Las incipientes gotas de lluvia empezaron a golpetear el amplio ventanal que se encontraba junto a la puerta de entrada de aquella humilde habitación de motel.

La claridad de la luna se colaba a través de las desgastadas cortinas y se mezclaba en el interior con la luz de las pocas bombillas que alumbraban el cuarto. En su interior, Sam, Josh y Lucy se habían esmerado en proteger aquellas cuatro paredes de la gran amenaza demoníaca que suponía Stolas.

Los cazadores habían demarcado las entradas con sal de roca de modo que puerta y ventana habían quedado protegidas con una gruesa línea de dicho mineral. Por su parte, Lucy se había dedicado a dibujar algunos símbolos sobre las paredes los cuales tendrían que servir para ocultarse del ser en cuestión.

-¿Tan lejos estaban? -preguntó el mayor de los Parker dando vueltas de un lado para otro, visiblemente preocupado por el hecho de que Ashley y Dean aún no hubieran regresado.

Sam, apoyado sobre la mesa que había junto a la ventana, apartó la vista de la cristalera para dirigirla hacía el ojiazul.

-No lo sé. -suspiró. -Sólo me dijeron que venían de camino.

-Los volveré a llamar. -resolvió Josh con la intención de alcanzar su teléfono móvil del bolsillo trasero del pantalón.

Sin embargo Lucy se acercó hasta él y lo tomó suavemente por el codo interrumpiendo su acción.

-Espera Dorito,creo que mis sentidos aún no están del todo atrofiados... -el cazador la miró terriblemente confundido. -Puedo sentir sus presencias cerca.

Sam volvió a mirar a través de la ventana, apartando las finas cortinas, y comprobó que la demonio estaba en lo cierto. Un haz de luz, proveniente de dos faros, iluminó de pronto el aparcamiento del motel anunciando la llegada del Impala el cual estacionó junto al Charger.

-Tiene razón. -informó el menor de los Winchester a Josh. -Están aquí.

Dean fue el primero en descender del vehículo. Bordeó con suma rapidez el capó y se quitó la chaqueta, sujetándola sobre sus hombros en alto para cubrir a Ashley de la torrencial lluvia que ya había empezado a formar charcos sobre la calzada.

La rubia no pudo evitar que una suave risa escapara de sus labios al ser testigo de aquel gesto.

-Qué caballero te has vuelto, Winchester. -apuntó tomando uno de los bordes de la chaqueta.

-Bueno, ahora que te he recuperado no me gustaría que encogieras aún más... -bromeó él, apremiándola con una mano en su espalda hacía la puerta de la habitación.

-¡Oye! -le reprochó Ashley dándole una palmada en el pecho. Con su 1'73 de estatura nunca se había considerado pequeña. Pero claro, al lado de los Winchester esa cifra era poco destacable. -¿Qué tienes en contra de mi tamaño?

-Nada. -rió Dean, divertido por el tono de indignación que ella había empleado. -Mejor para mí. Más manejable. -agregó dedicándole una pequeña palmadita en el trasero.

Ashley pegó un ligero respingo y se contagió de su risa antes de girar el pomo de la puerta y entrar en la habitación. Cuando la pareja cruzó el umbral seguían conservando el feliz semblante en sus rostros, hecho que no pasó desapercibido para los que ya se encontraban dentro del cuarto.

-Gracias a Dios que estas bien, Ash. -pronunció Josh lanzándose a sus brazos sin siquiera parpadear. No le importaba lo más mínimo si ella le rechazaba. Sólo quería asegurarse de que era real.

-Josh... -logró articular esta con dificultad, sintiendo los fuertes brazos de su hermano rodeándola. -Me estás asfixiando.

-Lo siento. -se disculpó de inmediato liberándola lentamente, como si le costara separarse de ella. -Por todo. -agregó mirándola a los ojos.

Ashley asintió con la cabeza al tiempo que le dedicaba una sonrisa.

-Lo sé. Te perdono. -él le devolvió el gesto. -Eso sí, ni se te ocurra mentirme de nuevo o te destrozaré el coche.

El mayor de los Parker levantó su mano derecha en señal de juramento.

-Te lo prometo.

Ashley rodó los ojos ante su teatralidad y posteriormente los fijo en el que había sido su lecho durante las últimas dos noches. La colcha azulona se encontraba a medio colgar a los pies de la cama, las sábanas completamente enmarañadas y una de las almohadas descansaba sobre la rugosa moqueta que cubría el suelo.

