Un capitulo contado por Bella. Solo para que no se confundan al empezar a leer.
SORPRESA Y DECEPCION
Desperté, al menos sabía que estaba despierta, pero era renuente a abrir los ojos o incluso a moverme. No quería ser consciente del frio ambiente que me rodeaba, era la peor sensación despertar de esa manera.
Era lo primero que concebía mi mente al despertar, pero extrañamente no sentía frio. Solo la extraña sensación de tibieza que me era familiar, me era conocida pero me era muy añorada. Era una emoción que no había tenido en días, Porque…
¡Edward!
Abrí los ojos con frenesí solo para encontrar a Edward dormido junto a mí, con sus brazos enroscados alrededor mío, proporcionándome su tibieza que tanta falta de hacía.
Sonreí tontamente al recordar que el estaba aquí. Ya la fría mañana no lo parecía tanto con él a mi lado. Quise apretujarme contra él para aprovechar cada segundo. No pasábamos mucho tiempo juntos, al menos no desde que fue dado de alta.
Yo debía seguir trabajando. Con otro cargo y otras responsabilidades. La verdad no podía quejarme, mi sueldo no era malo y tenía lo necesario para vivir y para poder ayudar un poco a mis padres.
El único inconveniente era mi horario de trabajo, a veces se saturaba tanto que no podía verle. Aunque le había prometido estar con él y apoyarle en todo, no lo había hecho como me hubiese gustado.
Se veía tan relajado ahora, era un gran cambio con respecto a nuestras últimas noches juntos. El era intranquilidad y pesadillas, miedos e inquietudes. Ahora era todo paz, era tranquilidad. La diferencia estaba en su rostro, en su expresión y en su agarre. No se sentía como si temiese perderme, ahora era más un signo de protección y de cariño.
Si, muchas cosas habían cambiado en el en último par de meses y estabas más que agradecida por ello.
En silencio me Salí de su abrazo y fui al baño. Quería arreglar un desayuno para él, de los que a él le encantaba tener. No dudaba que Esme lo agasajara con las mejores comidas, yo había compartido el desayuno con él hace unos días. Pero quería hacer algo para él, algo de los que llevaba tiempo que no realizaba y que él, a lo mejor, extrañaría.
Llegue a la cocina y empecé a buscar todas las cosas necesarias para poder prepara un digno desayuno, pero realmente me faltaba ir de compras al supermercado. No pasaba mucho tiempo en casa ya que mis responsabilidades me obligaban a tener guardias de noche, bastante seguidas. Realmente no era tan malo como se escuchaba. El hala de mujeres estaba lleno de chicas de todo tipo. Niñas que así como Tanya habían sido internadas por su propia seguridad y otras que sus familias se habían desentendido de ellas y sus problemas se habían vuelto crónicos.
Tendría que salir y a pesar del frio, que generalmente era mi mayor queja, hoy lo haría con muchísimo gusto.
Tome mi chaqueta y mi gorro de lana que habían quedado anoche en el perchero, palmee en el bolsillo de la chaqueta para estar segura que las llaves seguían ahí y luego me dispuse a salir del departamento. Sabía que el viajecito no me tomaría más de diez minutos.
Corrí escaleras abajo para apurar mas el paso y cuando estuve a punto de llevar al último piso note una figura encorvada sentada en el último escalón. Era demasiado temprano para que alguno de los vecinos estuviese ahí, por eso llamo tanto mi atención.
Así que cuando pase junto a la persona no pude evitar mirar quien era.
― ¿Qué diablos haces tan temprano aquí? ― casi le grite a Jasper.
― Oh, ¿ya es de mañana?― pregunto y luego soltó un sonoro bostezo.
Me horrorice de su pregunta.
― ¿Desde qué hora estas aquí?
― Pase aquí la noche
― ¿Puedo saber por qué motivo pasaste la noche en las escaleras de mi edificio con este frio?― chille
― ¿Por qué motivo hago la mayoría de cosas que hago?
Suspire cansada mientras me sentaba junto a él. Que pregunta tan tonta había hecho, si claro la respuesta era obvia.
― Así que ¿Qué paso?
