El País de la Hierba. A tres kilómetros de su frontera nor-occidental.
Ese fue el día de la quinta gran batalla de la última Guerra Shinobi.
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El grupo del sannin de los sapos había logrado una pequeña ventaja al interceptar a un mensajero de Yakushi Kabuto, pero el abatimiento por todo lo que había rodeado dicho suceso tenía muy decaído al Sabio Legendario. Tanto, que ignoró el motivo por el cual un hombre había muerto.
Hasta que fue demasiado tarde.
El rollo no era un mensaje, sino un pergamino de invocación, diferente a todo lo que alguna vez Naruto se había encontrado.
El descuido de Kishi de tratar de revisarlo sin tomar las precauciones necesarias, en cierta manera, había salvado a su rubio amigo. Ren lo supo apenas pudo identificar lo que escapó de dicha cosa.
La madre de los hermanos sapos, Ren y Koji, era una hembra venenosa, y por lo mismo le enseñó a su hija como identificar ciertos venenos naturales, tanto de sapos como de serpientes, un conocimiento que a ella le había pasado su propia madre antes y que manejaban debido a que su naturaleza tóxica era un rasgo que podían pasar sólo las hembras de la familia a sus descendientes, ya sea que ellas mismas fuesen venenosas o no (como era el caso de Gamaren). Gracias a eso, pudo identificar aquello que fue expulsado del pergamino, una variante del veneno de las serpientes de la Caverna Ryuchi, creada específicamente para combatir a los sapos guerreros del Monte Myoboku.
A diferencia de otros, éste era una variación destinada a atacar el sistema de chakra de su víctima, debilitándola hasta matarla. Las serpientes tenían dos formas de atacar con él: inyectando una gran cantidad directamente dentro de un sapo (lo que lo mataba en menos de un minuto) o esparciéndolo en el aire, mezclado con su propio chakra natural, en donde actuaba contaminando el ambiente, vinculándose a la energía natural del área afectada. La segunda forma, si bien sólo mataba luego de muchísimo tiempo, tenía un par de ventajas: podía afectar a muchísimos sapos simultáneamente; no requería que el sapo fuese alcanzado directamente (y protegía a la serpiente de algún contraataque del mismo) y sólo actuaba sobre aquellos seres que absorbían energía natural del ambiente en grandes cantidades, como al luchar, debilitándolos en el proceso.
Pero la madre de Ren-chan -y ahora ella- sabía como combatir aquello: debían permanecer sin absorber energía natural por cinco minutos, hasta que el mismo ambiente depurara el veneno del aire gracias al ciclo constante de circulación de la energía natural.
O sea que durante cinco minutos todos ellos dependían de sus propias reservas de chakra natural para combatir. La chica les gritó a sus compañeros su descubrimiento: "¡TODOS, RECUPEREN SU TAMAÑO Y SAQUEN SUS ARMAS! ¡PROTEJAN A NARUTO A TODA COSTA! ¡QUE NINGUNO ABSORBA ENERGÍA NATURAL HASTA QUE LES DIGA, TODO EL LUGAR HA SIDO ENVENENADO!"
Al oír a su compañera, Gamakishi se aleja rápidamente de donde ha caído el pergamino, mientras deshace su miniaturización y adopta su tamaño real. Llega a donde le esperan sus tres compañeros sapos, que ya tienen su forma real y sus armas en la mano, colocados en formación alrededor de Naruto, quien apenas ha logrado reaccionar y colocarse de pie. Adoptando su posición en la formación circular, Kishi activa un sello de invocación que lleva tatuado en su palma izquierda, haciendo aparecer su tanto.
Ninguno de los sapos lleva armadura: tendrán que resistir en esas condiciones lo que sea que se aparezca para atacarlos.
Cuatro segundos pasan. Del pergamino se proyecta un gigantesco sello de invocación, cuyas líneas de tinta imbuido en chakra se proyectan más allá de la vista de los sapos, incluso bajo sus pies. Naruto rápidamente genera una barrera alrededor de los cinco, que rompe el dibujo proyectado en un área de cincuenta metros a la redonda.
La barrera, sin embargo, no logra evitar que el sello funcione, haciendo surgir al unísono un sin fin de enemigos.
Han pasado apenas treinta segundos desde que el pergamino fue liberado, y ahora el grupo de Naruto se ve rodeado por innumerables zetsus blancos, muchos ninjas revividos e, incluso, unas veinte serpientes gigantes (y eso es sólo lo que alcanzan a ver).
Naruto, viendo que sus compañeros están abrumados por lo que se les ha aparecido, decide usar el chakra del nueve colas y expandir su percepción del campo de batalla. Por lo que puede notar, el sello de invocación ha crecido hasta formar un círculo de casi un kilómetro de diámetro; lamentablemente no puede saber cuantos enemigos enfrentan (el chakra del nueve colas no es tan útil para servir de sensor en comparación al chakra natural, el que ahora no puede usar), pero deben ser cientos, quizás miles.
Naruto les cuenta a los sapos la terrible realidad que enfrentan.
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Los dos más poderosos shinobi revividos estaban a pasos del pergamino que los hizo aparecer en ese lugar.
Todos ellos se veían confusos: supuestamente tendrían que haber sido liberados en el País del Hierro, y era evidente que no se encontraban ni cerca de aquél lugar. Demasiado verde y total ausencia de nieve hasta donde la vista alcanzaba denotaban que ese no era su destino original.
El líder de de todos ellos, Hozuki Gengetsu, el segundo Mizukage, no podía dejar de quejarse por ese fraude de misión: él había reclamado de sus líderes que lo designaran para el ataque a Kiri, su aldea natal (sentía cierto placer morboso en ser el responsable de devastar su propia tierra), pero su invocador, el tal Kabuto, había insistido en que la habilidad especial de su animal invocado, su almeja gigante, era particularmente útil para doblegar a los samurai, quienes no dominaban el arte del genjutsu y que, por lo mismo, aquella sería muchísimo más efectiva contra ellos que contra shinobi entrenados.
Pero ahora ni siquiera eso tenía. En vez de aquella matanza que se le prometió, sólo veía un grupo de cuatro sapos gigantes, protegidos por una barrera, a menos de cien metros de su posición. Y su técnica ilusoria era inútil contra animales.
Al ver que nadie atinaba a hacer nada, les gritó a los más cercanos: "¡Hey, imbéciles, que esa barrera no se va a derribar sola; destrúyanla y acaben con esos sapos para poder largarnos de aquí!" De inmediato, los zetsus y las serpientes más cercanas al grupo de sapos arremetieron contra la defensa.
Uno de los zetsus se acercó a Nidaime Mizukage y le informó que Uzumaki Namikase Naruto estaba dentro de aquella barrera. "Bien", dijo Gengetsu, "al menos tendremos algo con qué divertirnos antes de tener que salir a buscar algún lugar que destruir".
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Decenas de enemigos golpean la poderosa barrera de Naruto, tratando de hacerla ceder; la técnica resiste sin problemas. Pero los sapos saben que es sólo cuestión de tiempo, y el escenario que enfrentan es demasiado terrible para permanecer allí. Al final, es Gamakishi el que decide afrontar la cruel verdad de que deben huir: "¡KOJI, AGARRA A NARUTO, TENEMOS QUE LARGARNOS DE AQUÍ!; ¡PONLO DENTRO DE TU BOCA, SI USAMOS LA INVOCACIÓN INVERSA TARDAREMOS DEMASIADO…! ¡NO PONGAS ESA CARA, KOJI!"
Resignado, el sapo espadachín trata de sujetar a Naruto, quien se encuentra en el suelo, pero el chico le pide que no se lo lleven. Todos pueden irse, pero él resistirá allí. Gamaren comprende porqué y le impide a su hermano agarrarlo a la fuerza: a poca distancia hay una ciudad con miles de humanos y, si ellos se van, nada impedirá que los aparecidos se lancen contra ella.
Resignada, la chica les dice a sus compañeros sapos: "¡NO PODEMOS IRNOS, SÓLO CÚBRANLO PARA QUE PUEDA INVOCAR A SUS CLONES! ¡NARUTO, EN DIEZ SEGUNDOS BAJA TU BARRERA, USA LA TRAMPA QUE PREPARASTE PARA PODER CONTENER A ESTOS MALNACIDOS Y EVITAR QUE ESCAPEN, NOSOTROS TE DAREMOS EL TIEMPO QUE NECESITAS!"
Naruto mira a cada uno de los cuatro sapos: los tres restantes asienten a las palabras de su compañera y adoptan su posición de batalla. Ha pasado apenas un minuto, por lo que sólo podrán luchar con sus técnicas físicas, sin jutsus de sapos; tan sólo esperan que el rubio no tarde demasiado.
Naruto deshace su barrera, a fin de tener las manos libres para tres movimientos que debe hacer. Debe concentrarse y hacerlo rápido, por lo que no podrá defenderse en lo que tarde en completar todo.
Primer movimiento: recuperar de su almacén personal un paquete de cien kunai sellados. Tres segundos. Gamakishi y Gamakoji sujetan a las serpientes más cercanas, engendros de su misma altura y mayor peso que el propio, clones de Manda creados por Kabuto, y las sostienen, tratando de evitar ser mordidos por las mismas. Gamaren y Gamatatsu aprovechan sus armas largas y logran contener a distancia a los zetsus blancos, cuyo único interés parece ser el rubio.