-¿Por qué parece que haya pasado un tornado por mi cama? -preguntó curiosa.

Josh no respondió a la pregunta de su hermana. Lucy, a su lado, lo miró alzando una de sus cejas mientras se mordía el labio para reprimir una sonrisilla culpable.

La rubia buscó entonces una explicación en Sam, el cual se encontraba repasando la barrera de sal que había quedado rota tras su entrada y la de Dean.

-A mi no me mires. -le dedicó el menor de los Winchester incorporándose. -Cuando yo llegué ya estaba así.

Ashley volvió a girarse hacia su hermano y Lucy y la realización le golpeó.

-¿Quieres contarme algo, Josh?

El aludido hizo una extraña mueca con la boca, curvando sus labios hacía abajo, mientras ladeaba la cabeza en señal de negación, como si no supiera a que estaba haciendo referencia. Fue entonces cuando se percató del pingo en el dobladillo de la camiseta de su hermana y sonrió pícaramente.

-¿Quieres contarme tú el porqué llevas la camiseta del revés?

Ashley dirigió rápidamente su atención hacia la prenda de ropa que le señalaba y comprobó que con las prisas y la oscuridad apenas había atinado a vestirse correctamente. Los pómulos se le encendieron cual árbol de Navidad al sentirse descubierta mientras miraba a Dean por el rabillo del ojo. Este se rascó la nuca algo nervioso por la pregunta que había formulado su cuñado.

Las reacciones de la pareja despejaron cualquier posible duda que pudiera tener el trío respecto a su reconciliación.

-Eso pensaba... Mejor nos saltamos los detalles. -determinó Josh pasando por el lado de la pareja. -¿Verdad? -golpeteó consistentemente el hombro a Dean.

El ojiverde le sonrió algo incómodo.

-Entonces... Sobre ese tal Stolas... -carraspeó el Winchester redirigiendo el tema de conversación. -¿No es el demonio al que te enfrentaste? -preguntó mirando a Lucy.

-El mismo. -confirmó la caoba. -Creo que nos ha estado siguiendo desde entonces.

Se frotó de forma involuntaria la marca que el susodicho le había dejado sobre la muñeca, la cual por cierto no hacía otra cosa que empeorar por momentos.

Los ojos azules de Josh la observaron con preocupación y Lucy se dio cuenta del gesto que estaba haciendo. Rápidamente se metió las manos en los bolsillos de su cazadora fingiendo normalidad, tratando de ocultar la molestia, porque le había mentido. Le había dicho que aquello no acabaría con ella cuando lo cierto es que nadie podía escapar de la maldición de Stolas. Ni siquiera un demonio.

-¿Pero por qué matar a Stuart? -inquirió Ashley tratando de encontrarle un sentido lógico a aquel comportamiento. -¿Por qué no ha venido directamente a por nosotros?

Lucy abrió la boca para responderle pero el atronador sonido que emitió el cielo la silencio por completo. En el exterior la tormenta se tornaba cada vez más virulenta, levantando a su paso un fuerte viento que azotaba con insistencia los delgados cristales de la ventana. Sam se separó de esta cuando el vidrio empezó a temblar sin parar, amenazando con quebrarse en cualquier momento.

-Chicos... -empezó a advertir. Pero no le dio tiempo a decir mucho más. En cuestión de segundos cientos de cristalitos estallaron en su dirección mientras una gran bocanada de gélido aire se colaba en el interior del cuarto quebrando las gruesas líneas de sal.

En un acto reflejo, tanto los cazadores como Lucy, se cubrieron los ojos con los brazos, girándose para dar la espalda a la ventana. Ninguno se dio cuenta del ave que la atravesó y se posó sobre la rugosa moqueta observándolos con redondos ojos amarillos.

El ululato del búho los sorprendió y terminaron por abrir los párpados pese a la gran corriente de aire que seguía arremolinándose en el interior de la habitación.

-¡Salid de aquí! -gritó Lucy señalándoles la puerta al reconocerlo. -¡Es él! ¡Es Stolas!

Los cazadores la miraron desconcertados por una breve fracción de segundo, tiempo que fue más que suficiente para que el ave adquiriera forma humana.

