Notas de la autora: Y aparece Draco Malfoy.


Todo cambió en pocas horas. Voldemort sabía que Harry estaba dentro de Hogwarts y qué era lo que estaba buscando. Encargó a los mortífagos invasores y a los alumnos de Slytherin que quedaban que buscaran al Niño que Vivió.

Sabiendo que había llegado el momento de entrar al combate, los alumnos salieron de la sala de los menesteres en pequeños grupos. Se distribuyeron a través del castillo para darle oportunidad a Harry de encontrar la pieza clave para derrotar a Voldemort. Harry estaba agradecido por su generosidad. Iban a alejar los ataques de él. Lo único que tenía que hacer era encontrar la diadema perdida,

Preguntarle a los fantasmas de Hogwarts por la ubicación de la diadema de Ravenclaw probó ser un ejercicio de extrema paciencia pero, al final, Harry supo dónde buscarla.

Con Draco a su lado, corrió a través de los corredores más ocultos del castillo, tratando de proteger al squib de ser golpeado con una maldición perdida. Hizo que el rubio se pusiera su capa de invisibilidad. La Orden y el ED estaban respondiendo a los ataques. Deseaba unírseles pero, primero, necesitaba terminar con esto.

La sala de los menesteres se había cerrado de nuevo, después de que sus ocupantes habían salido hacia los pasillos del castillo. La pared que la ocultaba comenzaba a resquebrajarse y temblar. El polvo llenaba el aire, mientras el castillo trataba de evitar ser atravesado por las fuerzas de los mortífagos que se habían reunido afuera.

El moreno respiró profundamente y trató de aclarar su mente. Draco tocó su hombro y le sonrió para darle confianza. El mago asintió de vuelta.

—Necesito el lugar donde todo se oculta —solicitó Harry, y la puerta se materializó casi al instante. Se apresuró a entrar con Draco detrás de él.

—De acuerdo, estamos buscando un busto de piedra de un hombre viejo con una peluca y una diadema. Está sobre una alacena y, definitivamente, debe estar cerca de ahí… —dijo, indicando el lado izquierdo de la cavernosa sala.

Comenzaron a caminar por pasillo adjuntos: Harry podía escuchar los pasos de Draco, haciendo eco por las pilas de basura, de botellas, sombreros, cajas, sillas, libros, bates y miles de cosas que, en su momento, había valido la pena esconderlas.

Continuaron más y más profundamente por el laberinto, buscando objetos que pudiera reconocer de su viaje previo por el cuarto. Sus ojos verdes estaban alerta para captar el brillo de los diamantes o el destello bronce del oro viejo. Y entonces, la vio posada sobre un busto ladeado, encima de una vieja alacena. Estiró la mano para tomarla cuando una voz detrás de él dijo:

—Detente, Potter.

Detuvo la mano a la mitad del aire. Con una sensación de vacío, se giró.

Goyle, Crabbe y Nott estaban ante él. Los descomunales Slytherins tenían las varitas alzadas, mientras que Nott, más pequeño que ellos, estaba un poco alejado de la acción. Harry recordó que se había llevado la varita de Nott cuando Dobby le había tirado el candelabro encima.

Preocupado por Draco, Harry trató de distraerlos.

—¿Cómo es que ustedes tres no están con Voldemort? —preguntó.

—Supusimos que aparecer ante el Señor Tenebroso con Potter a punta de varita representaría una gran recompensa. —La voz de Crabbe era sorprendentemente chillona para alguien de ese tamaño.

—Un plan brillante —dijo Harry sarcásticamente, mientras se acercaba al busto—. ¿Cómo supieron entrar aquí?

—Usamos un encantamiento desilusionador. Te vimos entrar aquí solo. Supusimos que los tres podríamos con un Gryffindor solitario, aun cuando fuera Harry Potter.

Harry dejó salir el aire que había estado conteniendo. No habían visto a Draco bajo la capa.

