Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani arrancamos con otro año, un abrazo chicas!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


Isabella suspiró, despidiéndose de una compañera del hospital antes de subirse a su auto.

Había salido bastante cansada del turno de noche, con las fiestas decembrinas a la vuelta de la esquina, los accidentes se disparaban a un cien por ciento. Jóvenes borrachos, accidentes automovilísticos, y hasta casos curiosos de personas con quemaduras por culpa de las luces de navidad. Así que sí, estaba hecha polvo cuando llegó a casa, quedándose paralizada al ver el auto de Edward a esas horas de la madrugada estacionado ahí.

Buscó con la mirada el automóvil de la señora Cope, pero no estaba. Molesta como para incluso tener que lidiar con Edward, y lo que al parecer era un plan para quedarse en casa, se bajó del auto, quedándose quieta cuando él salió al mismo tiempo.

―Hola.

―¿Qué haces aquí a esta hora? ―preguntó en tono afilado, manteniendo sus ojos sobre su rostro, ignorando por completo lo bien que se veía con traje, como todo el ejecutivo de negocios que era.

Quizás se estaba portando así debido al cansancio, o por el hecho de que estuviera todavía en casa cuando se suponía que tenía que quedarse con Emmett. Él pareció sorprendido por su actitud, Bella se estaba portando como una perra y lo sabía dado el silencio que se había formado entre ellos, pero algo dentro de su pecho la urgía a que se defendiera a sí misma más de lo que lo hizo en el pasado… un pasado en el que su modo de ser fue sutil y bastante moderado. Algo le había ocurrido desde que llegó a Forks, una nueva confianza despertó en ella dándole voz a un lado suyo que siempre había mantenido encadenado.

―He decidido modificar mis hábitos. Quiero pasar más tiempo con los niños por las tardes, así que le he pedido a la señora Cope que se vaya ciertos días de la semana antes, espero no haberme adelantado y ser un jodido imprudente, dado tu mirada.

Bella parpadeó un par de veces antes de aclararse la garganta.

―No, yo… ―suspiró―, tan solo fue un día largo, siento estarme portando así. ―La mirada de Edward se suavizó mientras se acercaba a ella.

―Bueno, yo siento haber hecho esto sin consultarte.

―Está bien. ―Agitó la mano restándole importancia―. Son tus hijos, y si quieres venir más temprano lo entiendo.

Aquello era tan extraño. Edward por lo general siempre quemaría su tiempo en el gimnasio, o solo Dios sabría dónde; y sin embargo, después de que ella llegara a esta hora del trabajo, la recibiría a veces en la alcoba o en las escaleras y la habría levantado y besado hasta que ella se derritiera entre sus fuertes brazos. Mirando esos ojos verdes, recordó cómo en esos escasos momentos había estado tan feliz, tan llena de amor por él que ni siquiera había considerado ninguna otra posibilidad más que la que él finalmente había recapacitado y se había dado cuenta que estaban destinados a estar juntos. Había deseado tanto eso que nunca se dio cuenta que lo que tenían era solo sexo, y como una tonta sin carácter alguno, fue lo suficientemente débil como para aceptar cualquier cosa que él le diera.

―Isabella. ―Edward dio un paso en su dirección, sus dedos rozando suavemente su mejilla, trayéndola de vuelta y mandando olas imprudentes de calor por todo su cuerpo―. Por favor, no vayas ahí.

―¿A dónde? ―preguntó, parpadeando confundida.

―Al pasado.

―Ah… es difícil ―susurró, abrumada de ser tan evidente.

―Lo sé, estoy tratando de cambiarlo, pero no vamos a llegar a ningún lado si no me lo permites.

―Te estoy dejando venir a casa. ―El suave roce de sus dedos en su rostro terminó abruptamente. El frío de la noche sustituyendo su calor.

―A casa, sí, con los niños también, pero ¿qué me dices de ti?, ¿cuándo me vas a permitir verte, salir contigo?, aunque sea tocarte. ―La joven desvió la mirada, mordisqueándose el labio.

―Necesito tiempo. ―Edward suspiró.

―Todo el que necesites mientras no me saques por completo de tu vida. ¿Puedes hacerlo? ―Bella lo miró fijamente.

―L-Lo intentaré.

O~O~O~O

La vida estaba empeñada en patear el culo de Edward una y otra vez.

Lo sabía justo ahora, hundido entre el colchón y la almohada, intentando vanamente pensar en cualquier mierda menos en los gemidos y roncos gruñidos que estaban escuchándose al otro lado del pasillo. Cuando le pidió alojamiento a su hermano, debió suponer que Rosalie venía en el paquete de aguantar cosas, claro, ¿pero sexo toda la puñetera noche?

