DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes del magnífico anime y manga INUYASHA me pertenecen, pero la historia es completamente mía, así que cualquier tipo de plagio está prohibido.

********AMANE2306********

LA MIKO DE LAS CUATRO ALMAS

CAPITULO 36

Nota. Lean por favor la propuesta que les hice finalizado el capitulo.

Vio pasar frente a ella una pequeña calderilla que despedía un humo opaco de la boquilla, tenía un olor amargo y picante, pero mientras más lo respiraba mas se sentía relajada. Aun sentía varias manos, algunas con garras otras no, tocarla en varios sectores, en sus brazos, sus piernas, su pecho, su vientre… ¿Estaba en shock? No podía pensar bien, ni siquiera le importaba quienes la tocaban, solo recordaba una y otra vez el momento en el que Hotaru con su rostro consternado le había dicho que estaba preñada. ¿Cómo había pasado eso?... la respuesta era lógica. La pregunta original que estaba martirizando a la azabache era ¿Cómo ella no se dio cuenta de nada? ¿Ella que podía sentir el reiki o youki a kilómetros de distancia, no se había percatado que llevaba una vida dentro?

¿Tal vez era una falsa alarma, y por ende no existía un embarazo ni tampoco un aborto? Las veces que se había acostado con Sesshomaru ella estaba segura que no estaba en días fértiles, entonces ¿por qué? Ella no podía embarazarse en momentos como esos, era imprudente y estúpido, aunque ahora probablemente ya no…

La idea la abatió y el estrés volvió, hizo un esfuerzo en prestar atención a su entorno, desvió sus adormilados ojos por la estancia y vio a la anciana okami que la había confundido con Tsuki limpiarle las heridas de los brazos con una tela blanca ya bastante manchada de sangre. La mujer se veía preocupada mientras frotaba las costras de las heridas que ya casi ni se notaban, solo había unos rasguños amoratados en donde antes podía verse la piel abierta y sangrante.

Miro al otro lado y vio a Hotaru, su pequeña dama de compañía hacer lo mismo con sus piernas mientras algunas lágrimas se le resbalaban por las mejillas.

-Hotaru. –Susurro, y se sorprendió a si misma cuando la voz salió rasposa y tan leve que dudo que alguien pudiera escucharla, pero la pequeña lo hizo, alzo sus enormes y lagrimosos ojos y sonrió aliviada.

-Me alegra tanto que este despierta Kagome sama. –Dijo la pequeña dejando su labor de limpiar las heridas para acercarse hasta quedar sentada al lado de su rostro. –Ha estado en trance por algunas horas, estaba despierta pero no parecía responder cuando le hablábamos. –Conto preocupada. –Inuyasha casi derrumba la cabaña cuando le dijimos que no podía entrar. –Sonrió con un brillo ansioso en sus ojos.

Kagome quiso preguntarle muchas cosas pero su lengua parecía entumida. -¿Qu…e?

-¿Qué paso? –Le ayudo a complementar Hotaru, la azabache asintió una vez de forma torpe.

-La invasión termino, al menos por ahora, los exterminadores están barriendo la zona y el ejercito del Norte se está movilizando, este ataque fue sorpresivo nadie lo esperaba, hay rumores de que también hubieron en otros puntos, pero aun no está confirmado. El líder del clan de exterminadores aun esta aquí, quiere hablar con usted pero le dije que tendría que esperar a que se recuperase, al parecer hay algunos asuntos confidenciales que tienen que discutirse, al menos eso le oí decir al ningen cuando Inuyasha le exigió que le dijera todo lo que sabía.

Kagome sabía que todo aquello era de suma importancia, porque además estaba ligado con su misión, pero oyendo hablar a la nerviosa Hotaru se dio cuenta que solo quería saber algo, la miro a los ojos esperando su comprensión que no tardo en llegar cuando la pequeña volvió a derramar algunas lagrimas.

-Kagome sama estaba preñada. –Confeso la menor, el corazón de la azabache comenzó a bombear con fuerza despertándola de su aletargo. –Creemos que perdió al cachorro, intentamos escucharlo o sentirlo pero la pequeña y débil energía que sentí cuando la revise se evaporo como si ya no estuviera en este mundo… lo siento tanto, si lo hubiera sabido hubiera hecho lo imposible porque usted no viniera a estas tierras arriesgándose de esa forma. –Sesshomaru sama… cuando se entere…

-N…o –Pidió la azabache apenas, la voz ya no le salía, y ni siquiera era porque se sentía adormecida, el aire se había ido de sus pulmones y una enorme piedra se instalo en medio de su pecho imposibilitando cualquier palabra, solo un acido quemante quería salir de su garganta, se sentía impotente de no poder llorar a voluntad por su maldita condición, solo las lagrimas se arremolinaban en sus ojos impidiéndole la visión, ya ni siquiera oía nada, solo sus quejidos internos de culpa, remordimiento, pena y mucha, mucha tristeza.

