Hola señoritas: como siempre, millones de gracias por sus lecturas, por poner la historia entre sus favoritas y por sus comentarios. De veras, muchas gracias.
Bueno, aquí las dejo con un nuevo capi, que espero que les guste...
Y como siempre, mi reconocimiento y mi agradecimiento infinito a mi Beta Paly, que es la mejor.
Ahora sí: que disfruten la lectura!
Abrazos a todas: Cata!
La llovizna no importaba. La hora no importaba. La gente que pasaba no importaba. Porque el aire de reencuentro envolvía a estos dos amantes de tal manera que nada fuera de ellos dos en ese instante importaba.
Edward llevó sus manos hasta tomar con sutil delicadeza el rostro de su amada Bella, acariciando su piel con sus pulgares y disfrutando de las sensaciones que provocaban en él dicha textura celestial. Bella seguía invadida por las hormigas, mariposas y el colibrí que estaban haciendo estragos en su cuerpo y su corazón.
-Hola- dijo él en un susurro, sin dejar de acariciar el rostro de su Bella.
-Ho… hola- tartamudeó ella. Estaba perdida en las caricias de Edward, en el sonido de su voz y en la vista hermosa del hombre que amaba y que la oscuridad de la noche no amainaba, pero aun así, ella sentía en su interior un deseo creciente. Ella tenía sed de los labios de Edward.
-El vuelo se atrasó. Tendríamos que haber…- iba a explicar él, pero Bella lo interrumpió:
-Bésame Edward- y sin esperar más, Edward se apropió de los labios de Isabella, tomándola por la cintura y por la nuca profundizando el beso de reencuentro entre ambos que fue anhelante desde el primer momento. Bella sentía como el beso de Edward iba calmando su sed y a su vez haciéndola más adictiva a ellos.
Las personas que pasaban a su alrededor, miraban a la pareja que estaba haciendo caso omiso de la llovizna que se iba intensificando. Realmente, en ese momento, eran una pareja digna de envidiar.
-Vámonos de aquí- dijo Edward, después de haber acabado paulatinamente con ese beso que fue la acción que trajo de regreso el corazón y el alma al cuerpo de Edward.
Ella se tomó de la mano de él y se dejó llevar hasta el coche que estaba aparcado a unos metros. Se subió en el asiento del copiloto y miró al frente y recién ahí, cuando vio el parabrisas lleno de gotas, se percató de la lluviecita que caía.
Cuando él se montó en el coche, dio contacto al auto, se puso el cinturón, encendió la calefacción y observó a Bella, que a su vez lo observaba.
-Entonces, hacia dónde debo dirigirme. Quiero saber por fin en donde vives-
-Ok, pero no quiero que digas nada malo acerca de donde vivo- advirtió ella, poniéndose el parche antes de la herida. Edward la observó entendiendo que ella, en su absoluta terquedad, no iría a rentar un apartamento lujoso, no señor.
-Hacia donde Bella-
-Sigue derecho, enseguida te voy indicando donde debes doblar…-
-Ya voy nervioso- dijo él, sacando el freno de mano y poniendo el coche en marcha hacia donde Bella le indicaba.
oooooooooo
Y tal como lo pensó ella y como lo presagió Sam alguna vez, a Edward no le gustó nada el lugar donde ella vivía. Primero, el barrio era uno de los más "inquietos" de Madrid, por no decir peligrosos. Además, el apartamento estaba en un edificio pequeño de cuatro pisos, algo viejo, aunque el lugar de Bella propiamente tal, estaba bien decorado.
Era algo gracioso ver a Edward en su casi metro noventa, deambular por aquel pequeño espacio. Él observaba todo como si estuviera haciendo una especie de examen del lugar, evaluándolo, tocando la decoración, percibiendo olores…
-¿Y?- preguntó Bella, después de observar a Edward deambular por el lugar.
