Saludos a todas/os, tal y como prometí, aquí tenéis un nuevo capitulo. Para mi es el capítulo más romanticón de todo el fic pero después de lo que estos dos han pasado aunque sea en su subconsciente, necesitan algo de cariñito.

Este cap. va dedicado a todas/ Os (que alguno hay) los que aun creemos en el romanticismo.

Un beso a (Cani HP. Ysabel Granger, Igna HP, Lobomoon, Fairly, Extrem, Megumisakura, Chiiocullen, MissLuppi, Melissa Granger, Wirnya, Ayra 16, LylaSnape, Sasamii, Isabella Domi, Liz House, Grake Malfoy, Hannah Abbot GHRS, Alejandra, Ms Psique, Strangelet, G, Dulceysnape, Sirenitus, Mrs V, Areusa, Elentari, Lunnaris, Yue Yuna, Wiiii, Karlivirys, Allelu, Nicksith y JanSev, Salinesadako, Yila, Mc Snape, Vlakat, Moon Granger, Yuee, Sucubos, LilandraBlack, LithiumGraham, Loretitokinomoto, SoloParaTi, Heloisa, Mack Snape, Dextera, Miss Vile, Aqua Ootori, Natalia920906,Tre, Jem de Potter, Lizzy2983, Kibikino, Sely Cat, Minerva91, Tercy_s_s=Cloe, Amelia Badguy, Kallilunatica, Lecaosm, Yasmina 33, Ben Barnes Fan, Oh my God, Kallilunatica, Lina Snape, ItrustSeverus, Mar90, Daniie Snape Malfoy, Por fii, Patti Sly G, Lina Snape, Kismet, Aleera, Snaluck, Ayss, Nadine, Snapeforever, Vanessa .) por los a casi 700 reviews, GRACIASSSSSA TODOS SOIS LOS MEJORES.

Gracias especiales a mi querida hermana del alma Vampy Lolita que me ayudo con algunos detalles de este capítulo, a mi gemela benigna June Magic, y a Amia (mi hermana mayor a la que quiero mucho, mucho, mucho) y a Amelia Badguy ( Ella sabe por que jejeje)

No Digas que fue un Sueño.

Hermione paró en seco ante aquella puerta blanca, miró la manija fijamente, como si quemara. ¿Qué hacía allí? ¿Qué la había llevado a correr como una loca hasta allí? Solo un sueño, una alucinación… Pero tenía que saber, aunque supiera que lo más seguro era que la tratase con el mismo desprecio de siempre. Aun así sentía que debía arriesgarse, que necesitaba arriesgarse.

Su mano temblorosa se posó lentamente en el pomo y comenzó a girarlo, sonó el pequeño "click" y empujó hacia dentro con mucho sigilo.

Un bramido furioso la hizo saltar y agacharse tras la puerta, mientras algún objeto del mobiliario se estampaba ruidosamente a pocos centímetros del marco.

—¡¡¡Condenado matasanos!!!– Resonó la furiosa voz de Snape, con su característico tono caustico. – Te lo he advertido, tengo mi varita, trata de retenerme y lo próximo que te lanzaré no será algo sólido.

Ella suspiró tratando de valorar si de veras era buena idea enfrentarse con Snape en ese estado de bestia desbocada, pero no tenía otra opción. Ella era Gryffindor, debía de ser valiente, y ya en la isla había salido airosa en algunos arranques similares, por ejemplo con el naufragio de su balsa… Pero aquello era un sueño y esto la realidad.

— ¡LARGOOOO!— Lo oyó gritar una vez más, su voz sonaba temible, mucho peor que en clases tras un accidente con Longbottom, pero no iba a resignarse. Tomo aire y apretó los puños antes de erguirse de nuevo y decidirse a abrir esa puerta, aun a riesgo de terminar recibiendo un Sectum Sempra.

Sin poder casi disimular su temor, volvió a girar el pomo y con aun más sigilo se deslizó dentro de aquella habitación. Sintió que le faltaba el aire al contemplar por primera vez aquella imponente figura envuelta en ropajes oscuros, que dándole la espalda se recortaba contra la claridad de la ventana. Tragó saliva sin que las palabras fueran capaces de brotar de sus labios… solo podía mirar esa amplia espalda a la que con tanta ansiedad se había aferrado en sus sueños.