Un hombre de pelo ligeramente plateado por los lados a causa de las canas y de intensa mirada ambamarina se alzaba elegantemente ante ellos vestido con un traje en tonos tierra.

-Nadie se va de aquí hasta que yo lo diga. -habló Stolas inmovilizando con el poder de su mente a ambos pares de hermanos. -Vamos a tener una pequeña charla.

-Vete al Infierno. -profirió Josh intentando romper esa barrera de poder invisible que los mantenía a su merced.

-Poco original y maleducado. -apuntó el demonio. -Te prefería cuando Belial te tenía amaestrado.

-Hijo de puta. -atacó esta vez Ashley con rabia.

-¡Vaya! Veo que viene de familia. -chasqueó su lengua divertido mientras se acercaba lentamente hacia ellos.

Lucy dio un paso hacia delante, plantándose delante de los cazadores con los brazos extendidos en cruz. No iba a dejar que Stolas les tocara un pelo sin antes pelear.

El de ojos ambamarinos la miró negando con su cabeza.

-¿Estás dispuesta a defenderlos? -Lucy no se movió ni un ápice, confirmándole que así era. -Patético...

-Al menos yo ya no soy la puta de nadie. -le respondió plantándole cara. -¿Puedes tú decir lo mismo? Sé que le has jurado lealtad a Belial.

Stolas se detuvo a escasos centímetros de la caoba con una sonrisa perturbadora en sus labios.

-¿Jurarle lealtad? -repitió él riendo. -Si crees que todos los que estamos de su lado somos sus subordinados déjame decirte que estás muy equivocada. No tienes ni idea de lo que tenemos preparado.

Lucy frunció su ceño. Hasta aquel preciso momento había creído conocer los verdaderos planes de Belial, pero el alardeo de Stolas la tenía confundida.

-Sorpréndeme.

-Vamos a ser uno. Primera y segunda jerarquía unidas en un mismo ser. ¿Puedes imaginártelo? Un oscuro Dios alzándose sobre todo. Erradicando a cada uno de los que no quieran doblegarse ante él. Implantando un nuevo régimen de terror sobre la Tierra.

-Eso no es posible. -negó aterrada la caoba. -Necesitáis un cuerpo, y no existe uno lo suficientemente fuerte para conteneros a todos.

Stolas se carcajeó de nuevo.

-Vuelves a estar equivocada. Ya tenemos candidatos capaces para ello. -la mirada ambamarina del demonio se clavó en la de los cazadores de ojos verdes. -Los envases de Lucifer y Miguel. Sam y Dean Winchester. ¿Por qué si no Belial os iba a permitir seguir respirando?

Dean pensó en el sentido que tenía aquello, y en el interés que el susodichohabía demostrado a la hora de poseerle.

-¿Has olvidado dónde terminaron esos dos imbéciles por intentar llevarnos al baile? -profirió pagado de sí mismo. -Porque algo similar es lo que os espera a todos vosotros.

-Por favor, no estás en posición de amenazar a nadie. -soltó Stolas mirándolo por encima del hombro. -Además, si mal no recuerdo, tu hermanito acabó en el mismo agujero que ellos. -su mirada voló rápidamente hacia el más alto de los Winchester. -Bonita experiencia, ¿verdad?

Sam no respondió. En su lugar se limitó a dedicarle una de las mayores bitchface de las que tenía constancia mientras Dean volvía a saltar:

-Cierra la boca. -el demonio lo miró de nuevo.

-¿O qué, Dean? -sonrió torcidamente. Pese a estar en una situación desfavorable el cazador no dejaba de retarle con la mirada. -Puedo ver porque eres el preferido de Belial. No habría peor castigo para ti que matarlos. -agregó dando un paso más al frente. Lucy deslizó entonces el cuchillo mata demonios a través de la manga de su cazadora. -Sabes perfectamente que eso no puede acabar conmigo. -se dirigió esta vez a la demonio.

-No. -coincidió ella. -Pero puedo cortarte la lengua y así dejar de escuchar tu molesta palabrería.

-Me gustaría ver como lo intentas. -rápidamente la hoja pasó muy cerca de su mejilla, rozándola levemente. Una delgada línea de sangre se abrió sobre su piel para cerrarse casi de inmediato. -Siempre fuiste muy traviesa, Lucy... -antes de que ella pudiera volver a atacar, Stolas enfocó su poder en hacer que saliera despedida hasta una esquina de la habitación. -... pero nunca tan estúpida como para ir en contra de los tuyos.