- Dime una cosa, ¿Cómo llegas hasta aquí? ¿Pagas un taxi todos los días?-
-He aprendido a andar en metro…-
-¡Por un demonio Bella… ¡ El metro es peligroso, este sector es peligroso…!-
-Mi apartamento es lindo…-
-Porque está lleno de ti, pero en cualquier momento alguien podría forzar la chapa de tu puerta, con mucha facilidad por cierto y entrar y…-
-Ok Edward, gracias por tu buena vibra… este es ahora mi lugar…-
-No por mucho tiempo Bella…-
-Eso no lo sabes-
-¿No?- dijo, acercándose hasta donde ella estaba sentada. Un sillón de tres cuerpos el único que había en la salita. Una mirada oscura y traviesa, una media sonrisa y Bella ya sentía como su respiración se agitaba. "Ay, Dios…"–Un mes Bella, treinta día, ¿Crees que soportaría más tiempo lejos de ti? Bella, te lo dije cuando nos conocimos, no habrá obstáculos que me alejen de ti. Los sortearé, como sea, pero no me apartarán de ti- las palabras de Edward trajeron a la mente de Bella, el recuerdo de aquel Edward que la seguía por una cuestión de amor propio o cacería si se puede decir… pero ahora era diferente. Había amor de por medio.
Él se sentó junto a ella, muy cerca, comenzó a acariciar su rostro suavemente, sin quitarle los ojos de los suyos, haciendo que por supuesto, bella temblara.
-Lo hice por tu relación con Steve…-
-Entiendo el por qué de tu decisión, entiendo que me equivoqué y nena, he aprovechado este tiempo con mi hijo, pero no ha sido lo mismo sin ti a mi lado…- asumió él se miraron un rato en silencio y ella de momento a otro, tornó su vista oscura y coqueta sobre las orbes verdes de su amado. Él sonrió, pues conocía esa miradita…
-Bueno Edward, tendrás que convencerme… me he dado cuenta que me gusta la independencia, vivir sola… ya sabes-
-¿Convencerte?- si ella quería jugar, pues él jugaría. También podía hacerlo. Le sonrió y lentamente llevó su boca hasta el oído de Bella, allí habló en un susurro, mientras jugueteaba con el lóbulo de su oreja –Bella, sabes que puedo ser persuasivo cariño, que convencerte no me costaría nada… tengo mis… mmm… métodos y están testeados, dan resultados favorables... eso lo sabes mejor que nadie…- decía, llevando ahora su boca a pasearse sutilmente por el cuello hermoso de su Bella. Ella intentaba mantenerse estoica… pero ¡Dios, ese hombre sabía lo que hacía!
-Conmigo no te resultó… fácil… lo sabes…- pero si aquella vez le resultó complicado, esta vez ella misma sentía que se daría por vencida en cualquier momento. La determinación de su voz estaba fallando y la de su cuerpo.
-Y lo hizo más excitante cariño- ahora, Edward desvió su boca del cuello de ella, hasta sus labios y comenzó a besarla descaradamente. Y Bella no pudo más. Aferró el cabello cobre de Edward con fuerza. Lo acarició como hace un mes deseaba hacerlo. Dejó que las manos de su hombre bajaran desde sus hombros, acariciando sus brazos, hasta su cintura y colarse bajo su sweater para acariciar su piel desnuda. Su cuerpo pequeño instintivamente se fue acercando al calor que manaba del cuerpo de Edward, atrayéndola, llamándola. Mismo calor que en cosa de segundos comenzó a llenarla, deseándolo más y más cerca…
-Dame esta noche cielo, dame esta noche para comenzar a convencerte…-
-Edward…-
-Déjame hacerte el amor esta noche Bella… extraño estar dentro de ti amor- dijo, rematando aquel pedido tan especial con un beso furioso que hizo a Bella sentir el deseo floreciente y demandante dentro de ella. Sí, lo deseaba con desespero. Las conversaciones, las recriminaciones, las discusiones, las disculpas y los perdones quedarían pospuestos.
