Que Harry descubriera uno de sus secretos más vergonzosos y difíciles de explicar había sido un miedo constante en el fondo de su mente durante meses, pero, sorprendentemente, el Gryffindor había reaccionado de la manera opuesta a la que había esperado: acercándose más a él. Harry había adoptado la costumbre de sonreírle a Draco, de acariciar su mano por debajo de la mesa durante sus noches de estudio. Draco ya no se despertaba ninguna mañana sin un mensaje de "buenos días" en su moneda.

No sabía cómo sentirse al respecto. En general, Harry le hacía sentir bien. Se ponía rojo más veces de las que podía contar, y era capaz de olvidar durante varias horas, incluso días enteros, que había una serpiente dentro de su pecho esperando para hacerle daño. Pero, a veces, la idea de que no merecía nada de lo que Harry le estaba dando le torturaba, le impedía dormir; esos eran los momentos en los que la serpiente decidía atacar con toda la fuerza que había estado acumulando en su descanso.

Pansy no notó sus cambios de humor, porque estaba ocupada pasando tiempo con su novio o hablándoles a Blaise y a Draco sobre él. Blaise, sin embargo, sí se dio cuenta.

- Pareces... – empezó a decir una tarde mientras ambos estaban comiendo ranas de chocolate y jugando al ajedrez al lado de la chimenea, en la sala común.

-¿Sí? – preguntó, levantando una ceja.

-Mejor – concluyó por fin –. No sé cómo explicarlo. Creo que llevaba desde quinto sin jugar contigo al ajedrez. Pareces estar mejor.

Draco bufó y, mientras movía una de las torres por el tablero, espetó:

-No tener que soportar a Pansy anima a cualquiera.

Blaise sacudió la cabeza, pero se rio de su broma. Frunció el ceño mientras estudiaba el tablero.

-Te echaba de menos – dijo, cuando Draco pensaba que se había olvidado de contestar –. Lo que pasó en sexto te jodió la vida, y séptimo fue un desastre de curso para todos nosotros. Me alegra que todo haya vuelto a la normalidad –. Movió la reina –. No sé si te lo he dicho antes, pero me alegro de que te librases de Azkaban.

No, Blaise no le había dicho nada parecido hasta ese momento. Draco no tenía ni idea de qué contestar. Quería ser borde, pero también ser sincero, lo que era nuevo; sus conversaciones con Harry debían de estar pasándole factura.

Su amigo se rio un poco y siguió hablando.

-Cuando me enteré de lo que había pasado en el juicio se me pasó por la cabeza escribirle a Potter una carta de agradecimiento. ¿Te imaginas? Menuda idea.

-Como si necesitase un aumento de ego – masculló Draco, pensando, en realidad, en lo poco que le habría gustado a Harry recibir una carta así.

-Ya te digo. Es el héroe de todo el jodido mundo mágico. Por cierto, ha vuelto a salir en Corazón de Bruja. ¿Te has enterado? Creo que ha conseguido un artículo en la primera página.

Draco sintió terror al pensar en lo que podría haber motivado a la revista a hablar sobre Harry en su primera página; tenía que ser una noticia grande. ¿Y si alguien les había visto juntos? No, no podía ser. Blaise y Pansy habrían dicho algo antes. Su amigo no habría sacado el tema dándole tan poca importancia.

Tratando de mantener un tono calmado, contestó:

-¿Qué dice el artículo?

-No estoy seguro, creo que algo de Granger. Algún alumno los vio paseando a solas por los jardines y les sacó una foto. No entiendo qué gracia tiene la historia si todo el mundo sabe que Granger está con Weasley, pero bueno...

Draco sintió algo dentro de él extrañamente parecido a los celos, pero se sacudió la emoción de encima usando su sempiterno tono de burla.

-Qué cotilleo tan viejo. Rita Skeeter lo explotó hace años.

Blaise le dio la razón y, por suerte, no siguió hablando de Harry. Era bastante raro hablar con sus amigos del Gryffindor y tener que fingir que seguía despreciándolo. A veces, se encontraba a sí mismo a punto de referirse a él como Harry, y no como Potter, y tenía que morderse la lengua para no cagarla.