Severus trató de apaciguar su fuerte temperamento, aspiró profundamente, mientras observaba el exterior por la ventana, esa maldita realidad que tanto odiaba. Su boca se curvó en una profunda mueca de disgusto al oír de nuevo el leve crujido de la puerta. ¿Es que esa panda de imbéciles no aprendían? No pensaba seguir siendo su conejillo de indias ni un minuto más. Él era Severus Snape, todos los que le conocían sabían de su poca paciencia, y esos medicuchos ya la habían agotado con creces. Apretó los dientes con rabia y empuñó su varita en uno de esos arranques de rabia que harían temblar al peor de los mortífago.

Se volvió bruscamente para encarar a quien osaba profanar sus actuales dominios, casi rugía ya una maldición entre dientes, cuando la respiración se le cortó en seco, y la varita cayó de sus manos.

Allí, de pie, junto a esa condenada puerta, jadeante por la carrera, levemente encogida ante su reacción, con esa escasa bata de hospital, las mejillas encendidas y la cascada de rizos castaños cayendo por su espalda, estaba la mujer que había llenado sus sueños, conscientes e inconscientes. La misma mujer con la que, aún en su subconsciente, había compartido esos últimos doce meses, la misma a la que había hecho suya, la que le había enseñado a amar de nuevo, la que le había dado luz a su vida, y a la que creyó perder para siempre. Ella estaba allí, delante de él, y simplemente no sabía que decirle, no era capaz de reaccionar, solo mirarla como un idiota.

Ella se quedó petrificada junto a esa puerta, conteniendo la respiración. Se encogió y cerró los ojos, al ver como se volvía bruscamente hacia ella varita en mano. Su mente racional le decía que había sido una mala idea, que era una locura causada por sus malditas hormonas. ¡Qué rayos! Él la odiaba, de siempre, la había despreciado una y otra vez durante más de seis años. ¿Cómo podía ser tan ilusa de creer que eso podía cambiar? … solo por un absurdo sueño. … Y ahora solo podría esperar de su parte alguna maldición dolorosa o palabras aun más hirientes.

Pero nada pasó, sólo un cortante silencio entre ellos, roto a penas por el seco sonido de una varita la caer al suelo. Hermione aun temblaba y tenía la respiración acelerada cuando lentamente comenzó a abrir los ojos. Esperaba encontrar su cara crispada y amenazante, pero lejos de eso, por un momento el gesto del maestro de pociones parecía confuso y desarmado. Ella necesitaba saber, trataba de escrutar algo en aquellos profundos ojos oscuros en los que se había perdido los últimos meses, algo que le dijera que él también había sentido ese sueño, que lo recordaba, que seguía sintiendo lo mismo, igual que ella. Pero no decía nada, solo la miraba en silencio, poco a poco su semblante se iba endureciendo, arrugaba el ceño y fruncía esos finos labios que tanto deseaba besar de nuevo en la realidad.

Snape alzó una ceja, mientras trataba de recuperar un poco de su frialdad, la presencia de ella lo trastocaba por completo. ¿A que había venido? ¿Y si ella…? No, eso no podía ser cierto… la idea de esa conexión entre ellos era, simplemente ridícula. Pero… ¿Y lo que él sentía? Deseaba con todas sus fuerzas poder abrazarla de nuevo, aspirar el aroma de sus cabellos, sentirla suya de nuevo. Sólo si ella decía una palabra… Pero sólo lo miraba con esos ojos castaños, con la misma ansiedad con la que miraba en clase cuando alzaba el brazo esperando que le dejaran contestar… Y entonces… ¿Qué hacía allí? ¿Por qué le había buscado? ¿Qué hacía de pie en su habitación, con aspecto de haber corrido, los pies descalzos y solo con esa fina prenda de hospital?