Bella como pudo se apartó, dejándolos a ambos jadeantes. Se levantó y tendió su mano hacia Edward. Él se levantó y dejó que ella lo guiara hasta su pequeño cuarto de tonos lilas, iluminado sólo por la luz de los faroles de la calle que se colaban por la ventana, en donde había una cama de dos plazas normal, no aquella "King size" que compartía con Edward. A los pies de ésta, se paró frente a Edward con su mirada oscura y deseosa de él. Al instante, Edward llevó nuevamente su boca hasta la de ella y la besó lentamente. No había prisa. La noche y el futuro eran suyos.
Con sosiego, las ropas fueron cayendo al piso, mientras las manos de ambos recorrían la piel desnuda que reaccionaba al tacto, erizándose.
El cuerpo de Bella exigía la posesión absoluta de su dueño, las manos y la boca de Edward recorrían el territorio que sentía y sabia le pertenecía.
Edward sentía que no había olvidado paraje alguno del cuerpo de su Bella, pero aún así lo recorrió como si aquella expedición con sus sentidos, fuera la primera que hacía, haciendo que Bella se sintiera pérdida en las miles de sensaciones que no lograba definir con palabras. No podía decir ni contar las veces que Edward le había hecho el amor, pero era increíble la novedosa sensación que experimentaba cada vez, haciendo que cada encuentro fuese diferente al anterior. No peor, sólo diferente. Y mil veces mejor.
-Sentí tanta sed… bella, tanta sed de ti que pensé que moriría…- dijo él, jadeante, adentrándose en el cuerpo de su amada, que lo recibía deletreando su nombre entre espasmos líquidos y respiración sofocante. Sus manos aferraban la espalda empapada de sudor de Edward, que se movía con potente uniformidad, haciendo que ella pidiese más cada vez, para comenzar a caer en el torbellino de placer. Hasta que no pudieron soportar más y estallaron, gritando sus nombres y profesándose amor eterno.
ooooooo
-Dios… te extrañaba tanto…- ella descansaba como le gustaba, sobre el pecho de Edward mientras asumía que también lo extrañó. Se sentía tan plácida, tan completa, tan llena de él que nada podía arruinar ese momento.
-Prométeme que no volverás a separarte de mí Bella- dijo, alzando con sus dedos la barbilla de Bella para poder mirarla a los ojos. Ella sólo pudo asentir y luego buscar los labios de él y besarlo con suavidad para sellar su compromiso.
-¿Sabes? Me siento un poco culpable… Steve se vino un poco triste de Canadá. Disfrutó con Alice y Emmett, pero no quería regresar aquí. Quería regresarse con sus amiguitos… aquí quizás se siente un poco solo…-
-¿Y por qué no buscan una guardería aquí? Creo que está en edad perfecta y de seguro se le hace fácil hacer amigos-
-Pero no conozco a nadie que me pueda recomendar algún lugar… además, Steve no maneja el idioma…-
-Oye, los niños aprenden rápido, creo que está en el momento justo de comenzar a aprender el idioma. Te aseguro que la idea le encantará… conocer amigos, jugar con ellos, aprender otro idioma… le va a fascinar-
-Tienes razón. Buscaré a alguien que me pueda guiar en eso y lo hablaré con Kate. Dime una cosa, como les fue con mi encarguito-
-¿Encarguito?... ¡El gato!... Diablos…- dijo, apartándose de Edward y buscando algo con qué cubrirse para levantarse.
-¡Hey! A dónde vas…-
-A tu "encarguito" no lo he alimentado. Además está encerrado en el cuarto de lavado… debe estar hambriento- explicó y salió corriendo del cuarto, directo a la pequeña pieza donde el pobre gatito se había cansado de maullar para recordarle a su "cuidadora" que ella estaba allí esperando por comida. La pequeña "Bellita" se disparó a los brazos de Bella, quien le pidió disculpas, mientras le ofrecía comida.
-Mañana conocerás a tu pequeño dueño, ya verás… te va a adorar- le decía a la minina acariciando su lomo, mientras este comía con desespero su comida. Después de estar saciada, Bella tomó a la gatita en sus brazos y la llevó hasta la pieza, donde su adonis personal la esperaba en su cama.