Con un gruñido se levantó de la cama, pasándose las manos por el cabello de forma frustrada, de igual forma no podía dormir bien. No podía hacerlo correctamente mientras Bella no estuviera en sus brazos, mientras no estuviera seguro de que los niños estaban a salvo. Él siempre verificaba las cerraduras una vez que Bella venía de su turno de noche, o cuando la señora Cope se iba. ¿Ahora? Bueno, era raro cómo se sentía como un puto intruso cada vez que se paraba por la que antes fue su casa.

Los niños lo recibían siempre encantados, aunque comenzando a hacer preguntas sobre por qué no se quedaba en casa, preguntas que ignoraba llevándolos al parque, o comprándoles helado, incluso estaba pensando en comprarles un cachorro. La convivencia con ellos era genial, lo mejor que le había pasado en la vida. ¿Pero con su esposa? Bueno, eso era totalmente distinto. Con un bufido terminó de cambiarse, el reloj marcaba pasada la medianoche. Perfecto, alcanzaría a Bella saliendo de la clínica, aunque sospechaba que violaría una petición muy importante, la de mantener cierta distancia.

Suspiró ante la idea de su esposa enojada, ella tenía razón con una cosa. Atosigarla con que volvieran solo iba a causar que se retrajera, y discutir con ella respecto a su situación haría lo mismo. Lo único que podía hacer era darle su espacio, algo en lo que no era nada bueno. Así que… a la mierda. Ya había tenido suficiente de espera. Y ella había dicho semanas atrás que lo intentaría, apelaría a eso cuando se enfureciera con su presencia.

O~O~O~O

―¿Entonces no están viviendo juntos?

Bella suspiró ante el tono soñador de James. Vaya, siempre supo que Edward le caía mal, pero su tono cantarino y sus ojos brillantes no era lo que necesitaba ahora viniendo de su mejor amigo.

―De momento no, he tratado… de mantener mi distancia, le he pedido tiempo pero no creo que esté funcionando, él no piensa alejarse.

―Entonces, quizás es el momento de optar por la cirugía preventiva, ¿no crees? ―murmuró James con una sonrisa al ver su ceño fruncido―. Ya sabes, cortarlo de tu vida como harías con un tumor sospechoso. Y como cualquier buen médico, debes usar todos los medios que tengas a disposición, dile que vienes cansada, que los niños están confundidos, que sé yo… claro, si de verdad lo quieres alejar.

Bella suspiró. No. De hecho no quería alejarlo, sentía que su alma se iba con él cada vez que lo veía partir por la noche, o cuando la miraba con cautela, o cuando estaba divirtiéndose con los niños y ella entraba, provocando que dejara de sonreír abruptamente. Se manejaba con desconcertante cuidado a su lado, con una cautela que le ponía los nervios de punta. Ya no estaba segura de qué era mejor para su salud mental.

Terminando de guardar las cosas en su casillero, ambos salieron a la noche fría; la castaña frunció el ceño al ver una alta y corpulenta silueta de pie a un lado de su automóvil, y no fue hasta que dio un par de pasos más y la risa para nada discreta de James, que supo de quién se trataba. Él era demasiado sensual, decadente, los años solo lo volvían increíblemente mejor. Podría estar furiosa con él, pero nunca podría negar que tuviese un cuerpo espectacular.

―Nop, definitivamente el tipo no sabe guardar sus distancias.

―Cállate, James, no necesito una pelea entre ustedes.

―¿Por qué no?

―Porque no, muchas gracias ―murmuró sin aliento cuando se encontró con la mirada de su esposo. Sus ojos como esmeraldas se clavaron en los de ella, y el corazón le dio un vuelco loco―. Te veré mañana.

Se despidió con un tono afilado, haciendo que James rodara los ojos caminando hacia su automóvil, Bella también caminó a paso decidido hacia el suyo, debatiéndose entre estar furiosa porque Edward empezara a romper sus promesas, o furiosa consigo misma por estar sintiendo aleteos dentro de su pecho. Quizás ya no se sentía tan traicionada como antes, en realidad, pero ahí mientras miraba a su esposo cuyas ropas realmente no deberían ajustarse de esa forma tan moldeada a su cuerpo, pensó que aunque ya no estaba tan enojada, igual no podía confiar en él.


Hola, hola qué tal de fiestas? Espero lo hayan pasado excelente, mis mejores deseos y bueno, me cuentan que les parece? Como siempre es para mí un placer leer sus comentarios!