— ¿Qué la trae aquí Granger? – Su voz sonó fría y cortante, más quizás de lo que pretendía, sacándola bruscamente de su trance. – ¿Acaso pretende bombardearme con su… insufrible parloteo? – No podía evitarlo, tenerla tan cerca, y sentir que no podía ser suya… era demasiado doloroso, lo único que le quedaba era… alejarla de él.

Ella frunció el ceño y apretó los puños. ¿Por qué hacia eso? ¿Acaso no estaba claro? ¡Era Snape! El mismo gruñón, amargado y agresivo de siempre. ¿En que se basaba para esperar otra cosa? ¿En un sueño? Solo era eso… nada más.

—Lo… siento, Sev… Profesor. – Corrigió apartando la mirada. – Yo solo necesitaba… saber… — Snape la miró con cierta ansiedad. —… Sólo quería… — Ella negó con la cabeza. —… No, no tiene sentido. – Bajó la mirada con gesto derrotado. —… Sólo fue eso… un sueño.

La boca de Snape se abrió, sintió que algo se removía en sus entrañas…"Entonces… ella también." El poco orgullo que le quedaba estallo en añicos… tenia esperanza, después de todo… y su maldita boca lo había estropeado de nuevo.

—No le molestaré más. – Susurró la Gryffindor volviéndose y abriendo la puerta. —…Con mi… "insoportable parloteo."

Ya había flanqueado la puerta y la cerraba tras de sí, cuando creyó oírle murmurar algo, alzó su abatido rostro y se volvió hacia él. Su figura se dibujaba al contraluz de la ventana, los hombros hundidos en un gesto de derrota. Su oscura mirada, lejos de su eterna frialdad mostraban anhelo, desespero.

— ¿Qué… ha dicho? – Preguntó con apenas un hilo de voz, cerrando la puerta tras ella, y avanzando un paso.

Él tomo aire y apretó los puños con fuerza.

—Te extraño… Gatita.

"Gatita", "Su Gatita". Esa era la forma en que la llamaba, "Su Murciélago."… Luego… Entonces… No pudo evitar que sus melados ojos se llenaran de lágrimas al recordar todo lo que habían vivido en ese sueño, al ver la forma en que él la miraba, completamente desarmado.

—No fue un sueño… — Susurró. —… Dime que no lo fue. – Severus negó con la cabeza. — No pudo… serlo.

—No lo sé… — Murmuró él apartando la mirada. – Ahora mismo ya no puedo distinguir la realidad de la ficción… Todo es…confuso.

— ¿Y… Nosotros? – Gimió ella de nuevo. Él suspiró y la miró de nuevo.

— ¿Hay un nosotros? ¿Puede haberlo? – Su voz sonaba suave y sedosa. – Tienes una vida que has recuperado… Todo lo que vivimos… o lo que crees que vivimos no fue real. – Se detuvo y tragó saliva. Ella continuaba mirándole con sus ojos castaños brillando por las lágrimas contenidas. – Aquello eran otras circunstancias, creíamos que estábamos solos, que no existía un futuro, que nunca saldríamos de allí. – Vaciló un instante. — No pudimos elegir… y ahora puedes hacerlo.

Ella lo miró fijamente.

—Y de elegir… ¿Hubieras escogido otra cosa? —No contestó. Claro que no. Ella era lo único que quería, en ese momento, y para siempre. Hermione pareció leer en sus ojos y comenzó a avanzar hacia él. – ¿Y si yo no quiero otra cosa?

—Granger, yo… — Trató de justificarse. – Yo no merezco la pena. Soy mayor que tú, tus amigos me odian, muchos quieren verme muerto o en Azkaban. –Alzó la vista para encontrarse frente a frente con esos ojos melados que eran su vida. Tragó saliva. ¿A quien quería engañar? Deseaba estar con ella más que nada en la vida.

—Mi Murciélago gruñón. – Susurró la chica posando una mano en su mejilla y obligándolo a mirarla. – No necesito que me repitas lo insoportable, irritante, antisocial y desagradable que puedes llegar a ser. – Él hizo una mueca de sarcasmo. – Pero en esos doce meses, también he visto todo lo bueno que hay bajo esa mascara de frialdad, todo lo que me diste… Ese niño… — Dijo con tristeza, un gesto de profunda angustia se dibujó en el rostro de Snape. – Tú lo querías… y yo deseaba ese bebé… porque era tuyo.