-He aquí tu encarguito-
-No puedo creerlo… - dijo Edward, mientras la pequeña minina llegaba a sus brazos, ronroneándole y dejándose acariciar por él –Mi hijo se volverá loco…-
-Seguro que sí-
-¿Ves? Esta hermosura es igual a ti- dijo él divertido, al ver a la gatita ronroneándole e instalándose en sus brazos, lista para dormir.
-¿Te parece? Bueno, creo que es bueno que vayas haciéndote amigo de ella, quizás esa "Bellita" te pueda acompañar en las noches, mientras yo me decido a volver- Edward dejó de acariciar al gato y miró a Bella con la boca abierta. Enseguida entrecerró sus ojos, mientras ella mordía su labio inferior… no se había dado cuenta de la imagen tan sexy que tenía frente a él: su mujer envuelta en una sábana, su cabello revuelto, sus labios hinchados y rojos y sus ojos oscuros que lo desafiaban constantemente…
Apartó al gatito de sus brazos y lo dejó en el piso, para levantarse y acercársele a la ninfa que tenía frente a él, que lo llamaba con la mirada.
-¿Qué? ¿No fui convincente?- decía con voz ronca, mientras se le acercaba.
-Pues yo aún no cambio de parecer…- declaró, mientras se llevaba su dedo pulgar a la boca para morderlo.
-No hay problema… me queda noche todavía para hacerlo…- dijo, tomándola con rapidez por la cintura y haciéndola caer en la cama, mientras ella daba un grito y hacia que la pequeña gatita diese un salto de estupor, echándose a correr hacia la sala. Él arrancó la sábana que cubría el hermoso cuerpo de su Bella y capturó su boca en un beso fiero, mientras sus manos masajeaban su cuerpo.
Y allí comenzó una vez más la danza del amor que ambos conocían tan bien, mientras "Bellita" se refugiaba bajo la mesita de centro de la sala, al escuchar los gritos y las exclamaciones de los humanos procedentes del dormitorio.
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-No, no, no… no te vayas… quédate conmigo…-
-No puedo…-
-Bella, te lo suplico nena…- rogaba Edward, sentado en la cama, tironeando de la ropa de Bella para persuadirla de que se quedara.
-Edward, tengo turno en la cafetería…-
-¡No tiene razón de ser para que sigas trabajando allí!- protestó, golpeando el colchón son sus manos.
-Me gusta ese trabajo, he conocido gente muy amable-
-No discuto eso amor, solo que no veo la necesidad… además es sábado… anda cariño, quédate conmigo- y otra vez ocupaba su voz de súplica y ruego que intentaba convencer a su Bella de que se quedara con él, pero ella no dio su brazo a torcer.
-Oye, trabajo hasta las dos. Porque no te quedas y duermes, debes estar cansado por el viaje, luego vas por mi y almorzamos juntos y le llevamos su gatita a Steve, ¿Te parece?-
-No quiero dormir…-
-Pues puedes ver televisión entonces… o ir a casa a cambiarte y hacer otras cosas, pero no puedo faltar a mi trabajo…-
-¡Demonios Bella! ¡Porqué eres tan terca!-
-No es una cuestión de terquedad, es una cuestión de responsabilidad… ahora me voy- dijo, terminando de abrochar su abrigo negro -¿Vas por mi entonces?-
-Ahí estaré- dijo él, enfurruñado como niño pequeño. Bella se tragó sus carcajadas para no empeorar el estado de Edward.
-Bien. No olvides echar llave y sacar a la gata, ¿si?-
-Ok…- contestó él, cruzándose de brazos y desviando su mirada hacia la ventana. Bella sonrió y se acercó a él, buscando su rostro. Le dio un tierno besito en los labios, pero él seguía con los brazos cruzados y con su ceño fruncido.