Segundo movimiento: kage bunshin no jutsu, creando cuatro clones de sombras con una sola instrucción, los que parten de inmediato a la carrera, esquivando a todo el mundo hasta posicionarse más allá de los aparecidos. Otros dos segundos. Kenshin logra apartar a la serpiente de sí el espacio suficiente para atravesar su cabeza con su katana sin filo, la que entra a puro músculo; Kishi logra empujar a la suya, haciéndola caer y rechazando, a su vez, a una segunda serpiente, una cabeza más que pequeña que la anterior, que ha saltado tratando de alcanzar uno de sus brazos: una feroz palma descendente estrella la cabeza del ofidio contra el suelo, rompiendo su cráneo; Ren ha logrado ensartar a ocho zetsus blancos, pero un par de ellos han saltado sobre su cabeza, buscando sus ojos; su hermano lo lanza lejos de un manotazo. Tatsu logra aplastar a uno de los zetsus que, esquivándolo, ha tratado de golpear a Naruto quien, con un pie puesto sobre el suelo, permanece ignorante de todo lo que sucede alrededor suyo.
Tercer movimiento: kage bunshin no jutsu masivo. Doscientos clones son creados, los que a toda carrera se separan en parejas y corren cada par con uno de los kunai sellados en dirección a los límites del área donde los invocados enemigos han aparecido, esquivando como pueden a los ya alertados enemigos; la quinta parte cae antes de llegar a su destino. Ocho segundos. Los zetsus blancos y las serpientes toman algo de distancia al grupo de Naruto, esperando el ataque de los clones de sombras, pero estos pasan de largo. En eso, una kunoichi revivida corre veloz entre sus tropas, esquivando la bo de Gamatatsu y llegando junto al maestro sabio, llevando un kunai con ella, pero tarda demasiado: Naruto reacciona justo para sujetar el acero con su mano izquierda, mientras adopta su manto de chakra de fuego, el que se expande a los alrededores. La chica retrocede, mientras los sapos son alcanzados por el chakra del nueve colas, el que los fortalece.
Los clones de sombras adoptan sus posiciones, formando un círculo que rodea toda el área comprometida. noventa de ellos se posicionan en el mismo límite, clavando cada uno un kunai sellado y levantando una barrera a milímetros atrás de los mismos. El resto de los clones, una vez aseguradas las posiciones de los encargados de la barrera, regresan sobre sus pasos para unirse a la batalla.
Los cuatro primeros se ubican a varios cientos de metros de la barrera, mientras reúnen energía natural más allá del área contaminada.
Ha pasado minuto y medio desde la aparición del ejército de Akatsuki y Naruto, los cuatro sapos y los clones encerrados dentro de una barrera perfectamente esférica, visible desde varios kilómetros de distancia, inician su resistencia. Naruto les recuerda a los sapos: "¡La barrera sólo soportará veinte minutos, debemos acabar con todos estos antes de que se agote el tiempo!"
El Sennin de los Sapos ahora está seguro a lo que se enfrenta: se ha topado con una de las fuerzas de invasión preparadas por el falso Madara, el medio por el cual pretenden ejecutar su ataque coordinado a las capitales de la Alianza y del Pacto.
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Nidaime Mizukage está furioso, realmente furioso.
Ha tomado distancia de donde combaten los sapos con su ejército, pensando en relajarse mientras ve como el pequeño grupo enemigo cae o huye. Incluso su segundo al mando se ha unido a la batalla, pero nada de eso parece suficiente para doblegar a los cinco que resisten, a los que ahora se han unido parte de los clones del rubio, luego de completar esa extraña barrera, tras la cual los demás permanecen concentrados, con sus manos en el suelo, sosteniéndola.
No están donde deberían, están encerrados como ratas y esos cinco de allí se niegan a morirse. Y lo peor, que reconoce a los sapos invocados del Monte Myoboku y sabe que en cualquier momento podrían huir, dejándolos allí. Es más, no comprende cómo todavía no se han simplemente largado, dejándolos a todos ellos encerrados.
Su cabeza comienza a funcionar a toda velocidad, tratando de encontrar alguna explicación. Y es que es tan simple: seguramente esa barrera, poderosa y todo, no podrá aguantar mucho; probablemente sólo minutos. Pero eso no justifica completamente el que esos cinco no huyan… es obvio que para ese grupo no es opción el dejarlos salir, como si… como si… hubiese algo que deben proteger… cerca, demasiado cerca como para que se retiren y reúnan una fuerza para someterlos (como si eso fuese posible) y demasiado grande como para poder salvarlo antes de que ellos mismos, una vez libres, lo alcancen… un poblado… no, una ciudad grande, esa es la única explicación posible.
O sea, si aguantan el tiempo suficiente, todos ellos serán libres y podrán cumplir, aunque sea en parte, el propósito de su misión. Si tan sólo el rubio les hiciera el favor de DEJAR DE ELIMINARLOS TAN RÁPIDO!
Molesto, el revivido Mizukage decide actuar. Le ordena a su segundo, una chica de pelo verde corto y traje blanco de dos piezas (peto y falda corta) que vuelva a atacar al rubio, a fin de distraerlo mientras prepara el campo para su técnica. Mientras la kunoichi parte, Gengetsu decide invocar a su almeja gigante, a fin de preparar su trampa ilusoria: quizás sea inefectiva contra los sapos, pero seguramente neutralizará al rubio y a sus copias.
El gigantesco molusco aparece, y su invocador sólo lamenta que esa enorme cosa no sea capaz de moverse a otro lado que no sea la lejana isla donde habita. Si fuese algo con más cerebro, como un sapo o una serpiente, podrían usarla para escapar de aquel maldito encierro, pero no será malagradecido: Ohamaguri, la almeja varias veces centenaria, le dio muchas veces la victoria en el pasado y, seguramente, ahora lo volverá a hacer.
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Tres minutos han pasado y el grupo de Naruto soporta lo mejor que puede, rodeado de sus enemigos.
Ya han caído cinco serpientes (dos de ellas clones de Manda) y más de cien zetsus blancos, y eso sin contar los que han eliminado los clones que corretean alrededor del grupo que se ha apilado alrededor de los cuatro sapos.
Todos esperan que se cumpla el tiempo señalado por Ren: cuando vuelvan a poder recolectar energía natural, podrán recurrir a sus jutsus de sapo y a sus armas cargadas de chakra natural, y esos monigotes no serán nada para ellos.
Estando sin sus armaduras de batalla, los sapos dependen del chakra del nueve colas que les ha facilitado Naruto para sanar sus heridas durante la pelea, teniendo todos especial cuidado de evitar ser mordidos por alguna serpiente.
El maestro sabio, por su parte, se encuentra bastante aproblemado: sin chakra natural para usar (sus clones todavía necesitan al menos medio minuto para darle suficiente como para compartirlo con los sapos), analiza sus opciones. Su mejor alternativa, el usar su forma del zorro demonio gigante no le sirve, con el limitado espacio y el riesgo de que su enorme fuerza termine dañando la barrera que los mantiene a todos dentro. El manto del nueve colas, en aquel pequeño espacio, terminaría dañando a los sapos, y su forma de llamas doradas requiere chakra natural para, con los sentidos aumentados que le proporciona su senjutsu, poder controlar la alta velocidad que desarrolla (y que aún no domina sin ese agregado).
Sólo espera que sus clones le den la energía que recolectan: una vez cargado, y habiendo cargado a los sapos, podrá dejarlos solos y moverse a una distancia segura para contraatacar.
En eso, nota como la misma chica que se le lanzó hace unos instantes vuelve a la carga. Siendo una revivida, lo único que le queda es hacerle suficiente daño hasta lograr disgregar su cuerpo; sin los sapos y sus técnicas para inmovilizarlos, no puede sellar a ninguno de los shinobi revividos con el Edo Tensei. El rubio crea otro grupo de cincuenta clones, a fin de dejarlos apoyando a los sapos, mientras se adelanta un poco para interceptar a la muchacha; saca su kunai de acero blanco, listo para detener la arremetida de la kunoichi.
Los aceros chocan, sacando chispas. La muchacha, a pesar de ser bastante menuda, tiene bastante fuerza y complica un poco al rubio; además, su habilidad con el kunai es superior a la suya: unos pocos golpes bastan para hacerle comprender a Naruto que ella es un rival de cuidado, por lo que libera su wakizashi para enfrentarla a dos manos.
No es lo más justo, pero Naruto no arriesgará su vida por ser caballeroso con una oponente.
Los cortes se suceden en el cuerpo de la muchacha. Tanto Shirohime como el kunai dejan sendas marcas en la piel y ropa de la joven, la que en dos segundos se regenera. Naruto logra decapitarla, haciendo rodar su cabeza, pero el cuerpo de su enemiga simplemente se disuelve en el aire, para rearmarse casi de inmediato, emprendiendo otra vez su ataque. Al poco rato, otros revividos llegar, hasta sumar seis, que lo rodean, pero sin lograr alcanzarlo.
Hasta que Naruto se frena por un instante: su cuatro clones más allá de la barrera comienzan a disgregarse, enviándole así la energía natural que han recolectado; rápidamente, el rubio retrocede hasta llegar a donde esperan los cuatro sapos gigantes, pasando esa energía a sus cuerpos. Sin embargo, por su enorme tamaño, se ve en la necesidad de entregársela toda a ellos, los que ni siquiera así logran estar a tope. Pero es suficiente para contraatacar.
Han pasado casi cuatro minutos, y todavía queda uno para que el veneno de serpiente se disipe del lugar. Naruto ordena al grupo que avance: es hora de neutralizar a los revividos.
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El Mizukage observa como el grupo que rodeaba a los sapos se separa, como si pretendieran hacer distancia con su enemigo. Nota, sorprendido, como esos cinco oponentes comienzan a avanzar… avanzar… ¡PORQUÉ MIERDA ESTÁN AVANZANDO, SI SÓLO SON CINCO!
