Todos los personajes de la serie Kaitou Saint Tail pertenecen a Megumi Tachikawa, hago esto solo por diversión sin fin de lucro, aclarado el punto aquí vamos

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Secuelas

Por Mimi chan

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Capitulo 36

Ciertos lugares tienen la cualidad de parecer inamovibles a pesar de los años. Las personas son felices con lo familiar y cómodo y tal parecía que Seika era uno de esos lugares.

Al llegar a la cuidad y recorrer las calles en el taxi camino a su hotel Seira se sorprendió de lo poco que había cambiado la cuidad, de lo familiar que todo lo resultaba. Seika era lo suficientemente grande para que el alcalde tuviera siempre dinero para conservar parques y demás sitios de importancia y en Seika había muchos, museos, auditorio, incluso un observatorio y la economía era prospera, la mayoría de los negocios que siempre habían estado allí desde que ella podía recordarlo, seguían allí.

En realidad casi había deseado que las cosas lucieran diferentes, de cualquier modo, no importaba cual, recorriendo las calles casi podía sentirse de nuevo como la novicia que había vivido allí cuando tenía solo 14 años.

Había viajado sin decirle a nadie, la primera que se había dado cuenta había sido Meimi, que le había llamado al celular cuando el avión apenas estaba despegando, estaba molesta por no haberle dicho nada sobre su decisión de regresar al monasterio, pero con calma le había explicado la verdadera razón de su viaje y le había pedido que no se lo dijera a nadie aun. Estaba allí precisamente porque no sabía que decisión tomar, por más que lo había pensado desde que había recibido aquella carta, no tenia idea de que hacer.

Los sentimientos que tenía en ese momento eran tan ambivalentes, todos sus recuerdos como monja la llenaban de un sentimiento cálido y lleno de paz pero… tenía que reconocer, por lo menos para ella misma que estaba muy molesta con la gente que la había corrido. Le habían pedido que se fuera sin darle siquiera una oportunidad de defenderse y peor aun, violando el secreto de confesión que era sagrado. Y si las personas en las que había confiado que la acogían como una familia amorosa le habían mentido, no sabia en quien podía confiar.

El taxi llegó rápidamente a uno de los primorosos hoteles de Seika donde muchos turistas solían llegar, habría podido llegar a casa de Meimi cómo hacían a veces cuando viajan juntas con Daisuke pero había decidido que esto fuera todo lo discretamente posible, sus padres aun no sabían que la habían reintegrado a el monasterio y quería que así siguiera siendo. Tomó una bonita habitación, se refrescó un poco y salió rumbo al destino que había decidido.

Caminó por las conocidas calles del centro de la cuidad, sin que nadie la reconociera a pesar de que conocía a muchas de las personas que veía al pasar, ¿Tanto habría cambiado o era simplemente que nadie la podía reconocer sin su habito? Votaba por lo último.

Llegó rápidamente a la capilla de Saint Paulia junto al colegio, el lugar lucía exactamente igual al lugar que había sido su segunda casa durante cinco años, el pequeño atrio donde había bancos de piedra sombreados por frondosos arboles donde ella y Meimi se sentaban a menudo a comer patatas dulces, o donde jugaba con los niños después del catecismo… caminó a la capilla y al entrar aquel aroma a incienso y cera de abeja la recorrió con un escalofrió, no es que lo hubiera olvidado, cada domingo sin falta iba a un servicio religioso cerca del albergue, pero suponía que el especifico olor de aquella cera y ese incienso, aunque fuera él mismo, era también diferente, no sabia explicar cómo, una joven novicia con el mismo habito que ella había usado a su edad apareció junto a ella.

- Muy buen día – saludó la joven de ojos negros.

- Buen día – respondió Seira – estoy buscando a la madre superiora.

- Podría decirme su nombre y le diré quien la busca.

- Dígale por favor que la busca Mimori Seira.

La joven la miró con sorpresa, Seira se preguntó si la conocía, pero realmente lo dudaba mucho, quizá alguna de las niñas del coro que había tomado el habito.

- ¿Mimori Seira? ¿En serio? – dijo con incredulidad la chica.

- ¿Nos conocemos? – preguntó con educación Seira.