-No te pongas así, por favor… mañana es domingo y no tengo que trabajar…-
-Esta noche te quedas conmigo y mañana no sales del cuarto, ya sabes…- esa había sido una amenaza por parte de Edward. Estaba cabreado, quería quedarse encerrado allí con Bella todo el día. Sí, se estaba comportando más inmaduramente que su hijo, pero no le importaba.
-Uy, que miedo… te veo más tarde…- dijo ella, sonriéndole desde la puerta, guiñándole un ojo y lanzándole un beso con sus manos. Él no pudo más que sonreír.
-Te amo hermosa- le dijo en tono alto cuando ella ya había desaparecido.
-Te amo- le respondió Bella antes de salir de casa.
Edward se dejó caer sobre las almohadas y olisqueó el olor de su amada que aun impregnaba las cabeceras. Llenó sus pulmones de ese enigmático aroma que lo volvía loco y sonrió, sintiéndose feliz porque sentía que había recuperado a su chica.
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-Buenos días- saludó Bella muy animada cuando llegó a su trabajo.
-¡Hermosa Bella! Qué linda te ves hoy- le dijo la dueña, acariciando su mejilla. Ella la miró algo extrañada y luego miró su atuendo, que no tenia nada de extraordinario. La mujer sonrió, sabiendo lo que ella pensaba
-No hablo de tu ropa… hablo de tus ojos. Parecen dos luces, brillan que casi me encandilan…-
-Oh…-
-Bueno pequeña. Ahora por favor, llévale un capuccino a mi hija. Acaba de llegar de tu país y está algo cansada…-
-No sabía que tenía una hija-
-Claro. Digamos que viene a hacerse cargo de nuestro negocio por un mes o dos… ¡Nos regaló un crucero a mi esposo y a mí! ¡¿Lo puedes creer?-
-Es fantástico, creo que se lo merecen…-
-Eres una chica muy amable- dijo Lidia, la dueña del local, sonriéndole a Bella, quien se sentía contenta por ella. Era una mujer muy trabajadora, amable, con el carisma bonachón que reflejaba amor a desborde por sus ojos. Y su marido Gustavo tan amable y cándido como su esposa; un hombre alegre, apasionado por el futbol y con una vitalidad envidiable para un hombre de casi 60 años.
Cuando bella tuvo la bandeja lista, con un capuccino y un trozo de kuchen recién hecho, lo llevó hasta la mesa donde estaba la mujer, hojeando una revista.
-Su madre me pidió que le trajera…-
-Un momento… ¿Eres Bella? Mis padres ya me hablaron de ti…- dijo ella, observándola y escrutándola mientras Bella ponía las cosas sobre la mesa un poco nerviosa, no sabía por qué –Mi nombre es Paulina Guerra y seré tu jefa creo por dos meses- dijo la amable mujer, extendiendo su mano hasta Bella, quien le respondió del mismo modo.
-Un gusto en conocerla…-
-¡No! Tutéame por favor…-
-Pero dice que será mi jefa…-
-Bueno, será mi primera regla: no tutear. Anda bella, siéntate un momento y charlemos. No hay gente aún…- dijo Paulina, abriendo la silla contigua para que bella se sentara.
-Gracias… Fue muy amable lo de tu regalo para tus padres…-
-Se los debía… ellos son los mentores de quien ahora soy, como persona y como profesional…-
-¿Te dedicas al negocio…?-
-Oh, no. Soy maestra de profesión. Ahora regresare a Nueva York a dirigir un colegio de infantes… estoy muy emocionada… ¿Y tú estudias…?-
-Psicología…- Bella comenzó a relatarle cómo y por qué había llegado a Madrid… y con quien. No sabe cómo ni porqué, en un momento de la conversación, se vio contándole gran parte de su vida a aquella enigmática Paulina, quien le oía con inusual atención.
-Tus ojos son muy brillantes… pero… no sé… hay un aura de temor sobre ti…-
-¿Perdona?-
-¿Me dejarías hacer algo?- dijo, a lo que Bella asintió sin saber de qué se trataba. Paulina sacó de su bolso una pañoleta de tonos marrones que envolvía algo. La mujer pulcramente comenzó a desenvolver hasta dejar el mazo del tarot de Marsella sobre la pañoleta.
