LA PROPUESTA

(Carlisle y Esme)

-¡Son tan adorables! – dije en un susurro. En realidad quería chillar, agarrar un bebé un comérmelo a besos, pero me contuve.

Carlisle, mi novio y yo fuimos a visitar a su hermana Carine a Seattle. Un par de semanas atrás, ella dio a luz a sus gemelitos. Niño y niña, Alice y Royal.

Eran estas bolitas regordetas, de mejillas sonrojadas y ojos azules como Carlisle y el resto de su familia.

-Quiero uno – dijo Carlisle a mi lado, envolviendo su brazo derecho en mi cintura, mirando a sus sobrinos.

-Escoge uno y lo pondré bajo mi abrigo – susurré de manera dramática y Carine sonrió al otro lado de la cuna.

-No. Hablo en serio, Esme. Quiero un bebé – su brazo me soltó y yo me quedé casi petrificada.

No podía hacerme esto. No en frente de sus padres, de su primo Edward y su esposo Beau, de su hermana Carine y su esposo Ernest.

-Carlisle… - susurré evitando su mirada.

En entrevistas, él siempre ha dicho que quiere ser papá, que quiere formar una familia. Pero él y yo jamás habíamos hablado de eso. Jamás. Nunca tocó el tema de una vida juntos, de un futuro donde tuviéramos hijos… Yo solo vivía el día a día; ya era bastante con el hecho de que Carlisle fuera de la Lista A de Hollywood y yo solo una chica que conoció en Costco un par de años atrás, cuando chocó contra mí en la mesa de libros y DVD en oferta.

Si él quería un bebé, si quería una familia, obviamente no era conmigo y ahora iba a terminar conmigo en frente de su familia.

No podría haber elegido un lugar más humillante… Bueno, excepto tal vez en una alfombra roja. Nunca he ido a una alfombra roja con él, asisto a los eventos que puedo y gracias a Dios, la prensa nunca ha publicado una fotografía juntos.

No podrían, yo viviendo en Iowa en medio de la nada y él viajando por el mundo. Pero nos las arreglamos… O eso creía.

-Quiero un bebé, quiero un hogar, quiero un lugar seguro a donde regresar… O donde quedarme. Y tú…

Yo no encajaba en ese futuro. Él era un actor respetado, era el chico bueno de Hollywood, que venía de una familia promedio, católica de Seattle, inició su carrera como la mayoría, en películas de adolescentes. Luego se convirtió en el galán de las películas románticas y alcanzó el estatus de súper estrella cuando se convirtió en superhéroe, compartiendo la fama con el resto de su generación: Cavill, Evans, Hiddleston, por nombrar algunos. Luego sorprendió a Hollywood cuando dirigió su primera película independiente y ser nominado al Golden Globe y últimamente solo produce y dirige, hace tres años, dejó las mallas y la capa.

Fue triste para mí y para miles de niños y nerds.

Incluso el New York Times escribió un artículo titulado. EVANS Y CULLEN LOS NUEVOS VILLANOS DE HOLLYWOOD, donde básicamente los arrastraron por el suelo por romper el corazón de nosotros los nerds al dejar sus respectivos roles que los llevaron a la fama. Incluso los llamaron malagradecidos.

Fue un artículo muy divertido, quien lo escribió se merecía el Pulitzer. Lo tengo enmarcado en mi salón de clases.

Y yo. ¿Yo quien era? Una maestra. Solo eso. No vengo de una linda familia como la suya, no tengo dinero, no soy excepcionalmente bella. Soy normal, común y corriente y…

-Esme… Quiero tener un bebé, quiero que tengamos un bebé – Carlisle me sacó de mi festival de penurias, tomándome del mentón, pegándome a él en un abrazo cálido.

-Um… - ¿conmigo? Él está hablando de tener un bebé conmigo. No estamos terminando. Yei.

Sus ojos azules brillaban al verme, sus labios obscenamente llenos me sonrieron con ternura. Su rostro gritaba que me amaba. Cada vez que poso mis ojos en él, las mariposas estallan en mi estómago y cuando me ve así, es como si me dieran un puñetazo.