La kunoichi que combatía a Naruto llega a su lado, informando: el enemigo avanza, concentrándose en los revividos, a quienes capturan y sellan. La estrategia del pequeño equipo es simple: dos de los sapos, el de la katana y la de la su yari, mantiene a las serpientes y a los zetsus a distancia, mientras los otros dos sapos atacan a los revividos con una mezcla de baba de sapo y viento que los petrifica; antes de que puedan ser ayudados por los demás, el rubio coloca un sello de papel sobre los petrificados que los hace desaparecer. Ya han eliminado a diez de los revividos, y al paso que avanzan en tres minutos los capturarán a todos.
O sea que el rubio tiene sellos y una estrategia para eliminarlos. Si tan sólo supiera cuantas de esas cosas carga con él (cientos, gracias al dato de Kabuto sobre sus muchos revividos).
Gengetsu, irritado por el curso de la batalla, le ordena a su almeja gigante liberar su vapor especial, a fin de saturar el campo de batalla del mismo. Satisfecho, comienza a notar que los clones del rubio más cercanos comienzan a errar sus golpes, cayendo presa de los zetsus blancos a los que combatían.
Viendo que su técnica funciona, el líder del grupo de ataque a la capital del Hierro avanza, dispuesto a neutralizar al llamado sabio de los sapos por si mismo. Extrañado, nota como la chica queda a la espera; la reprende:
- ¿Qué haces allí parada, Fu? No pretendo hacer todo el trabajo yo sólo.
- Supuse que uno de nosotros debería quedarse cuidando a esta almeja tuya.
- No es necesario, su concha es lo suficientemente resistente para aguantar lo que sea. Además, lleva dos minutos aquí y a ninguno de esos tontos clones se le ocurrió el atacarla, como si no fuese una amenaza; ahora, con mi genjutsu trabajando, es imposible que la alcancen.
- Si tú lo dices…
Resignada, la peliverde dirige una última mirada al gigantesco molusco, el que simplemente saca su enorme "lengua". Ofendida, la chica le devuelve el gesto, mientras le dice: "¡grosera!". Luego, corre hasta colocarse a la izquierda de su líder, quien avanza a paso lento hacia su enemigo, esperando a que el vapor de su compañera avance por delante suyo.
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Naruto comienza a recibir los recuerdos de sus clones a medida que comienzan a caer el gran número. No comprende el motivo, pero de un momento a otro se han vuelto incapaces de golpear a sus enemigos. Sin saber a ciencia cierta qué ocurre, elige realizar su ataque especial antes de que todos los clones desaparezcan y el ejército enemigo se abalance completo contra ellos.
El rubio se aproxima a Gamatatsu, el sapo más cercano, solicitándole un poco de su chakra natural. Cuando la consigue, se percata que probablemente ese poco le de unos ocho segundos de moverse a alta velocidad; quedan todavía veinte segundos para que se cumplan los cinco minutos estimados por Ren-chan para poder recurrir a la energía natural del ambiente, pero no puede esperar más: Inazuma debe ser ejecutado ahora.
Naruto, mientras carga de chakra a Shirohime, se concentra en su transformación de sabio, mientras localiza los cien kunai distribuidos al principio de la batalla. Algunos de ellos están tirados en el suelo, en medio del campo, pero la mayoría está en la periferia, donde se suponía.
Tres segundos pasan, es hora de atacar.
El rubio, con su forma combinada de senjutsu y su manto de chakra de fuego, comienza sus saltos de sello a sello, moviéndose a altísima velocidad entre ellos. Se concentra en los zetsus blancos, destruyéndolos por cientos a lo largo de todo el campo de batalla; el tiempo es escaso, y no quiere malgastar los preciosos segundos golpeando a unos revividos que se reconstruirán en segundos o a las serpientes gigantes que pueden absorber sus poderosos golpes sin sufrir mayor daño.
Cuando la secuencia de ataques finaliza, Naruto no puede evitar sentirse preocupado: gracias a que los enemigos están apiñados en un área demasiado pequeña ha podido acabar por muchísimos -tal vez unos dos mil zetsus blancos en apenas cinco segundos-, pero aún quedan muchos más. Y lo que es peor, la misma condición que afectó a sus clones comienza a hacer mella en él, y sus últimos golpes fueron infructuosos (e, incluso, se ha cargado un par de sus propios kage bunshin al final, creyéndolos zetsus).
Naruto se frena justo cuando pierde su transformación sennin, notando como un par se le acerca.
Reconoce a la misma chica que ya lo ha atacado dos veces, pero quien la acompaña se ve… raro…
No sabe si es ese largo abrigo rallado, o ese cuello levantado tan ostentoso, o el peinado… o ese bigote ridículo… o todo el conjunto, pero no puede evitar sentir vergüenza ajena al ver a su enemigo. Y es que, por primera vez en su vida, siente que ha visto a alguien sin ningún sentido de la estética (y eso que trató con sujetos como Gai-sensei y Lee por años).
Obviamente el rubio evidencia su incomodidad ante su presencia, por lo que Nidaime Mizukage lo mira molesto: tal vez no se vea como todos ni de esa imagen de abrumador poder de algunos kages, pero no es para que el muchacho rubio lo mire como si se fuera a reír en su cara (cara que ha visto antes muchas veces, pero que a los idiotas se les quita cuando han probado sus puños). Disgustado, ordena a los zetsus y a los revividos que se concentren en derribar la barrera que los aprisiona, así como en los pocos clones de sombras que todavía quedan en pie (a las serpientes no puede ordenarles nada, pero al menos se concentran en los sapos y no parecen querer interrumpirle); luego, mientras le ordena a Fu que permanezca a su lado, le dice al chico:
- Si vas a reírte de mi aspecto, hazlo de una buena vez. En todo caso, no creo que un rubio con cara de idiota y que lleva una capa que dice "sapo" en la espalda pueda criticar algo de mi aspecto.
- Lo siento, pero es que… todo… es como si fuese de otra época…
- Quizás no lo creas, pero este look que llevo era bastante popular en mis días mozos. El bigote y la barba recortada dejan muy buena impresión en las chicas, me hacen ver muy varonil…
Mientras dice lo último, Gengetsu descubre que es Fu la que ahora se ríe abiertamente, parada al lado suyo, como si todo lo dicho por él fuera algún tipo de chiste. El revivido la mira con seriedad, mientras le pregunta a qué se debe ese ataque de risa; la chica, tomando aire para tranquilizarse, le responde: "Parece que el ser tan poderoso arruina el gusto de los hombres. Tú con esas pintas que llevas y ese tonto con su capa ridícula… no sé quien es el peor de los dos… ja, ja"; el Mizukage le dice a modo de réplica: "Entonces nunca tendrás que preocuparte por verte mal, mocosa tonta. Como eres una debilucha no corres el riesgo de arruinar tu imagen, ¿verdad?". La peliverde, molesta por la insinuación, enmudece, inflando sus mejillas y apartando el rostro.
Naruto mira a sus alrededores, pretendiendo ignorar al par, pero su visión se ve… incorrecta. No sabe como explicarlo, pero es como si las cosas que ve con sus ojos no estuviesen allí, como si su presencia no fuera real. Una parte de él percibe lo que le rodea como un espejismo, pero sus vista le insiste que todo eso es real; lo que logra percibir con otros sentidos, en cambio, no logra verlo. En eso, un grito de Gamakishi lo alerta, haciendo que salte a la derecha justo a tiempo para esquivar una enorme serpiente gris que ha caído sobre él desde lo alto, intentando tragarlo completo; rápidamente lanza un corte de chakra con su wakizashi a su cuello, pero el golpe pasa limpiamente; sin saber a qué se debe, lanza varios golpes más, hasta que uno de ellos impacta en la cola del atacante, haciéndole un profundo corte. La serpiente, alcanzada, toma distancia del rubio.
Gengetsu aprovecha para explicarle al rubio:
- Chico, para que lo sepas, en este momento estás siendo afectado por la técnica de mi almeja gigante. Ha llenado todo este espacio que has creado con vapor cargado de su chakra y gracias a él puedo distorsionar lo que crees ver o sentir. En este momento estás en mi genjutsu especial, y no puedes confiar en tus sentidos.
- (extrañado, Naruto pregunta) ¿Porqué me cuentas todo eso?
- Diría que para ayudarte, pero en realidad siempre me gustó jugar con mis oponentes. Ninguno, nunca, pudo hacer nada aunque le dijera específicamente como trabajaba mi técnica ni como derrotarla.
- ¿Derrotarla?
- ¡La almeja, muchacho tonto! Si la eliminas no podré mantener mi ilusión. Pero, claro, mi mascota es imposible de eliminar, nunca nadie ha logrado herirla. Su concha es bastante resistente.
- Ya veo.
- Es una pena que la técnica no funcione con los sapos, pero no importará luego de que te elimine. Ellos solos no podrán contra mi ejército... (Fu hace sonar su garganta, corrigiéndolo), bueno, el ejército de Akatsuki.
- ¿Quién eres?
- ¿Que quién soy? Pues soy el más grandioso Mizukage en toda la historia de Kiri, el mayor usuario de técnicas suiton que jamás existió o existirá, soy el espectacular…
- ¿Yagura, verdad?
El rostro de Gengetsu se congela al oír la interrupción de ese mocoso ignorante. Ahora está decidido a exterminarlo de una vez por todas.
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Los sapos sostenían su posición contra las serpientes. La presión de los zetsus y los revividos había bajado, con la mayoría de ellos concentrados en tratar de forzar la barrera de Naruto.
Pero las enormes bestias reptantes se habían concentrado en ellos. Al menos sus técnicas, reforzadas con el suplemento de energía natural que les proporcionó el rubio hace un minuto les han permitido contrarrestar a sus enemigas ancestrales, e incluso ya llevaban ocho de ellas eliminadas y otras cinco derribadas y puestas fuera de combate.
