Ohayo! Lamento nuevamente la demora, mi vida realmente se confabula para que yo no pueda publicar de manera más seguida, espero de verdad no hayan olvidado mi historia que aunque se ya deben haber olvidado que paso en capítulos anteriores espero disfruten esta nueva actualización.

Kishimoto es dueño de todos los personajes aquí usados, excepto por supuesto de los que son mi creación para darle más vivacidad a mi historia.

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Cap. XXXV. Su Lugar en el Mundo.

Un suspiro escapo de sus labios aguantando el gemido de dolor que quería escapar por su garganta, sabía que él se preocuparía si la escuchaba por lo que intentaba mantener al mínimo sus expresiones de dolor.

"Es tan incómodo" Pensó apoyándose totalmente en el espaldar de la gran cama, sintió como el sudor frio bajaba por su frente y se limpió intentando regular su respiración antes de que el pelinegro volviera a la habitación.

Sintió una nueva puntada de dolor en todo su bajo vientre y no pudo contener el quejido que escapo a través de su garganta, abrazo el lugar donde había empezado el dolor hundiendo su rostro entre las rodillas, cada respiración hacia que le doliera un punto diferente de su abdomen.

-Debe dejar de doler- Jadeo intentando enderezarse nuevamente, apoyo su cabeza en la madera fría e intento concentrarse en la decoración de la que sería su nueva habitación, una habitación que compartiría con el pelinegro.

Una sonrisa adorno sus labios al tiempo que sentía el calor aumentar en sus mejillas, era sorprendente lo que había hecho con solo unos días de anticipación, aquella casa era realmente una maravilla.

Sus ojos recorrieron aquellas paredes de color crema, un gran mueble color caoba estaba en una de las paredes con gran florero color plomo adornando esa esquina, todo el piso estaba alfombrado de un claro tono de vino tinto con un diseño abstracto en líneas negras, las puertas dobles del gran closet estaban junto al mueble caoba, un gran televisor colgaba justo frente a la cama y bajo este un mueble largo de caoba y blanco, un espacio para colocar algunos adornos pero, estaba vacío y para terminar junto a la puerta principal una peinadora totalmente blanca perlada con una gran cantidad de perfumes y diferentes tamaños de joyeros todo extendido sobre un delicado mantel de seda color vino tinto.

Sonrió nuevamente sintiendo una oleada de ternura recorrer cada centímetro de su cuerpo, nunca habría imaginado que el pelinegro pudiera llegar hasta ese extremo con tal de hacerla sentir cómoda.

-Hinata?- Una suave voz sonó al otro lado de la puerta obligándola a emitir un ligero sonido dándole a entender a su invitada que podía entrar en la habitación, reconocería aquella voz hasta el último día de su vida.

-Otosan…- Murmuro suavemente al sentir como la puerta se deslizaba suavemente sobre la gruesa alfombra de la habitación, suspiro tranquila al ver la imponente figura de su padre ante ella, en las facciones de su rostro podía leer la preocupación que aquella situación le causaba obligándola a bajar su mirada hasta el suave juego de sabanas que cubría gran parte de su cuerpo.

-Estas bien aquí?- La pregunta salió forzada de la boca del castaño sorprendiendo a su hija mayor, esta lo miro reflejando la confusión en sus siempre expresiones ojos. –Me refiero a que si consideras que aquí te sentirás cómoda…- Explico viendo como el cuerpo de su hija se relajaba y se apoyaba nuevamente en el gran espaldar de madera, una pequeña sonrisa se dejó ver en sus rosados labios al tiempo que cerraba los ojos intentando tal vez recordar algo.

-Otosan…- Llamo suavemente obligando al hombre a acercarse más a ella. –Me gusta este lugar, me gusta lo que ha hecho Sasuke con la casa…- Murmuro sintiéndose torpe por estarle hablando de esa manera a su padre pero, no podía esconder lo que pensaba, no podría sentirse cómoda de aquella manera.