― Pensé que el hecho que me aceptase y me perdonase sería suficiente para mí, pero…
― Pero…
― No lo es. Dice que lo superara con el tiempo, que podríamos ser amigos… Nada más eso.
Entendí el dolor en sus palabras.
― ¿Por qué te has quedado aquí?
― No lo sé…. Yo no quise volver a casa y…. no lo sé― suspiro.
― Vamos, vamos ― apremie mientras lo ayudaba a pararse― Te pediré un taxi para que vayas a casa, duermas un poco y puedas pensar mejor ¿si?
El solo asintió. Parecía completamente perdido y desubicado. No me extrañaba que hubiera pasado la noche aquí.
Me costó un poco conseguirle un taxi tan temprano pero en cuanto lo hice pude respirar tranquila. Un buen sueño le ayudarían a calmarse.
No podía seguir viendo como ambos sufrían. Alice con su obstinación a decir completamente la verdad a Jasper los estaba destruyendo a ambos. Y aunque de verdad, de verdad, entendía a Alice y su pena ya era momento que ella lo perdonara completamente y no a medias como había hecho.
Con el ánimo un poco bajo después de haber hablado con Jasper fui hacia el supermercado a comprar las cosas para nuestro desayuno. En cuanto los obtuve quise correr para llegar a casa pronto.
Subí las escaleras con rapidez y llegue a trompicones a mi piso. No era atlética y ese tipo de carreritas no iban muy bien.
Entre al departamento y aun no había ningún ruido en el. Me asome a la habitación y Edward seguía durmiendo. Había rodado hacia el lado que yo ocupe en la cama.
Volví a la cocina para poder empezar a cocinar. Revolotee por todas partes en mi cocina, sacando aquí y allá de todo para hacer un buen desayuno.
Mientras apagaba la estufa pensaba en que podíamos hacer hoy juntos.
Quería que fuera un día divertido para nosotros, que no pensáramos en ningún problema, que no recordáramos la discusión de anoche. Aun podía recordar su expresión enfurecida que había tenido cuando me grito. Mi mente inmediatamente viajo aquel día en la clínica, el completamente fuera si gritándome y zarandeándome. Por un momento tuve tanto miedo que esa escena se repitiese.
Agradecía el cielo que no había sido así.
En mi mente siempre estaba presente ese momento y no porque le tuviese miedo a él, sino por el miedo que tenía de perderlo de esa manera.
El sonido del teléfono me hizo saltar en mi lugar, no me había dado cuenta que tan concentrada me encontraba en mis recuerdos.
― Buenos días ―conteste al tomar el teléfono
― ¡Bella! ― me saludo con entusiasmo Emmett.
― Que hay? Pequeño encantador
― Una buena mañana. Al parecer tu tuviste una buena noche― me sonrojo hasta lo imposible. No podía creer que Emmett pudiera hacerme sentir tan apenada, aun por teléfono.
― Sabes que eres un pequeño bribón ¿verdad? ― le regañe, sabiendo que por teléfono no podía mofarse de mi sonrojo.
―Ese es mi encanto. Mamá te manda saludos y a Edward. Y pregunta si todo está bien.
Sabía que la llamada de Emmett era para cerciorarse que Edward estaba bien.
― Claro que está bien ― le replique
― Yo le dije a mamá que no se preocupara pero ya sabes, la edad y todo eso― al fondo escuche un lejano "Ya hablaremos de la edad, jovencito" de parte de Esme.
― Estas en problemas― canturree
― Ya verás que lo olvida. Este… Yo también quería preguntarte algo… Pues….Yo quería saber si…. ¿Rose iría hoy a tu casa?
Quise reírme de su pregunta, pero sabía que lo heriría. Había notado que Emmett había quedado encantado con mi vecinita y a pesar de que ella lo había ignorado gran parte de la tarde sabia que se llevarían bien.
― No, Emm. Lo siento, hoy no.
― Oh, de acuerdo― lo escuche un poco decepcionado.
― Pero sabes te diré un secreto. A pesar del mito que a las niñas no les gustas los juegos de video, Rose rompe ese esquema. Ella ama los video juegos. Creo que ese sería un tema interesante entre ustedes dos ¿verdad?
