36. Juicio y sentencia


Cuando Kylo volvió en sí por segunda vez, su cuerpo se puso en alerta, preparado para atacar. La primera vez que había despertado en aquella sala-prisión lo habían cogido por sorpresa. No sabía lo que ocurría y en el momento en el que se percató de dónde estaba, ya era demasiado tarde. Sin embargo, fue capaz de acabar con la vida de tres soldados antes de que volvieran a sumirlo en la inconsciencia. Esta vez acabaría con todos; incluso con Hux.

Pero antes de abrir los ojos, siquiera, una voz lo llamó.

Ben.

La reconoció enseguida: era Rey y le hablaba a través de la Fuerza.

—Haz como que sigues dormido y escúchame —insistió ella.

Obedeció.

—Muy pronto vendrán a buscarte. No te resistas. Te conducirán hasta la plaza que hay frente al edificio principal, donde han preparado nuestro juicio. Yo estaré allí. Yang Sook dice que nos va a ayudar.

Kylo frunció el entrecejo.

—Sí, lo sé. Yo tampoco me fio de ella. Pero es la única salida que nos queda, porque tanto tú como yo estamos encerrados en celdas de máxima seguridad. Pero hasta ahora ha cumplido todo lo que me ha prometido, así que creo que podemos darle un voto de confianza. O, al menos, aprovecharnos de ella hasta que encontremos una solución mejor. Dice que nos traerá nuestras armas y que la única manera que tenemos de escapar con vida es coger a Hux de rehén.

Él hizo un leve movimiento con la cabeza, a modo de asentimiento, aunque para cualquiera que lo estuviera mirando podía significar sencillamente que estaba recobrando el conocimiento.

—Te estaré esperando, ¿vale? Y confía en mí, saldremos de esta.

El contacto se desvaneció y Kylo abrió los ojos, encontrándose en la misma estancia en la que había despertado la primera vez.

Poco después, un grupo de soldados vino a buscarlo. Se dio cuenta de que, aunque le habían dado un antídoto para el sedante, todavía tenía la cabeza embotada. Con toda probabilidad no habían usado la dosis completa para asegurarse de que no causaba ningún problema a los soldados.

Mientras caminaban por los pasadizos de la base, más vacíos que de costumbre, pensó en lo que le había contado Rey. No sabía qué esperar de Yang Sook. Su traición lo había cogido tan desprevenido como si le arrancaran un brazo. Pero ahora que ella volvía a ofrecerle su ayuda, todavía se sentía más desconcertado. ¿Era una manera de castigarlo? ¿Quería hacerle daño a través de Rey? ¿O había sido Hux el que se lo había ordenado, para hacer más grande su venganza?

Fuera como fuese, tenía que encontrar una manera de escapar. Y quizás Rey tenía razón al decir que Yang Sook era la única manera.

En la plaza donde solían formar o entrenar soldados habían montado un gran y ostentoso escenario, con unas gradas que ocupaban los almirantes y los altos cargos de la orden, y que presidía una silla que vendría a ser la del juez, pero que ahora estaba vacía. Había dos jaulas junto a ellas, lo suficientemente alejadas la una de la otra para que sus prisioneros no pudieran mantener el contacto. Una estaba ocupada por Rey y a él lo condujeron hasta la otra.

A Kylo no le sorprendió descubrir que los custodios de esas jaulas eran sus propios caballeros, incluida Yang Sook, todos cubiertos con sus máscaras y con las armas en la mano.

Bajo el escenario, a lo largo la gran avenida que se abría entre el resto de edificios, formaban la práctica totalidad de los soldados de la base, ordenados según su rango. Las grandes pantallas que estaban colocadas detrás del escenario permitían que incluso los que estaban más lejos pudieran contemplar con precisión lo que estaba ocurriendo allí.

Cuando se hubieron completado los preparativos y todo el mundo estaba en su sitio, apareció Hux, con toda su pompa y ceremonia, y ocupó la silla presidencial de juez. Sin embargo, antes de sentarse, dirigió la mirada a una de las holocámaras que volaban frente a él para retransmitir todo lo que estaba ocurriendo, y dijo:

—Soldados y miembros de la Primera Orden, estamos hoy aquí para juzgar a Kylo Ren, discípulo de Snoke, maestro de los Caballeros de Ren y, hasta hoy, Líder Supremo de la Primera Orden. Y también a Rey de Jakku, aprendiz del maestro Jedi Luke Skywalker, y miembro de la resistencia.