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Una tarde de principios de abril, cuando ya había pasado una semana y media desde que se había despertado entre los brazos de Harry, Draco entró en la Sala de los Menesteres y se encontró con que el Gryffindor estaba practicando hechizos de Transformaciones con los muebles de la estancia. Una sonrisa relajada se dibujó en sus labios en cuanto vio entrar a Draco. Harry se acercó a él y juntó sus labios en un beso breve y dulce que nada tuvo que ver con los besos llenos de dudas, pasión y necesidad que habían intercambiado hasta entonces.

A Draco le temblaron las piernas.

-¿Hacemos juntos la redacción de Defensa? – preguntó Harry, como si aquel roce de labios no hubiera sido sino un saludo.

-Vale – se las arregló para contestar. Se sentó, como era costumbre, a la derecha de Harry, y se puso a trabajar.

Tenían una dinámica que le resultaba muy cómoda; Harry ponía su música sin preguntar, y ambos se concentraban en sus tareas, hablando de vez en cuando para contrastar información. A veces, cuando se cansaban de trabajar, dejaban las plumas en el tintero y se hacían preguntas que derivaban en conversaciones tranquilas. A Draco siempre le sorprendía que nunca acabasen discutiendo, pero sospechaba que se debía a que ambos evitaban los temas más peligrosos.

Ese día, fue Harry quien se inclinó hacia atrás en su silla para estirarse y, apartando un poco sus apuntes, decidió tomarse un descanso. Draco estaba en medio de una frase, así que no le hizo mucho caso hasta que el Gryffindor apoyó su mano derecha sobre la izquierda de Draco, que estaba, en aquel momento, sujetando un par de trozos de pergamino sobre la mesa.

Perdió la concentración y sus ojos volaron hacia sus manos. Harry también las estaba mirando, aparentemente relajado, y empezó a acariciar los nudillos de Draco con su pulgar de manera distraída. Él no pudo evitar observar el contraste entre sus manos. El tono de su piel, la forma de sus uñas, de sus dedos... y, de pronto, se dio cuenta de que había un detalle en el que no había reparado. En el dorso de la mano del chico había ciertas zonas de la piel, como líneas curvas, que eran más claras que el resto de la mano. Se inclinó hacia delante para observarlas con detenimiento.

Sí, eran lo que creía. Palabras. Draco había visto ese tipo de heridas antes; Umbridge había empleado aquel castigo barbárico en muchos alumnos de Hogwarts en quinto curso. ¿Por qué no se había fijado antes en que Harry tenía aquellas cicatrices? Ya apenas eran visibles, pero, aún así...

-No debo decir mentiras – susurró Harry a su lado. Draco levantó la mirada y se encontró con los ojos del Gryffindor muy cerca de los suyos –. Es lo que pone.

Él asintió, no sabiendo muy bien qué contestar a eso.

-¿Crees que de verdad pensaban que estabas mintiendo? – preguntó.

-No – repuso Harry –. Creo que no querían que fuese cierto.

-Qué imbéciles. ¿Cómo podían dormir por las noches tratando de convencerse de que Cedric se había tropezado por ahí y tú te habías vuelto loco?

Después de decir eso, se dio cuenta de que su vena sarcástica había vuelto a pasarse de la raya. Miró a Harry esperando una mala reacción, pero él simplemente asintió, como si estuviera de acuerdo con lo que Draco acababa de decir.

Volvieron a quedarse en silencio. Harry siguió acariciando su mano con movimientos lentos y suaves, y él sintió un cosquilleo de placer en su interior. Era tan agradable cuando el chico hacía eso...

Harry giró la mano de Draco y, de una en una, trazó las líneas de su palma con su dedo índice, moviéndose de las que estaban más cerca de sus dedos hasta llegar a su muñeca. Se detuvo al alcanzar la zona que estaba tapada por la manga de su túnica.

-Me gustaría verlas – dijo simplemente.

Draco sabía a qué se refería Harry. Había anticipado que algo así ocurriría, que el Gryffindor no dejaría pasar el tema para siempre, pero había esperado poder alargar un poco más la situación de la última semana. Le daba miedo pensar en lo que diría o haría Harry al ver todas aquellas heridas a plena luz del día y sabiendo cómo habían llegado ahí. Su estómago hizo un ruido raro al pensar en ello.