-No me refiero al lugar, sino a la situación… No me dijiste que estabas embarazada!- Exclamo viendo el horror invadir las siempre delicadas facciones de su hija, sabía que le dolería hablar de aquello pero necesitaba saber que era lo que estaba pasando con ella.

-Otosan!- Gimió cubriendo su rostro con sus manos, el dolor punzante de su estómago la hizo jadear haciendo que el castaño se acercara a sujetarla por los hombros, podía sentir su cuerpo temblar a través de aquellas fuertes manos que siempre le dieron seguridad en su infancia.

-Hinata puedo sacarte de aquí- Dijo serio tomando el rostro de la ojiblanca obligándola a mirarlo, sus ojos cristalizados y su nariz sonrojada le indicaban que estaba aguantando las ganas de seguir llorando. –Puedo romper este compromiso, devolverte tu vida y haremos como que nada de esto sucedió- Concluyo sintiendo como la delicada mujer contenía su aliento y suavemente separo su rostro de aquellas grandes manos.

-Iie…- Su voz fue casi un susurro pero estaba segura que su padre la había escuchado. –Otosan, mi lugar esta con Sasuke Uchiha…- Dijo suavemente intentando contener la pequeña sonrisa que intentaba instalarse en sus labios. –Otosan el me hace feliz, desde siempre… Lo recuerdas verdad? Recuerda el único día que viste a Sasuke… El día antes de la muerte de Okasan- Gimió al recordar aquella ultima vez junto a un más joven pelinegro.

-Y porque no me dijiste lo de tu embarazo?!- La voz sonó más fuerte de lo que esperaba viendo como la ojiblanca se estremecía y recogía sus rodillas contra su abdomen lastimado obligándola a jadear nuevamente.

-Otosan… Primero quería que lo supiera Sasuke para poder darle la noticia juntos…- Murmuro sintiendo nuevamente las lágrimas acudir a sus ojos, tenía que ser fuerte, tenía que hacerle entender que no haría más que lastimarla si la separaba del pelinegro.

Un sonoro sollozo lleno toda la habitación, Hinata no podía soportar la idea de alejarse del pelinegro, no ahora que había perdido a su pequeño hijo, solo el pelinegro era lo que podría ayudarla a recuperar la normalidad en su vida, lo que podría darle felicidad.

-Hinata…- Un grave murmullo la sobresalto al sentir los grandes brazos de su padre envolviéndola completamente, enterró su rostro en el pecho del castaño y se abrazó a él dejando que su tristeza fluyera libremente, dejando correr el dolor que tenía días aguantando.

-Yo… Yo quería que… que el naciera…- Gimoteo apretando sus puños en la camisa de su padre, sentía la puntada de dolor en su bajo vientre recordándole constantemente lo que había perdido. –Otosan! Fue mi culpa… Fue por mí… El murió… Otosan!- Gimió más fuerte dejando que su sollozo se hiciera más histérico mientras se refugiaba en los siempre protectores brazos de su padre, como el día que perdió a su madre, la única vez que había llorado de aquella manera.

-Hinata… Fue un accidente… Nunca seria tu culpa- Murmuro abrazando suavemente el frágil cuerpo de su hija, la sentía temblar entre un sollozo y otro, se sentía tan impotente como el día de la muerte de su esposa, dejándolo solo con dos hijas pequeñas.

-Otosan…- Murmuro sintiendo en su cabello algo húmedo, un ligero camino mojado que empezaba a seguir el suyo propio, quiso separarse pero su padre solo la apretó más contra su pecho y entendió que así como ella él también tenía un dolor enterrado que nunca había dejado fluir.

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Escucho el leve sollozo opacarse aún más, dándole a entender que todo estaba bien, gruño por lo debajo mientras empezaba su marcha hacia el primer piso, dándole nuevamente la privacidad que aquella delicada chica necesitaba.

"Baka…" Pensó sintiendo su corazón relajar el ritmo contra sus costillas, la madera estaba fría bajo sus pies, una agradable sensación que tenía meses sin disfrutar, no se había percatado de lo desconectado que se encontraba de toda la realidad y que solo había vivido en torno a aquella frágil mujer que desde el primer día se había convertido en su razón de vivir.