»Los cargos que se le imputan a él son los de alta traición y de conspiración con los rebeldes para derrocar nuestra organización.

»Los cargos que se le imputan a ella son las de pertenencia a organización terrorista, destrucción de bienes de la Primera Orden y uso indebido de sus poderes Jedi para la manipulación de nuestro antiguo Líder Supremo, Kylo Ren.

»Que empiece el juicio.

Kylo dejó de prestar atención a partir de ese momento. Por fortuna, los efectos de las drogas empezaban a desvanecerse y, a medida que pasaba el tiempo, tenía la mente cada vez más clara para actuar. Su mirada se cruzó con la de Rey y vio que ella también estaba lista.

Además de los Caballeros de Ren, un cerco de soldados rodeaba el escenario, con los blásters desenfundados y apuntando hacia ellos. Por otro lado, la jaula era muy resistente y con un mecanismo de cierre manual, por lo que no podía cortocircuitarse. Lo único que podía abrirla era la llave.

Kylo solo podía confiar en que la promesa de ayuda de Yang Sook fuera cierta y que, cuando llegara la hora de la ejecución, pudiera conseguir un arma para llegar hasta el general. Dado el panorama que los rodeaba era la única manera factible para escapar.

No tuvo que esperar mucho tiempo para comprobarlo.

—Así pues —dijo la voz de Hux, emergiendo de todos los altavoces que plagaban el lugar, después de que uno de los almirantes hubiese presentado todas las pruebas inculpatorias y sin que hubiese habido intervención de la defensa, pues no la había—, a la luz de todas las pruebas aportadas, yo los declaro culpables y los sentencio a la pena de muerte, que se hará efectiva ahora mismo. Además, comunico que la cúpula directiva ha aceptado mi sugerencia y, tras este acto, se hará efectiva mi toma de posesión como nuevo Líder Supremo de la Primera Orden.

Mientras el público estallaba en una ovación, los Caballeros de Ren abrieron las jaulas y los condujeron a Rey y a él hasta el patíbulo.

—Ella será la primera —dijo Hux, desde su silla, señalando a Rey.

Kylo apretó los puños dentro de las manillas que los mantenían sujetos a su espalda. La miró a ella, pero como respuesta Rey le sonrió y le guiñó un ojo. «Todo estará bien» pronunciaron en silencio sus labios.

Con horror, descubrió que Yang Sook sería la encargada de ejecutar la condena. Forcejeó de forma inconsciente, pero Ikki y D'sshu lo mantuvieron en su sitio, agarrándolo con fuerza por los brazos y propinándole un golpe en las costillas.

Rey se arrodilló frente a su rea sin pestañear y con la cabeza bien alta.

La nautolana, conectó su sable y lo alzó.

—¡Ahora!

El grito cogió a todos por sorpresa.

Kylo descubrió que las argollas que lo mantenían esposado habían caído al suelo, desactivadas. Y cuando la empuñadura de su sable cayó del cielo, solo tuvo que levantar la mano para cogerla. Trazó un golpe circular mientras la conectaba y la hoja roja lamió las armaduras de sus dos caballeros. Pero no tenía tiempo para ellos. El único modo de acabar con todo aquello era llegar hasta Hux.

Echó un vistazo rápido a Rey y a Yang Sook, y vio que las dos mujeres se cubrían la espalda la una a la otra. Rey blandía su vara y Yang Sook su sable. Podrían cuidar de sí mismas.

Saltó desde el lugar donde estaba hasta la silla de Hux y, aunque este ya se había puesto en pie para escapar, lo alcanzó antes de que diera un solo paso. Lo derribó de una patada y después lo cogió, usándolo de escudo mientras le rodeaba el cuello con un brazo.

—¡Que todo el mundo se detenga! —gritó.

Y su voz resonó en los altavoces, porque las holocámaras volaban a su alrededor, sin perder detalle de lo que estaba ocurriendo.

Los disparos cesaron y los Caballeros de Ren dieron un paso atrás. También los almirantes que habían empezado a escapar de las gradas se quedaron quietos, a medio camino.