-No tiene por qué ser ahora. Cuando estés preparado – añadió Harry. Draco simplemente asintió, y el Gryffindor entrelazó sus dedos con los de él.

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Esa noche se fue a la cama algo preocupado. No entendía por qué Harry estaba llevando el tema de sus heridas con tanta calma, con tanto tacto. El chico al que él había conocido durante muchos años era una persona de acción; impulsivo, atacante. No paciente y cuidadoso. Pero, claro estaba, Harry nunca antes había sido su amigo. Tal vez siempre había sido así con las personas que le importaban.

Esa línea de pensamiento, cómo no, le llevó a preocuparse por la intensidad de sus sentimientos por Harry. No lograba entender cómo habían terminado besándose y dándose la mano e incluso acostándose en una ocasión, pero ya no era capaz de pensar en parar de hacerlo. Y eso le asustaba.

"Buenas noches," escribió en su moneda antes de cerrar los ojos para tratar de conciliar el sueño.

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-¡¡NOOO!!El sonido fue desgarrador, y lo hizo más horrible el hecho de que había salido de los labios de McGonagall. Sintió una corriente de terror agolpándose en su pecho. Tenía tanto miedo que no podía moverse.Harry Potter había muerto.Su Harry, su única esperanza de volver a ser feliz alguna vez, el único capaz de acabar con Voldemort, yacía muerto entre los brazos de Hagrid.De la nada, Hagrid se convirtió en una babosa gigante, y el cadáver inerte de Harry se cayó el suelo a sus pies. La batalla se reanudó. Gigantes, centauros, elfos, hombres lobo, magos, brujas; todos se estaban moviendo a su alrededor, atacando para matar. Por algún motivo, estaba nevando.Draco se quedó completamente quieto. No podía apartar la vista del cuerpo anormalmente pálido del chico al que amaba.Estaba esperando algo. Algo que sabía que tenía que ocurrir, y pronto; algo que cambiaría el destino de todos cuantos estaban allí.Pero no ocurría. Harry no se levantaba.Draco llevaba mucho tiempo aguantando la respiración, y se estaba ahogando. Pero necesitaba que Harry se moviera para poder tomar aire. "Vamos, Harry. Vamos. Levántate. Estás vivo," gritó en su mente. Buscó el más mínimo indicio de vida en su cuerpo. Observó su pecho para ver si se levantaba con su respiración. Trató de enfocar sus párpados para comprobar si se entreabrían. Inspeccionó sus manos en busca de un movimiento de dedos. Pero no vio nada."¿A qué esperas?" imploró al borde de las lágrimas. "¡Tienes que matar a Voldemort!"Nada.Trató de moverse hacia él. Dio un paso, y otro, y otro, pero no avanzaba. Corrió, desesperado, pero el chico parecía estar cada vez más lejos de él, y, de pronto, la nevada se convirtió en una tormenta de nieve que le impedía ver el cuerpo inerte de Harry.Miró a su alrededor y solo vio cadáveres. Sus padres, sus profesores, sus amigos y compañeros; todos estaban muertos. Y él estaba de pie sobre un charco de sangre.Harry llegaba tarde.No. Harry no iba a llegar. Estaba muerto. Había muerto de verdad y para siempre.

Se despertó sudando y gritó, sentándose en la cama completamente deshecha. Harry estaba muerto.

No, no. Había sido una pesadilla. Una pesadilla horriblemente vívida.

Su mano voló hasta su almohada y rebuscó hasta encontrar alguna fuente de calor. No tardó en encontrarla. Se acercó el galeón a la cara y, con la luz de su varita, leyó:

"¿Pesadilla?"

"Sí," escribió, sintiéndose un poco más relajado cuando comprobó que Harry seguía vivo y estaba despierto. El Gryffindor le preguntaría si quería hablar, como siempre, y entonces él diría que sí y lograría calmarse y volver a quedarse dormido al cabo de unas horas.

Solo que Harry no dijo lo que él esperaba leer.

"¿Ha sido muy" "mala?"

Draco, sorprendido, tardó un momento en contestar.

