Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
37/40
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo casi sin poder creer que estoy a un review de los 200, jamás (y cuando digo jamás me refiero a JAMÁS) me hubiera imaginado tal cosa. Y es todo gracias a ustedes :D. Me hace tan feliz. No se imaginan. Y bueno, volviendo a la historia... Acá está el capítulo 37 (lo que signifíca que nada más quedan 3 capítulos para el final). Hasta ahora espero que la historia les haya gustado. Bien, en este capítulo hay SasuSaku y ShikaIno casi por igual. De hecho la primer mitad refiere a la primer pareja y la segunda, bueno, al ShikaIno. Espero que les guste... y me gustaría pedir, una vez más (aunque ya saben, si no es mucha molestia), su opinión. Crítica también. Todo me ayuda, y muchísimo, no se imaginan cuanto. Por eso y si no es demasiado abusar de su bondad se los pido. Y además porque me encanta leer de ustedes, sus comentarios me animan muchísimo. Ustedes me apoyan demasiado, espero poder al menos devolverle el agradecimiento con historias de su agrado. ¡GRACIAS! ¡MUCHÍSIMAS! No saben lo eternamente agradecida que estoy. Y es que me hace tan feliz saber que hay quienes les gustan mis humildes historias. Y se toman la molestia de leerla, y más aún se molestan en dejarme reviews. Me alegran tanto. ¡Los adoro! En fin, los dejo para que lean tranquilos (porque seguramente estan pensando: la pesada esta no se cansa nunca de... bla bla bla :D) Espero que les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Sentimientos viajantes
XXXVII
"Odio que me ames"
(Evitaciones)
Se refugió debajo de las sábanas, con los ojos abiertos de par en par y cientos de pensamientos colgando de su mente. Se arremolinaban, se turbaban entre ellos y le ofuscaban la razón.
Recordaba una y otra vez la noche anterior, y cada vez que lo hacía las lágrimas volvían a escapar frías por sus ojos. Helándole el alma, recordando como Sasuke le había quebrado el espíritu. Con tan solo dos palabras, sin embargo no era el contenido, bueno en parte quizá si, sino el tono de voz. La frialdad, el aparente rencor. Sin mencionar que obviamente dolía, porque había sido él. Aquel que tanto amaba, quien la había lastimado.
Sin embargo se encontraba en una encrucijada, a pesar de saber que no debiera hacerlo. Quizá él ni siquiera estaría allí. Aún así, no debía escapar del cuarto. No al encuentro de él. Y allí estaba, otra vez encerrada por el dolor provocado y el insaciable deseo de acudir a él. Quizá decirle que lo amaba, o gritarle y abofetearlo. En cualquiera de los casos, lo necesitaba.
—Que tonta…
Era como beber arsénico por voluntad propia. Beber el veneno sabiéndolo dañino y morir intoxicada. En él, en su esencia o en su propio lamento. En caso que él volviera a rechazarla.
—Sasuke
Definitivamente él no lo merecía, no lo valía. Sin embargo su corazón no oía razón alguna. Y al parecer el dolor nunca era suficiente. Quizá simplemente fuera del tipo que prefería el placer entremezclado con dolor. Después de todo el amor tiene algo de dolor siempre. Y el sentimiento puede adaptarse a las necesidades de cada persona.
Lentamente se acercó a la puerta y sigilosamente salió. Se volteó y allí estaba. La mirada que esperaba ver, que amaba y temía. Esos fríos ojos negros, inexpresivos y mentirosos. Aquellos de los que el Uchiha había aprendido a ocultar sus emociones. No eran nada, sólo un abismo de eterna oscuridad.
—Sakura —fue su única palabra, más su voz extrañamente indefinible. No era fría, no era rígida más no era suave ni accesible.