-¿Lees las cartas?-
-Es un hobby…- dijo, mientras barajaba las cartas. Enseguida las extendió sobre la mesa a modo de abanico –con tu mano izquierda, saca tres cartas por favor- Bella hizo lo que le dijo y las dejó sobre la mesa. Paulina volteó la carta del centro y luego las de las esquinas. Las observó por un momento y levantó la vista hasta Bella, quien la miraba entre la extrañeza y la incredulidad. Paulina sonrió y le explicó: "Los enamorados, la templanza y la Papiza. Los enamorados están en el presente, ya veo porqué el color y el brillo de tus ojos. El pasado está la templanza, que es la unión de los opuestos… y el futuro la papiza, Diosa de la fertilidad… o infertilidad…" Bella levantó los ojos hacia ella con una expresión algo alarmante.
-¿Infertilidad?-
-Oye, calma… no te debes tomar tan literalmente esto… mmm… alguien que te empuja a hacer o ser algo que quieres o no quieres ser… es confuso… ¿Puedes sacar otra carta, Bella?- pidió, ella lo hizo sin chistar. Paulina la volteó y observó lo que tenía frente a ella…-
-¿Entonces?- Isabella estaba impaciente.
-Cálmate Bella… esto no es de vida o muerte… es nada más una guía, tú haces las propias interpretaciones…-
-Esa carta…-
-El juicio… Bella, lo que se recibe es consecuencia de los errores o los aciertos que hayamos hecho en el pasado…has de enfrentarlas para la renovación…-
-¿Renovación de qué?-
-Bella, yo sólo te digo lo que estas cartas significan, tú les das interpretación. En cualquier plano de tu vida. Mira, por ejemplo, la carta de los enamorados no se ciñe al pie de la letra a dos personas enamoradas. La carta en sí lleva dibujadas tres personas y hay más elementos que observar, es más profundo y complejo de explicar. Mira, ahora creo que es hora de trabajar… queda pendiente una buena sesión de tarot…, pero piensa en lo que te dije…-
-Ok…- dijo ella, algo confundida. Se levantó, dejando a la mujer sentada, observando aun las cartas, mientras ella se alejaba pensando en el nombre de las cartas que ella había sacado. ¿Qué significaría en realidad?
-¡Bella! Una cosa más: estoy aquí para lo que necesites…- le dijo Paulina, haciendo que Bella sintiese que esa mujer era una especie de hermana mayor que había llegado a protegerla de otro lugar. Quizás porque su temperamento era semejante al de sus padres, que la habían acogido y cobijado con algo más que un trabajo en un momento difícil. Pero a esa mujer la venía conociendo hace diez minutos… y eso que le dijo con las cartas esas… "¡Demonios Bella…!"
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Edward, que inicialmente no pensaba dormir, no se dio cuenta cuando calló en el sueño después que su lucha para que Bella se quedara ahí con él fracasara. Lo despertó un peso ligero en el estómago que no dejaba que se moviera. No era tan pesado, pero le provocaba calor extraño. Antes de abrir los ojos, tanteó con las manos el peso aquel y se encontró con algo peludo y suave… claro. La pequeña gatita dormía plácidamente sobre su vientre. Edward sonrió al verla allí… "Mi hijo no pudo haber encontrado mejor nombre para la gatita..." pensó, mientras acariciaba a la minina. Estiró su brazo hasta la mesita donde se hallaba su teléfono. Ya era medio día. Le daba el tiempo de ir al hotel, ducharse, cambiarse de ropa… comer algo quizás, sentía un poco de hambre. Ver a su hijo e ir enseguida por Bella para llevarla a comer. Quizás podrían almorzar con Sam también. Así que con el dolor de su corazón, se movió, haciendo que la gatita levantara el rostro aún adormilado y maullara cuando Edward dejó la cama. Aun así, volvió a acomodarse para dormir. Edward volvió a sonreír "Lo que dije… igualita a su homónima…"
-¿Y?- preguntó Kate a Edward, cuando lo vio sonreír de forma diferente, después de haber jugado como un chiquillo con su hijo.