"Bastante."

Seguía temblando. El estrés, la impotencia y el terror que había sentido le habían parecido tan reales que todavía no había logrado calmar su respiración.

"¿Contraseña?" fue el siguiente mensaje de Harry.

Draco frunció el ceño y, por un momento, se asustó. ¿Por qué estaba tan raro Harry? ¿Y si en realidad no estaba hablando con él, sino con Voldemort, que había matado al chico y le había robado la moneda? Sabía que era un miedo irracional, pero el pensamiento le hizo temblar.

"¿Qué?" escribió.

"De Slytherin," dijo Harry. "Estoy delante."

Draco no podía pensar. "Fortuna mutabile," escribió en su moneda.

Apenas un minuto después, las cortinas de su cama se estaban moviendo. Su cuerpo se encogió automáticamente. Fue apenas consciente de Harry saliendo de debajo de su capa de invisibilidad, lanzándola al fondo de la cama, cerrando las cortinas y conjurando un hechizo silenciador. Y, entonces, estaba entre los brazos de Harry. El chico le atrajo hacia él, acariciando su espalda y acunando su cabeza contra su pecho. Su calor corporal, los latidos de su corazón y su olor eran más reales que cualquier pesadilla, y Draco, cuando quiso darse cuenta, estaba llorando.

-Ser tu amigo me ha afectado, P-potter – musitó –. Mira cómo me pongo por un sueño est-túpido.

Harry levantó la barbilla de Draco y pasó su pulgar por sus mejillas, limpiando sus lágrimas sin dejar de abrazarle. Draco luchó por calmar su respiración. Estaba entre los brazos de Harry. Voldemort había muerto. Estaban a salvo.

Harry se recostó hacia atrás y Draco se dejó mover por él, manteniendo su cabeza pegada al pecho del Gryffindor. No dijo nada mientras el chico apagaba su varita y la dejaba, junto con sus gafas y la moneda, en el extremo opuesto de la cama. Su mano se había cerrado en un puño en torno a la camiseta de pijama de Harry, pero no pudo obligarse a sí mismo a soltarla.

-Estoy aquí, Draco – susurró Harry, acariciando su pelo y su espalda –. Estás a salvo.

Draco asintió débilmente y se le escapó un sollozo. Harry los tapó con las sábanas, y él, poco a poco, consiguió relajar los hombros y tomar respiraciones más profundas. La tela del pijama de Harry estaba húmeda bajo su cara, por lo que se movió un poco hacia un lado que estuviera seco. Cerró los ojos y se aferró a Harry. Su Harry.

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Lo siguiente de lo que fue consciente fue el sonido estridente de su despertador destrozando sus tímpanos.

-¿Cómo se apaga esa cosa? – farfulló una voz a su lado. El cuerpo al que pertenecía estaba pegado a su espalda y tenía un brazo envuelto alrededor de su cintura.

-Es mágico – murmuró él contra la almohada –. Se apaga cuando me despierto del todo.

Abrió los ojos e hizo un esfuerzo sobrehumano por espabilarse. A los pocos segundos, el despertador se dio por satisfecho y dejó de sonar.

-Mmphh – se quejó Harry, su cara enterrada en el pelo de Draco –. ¿Qué hora es? ¿Podemos quedarnos aquí un poco? – preguntó. Draco asintió y se aferró a la mano de Harry que estaba descansando junto a su pecho.

-Hoy es sábado, me olvidé de desactivar la alarma. Blaise y Nott no se van a despertar en un par de horas...

No quería dejar ir a Harry. No cuando se sentía tan bien con sus cuerpos encajados de aquella manera, con la respiración del chico en su nuca y su brazo sujetándole.

Ese brazo se movió, y Draco, a pesar de lo mucho que deseaba quedarse así durante horas, lo soltó, creyendo que Harry se apartaría para levantarse. Sin embargo, la mano del chico no se separó de su cuerpo, sino que descendió hasta rozar su barriga, deteniéndose en el punto en que se encontraban los extremos de las dos piezas de su pijama. El corazón de Draco dio un salto dentro de su pecho.