Ya habían pasado los cinco minutos y Gamaren todavía no daba el visto bueno para poder re-absorber energía del medio. Preocupado, su hermano Koji se aproximó a la hembra para preguntarle porqué no ha dicho nada, pero ella le responde que todavía percibe el veneno de serpiente en el aire; no sabe porqué tarda tanto en disgregarse, hasta que se da cuenta de que todos se encuentran en un lugar cerrado, lo que seguramente ha demorado la circulación de la energía natural, como si la barrera de Naruto interrumpiese el proceso.
En eso, los hermanos oyen como Tatsu le grita a Naruto que se aparte del camino de una serpiente que trata de alcanzarlo. El chico logra hacerlo, pero su contraataque contra la bestia es torpe e inefectivo. Extrañado, Kenshin observa a su alrededor, buscando los clones que todavía quedan. Consternado, el sapo de la katana nota como los kage bunshin ya no le aciertan a nada, y lo poco que golpean con los rasengan que utilizan lo hacen casi por accidente, como si no pudiesen ver donde están sus enemigos.
En eso, un grito alcanza hasta donde luchan los sapos: "¡SOY HOZUKI GENGETSU, NIDAIME MIZUKAGE DE KIRIGAKURE, Y ES MEJOR QUE ESOS ODIOSOS SAPOS ME HAYAN OÍDO BIEN, QUE QUIERO QUE LE CUENTEN A TODOS QUIEN FUE EL QUE TE MATÓ, RUBIO IDIOTA!".
El sujeto raro que ha gritado se lanza al ataque de Naruto, golpeándolo con facilidad, mientras el portador del nueve colas no es capaz de asestar un golpe y sólo ataca al aire. Gamakishi, el más cercano al rubio, trata de correr a ayudarlo, pero un par de serpientes se le cruzan, tratando de morder sus piernas: el primogénito de Gamabunta las aparta con su tanto, reventándole un ojo a una de ellas.
La presión de sus propios enemigos sobre los cuatro sapos es demasiada; Naruto deberá arreglárselas por si mismo.
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Fu se une a su compañero revivido en el ataque al maestro sennin. Ambos combatientes adoptan una nueva formación de combate: la chica pasa a hacer presión cuerpo a cuerpo, mientras el mayor toma distancia y lo ataca con sus jutsus de agua.
Naruto siente la terrible presión de sus oponentes. Las balas de agua del segundo lo golpean repetidas veces, hiriendo su piel y alcanzando el músculo: los ataques llevan una fuerza y velocidad tal que el chakra del zorro demonio no es suficiente para contrarrestarlos.
Y la kunoichi mejora con cada momento, como si estuviese aprendiendo sus patrones de lucha.
Pero lo peor es que sus propios ataques no aciertan, gracias al genjutsu de su enemigo. Dicha situación le impide usar sus ataques más poderosos: si no sabe a donde está realmente atacando, podría terminar matando a alguno de los sapos. Naruto tan sólo espera que sus compañeros conserven su distancia.
En eso, un grito le llega: Gamaren les avisa a todos que, finalmente, pueden absorber energía natural. Como si supieran lo que ese significa, los zetsus blancos dejan de tratar de forzar la barrera y se abalanzan en pleno sobre los sapos, sin esperar la orden de su auto proclamado general.
Naruto, aunque no logra verlo, escucha como los ataques de sus compañeros se suceden. La tierra tiembla ante el poder desplegado de los cuatro sapos gigantes. Y el rubio se frustra al no poder hacer nada para ayudarlos, inutilizado por la técnica del revivido Mizukage.
En eso, sin que alcance a notarlo, Naruto es sujetado por la chica que pelea con él, a esa distancia nota como lleva, atada a su brazo derecho, el protector ninja de Takigakure, la Cascada; el rubio le pregunta, mientras trata de liberarse: "¿Quién eres?"; ella responde: "Nadie. Sólo alguien que en el pasado fue como tú".
Naruto se queda quieto, mientras observa los ojos muertos de la kunoichi. En eso, un gigantesco dragón de agua cae desde el cielo, impactando de lleno sobre ambos shinobi. La fuerza del ataque destruye el cuerpo de Fu, mientras el agua, como una cascada, cae sobre la zona de impacto y se disgrega en olas que empujan a los combatientes más cercanos, a casi doscientos metros.
El Mizukage sonríe, satisfecho por su logro.
Los sapos corren hacia donde debe encontrarse el rubio, derribado.
Naruto se levanta con dificultad del suelo, empapado pero vivo, mientras muestra sobre él las señas de su transformación sennin, gracias a la cual ha logrado soportar ese golpe.
Con los ojos cerrados, Naruto se concentra, buscando. El Mizukage y Fu, que se ha regenerado, observan como el rubio levanta su mano derecha y comienza a formar un extraño ataque de viento. Sin saber lo que ese jutsu hará, Gengetsu decide ponerse serio: levanta su mano derecha en dirección al rubio, extendiendo su dedo índice, apuntando. Elige el cuello del chico, un lugar blando donde su disparo tiene más posibilidades de penetrar: "Mizudeppo no Jutsu".
La pistola de agua dispara, dando en el blanco.
El fino proyectil de agua comprimida alcanza en medio segundo al rubio, traspasando su cuello limpiamente. La sangre sale por su boca, y apenas logra permanecer en pie. Con la ayuda del chakra de Kurama la herida comienza a cerrarse, pero en el ínter tanto le cuesta respirar; afortunadamente el ataque no ha alcanzado su columna, pero Naruto es consciente que ha estado a punto de morir.
Gengetsu, viendo que no ha logrado derribar a su enemigo, repite su ataque. Pero ahora, estando sobre aviso, el joven aprovecha sus sentido aumentados y, con su mano izquierda, se sirve de Princesa Blanca para interceptar los proyectiles de agua que tratan de alcanzarlo. Al final, diez segundos después del primer impacto, lanza su propio ataque: "Senpo: Rasen Shuriken".
El jutsu para sobre las cabezas de Fu y Gengetsu, siguiendo en dirección a la almeja gigante, a casi trescientos metros de ellos, donde el gran molusco se encuentra apegado a la barrera. Viendo que ellos no eran el blanco del ataque, el Mizukage ordena a su invocación que se proteja, por lo que ella cierra el espacio entre sus conchas de inmediato, justo antes de que el shuriken de viento y chakra natural le alcance.
El impacto hace temblar la barrera y mata a varios zetsus que se encontraban cerca de la almeja, pero Ohamaguri permanece intacta; no sabe como, pero es como si la dura concha fuera capaz de disgregar o absorber su ataque.
La presión de los enemigos se hace insoportable. Los sapos son abrumados por el número de sus oponentes. Llevan no más de ocho minutos de pelea y el agotamiento ya se hace evidente, además de que las múltiples heridas menores que llevan en sus cuerpos se hacen cada vez más molestas.
Kenshin se percata de la situación en que se encuentran; ya no es posible pretender ganar esa batalla ellos solos, menos cuando Naruto se encuentra ocupado con el líder de la fuerza enemiga y sus clones no sirven de nada. Con esfuerzo, logra espacio para gritarle al rubio, quien gira al escuchar a su aliado: "¡NARUTO, REACCIONA, DEBES LLAMAR A GAMABUNTA-SAMA Y SUS SAPOS AHORA, ANTES DE QUE ALGUNO DE NOSOTROS MUERA! ¡NO PODREMOS SEGUIR CONTENIENDO A TODOS ESTOS NOSOTROS SOLOS! ¡APÚRATE, NO TENEMOS TIEMPO!".
Allí el rubio se percata de que su compañero tiene razón. Tan concentrado ha estado en esos dos oponentes que se olvida a ratos que son los sapos los que están llevando la carga de la batalla. Rápidamente crea un par de clones para que lo cubran, a fin de poder llamar a Bunta y su grupo de combate.
Gengetsu, habiendo oído todo, decide arremeter contra el rubio antes de que logre traer refuerzos. Fu le sigue.
En apenas un segundo los revividos logran llegar donde Naruto. El Mizukage transforma su brazo en agua, la que proyecta como una hoja cortante, dando cuenta de inmediato de los dos clones, pero ese ataque le frena, siendo adelantado por la chica. La peliverde acelera, con el campo libre para atacar al rubio, que recién se agacha para completar el jutsu de invocación.
Un lanzazo atravieza a la kunoichi en el pecho, justo antes de que ella logre sacar un kunai de su bolsillo de armas para lanzarlo al rubio; Gamaren levanta la su yari que porta, con la chica atravesada en ella, arremetiendo contra el otro atacante. El mizukage prepara una bala de agua gigante, lanzándola al pecho de la guerrera, pero ella replica su ataque con un poderoso golpe de chakra que proyecta desde la punta de su arma, el que lleva una fuerza tal que destruye la bala de agua y, arrojando a la peliverde, la desmiembra en el aire, alcanzando al otro en el suelo a una velocidad tal que lo aplasta contra el suelo, reventándolo.
Naruto termina su jutsu, y levanta la mirada para ver a la sapo guerrera que se coloca al lado suyo, con su lanza firmemente sujeta.
El chakra de Naruto crea un sello que se proyecta frente suyo, en un gran área, hasta cincuenta metros delante de él. Los otros tres sapos se arriman a su líder: Gamatatsu tiene un brazo inutilizado, producto de una serpiente que ha tratado de atraparlo y a la cual, para librarse de ella antes de ser mordido, ha debido golpear con tal fuerza que ha terminando sacrificando la movilidad de su extremidad junto con su enemiga; los demás sapos están relativamente enteros, pero sus heridas le hacen perder sangre y los debilita. Gamaren es la menos herida de todos.
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Fu y Gengetsu se regeneran en instantes, mirando como se materializan los refuerzos de sus enemigos.