Suspiró, completamente desarmado, mientras ella seguía acariciando su rostro, ladeó la cara buscando besar la palma de su mano, ella se estremeció al sentir sus finos labios sobre su piel.

—Y no sabes lo que sufrí al sentir que te perdía. —Susurró mientras tomaba la fina mano entre las suyas para continuar besándola. — A ti, y a ese niño… hubiera muerto en ese momento… morí en ese momento.

— ¿…Lo que me dijiste? — Preguntó la Gryffindor, dejando que las lágrimas brotaran de sus ojos.

— ¿Qué te… quiero? — Suspiró el exprofesor, como si dejara salir toda la tensión que llevaba dentro. — Es algo que nunca había dicho, y que nunca antes había tenido sentido para mí. — Tomó aire de nuevo, mientras sus pulgares enjugaban las lágrimas del rostro de la chica. — Pero entonces… cuando vi que te perdía, justo en ese momento, vi que todo lo que me hacías sentir tenía un nombre.

—Entonces…

Él negó con la cabeza y continúo besando su mano con delicadeza.

—No soy un tipo fácil. Y creo que ya sabes lo bastardo soy. — Sonrío vagamente. — No soy y nunca seré un tipo romántico. Ni de esos que están pregonando a los cuatro vientos sus sentimientos. — Ella asintió. — Pero una cosa si puedo decirte. Mi vida sin ti en esta "realidad" sería más oscura y vacía de lo que lo ha sido nunca.

—Severus… yo… — Trató de comenzar, pero no fue capaz de terminar la frase, se abrazó con fuerza a su cuello y enterrando la cara en su levita negra, rompió a llorar, con todas sus fuerzas.

—Shhhh. — Siseó suavemente acariciando ese rebelde cabello que tanto había disfrutado peinando, en su delirio, los últimos meses. — Esto ya no es un sueño. — Murmuró apartándola suavemente de él para poderla mirar a esos ojos miel que adoraba. La joven sonrío levemente.

—Y la realidad… puede ser… igual que la fantasía. — Susurró suavemente. Snape se encogió de hombros.

—Eso depende de nosotros. — La miró gravemente. — ¿Qué es lo que quieres?

Hermione ya no lloraba, solo miraba dulcemente esos finos labios que tantas caricias le habían dado tanto en esas fantasías.

—Yo… creo… que…— Se aupó levemente sobre las puntas de sus pies, su boca solo estaba a centímetros de la suya, no hizo falta malgastar más palabras entre ellos. Solo entornó sus melados ojos, mientras él la enlazaba por la cintura y la estrechaba fuertemente contra su pecho. Sus labios se rozaron primero en una tímida caricia, temerosos ambos de que fuera otro sueño del que pudieran despertar. El beso comenzó lento, calmado, degustándose el uno al otro, reconociendo ese sabor anhelado, sintiendo el mismo olor familiar en la piel del otro. Y como en sus cuerpos se encendía la pasión de la misma forma. Con ansiedad, con hambre el uno del otro. El beso fue cobrando más intensidad, más fuerza, sus lenguas se enredaban de la misma forma que ella enterraba sus dedos en esos negros cabellos que nunca le parecieron grasientos y que amaba.

Tras un tiempo que les pareció demasiado poco, los dos se separaron sin aliento. Snape miró a la joven, sus ojos brillantes aun por las lágrimas, las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y entreabiertos, casi jadeando para recuperar el aire. Hermione observó detenidamente ese rostro en otro tiempo casi temido, sus normalmente fríos y oscuros ojos mirándola de forma febril y llenos de deseo, sus labios enrojecidos por los besos, sus siempre alisados e impolutos cabellos alborotados.

—Puede… ser mejor. — Atinó a balbucear la chica con la respiración aun agitada.