- Oh no – dijo la joven con presteza – solo que he escuchado muchísimo de usted – dijo sonriente – no sabe con cuanto cariño la recuerdan aquí y las cosas que se dicen…

La joven guardó silencio como si hubiera dicho algo malo.

- Espere aquí por favor, iré a llamar a la madre superiora.

La joven novicia se fue por el pasillo que llevaba a las oficinas y los claustros, y ella se quedó allí esperando en el altar, la sencilla cruz desnuda. Era tan distinto de América, algunas de las iglesias a las que había ido en la ciudad de Nueva York estaban tan… exageradamente adornadas, las pinturas, los cristos llenos de sangre o ricamente vestidos, había sido impactante las primeras veces, pero era suponía ella, la cultura que habían heredado y con el tiempo se había acostumbrado, pero estando en ese lugar, se sentía tan cómoda.

- Seira.

Seira volteó contenta al reconocer la voz de la madre superiora que corrió a abrazarla con cariño, una de las pocas personas dentro de la congregación que la había defendido siempre de las acusaciones que la habían hecho abandonar el monasterio, había sido siempre la madre superiora.

- Oh cuanto gusto verla madre superiora – dijo Seira cariñosamente – me alegra encontrarla aquí aun, casi temía que hubiera otra madre superiora.

- Oh querida lamentablemente no es como en América, somos tan pocos cristianos que no nos podemos dar el lujo de abandonar nuestro puesto – dijo jocosamente – además la escuela ha insistido mucho en conservarnos a todas, ya sabes que la mayoría de las hermanas trabajan en el colegio Saint Paulia. Me enteré de la decisión de la diócesis – dijo cambiando el tema – me alegra tanto que tu nombre haya quedado limpio, yo nunca pude creer que tú colaboraras para nada malo querida, siempre fuiste tan buena.

- Muchas gracias madre superiora.

- ¿Has regresado para quedarte? – dijo esperanzada – oh, eso le daría tanta alegría a las hermanas, todas te recuerdan con tanto cariño.

- Aun no lo he decidido madre superiora.

- Te entiendo – dijo enseguida – la vida fuera de este lugar es tan distinta, que nunca se sabe si una puede regresar después de haberla vivido, ¿Te has casado acaso? Te has convertido en una mujer tan hermosa que no puedo pensar en otra cosa.

- No, madre superiora, he tratado de no alejarme del camino de dios – le respondió sin querer confesar aun que tenía un novio - vivo en América y llevo allí un refugio.

- Oh, querida por favor ven, tomemos un poco de te y cuéntame todo.

La madre superiora la tomó cariñosamente de la mano y la llevó a su oficina para que platicaran cómodamente.

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Meimi estaba por fin terminando con los contratos para la temporada de invierno. Dentro de todas las emociones vividas esos días, no podía dejar de lado el trabajo, de alguna manera trabajando casi podía dejar de lado toda esa maraña de ideas que ahora habitaban cómodamente en su cabeza, cómo una araña en la equina de una habitación después de haber tejido una enorme tela.

- Srita Haneoka.

La voz de su secretaria desde el comunicador la trajo a tierra, atendió enseguida.

- Dime Jenny – respondió al aparato.

- La busca el Sr. Reich – le respondió su secretaria del otro lado

- ¿Kane?

- No, su hermano Michael.

- Hágalo pasar por favor.

No sabia que era peor que fuera Kane o su hermano, sobre todo por que sabía porque Michael podía estarla buscando a ella. Michael entró sin mayor demora a su oficina, la expresión en sus ojos le decía ya un montón de cosas de entrada o no, esa charla no le gustaría ni tantito.

- Michael, hola ¿Cómo estas?

- No lo bien que podría estar – dijo sentándose frente a ella – vengo del albergue y nadie sabe donde esta Seira, fuera de "salió de la cuidad"

- Bien pues lo hizo – dijo la joven pelirroja incomoda.

- ¿A donde?

- Yo, no estoy segura de poder decírtelo.

- Pues yo estoy seguro de que puedas o no me lo vas a decir – dijo con cierta violencia, se mesó un momento el pelo y cambió su tono – lo siento Meimi, solo… ella ha estado de lo mas extraña en los últimos días, no ha querido casi ir a ningún lado conmigo, ella esta evitándome y por lo que se las mujeres te evitan solo cuando están tratando de terminar contigo.

