CAPITULO 35

5 de Noviembre de 1998

Veintidós años de edad.

—Entonces ¿qué has pensado? —pregunta Jacob cuando caminamos fuera de la sala del cine.

Sonrío cuando miro hacia él.

—Bueno, esas tres horas y media de mi vida estoy segura que nunca volverán —le digo.

Jacob ríe mientras se desliza detrás de mí, con los brazos alrededor de mi cintura mientras dice,

—¡Vuela Rose!, ¡Vuela!

No puedo dejar de reír, caigo de espalda contra su cuerpo mientras me sostiene. Jacob se inclina y presiona un beso en mi cuello y siento escalofríos por mi espalda.

—Estoy bastante seguro que mi culo está completamente congelado —dice, soltándose de mi cuando él toma mi mano enguantada contra la suya y caminamos hacia el pub.

—El mío también —digo, mirando hacia él de nuevo. Jacob me mira a la vez y sonríe inclinándose para presionar un beso en mis labios. Mis ojos se cierran mientras trato de sentir algo, cualquier cosa, cuando él lo hace.

—¿Quieres tomar algo? —dice, deteniéndose fuera del pub donde nos encontramos la primera vez.

Miro su rostro, veo sus ojos mirándome con un nuevo tipo de anhelo en ellos. Lo reconozco, sabiendo que he visto esta misma expresión en su rostro por las últimas semanas. Desearía poder darle lo que quiere. Me gustaría poder entender por qué no puedo.

No es él.

—Claro —le digo, abriéndole la puerta.

En el interior, el pub está lleno de gente y empujo a Jacob hacia una mesa vacía al otro lado, lo que indica que voy a conseguir las bebidas. Me sonríe mientras se inclina y presiona un beso en mis labios y me obligo a devolverle la sonrisa.

Llegando al bar, hay tres personas, todos ellos gritando al camarero. A mi derecha hay un grupo de chicos, todos ellos con algún tipo de camiseta de fútbol local y cantando hasta donde les dan sus pulmones. Le sonrío a uno de ellos que está cerca, un hombre alto, de cabellos y ojos marrones, que me está mirando. Sonríe mientras se mueve hacia mí, empujando a las personas de pie entre nosotros y fuera de su camino.

—Hola —dice, con una enorme sonrisa en su rostro.

Le sonrió, disfrutando de su rostro amigable, sus ojos azules de alguna manera me parecen familiares.

—Hola —le digo de vuelta—. ¿Una gran victoria hoy o algo parecido?

Este chico sonríe hacia mí, es descarado y lindo por alguna razón hace que mi corazón palpite.

—Sí, una gran victoria —dice—. Además, es mi cumpleaños.

Sonrío hacia él cuándo un dolor agudo comienza acumularse en mi estómago, que irradia y envuelve a mi corazón.

—¿Tu cumpleaños? —susurro, ni siquiera segura de que me escucha.

El chico sonríe mientras inclina su boca a mi oído y susurra.

—¿Qué dijiste?

Trago, mi aliento atrapado en mi garganta por su cercanía, el calor de su piel tan cerca de la mía.

—¿Es tu cumpleaños? —Exhalo.

Se aleja sólo una fracción de modo que lo único que estoy viendo son sus ojos azules que están buscando en mí como si me conocieran, como si pudiera ver a través de mí.

—Si —dice—. ¿Crees que podría conseguir un beso de cumpleaños? —pregunta ahora y la comisura de su boca se eleva en una media sonrisa.

Cumpleaños. Cumpleaños. ¿Por qué esto se siente tan familiar?

Ojos azules que me miran fijamente mientras trato desesperadamente de recordar. Está ahí, tan cerca de la superficie que tengo que cerrar los ojos para tratar de imaginarlo, para tratar de agarrar lo que sea que esté flotando bajo la superficie, rogándome que recuerde.

Él debe tomar esto como un sí, sin embargo, lo siguiente que siento son sus labios cálidos, presionando contra los mío. Algo dentro de mí se voltea como un nuevo recuerdo. Un cumpleaños. Una celebración. Ojos azules mirándome, rogándome que crea algo que ellos me dicen. Un beso le siguió, intenso, castigador, casi como si estuviera tratando de convencerme. Convencerme… ¿Convencerme de qué?

¿Por qué no puedo recordar?

¿Quién eres?

—¿Qué mierda piensas que estás haciendo? —dice Jacob, mis ojos abiertos cuando los labios se alejan de los míos. Veo a Jacob justo cuando agarra a este chico y me lo saca de encima.

—Oye, lo siento hermano —dice el chico, encogiéndose de hombros—. Le pregunte si podía.

Jacob se vuelve hacia mí y niega confundido, los ojos mirando hacia atrás al chico de ojos azules que está allí mirándonos. Todavía está sonriéndome y puedo decir que está borracho y realmente no entiende lo que acaba de suceder. Y ni siquiera entiendo lo que ha pasado y el recuerdo, o lo que fuera que el desencadeno se ha ido de mi vida, no puedo trabajar en lo que era o qué era lo que estaba tratando de recordar.

—¿Bella? —dice Jacob, mirándome fijamente.

—¿Qué? —digo, finalmente mirándolo a él.

—¿Qué diablos estás haciendo? —pregunta—. Pensé que estabas trayendo las bebidas.

Sacudo mi cabeza, tratando de aclararme.

—Lo estaba —digo, girándome hacia la barra—. Lo estaba.

—Sólo olvidado —dice Jacob—. Creo que prefiero irme a casa.