La mayor parte de estos personajes han sido creados para nuestro disfrute por Charlaine Harris, alguno, menor, ha sido sacado del fanfic del sr. Ball, y hay por ahí uno que es sólo mío.
36.
Bueno, tampoco era como si fuese un secreto vergonzante. Escribía relatos eróticos. Perdón, debería decir románticos, que era como a las señoras les gustaba clasificarlos, pero, entre nosotros, eran eróticos, con miembros palpitantes y hermosas heroínas de generosos pechos que abrían su sexo y entregaban su virtud a un jardinero, un pirata, un profesor, el piloto de la nave que les llevaba al otro confín del universo, etc., con un culo estupendo, abdominales hasta en el cielo de la boca y, otra vez, un miembro grande y palpitante que las saciara y completara. Lo que yo temía de esa revelación era otra cosa. Desde que como hombre nadie me hubiese tomado en serio en ese mundo y no me hubiesen publicado, firmaba con el seudónimo de Anita Normand. Después de todo, no sólo había sido mi musa y la instigadora de todo eso de escribir desde el principio, había sido quien me había ayudado con extraordinario celo y dedicación, debería añadir, a documentarme... Y no porque su recuerdo me siguiera atormentando, ya no, había conseguido ponerme en paz con su memoria y con el amor que aún sentía por ella, que se había transformado en algo que ni siquiera sabía definir. Me hacía compañía y sentía que me protegía, que me aprobaba y me animaba a seguir con lo que estaba haciendo. ¿Cómo de raro sonaba eso?, preguntó el hombre que se había pasado un año hablando con su mujer muerta... El caso es que temía cómo se lo pudiese tomar Sookie, aunque ella nunca adoptó mi apellido y lo había afrancesado, publicaba con el nombre de mi mujer. Pero ahora que se lo acababa de confesar, más o menos, el mundo no se había hundido, claro que la tenía un poco ocupada en ese momento, siendo su capitán Wenworth. Una de mis más memorables creaciones, aunque quedara mal que yo lo dijese, con legiones de admiradoras alrededor del mundo, hasta con una en Bon Temps, sin ir más lejos...
_ No me puedo creer que seas Anita Normand... – murmuró antes de besar mi cuello.
_ Sorpresa... – gemí mientras su lengua se acercaba a mi oreja.
_ Vaya, entonces es así como te ganas la vida – abrió las piernas y me rodeó con ellas, dejando que pudiese apretar mi erección contra el punto que yo quería.
_ Hay peores maneras de hacerlo – Gemí. El movimiento de pelvis de Sookie me estaba volviendo loco, si me mandaba otra vez a la ducha me iba a morir.
_ Mucho más duras... – dejó caer. Penosas y trabajosas, seguro, ¿duras?, lo dudaba mucho.
_ Se acabó la conversación – dije sin poder contenerme más y mi boca se fue a la suya.
Estaba dispuesto a llegar al final, llevábamos un mes largo de terapia y aún no lo habíamos conseguido. Si hacía falta me arrastraría para suplicarle, pero no podía esperar ni un momento más. La deseaba como no se me ocurrió nunca que pudiese hacerlo, la necesitaba. Me empujó y se levantó, mis peores temores empezaron a cobrar forma, me veía bajo el agua, en la ducha, haciéndome cargo de la enorme erección que tenía. Se arrodilló delante de mí y abrió mis piernas para posicionarse entre ellas. Eso era nuevo, a ver, no que no lo hubiésemos hecho antes, pero no en el último mes. Llevó las manos hasta mi cremallera y la bajó y apartar ni un segundo sus ojos de los míos. Contuve la respiración, me dolía sólo de pensarlo, me estaba anticipando tanto a sus movimientos que ya estaba a punto y ni siquiera se me había acercado. Cuando cogió mi "palpitante y erecto miembro" dejé de respirar, de pensar y tener ninguna otra reacción física propia de un humano, sus dedos se deslizaron suavemente por su longitud, que con lo empalmado que estaba, era considerable, y pasó el pulgar por la punta. Joder, me podría haber muerto del gusto, a su mano le siguió su boca y ahí fue donde ya no pude más. No era donde quería correrme como un niñato, quería más, lo quería todo, y cuando no pude soportar más su boca haciendo maravillas en mi polla, la levanté y la hice sentar sobre mí. Cuando después de forcejear un momento con la ropa, nos liberamos, por fin pude entrar en ella. Dios..., no podía ser tanto placer, no podía ser todo lo que la había echado de menos y lo que necesitaba estar ahí, era como estar en casa, al fin. No nos duró mucho, nos teníamos tantas ganas que fue visto y no visto, afortunadamente, porque no sé cómo hubiese llevado, después de tanto tiempo, no haberle aguantado un asalto. Nos quedamos abrazados en silencio un rato, tal y como estábamos, sin querer salir de ella, besándonos lánguidamente y, por fin, superando el último escollo que nos quedaba.