Para su sorpresa, la caoba dejó escapar una gran carcajada.

-No soy de los vuestros.

Cuando trató de levantarse, él la envió de nuevo contra el suelo con un movimiento de mano mientras se acercaba para acuclillarse ante ella.

-Es una lástima que realmente tú misma te creas eso. -la tomó por el brazo y Lucy gruñó de rabia al sentirse tan a su merced. -No tiene muy buena pinta. -habló observando la marca sobre su muñeca. -¿Ya has empezado a perder tus poderes? -ella no respondió. -Me lo tomaré como un sí. -rió soltándola con rudeza y poniéndose en pie. -No te queda mucho, querida.

-¿Qué? -murmuró Josh centrando su atención en la castaña mirada de Lucy. Algo se le removió por dentro al escuchar al demonio decir aquello. -¿De qué está hablando? Me dijiste que esto no acabaría contigo. -la caoba se limitó a mover sus labios pronunciando un sordo "lo siento".

Stolas observaba con diversión la escena.

-Última hora, Josh. Los demonios mentimos. -se burló paseándose por la habitación.

Una breve pausa inundó el cuarto hasta que volvió a articular palabra.

-Ahora juguemos a algo. No puedo acabar con vosotros porque sois propiedad de Belial. -dijo señalando a los inmóviles cazadores. -Pero necesito saber lo que ese tal profesor Stuart os desveló sobre la vasija de Salomón. Así que supongo que sí tengo permitido divertirme un poco. Veamos... -sonrió maquiavélicamente acercándose a la rubia. -¿Serás tú la tecla que tendré que tocar para que alguien empiece a cantar la Traviata?

Ashley le escupió en la cara y el demonio levantó una de sus manos amenazante.

-¡Espera! -exclamó Lucy tratando de ponerse en pie. Ella ya estaba perdida pero sus compañeros aún tenían la oportunidad de salir ilesos. -Déjales marchar y te contaré todo lo que hemos descubierto hasta ahora.

-No lo hagas. -le advirtió Josh.

Pero ella lo ignoró y siguió con la vista clavada en el de ojos ambamarinos.

-Belial los quiere de una pieza. No querrás cabrearlo, ¿verdad?

La mano de Stolas descendió lentamente mientras su mirada se tornaba más perversa de lo habitual.

-Haremos lo siguiente. Si logras usar los pocos poderes que te quedan para liberarlos te escucharé y los dejaré ir. -anunció a sabiendas del increíble esfuerzo que supondría aquello en su estado. -Pero si mueres en el intento los torturaré hasta que hablen. Y créeme, hablarán. -dedicó un nuevo vistazo a los cazadores antes de volver su atención a la demonio. -¿Qué me dices, Lucy? ¿Estarías dispuesta a sacrificarte por ellos de ese modo?

La aludida se puso en pie ayudándose de la pared para mantener el equilibrio. Estaba realmente debilitada y usar sus habilidades demoniacas sólo agravaría la situación, llevándola cada vez más cerca hacía el abismo de la muerte. Lo sabía. No obstante, si había una pequeña esperanza de redención para ella por todo el mal que había causado en sus siglos como demonio era aquella. Y no iba a desaprovecharla.

Caminó con paso tembloroso hacía el cuarteto de cazadores y les sonrió ligeramente antes de cerrar sus ojos, concentrándose.

-Lucy, no lo hagas. -volvió a pedirle Josh, esta vez en un tono más cercano a la suplica.

La caoba abrió los ojos, los cuales se habían inundado en la más absoluta oscuridad, y los clavó en los celestes orbes de él.

-No voy permitir que esto termine mal para ti. No después de todo. -se limitó a decirle antes de elevar ambas manos y empujar fuera de sí el poco poder que le restaba.

Stolas se hizo a un lado sin poder ocultar el gozo que le suponía aquella decisión. No había estado equivocado respecto a la caoba, esta iba a sacrificarse por los cazadores en un acto que muchos hubieran calificado de heroico pero que para él sólo significaba debilidad.

Siempre había desconfiado de ella y de su peculiar poder, aquel que le permitía ver más allá del demonio que poseía un cuerpo sin necesidad de estar dentro de él. De ese modo se había enamorado de Josh aún cuando el ojiazul sufría la posesión de Belial. De ese modo la humanidad que un día albergó en su interior había vuelto a florecer.