-Uchiha…- Una aguda voz lo hizo subir su mirada, una perlada lo miraba algo nerviosa, estaba de pie frente a las escaleras, una pequeña mano estaba todavía apoyada en el pasamanos. –Como…- Pero fue interrumpida por el sonido del timbre haciéndola gruñir y obligándola a cruzarse de brazos.

-Ella está hablando con su Otosan- Contesto la pregunta que quedo en el aire viendo de reojo como la castaña suspiraba y se encaminaba hacia el sofá principal de la sala, el nuevo toque en el timbre lo hizo gruñir y se encamino lentamente hacia la entrada principal.

-Ohayo…- El saludo llego antes de que la puerta estuviera totalmente abierta sorprendiendo así al Uchiha menor, siempre reconocería aquella voz pero, algunas veces llegaba en momentos muy inesperados.

-Aiko…- Murmuro dándole paso para que pudiera entrar hasta el recibidor, la pelinegra negó levemente sorprendiendo al Uchiha que se giró para verla fijamente, tenía un abrigo blanco con el emblema de su familia bordado en el pecho justo sobre el corazón, tenía las mejillas sonrojadas y lo miraba insistentemente.

-Vine a dejarte esto para Hinata…- Dijo suavemente extendiendo un pequeño paquete envuelto, tenía las iniciales de la clínica donde la habían tratado, haciendo que la curiosidad invadiera el rostro del hombre.

-Qué es?- Interrogo tomándolo entre sus manos, una sensación de pesadez invadió su cuerpo al tomar aquella pequeña caja, no era tan pesada como lo esperaba, suponía eran algunas medicinas pero la expresión en el rostro de la mujer le dio a entender que no era nada de eso.

-Dásela a Hinata y deja que ella misma te lo explique…- Murmuro avanzando dos pasos hasta quedar frente al cuerpo de su siempre mal humorado cuñado. –Me alegro que todo haya terminado Sasuke-kun…- Susurro justo cuando sus brazos se cerraron alrededor de su cuello, lo sintió tensarse bajo sus brazos y una pequeña sonrisa adorno sus labios, el nunca cambiaria.

-Hmp- Un gruñido escapo de su boca apartando lo más suave posible aquel cuerpo, sabía que ella solo se preocupaba pero igualmente le incomodaba el contacto excesivo.

-Una cosa más Sasuke-kun…- Comento al separarse totalmente del pelinegro, su expresión volvió a ser neutral haciéndola suspirar. –Megumi se va de la ciudad…- Soltó de golpe viendo que la expresión del hombre no vario ni un segundo.

-Como lo sabes?- Comento fríamente sintiendo detrás de si el movimiento, el padre de Hinata debía haber dado por terminada la visita, tensándolo en su posición.

-Ella misma me lo dijo, quiere alejarse totalmente de esta ciudad y compensar a su esposo por todos los meses que ella estaba…- Se cortó al escuchar un ligero gruñido surgir desde lo más profundo de la garganta de su acompañante.

-Vaya…- Pronuncio por lo debajo justo cuando unas manos lo tomaron de su camisa obligándolo a girarse, vio los perlados ojos de la menor de las Hyuuga y suspirando asintió, ella sonrió y subió en silencio las escaleras provocando un ligero repiqueteo con sus pies.

-Sasuke-kun…- Llamo la pelinegra captando nuevamente la atención de su acompañante. –Ella se encuentra bien?- Murmuro abrazándose ligeramente, la temperatura del ambiente estaba empezando a descender produciéndole un malestar al pelinegro.

-Esta como puede estar cualquiera luego de perder un hijo- Murmuro de manera cortante, vio la preocupación brillar en los dorados ojos de su cuñada y suspiro fuertemente. –Es fuerte… Podría decir que más que yo- Dijo dejando escapar una sonrisa de orgullo, la mujer suspiro tranquila y también sonrió.