¿Cómo habría sido? ¿Se parecería a él? Hubiera sido la cosa más hermosa, lo hubiera amado incondicionalmente, solo de imaginarlo le dolía, le quemaba, la torturaba.

Abrió los ojos nuevamente dándose cuenta de que estaba sola, el humo aun escapaba de la boca de la calderilla pero ya no le hacía ningún efecto, deslizo sus manos por sobre el futon improvisado e impulsándose de sus codos logro sentarse produciendo una fuerte punzada en su bajo vientre. Vio sus ropas renovadas, un nuevo atuendo de okami mas cerrado, que le cubría desde los senos hasta media pierna, ajustado en el pecho pero suelto en el área del vientre y caderas, no podía ver su estomago, quería tocar su piel para saber si hay había algo, pero se negó a si misma a hacerlo, sería más doloroso aún comprobar que donde alguna vez existió algo tan hermoso ahora no había nada ¿Sesshomaru la odiaría?... probablemente, ella misma ya se odiaba.

Toco la piel de sus brazos desnudos notando que las heridas amoratadas ahora solo tenían un tono rosa suave, poco a poco su cuerpo se iba recuperando, aunque muy lento, era de esperarse, había gastado demasiada energía purificando que había desvalido a su propia integridad.

-Inuyasha. –Murmuro muy quedamente, porque la voz aun no le salía normalmente.

Como si hubiera gritado su nombre a todo pulmón su amigo peliplata derrumbo la puerta improvisada y entro a tropezones hacia ella.

-¡KAGOME! –Grito alarmado. –¿Te duele algo joya? ¿Tienes hambre? ¿A quién quieres que golpee? –Pregunto a la apurada mientras se acercaba a ella muy, muy cerca y la miraba detenidamente para saber si algo andaba mal. –¿Estas enferma? ¿T…tee te duele? –Pregunto un tanto incomodo mirando por un fugaz segundo su vientre.

Había pena en sus ojos, una verdadera y sincera lastima, Kagome volvió a sentir que las lágrimas la invadían. –Inuyasha es mi culpa. –Susurro con todo el dolor del alma, mientras le pasaba los brazos alrededor de su cuello, el se tenso incomodo pero la dejo reconfortarse, sosteniéndola de una mejor forma logro sentarla sobre sus piernas de manera paternal, mientras con una mano le daba pequeños golpecitos en la espalda y con la otra mano le acariciaba el cabello azabache.

-Tendrás muchos más cachorros en el futuro. –Susurro quedamente.

-No digas nada. –Pidió ella escondiendo su rostro entre el haori rojo y el cabello platinado.

Inuyasha la abrazo aun más y guardo silencio mientras ella lloraba quedamente mojando con sus lágrimas su hombro.

…..************….

Aquella era una reunión improvisada, habían dispuesto de una de las cabañas más grandes de la aldea, y una de las pocas que aun se mantenían en condiciones para ser habitable. Encabezando la reunión se encontraba Inuyasha que mantenía en su regazo de forma protectora a su amiga y cuñada que no se había despegado de él desde que había sido consciente de todo, al lado de Inuyasha se encontraba Hotaru, que estaba encargada de cualquier cosa que se le pudiera ofrecer a su señora, y al otro lado Koga como señor del Norte, frente a ellos estaban Kuso y Zia del clan de los exterminadores que al enterarse de lo que había pasado no podían evitar la incómoda y penosa situación que los había hecho convocar esa reunión a pocas horas de que la señora del Oeste se levantara.

-Lamentamos convocarla de esta forma Kagome sama, Sesshomaru sama no está en estos momentos y usted es su compañera, no sabíamos con quien más tratar estos asuntos urgentes. –Explico Kuso.

Kagome asintió aun en silencio, no se le daba bien aun hablar y quería evitarlo lo menos posible, además que debes en cuando tenía que resistir las lágrimas que se le escapaban y creía que hablando aquello seria más difícil.

-Como acordamos con Sesshomaru sama, hemos vigilado las fronteras esperando el momento en el que se debele de donde provenían los ataques, hace algunos días nos dimos cuenta que todo parecía concentrarse en el Este.