Snape se inclinó hacia delante enterrando la cara en su cuello deseando impregnarse totalmente de ese aroma que amaba, acariciando con su prominente nariz esa suave piel. Recordaba que lo primero que había oído al despertar, fue un: "Bienvenido a casa." Por parte de ese medicucho medio hermano mariposón de Lockhard. Casa. ¿Cuál? Las mazmorras oscuras, su vieja y polvorienta casa de las Hilanderas… Pensó que lo primero que había considerado su verdadera casa en su maldita existencia era esa isla. Pero no… era ella. Ella era su hogar… esa piel nacarada, esos besos cálidos, esos cabellos rebeldes. ESE era su único refugio y su hogar… el único sitio donde quería estar era perdido en ese aroma, rodeado por esos brazos. Se separó levemente de ella para mirarla de nuevo a los ojos. Ahora sí estaba en casa.

—La cosa real… Gatita. — Ronroneó comenzando a depositar pequeños besos en su cuello. —…Puede superar… cualquier tipo de fantasía.

Ella enrojeció más aún y el calor inundó su cuerpo, al recordar su "supuesta" primera vez en la isla. Esa pasión, esa furia, esa posesividad… Solo pensar que podía vivirlo de nuevo hacia que toda su piel se erizase.

— ¿Cuánto mejor? — Gimió.

Con una maliciosa sonrisa en el rostro, Snape la rodeó aun más fuerte y la alzó del suelo arrancándola un respingo, haciendo que el rostro de la joven quedara justo por encima del suyo, ella se agarraba con fuerza a su cuello y lo miraba con una suave sonrisa.

—Cuanto tú quieras. — Contestó el ex mortífago mirándola fijamente y deslizando una de sus manos al trasero de la chica. Ella se inclinó ligeramente hacia delante para besar el puente de su prominente nariz antes de terminar unidos en otro apasionado beso.

Snape se separó haciendo que ella resoplara como protesta y volvió su mirada hacia la puerta, justo para ver como esta se cerraba.

—Creo que tu amiguito Potter andaba de nuevo metiendo su… nariz donde no le llaman. – Rezongó en tono sarcástico.

La chica hizo una mueca irónica, mientras volvía a tirar de su chaqueta hacia ella.

—Bueno… — Suspiró. — Así me facilitará la labor de explicárselo. - La ceja derecha de Severus se disparó mientras ella sonreía con picardía. — Y ahora… Señor Murciélago gruñón… — La segunda ceja se alzó también. — Creo que sería mejor… que hechizaras esa puerta. — Los finos labios de Snape se curvaron en una mueca de triunfo.

—Tus deseos son órdenes.

Fuera de la habitación, un alucinado Harry Potter apoyaba pesadamente la espalda en la hoja de madera, mientras boqueaba como un pez tratando de entender lo que acababa de ver. Su amigo el pelirrojo lo miraba con el ceño fruncido, tratando de buscar respuestas.

— ¿Está ahí, como decía ese tipo? ¿O no? — Espetó su futuro cuñado.

Potter trago saliva al tiempo que se pasaba una mano por la cara, sus ojos se dirigieron de nuevo a la puerta al creer oír un débil gemido femenino. Si pensaba que había visto cosas que le habían traumatizado en su vida. Desde luego, la imagen de su amiga recién despertada de un coma, en los brazos de su temido ex profesor de pociones como si fuera lo más maravilloso del mundo, era la que se acababa de llevar la palma.

—¿Harry? – Preguntó de nuevo su amigo, sacándolo un poco del trance, Potter sacudió la cabeza… ya se encargaría él de pedirle explicaciones a Herms más tarde.

—Créeme tío. — Comentó alejándose de la puerta y dándole una palmadita en la espalda al pelirrojo. — Hay cosas que es mejor que no quieras saber. — Ron lo miró con cara de confusión. — Por cierto tu hermana nos espera para merendar… dice que tienen unos pasteles… - Una sonrisa bobalicona se dibujo de nuevo en el rostro pecoso, Potter sonrió, afortunadamente algunas cosas no cambiaban.

Bueno, hasta aquí el cap.

Espero vuestros reviews

Un saludo