-Me alegra…- Dijo retrocediendo unos cuantos pasos viendo la confusión adornar las facciones del menor de los Uchiha haciéndola reír. –Nos veremos más tarde Sasuke-kun- Dijo a modo de despedida alzando una mano y retrocediendo hasta el vehículo que estaba justo frente a la entrada de rejas que tenía aquella casa.

Dejo escapar un gruñido al tiempo que asentía para retroceder y cerrar la puerta principal, apretó la pequeña caja contra su pecho haciéndose una idea de lo que seria y prefirió dejarla sobre la mesa del recibidor, así no tendría que dar explicaciones.

-Muchas personas se preocupan por ti- Una grave voz lo hizo volver a la realidad de golpe, vio al imponente hombre sentado en el centro de la sala, tenía una taza de té todavía a medio tomar entre las manos y su rostro estaba fijo en el paisaje exterior.

-Es por Hinata- Confeso apoyándose en el marco de la entrada de la sala, el castaño suspiro relajando su posición, dejo a un lado la taza que tenía entre las manos y empezó a buscar algo en su saco, produciendo una sensación de ansiedad en el Uchiha.

-Su Okasan hablaba mucho de ti, de cómo te comportabas teniendo a Hinata cerca- Su voz sonó más baja como si estuviera recordando algo para sí mismo y no para compartirlo con el pelinegro. –Conozco a tu familia desde hace más tiempo del que pensaba, mucho antes de que tu hermano naciera- Siguió hablando notando como el pelinegro se acercaba sigilosamente hasta quedar cerca del castaño.

-Fue Mikoto la que me presento a la Okasan de Hinata- Confeso sintiendo la tensión recorrer el cuerpo de su acompañante. –Éramos jóvenes, yo era tan arrogante como pareces serlo tú- Un gruñido de insatisfacción hizo que una casi imperceptible sonrisa adornara la boca del castaño.

-Hinata es igual a ella, tanto en su personalidad como en su físico, su cabello, sus maneras, sus expresiones incluso- Continuo sin darse por aludido con la creciente tensión que parecía desprender aquel cuerpo. –Cuando decidimos casarnos, Mikoto estaba muy feliz por nosotros demo… Yo era muy exigente en cuanto a la atención y pronto nos aislamos de los demás, ella no parecía importarle hasta que quedó embarazada-

-Usted… Alejo a Hinata a propósito?- Murmuro apretando sus puños sobre sus piernas viendo como el hombre solo bajaba su mirada y acariciaba lentamente un estuche de terciopelo azul, el silencio los cubrió por unos momentos desesperando cada vez más al pelinegro.

-Hinata era muy joven para comprender lo que su Okasan quería, cuando ella empezó a hablarme de ti, de cómo extrañaba el parque donde se conocieron supe que ella tenía razón- Dijo al cabo de unos minutos, su voz fue más tranquila y su mirada perlada se encontró con la oscuridad que lo cubría todo, aquella mirada que siempre ha sido la característica principal de la familia Uchiha.

-Demo…- Mastico la palabra intentando no dejar notar la rabia que fluía por su cuerpo, entendía poco a poco como había sido la vida de la ojiblanca luego de la muerte de su madre y porque razón se vio obligada a abandonar esa ciudad donde había nacido.

-Era muy pequeña y Mikoto quería llevársela, educarla bajo las normas de tu familia, volverla una Uchiha- Dijo apretando levemente el estuche contra su pecho. –Ella debía saber que pertenecía a los Hyuuga, debía estar orgullosa de eso, Mikoto pensaba prepararla para ser únicamente la esposa de un Uchiha, tal vez sin mostrarle el poder que ella por si sola tenia, la herencia que corría por su sangre-

-Mi Okasan… Ella no podía desear eso para Hinata… Era apenas una niña- Dijo entre gruñidos intentando mantener su rabia al margen, intentando comprender como era la visión de aquel hombre con respecto a su madre, con lo que el suponía iban a hacer con Hinata.

-Tu Okasan es muy agradable y buena demo, ella quería recuperarte a cualquier costo y eso incluía a Hinata- Sentencio extendió el estuche de terciopelo hasta el pelinegro, el sin comprenderlo lo tomo receloso y lo abrió lentamente.