—Entonces, sé un buen prisionero y ven con nosotros, antes de que nos obligues a usar maldiciones más asquerosas —añadió Goyle. Crabbe se lamió los labios, con anticipación. Nott estaba sorprendentemente callado.

Harry se preparó. Si se iba con ellos, Draco quedaría atrapado ahí. Sin magia propia, no le sería posible controlar la sala.

—No.

—¿No vendrás por las buenas? Bueno. No tienes que estar vivo para complacer a Voldemort. ¡Avada Kedavra!

Esperando ver el brillante verde de la más mortal de las maldiciones, se sorprendió a ver una torre de sillas altas de madera derrumbarse sobre el trío. Sin pensarlo dos veces, salió corriendo hacia el punto donde las sillas habían estado. Extendió la mano y sintió la delgado mano del rubio apretarla.

—Gracias —susurró, sabiendo que los Slytherins habían sido contenidos solo por un momento—. Necesito sacarte de aquí. —Tomó su varita y lanzó un encantamiento aturdidor hacia la pila de muebles rotos. Escuchó a Crabbe dar un grito. Draco se presionó contra él nerviosamente. El corazón de squib latía con intensidad.

—¿Y qué hay con la diadema? —preguntó ansiosamente.

Diablos, casi lo había olvidado. Harry regresó sobre sus pasos y quitó la diadema del feo busto de piedra. Contempló los sosos diamantes, sintiendo el poder contenido dentro de ellos.

—¡HARRY! —gritó Draco.

Un bramido ensordecedor detrás de él detuvo su corazón. Se giró para ver a Draco quitarse la capa y lanzarse hacia él.

—¿Te gusta caliente, basura? —gritó Crabbe, mientras las llamas que brotaban de su varita se dirigían a las pilas de basura regadas por la sala.

—¡Aguamenti! —respondió Harry, pero el chorro de agua que brotó de su varita se evaporó en el aire. Crabbe rio y corrió hacia la salida. Los monstruos de fuego comenzaron a lamer los objetos altamente inflamables, intentando rodear a su presa. Harry sabía que no tenían mucho tiempo.

—¡Corre, Draco!

En lugar de buscar una salida, Draco corrió hacia la pila de sillas que estaba siendo consumida rápidamente por las incontrolables flamas. Levantó a Goyle, casi inconsciente, y lo empujó hacia Harry. El Niño que Vivió entendió que Nott todavía estaba atrapado bajo la madera.

—¡Ennervate! —dijo Harry, y Goyle reaccionó a la magia—. Vete, antes de que este lugar comience a derrumbarse —le ordenó, y el chico corrió detrás de Crabbe.

—Draco, tenemos que irnos, antes de que la salida se selle. —El humo provocaba que le fuera difícil respirar y mucho más hablar.

—¡No! El amo Theodore necesita mi ayuda —dijo Draco, y se metió en la montaña de ardientes muebles, escapando de la mirada del moreno.

Harry buscó frenéticamente, buscando algo que lo pudiera ayudar. Llamó a una escoba hacia él y, con la facilidad por los años de Quidditch, la montó a medio aire, justo cuando Draco sacó a Nott, inerte, de los escombros. El moreno podría ver a una gran quimera de fuego tras ellos.

El humo negro engulló a Draco y Nott. El corazón de Harry latió con fuerza, mientras urgía a la escoba hacia la parte más infernal. Sus lentes le ayudaron un poco para contrarrestar la molestia del humo.

—¡Draco! —gritó ansiosamente, mientras trataba de encontrar un vistazo del familiar cabello rubio.

—¡DRACO! —El acre aire penetraba sus torturados pulmones, pero el moreno continuó. El mango de su escoba estaba quemado y la ondulante llamad de un basilisco, apenas formado, se enredó alrededor de su cola.