_ ¿Estás bien? – me atreví a romper el silencio.
_ Estoy en la gloria – murmuró contra mi cuello sin levantar la cabeza y podía notar la sonrisa contra mi piel.
_ Ni te imaginas lo que me alegra y alivia... – me reí soltando el aire que ni siquiera me había dado cuenta que retenía.
_ Me hago una idea – también se rió y acabé descubriendo de que si se reía contra mí, reverberaba e iba directamente a la parte de mí que seguía, laxa, enterrada dentro de ella. Uhm, interesante..., porque ella también debió notarlo y contrajo los músculos que me rodeaban.
_ ¿Qué hora es? – me preguntó.
_ No lo sé – murmuré dedicándome a su cuello-, y, sinceramente, querida, no me importa...
_ ¿A qué hora quedaste con Niall? – se rió bajito contra mi oreja.
_ ¿Con quién? No recuerdo a nadie con ese nombre...
Y no lo hice en la siguiente hora, pero contra mi voluntad, Sookie se levantó del sofá y se paseó desnuda delante de mis narices, sólo para hacerme ver que no la iba a tocar hasta que no volviésemos de nuestra cita. Niall siempre había sido un aguafiestas, siempre intentando interrumpir los momentos de intimidad que teníamos su hija y yo, y ahora seguía haciéndolo con Sookie, ¿tenía un sexto sentido para detectar cuando estaba cachondo? Me paré reconsiderando mi pregunta y suspiré, no había necesidad de un sexto sentido para eso, me podría pillar así a cualquier hora del día o de la noche. Era hombre de una sola mujer y la quería todo el día, con lo que interrumpiría a cualquier hora. En fin, me levanté exhibiéndome, como ella había hecho antes, no veía la razón para no hacer de aquello un espectáculo y que mi Sookie no probase un poco de su propia medicina. La vi mirarme de soslayo, disimulando, mientras me estiraba un poco y me acercaba a ella. La abracé por detrás, pegándome lo suficiente para que me notara pero no para que pareciera que me quería quedar, besé su hombro y me fui a la ducha con la misma tranquilidad con la que iba al supermercado. Tardó dos minutos en unirse a mí bajo el agua.
Niall nos esperaba en el restaurante de su hotel, acompañado de Pam. Cuando nos vieron entrar, intercambiaron una mirada significativa. ¿Tanto se nos notaba? Pese a todo, no hicieron ninguna mención al respecto, lo que viniendo de Pam, no sólo era de agradecer si no muy extraño. Mientras el camarero retiraba los platos y apremiaba a otro a traer el postre, Niall nos comentó la razón de esa cena. Se iba. Al oírle decir que volvía a casa se me encogió el estómago, esa también era mi casa y, de repente, me dí cuenta de que yo también quería volver. Nos quedamos callados unos segundos mientras nos mirábamos entendiéndonos mucho más de lo que creíamos. Luego le llegó el turno a Pam.
_ Yo me voy con él, aquí ya no me necesitas – me sonrió con tristeza pero, eso no, no estaba preparado para su marcha.
_ Pam... – musité.
_ No, Eric, mi vida no está aquí, tengo que volver. Que mi padre sea el jefe no significa que pueda tomarme meses de vacaciones...
_ Lo sé, Pam, pero no sé si puedo hacerlo sin ti protestando por todo y haciéndome comentarios sarcásticos – sonreí, aunque sin ganas para no apenarla.
_ Vaya, Northman, no te pongas sentimental.
_ Ravenscroft, no me pongo sentimental, sabes que te quiero.
_ Lo sé, soy un sol, además de elegante y sin corazón – me sonrió.
_ Oh, mi Pammy...
_ Sí, y si me llamas otra vez así te voy a arruinar la carrera de padre. No me hagas hacer algo que acabes lamentando.
_ ¡Pam! – Sookie se ruborizó ante la sugerencia, ¿qué pasaba, no quería que tuviésemos hijos?
_ ¿Sí? – le respondió manteniendo la inexpresión al mínimo-, como si hubieseis empezado a hacer uso de...
_ Pam – la corté antes de que siguiera y a Sookie le diese un síncope, pese a todo el tiempo de entrenamiento que llevaba, aún no estaba preparada para nosotros.