—¿Por qué? —fue todo lo que pudo decir, no supo la razón pero en el mismo instante que lo vio las escenas de su partida volvieron a su cabeza.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué me dijiste un estúpido "gracias"? —bajó la mirada y aclaró— Antes de irte…
—Hmp —fue su respuesta inmediata, pero temporal. Sakura lo sabía, el Uchiha estaba buscando las palabras. Quizá para sonar lo más cruel posible, o desalmado o insensible. O quizá, y solo quizá, esta vez quisiera darle una respuesta honesta. Como lo había hecho las últimas noches.
—Si vas a mentirme no hables, menos si piensas insultarme.
—No lo haré —replicó mirándola fijo. De pronto una pregunta vino a su cabeza, algo que había confundido su ser—. ¿Nunca te cansas?
—¿De que?
—¿Nunca te das por vencida? Sabiendo que quieres alcanzar algo que no existe…
—¿De que hablas? —sus ojos se volvieron de repente vidriosos. Él impávido e inamovible, como siempre.
—Sólo amas una idea, lo que crees saber de mi.
—No, yo…
—Una ilusión, soy eso para ti.
—¡No! Respóndeme… Yo te pregunté algo Sasuke.
—Porque al menos tuviste esperanza en mi, y no te enamoraste de mi imagen, sino de tu ilusión. Al menos eso es algo… no por ser Uchiha. Por ser quien querías creer que era.
—Sasuke…
—Y yo pretendí, jugué queriendo ser lo que tú y Naruto esperaban que fuera. Pero Itachi vivía, y si él lo hacía yo no podría. Ese no era mi lugar, no era mi destino. Mi propósito en la vida.
—Pero te equivocas en algo… yo no me enamoré de una idea. Sino de el Sasuke de carne y hueso. Y ese día te di todo, mi amor, mi orgullo, mi libertad, mis lágrimas. Y como todo, lo rompiste.
Él la miró unos instantes y entonces vio el destello plateado de una lágrima por nacer.
—Eres una molestia —repuso, simplemente. Lisa y llanamente.
Ella sonrió, limpiando de su mejilla la lágrima que acababa de escapar de su rostro.
—Lo sé, me lo dijo un niño cuando tenía trece —él dibujó una mueca—. Aunque nunca supe que significaba.
Él dio unos pasos, quedando frente a ella de forma imponente. Pero ella no retrocedió, ya no era una niña, ya no vacilaba. Era segura, fuerte pero por sobre todo, decidida.
—Que odio eso que haces —se acercó peligrosamente a sus labios—, odio que creas más de mi que mi mismo —sus labios gentilmente rozaron los de ella— pero por sobre todas las cosas… Odio que me ames como lo haces. Por que me hace —lentamente la besó y contra sus labios murmuró— odiarme aún más.
Y sin decir más se entregó al roce de labios, presionando su boca contra la de la pelirrosa. Haciéndola de repente temblar, mientras con sus brazos la rodeaba por la cintura.
Dentro de ella algo se agitó, y supo allí que lo que la unía a él nunca moriría. Aún si esa noche muriera pronto, con la salida del sol.
Lentamente los cálidos rayos de luz ingresaron a la habitación donde una delgada muchacha abría sus profundos ojos azules a un nuevo día. Mientras sentía aquella opresión en el estómago, como si alguien lo hubiera anudado. Sin mencionar que la cabeza aun le daba vueltas. Siempre sobre el mismo asunto.
Bajó la mirada y tomando el pequeño papel doblado sobre la mesita de noche contempló los números. Uno a uno, sobre algunos había marcas, notas que ella misma había escrito.
—No… —susurró aún angustiada, hacía ya tres días del "incidente". Como ella solía llamarlo, aunque de alguna forma no lo consideraba así, dado que ella había accedido y, extrañamente, gustosa. Sin embargo ahora estaba confundida, sin mencionar los demás problemas.
Miró a su lado, la cama de su amiga se encontraba vacía. Maldijo pues quería salir de la habitación, que la sofocaba, pero no quería hacerlo sola. Temía tener que enfrentar a Shikamaru ya que aunque sabía que algún día pasaría, aún no sabía que pensar. O más aún, no sabía que sentía.
—Maldita frente de marquesina… —refunfuñó, rápidamente se vistió y salió del cuarto. Después de todo no podría permanecer allí para siempre.