-Mikoto lo mando a confeccionar para dárselo a Hinata en su cumpleaños número 15, yo nunca se lo di esperando que fuera mayor y que ella misma aceptara que su destino era estar junto a un Uchiha- Murmuro viendo con cierta prepotencia como las facciones del pelinegro cambiaban lentamente hasta dejar escapar la sorpresa por ellas.

-Hinata…- Leyó lentamente, una cadena gruesa de oro blanco brillante, con los kanjis del nombre de la ojiblanca, comenzando el nombre tenía el símbolo de la familia Hyuuga y al finalizar de manera más llamativa el emblema Uchiha, todo brillante, los zafiros, los rubís y las esmeraldas brillaban con más potencia que los diamantes de aquella costosa prenda.

-Ella está enamorada de ti- Confeso sintiendo la mirada inquisitoria del pelinegro atravesarlo. –Desde que era una niña, siempre te tuvo presente, encerró tus recuerdos junto al dolor de la pérdida de su Okasan, dándote por perdido demo… No pudo evitar irse contigo aquella primera noche, donde no sabías su nombre ni ella tu historia- Se puso de pie lentamente haciendo que el pelinegro lo imitara pero de una manera más rígida.

-Hiashi-sama…- Dijo en tono solemne cerrando nuevamente el estuche, vio al castaño detenerse al pie de la escalera y girarse levemente para verlo. –Yo…- Pero un carraspeo de garganta corto lo que iba a decir.

-Solo quiero que ella sea feliz… Como lo merece- Dijo abriendo la puerta de la casa sintiendo la mirada interrogante del que sería yerno en unos pocos meses. –Te lo entrego para que se lo des tu personalmente, recordándole a ella misma que aunque luego del matrimonio será una Uchiha su sangre es la de una Hyuuga- Empezó a caminar hacia el gran auto negro que estaba estacionado un poco más lejos de la entrada principal, esperando por él y su hija menor.

-Que tenga buen viaje Hiashi-sama…- Dijo como despedida recibiendo un asentimiento por parte del castaño mayor. –Llamare a Hanabi-chan…- Comento viendo como el hombre no se giraba y solo marcaba su paso lento hacia el gran vehículo que los esperaba, nunca imagino que ese impasible hombre haría todo eso por obtener la felicidad de su primogénita.

"Una Uchiha…" Pensó sintiendo el peso de aquel collar entre sus manos, dejo el estuche junto a la pequeña caja que momentos antes le había Aiko y subió a paso lento a la habitación que ahora compartía con la Hyuuga mayor, esperando que con aquello todo terminara lo más pronto posible.

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Sonrió acariciando el suave cabello largo de su hermana menor, ella siempre lograba distraer totalmente su mente, y más luego de la delicada conversación con su padre, ella lo que menos deseaba en ese momento era pensar en lo que implicaba pertenecer a esa familia.

-Y todas las enfermeras estaban detrás de el!- Dijo subiendo su voz un par de tonos mientras gesticulaba con los brazos, la mayor solo rio por lo debajo acomodándose un poco más en su posición. –Y siempre querían entrar a revisarte cuando él estaba y cuando el salía estaban detrás de el cómo locas… Onee-chan se comportaban muy raro con el cerca- Se quejó cruzándose de brazos mientras la mayor solo reía y acariciaba su cabello intentando colocarlo detrás de su oreja.

-Hanabi a él siempre le ha sucedido esa clase de cosas, no debes molestarte por eso- Explico viendo como la menor hacia un puchero y se cruzaba de brazos, Hinata solo pudo sonreír tiernamente mientras intentaba calmar a la menor de lo que sea que estuviera sintiendo.

-Demo él es tu prometido! Ellas no debían actuar así! Era muy raro- Volvió a decir alzando la voz y saltando de la cama para intentar tal vez controlar la incomodidad que aquellas situaciones le habían ocasionado.