- Dudo que alguna vez una mujer haya terminado contigo – trató de bromear con él.

- Pero lo he visto en otras personas, supongo que podría aplicar lo mismo conmigo – dijo sin tomar nada de humor.

Meimi suspiró profundamente, le había dicho a Seira que no le diría a nadie lo que estaba pasando, pero…

- Michael… ¿Tú amas a Seira? – le preguntó directamente.

- ¿Por qué quieres saberlo? – le respondió.

- Depende de tu respuesta si te cuento lo que se – le dijo Meimi.

- Si – dijo con seguridad – y no lo digo a la ligera Meimi, la amo.

Meimi vio al hombre a los ojos, había hecho de descubrir la verdad en los ojos de las personas casi un arte, y supo que Michael no le mentía, oh, si ese hombre la amaba…

- Seira esta en Japón – dijo antes de cambiar de idea – la han… readmitido en el monasterio. Supongo que tú debes haberte dado cuenta de que ella fue expulsada de su congregación hace uno años por un terrible mal entendido, eso se ha resuelto y la han readmitido.

- ¿Por qué no me ha dicho nada? – dijo aun son podérselo creer.

- Pensé que lo había hecho – dijo Meimi.

- No, no lo hizo – dijo sintiendo como la sensación de ira empezaba a crecer en él - ni a mi ni a nadie, excepto a ti aparentemente.

- Soy su mejor amiga – respondió la joven pelirroja - nos conocemos casi desde siempre.

- Y yo solo soy el hombre con el que ha salido un par de meses supongo – dijo apretando sus puños.

El hombre se levanto aun más alterado de lo que había entrado hacia un momento y antes de que pudiera detenerlo se marchaba.

- Michael espera…

- Oh no, esto ella me lo va a decir a la cara – dijo Michael – eso te lo aseguro.

El hombre salió de su oficina casi golpeado la puerta, Meimi no supo ni que reaccionar, oh, Seira no se lo tomaría nada, nada bien.

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Ya era de noche cuando había regresado a su hotel, a pesar de que la madre superiora le había ofrecido una habitación en la capilla le había dado como excusa que todos sus artículos personales estaban en la habitación del hotel y que le resultaría mas cómodo estar allí. Entró en la habitación y se quito los zapatos que había tenido puestos todo el día.

Tenia un ligero cansancio físico, el trabajo en la capilla no era mayor al que llevaba todos los días en el refugio, lo que le dolía era el corazón.

Había querido aparentar que no se había dado cuanta, había querido pasar por alto aquel momento pero no había sido así

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:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: Flash Back :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

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Había convenido ayudar a servir la cena que se ofrecía cada noche a la gente que iba al servicio religioso por un módico precio para recaudar para diferentes obras de beneficencia, no era un trabajo realmente duro, había muy pocos católicos en Seika en realidad, la gente estaba tan apegada a las tradiciones que la iglesia católica aunque tenia una presencia en ese lugar nunca había sido demasiado popular.

Las novicias mas jóvenes eran las encargadas junto con la madre superiora de organizar aquellas cenas, había pensado que podría ser divertido departir con las jóvenes novicias pero a medida que pasaban los minutos se daba cuenta que ellas se sentían incomodas alrededor de ella. Había sido su mala suerte que la madre superiora mandara a llamar a dos novicias que tenían mucho rato en la cocina trayendo una olla de ponche caliente.

- Pero luce como una chica tan inocente.

- Y ¿Cómo crees que se financio un viaje a América?, ¿Tienes una idea de cuanto puede costar eso?

Seira se quedó del otro lado de la puerta escuchando lo que las chicas decían.

- Pero tú también escuchaste cuando atraparon a esa ladrona, no tenía ningún cómplice.

- Ahora, pero en ese entonces, eran solo una chica de 14, tenía que tener ayuda y has escuchado lo que dicen las mayores, que Mimori era inteligente, muy inteligente.

Seira sabía que era mejor quedarse del otro lado de la puerta, que no tenía nada que decir para defenderse, porque después de todo era la verdad, ella había ayudado a una ladrona, pero nunca había sido por su propio beneficio, nunca había ganado un solo yen, ni ella ni Meimi aunque habrían podido hacerlo. Antes de saber porque lo hacia, había abierto la puerta y mirado de lleno a las dos chicas de no mas de 15 años que se quedaron quietas allí mirándola con los rostro rojos.