― ¿De verdad, Bella? Ya sabía yo que no solo era bonita ― mascullo por lo bajo ― Gracias Bella, ahora sé porque Edward babea tanto por ti. ―
No pude evitar reírme mientras colocaba el teléfono de nuevo a su lugar.
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Cuando termine el desayuno y lo serví fui a la habitación para despertar a Edward. Seguía aun enrollado en las cobijas y no era para menos.
En silencio me senté junto a él en la cama y comencé y sacudirlo un poco.
― Edward…. Edward…. es hora de levantarse dormilón ― arrulle mientras el intentaba escabullirse de mis manos. Pase un rato mas así hasta que el arrastro a sus brazos y no me dejo salir.
― Duérmete Bella, hace demasiado frio ― mascullo aun medio dormido. No pude evitar que las risitas salieran de mí.
― No, Edward. Es hora de levantarse. ― volví a insistir.
El farfullo algo por lo bajo que no pude entender.
― Vamos, Edward hice el desayuno ¿no querrás que se enfrié verdad? ― tente pero el aun no me soltaba. Así que empecé a intentar soltarme por mi cuenta. Sin querer toque sus pies y estaban fríos, tan fríos que me sacaron un gritito de sorpresa.
El abrió los ojos y me miro interrogante.
― Tus pies están helados ― explique ―Bueno, ya estas despierto. Levántate, cámbiate y ve desayunar ¿de acuerdo? ― le di un beso rápido en los labios y Salí de la cama para que pudiese cambiarse en paz.
Cuando fui al salón note un puñado de cartas debajo de la puerta. Las recogí y empecé a revisar cada sobre. La mayoría eran cuentas, como siempre. Una que otra oferta de distintos restaurantes y al final estaba una carta que había estado esperando. Con apremio la abrí y empecé a leer su contenido.
Casi me pongo a brincar en el lugar con la respuesta.
Ya sabía que haríamos Edward y yo este día. Y esperaba que mi sorpresa le encantase.
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No podía dejar de sonreír mientras lavaba el último de los platos del desayuno.
Habíamos pasado el desayuno muy tranquilo. Y no era para menos después que Edward halago cada cosa que ponía en su boca. Me sentí muy feliz que el disfrutase del desayuno que era especialmente para él.
Mientras colocaba el último plato en su lugar las frías manos de Edward me rodearon y yo di un respingo ante su contacto. Me era muy divertido de ve que tan sensible al frio era.
― ¿Aun con frio? ― me burle, mientras lo abrazaba.
― Un poco, pero se me quitaría se te quedaras así― sonrió de manera dulce y yo no pude resistir de besarlo. El correspondió el beso de buena gana y sus manos se enredaron en mi cintura jaloneando un poco de mi blusa. Sin darme cuenta termine sentada en la encimera con Edward entre mis piernas aun besándome delicadamente.
Nuestro acercamiento físico había surgido en mi momento de desesperación por sentirlo cerca, por darme la seguridad que estaba ahí conmigo y que me amaba. Me había sorprendido mucho la forma en cómo el reacciono, con tanto ímpetu como yo, tanta pasión como la que yo guardaba por él.
Seguíamos perdidos en nuestro beso, concentrados en las caricias del otro cuando el teléfono nos hizo separarnos. Yo estaba jadeante e incapaz de contestar el teléfono.
― Puedes…. Contestar ― pedí mientras mis pulmones batallaban con la entrada y salida de aire tan apresuradamente como podía.
Edward me soltó y camino hacia el aparato al otro lado de la sala.
― Hola…. Esme, buenos días ― saludo con alegría.
― Si…. Preparo un delicioso desayuno…. Claro, todo perfecto…
Se hizo una pausa larga.
― Si, pasare aquí la tarde. No te preocupes. También te quiero. ―
Dejo el teléfono y regreso junto a mí. Con delicadeza me bajo de la encimera y me guio hacia el sillón donde nos abrazamos durante un rato.
― Eres tan bonita ― musito mientras jugaba con hebras sueltas de mi cabello― Tan bonita y delicada. Preciosa― seguía musitando palabras lindas, palabras que me hacían reventar de felicidad por el solo hecho que era él quien las decía para mí.