-Hanabi-chan…- La ronca voz del pelinegro inundo la habitación al tiempo que su silueta aparecía a través de la puerta. –Tu Otosan te está esperando afuera- Dijo clavando su mirada en la pálida mujer que yacía sentada en medio de la cama, pudo ver como un ligero rosado cubría sus mejillas al tiempo que la castaña se regresaba hasta ella.

-Hai! Arigatou Uchiha- Murmuro al tiempo que sonreía y dándole un beso a la mayor en la mejilla se despidió con una inclinación y empezó a caminar lentamente hacia la salida de la habitación. –Matta ne Onee-chan!- Dijo alegremente mientras cerraba la puerta de la habitación.

-Que la tenía tan contenta- Murmuro el pelinegro acercándose lentamente hasta la posición de su prometida, la escucho jadear sintiendo el deseo crecer en su interior, acaricio suavemente el rostro de la mujer sintiendo el calor correr lentamente por sus mejillas.

-Ella… Estaba molesta- Dijo entrecortadamente al sentir las cálidas manos del pelinegro rozar su piel, era una sensación placentera, recordándole con cada jadeo que no podría tener ningún contacto adicional al que estaba experimentado durante unas cuantas semanas más.

-Porque habría de estar molesta?- Interrogo acercando su rostro hasta el de ella, el aliento fresco choco contra su nariz haciéndolo gruñir por lo debajo mientras ella solo aumentaba el ritmo de su jadeo.

-Por… Porque… Las… Enfermeras…- No pudo terminar la frase, los labios del pelinegro ocuparon su boca obligándola a gemir fuertemente, se sintió avergonzada de desear de aquella manera al pelinegro, sabía que no podrían hacer nada hasta que estuvieran totalmente seguros que todo dentro de ella se había recuperado correctamente.

-Hinata…- Murmuro guturalmente contra sus labios, sus ojos la miraron fijamente sintiéndose satisfecho de ver aquellos perlados ojos vibrar ante la necesidad que parecía regarse por todo su cuerpo, una vibración que llegaba hasta el haciéndole más difícil la idea de no poder tocarla más de lo que había hecho en ese momento.

-No hagas eso… Onegai- Su voz sonó más sensual de lo que esperaba sintiendo como el aliento del pelinegro se entrecortaba sobre sus labios, podía sentir la ansiedad tomar el cuerpo de su acompañante y lo empujo de mala gana para separarlo de ella y de la idea de no contenerse más.

-En unos días será la ceremonia de nombramiento- Dijo aceptando de mala gana la separación que le imponía la ojiblanca, sabía que era por su bien pero no podía evitar desearla de esa manera.

-Lo se… Otosan me lo comento- Murmuro sintiendo un nudo en su garganta, ella debía estar junto a él en ese nombramiento como su futura esposa. –Demo no sé si pueda- Confeso apretando sus manos a nivel de su pecho, el nudo en su garganta se ajustó aún más provocándole un agudo dolor donde comenzaba el yeso de su abdomen.

-No me refería a eso…- Dijo al tiempo que sentía como su corazón empezaba a latir más rápido contra sus costillas, no podía imaginar su vida sin aquella delicada presencia para alegrarlo cada día. –Ese día debo entregarte el anillo de la familia- Continuo viendo como la ojiblanca subía su mirada confundida, no sabía que era lo que estaba diciendo.

-Demo Sasuke.. Como me lo entregaras si no podre estar contigo en la ceremonia?- Interrogo sin entender que era lo que estaba intentando decirle el pelinegro, sintió nuevamente las manos del hombre atrapaban su rostro y un fugaz beso rozo sus labios mientras las manos acariciaban suavemente el contorno de sus facciones.

-Para ese día deberás tenerlo…- Murmuro separándose apenas del rostro de la ojiblanca, nuevamente estaba sonrojado y esto lo hizo sonreír, se apartó lo suficiente para sentarse frente a ella y empezar a rebuscar en las cosas de la mesa de noche.

Hinata guardo silencio esperando, sabía que el pelinegro no era muy bueno con las palabras, el solía demostrar en lugar de hablar, algo que aunque tardo en entender era mucho más tierno para ella que cualquier otra forma de comunicación.