No puedo acostumbrarme a él, a su presencia en mi vida, a que sus sonrisas y sus palabras de amor estén dedicadas a mí y no a la actriz de moda en turno, en la pantalla grande.

-Esme, quiero un bebé contigo. Uno que tenga tus hoyuelos, cuando sonríes, uno que tenga la suavidad de tu piel, que tenga el color de tu cabello, que tenga tu gentiliza, que tenga…

-Que tenga tus ojos – susurré perdida en las profundidades de los suyos, eran tan, pero tan azules, que uno creería que eran lentes de contacto. De hecho eso pensé por un tiempo, hasta que lo conocí y estuve cerca de él, que me di cuenta de que eran suyos. Que no eran falsos…

-Si eso quieres – cruzó los ojos, haciéndome reír y él sonrió.

-Y que tenga tu sonrisa – repliqué, sintiendo como mis extremidades se convertían en gelatina.

¿Qué estaba pasando?

-Quiero un bebé, contigo. Quiero que hagamos un bebé… - besó mis manos y yo salí a tiempo de la burbuja de amor.

-Um… Carlisle. No es por romper tu tren de pensamiento, pero… Ves este cerdito –señale mi dedo anular izquierdo-, esta nenudo – dije la palabra como su sobrina Nessie, la hija de Edward y Beau.

Él soltó una carcajada y mi corazón se detuvo un instante. Como era lo usual. Carlisle en verdad era hermoso, con el cabello dorado como el sol y con barba cubriéndole las mejillas, para su próximo papel, la primera película que protagonizaba en casi dos años. Era mucho más alto que yo, un metro ochenta y cinco; veinticinco centímetros más alto que yo para ser precisos.

-Lo sé – dijo besando mi dedo flacucho.

-Y el cielo sabe que si este cerdito esta nenudo, yo no lo estaré… Y no puedo creer que acabo de decir esto enfrente de tu familia y no lo hice para ganar puntos con tu madre católica – balbuceé sin sentido y (mi tal vez futura familia) soltó a reír a mí alrededor.

Pegué mí frente a su hombro, él me envolvió en sus brazos.

-El cielo, mi madre la católica y mis bolas azules lo saben cariño – murmuró en mi cabello y yo le di una palmada en el brazo, alejándome de él.

Me concentré de nuevo en los gemelos, tratando de evitar que su familia viera mi rostro rojo tomate y tratando de procesar lo que acababa de ocurrir; Carlisle quería un bebé conmigo. Quería que iniciáramos una familia. ¿Casarnos...? Vi a los gemelos y traté de imagíname como se verían mis bebés con Carlisle.

-Esme.

-Um – respondí distraídamente, sonriéndole a los bebés, sobando sus pancitas.

-Esme.

-¿Si? – quería comerme los cachetitos de los gemelitos. ¡Mira sus naricitas!

-¡ESME!

-¡¿QUE?! – giré para ver a Carlisle… arrodillado frente a mí, con un anillo que captaba la luz haciéndolo brillar, entre su dedo índice y pulgar.

-Esme Platt, amor mío. ¿Te quieres casar conmigo y tener una familia a mi lado?

-¿De donde salió eso? – señalé el anillo débilmente, con el corazón a toda marcha.

¿QUÉ ESTABA PASANDO?

En un momento estábamos hablando de la posibilidad de tener hijos, una conversación que en dos años no había salido para nada y ahora está ahí de rodillas con un anillo en la mano.

-¿De una joyería?

-Lo supuse –era obvio que de una joyería, ese no era el punto-. ¿Desde cuando lo tienes?

-¿Desde hace tres meses? – respondió a manera de pregunta.

ESPERA. ¿QUÉ?

-¡¿Tres meses?! – no sabía de donde venía este enojo que me estaba haciendo ver casi rojo.

-Sí.

-¡Podríamos estar casándonos ahora! – exclamé atónita y Carlisle frunció el ceño.

-Um.