Kylo no tenía muy claro qué hacer a continuación. ¿Usar a Hux como rehén hasta que encontraran una nave para escapar? La tentación de matar al general y erguirse de nuevo como Líder Supremo, reclamando su lugar y su poder, pasó fugazmente por su cabeza. Pero enseguida se dio cuenta de que aquello no tenía ningún sentido. No era el lugar en el que quería estar y aquello no podía salir bien de ninguna de las maneras: nadie lo apoyaría. Ese no era su anhelo, sino el resquicio de los deseos que Snoke había impuesto en él mucho tiempo atrás.

Tenía que ser fiel a sí mismo.

Dio un paso atrás, mientras buscaba a Rey con la mirada, para que ella pudiera iluminarle.

Y entonces, antes de que pudieran hacer nada, un ruido rasgó el silencio en el que se había convertido la plaza y un enjambre de cazas ala X se materializó en el cielo, emergiendo en la mismísima atmosfera del planeta. Un ataque suicida que solo podía ser obra de Poe Dameron.

Pronto el lugar se convirtió en un caos de gritos y disparos, mientras las naves hacían estallar los edificios de la base.

La llegada inesperada distrajo a Kylo una fracción de segundo, que fue la que Hux necesitó para desenfundar un pequeño puñal que llevaba escondido en el cinturón y clavárselo en el muslo. El caballero gimió y soltó su agarre, de manera que el general pudo echar a correr.

Mientras huía, Hux se volvió hacia los Caballeros de Ren y gritó:

—¡Matadlo! ¡Matadlo u os haré ejecutar cuando todo esto haya terminado!

Y tras ello desapareció en el interior del edificio principal.

Esta vez, Kylo sí se sorprendió cuando vio que los otros obedecían y formaban una línea perfecta que se interponía entre él y Hux.

—¿Desde cuándo obedecéis sus órdenes? —quiso saber.

El que respondió fue Marudd:

—Desde que nos traicionaste y dejaste de ser nuestro líder. —El caballero se quitó el casco para escupir en el suelo—. Eres basura, Ben Solo. Nos utilizaste para tus propios fines. Mataste al maestro Snoke y nos hiciste creer que era por nuestro bien. Pero en realidad lo único que querías era hacerte con el poder.

Kylo no dudó ni un momento al aceptar la acusación:

—Sí, es cierto: os utilicé. Pero era la única manera de acabar con Hux.

—Puedes inventarte las historias que quieras, sucio traidor. Tu palabra ya no vale más que la mierda de muunyak. Y tampoco nos importa Hux. Lo único que queremos es venganza. Tanto tú como Yang Sook merecéis que os maten.

—Que así sea.

Kylo se puso en guardia y esperó a que fuera el otro el que atacara primero. El hombre no se hizo de rogar y descargó un golpe con su espada, que a diferencia de las de sus compañeras y compañeros no era una espada láser, sino un arma de hoja ancha y robusta. Kylo desvió el golpe con su sable y lo hizo trastabillar. Pero tras Marudd aguardaba Tioka, lista para descargar sobre él sus bastones tonfa.

—Fuiste tú el que intentó matarme en Coruscant, ¿no es así, Solo? —le preguntó la Kel Dor, sin dejar de descargar un golpe tras otro sobre él, que Kylo detenía con su propia arma.

—Solo desconecté tu respirador unos instantes. Era la única manera de protegerte.

—¡Embustero! Nunca más volveré a confiar en tu palabra.

Sin dejar de combatir, Kylo intentó buscar a Rey con la mirada, para asegurarse de que estaba bien. Pero los ataques de Tioka y de Marudd, que se alternaban pera golpearlo y buscar cada uno de sus puntos débiles, lo mantenían demasiado ocupado.

Por fortuna, el resto de soldados había ido abandonando el lugar y no parecían interesados en su combate. La incursión aérea que la resistencia había lanzado sobre la base se recrudecía por momentos, con disparos y explosiones por doquier, y la armada necesitaba ponerle freno pronto.

En medio del enfrentamiento, un grito lo puso en alerta, y cuando se volvió descubrió que Yang Sook había clavado la espada láser en el pecho de D'sshu. El recuerdo que Kylo guardaba del vando, de cuando ambos compartían entrenamiento bajo la tutela de Luke, regresó a su mente: D'sshu siempre había sido un ser callado pero efectivo, alguien en quien confiar.

—¡No le mates! —le gritó a la nautolana, sin saber si el que hablaba era él o su yo de hacía diez años.

