillo.

-Claro que sí. Terry él es tu hijo, Alex, él es tu padre. ¿Ves? ¿Simple no?

-Ya te dije que iba con…con su esposa.

-Y aún así no le importó salir corriendo detrás de ustedes. ¿Tú por qué crees?

-No lo sé, curiosidad tal vez.

-Intenta engañarte a ti Candy, porque no logras engañar a nadie más. Lo único seguro, es que Terry no se quedará cruzado de brazos.

-o-

-¡Un hijo! Terry eso quiere decir que ese es hijo es…

Eleonor Baker fue incapaz de disimular su emoción. A pesar de que Terry le pidiera de la forma más atenta que conservara la calma y evitara hacer suposiciones hasta estar seguros, apenas su primogénito le relatara los acontecimientos ocurridos en su fugaz encuentro con Candy y con su… Pero a Terry también le costaba trabajo disimular su alegría. Hacía acopio de sus mejores tablas actorales para que sus palabras sonaran tranquilas y despreocupadas, restándole importancia a la situación, pero la perspectiva de reencontrarse con su amor y tener una familia lo hacían sentir con mucha ilusión.

-Es una posibilidad. La verdad es que se parece mucho a mí.

-¿Qué edad tiene?

-No lo sé. Uno años, tal vez. Te dije que no pude conversar mucho con él.

-Pero eso quiere decir que esa tal Eliza te mintió, te dijo que el niño era más pequeño…pero si no es así… ¡es porque ese niño es tu hijo!

-¡No lo sé! Y eso es lo que me está matando. Si no es mi hijo, significa que Candy me olvidó más pronto de lo que yo imaginaba, pero, si es que –el solo recordar al pequeño le dibujaba una sonrisa en el rostro- si es que Alex en realidad es mi hijo, temo que…pienso en lo que ella, la imagen que tendrá de mí, lo horrible que le habrá dicho mi padre. Es que, mamá, ¿por qué nunca me lo dijo?, ¿por qué huyó cuando nos vimos? Pero si resulta que no es mi hijo, no lo podré soportar.

-Claro que es tu hijo. Jamás creí que Candy te hubiera olvidado. Además Terry, hay algo que no te he dicho y te pido perdón, solo es que no estaba segura y tú te encontrabas tan mal en aquel entonces que no quise darte falsas ilusiones.

-¿A qué te refieres?

-Mira-Eleonor sacó del cajón de su escritorio un pequeño objeto, colocándolo en la mano de su hijo.

-Es… es el anillo que yo le di a Candy el día que nos casamos.

-Si amor, el mismo. Hace varios años lo recuperé de un tipo ordinario, encargado de un modesto hotel. Me contó que una chica rubia llegó una noche buscando refugio para ella y…para su pequeño hijo. No tenía dinero y lo único que pudo dar como pago por dejarla pasar ahí un par de noches fue este anillo, aunque para ella significaba mucho. Le exigí a aquel sujeto que me diera más información, algún lugar donde buscarla o siquiera su nombre, pero ella jamás regresó. Mi amor tú en ese entonces te encontrabas devastado, que no quise preocuparte más hasta confirmar que se trataba de ella.

-Entonces tu en verdad crees que…

-Estoy segura. Mi corazón, mi corazón de abuela me lo dice. ¡Oh Santo Dios, Terry soy abuela! –Las lágrimas comenzaron a surcar su bello rostro- y tú eres papá amor, mi pequeño Terry es padre.

Terry parecía no poder contener por mucho tiempo más sus emociones. La alegría, el miedo, la incertidumbre, el rencor hacia su padre, todos esos sentimientos corrían desbocadamente en su mente y corazón, repitiéndose constantemente que debía permanecer, sereno, con la cabeza tranquila, actuar calmadamente, pero la alegría de saberse, o al menos, creerse padre era más grande que su propia voluntad.

-No, no, no quiero apresurarme. Tengo que actuar con mucho cuidado.

-¿Qué piensas hacer?

-Marchar inmediatamente a Chicago. Solo quise pasar a informarte, arreglar algunas cosas y parto mañana mismo.

-Iré contigo.

-¿En serio? ¿No estás próxima a iniciar temporada?