Las extremidades de Lucy temblaban a causa del esfuerzo mientras de su nariz empezó a resbalar un fino reguero de sangre que moría en sus labios.

-No vas a conseguirlo. -pronunció riendo el de mirada ambamarina.

Lucy frunció el ceño, acallando las burlas del demonio en su cerebro. Sus ojos volvieron a tornarse marrones cuando el negro ónix empezó a disolverse en ellos.

La marca en su muñeca ardía como si un abrasador fuego consumiera el más frondoso de los bosques, mas no se rindió. Ahogó un jadeó y buscó su fortaleza en el mayor de los Parker, el único que había sido capaz de disipar las espesas tinieblas de su ennegrecida alma.

Diez interminables segundos más tarde fue capaz de devolverles la movilidad, y sólo entonces se permitió caer de rodillas contra el suelo.

Sam fue el primero en llegar hasta la puerta para abrirla mientras Dean tiraba de Ashley en su dirección. El fuerte vendaval que se había abierto paso a través de la ventana rota lo hacía ahora tambien por el umbral de la entrada, permitiendo que el gélido aire llenará cada rincón de la habitación.

La menor de los Parker se giró al no sentir la presencia de su hermano siguiendo sus pasos tras ella. El chico se encontraba agachado junto a Lucy en un intento de socorrerla.

-Josh. -pronunció Ashley con tintes de urgencia en su voz. No podían hacer nada por la caoba. Y debían salir de allí mientras tuvieran oportunidad.

El aludido ayudó a la demonio a ponerse en pie y esta se tambaleó hacía delante colisionando levemente contra su hombro.

-Lo tengo controlado. -le susurró Lucy al oído. Josh la sujeto por los brazos, separándola de sí mismo para perderse en sus castaños ojos. -Ojalá me hubieras mirado así antes… -murmuró con una débil sonrisa antes de empujarlo con la poca firmeza que sus débiles brazos le permitían. -Ahora vete.

-Josh. -volvió a insistir Ashley desde el umbral.

El mayor de los Parker asintió y empezó a caminar hacia ella sin apartar la vista de la caoba, agradeciéndole con la mirada todo lo que no podía expresar con palabras. Cuando llegó junto a su hermana dirigió su vista a Stolas.

-Volveremos a encontrarnos. -profirió amenazante.

-Puedes apostar que sí. -rió el demonio ante el atrevimiento del cazador. -Aunque la próxima vez, tres de vosotros terminaréis en una caja de pino.

-Ya lo veremos… -Ashley lo tomó con rudeza por el codo y lo sacó casi a rastras de la habitación.

El agua seguía cayendo con fuerza cuando llegaron junto a los coches, calándolos hasta los huesos.

-Las llaves. -apremió la rubia delante de su hermano. Sam y Dean acababan de subirse a bordo del Impala y esperaban impacientes a que los Parker hicieran lo propio en el Charger, mas el ojiazul mantenía la mirada pérdida en la puerta. -¡Josh!

-No podemos dejarla, Ash. -respondió este para asombro de la chica.

-¿Qué ocurre? -preguntó Sam a través de la ventanilla al ver que el par de hermanos seguía inmóvil junto al capó. Los continuos truenos y el constante repiqueteo de las gotas sobre la chapa había impedido que alcanzara a escuchar algo.

-No voy a largarme sin más. -respondió Josh, esta vez en voz alta.

-No podemos hacer nada por ella. Ya lo has oído. -le recordó Ashley. Las puertas del Impala sonaron tras ella cuando los Winchester se enfrentaron de nuevo a la lluvia.

-Tal vez. -coincidió el ojiazul. -Pero eso no significa que esté bien que la dejemos a su suerte con ese hijo de puta. No podemos matarlo pero si podemos detenerlo.

-¿Qué propones? -inquirió Dean al verlo tan seguro de sus palabras.

-¿Aún te quedan balas con trampas del diablo? -el mayor de los Winchester asintió y caminó con rapidez hasta el maletero de su nena. Josh pretendía usar el mismo método que Dean había empleado para cazar a Belial.

-Cuatro. -informó el ojiverde mostrándole los proyectiles sobre la palma de su mano.

-Un disparo para cada uno. -resolvió Josh tomando una de las balas y cargándola en la recamara de su SIG-Sauer. Sam lo imitó y tomó otra para su arma.