-¿Qué?-
-Otra vez… estás sonriendo Edward…- le indicó Kate, señalándole la sonrisa boba que cargaba en la cara.
-Es un lindo día…-
-¿Lindo día? Hablas como adolecente Edward, está oscuro y amenaza con lluvia… -
-Un adolecente enamorado- admitió él con algo de vergüenza.
-¿Está todo bien ahora con Bella?-
-Sí, creo que sí. Se está haciendo la difícil, pero es su estilo. Ah, y tiene al gatito para Steve-
-Se pondrá feliz-
-Kate, he estado pensando en que es el momento justo de poner al niño en una guardería o escuela, donde haga amigos, aprenda el idioma-
-Es un niño sociable, seguro estará encantado, yo también estoy de acuerdo, ¿Pero conoces a alguien que nos pueda guiar? Digo, he cuidado estos años a mi hijo y no lo he dejado nunca en una guardería… no quiero dejarlo con cualquiera…-
-Oye, buscaremos a alguien que nos ayude con eso, tampoco voy a dejar a mi hijo en manos de cualquiera. Averiguaremos bien antes de confiarle el cuidado de Steve a alguien, descuida-
-Ok, voy a vestir a Steve… este… ¿Quieres que llame Sam?- preguntó ella como si nada, tratando de sonar natural… pero Edward intuyó algo raro. La miró evaluándola y alzándole las cejas
-¿Quieres llamar a Sam?... Claro. Ahora voy por Bella, debe estar por salir… así que tu llama a nuestro amigo Sam, eh?-
-Ok- dijo, sin decir nada más, corrió hasta el cuarto para bañar y vestir a su pequeño, para evitar que Edward se burlara de ella. "Soy tan obvia… maldición".
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Bella salió pasado las dos de la tarde del restaurante. Edward la había llamado hacía cinco minutos, diciéndole que en instantes estaría ahí, así que ella decidió esperarlo afuera.
Se subió las solapas de su abrigo, pues corría viento y hacía frio. Enseguida miró su celular para percatarse si tenía algún mensaje, cuando una voz la distrajo.
-Hola-
-Thomas…- dijo ella, sorprendida. No lo esperaba ahí. No en ese momento.
-Venía para invitarte a almorzar…-
-Lo siento pero…- estaba explicando con nerviosismo, mientras él se acercaba demasiado a ella, cuestión que la comenzó a poner nerviosa –Tengo planes…- estaba diciendo, cuando el Volvo de Edward apareció en la calle y aparcó fuera del restaurante, donde ella se encontraba. Eso la terminó de poner nerviosa.
-Tengo que irme- dijo, intentando zafarse, antes que Edward bajara
-Oye, espera- dijo, reteniéndola por el brazo –Sé que me he comportado extraño… contigo… y no quiero que pienses mal de mí… sólo….-
-Está bien…- dijo ella muy, pero muy nerviosa.
-¿Me darás la chance de salir de nuevo conmigo?-
-No… yo no…-
-¿Bella?- claro, Edward ya había salido del auto como un rayo cuando vio a ese "tipo" sujetándola por el brazo. Bella lo observó con ojos muy abiertos, visiblemente nerviosa… ni siquiera estaba haciendo algo malo, "¡¿Por qué demonios estoy temblando de nervios?" Se lo quedó mirando, mientras Thomas seguía sosteniéndola del brazo aún, ahora observando a Edward también.
¿Y este quién es? Se preguntaban ambos hombres, que no dejaban de escrutarse con la mirada, mientras Bella rezaba que allí no pasara nada.
¡Auch!... ¿será en momento de que ambos caballeros saquen sus guantes de boxeo?..
Espero sus comentarios... Abrazos a todas! =)