Dio con el pequeño envoltorio que tenía días escondido en aquel lugar, ella no podía moverse con libertad por lo que le sería imposible localizar aquella pequeña caja en medio de todos sus medicamentos para el dolor.

-Hinata…- Llamo viendo como la mujer se giraba todo lo que su condición le permitía hasta poder encontrar su mirada con aquella mirada negra que la hipnotizaba. –Nosotros no hemos tenido una relación común…- Empezó viendo como la ojiblanca se sonrojaba y con una sonrisa asentía débilmente.

-Igualmente para mi familia y para mi es importante mantener nuestras tradiciones- Continuo tomando entre sus manos la mano izquierda de la mujer, estaba fría y temblaba ligeramente, eso le hizo gracia y lentamente deslizo sus labios por sus largos y delgados dedos. –Demo… Sobre todo darte a ti la seguridad que mereces- Se detuvo justo sobre el dedo anular sintiendo como el temblor en los dedos de su compañera aumentaba y con una sonrisa subió su mirada para ver la de la ojiblanca cristalizada pero sin derramar ninguna lagrima.

-Sasuke…- Murmuro sintiendo como su corazón parecía querer escapar de entre sus costillas, el recorrido de su cálido aliento hizo que se erizara desde la cabeza hasta los pies y se encontró con esos pozos negros que siempre lograban dejarla sin aliento.

-El zafiro es la joya que representa nuestra tradición familiar y es con el cómo honramos nuestra unión con otra persona, volviéndonos un solo ser- Dijo tomando la pequeña caja de la mesa de noche y abriéndola dejo a la vista un anillo de oro blanco, el aro era en forma de kanjis describiendo el apellido de su prometido, el chatón con una forma redondeada tenia pequeños rubís y diamantes y justo de ahí salía una pequeña base donde sujetaba el gran zafiro en forma de corazón.

Un gemido nervioso escapo de sus labios al ver aquella pieza de joyera tan exquisita, había escuchado los rumores sobre esa pieza de colección, solo lo obtenían las esposas del heredero al patriarcado de la familia Uchiha, las lágrimas escaparon sin poder contenerlas de sus ojos y empezó a negar con la cabeza.

-Espero con esto puedas perdonar todo el dolor que he podido causarte- Susurro terminando de colocar el anillo en el anular de la mujer, la sentía negar frenéticamente pero sus labios temblaban intentando contener la felicidad que iluminaba sus perlados ojos, unos ojos que nunca se cansaría de admirar.

-Sasuke!- Gimió al ver como el volvía a acercarse a su rostro y nuevamente se lanzó sobre su boca, no podía contener la emoción de lo que aquello significaba, realmente era un hecho, ese anillo le daba la seguridad de que realmente estaría con él por lo que le quedaba de vida. –Te Amo!- Grito dejando escapar algunos sollozos mientras veía como brillaba en su pálida mano aquel precioso anillo que muy pocos habían visto.

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Golpeo fuertemente el mármol haciendo que su interlocutor retrocediera momentáneamente, gruño cruzándose de brazos y clavo sus furiosos ojos en los nerviosos que la veían desde el otro lado del cristal.

-Como que se fue?!- Repitió la última frase que había dejado pronunciar al joven hombre que solo asentía nerviosamente al otro lado. –Esta es su casa! Kuso!- Gruño entre dientes aporreando sus finas sandalias contra la brillante cerámica.

Se giró irritada empezando a dar vueltas en un pequeño espacio frente a la gran recepción del edificio Uchiha, estaba a punto de colapsar con un ataque nervioso, estaba furiosa, más que eso estaba fuera de sí, sus ojos giraron por todo el lugar justo cuando se cruzó con una silueta conocida, una que le daría la información que necesitaba.

-Ohayo…- Murmuro dulcemente haciendo que la mujer se sobresaltara en su posición, la vio girarse rígidamente mientras sus ojos violetas se encontraban con unos nerviosos que la veían de arriba abajo, sin poder creer que la estuviera viendo precisamente a ella.