-El cuerpo de Kagome se sacudió de pánico. –Sesshomaru… él esta. –Pero las palabras dejaron de salir cuando las lágrimas quisieron presentarse, Kagome respiro con fuerza y oculto unos segundos su rostro en el hombro de Inuyasha mientras intentaba disimular su estado emocional, respiro un par de veces más en un tenso silencio y volvió a mostrar su rostro serio pero abatido.

-Mandamos un mensajero al Oeste informando de todo, no sabíamos que los señores no se encontraban allí. –Explico Kuso un tanto tenso.

-Madre se encargara de lo que sea necesario. –Contesto ella, sabiendo de antemano la potente fuerza de Irasue a la hora de hacerle frente a los problemas.

Kuso asintió. –Hay un nuevo problema, los días en los que seguimos a esta horda de youkais al Norte, nos vimos con los destrozos que causaron en varias aldeas, muchas de estas eran de humanos, quedaron hechas cenizas, los daimio han empezado a tomar cartas en el asunto, los humanos han levantado armas, no sabemos en qué momento comenzara todo, pero Zia se ha logrado internar en una de las casas nobles y sabe de buena fuente que todo podría ocurrir en los próximos meses, esta vez no podemos confiar en que podemos detenerlos, se ven bastante hostiles a cualquier tipo de acuerdo, me temo que podría ser la segunda guerra humano-youkai.

Kagome asintió aun en silencio. –¿Algo más? –Pregunto ausentemente.

Kuso quiso seguir hablando pero la mano de Zia sobre la de él lo retuvo. –Nada más Kagome sama. –Contesto Zia tímidamente. Desde que había llegado y la había visto, no se había atrevido a hablarle cuando la vio embargada de pena, y viéndola ahora, agotada, abatida y ausente creyó correcto evitarle más pesos a su mente, ya había pasado por mucho en tan pocas horas, que sería cruel seguir poniéndole más preocupaciones encima.

-Inuyasha sácame por favor. –Pidió la azabache a su amigo agarrándose más fuerte de él, mientras él la levantaba como si fuera una frágil flor. Kagome oculto nuevamente su rostro en el pelo plateado imaginando por un instante que era su pareja.

Ambos amigos salieron de la semiderruida cabaña y sorteando los caminos en donde aun se seguían levantando cuerpos llegaron a una pequeña colina que colindaba con un prado que se había salvado casi en mayor parte del fuego. Inuyasha se sentó sobre la hierba y la acomodo en su regazo como a una niña pequeña.

Kagome miro los pequeños rayos de sol que se escapaban de entre las sombrías nubes y recordó la escena de la muerte de Kikio, en esa entonces ver a Inuyasha cargando, besando y llorando a Kikio le había partido el corazón, porque en ese momento había aceptado definitivamente que era la otra, siempre lo había sido, ella era la suplente, la que se había metido en aquella trágica historia de amor de esos dos, se sintió miserable por sentir pena por Kikio y al mismo tiempo porque por un instante, uno pequeño y diminuto pero existente, pensó que ahora ella sería la única, la principal, y eso la carcomió por dentro, se dio cuenta que no era tan buena como todos decían y tal vez fue en ese momento que todo empezó a cambiar con su amigo, darse cuenta de cuan egoísta se había vuelto por su absurdo interés amoroso por Inuyasha le mostro una realidad diferente, una en donde ella no se vería compartiendo la vida con él, al menos no como pareja, no estaba en su destino.

-Inuyasha ¿te sientes solo? –Pregunto ella aun perdida en el paisaje. Sabía que en aquella otra línea de tiempo, su amigo había vivido muchas cosas terribles, mucha soledad y el golpe final que lo convirtió en el ser huraño que conoció en un principio fue la traición de la supuesta Kikio. Pero ahora era diferente, Inuyasha era diferente al del otro tiempo, Sesshomaru también, todo era diferente.

El pareció meditarlo unos instantes. –No. –Contesto rotundamente. –Gracias a ti ahora tengo una familia, está el idiota de Sesshomaru, la madre del idiota que realmente me da miedo pero a quien respeto, estas tu y… ella… la malcriada. –Contesto algo nervioso.

-¿Hotaru? –Pregunto la azabache.

-¡Si ya lo sabes para que preguntas! –Contesto a la defensiva, para luego relajarse nuevamente.

Kagome soltó una breve risa ante la actitud de su amigo, para luego volverse a sumir en la profunda tristeza.