La situación se ve complicada para los Akatsuki: por lo que se observa el treinta por ciento de su fuerza ha caído, y ahora los sapos se han multiplicado por veinte a lo menos. Pero lo peor es el rubio, y no tanto por su fuerza, sino por el hecho de que aunque lo tiene dentro de su genjutsu no ha podido derrotarlo; lo peor es que si ha logrado alcanzar a su almeja gigante, significa que ha hallado una forma de evitar su técnica ilusoria. Ahora sólo queda saber si es algo que puede hacer con facilidad o si le cuesta trabajo (en cuyo caso todavía no ha perdido su ventaja en pelea).
El Mizukage le ordena a la kunoichi de Taki que retroceda y proteja a Ohamaguri con un escuadrón de revividos, mientras él se prepara para eliminar al rubio con lo mejor de sus jutsus.
Mientras la peliverde parte a la carrera a cumplir con su tarea, Nidaime realiza los sellos necesarios para crear su clon marioneta, su más poderosa herramienta de batalla. Lo único que lamenta es que aquello coloca a ese muchacho al nivel de su antiguo rival, Mu de Iwa, pero no pretende dejarse vencer por alguien que no es nadie en comparación a las leyendas del pasado.
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Los sapos aparecen en medio de la zona de batalla, siendo atacados de inmediato por las serpientes.
Su líder les ordena a la hueste concentrarse en las serpientes más grandes, mientras entierra su arma en el suelo y toma a uno de los clones de Manda por la cabeza con ambas manos, apretando hasta reventársela. Luego recupera su arma y la gira en el aire, en señal de victoria.
Naruto se sorprende al principio al notar que no es Gamabunta quien dirige el grupo, sino un sapo hembra, vestida de armadura y que porta una naginata (lanza de madera de hoja larga y ancha, como una espada curva); de color amarillo pálido y trazos naranja sobre su fino rostro, debe llegarle apenas a los hombros a Gamakishi y pesar apenas la tercera parte -es evidente que es incluso más pequeña que Ren-chan o cualquier otro sapo gigante-.
El rubio nota como tanto Kishi como Tatsu miran a la recién llegada con sorpresa. Si tuviera que suponer, seguramente debe tratarse de una hermana suya, más joven que sus hermanos (por su aspecto). Los hijos de Gamabunta ven en silencio como la joven se acerca a ellos con paso firme; en eso, dos serpientes algo más pequeñas que la que eliminó con sus manos se le lanzan, pero ella simplemente las rebana con un sólo ademán de su naginata, cargada de chakra natural.
Naruto ve a la líder del grupo de apoyo llegar a su lado. Pretende saludarle, pero es Gamakishi quien pregunta, nervioso: "¿Qué haces aquí, okasan?". La hembra, con rostro molesto, golpea la cabeza de su vástago con la parte plana de la hoja de su lanza, mientras le replica: "¡Más respeto, muchachito! ¡Tu padre está castigado así que yo lo reemplazo! Estoy feliz de verlos enteros, aunque no has protegido al pequeño Tatsu como se debe, mal hermano mayor".
El rubio no puede evitar reírse… al fin conoce a la madre de ese par de revoltosos.
Saludándola, le pide que por favor traten de eliminar a la almeja gigante de Nidaime Mizukage, a fin de terminar con su genjutsu y poder apoyarlos con sus clones. Allí Naruto le señala al líder del ejército enemigo, a fin de que lo eviten; ella lo ve y repite la información croando, a fin de que sólo sus tropas comprendan el mensaje. Luego, alzando la mirada, logra ver al animal invocado.
Captando todo el panorama de la batalla, le ordena a sus hijos que sean su escolta, mientras le ordena a su discípula que descanse un minuto y reúna energía en ese lapso, a fin de que ella sea quien acabe con la almeja, mientras le ordena a Kenshin que actúe como escolta de su hermana en el ataque. Luego, retorna con su grupo de batalla.
Un par de sapos combatientes de metro y medio de alto se aproxima a Naruto para pedirle unos cuantos de sus sellos, a fin de retomar la captura de los revividos mientras él se encarga del líder de los revividos, a lo que accede.
Finalmente el Mizukage se aproxima, llevando con él una pequeña y mala copia suya, regordeta como muñeco de feria. Sin saber a qué se enfrentará, Naruto avanza, mientras le avisa a Gamaren y Gamakoji que esperen veinte segundos antes de atacar a la almeja.
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Gengetsu caminaba con lentitud, acortando la distancia entre él y el rubio.
Había visto lo efectivo que era el chakra del Kyubi para curar a su rival, por lo que debía provocarle el mayor daño posible antes de usar la técnica secreta de su pequeño clon de agua y aceite, el Mugen Bakuha (explosiones infinitas). Con la velocidad que había visto al rubio desarrollar era obvio que sólo tendría una oportunidad para atraparlo y hacerlo sucumbir a su ninjutsu.
Al menos, pensaba el Mizukage, su genjutsu todavía seguía funcionando, lo que le permitiría aguantar lo suficiente contra el muchacho. El problema era que crear ese pequeño clon suyo exigía mucha de su propia sustancia corporal, por lo que en este momento él mismo no era más que una carcasa sin sustancia, lo que debilitaba mucho sus propios ataques: ese era el precio de poseer un jutsu tan mortal y efectivo. Aunque nadie lo sabía a ciencia cierta (Kabuto mismo no fue capaz de averiguar como había sido) él suponía que en su último enfrentamiento con su rival Mu, Nidaime Tsuchikage, ese malnacido había logrado matarlo aprovechando esa debilidad justo antes de que su propio jutsu explosivo lograra acabar con aquél.
Ahora, al menos, ese cuerpo inmortal le daba la ventaja de no tener que preocuparse porque aquello le ocurriera nuevamente.
Sus divagaciones terminaron cuando el rubio se abalanzó, espada en mano, contra él.
Naruto no llevaba su kunai de acero blanco: los ataques de agua del sujeto eran demasiado poderosos y no quería correr el riesgo de que un impacto directo rompiera esa arma. Por lo mismo, se aseguró de cagar a Shirohime con chakra natural, dándole su característico brillo blanco.
El portador del Kyubi todavía no lograba contrarrestar la técnica ilusoria del revivido. Pero al menos comprendía ciertas cosas de la misma: actuaba sobre sus sentidos humanos, pero su percepción de sabio podía superarla (aunque no era tan simple como cerrar sus ojos, ya que en combate directo dependía de aquellos para mejorar su propia movilidad en combate, sobre todo con tantos chakras rondando alrededor y confundiendo su capacidad sensora dada por las artes sabias); las ilusiones perturbaban su visión y la localización de todos sus enemigos, no sólo del Mizukage, al igual que de los sapos (era un genjutsu de área, por lo que neutralizar a ese viejo revivido no serviría para eliminarlo), lo que lo obligaba a usar ataques limitados a menos de usar sus sentidos de sabio; por último, las ilusiones desaparecían a muy corta distancia cuando lo atacaban, siendo más efectivas cuando era él quien arremetía contra ellas. Quedaba el punto de la almeja gigante, que según el tal Gengetsu era la responsable de crear las condiciones para la ejecución de un genjutsu tan poderoso, pero no podía estar seguro de aquello e incluso si fuera verdad, nada garantizaba que después de que fuera eliminada la técnica desapareciera o cuanto tardaría en desaparecer.
Sabiendo todo aquello, Naruto atacó.
Gengetsu vio como sus preocupaciones eran exageradas, con el muchacho rubio errando todas sus envestidas. Incluso el chico había adoptado una postura de pelea tal que su propósito era más evitar ser alcanzado que atacar directamente. Por lo visto, el joven sabía que era impotente ante su ilusión demoníaca y esperaba alguna oportunidad para asestar un golpe seguro.
Oportunidad que, por supuesto, él no le daría.
Decidió probar la velocidad del chico: su pistola de agua, que parecía más una ametralladora, disparó múltiples rondas contra el muchacho; Gengetsu no podía evitar reír, divertido con la experiencia. Naruto podía sentir los ataques llegar, pero por su gran número y la corta distancia desde el momento en que los detectaba y en que éstos le alcanzaban, el joven optó por reforzar su cuerpo con chakra natural, mientras concentraba su defensa en sus puntos vitales: cabeza, cuello, pecho y genitales; su previsión le salvó de muchos impactos potencialmente mortales, pero a cambio sus brazos y piernas, así como su abdomen, terminaron recibiendo varios impactos (uno de ellos a la altura del bazo, el que sangró profusamente por varios segundos hasta que Kurama pudo cerrar la herida con su chakra).
Pero esos ataques de agua le permitieron a Naruto identificar el lugar desde donde el Mizukage le atacaba, logrando alcanzarlo y cortarlo en dos con su espada. Sin embargo, esa victoria sólo provocó, a su vez, el ataque del pequeño clon marioneta, el que hizo crecer una ancha hoja acerada de su brazo derecho, como un hacha, la que clavó en el muslo izquierdo del rubio, haciéndolo retroceder.
Los hermanos sapos, Ren y Koji, aprovecharon el momento en que Naruto avanzó con su espada contra el revivido para lanzar su propio ataque contra la almeja gigante.
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Fu pudo notar como un par de sapos gigantes se abalanzaron contra la almeja que se supone debía proteger. Sinceramente la tarea, a estas alturas, no le importaba mayormente, pero su orgullo shinobi le imponía el detener a los agresores.
A sabiendas de que el jutsu ilusorio de Gengetsu no funcionaba en los sapos, la kunoichi concentró su chakra para ejecutar una técnica destinada a ocultar al molusco gigante de los atacantes: "Hiden: Rinpungakure no jutsu"; una gran cantidad de polvo brillante fue expulsado de la boca de Fu, el que saturó todo el lugar, generando destellos luminosos y obstaculizando la visión de todos alrededor. Completada la barrera luminosa, la peliverde le ordeno a sus compañeros revividos que esperaran a que los sapos llegaran, manteniéndose dentro de su nube brillante, a fin de atacar a la pareja con aquella ventaja.