Dean miró entonces de forma inquisitiva a Ashley, que seguía con los brazos cruzados sobre su pecho sin ninguna intención de coger la que le pertenecía.

-No puedo usar balas de 9 milímetros en mi revólver. -bufó algo molesta por quedarse fuera del plan.

-En ese caso no te apartes de mi, nena. -le guiñó el ojiverde cargando el par de proyectiles restantes en su Taurus. Ella rodó los ojos pero terminó por posicionarse a su lado. -Sam, tú por la izquierda. -le señaló al de pelo largo la ventana hecha añicos de la habitación. -Josh, ocúpate del lado derecho. Yo tengo dos disparos, lo esperaré de frente.

Sin embargo, antes de que pudieran alcanzar sus posiciones, el cuerpo de Lucy salió despedido del interior de la habitación dejándolos completamente descolocados.

La caoba aterrizó en uno de los grandes charcos que se habían formado sobre la calzada del aparcamiento, provocando que la cristalina agua de su alrededor empezara a teñirse de un tono carmesí debido a la sangre que brotaba de sus incontables cortes.

Stolas apareció justo detrás de ella sonriendo maquiavélicamente, y Josh, en un desesperado movimiento, apretó el gatillo de su arma sin esperar siquiera a tener un disparo certero. La bala rozó el traje del demonio dejando un desgarrón a su paso, advirtiéndole de la todavía presencia de los cazadores en ese parking.

Antes de que ninguno de ellos pudiera reaccionar de nuevo el de ojos ambamarinos volvió a tomar forma de búho y emprendió el vuelo hacía uno de los postes de luz. Dean apuntó hacía el cielo para tratar de alcanzarle pero la intensa lluvia y el fuerte viento no resultaban de mucha ayuda para afinar su puntería, de modo que la bala que salió del cañón de su arma terminó fallando de objetivo e impactando contra el alumbrado público.

Los ojos amarillos del ave resplandecieron entre la oscuridad antes de aterrizar de nuevo sobre la calzada con forma humana y enviar al mayor de los Winchester contra el Charger. La ventanilla del copiloto se quebró por el impacto y decenas de cristalitos cubrieron al cazador, que terminó sentado en el mojado suelo contra la puerta del vehículo.

-¡Dean! -exclamó Ashley tomando la pistola del suelo y girándose con rapidez para defenderse del demonio. Pero Stolas ya no estaba tras ella. Usaba las sombras para ocultarse de los cazadores.

La rubia barrió con su vista el aparcamiento y pudo captar a Josh agachado junto a Lucy mientras que Dean parecía inconsciente a unos metros de su posición.

-¡Yo te cubro! -le gritó Sam con su arma aún en alto, preparado por si Stolas volvía a hacer acto de presencia.

Ashley corrió hacía el mayor de los Winchester y se arrodilló frente a él, dejando el arma en el suelo para poder tomar con sus manos su rostro.

-Dean. Vamos. -le meneó ligeramente. El ojiverde fue abriendo poco a poco sus pesados párpados hasta que su mirada se encontró con la de ella. -¿Estás bien?

El aludido se llevó una mano a la cabeza y tomó uno de los cristales que se habían quedado enterrados entre sus cabellos trigueños, ahora oscurecidos a causa de la lluvia.

-Por favor, dime que no son del Impala… -pidió en un gesto cercano al puchero.

Ashley sonrió negando con la cabeza.

-Son del Charger. -le informó, habiendo jurado que Dean suspiraba tranquilo por aquel detalle.

-Entonces estoy bien. -la cazadora le tendió la mano y le impulsó hacia ella de modo que el ojiverde terminó por incorporarse. -¿Dónde está ese hijo de puta? -la chica se limitó a encogerse de hombros antes de que una voz les sorprendiera.

-¿Me llamabas? Pues aquí estoy. -rió Stolas apareciendo de la nada y estampándolo de nuevo contra el coche. Esta vez Ashley también lo acompañó. Ambos inmóviles de nuevo bajo el dominio del demonio. -Habéis tenido vuestra oportunidad de escapar pero en su lugar habéis decidido cabrearme aún más. ¿Y por qué? ¡Por tratar de salvar a un demonio!