- Mi familia es rica – dijo ella y avanzó dentro de la cocina – mi padre posee un muy rentable negocio de exportaciones.

- Mimori san…

- Saben que si le dijera a la madre superiora lo que están diciendo de mi, a mis espaldas las castigaría muy seriamente – las chicas la miraron con suplica en sus ojos – pero no se preocupen, no le diré nada – dijo y tomó la olla que las chicas habían ido a buscar – nuestro señor Jesucristo nos dijo una vez "yo ni vine a juzgar a nadie" si no tienen eso en su corazón, quizá no están en el lugar correcto.

Salió de la cocina dejando a las dos chicas detrás

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:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-: End Flash Back :-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

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No podía volver a Seika nunca… al menos no para quedarse, ahora era claro, la gente nunca olvidaba una cosa como esa, y ella era un nombre y un rostro, Meimi había salido librada de eso, porque delante del mundo siempre estaría el nombre de "St. Tail" nunca el de Meimi Haneoka… quizá las personas en general nunca lo sabría, pero si las personas que realmente contaban, las personas que amaban y eso, quizá era mas duro, el mundo podía culparlas, y señalarlas pero si las personas que las amaban estaban a su lado, podías vencerlo todo.

Se puso su sencillo camisón de dormir y se metió en la cama, cerró sus ojos y quiso dejar de pensar en las secuelas que aquel momento había dejado para toda su vida.

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Al día siguiente muy temprano Seira fue rumbo a la capilla de nuevo. La mayoría de las novicias estaban en ese momento en el colegio y la mitad de las religiosas que servían como profesoras también estaban allí, así que la capilla estaba mucho mas tranquila que en cualquier otro momento, se arrodilló frente al altar y rezó por un largo momento con profundo recogimiento, "solo quiero un hogar…" había pedido la ultima vez "un lugar donde no me sienta triste, un lugar que pueda llamar mio y seguirte…" y ese lugar… no era Seika.

- Seira…

Seira volteó a ver a la madre superiora de pie detrás de ella, se levantó con calma y fue a ella.

- Buenos días madre superiora…

- Extraño verte aquí rezando con esa clase de devoción – dijo la mujer mayor con dulzura - son muy pocas las religiosas que lo hacen de la misma manera en que tú lo hacías.

- Dios siempre me da respuestas cuando le hablo madre – dijo con sinceridad la joven de ojos lavanda - así que nunca he dejado de hacerlo.

- ¿Te ha dado una respuesta ahora?

- Si – dijo con amabilidad Seira, pero al mismo tiempo con tristeza – este ya no es mi lugar Madre

- Pero Seira…

- Dios no me necesita aquí madre – dijo con sinceridad – vine por que quería saber donde Dios me decía que yo era mas necesaria, aquí la congregación tiene acogidos a todos sus fieles con amor y cuida bien de ellos. En cambio en América madre, hay tantos desamparados, tanta gente que necesita un hogar y yo, he construido uno para ellos, no puedo irme… además… mi corazón... mi corazón ya no pertenece solo al señor.

La madre superiora cogió con dulzura sus manos, pero con su ojos cristalinos de lagrimas.

- Voy a extrañarte hija – dijo con verdadera emoción.

- Yo también madre superiora – y era verdad, aquella mujer había sido casi como una madre para ella.

- Ve entonces donde Dios te llama y se muy feliz.

Seira la abrazó con verdadero afecto, de esta mujer se llevaba solo los mejores recuerdos y el mayor cariño. Pero ahora sabía donde estaba su hogar y que es lo que debería hacer.

Después de un rato de oración, se despidió de todas las religiosas y fue rumbo a su hotel a recoger sus cosas para regresar a América, tenía que hacer reservaciones y quizá comprar un par de cosas que pudiera llevar a Meimi y Daisuke.

Apenas llegar a la recepción del hotel se quedó helada. La ultima persona que se le ocurrió que podía llegar a ver en ese lugar estaba allí… pero ¿Qué hacia allí?

- ¿Michael?

- Si crees que yendo al otro lado del mundo puedes escapar de mi, estas muy equivocada.

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Fin capitulo 36

12 de mayo de 2012

1:29 am