Kenshin, notando que sus ojos son inútiles, se frena con su hermana a ciento veinte metros de sus enemigos. Cerrando sus ojos, toca la punta acerada de la su yari de su hermana con su katana dos veces; es la indicación para un ataque combinado. Ren, comprendiendo, cierra sus ojos a su vez y se adelanta, aspirando mucho aire para luego soltarlo en dirección a la nube brillante que oculta a sus enemigos.
Fu percibe como la técnica de uno de los sapos hace llover pequeñas gotas sobre todos ellos, como si lanzara su saliva a presión, como un aspersor. Intrigada, huele lo que le ha caído: no es saliva, sino aceite de sapo y agua. Preocupada, trata de adelantarse, pero tarda demasiado en reaccionar.
Kenshin concentra chakra katon en la hoja de su katana, la que proyecta hacia los que se encuentran dentro de la protección creada por su enemiga. No ve a sus enemigos, pero sabe que se encuentran allí, y que el ataque de su hermana debe haberlos alcanzado; el corte de fuego se proyecta justo en el momento en que Fu sobresale de entre la nube de escamas, siendo la primera en ser alcanzada.
De inmediato la llama, sin ser particularmente poderosa, enciende el aceite de sapo que la kunoichi tiene esparcido por todo su cuerpo. Pero no es la llama, sino el agua calentada la que esparce el aceite como una nube incendiaria, generando una explosión masiva que lanza lejos a los revividos y disgrega la nube de escamas, despejando la visual.
Gamaren, que se encontraba a la espera de esa oportunidad, concentra todo su chakra natural en la punta de su lanza, arremetiendo contra la almeja gigante, que ha cerrado su concha instintivamente. Sin rivales entre ella y su blanco, la hembra sapo alcanza a su víctima, impactando en el punto donde sus conchas se juntan.
El golpe es rápido y preciso. La hoja de la su yari se entierra completa, pero lo peor es el chakra proyectado, que avanza limpiamente por el interior del molusco, provocando una herida continua y saliendo por el otro lado, con una fuerza tal que incluso rompe la barrera levantada por los clones de Naruto, la que se reconstruye luego de que el ataque ha pasado.
Cuando Ren retira su arma, la almeja está vencida. No ha muerto, pero la herida es de tal gravedad que lo único que el animal invocado puede hacer es desaparecer, de regreso a su guarida de las lejanas islas más allá del País del Agua.
Fu, reaccionando, logra ver como aquella cosa que debía proteger se marcha. Los sapos la han vencido.
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El sabio de los sapos ofrece tenaz resistencia al Mizukage y a su pequeño clon.
Se lleva varios cortes en su cuerpo, pero logra contener la mayoría de los ataques de Gengetsu, quien tan sólo logra absorber los cortes que recibe en su cuerpo revivido transformándolo en agua.
El mayor no logra hacer distancia con el rubio: la presión del muchacho es constante, como si la incapacidad que tiene para poder localizarlo con sus ojos la tratara de compensan no separándose de su enemigo cuando logra encontrarlo. En eso, el de Kiri percibe como su almeja gigante se ha retirado de la batalla: por lo visto los sapos han logrado neutralizarla; no puede evitar pensar que Fu es una inútil.
Debe apurarse, reduciendo al rubio antes de que los efectos del vapor de almeja se disipen y su ilusión se desvanezca.
El pequeño clon del Mizukage arremete contra Naruto, adoptando una segunda hacha de agua en su brazo izquierdo; afortunadamente la wakizashi del portador del Kyubi es suficiente para contener esas afiladas armas. Gengetsu, por su parte, ha dejado de lanzar balas de agua, como si su reserva corporal estuviese agotada. Un puñetazo que le da Naruto en toda la cara a su enemigo, después de fallar cinco golpes similares, le evidencia lo que ha ocurrido: el cuerpo de su enemigo se siente mucho más liviano que antes, como si su sustancia se hubiese perdido (lo que no tiene sentido, tratándose de un revivido, que recupera con facilidad la materia corporal perdida).
Una nueva envestida del clon miniatura, que le provoca un profundo corte en su antebrazo derecho, le da la respuesta al enigma: esa cosa es demasiado resistente, como si fuese hecho con algo diferente a agua; en eso recuerda el nombre que el Mizukage le ha dicho, y su parecido con ese compañero de Sasuke tan raro que podía convertir su cuerpo en agua: si aquello fuese alguna especie de Kekkei Genkai, y este tipo raro igual pudiese convertir su cuerpo en agua (lo que ha visto en sus últimos ataques, aunque pensando originalmente que era otro tipo de genjutsu ilusorio), es probable que lo que le falta a su propio cuerpo esté en esa rara miniatura suya, que si así fuera no se trataría de un clon de agua, como pensó al principio, sino de otra cosa…
En eso, nota como el clon miniatura ya no es tan miniatura, sino que a medida que pasan los segundos su tamaño ha aumentado considerablemente. Esa cosa ya tiene su estatura, aunque luce bastante más "rechoncho" que su creador. Pero no tiene tiempo para preocuparse de aquello, y lo que finalmente logra ver lo hace ignorar al muñeco y avanzar detrás suyo.
Gengetsu logra percatarse como el muchacho rubio se dirige directamente hacia él, tomándolo del cuello. Mientras lucha por soltarse, nota lo evidente: el vapor de almeja se ha disgregado por completo, y su genjutsu ya no funciona. Naruto lanza a su enemigo contra el suelo, creando después una Odama Rasen con la que lo ataca antes de que logre levantarse.
El cuerpo del Mizukage se pulveriza. Naruto vuelve su atención al muñeco, al que espera destruir antes de que su creador se reconstruya.
La lucha entre el rubio y la criatura se retoma. El clon del Mizukage tiene ya casi tres metros de alto, y mueve con dificultad su hachas de agua, tratando de alcanzar al rubio. Naruto ve al monigote con desconfianza: no tiene sentido que crezca tanto, si con su mayor tamaño se vuelve cada vez más lento y torpe; piensa, recordando que esa es la técnica secreta de un kage, por lo que debe haber algo muy importante o espectacular con la misma, y el no saber de qué se trata lo descoloca. Sujeta uno de los brazos y esquiva el ataque del otro de un salto, retrocediendo.
Naruto aprovecha que la cosa parece estar llegando al límite de su aumento de tamaño y lentitud y aprovecha de usar sus sentidos de sabio para analizar su composición de chakra. Lo que ve le da mala espina: el chakra suiton se arremolina feroz dentro de la criatura, como si lo usara para generar calor.
Ve su mano izquierda, aquella con que detuvo el primer hachazo de la criatura, la que siente rara, como resbalosa. Curioso, prueba la humedad que la impregna, descubriendo que no se trata de agua, sino de algo que le recuerda al aceite de sapo… piensa: "agua… aceite… calor..." El recuerdo de su propio clon elemental se le viene a la mente; reacciona: "¡No puede ser!"
En eso Gengetsu, ya rematerializado, aprovecha el instante de distracción del rubio para sujetarlo. Su técnica está casi completa, y si logra inmovilizarlo sólo unos segundos el chico caerá muerto. Sus órdenes eran capturarlo con vida si lo veían, pero después de todo lo que el mocoso le ha hecho padecer no piensa dejarlo ir: "Mi Joki Boi está listo, y no te dejaré escapar, rubio idiota".
Una explosión de vapor hirviente resuena. El muñeco hinchado ha reventado, llevándose tanto a Naruto como al Mizukage con él.
Cuando el vapor de agua se condensa y el espacio de la explosión se despeja, aparece un cráter de veinte metros de diámetro, y casi al centro del mismo, el maestro sennin permanece en pie, con sus brazos cubriendo su rostro. El Mizukage, ya reconstruido luego de la explosión, no puede dar fe a lo que ve: el poderoso estallido, el mismo que acabó con muchos grandiosos shinobi en el pasado, no ha sido capaz de eliminar al rubio; incluso más, ni siquiera se ve herido de gravedad, luciendo el joven sólo unos cortes en su piel, de los cuales mana sangre, mismas heridas que se cierran en unos instantes.
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Luego de derrotar a la almeja gigante, ignorando a los revividos que luego del ataque incendiario comienzan a regenerarse, los hermanos sapos corren a donde luchan sus compañeros del Monte Myoboku.
La esposa de Gamabunta, flanqueada por sus hijos, lucha feroz con las serpientes y los zetsus blancos que las apoyan. Ya la mitad del ejército de Akatsuki ha caído, pero varios de sus guerreros han sido heridos y se han retirado de regreso a la tierra sagrada de los sapos (incluso algunos sapos gigantes, un par de ellos por mordeduras de los ofidios colosales).
Gamakishi se distrae un momento, viendo como Ren y Koji son rodeados por enemigos en su empeño por alcanzarlos, por lo que corre en su ayuda. Su madre le ordena a Tatsu que lo apoye, dejándola a ella enfrentando a tres enormes clones de Manda, las que mantiene a raya con su naginata.
Ella logra decapitar a una de las serpientes gigantes con un poderoso corte de chakra, pero se ve obligada a apoyar a su hijo mayor, quien distraído por la situación de su joven discípula no ha visto como una serpiente de tamaño mediano va tras su pierna, tratando de morderlo; ya sin energía para otro corte de chakra, la sapo amarilla lanza su naginata contra la serpiente, que se encuentra a ciento cincuenta metros, atravesando su nuca. Ahora está desarmada, y debe contener a las otras dos serpientes gigantes que aprovechan que ha dejado su arma para atacarla, a las que detiene con sus katas de sapo.