Dirigió su mirada a Lucy que seguía debatiéndose entre la vida y la muerte mientras Josh la sujetaba entre sus brazos, totalmente ajeno al peligro que acechaba a su propia hermana. Luego se fijó en Sam, igualmente inmóvil contra una de las columnas del porche que daba paso a las habitaciones.

-El mundo está lleno de ironías. -habló de nuevo mirando a la pareja. Se acercó hasta Ashley y le remangó la chaqueta hasta el codo.

-No la toques. -advirtió Dean, pendiente por el rabillo del ojo de los movimientos del demonio. -Juro por Dios que como le pongas un dedo encima…

La carcajada de Stolas ahogó su amenaza.

-En realidad le voy a poner dos. -indicó mostrándole los dedos índice y corazón. Una sustancia grisácea parecida a la ceniza se concentraba en las yemas de estos. -Sé que Belial quería hacer esto él mismo pero también sé que lo entenderá… -sonrió con malicia acercando su toque a la muñeca de Ashley. -¿Cuánto crees que soportarás con la maldición? ¿12? ¿24 horas? Veamos cuan fuerte eres, preciosa.

La rubia cerró los ojos con fuerza, sintiendo como un calor abrasador se cernía cada vez más cerca de su piel. No obstante, Stolas no alcanzó a tocarla. El resto de farolas que mantenían pobremente iluminado el aparcamiento estallaron de pronto, dejándolo sumido casi en una absoluta oscuridad que solo se veía rota por el reflejo de la luna.

-No puede ser… -alcanzó a murmurar el de ojos ambamarinos antes de verse arrastrado por una aparente fuerza invisible. Su imagen se distorsionó frente a los cazadores que retomaron el control de sus cuerpos y desapareció en el interior de una pequeña vasija de cobre brillante que un hombre, completamente vestido de negro, mantenía entre sus manos.

-Hola, chicos. -saludó el inconfundible acento del Rey del Infierno.

-Crowley. -suspiró Ashley al tiempo que comprobaba su inmaculada muñeca. -Nunca creí que diría esto, pero me alegro de verte.

-Yo también. -coincidió Dean a su lado.

-Espero que tu alegría no sea literal, ardilla. -pronunció con una sonrisita en sus labios al tiempo que se acercaba. -Sería algo incómodo.

El mayor de los Winchester le dedicó una cara de asco antes de que Sam se uniera a ellos.

-¿Es eso lo que creo que es? -preguntó el de pelo largo escrutando con la mirada el resplandeciente objeto.

-La vasija del Rey Salomón. Rescatada de las profundidades del Mar Caspio. -anunció Crowley tendiéndosela. -Y… -agregó, luchando por quitarse el aro de oro con una incrustación de piedra azurita. -El famoso anillo que sirve como sello. No queráis saber de donde he tenido que sacarlo…

Sam que había tomado la vasija entre sus manos las retiró con rapidez al escuchar esa última insinuación con una mueca de disgusto en su rostro. El Rey del Infierno rodó los ojos y quiso entregárselo a Dean en su lugar, pero este tampoco lo aceptó y dio un paso hacia atrás.

-¿En serio? -se quejó el demonio por la actitud infantil de ambos Winchester. -Pues lo necesitáis para poder controlar a la maldita primera jerarquía infernal.

-Yo lo cogeré. -resolvió Ashley. La gruesa piedra engarzada de color azulón le llamo notoriamente la atención.

-Es azurita. También conocida como la Piedra Celestial. -aclaró Crowley. -Supongo que tiene sentido si el anillo fue entregado por los arcángeles… -la chica se lo guardó en el bolsillo de su pantalón. -En fin, ya tenéis todo lo necesario. Espero por el bien de todos que seáis capaces de detener a Belial.

-Espera. -le pidió la cazadora antes de que desapareciera. -¿Puedes hacer algo por ella? -preguntó dirigiendo su mirada unos metros más allá, justo dónde su hermano seguía pendiente de Lucy.

Crowley se giró para observar a la caoba tendida con medio cuerpo en el suelo y el otro medio descansando contra el cazador.

-Ni siquiera vuestro amigo el emplumado podría... No conozco a nadie capaz de revertir el estigma de Stolas. -negó ladeando su cabeza. -Si tenéis un poco de compasión hundirle uno de esos cuchillitos mágicos que tenéis. Tengo entendido que la maldición no es nada agradable. -en un parpadeo Crowley había desparecido.

El trío de cazadores se miró entre sí.