-Sabes, me hubiera gustado conocerlo… yo, ni siquiera sabía que estaba ahí. –Comento ella con la voz entrecortada apoyando su cabeza en el pecho de su amigo.

Inuyasha no contesto, no sabía realmente como hacerlo y todas las cosas que se le venían a la mente le parecían inapropiadas, así que prefirió guardar silencio.

-¿Crees que Sesshomaru me odie? –Pregunto aunque su voz denotaba que estaba segura de ello.

-Nunca. –Contesto Inuyasha. –Para ese idiota tu eres lo más importante, y a pesar de que paso lo que paso, tu no sabias nada, no te eches la culpa Kagome, porque no solo te haces daño a ti, si no a todas las personas que te queremos.

Kagome volvió a derramar varias lágrimas mientras asentía poco convencida, no podía quitarse la culpa de encima, y hasta que viera a Sesshomaru de frente estaría con el miedo a su reacción, a la decepción y rencor que vería en sus ojos.

-Si te pidiera que me saques de aquí… ¿lo harías? –Inuyasha la miro con seriedad. –Temo que me he convertido en una cobarde, y en estos momentos solo quiero huir de su reacción. –Confeso.

-Sinceramente no me gustaría arriesgar mi pellejo a la ira de Sesshomaru si es que te llevo lejos, pero si tú me lo pides lo hare. –Dijo con convicción pero se le notaba preocupado.

Kagome sonrió y paso su mano por la mejilla de su amigo en un gesto tierno. –Muchas gracias, eres el mejor amigo que podría existir.

Kagome volvió a apoyar su cabeza en el pecho y cerró los ojos para sumirse en un profundo sueño, no huiría, pero por algún motivo había querido escuchar que había un escape, que podría correr si quisiera, que podría olvidar, huir, ignorar todo el dolor. Había sido una linda ilusión, porque ella nunca podría escapar de su destino.

…**************…

Por algún motivo que no podía explicarse llovía copiosamente, su ropa se sentía pesada, sus pies se arrastraban sobre el fango y sentía mucho frio. Tenía la impresión de que hasta hace unos minutos el sol estaba en lo alto, y ahora mirando al cielo nocturno solo veía nubarrones oscuros, truenos tan cercanos que cualquiera de ellos podría caerle encima, y lluvia muy fría junto con el vaho que se escapaba de sus labios al respirar.

¿Cuánto tiempo yacía deambulando como una zombi? Parecía ser su limbo personal, su infierno, su yomi. Dejando de observar el cielo oscuro y nublado miro el paisaje de muerte, lanzas atravesando cuerpos incrustados en la tierra húmeda, katanas desperdigadas en el suelo o sobre los cadáveres, flechas apuñalando centenares de guerreros ahora caídos en batalla, youkais, humanos, sagrados, todos muertos.

Kagome caminaba por un camino de cadáveres, el olor a putrefacción inundaba el área, apretó su mano derecha en un puño y noto un arco viejo y maltrecho en esta. Al fin pudo darse cuenta de sus ropas de Miko, el blanco y el rojo, roto, desgastado y manchado de sangre. –¿Sesshomaru? –Lo llamo en un susurro marchito de emociones.

Como si los cuerpos hubieran sido conscientes de su voz la miraron, todos con sus ojos lúgubres sin ningún rastro de vida enfocaron sus ojos sangrantes en ella, sonrieron desprolijamente dándole una sensación de repugnancia y terror absoluto. "Libéranos" susurraban una y otra vez, tiesos como estaban clamaban corrosivamente por sus almas.

Kagome se detuvo en su sitio aterrorizada por su destino "¿Acaso este es mi fin? ¿En esto me convertiré?" ese era su infierno. Esferas brillantes de varias tonalidades oscuras empezaron a surgir de los caídos, flotaron suspendidos sobre sus dueños esperando una señal, una acción, Kagome no se movió, no quería hacerlo, estaba cansada, y aquello que pasaría dolía mucho, ya no quería hacerlo más, quería irse de ahí, ser libre, ser feliz.

No supo cuanto tiempo estuvo parada, atenta y en vigía, esperando como portal que se niega a abrir sus puertas. La lluvia se hacía más pesada y sus piernas temblaban por la debilidad, no aguanto más y dio un paso torpe hacia adelante, fue su descuido. De pronto todas aquellas esferas que parecían infinitas arremetieron contra ella, le traspasaron el alma quitándole y absorbiendo su propio reiki para transformarse en luz, pureza y paz. Dolía mucho, era insoportable, cada esfera era una katana, una flecha, un puñal, era todo lo inimaginable y más. "¿Por qué dolía tanto? ¿Acaso esto no es un sueño?"