Al salir se encontró con la escena, quizá más inesperada, que jamás hubiera considerado ver. Sasuke y Sakura dormían extrañamente entrelazados en el sofá. Ambos parecían tranquilos y la imagen era ciertamente conmovedora.
—Ino… —la llamó alguien de pronto desde detrás. Pero ella no contestó y rápidamente se metió en el baño. Trabando la puerta al pasar, sus mejillas exageradamente acaloradas.
Esperó hasta que finalmente oyó mas voces y cuando estuvo segura de que todos habían despertado salió. Saludando alegremente como si nada hubiera sucedido. Pero el Nara no la miró, ni respondió su saludo. Simplemente se quedó allí, con la mirada extrañamente perdida.
—¿Vamos ya para la playa? Es el penúltimo día y creo que debemos disfrutarlo —comentó Hinata, quien acababa de recibir un suave beso en la mejilla de Naruto.
—Si —agregó Sakura feliz, aunque Ino estaba segura que sólo ella los había visto así. Por lo que para los demás era un secreto.
—Yo no voy, tengo que ir a un lado y me quedaré —replicó la rubia bajando la mirada y sin decir más se marchó. Dejando a todos completamente extrañados, pero más aún al Nara.
—Bien, entonces el resto vamos —exclamó Chouji, todos se pusieron de pié a excepción de uno de ellos— Shikamaru ¿No vienes?
—No, esperaré a Ino —en ese instante se acercó Sakura.
—¿Le dirás lo que sientes por ella? —Chouji arqueó una ceja.
—Dijiste que sólo te gustaba —Shikamaru suspiró.
—En primer lugar nunca lo dije, tú lo dijiste y te encargaste que se enterara todo el mundo —luego miró a Sakura— y ahora tú dices que estoy enamorado de ella, y también lo andas diciendo por todos lados. Que problemático… ¿No saben ser discretos?
Ambos jóvenes rieron y tras desearle suerte, se despidieron y alcanzando a los demás antes de salir se marcharon. Dejando al moreno sólo y en silencio. Sentado en una de las tantas sillas vacías mientras contemplaba fijo hacia la puerta. Preguntándose cuanto podría demorar la chica, a donde habría ido y una infinidad de cosas más. Aunque lo más probable era que sólo hubiera querido huir de él. Dado que era lo que había estado haciendo los últimos tres días.
Entonces se escuchó un suave "crack", la puerta se entornó lentamente y de pronto apareció la rubia. De espaldas a él, aún no lo había visto allí. Hasta que él habló, mientras la examinaba de arriba abajo. Llevaba una pequeña bolsa blanca en una de las manos.
—Ino —rápidamente se volteó, su corazón palpitando contra su pecho. Sus mejillas violentamente sonrojadas.
—¡Shikamaru! ¿Qué… que haces aquí? Digo ¿No fuiste a la playa? —él negó con la cabeza y se puso de pié, con las manos en los bolsillos.
—No, sabes porque estoy aquí.
—Lo siento, no tengo tiempo para hablar ahora —dijo rápidamente— ¿Después?
—No, me estás evitando otra vez… —señaló él con la voz cansada. La situación en sí era agobiante. Entonces los ojos se posaron de nuevo en la pequeña bolsita.
Ino pudo notar donde se posaban sus ojos y rápidamente la apartó de su vista. Lo cual exaltó más la curiosidad del moreno. Que se acercó en intentó espiar su interior.
—¿Qué llevas ahí?
—Nada… —apartando una vez más la bolsa— déjame. No es asunto tuyo.
—No seas infantil Ino —replicó él intentando arrebatarle el objeto.
—¡No!
—Ino —advirtió, estirando el brazo hacia ella. Finalmente agarrándola.
—Déjala Shikamaru —le imploró la rubia, tratando de recuperarla. Ambos tironearon y lucharon por el objeto hasta que la bolsa cayó al suelo. Revelando lo que había en su interior.
—Ino ¿Eso es…?