Hasta que llega la ayuda, vistiendo tan sólo una camiseta de color azul y cuello blanco, quien lanza su arma, una tanto gigantesca, a los pies de la hembra, mientras acaba con las dos enormes serpientes descendiendo del cielo en un poderoso golpe de palma descendente doble, aplastando las cabezas de esos reptiles ponzoñosos contra el suelo. La hembra sapo coge la tanto, mientras pregunta: "¿Qué haces tú aquí, papa-chan?"; Gamabunta, aparecido gracias a un sello de vinculación que lo une a su esposa y lermite aparecerse donde ella se encuentre si es más allá del Monte Myoboku, que esperaba unas palabras de gratitud de su mujer, le responde: "¿Cómo pretendes que me quedara en casa si a cada rato aparecían más y más de mis sapos heridos? Era obvio que necesitabas mi ayuda, amorcito". La sapo guerrera, sonriendo, toma la tanto del suelo bajo ella y la lanza justo sobre el hombro izquierdo de su marido, la que falla por medio metro la cabeza del mismo.
El líder de los sapos invocados ve a su mujercita nervioso, creyendo que está enojada con él por saltarse su castigo, pero tan sólo escucha caer, a sus espaldas, un cuerpo gigantesco: una serpiente negra, un poco más baja que él, que trataba de atacarlo por detrás. La sapo le dice: "Gracias, pero prefiero mi lanza. Tú puedes conservar ese cuchillo de cocina tuyo".
En eso, el ruido de una explosión alcanza a los sapos. La mujer sabe que proviene de donde se supone estaba peleando el tal Naruto. Los cuatro compañeros sapos del joven llegan donde la pareja, luego de eliminar un par de decenas de zetsus blancos en el camino; Gamaren le entrega su naginata a su maestra, mientras le dice que no se preocupe por el ruido que han sentido: el maestro sennin seguramente está vivo y entero aún, y la prueba la tiene sobre sus cabezas, en ese enorme domo barrera que todavía permanece levantado.
Con su grupo cercano reunido, la guerrera de la naginata asume el mando: ordena que reúnan a sus huestes de sapos, a fin de que combatan todos juntos para disminuir sus bajas.
La batalla lleva ya casi quince minutos. El tiempo se agota y pronto la barrera que contiene al ejército de Akatsuki cederá.
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- ¿Cómo lo haz hecho?
- ¿Qué cosa?
- Resistir… la explosión de mi clon de agua y aceite puede incluso derretir el metal, tú deberías estar muerto.
- Ya que me has contado lo de tu almeja, creo que te la debo: no importa cuanto calientes ese vapor, si no me toca no me hará nada. Lo único que hice fue usar el manto de chakra del nueve colas para mantener mi piel lejos; la onda de choque la soporté con mi cuerpo reforzado de chakra natural. Aunque no lo creas, el chakra me hace bastante resistente y, a decir verdad, no es la primera gran explosión a quemarropa que sufro.
- Mentiroso, no vi tu supuesto manto de chakra cuando mi clon estalló.
- No, porque la onda de choque de la detonación nos alcanzó primero, y Kurama es capaz de desplegar su chakra sobre mi cuerpo a la velocidad del pensamiento. Pero es algo mezquino con su fuerza, y apenas pasó el peligro lo hizo desaparecer.
- Y veo… eso quiere decir que no importa cuanto lo intente, el Mugen Bakuha no logrará eliminarte. Tendré que hacerlo a la antigua.
Gengetsu realiza un par de sellos, provocando que su clon de agua y aceite, casi reconstruido, se disgregue y su sustancia retorne a su cuerpo. Naruto, asumiendo lo que se viene, aprovecha el tiempo en que su enemigo se reconstruye para crear un lote de trescientos kage bunshin, los que se despliegan rápidamente en toda la zona, a fin de apoyar a los sapos a eliminar al resto del ejército de Akatsuki.
El Mizukage ve como los clones del rubio le ignoran. Decide hacer lo mismo, concentrando sus esfuerzos en el original. La pelea entre ambos continúa.
Naruto corta la distancia entre ambos, a fin de evitar que el revivido use su pistola de agua. Usa a princesa blanca para desgastar a su oponente, quien trata de contener al chico con taijutsu y unos jutsus de agua sencillos, creando muros de la misma, los que son insuficientes para frenarlo. Gengetsu baja la temperatura de su agua corporal, disparando a corta distancia ráfagas de escarcha y hielo, pero el joven mueve su espada a tal velocidad que es capaz de interceptar todo.
Finalmente, viendo que el cuerpo de su enemigo es invencible, Naruto aprovecha su cercanía para sorprenderlo, destruyéndolo con un Odama Rasengan normal. Mientras el Mizukage se reconstruye, Naruto llama a uno de los sapos gigantes más cercanos, un subordinado de Gamabunta, a fin de que lo asista con su baba de sapo.
Cuando Gengetsu se regenera, el sapo junto a Naruto lo llena de baba pegajosa. El rubio, con una palma de viento, seca el fluido del batracio, solidificándolo, para luego sellarlo con uno de sus pergaminos. Pero el par de segundos que tarda en sacar su pergamino de sellado de su reserva es suficiente para que el Mizukage se libere, por si mismo, de su prisión de baba sólida.
Naruto repite el ataque, con similar resultado. Es obvio que Gengetsu es capaz de usar su capacidad de volver su cuerpo agua para, incluso estando encerrado, crear grietas en su prisión y escapar por las mismas. No usa fuerza para superar sus ataduras, sino su capacidad de crear agua y aceite, lo que termina deshaciendo la baba de sapo.
La barrera finalmente ha caído. No hay tiempo para continuar con la pelea, a riesgo de que los pocos que todavía quedan en pie de Akatsuki huyan.
El rubio piensa rápido. Mientras destruye nuevamente al Mizukage, recuerda su ubicación. Piensa: si ese sujeto es agua, debe hallar la forma de contener esa agua; no puede enviarlo al Monte Myoboku, donde puede terminar liberándose y liberando a las decenas de revividos sellados que los sapos custodian.
El cuerpo del Mizukage se reconstruye nuevamente, y Naruto se decide: guarda a Princesa Blanca y recupera un kunai sellado normal de su reserva, de los pocos que aún le quedan; calcula la distancia: tres kilómetros antes de que frene. Rápidamente adopta su forma del manto de chakra dorado y lanza el kunai con todas sus fuerzas, hacia arriba y en dirección noroeste, mientras le avisa al sapo gigante que lo acompaña que le avise a sus compañeros que lo invoquen de regreso a ese lugar en unos siete minutos. Luego, corre y sujeta a Gengetsu del cuello con su mano derecha, mientras la derecha realiza el sello necesario para ejecutar el hiraishin no jutsu.
Naruto desaparece con su prisionero.
El rubio reaparece a mucha distancia, a casi dos kilómetros sobre el suelo; el aire es escaso y muy frio, lo que paraliza al Mizukage y le impide volverse líquido. Naruto inmediatamente sujeta su kunai sellado, el mismo con el que se ha transportado a ese punto y, mientras cae, repite su lanzamiento. La secuencia se repite por casi cuatro minutos: el rubio ejecuta casi ochenta transposiciones, llegando hasta tierras nevadas, en donde el último salto lo realiza en dirección al suelo. Allí suelta a su presa, quien calado por el frio del paraje pregunta:
- ¿Dónde… estamos...?
- El País del Hierro. No sabía qué hacer contigo y se me ocurrió que teniendo ese cuerpo tuyo de agua este es el mejor lugar para mantenerte prisionero, al menos hasta lograr que Kabuto deshaga su técnica y libere sus almas. Lamento esto, pero resulta evidente que no puedo contenerte con un sello normal.
- Ya… veo…
Viendo que su enemigo sonríe, Naruto le pregunta el motivo de aquello:
- Solo pensaba que al final si logré llegar a Tetsu no kuni… no entiendo porqué rayos tengo tanto frio, si se supone que estoy muerto…
- Supongo que es la forma en que tu cabeza interpreta el que tu cuerpo esté congelado.
- Pero la nieve no debería haber endurecido tanto mi cuerpo… es… absurdo…
- No, eso se debe a la altura. En donde nos aparecimos, en el cielo, hace demasiado frio, mucho más que en este lugar.
- ¿Cómo…?
- Lo descubrí de la forma mala. Creeme, no querrás saber los detalles.
Naruto deja a su bulto tirado, mientras usa sus golpes de viento para cavar un agujero bastante profundo en la nieve, hasta alcanza la roca base, a treinta metros bajo ella. Luego, toma de un brazo el cuerpo todavía congelado del Mizukage y le dice:
- Esta idea la saqué de lo que un amigo hizo con un supuesto inmortal hace poco más de un año. Te dejaré tirado dentro de un agujero congelado, allí tu cuerpo permanecerá inmóvil; de nada te servirá esa capacidad que tienes de volverlo agua. Lo siento por lo excesivo del procedimiento, pero no se me ocurre otra manera de neutralizarte, ya que no puedo inmovilizarte.
- Ya veo… eres bastante… salvaje… Uzumaki Naruto…
- No. Bien dijiste: estás muerto. Te sugiero que medites en tu vida y dejes todo lo que te atormenta atrás; cuando combatí contra otros revividos en el País de los Campos de Arroz varios de ellos lograron romper la técnica que los revivió y liberar sus almas de esa forma; así no tendrás que pasarla encerrado allí dentro.
- Seguramente mi invocador tratará de liberarme… y sólo necesita hacerme… regresar a mi… ataúd…
- Para eso es esta cosa (le adhiere al pecho el sello con que se completa la captura de los revividos con ayuda de los sapos, pero borrándole la parte que los envía al Monte Myoboku). Ahora esa serpiente no podrá recuperarte. Suerte, y ojalá puedas arrepentirte para que no la pases allí dentro mucho tiempo.