-No me importa. Que empiecen sin mí de ser necesario. Muero de ganas de conocer al que estoy segura es mi nieto.

-Gracias mamá. ¿Necesitas que envíe a alguien que te ayude con el viaje o alguna otra cosa?

-No Terry. Nos veremos allá.

-De acuerdo. Me voy.

-Terry…

-Dime.

-¿Qué dice Susana a todo esto?

Susana. Susana nunca decía mucho. Permaneció callada todo el viaje de regreso a Nueva York, ni siquiera se quejó de que éste haya sido terriblemente incomodo para ella por viajar en clase económica, permaneció con la cabeza baja, sentada frente a Terry observando por el rabillo del ojos como él miraba desesperado, estrujándose las manos, deseando que la locomotora viajara a mayor velocidad. Cuando al fin llegaron a su casa, Susana inmediatamente marchó hacia su habitación, y su madre corrió tras ella al intuir que algo andaba mal, motivo por el cual regresaron tan pronto del viaje. Menos de 10 minutos fue el tiempo suficiente para que su hija le relatara lo ocurrido y la señora Marlow saliera convertida en una fiera dispuesta a encarar a Terry, quien, adelantándose a su reacción, se había encerrado en el despacho para instruirle a su ama de llaves acerca de su próximo viaje y ordenar que todo estuviera listo para llegar a su casa en Chicago, al despedir al ama de llaves, la señora Marlow intentó entrar pero ella se lo impidió por orden expresa de Terry, aun así su suegra no desistió. Aporreó la puerta durante un par de horas más gritando improperios a todo pulmón.

De regreso de la visita a su madre el espectáculo se repitió. Su suegra lo esperaba desde el recibidor "Canalla", "Inmoral" "¡No puedes tratar así a mi hija!", era algunos de los alegatos preferidos de la Señora Marlow. Pero Terry no la escuchaba. Volvió a encerrarse en su despacho de una forma tan precipitada que por poco y asesta un fuerte portazo en las narices a su propia suegra; se había servido una vaso de whiskey, el cual apoyaba contra su frente (nunca un trago le había durado tanto tiempo) con la vista pérdida, intentaba poner en orden sus ideas recordando palabra por palabra lo dicho por su…"Mi hijo…¿realmente se trata de mi hijo? El parecido es demasiado, se llama Terrence. La edad, concuerda, es mucho mayor de lo que Eliza me dijo; pero Eliza es capaz de haber sabido la verdad y retorcerla con el único propósito de atormentarme, ¡y vaya que lo consiguió! A menos que Candy tenga otro hijo más pequeño, pero eso no quita la posibilidad de que Alex sea mío. No, no. El niño no mencionó a un hermano, ni siquiera un padre. Tiene que ser mi hijo estoy seguro. Pero es lógico pensar que ella está enojada conmigo, mi padre debió de haberle dicho mentiras, prohibirle que me informara de la existencia del niño, tal vez ya sabe que me casé y piensa que la olvidé…tantas cosas, debo de saber, tengo que averiguar".

Reflexionando acerca de cómo y cuándo debía actuar llegó el amanecer, y el ama de llaves llamó a la puerta para avisarle que el cochero estaba aguardando sus instrucciones. Por fin hora de marcharse y enfrentarse en búsqueda de la verdad, de una verdad que podría proporcionarle la mayor de las alegrías o una profunda decepción. No, no. No era momento para pensar en esas cosas, su indecisión mal información y carácter arrebatado lo habían llevado a cometer sendos errores en el pasado. Esta vez, esta vez todo sería diferente.

¿Debía despedirse de Susana? ¿Qué decirle? Que esperaba sinceramente nunca regresar. Eso sería sincero, pero también terriblemente cruel. ¿Irse sin decir una palabra? Eso lo haría sentir como un ladrón en su propia casa. Era mejor afrentarlo y dejarle bien en claro a Susana (y a su madre) cuáles eran sus intenciones.

Le sorprendió ver luz en el cuarto de Susana, pero le sorprendió más lo que encontró adentro.

-Susana…¿qué significa esto?- Susana, su madre, y Miriam a mucama estaban vestidas y arregladas con varias maletas en el cuarto.

-No sé de qué te sorprendes, soy tu esposa, mi deber es acompañarte, y eso pienso hacer.

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