Sintió que sus pesados pies ya no tocaban el suelo, estaba flotando algunos centímetros por encima del lodoso barro, abrió los ojos que se había obligado a cerrar por el dolor y vio a su salvador acercarse con ese aire aristocrático, el no parecía notar los cuerpos desmadejados horrorosamente, solo la miraba a ella, venia seguro de sí mismo, y en sus ojos pudo verlo, había ira, pena y desasosiego.

La lluvia se detuvo y el cielo fue despejándose mostrando una enorme luna roja, Kagome saludo a la belleza en el cielo con una sonrisa, perdida en ese brillo rojo sangre.

Aun sin mirar a Sesshomaru y pérdida en la enorme luna vocalizo las palabras que invadían su mente. –¿Llego la hora?

-Hm –Contesto él de forma seria, pero había algo mas en ese tono que ella creyó sentir.

-¡Hazlo! –Ordeno ella de forma contundente sin atreverse a mirarlo, su vista solo en el cielo oscuro y sangriento.

No escucho más que un chasquido y un duro golpe, Kagome espero ya no ver nada mas, pensó que era su fin, fue consciente que aun no había acabado cuando sus pies tocaron el suelo nuevamente, miro su pecho esperando ver sangre, pero solo vio sus ropas de Miko tal y como siempre estuvieron, miro al frente esperando no encontrarse con algo malo, pero tuvo que cubrirse los labios para no gritar cuando el estomago de su compañero tenía un enorme aguajero sangrante y el parecía tan calmado como si no le doliera ni estuviera sufriendo. –¿Sesshomaru que paso? –Pregunto horrorizada y tambaleante.

-Es tu culpa. –Sentencio él apuntando hacia el vientre de ella.

Kagome negó para sí misma, toco su vientre protectoramente y sintió la calidez de la sangre, se miro hacia abajo y vio que nuevamente había mucha sangre en ella, tanteo su vientre buscando heridas pero nada parecía estar mal a excepción de que la sangre seguía saliendo extrañamente.

-Este es tu destino, tu profecía. –Escucho.

Todo su mundo comenzó a dar vueltas y ella solo pudo gritar con todas sus fuerzas.

….***********…

-¡DESPIERTA! ¡KAGOME DESPIERTA! –Inuyasha estaba preocupado, de pronto su amiga había caído en un profundo sueño y él había decidido mantenerla protegida y quieta para dejarla descansar, cuando unas pocas horas después ella había abierto los ojos y mostrado unas pupilas rosas que parecían brillar como perlas mágicas, comenzó a murmuras cosas sin sentido y su cabello azabache había empezado a gravitar de forma anormal. El la había sacudido tratando de no ser muy brusco, le había gritado para quitarla de su trance, pero ella parecía haberse perdido en otro mundo por varios minutos en donde el casi se vuelve loco intentando traerla de vuelta.

-¿Inuyasha? –La vocecita rasposa de Kagome le dio uno de los mayores alivios de su vida, escucharla hablar como ella misma le dio un respiro de tranquilidad, sus ojos chocolate con motitas habían vuelto a ser los de antes y su cabello caía en ondas ligeras hacia la hierba húmeda.

-Casi me matas del susto, estaba considerando seriamente tirarte lejos, de pronto eras como un maldito fantasma, murmurando cosas terroríficas sobre lunas sangrantes. –Se quejo él levantándose aun con ella en brazos para volver a la aldea.

-Inuyasha detente. –Pidió ella con la preocupación bailando en el rostro. El peliplata menor se detuvo y miro en dirección en donde ella había perdido su temerosa vista, el mismo se quedo de piedra cuando vio a su hermano frente a ellos, los colmillos salidos, el rostro a medio convertir, ojos de un rojo intenso, y sangre, mucha sangre bañando sus siempre impolutos kimonos.

-Suéltala. –Gruño tan fuerte y con tanta saña que sus instintos le gritaron que haga caso y salga corriendo. Trago grueso y sostuvo con una seguridad que no tenía a su amiga, el no era un cobarde y no la dejaría sola.

-Suéltame. –Pidió Kagome jalándolo de la manga de su haori.

Inuyasha negó, temía lo que podría pasar si lo hiciera.