-¿Esto está pasando? ¿En verdad me estas proponiendo matrimonio?

-Sí – su sonrisa me encandiló.

-¿No es una de tus bromas? – Carlisle y su familia son muy bromistas, incluso Edward y Beau tienen un canal de YouTube tipo Punk'd con Ashton Kutcher. Carlisle y yo hemos participado en elaboradas bromas, pero yo nunca había sido la bromeada.

Miré a su familia, olvidándome de nuevo de que estábamos en la habitación de los bebés de la casa de su hermana.

Todo esto me estaba haciendo girar la cabeza.

-Por supuesto que no. Yo no te haría algo así, te amo.

-Si esto es una broma, es una de muy mal gusto y se dónde vives, Carlisle – pasé mi dedo índice por mi cuello, antes de cruzarme de brazos.

-¡No es una broma, Esme! Te estoy proponiendo matrimonio de verdad. Incluso le pedí tu mano a tu mamá.

-¿Le pediste mi mano a mi mamá? – susurré, descruzando mis brazos, toda ira y desconfianza saliendo de mi cuerpo.

-Fui a Iowa y hablé con ella, le pedí tu mano y ella nos dio su bendición.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Carlisle y yo nos conocimos en mi ciudad natal, una ciudad sin importancia, donde mamá y yo vivíamos lejos de nuestra familia. Solo éramos ella y yo. Carlisle sabía todo de mí, lo bueno, lo malo, lo feo… lo poco bonito. Y que él fuera a Iowa a hablar con mi mamá, valía incluso más para mí que el que respetara que yo no quisiera tener sexo con él.

No es que no quisiera tenerlo, créeme, es lo que pienso 24/7, pero cometí ese error hace mucho tiempo y no lo volvería a hacer hasta estar cien por ciento segura; además no iba a ser el juguete sexual de un chico aburrido de Hollywood. Tenía principios. Hemos hecho cosas, cosas muuuy buenas y sucias, pero nunca hemos llegado al final.

-¿Cuándo fuiste? – cuestioné aclarando el nudo en mi garganta.

-Hace seis meses.

-¡¿SEIS MESES?! ¡Podría estar a medio camino de tener uno de esos! – señalé a los gemelos y Carlisle se dio cuenta de su gran error.

-Mierda.

-¡MIELDA! –Nessie, su sobrina, gritó emocionada, levantando sus bracitos en el aire.

-¡Nessie, no! – Beau la regañó por repetir la grosería.

-¡Carlisle, acabamos de regresar de Londres! – exclamé posando mis manos sobre mi pecho. Me dolía.

-Sí, lo sé.

-Pensé que… pensé que me lo propondrías ahí… En lo alto de… en lo alto de… Como se llame esa cosa redonda que da vueltas – no tenía cabeza para recordar su nombre.

-El ojo de Londres – apuntó Edward.

-¡Gracias! Eso. ¡Pensé que me lo propondrías ahí! –Carlisle me llevó a Londres la semana de Acción de Gracias, fue hermoso, romántico. Iba ilusionada y muy enamorada y solo regresé deprimida y frustrada.

-¡Lo iba a hacer!

-¡¿Y por qué no lo hiciste?!

-Me acobardé. Pensé que me rechazarías – encogió un hombro, mirando al suelo.

-¡No, claro que no, cabeza hueca! – le di un zape.

-¡Oye!

-¡Luego cuando no me lo propusiste, pensé que me ibas a hacer un truquito a la Jennifer Aniston!

-Disculpa, ¿qué? – su parpadeo fue adorable.

-¡El truco de Jennifer Aniston! Ya sabes, cuando se va a de vacaciones con su esposo o novio en turno, deja que los paparazzis los fotografíen haciendo cosas lindas de pareja y después ¡BAM! Anuncia que ya terminaron.

-Oh… -Carlisle frunció el ceño, pensando-. Esme… Um… Me vas a responder si te quieres casar conmigo o no… Porque ya me están doliendo las rodillas – frunció la nariz, cambiando de rodilla.