-Deberíamos ponernos en marcha. -sugirió Sam.

-Sí… -dijo Dean buscando la mirada de Ashley, mas esta se había volteado de nuevo y observaba con algo de tristeza a su hermano y a la demonio.

-Dejad que al menos se despidan.

Sam y Dean asintieron en silencio y cumplieron con el deseo de la rubia.

-¿Lucy? -preguntó Josh tomando la barbilla de la caoba, esta cabeceaba continuamente y había cerrado sus ojos. -Vamos. Mírame. Nos hemos librado de él. -la aludida abrió sus párpados muy lentamente, sintiendo un peso enorme en sus pestañas. -Así me gusta.

-Hey… -le intentó sonreír Lucy pero el esfuerzo era demasiado y volvió a cerrar los ojos.

-No, no, no. -volvió a tomar él su barbilla hasta que los marrones ojos de la demonio se clavaron de vuelta en los suyos. -No cierres los ojos.

-Eres un mandón, Dorito… -Josh frunció su ceño ante aquel mote. -Un mandón adorable… -rió suavemente, acto que le obligó a tomar una gran bocanada de aire. -Estoy muy cansada…

-Tú sólo aguanta un poco más. Te prometo que encontraremos la forma de salir de esta. -uno de los brazos del cazador se coló bajo el puente de sus piernas mientras el otro la abrazaba por los hombros con la intención de elevarla del suelo. -Además aún tienes que contarme el porqué me llamas como a un famoso snack. -agregó dedicándole una sonrisa alentadora.

Lucy se concentró en los orbes azules de él cuando la levantó y sintió su ensangrentado abdomen doblarse. El dolor la sacudió por completo y no pudo evitar que un quejido escapará de sus labios. Josh, asustado, volvió a arrodillarse en el suelo dejándola reposar sobre sus piernas.

-Me temo que te vas a quedar con las ganas de saberlo. Estoy muriéndome, Josh.

-No, no te estás muriendo. -negó él sintiendo como la humedad crecía en sus ojos. La lluvia camuflaba las tímidas lágrimas que habían empezado a surcar su rostro.

-¿También vas a discutirme algo tan obvio como esto? -intentó bromear la caoba. Ahora era ella la que intentaba sacarle una sonrisa. -Creía que era lo que habías querido desde el primer día que me conociste.

-Lucy, eso no es…

-Lo sé. -le cortó elevando una débil mano hasta su rostro. Josh la tomó entre la suya y cerró los ojos disfrutando de la caricia. -Estábamos condenados desde el principio... ¿Un cazador y un monstruo como yo?

-No eres un monstruo.

-Soy un demonio.

-Puede que seas un demonio pero no eres un monstruo.

-No se ganan un par de ojos negros sin antes haber cometido terribles e imperdonables errores.

-No me importa. -le siguió rebatiendo él. -Me devolviste junto a mi hermana. Me salvaste la vida. Y aunque no haya querido verlo antes, ahora me doy cuenta de que desde que te conozco nunca te has comportado como uno de ellos. Eso es todo lo que voy a tener en cuenta.

-Gracias. -murmuró emocionada por sus palabras. El agonizante dolor que había estado consumiéndola desde la aparición de Stolas parecía desvanecerse en los brazos de él. -Gracias por hacerme sentir humana. -Josh la sujetó imposiblemente cerca de su cuerpo mientras cerraba los ojos, ella aprovechó para descansar su frente en el hueco de su cuello. -¿Puedo pedirte una última cosa?

Él se separó para mirarla a los ojos.

-Lo que quieras.

-Muero porque me beses bajo la lluvia. -pronunció Lucy al tiempo que una dolorosa carcajada escapaba de su garganta por aquella elección de palabras. -Literalmente.

Josh rió tristemente junto a ella antes de sujetarla por el rostro y unir sus labios en un tierno beso. Lucy elevó sus manos hasta las de él y entrelazó sus dedos.

Cuando sus bocas se separaron la chica pudo sentir como una nueva oleada de dolor se apoderaba de su cuerpo. Sus ojos se cerraron con fuerza en un gesto sordo de dolor al tiempo que mantenía el firme agarre de Josh. Oía al cazador hablando a su lado pero no alcanzaba a descifrar el contenido de sus palabras así que simplemente se concentró en la musicalidad de su masculina voz antes de dejarse llevar.