-Natsuko-chan…- Dijo sorprendida la mujer mayor, hacía tiempo que había olvidado aquel rostro, sus expresiones siempre diferentes a su hermana mayor, noto el brillo furioso en los ojos violetas que la miraban insistentemente. –Que… Que hace por acá?- Interrogo intentando recuperar la normalidad en su voz.

-Vine a ver a Sasuke-kun demo…- Dijo fingiendo confusión, se giró levemente hacia la recepción y luego volvió su vista hacia la mujer que nuevamente se sobresaltó al sentir esa mirada sobre ella. –Me han dicho que no vendrá nuevamente a este lugar… Como puede ser posible si él vive aquí?!- Soltó de golpe avanzando dos pasos, dos pasos que la mujer mayor retrocedió nerviosa ampliando la sonrisa de aquella rubia malévola.

-Ya el no volverá por este lugar- Confeso bajando su mirada, podía sentir la intimidación de aquella delgada mujer correr por todo su cuerpo, ella siempre había sido así de altanera. –Nadie sabe dónde se ha mudado demo… Es aquí mismo en Tokio- Dijo sintiendo los delgados dedos de la rubia apretar sus brazos clavando ligeramente sus uñas en su pálida piel.

-Como que se ha mudado?- Mastico cada palabra intentando no salirse nuevamente de control, suficiente tenía con sentir la mirada amenazante del chico de la recepción sobre ella. –Y cómo es que tú no sabes a donde se ha marchado?- Soltó dándose cuenta de que esa mujer debía saber dónde había ido el pelinegro escurridizo.

-Itachi-san fue el que vino a dar la información, dio la orden de ordenar todo el lugar- Murmuro sintiendo una preocupación rodar por todo su pecho. –Vinieron otras personas a sacar todas las pertenencias para dejar el lugar amoblado- Concluyo emitiendo un ligero sonido de dolor, las uñas empezaban a marcarse en su pálida y delicada piel, ella era una mujer mayor.

-Kotomi…- Siseo obligándola a subir la mirada. –Entonces ese maldito sabe dónde está Sasuke-kun…- Dijo más que como una pregunta como afirmación, vio el rostro nervioso de la mujer asentir débilmente y liberando por fin de su agarre se irguió todo lo que su delgado cuerpo le permitiría.

-Demo…- Se cortó al escuchar un bufido escapar de los labios de la rubia, la vio cruzarse de brazos y sintió nuevamente el terror correr por todo su cuerpo.

-Exactamente en tres días es la ceremonia de nombramiento cierto?- Soltó confundiendo a la mayor, sus ojos vieron la afirmación confusa que le daba su interlocutora y suspirando relajo su cuerpo. –Entonces tengo hasta ese día para encontrarlo- Una hermosa sonrisa adorno sus rojos labios, un brillo bailo en sus ojos violetas mientras se dirigía a la mujer.

-Espero que Itachi no se entere de nuestra conversación- Dijo en falso tono dulce, paso dos de sus dedos por el rostro suave de la mujer sintiendo como temblaba ante el contacto. –No me gustaría enterarme que sabe que voy a estar en ese lugar y siendo nombrada la futura esposa del heredero Uchiha- Murmuro entre dientes viendo como la mujer asentía débilmente, aquello de tener una informante en esa familia le había traído mucho beneficio.

"Sasuke-kun esto todavía no ha terminado… Demo, tal vez si lo ha hecho para tu mojigata prometida" Pensó malévolamente mientras empezaba a caminar a la salida de aquel lujoso edificio, ya no tenía nada más que hacer en aquel lugar y solo le quedaba tener un poco más de paciencia y su plan terminaría de tomar forma.

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Espero hayan disfrutado mucho este capítulo, tanto como yo disfrute escribirlo, ya no queda mucho para que esto se acabe y espero de verdad lleguen hasta el final y me digan que tal les parece esta conti, espero leerlos pronto y yo continuar pronto para que tengan el final lo más rápido posible, no respondo los reviews porque ya hasta habrán olvidado que comentaron pero yo los tengo presentes y me animan a continuar.