_ Bueno, Eric, ya va siendo hora que te independices, no puedes estar siempre bajo mi ala. ¿Qué coño soy yo, quien te procura las mujeres? Ya vale, se un hombre... – Sookie enrojeció aún más, si eso era posible, y miró de reojo a Niall.
_ Pamela, no seas grosera – la amonestó-. Es evidente que Eric no sabe cómo arreglárselas en ese departamento, tu ayuda debería ser desinteresada y sin reproches...
_ ¡Eh! – protesté.
_ El caso, es que nos vamos mañana – concluyó Niall-. Desmond y yo hemos llegado a un acuerdo y ya no soy necesario aquí, y Pamela, debe volver a sus fusiones, ¿verdad, querida?
_ Tengo que hacerlo, quiero estar preparada para los desfiles de temporada, tengo que recargar la cuenta...
No acababa de entender si lo que querían era aligerar la noticia con tanta palabrería para que me resultara más fácil o lo que pretendían era que me muriese de ganas por volver. Si era eso lo que querían conseguir, había que darles la enhorabuena, lo habían logrado. Ahora no podía dejar de añorarles y con ellos mi casa, mi país y las ciudades en las que había vivido.
Desde que el avión salía a media mañana, Pam había decidido quedarse en el hotel y ahora tocaba decirse adiós. No quería ponerme emocional, no era como si no fuese a verla más, pero era Pam, sólo una persona había entendido lo que era para mí. Dejé que Sookie se despidiese primero y cuando me hube despedido de Niall, me acerqué a Pam y le aparté el pelo de la cara.
_ Mejor – sonreí sin querer mirarla a los ojos.
_ Northman... – esa era la manera de distanciarse de Pam, llamarme por el apellido.
_ Ravenscroft – me abrazó de improviso y se le escapó un pequeño sollozo–. Eh, Pam, tranquila, dentro de nada me tienes allí, no te va a dar tiempo a echarme de menos... – murmuré en su oído.
_ ¿Lo prometes?
_ Lo prometo – sequé sus lágrimas con mi mano-, ¿de verdad creías que te ibas a librar tan fácilmente de mí? Un océano es poca distancia – me reí.
_ Voy a hacer que mantengas tu palabra, Northman, más te vale que sea así o voy a convertir tu vida en un infierno.
_ No serías capaz – murmuré simulando temor, porque estaba seguro de que Pam podría conseguirlo, con los ojos cerrados.
_ No tenemos porqué averiguarlo, ¿verdad? – me guiñó un ojo y se abrazó a mi cuello-. Te quiero, Eric, no lo olvides nunca, por favor...
_ Ni en un millón de años.
La dejé ir y nos subimos al coche que el valet había dejado delante de la puerta. El camino a Bon Temps fue largo y silencioso. Una vida nueva se abría ante mí, la había abrazado y estaba realmente encantado con ella, pero no podía dejar atrás la que había tenido antes. Que mi pérdida hubiese sido tan grande, no quería decir que pudiese renunciar a todo y a todos los que aún me quedaban. Me había costado sanar y poder llegar a esa conclusión pero Niall y Pam eran tan parte de mi vida como ya lo era Sookie. Tenía el corazón dividido a ambos lados del Atlántico y tenía que hacer algo para conciliar mis dos mitades. Sookie me miraba de reojo cada poco, no hacía falta ser telépata para darse cuenta de lo que estaba pensando, pero no dijo nada. Aguantó hasta que llegamos a casa, me paró antes de entrar.
_ ¿Qué te pasa...? – preguntó con dulzura.
_ Nada – sonreí intentando quitarle importancia.
_ No me mientas, ¿que te pasa? – volvió a preguntar.
Suspiré y la miré a los ojos, no tenía ni idea de cómo reaccionaría a lo que le tenía que decir. Había pasado por demasiadas cosas en un lapso de tiempo demasiado breve e introducir otra cambio tan drástico no era de recibo. Como no encontraba las palabras, ella las dijo por mí.
_ ¿Quieres irte? – la miré unos segundo antes de contestar.
_ Quiero volver a casa – dije al fin.
_ Ya estás en casa – la voz le tembló.
_ No, esta no es mi casa...
_ ¿Y qué pasa conmigo...? – le asustaba lo que tuviera que decir podía verlo en sus ojos.
_ Esta no es mi casa – volví a repetir-, y si quisieras admitirlo, te darías cuenta de que tampoco es ya la tuya.
Estoy empezando a escribir otro fic. Post Dead Reckoning. Esta vez me voy a ceñir al canon, todo lo que pueda, que me conozco... En cuanto termine con este, empezaré a ponerlo.
Espero seguir contando con vuestra compañía :)
Feliz fin de semana.