El me había dicho esas palabras antes. Hace mucho tiempo y había agregado algo más.
― ¿Crees que me parezco a una muñeca? ― pregunta mientras él seguía en su tarea de despeinar mi cabello.
― Tú eres una muñequita preciosa y única. ― contesto dándome un suave beso.
― Sigues llamándome así ¿Por qué? ― volví a insistir.
El me enderezo en sus brazos y me hizo verlo a los ojos.
― Tienes una piel realmente hermosa, tan blanca y delicada. Tus ojos son tan expresivos e ingenuos. Tus facciones tan finas que parecen haber sido dibujadas con tanta premura y delicadeza y tu cabello es tan bonito, la manera en que enmarca tu rostro te hace ver más linda. Claramente no eres una muñeca, eres un ángel. ― relato con amor en sus ojos y sabía que en los míos había un mar de lágrimas listas para caer en cualquier momento― Pero me gusta llamarte muñequita― término con una sonrisa sincera. Y yo solo pude abrazarlo con amor.
Las horas que pasamos juntos en ese sofá fueron hermosas. Edward seguí susurrando cosas lindas y yo seguía tan emocionada como desde el principio.
Con pereza me levante de sus brazos, era hora de llevarlo a ver su sorpresa.
― ¿A dónde vas? ― pregunto a ver que me levantaba.
― Pues voy a arreglarme. Saldremos un rato, ¿te parece?
― Claro que sí.
Con rapidez arregle mi cabello y busque un suéter y una bufanda. Sabía que a Edward le haría falta la bufanda.
Al salir Edward seguía sentado en el sillón pero se había colocado los zapatos.
― Ten, creo que la necesitaras más que yo― dije extendiendo la bufanda hacia él.
La enredo en su cuello y luego se coloco su chamarra.
― ¿Listo?
― Siempre contigo― sonrió tomando mi mano y salimos del apartamento.
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Llegamos al centro de la ciudad en taxi. Tuvimos que bajarnos y caminar para poder llegar a nuestro lugar de destino.
― ¿Dime adónde vamos?
― Es una sorpresa―comente mientras lo seguía guiando entre la multitud de personas que rodeaban el local. Sabía que sería un evento reconocido pero no esperaba que tanto.
Mientras pasábamos a muchas personas para poder entrar note como Edward miraba con curiosidad el lugar. Y no era para menos, una galería de arte era para apreciarla desde la entrada.
― ¿te gusta? ― pregunte mientras Edward seguía viendo embobado los primeros cuadros de la exposición.
El solo asintió mientras seguía viendo con atención las diferentes piezas. Había pinturas, esculturas y dibujos.
Lo seguí muy de cerca mientras seguía observando todo. Parecía que apreciaba cada detalle, cada color y cada trazo de todo lo que veía.
Cuando llegamos a la parte de la exposición que yo esperaba pareció confundido. Pero inmediatamente reconoció las piezas que veía.
Me miro con incredulidad en sus facciones pero yo solo asentí ante su reacción.
― Mis dibujos ― musito mientras los seguía viendo.
Eran varios de los dibujos que había hecho durante años. Todos preciosamente enmarcados y dispuestos de tal manera que se seguía el patrón de una historia. Una muñeca de porcelana solitaria que poco a poco cambiaba sus facciones para convertirse en una mujer. Para convertirse en mí.
No era que me emocionase que mis retratos estuviesen en exhibición pero era parte del arte de Edward. De lo que él era capaz de retratar y no podía dejar de incluirlos.
― ¿Como…? ― dejo la pregunta incompleta mientras seguía observando su trabajo de años.
― Bueno…. pues yo…. escuche de este evento. Es para artistas novatos, pero me pareció buena idea que participara algo tuyo. Lo presente y a pesar que buscaban otros estilos dijeron que los presentarían porque se veía que tenias talento. Renata, la gerente dijo que eras realmente bueno y hablo de una escuela de arte y…. bueno, tendría que hablarlo contigo.
El seguía sin poder decir una palabra.
― ¿Y bien? ¿Estuvo bien lo que hice? ― pregunte un poco tímida. Cuando lo hice no pensé que llegase a molestarse.
El solo me abrazo.