E intentó llegar hasta ella para impedir el asesinato. Pero de nuevo Marudd y Tioka le barraron el paso. Ni siquiera usar la Fuerza con ellos le sirvió para apartarlos, porque el primero contrarrestó su ataque con uno propio y lo anuló.

—No vas a ir a ninguna parte —le dijo el hombre, desafiante.

Y descargó de nuevo su espada sobre Kylo.

Kylo no tuvo problema en detener el golpe. Acto seguido, cargó contra su oponente, empujándolo de una patada contra las gradas. Eso hizo que el otro perdiera su arma y él aprovechara para efectuar un golpe vertical, que habría acabado con su vida si no fuera porque uno de los bastones de Tioka se interpuso.

Pero, esta vez, Kylo tenía un plan y no iba a dejar que nadie lo detuviera.

Agarró a Tioka del brazo y tiró de ella, para después levantarla por los aires usando la Fuerza. El gesto había cogido a la Kel Dor por sorpresa y para cuando pudo reaccionar, ya había salido despedida y se había hundido entre astillas.

Kylo no se detuvo ahí. Ahora que Marudd estaba indefenso, le propinó un puñetazo. El otro intentó devolvérselo, sin resultado. Kylo se había agachado para evitar el contrataque y al levantarse de nuevo, le hundió el sable en el pecho, a la altura del corazón.

Marudd dejó escapar algo parecido a un jadeo, antes de caer al suelo, muerto.

Tioka aún se removía entre los restos de madera cuando Kylo la agarró por la pechera de su armadura y la lanzó contra el suelo, lejos. Más allá ya solo quedaban en pie Haran, que cruzaba su lanza contra la vara de Rey, e Ikki, que con un brazo inutilizado intentaba alcanzar a Yang Sook con su látigo láser.

—¡Ikki, Haran, Tioka, deteneos! —gritó Kylo, autoritario.

Las tres mujeres se volvieron.

—¿Es esto lo que queréis? ¿Seguir a las órdenes de Marudd? ¿Morir por Hux?

—¡Yo no pienso descansar hasta verte muerto! —siseó Haran.

—¿Y tu vida vale tan poco como para sacrificarla por eso?

—¡Sí! —vociferó ella, olvidándose de la chica rebelde con la que luchaba, para echar a correr hacia él.

—No —repuso Kylo.

Y cuando Haran lo alcanzó, utilizó el control mental con ella, que, a pesar de la resistencia que opuso, acabó por caer inconsciente bajo su poder.

—Ikki, Tioka, encargaos de ella y del resto. Después haced lo que más os convenga. Sois libres de ir adónde queráis. Este es el fin de los Caballeros de Ren, ya no le debéis nada a nadie.

El silencio que resultó de aquellas palabras fue denso y pegajoso, como vómito. Kylo buscó a Rey con la mirada, esperando encontrar en ella algo que lo reconfortara, y sintió un gran alivio al ver que la chica estaba sana y salva. Ella le devolvió una sonrisa cansada y empezó a caminar hacia él. Pero, segundos después, la sonrisa se le desvaneció y su expresión se contrajo.

El caballero sintió la advertencia de la Fuerza.

Al volverse, Tioka se abalanzaba sobre él, usando uno de sus bastones como si fuera un puñal. Su primer impulso fue conectar de nuevo su propio sable, para defenderse. Sin embargo, no hizo falta porque la hoja del bastón solo pasó rozándole el costado: Yang Sook le había cruzado el abdomen a la Kel Dor en un corte mortal, desviando así el ataque.

Kylo tomó el cuerpo que caía sobre él y lo recostó sobre el suelo.

—¿Por qué, Tioka? —quiso saber.

—Siempre fuiste… un egoísta… Solo… Siempre estuvimos a tu lado… y tú… nunca quisiste vernos.

Aquellas palabras se le clavaron en el corazón como si fueran el puñal que ella había empuñado, porque sabía que eran ciertas. Para él, sus caballeros no habían sido más que herramientas en el juego del poder. Pero ahora que se había enfrentado a ellos, que había comprendido lo que albergaban sus almas y con ello había recuperado el recuerdo de lo que les había llevado a unirse a él cuando destruyó y abandonó la Orden Jedi, se daba cuenta de que había estado equivocado al respecto.

—Lo siento —dijo, sincero.

Pero la mujer despreció sus palabras:

—No quiero… tus disculpas…

Y tras eso su cabeza cayó hacia un lado, inerte.