-Oh, perdón. ¿Te duelen tus rodillitas? – cuestioné acercándome a él, hablando con ternura, haciendo un pequeño puchero y acariciando su mejilla con cariño.

-¡Shi! – me hizo un puchero adorable, que siempre logra que yo haga lo que él me pide.

No esta vez.

-Oh, y a mí me dolió el corazón esa noche y lloré hasta quedarme dormida – endurecí mi tono, enderezándome.

-¡¿Qué?! ¡¿Cuando?! – su alarmado rostro fue cómico.

-¡EN LONDRES, IMBECIL! – gritó padre enfadado y me guiñó el ojo.

-¡Gracias!

-Oh – Carlisle bajó el rostro, evitando mi mirada.

-¿Cuando me case con su hijo, puedo decirle papá? – le dije dulcemente a mi futuro suegro, sus yernos le decían papá.

-Por supuesto, hija – mi suegro, una versión envejecida de mi… prometido, respondió abrazando a su esposa.

Mi corazón se hinchó lleno de cariño por estas personas que se convertirían en mi familia. Ellos me dieron la bienvenida como jamás lo imaginé, pensé que no me aprobarían, que era poca cosa para su hijo. Soy poca cosa para su hijo, lo sé, pero ellos me quieren y yo a ellos.

Pronto tendré una familia, hermanos, una hermana, sobrinos.

-¿Te… te hice llorar? – Carlisle tragó el nudo en su garganta.

-Bueno, sí. Pensé que al regresar terminarías conmigo. Pero luego pasaron los días y tú… No lo hiciste… Y no sé… Ahora estas aquí, arrodillado… con tu familia viendo todo, proponiéndome matrimonio –miré a mi alrededor y vi a Edward con el celular en alto-. ¡Ves, si es una broma! Él está grabando todo.

-De hecho es FaceTime con tu mamá.

-¡¿QUÉ?!

-¡Ya respóndele a ese pobre chico! – dijo mamá desde la pantalla rectangular.

-¿Mamá…?

-¡YA DI QUE SÍ!

¿Por qué no he dicho que sí?

-Si… ¡Si quiero casarme contigo! – me lancé a los brazos de Carlisle Cullen, ambos cayendo en la suave alfombra beige, besándolo en todo su hermoso y peludo rostro.

-¡Fuera de aquí, no le den ese espectáculo a mis pobres hijos! – dijo Carine entre risas.

-¡Su madre está viéndolos! – dijo Beau.

Carlisle tomó mi mano izquierda entre las suyas, aun tirados en la alfombra, en un enredo de extremidades y posó un hermoso anillo de zafiros y diamantes en mi dedo anular.

-Ya no está nenudo – susurró antes de besarme.

-Y yo pronto lo estaré – le guiñé el ojo.

-Podemos casarnos esta noche en Las Vegas.

-Oh, no señor. Usted no se va a llevar a Esme a casarse en una capilla espantosa con olor a cerveza barata – dijo su madre, lanzándole un osito de peluche, que le pegó en el ojo.

-¡Ouch, mamá!

Besé su pobre y hermoso ojo, cuando lo cerró de nuevo.

-Entonces… ¿cuantos bebés quieres que tengamos?

-¡Seis! – respondió sin siquiera pensarlo.

Diablos. ¿En que me metí?


Que pasa conmigo, escribiendo historias totalmente fuera de mi zona de confort?

Sera que ya me aburrieron Nessie y Jacob? Probablemente. Si. Definitivamente.

Créeme, me duele admitir eso. Son mis bebés... Buaaaaah.

En fin. Esta historia se me ocurrió la otra noche, mientras daba vueltas en mi cama. No tiene inicio, no tiene continuación. Solo pense en hacer un Caresme y salió este pequeño one-shot.

Ya me voy, el Prozac me esta dando sueño. Se supone que el Prozac da sueño?

Mirame, ya soy toda una escritora, estoy deprimida y tomo Prozac.

Ay, a donde ha ido a para mi vida?

KISSES AND LOVE

Mother Pervert (quien ya no escribe cosas pervert, ni para salvar su vida)