― Gracias, Bella. ― fue todo lo que dijo pero siguió abrazándome.
Y yo simplemente me deje abrazar. Sabía que tanto significaba esto para Edward. En parte era algo que lo unía a su madre y en parte era su forma de expresar sus sentimientos cuando no podía hacerlo con palabras.
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Con el caer de la noche el evento iba finalizando. Esta era solo la inauguración, las piezas seguirían en exhibición unos días más.
Edward seguía feliz, porque una de las exhibiciones mas halagadas había sido la suya.
Había hablado con Renata, ella lo había recomendado a una escuela de arte y todo pintaba que sería aceptado para el próximo año. No tenía ni idea que eso podría pasar, pero todo era para bien para él.
Caminamos a casa tomados de la mano y en silencio. No había mucho que decir. El estaba feliz y con eso yo también lo era.
Al llegar a casa me quise ponerme a hacer la cena pero Edward me lo impidió. Había dicho que quería hablar conmigo y no pude evitar ponerme nerviosa.
¿No siempre las cosas malas eran precedidas del temible "tenemos que hablar"?
Se sentó con migo en nuestro sillón y tomo mis manos entre las suyas.
― Bella, este día ha sido unos de los días más felices de mi vida. ― sonreí, claro que lo había sido.
― Te entiendo. Tu trabajo fue todo un éxito y podrás ir a esa escuela de arte. Todo ha sido tan….― iba a decir tan impresionante, pero Edward me silencio poniendo sus dedo en mis labios.
― No, Bella. No ha sido por eso.
― ¿No? ― replique mortificada ― Pensé que te había alegrado lo que paso. Si no fue así e hice mal te pido perdón…. Sé que debí consultarte pero….― volvió a poner su dedo en mis labios.
― Bella, claro que me emociona eso. Pero lo que me ha hecho enteramente feliz este día ha sido pasarlo contigo. Esa oportunidad no valdría nada si no hubieras estado tú para compartirla conmigo. Nada valdría tanto como estar contigo siempre.
― Edward, yo…
― Déjame terminar. Desde esta mañana que desperté con tu rostro junto a mí, que pasamos juntos haciendo nada más que besarnos, que no hice más que mimarte; me di cuenta de algo.
― ¿De qué?
― Que me gustaría hacer eso todo los días. Me gustaría tenerte junto a mí. Que me gustaría vivir contigo ― sentí la presión de sus manos en las mías. ― ¿Qué dices?
¿Qué decía?
¡Claro que quería! Que no daría por repetir este día una y otra vez.
― ¿Bella? ― apremio al ver que no había respuesta de mi parte.
― No creo que sea lo mejor, Edward― conteste con la voz temblándome. Inmediatamente note la decepción en su mirada. ― Es demasiado pronto Edward y….
― Entiendo, Bella. De verdad que si ― contesto forzando una sonrisa.
No. No lo entendía y sabia que le dolía. Pero quizás era demasiado pronto para dar ese paso. No que yo temiese sino que le tendría que adaptarse de nuevo a otro lugar, a otro ambiente. Ya le había costado una vez. No quería que volviese a pasar lo mismo.
Sin ánimos llamo a Carlisle para viniese por él.
Se despidió de mí con pena en su mirada.
Y después de unos minutos que él se fuera yo también me derrumbe porque una vez más, aunque fuese por su bien, le había dañado.
Ya saben, jitomatazos para la autora.
Bueno, un capitulo desde el punto de vista de Bella, para que veamos que pasa por su cabeza.
Creo que me quedo un poco cursi en algunas partes, pero creo que ya se extrañaba.
Bueno, les tengo la noticia que ha esta historia le quedan 3 capítulos. Así es gente, tres. Faltan unas cositas que arreglar, situaciones que aclarar, etc., etc.
Ya saben, estoy de maratón. Así que espero nos leamos otra vez en dos días.
A las niñas brasileñas que se toman la molestia de leer mi historia aquí. Gracias por sus comentarios, se lo que cuesta leer algo en otro idioma y agradezco el esfuerzo que hacen. Si gustan seguir dejando el comentario en ingles esta bien para mi. Leo mejor ingles que portugués
Gracias por leer. Muchos besos a todas.