Los dedos de Harry se colaron entre su ropa y rozaron la piel de Draco allí donde el vello de su vientre se volvía más espeso y se perdía bajo su ropa interior. Él sintió un escalofrío de placer, que se volvió más intenso cuando Harry empezó a dejar un rastro de besos húmedos por su cuello y hombro. Su cadera se movió con anticipación mientras la sangre bajaba por su cuerpo, y Draco cerró los ojos y se acurrucó contra Harry, soltando un suspiro.

-¿Quieres esto? – preguntó Harry, que estaba dibujando círculos con un dedo en la piel de su cadera. Draco asintió, olvidando por completo que tenía un orgullo que mantener. No quedaba suficiente sangre en su cerebro, o tal vez no estaba tan despierto como para tenerlo en cuenta. Deseaba tanto que Harry siguiera bajando que estuvo a punto de mover aquel brazo él mismo solo para que se diera más prisa.

Harry le acarició por encima de la ropa interior. Draco todavía no estaba duro del todo, pero avanzó rápidamente en esa dirección cuando Harry hizo presión con la palma de su mano y rodeó su erección con sus dedos a través de la tela. A Draco se le escapó un gemido, y sus caderas volvieron a saltar.

La mano desapareció de pronto, y Draco emitió un sonido de queja mientras Harry buscaba a tientas el borde de su ropa interior. Y entonces Harry estaba acariciándole de nuevo, piel contra piel. Nadie le había tocado nunca, y Draco tembló, soltando todo el aire de sus pulmones. Harry realmente estaba masturbándole. Salazar, la simple idea le hacía gotear.

Se acercó más al cuerpo duro y caliente de Harry. Un bulto se movió contra su cadera, y Draco, incapaz de procesar ningún pensamiento, llevó su brazo hacia atrás en una postura extraña para palpar a Harry a través de la ropa. El Gryffindor suspiró en su cuello húmedo y movió su mano más rápido, con una fuerza y velocidad que hicieron temblar a Draco. Aquello no era para nada como tocarse a sí mismo. Mierda, era increíble. Sus caderas se estaban moviendo cada vez más rápido, y Harry leyó su cambio de ritmo a la perfección y aumentó la presión. Draco debería haberse contenido, debería haber durado más, pero, con un gemido, se corrió en la mano del chico.

Se tomó un momento para respirar y recomponerse y se giró para estar cara a cara con Harry. Se sentía despierto y, a la vez, extrañamente tranquilo. Cómodo. Saboreó los labios de Harry, dejando que una de sus manos bajase para volver a tocarle.

-Hhmmm – suspiró Harry contra sus labios –. Draco...

Había empezado a mover la cadera, y Draco, confiado, buscó el límite de los calzoncillos del Gryffindor para colarse debajo. "Estoy masturbando a Harry." El pensamiento hizo que una corriente de placer bajase por su cuerpo. Miró al chico a la cara y vio los labios entreabiertos de Harry, suspirando, y sus ojos verdes con las pupilas dilatadas. Se preguntó si sería físicamente posible volver a ponerse duro tan poco tiempo después de haber terminado.

Movió su mano más rápido y pasó un pulgar por la punta húmeda, sabiendo que eso siempre conseguía un efecto más placentero. Harry se mordió el labio y se movió hacia delante, levantándose un poco y apoyándose sobre su hombro. Parecía como si quisiera ponerse sobre Draco y estuviera haciendo un esfuerzo enorme por contenerse. Para distraerle, Draco se acercó a él y le dio un beso húmedo y caliente.

Con toda la experiencia que había adquirido tocándose a sí mismo, supo exactamente qué hacer y cuándo hacerlo para conseguir que Harry terminase en muy poco tiempo.

Se quedaron tumbados un momento, con las frentes pegadas y los ojos cerrados. Harry solo se movió para recoger sus gafas y su varita, que usó para limpiar sus pijamas donde se habían mojado.

Pasados unos minutos, Harry se sentó en la cama. Draco hizo lo mismo, y se quedaron hombro contra hombro. El Gryffindor acarició su mejilla, y Draco le devolvió la mirada. Ahora que el momento había terminado, la forma descarada en la que había tocado a Harry le parecía algo vergonzosa, y sintió que se ponía rojo.

