En cuanto me desperté me di una ducha, no me gustaba oler a borracho; me vestí solo con unos jeans y una playera negra sin mangas dejando descubiertos mis brazos que ya habían crecido bastante por cargar materiales, pero bueno, tome todo lo necesario y entre en la chimenea –Callejón Diagon – las flamas verdes me absorbieron dándome vueltas el estómago hasta que todo se detuvo, salí en la chimenea de la taberna de Tom que me miro sorprendido.

-Jimmy ¿Cómo estás? – me sonrió amable, la gente que estaba en el lugar en cuanto escucho mi nombre voltearon a verme.

-Hola Tom… bien gracias ¿y tú? – me sacudí la ceniza que me había quedado en la ropa mientras caminaba lentamente por el lugar.

-Bien muchacho, es placer verte – nos sonreímos y salude a todos aquellos que se me acercaron a darme la mano.

-Voy a dar una vuelta –.

-Ya sabes el camino – me señalo al pasadizo y asentí despidiéndome con la mano de todo mundo; los ladrillos se hicieron a un lado en cuanto estuve frente a ellos, no necesitaba mi varita siendo mi magia lo suficientemente potente para que la pared la sintiera con que solo la tocara.

El callejón apareció frente a mi recordándome el hermoso mundo mágico que había abandonado, sonreí encantado caminando lentamente observando las novedades aunque fundamentalmente me pegue al cristal de la tienda de quidditch donde en el escaparate se mostraba la hermosa Saeta de Fuego 100, toda una preciosidad diseñada para cazadores especialmente; suspire alejándome notando como los murmullos a mi alrededor comenzaban a aumentar a cada paso que daba pero no me importo demasiado, siendo hijo de quien era ya estaba más que acostumbrado.

Con paso calmado seguido por una pequeña multitud entre a la tienda de Ollivander; en cuanto la campanilla anuncio mi llegada pude escuchar en la parte trasera el movimiento –Buen día… – el anciano Ollivander se detuvo al verme y sonrió –… varita roble de 30 centímetros, flexible con núcleo de vena de corazón de dragón… hola joven Potter – me acerque sonriendo y le extendí la mano.

-Mi viejo ¿Cómo está? – apretó mi mano con firmeza aunque a su edad no pareciera tener esa fuerza, me sonrió con cariño.

-Mi querido muchacho… estoy bien, bueno, ya sabes soportando los achaques de la edad – se rio un poco.

-Debería tomar vacaciones –.

-Muchacho este lugar es mi paraíso – asentí, siempre decía lo mismo –Bueno ¿Qué te trae por aquí? Porque supongo que no es una visita simple ¿cierto? – lo mire sonriendo y lentamente saque de mi bolsillo trasero los pedazos de mi varita –Una preciosidad partida… el roble es resistente no entiendo cómo pudiste hacerle esto – me miro cuestionándome.

-Pues… la magia de mi hijo es bastante más potente y es un poco temperamental – sonreí y me miro sorprendido.

-Así que por eso desapareciste – susurro y yo asentí, enseguida sonrió –Se nota que tiene el carácter de un digno heredero Potter – ambos nos reímos –Tu tranquilo, tengo una perfecta para ti… creo que es del mismo dragón su núcleo – desapareció entre sus estantes.

Escuche como movía varias cajas y lo mire sorprendido al verlo regresar con varias cajas en sus brazos –Creí que ya sabía cuál era la perfecta para mí – lo ayude a ponerlas sobre el mostrador.

-Mi muchacho no olvides que la varita escoge al mago – asentí sonriendo y sostuve una varita que me entrego, no pasó nada ni una chispa pero el sonrió –Esa es la hermana de tu varita – me reí asintiendo dejándola sobre el mostrador, provee tres varitas más hasta que saco otra de una caja bastante polvosa –Esta la he guardado por mucho tiempo… pensé que no habría alguien indicado para ella pero uno nunca sabe ¿cierto? – asentí y la tome de entre sus manos, una calidez inundo mi cuerpo mientras podía sentir la varita vibrar entre mis dedos –34 centímetros de roble blanco, bastante más flexible que la anterior y su núcleo es de vena de corazón de dragón de Colacuerno Húngaro… es la prima de la varita de Sirius Black – me sorprendí al escuchar sus palabras –A mí no me sorprende… puedes tener casi el rostro idéntico a tu abuelo pero todo tu carácter es del joven Black – sonreí –Aunque aún me pregunto quién será el indicado para la varita hermana de tu abuelo – suspiro mientras ya guardaba las demás varitas en su caja.

-¿Aun nadie se la ha llevado? – pregunte sorprendido.

-No… tu hermano Albus estuvo muy cerca pero era demasiado potente para él, a tu hermana Lilly la indicada fue la prima de la varita de tu abuela paterna y hermana de la varita de tu abuela materna… la hermana de la de tu abuelo Arthur la tiene Hugo –.

-¿Y la de Rosie? –.

-Mmmm… 26 centímetros de olmo, firme con núcleo de cabello de unicornio… es la prima de la de tu madre – sonreí bajando la mirada –Espero llegar a ver a tu hijo cruzar por esas puertas… aún tengo la curiosidad de saber si él es el indicado – sonreí; nos despedimos y le pague la varita para luego salir al callejón que lucía más concurrido de lo que lo había dejado, enseguida reconocí varios rostro de la escuela que me miraron algunos sorprendidos y otras babeaban mientras caminaba hasta la tienda de quidditch, no pude resistirme.