—¡DRACO! —Una mano huesuda agarró su pierna. Con toda la fuerza que le quedaba, Harry alzó a Draco y a Nott fuera de las llamas. Una ardiente mantícora se lanzó hacia el trío, pero el mago mantuvo la escoba estable y atravesó la puerta, dejando el infierno detrás.

Harry respiró el precioso aire. Sus temblorosas manos buscaron al rubio chico, que estaba encogido a su lado. Con un esfuerzo, nacido de voluntad pura, se puso de rodillas y tomó la muñeca de Draco, llena de ampollas.

No tenía pulso.

Merlín, no.

Apenas podía contener su temblor, mientras ponía a Draco sobre su espalda y comenzaba a presionar su pecho, tratando de regresar la vida a su cuerpo. Su respiración se sentía tibia contra la boca del squib, que se enfriaba rápidamente. Ya estaba perdiendo el poco color que tenía.

—Por favor… oh, por favor, vuelve…

No sirvió de nada. Los ojos sin vida se mantuvieron cerrados. Harry continuó presionando su figura, sin recibir respuesta. Su desesperación crecía con cada segundo que pasaba.

XxXxXxXx

Draco despertó a una vista y un sonido inesperados. Estaba de pie, ante una estación de tren grande, bien iluminada y vacía. El brillante expreso de Hogwarts estaba deslizándose sobre las vías que lo regresarían a casa. Confundido, miró el tren que partía. Lo último que recordaba era haber visto a Harry a través de la densa cortina de humo. ¿Dónde estaba?

—En el tren, con la comadreja y la sangre sucia —respondió una voz detrás de él.

Draco se giró para verse a sí mismo, más no en realidad. Las facciones eran similar. El "otro" tenía cabello rubio, pero estaba peinado para atrás, y no desordenado como el suyo. El rostro era pálido, pero sin las ojeras bajos los ojos o los pómulos hundidos. Probablemente, nunca se había perdido una comida. También andaba de una forma que Draco el squib jamás habría intentado, ni en un millón de años. Este otro Draco exudaba arrogancia, que iba perfectamente con el uniforme de Hogwarts, hecho a la medida, que llevaba puesto.

Un uniforme que llevaba el escudo Slytherin.

Draco no sabía qué decir. Por instinto, supo que era él mismo. El mago que habría podido ser. Sus pensamientos fueron interrumpidos por las ruidosas quejas del otro.

—… todos creen que Potter es tan listo y maravilloso, con su cicatriz y su escoba. Es horrendo que compartas las opiniones de ese idiota.

—¿Eh? —replicó el squib.

—¡Oh, pon atención! Ya es bastante difícil aceptar que tú… ugh… estás enamorado del cuatro ojos, salvador del mundo mágico, pero me rehúso a aceptar que también eres un imbécil. Yo soy muy astuto, por lo que tú también debes serlo.

—¿Qué? No entiendo…

El otro rodó los ojos.

—De acuerdo, tenemos que comenzar por el inicio. Pensé que te pondrías al corriente más rápido. Como sea. Yo soy tú…. Draco Abraxas Malfoy quitando la squibidad (1). En otras palabras, soy un mago de talla mundial, que también es el heredero de la fortuna Malfoy. Soy brillante, ambicioso, hábil en todas las costumbres sangre pura. Un líder nato, excelente en pociones y aritmancia. Tú, por otro lado… bueno, limpias ventanas, ¿no?

—¿Por qué estoy aquí?

Draco Malfoy soltó un suspiro de forma muy dramática.

—Sería obvio para cualquiera menos tú, que estás muerto. No te asustes. No es permanente en esta versión. Digamos que estás en un estado indeterminado, hasta que aprendas lo que tienes que aprender.

—Y eso es…

—Cómo destruir a Voldemort de una vez por todas.

~TBC~


Notas del traductor:

(1) Recordemos que se llama Draco Lucius Malfoy, pero decidí ser fiel a cómo lo escribió originalmente Jillian. También, squibidad no existe, así que no lo usen nunca…


Adigium21