-Eres adorable – susurró Harry, inclinándose para darle un beso suave en los labios. Draco casi se derrite.

-Deberías irte – contestó en un murmuro.

-Hay tiempo – se encogió de hombros. Su expresión, hasta entonces relajada, se volvió más seria –. ¿Quieres hablar de la pesadilla?

El acto reflejo de Draco fue negar con la cabeza, pero, aún así, las palabras se escaparon de su boca sin permiso.

-Estábamos en la Batalla de Hogwarts, y tú estabas muerto. Pero yo sabía que ibas a levantarte y matar a Voldemort – bajo la voz hasta que apenas pudo oírse a sí mismo decir aquel nombre. Harry le dio la mano –. Pero te estaba mirando y no te despertabas. Intentaba avanzar hacia ti, pero solo conseguía alejarme. Todos a mi alrededor estaban muertos, y yo me daba cuenta de que tú no te ibas a despertar para salvarnos. De que estabas muerto de verdad –. Sacudió la cabeza con incredulidad –. No sé para qué he dicho nada. Así contado suena estúpido.

-No lo es – aseguró Harry –. Yo tengo pesadillas sobre ese día a menudo. La gente muriendo, los gritos, el bosque...

-¿Qué pasó en el bosque? – preguntó él de pronto. Sabía que Harry había estado inconsciente y que su madre le había mentido a Voldemort, diciéndole que Harry estaba muerto. Siempre se había preguntado cómo habían llegado a aquella situación, pero su madre no le había contado nada.

-Eso... es algo muy personal – susurró Harry. Draco sintió una presión en su pecho.

-Lo siento.

-No pasa nada. Te lo contaré, ¿vale? Pero... no ahora.

Asintió, tratando de mantener la calma. Él tampoco le había enseñado aún ninguna de sus cicatrices a Harry; la situación era la misma, ¿no? Había cosas que eran demasiado dolorosas como para hablar de ellas.

Excepto...

Excepto que Draco ya no se sentía igual con respecto a sus cicatrices. Se dio cuenta en ese instante de que, si Harry le volviera a pedir verlas, no se negaría. Ni las de su brazo izquierdo ni las demás. Confiaba en él. Salazar, confiaba tanto en él que le daba miedo.

-El otro día, cuando estábamos... en la Sala de los Menesteres, en esa cama – titubeó Draco. Miró a Harry, que asintió, algo confuso –. Sé que te diste cuenta de que me pasaba algo.

-Sí – afirmó el Gryffindor.

-La postura en la que estábamos me recordó... algo – siguió. No sabía cuánto sería capaz de decir, pero de repente sentía una necesidad imperiosa de quitárselo de encima.

-¿El qué? – murmuró Harry, acariciando su mano con las suyas.

-Mi tía Bellatrix me torturó. Me sujetó contra el suelo , de forma que no pudiera moverme, y me... me hizo daño. Por eso, cuando estabas sobre mí, mi instinto me dijo que estaba en peligro, y... –. No sabía cómo seguir. Se llevó una mano a la cara, suprimiendo un sonido de exasperación –. Mierda, lo siento – masculló.

Harry se quedó callado un momento, pero no soltó su mano. Aquel contacto físico le relajaba, y Draco no estaba seguro de si eso era bueno o malo. Estaba hablando de sus sentimientos más de lo que era normal en él, y una parte de su ser odiaba la sensación de vulnerabilidad que eso le causaba.

-No lo sientas – susurró Harry, apretando su mano –. Gracias por contármelo, Draco.

Se encogió de hombros, algo incómodo.

-Deberías irte – dijo una vez más. Esa vez, Harry soltó su mano.

-Sí.

Observó en silencio mientras Harry se cubría con la capa, y aceptó el beso de despedida que le dio el chico antes de irse. En cuanto se quedó solo, se sentó más recto en la cama y se abrazó a sus propias rodillas, enterrando en ellas su cara. Su cama olía a Harry. Podía sentir en su piel un cosquilleo reminiscente en las zonas que Harry había acariciado. Su mente estaba dándole vueltas a todo lo que le había confiado al chico.

"Mierda," pensó, a pesar de que ya no sentía que aquello fuera un error. "¿En qué me he metido?"