Y, luego de decir aquello, Naruto arroja el cuerpo del Mizukage al agujero.
Se escuchan unas cuantas groserías justo antes de que el rubio haga colapsar las paredes de esa profunda sepultura. Luego, el joven espera.
Treinta segundos después, desaparece, invocado por uno de los sapos.
Naruto ve como Gamabunta en persona lo ha hecho aparecer en la Hierba.
Observa a su alrededor: los zetsus blancos han sido eliminados en su totalidad gracias al trabajo conjunto de los clones y los sapos.
Una docena de serpientes han huido, desapareciendo de regreso a la Caverna Ryuchi. Todavía quedan unos veinte revividos en pie, pero los están cazando con facilidad.
Sólo hay un problema, del que sólo el rubio puede hacerse cargo.
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Fu ve llegar a Uzumaki Naruto a donde ella espera, sobre un derribado Gamakishi (no herido, sólo aturdido). Al ver la situación de su compañero, pregunta a los demás sapos porqué no han tratado de liberarlo, pero la peliverde es quien responde: "No deseo matar a nadie más, sólo quería verte y compartir unas palabras con el famoso Sabio Legendario".
El rubio le hace señas para que baje de encima de su amigo sapo.
La joven le sigue. A unos metros Naruto se detiene, guardando su kunai sellado; pregunta:
- ¿Qué deseas?
- Me preguntaste quien era hace poco. No quería irme sin que lo supieras.
- ¿Porqué?
- Lo que he hecho ha sido por el control de Kabuto sobre mi cuerpo. Su orden fue apoyar a Nidaime Mizukage; ahora que lo has eliminado, puedo moverme con más libertad.
- Ya veo… parece que Kabuto no puede controlar tantos revividos al detalle. ¿Cuántos eran ustedes? ¿Cuarenta, cincuenta acaso? Y suponiendo que los otros grupos sean similares, eso quiere decir que debe tener unos trescientos revividos a su disposición.
- No se tanto, sólo sé lo que él nos dijo: somos el grupo más pequeño de todos.
- Su destino era la capital del Hierro, ¿verdad?
- Si, así era.
- Tiene sentido que el falso Madara piense que los samurai eran los más indefensos de todos.
- Eso no lo sé, rubio. Sólo sé que ahora no tengo propósito en este mundo.
- Lo siento por quitarte la motivación, pero no podía permitir que cumplieran su objetivo.
- No, gracias a ti. Detestaba servir a los malditos que me mataron originalmente.
- ¿Ellos te mataron?
- Soy Fu, de Takigakure, jinchuriki del Nanabi. Me capturaron hace unos años para extraer mi biju… sinceramente no creí volver a la vida en estas circunstancias, lo detesto.
- Raro… Kabuto debe tener algo mal en la cabeza si piensa que alguien eliminado por Akatsuki puede serles totalmente fiel, aun cuando sea una víctima del Edo Tensei.
- ¿Víctima dices?
- Si. Ninguno de ustedes debe estar aquí. Varios revividos que he hallado se han podido librar de la técnica que los ata a este mundo superando sus conflictos con lo que dejaron en vida.
- Ya veo, entonces también podría hacerlo, ¿verdad? No deseo seguir aquí, no sea que termine atacando a mis amigos de Taki…
- Comprendo, tampoco querría eso.
- ¿Y cómo lo hago?
- Dime, ¿te sientes en paz?
- No… todavía me duele… el abandono, el que dejaran que me llevaran sin que nadie se esforzara por mi, como si fuese una carga… como si toda mi vida hubiese sido sólo una molestia…
- Te entiendo… Puedo ayudarte, entrar a tu mente y guiarte por tus recuerdos, compartir mis propias experiencias, darte la comprensión de que tu vida fue valiosa, a pesar de todo.
- ¿Quieres engañarme?
- No, sólo ayudarte a ver las cosas desde otra perspectiva. Lo mismo que un par de amigos hicieron conmigo.
- ¿Y después, seré libre?
- Si lo deseas. Sino, puedo encerrarte hasta obligar a Kabuto a deshacer su técnica.
- Ya veo… ¿cómo lo harás?
- Fuinjutsu. Una técnica que me permite explorar mentes y remover recuerdos; también me permite recuperar cosas específicas, ideas y memorias detalladas olvidadas por su portador, así como implantar mis propias memorias. La idea del jutsu es liberar mentes, pero permite hacer todo aquello.
- Por favor, hazlo.
La chica se sienta en el suelo, esperando. Naruto mira alrededor: los sapos revisan el campo, verificando a los muertos y asistiendo a los heridos; viendo que no necesitan su ayuda, crea unos cincuenta clones extras para que se repartan, mientras él realiza esa tarea con la chica.
Los dos jinchuriki permanecen en silencio, con sus mentes conectadas por diez minutos, pero Fu los siente como si hubiesen sido días.
Cuando el procedimiento termina, ambos jóvenes se levantan del suelo. El cuerpo de la kunoichi de Taki comienza a brillar, rompiendo el lazo de su alma con el mundo impuro, el plano terrenal. Antes de irse, le pide a Naruto de favor que le diga al siete colas, cuando lo vea, que le perdone por nunca haber tratado de ser su amiga y culparlo por todo lo malo que le pasó en su vida, sin merecerlo.
El alma de Fu deja su cuerpo corrupto, el que se disgrega en infinitas partículas.
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Naruto observa como los sapos comienzan a quemar los cuerpos de los enemigos, mientras los cuentan. El resumen de la batalla es bueno, pero tienen que lamentar bajas: dos sapos gigantes (los mordidos) y ocho sapos más pequeños, además de estar la mayoría bastante heridos.
De su equipo, Gamatatsu es el más complicado; afortunadamente su brazo izquierdo sólo está maltratado, sin rotura de hueso o dislocación, por lo que un día de reposo debería ser suficiente para recuperar movilidad plena.
Gamabunta felicita a sus sapos, mientras trata de ignorar la mirada molesta de su esposa. Cuando Naruto le pregunta a la guerrera de la naginata a qué se debe su actitud, ella le responde que el ladino de su esposo se ha ido nuevamente de juerga con "amigas", por lo que debe disciplinarlo. El rubio ve a la mujer y luego a su marido: Bunta merece que lo maltraten si es capaz de engañar a una hembra que se ve tan joven y hermosa, siendo él tan feo y mañoso.
Mientras revisa los cuerpos de los zetsus que aún permanecen tirados, escucha como Gamakishi pelea por el cadaver de la primera serpiente derribada, aquella que mató Kenshin con su katana. Por lo que oye, los jóvenes sapos no quieren que la incineren con el resto, si no que pretenden cenarla (como si aquella corta pero terrible batalla hubiese abierto su apetito). El joven decide no decir nada de aquello.
Naruto alcanza a ver como Kishi y Koji desaparecen, habiendo dejado el enorme cadáver de la serpiente en manos de Gamatatsu, quien la prepara con la ayuda de su madre y Gamaren.
Es Gamabunta quien se le acerca, ordenándole como su subordinado que recoja mucha leña, a fin de asar muy bien a la maldita. Cuando pregunta por los dos sapos desaparecidos, el líder de los sapos invocados consulta con los demás; es Tatsu el que le responde, señalando que supuestamente han ido a casa por "suministros", sean lo que sean de que se trate.
Mientras Naruto comienza a formar la pila para la fogata de la noche, Gamabunta se le acerca con un pedido:
- Subordinado, ¿recuerdas cuando te dije que debías cargar contigo unas botellas de licor de sapo y vasos por su algún día te visitaba?
- Sí, jefe.
- Necesito que me entregues una botella y un par de vasos, tamaño sapo gigante.
- ¿Para?
- Necesito ablandar a mi mujercita, sigue molesta conmigo y cuento con que entre la luna y un par de copas de sake logre calmarla.
- ¿No debería llevarla a algún lugar más romántico, jefe?
- Justamente. Ella es una guerrera orgullosa, y no hay ningún lugar mejor para alegrarla que el campo de batalla luego de una victoria.
- Raro.
- Tal vez, pero no soy quien para discutir sus gustos, no cuando gracias a ello me eligió.
Extrañado, Naruto extrae lo solicitado de su sello personal, para luego entregarlo al sapo de la cicatriz.
Gamabunta se ve contento, por lo que el chico aprovecha de preguntarle:
- Bunta-sama, no quiero parecer indiscreto, pero… ¿cómo se llama su esposa? Es que decirle señora todo el rato me incomoda, siendo alguien tan importante.
- Gamani.
- ¿Gamani?
- Si, ella es mi sol, mi luz de día.
En eso, la esposa de Gamabunta se acerca y le reclama: "Y aún así me engañas, sapo mentiroso". Bunta, ignorando su reclamo, le entrega la botella de licor de sapos y el par de vasos para luego tomarla en brazos, como princesa, y llevarla a un lugar aparte para disfrutar el atardecer juntos, lejos de los jóvenes.
En eso aparecen saltando Kishi y Koji, que han retornado del monte Myoboku por el pozo de sapo encantado más cercano. Ambos se miran con malicia el uno al otro, mientras el hijo de Gamabunta le dice a Naruto, que se queda viéndolo: "Ni pienses en escaparte, Naruto. Esta noche los cinco celebramos, y todos juntos comeremos de esa serpiente; una victoria así merece ser celebrada".
Resignado, el rubio elige volver a su tarea de recolectar leña: el sol pronto se ocultará y antes de que caiga la noche el fuego debe estar encendido, si pretenden permanecer en aquel paraje arrasado por la batalla.