Nos encontrábamos todos corriendo de un lugar a otro en un lugar que no diré cual es… aun; mi sorpresa fue grande al encontrar a todos mis tíos varones ahí trabajando bajo las ordenes de Victorie y Dominique, Lilly y Hugo reían haciendo algo a lo muggle, casi me espante al ver a Dan y Susan jugueteando ahí también ayudando en todo pero mi sorpresa fue mayor al ver a mi padre trabajando junto a mi tío Ron subidos en unas escaleras colgando un letrero.

-Harry más arriba – tío Ron parecía perder el equilibrio pero se mantenía firme.

-No me presiones Ron… no soy ni alto ni tan joven como antes – ambos se miraron las pocas canas que ya comenzaban a asomarse entre sus cabellos y soltaron una carcajada, como antes cuando no querían asesinarse mutuamente por nuestra causa.

Ayude en lo que pude pero cuando al fin todo estuvo listo observe que el tío Ron estaba en el balcón mirando en silencio el bosque prohibido, me acerque a el –Hola – me volteo a ver en cuanto escucho mi voz.

-Hola James – respondió con simpleza, por primera vez en todos estos meses no intentaba matarme con la mirada ni con la varita –Quieres hablar conmigo ¿cierto? – yo solo asentí preguntándole con mi mirada si podía y el suspiro asintiendo.

-Quiero hablarte pero no como mi tío o mi padrino sino como el mejor amigo de mi padre – me miro de reojo dejándome ver que me escuchaba –Lo lamento… – me volteo a ver sorprendido, era difícil que un Weasley se disculpara y más un Potter Weasley éramos tercos por naturaleza –Lamento haber roto tu confianza… no solo en mi sino en tu hija también… lamento no haber respetado que fuera tu hija, eres el mejor amigo de mi padre y como tal tenía que… que… alejarme de ella – suspire, en verdad que costaba decir todo esto.

-Lo entiendo, bueno, un poco… siempre tuvieron una relación especial, al principio pensé que era la mía con tu madre pero con el tiempo lo note – lo mire con duda y sonrió levemente –Note esa magia explosiva tan parecida a la que yo tenía de joven con Hermione – sonrió con un poco de nostalgia –Éramos idénticos hasta en los gritos solo que en ustedes había algo diferente… tal vez por el carácter de ambos – sonreí sorprendido y soltó una carcajada al ver mi rostro –Ey, que no soy tan descuidado como dicen… bueno, a veces – sonrió.

-Lo de la revista… yo… –.

-Tranquilo, ya entendí que no están juntos aunque están juntos… es muy raro – me miro confundido y sonreí un poco suspirando –Debo suponer que la chica es tu nueva conquista ¿cierto? – me miro de reojo.

-Yo no la llamaría conquista solamente… ella es especial pero no como… – me quede en silencio al recordar con quien hablaba, era raro hablar con el de esto.

-Me paso lo mismo… con Lavander… era una gran chica y llenaba un poco el vacío pero no era la chica ideal ¿entiendes? – asentí suspirando.

-Yo quiero que vuelvas a ser el compañero de mi padre – me miro mientras yo veía las estrellas que comenzaban a salir lentamente –Yo no… nosotros jamás quisimos romper a la familia pero… – sonreí con ternura recordando el mejor momento de mi vida –… la verdad, desde el primer momento que escuche su corazón hacer pum pum y lo vi como un simple cacahuate… dejo de importarme – lo mire esperando que me entendiera o sino el golpe en mi rostro pero este no llego.

-Lo entiendo…eso es porque estas madurando James… es en ese momento en que entiendes que TU familia es Rose y él bebe, que solo ellos importan y que solo por ellos debes responder con tu vida – me palmeo el hombro –Y por eso estoy orgulloso… aunque me cueste aceptarlo no podría escoger a nadie mejor para que cuidara a mi niña – yo estaba simplemente en la luna por sus palabras pero le sonreí agradecido –Pero eso no quita que quiera asesinarte por embarazarla… –gruño levemente –… pero ya nada se puede hacer ¿cierto?... ya vine – al decir las últimas palabras pude ver un brillo en sus ojos que no conocía.

-¿Recuerdas cuando me llevaste a pescar? – susurre, ambos mirábamos al cielo donde el sol estaba terminando de ocultarse.

-Si – se quedó un momento pensando –Nunca lo volvamos a hacer, por favor… fue horrible – sonrió con cierta aversión y yo asentí con una mueca.

-Sí, nefasto prefiero ir a las luchas – el asintió –Pero ¿recuerdas lo que siempre decía tía Hermione? – me miro con cierta duda y sonreí –No vayas contra la corriente; es imposible, doloroso y la mayoría de las veces solitario… mejor deja que ella te lleve y pescaras más sin forzarlo… creo que quería enseñarnos algo aparte de atrapar peces, creo que quería que fuéramos menos Weasley – suspiro asintiendo.

-Tu tía siempre tan inteligente… y yo tan descuidado – sonreímos.

-Te traje algo – susurre buscando en el bolsillo de mi pantalón, me miraba de reojo pero no por completo así que solo le puse el sobre en sus manos –Rosie te ama… eres su papi pase lo que pase y eso no cambiare por más que pasen los años, se bien que tu sientes igual – me miro y me di la vuelta para entrar al lugar –Sin duda lo necesitaras para el álbum familiar – susurre esto último mirando de reojo el sobre cerrado que aún tenía en las manos; sin más entre dejándolo solo pero de reojo vi como abría el sobre y sus ojos se llenaban de lágrimas mientras sonreía con ternura, era una foto de Rosie de pie con su gran panza por delante conmigo hincado frente a ella abrazándola pero recargando mi rostro sonriente sobre mi bebe y la otra era uno copia de uno de los últimos ultrasonidos del cacahuate en el que parecía saludar pero donde era evidente que sexo tendría, es la copia de la imagen que me dieron a mi cuando me dijeron que seria.