-¡KAGOME! –Grito Sesshomaru sorprendiendo tanto a Inu como a la azabache. El nunca la había llamado directamente por su nombre, Kagome tembló en los brazos de su amigo, pero comenzó a revolverse un poco para que la soltara.

Inuyasha aun shockeado por la ira que derramaba Sesshomaru en toda el área fue dejando a la azabache muy despacio en el suelo sobre sus pies, ayudando aun así a sostenerla de los brazos para que no pierda el equilibrio.

-No la toques. –Gruño nuevamente Sesshomaru, sin moverse ni un poco de su sitio.

Inuyasha maldijo entre dientes e intento soltarla muy despacio esperando que ella pudiera mantenerse en pie, cuando pudo comprobar que así era se alejo unos pasos.

-Ven. –Ordeno Sesshomaru.

Kagome tembló en su sitio, estaba débil aun y lo peor de todo, se sentía una cobarde. Dio un paso de prueba frunciendo el ceño cuando la embargo una punzada en el bajo vientre, tomo aire con valor y comenzó a dar pequeños pasos débiles y poco agraciados, con cada paso que daba Sesshomaru gruñía histérico, el aun no se movía, era como si esperara confirmar algo.

Cuando Kagome pudo alcanzar la prudente distancia de un metro de él, lo miro con detalle, desde su distorsionado rostro por la presencia de Yakko hasta sus pies en donde se veían manchas de sangre seca.

-¿Estás bien? –Pregunto ella con vergüenza y miseria, no podía mirarlo a los ojos, pero quería estar segura de que no había sufrido daños de gravedad.

El no contesto, sin embargo aspiro con fuerza el aire, ella sabía porque lo hacía, y temió más.

-¿Dónde está? –Pregunto gruñendo aun con más rabia.

Ella se tenso y fingió no entender del todo. –¿Quien Sesshomaru? –Pregunto tentativamente mientras una nueva punzada la embargaba del dolor que intentaba ocultar.

-Mi cachorro. –Contesto con ira refulgiendo de su voz mientras los colmillos se alargaban un poco más y las garras de sus manos atravesaban su propia piel formada en puños.

Kagome se derrumbo en llanto nuevamente, ella esperaba que él no supiera nada como ella, pero él lo había sabido siempre, la culpa creció aun mas mientras se abrazaba a sí misma y comenzaba a negar repetidamente.

No supo cuantos minutos habían pasado, cuando sintió el calor de sus brazos sostenerla y apretarla hacia él, fue delicado y gentil y ella gimió mas angustiada. –Lo siento tanto. –Lloro amargamente, sintió que el rostro de su amado se apoyaba en el hombro de ella y aunque no se veía nada lo sintió tenso y derrotado. –Lo siento tanto. –Volvió a gemir entre sollozos.

Una punzada más fuerte que ninguna le quito el aire logrando que sus pies se doblen débilmente, siendo sostenida por él que la apretó contra su pecho.

Kagome se arrimo a su pareja sintiéndose extraña, algo había pasado y era diferente ahora.

Su mano instintivamente fue bajando hasta llegar a su vientre en donde algo se sentía raro, dolía mucho, pero había algo, ella no podía estar equivocada, lo había sentido, una pequeña corriente de energía muy rara había chispeado ahí adentro y luego se había extinguido casi al instante.

Sesshomaru aspiro nuevamente el aire sobre la piel de su cuello y un alarido de alivio escapo entre los gruñidos. La levanto entre sus brazos y se encamino a la aldea.

Kagome lloro una vez más.

CONTINUARA…

Lamento la demora, saben a veces uno se pone una meta o un tiempo para subir los capítulos, pero como muchos seguramente saben, nosotros no controlamos lo que nos pasa o al mundo.

Pues bueno, he estado pasando por un largo periodo de cero inspiración y cien depresión. Verán, al principio sentí que no podría hacer este capítulo, pero realmente me esforcé mucho, no me gusta decepcionar a los que confían en mí, y aunque he tardado un poco he dado lo mejor de mí para continuar, y seguiré haciéndolo, solo sean tolerantes conmigo.

Creo que voy aprovechar este fugas momento de inspiración y escribiré como si fuera mi último día. Propondré una maratón de tres capítulos si recibo más de cuarenta reviews (con los muchos que leen este fic, eso sería menos de lo mínimo) espero recibir sus reviews.

Besos a todos, y sepan que leo sus reviews, solo que muchas veces no tengo la oportunidad de responderles, pero lo hare, gracias por su apoyo.

Posdata. No se ustedes, pero yo no pude matar al cachorrito(a)