Capítulo Treinta y cinco
El árbol del ahorcado
Cuando las niñas están en la cama, Phoenix se gira hacia mí y dice- quiero hablar contigo sobre algo.
- Ok –digo, automáticamente preocupada por el tono cuidadoso que está usando conmigo.
- He fabricado un arco para Katniss por su cumpleaños –me dice Phoenix-. Solo quería asegurarme primero que estuvieras de acuerdo.
- ¿Y por qué no lo estaría? –pregunto-. ¿Ese no fue uno de los motivos por el que tuvimos hijos? ¿Para que podamos enseñarles lo que sabemos?
- Sí, pero siete años es una edad muy joven para ser un criminal sin el permiso de su madre –contesta Phoenix-. Ahora, Cray está muy relajado con respecto a eso, pero solo por si acaso...
Las cosas en Doce ahora no han sido tan malas como lo fueron en el pasado. No hay más castigos impuestos en nadie, a menos que haya habido una ofensa seria, como robar. Y Cray no lastimaría las manos que podrían darle su pavo salvaje en el futuro.
- Está perfectamente bien –le digo a Phoenix, y él sonríe.
- Va a estar muy emocionada. Me ha estado rogando estas últimas semanas para que le deje disparar. Pero no va a llegar muy lejos con mi arco, al menos todavía no.
El siguiente domingo Phoenix trae el arco desde el bosque y lo escondemos bajo nuestra cama hasta el cumpleaños de Katniss el miércoles.
En comparación a mis cumpleaños mientras crecía, nuestras hijas tienen un día simple. Phoenix se asegura de atrapar algo súpero especial para la cena y yo les doy un poco de mantequilla extra en sus panes marrones y grumosos. Puede ser que Phoenix les haga un tallado o yo les cosa una carterita con los retazos de tela sobrantes, pero nunca les hemos dado un regalo a nuestras hijas como el que estamos a punto de darle a Katniss.
En el cumpleaños de Katniss, seguimos nuestra rutina normal. Pero después de nuestra cena especial, le decimos a Katniss que se siente para su presente. Prim se sienta en mi regazo y yo peino su cabello rubio hacia atrás. Es mucho más afectuosa que Katniss, al menos conmigo.
- Tengo que ir a nuestro cuarto para recoger tu regalo –Phoenix le dice-. Ahora espera aquí y cierra tus ojos.
Katniss cubre sus ojos con sus manos y Phoenix se dirige hacia nuestro cuarto. Remuevo el pulgar de Prim de su boca, un hábito que estamos intentando que deje.
Phoenix regresa con el arco y anuncia –Está bien Katniss, ya puedes abrir tus ojos.
Las manos de Katniss caen de su rostro y de inmediato se vuelven tan redondos como una luna llena.
- ¡Un arco! ¡Un arco! –Grita y salta, mientras se acerca corriendo para pasar su dedo con delicadeza. Phoenix ahoga una risa y lo entrega a una Katniss fascinada. Ella mira a su padre-. ¿Podemos practicar ahora? ¿Por favor? ¿Por favor?
- Esta noche no, Katniss –le dice Phoenix-. De igual forma está muy oscuro afuera, no serías capaz de ver nada.
- ¿Mañana? –Katniss pregunta esperanzada.
- Domingo –le dice Phoenix.
- Oh, pero el domingo está demasiado lejos –Katniss hace un puchero.
- Katniss, ¿no te estás olvidando de algo? –Le pregunto.
- Ah, sí –dice-. Gracias Papá. Gracias Mamá.
Envuelve la cintura de Phoenix con sus brazos, y luego se acerca para abrazarme, con Prim estrujada entre nosotras.
Katniss se rehúsa a separarse de su arco toda la noche. Solo pienso en que al menos Phoenix no agregó también un carcaj de flechas. Si no, Katniss estaría probablemente practicando ahora.
Suspiro y sacudo mi cabeza mientras los bracitos de Katniss se encuentran asegurados alrededor de su arco mientras duerme. Miro a Phoenix y le comento en voz baja para no despertar a las niñas
- Es igual a ti.
- Tiene más de ti de lo que te imaginas –Phoenix me susurra.
Sacudo mi cabeza. No, Katniss no se parece en nada a mí. No es que me importe; amo a Phoenix y la amo. Es más, prefiero que sea así. Si alguien tiene algún rasgo que valga la pena pasar a nuestros hijos, es Phoenix, y ciertamente no yo.
Durante los domingos siguientes, Phoenix lleva a Katniss por unas horas al bosque para enseñarle arquería y algunas cosas más que sabe hacer en el bosque. Entonces, alrededor del mediodía, él la envía de vuelta para que pueda hacer su trabajo sin que ella lo retrase. Pero él está seguro que algún día Katniss será una excelente compañera de casa.
- Camina con tanto sigilo que no lo creerías –Phoenix me dice una noche después de una de sus expediciones-. Y su puntería es increíble para alguien tan joven.
-No me sorprende –le digo-. Katniss está destinada a ser una cazadora.
Un domingo en agosto, el calor es tan sofocante que apenas puedo soportarlo. Phoenix y Katniss se van temprano en la mañana en dirección al bosque y han estado allá por la mayor parte del día.
Cuando regresan, Katniss no está tan sucia como siempre. Sudorosa, sí, pero ya no trae consigo la suciedad por la que grita cuando tiene que bañarse.
- Ahora, ¿quién es esta? –Pregunto mientras se acercan, mis manos en mis caderas.
- Madre, soy yo –me dice Katniss.
- ¿Katniss? –Pregunto y luego miro a Phoenix con una falsa incredulidad-. ¡No! Mi niñita odia estar limpia.
- No estoy limpia, -Katniss se cruza de brazos-. Padre me estaba enseñando a nadir, y conseguimos tubérculos de sagitaria y algunas aves para comer.
- Fuimos al lago, -Phoenix me dice.
Por supuesto, mi recuerdo del lago es muy diferente e íntimo, así que por un momento estoy sorprendida con la idea de Phoenix llevándola ahí. Sin embargo, luego recuerdo que para dos personas como Phoenix y Katniss, el lago es el lugar perfecto para recolectar todo lo que la naturaleza puede ofrecerles. Aun así, la idea de Katniss caminando sobre el suelo donde fue concebida… es un poco embarazosa.
Phoenix me da una sonrisa burlona con respecto a mi expresión, pero Katniss es ajena a eso mientras entra para jugar en el suelo con Prim.
- No le dice la charla, ¿cierto? –Le pregunto a Phoenix, elevando las cejas-. Sólo tiene siete, sabes.
Se ríe-. No, ese es tu trabajo. Yo le enseño cómo sobrevivir en el lago y tú le enseñas qué es lo que sucedió en ese lago.
Mi rostro entero se sonroja y Phoenix ríe nuevamente y me da un beso que acepto con gusto. Luego Phoenix saca unas plantas y el libro sobre plantas que ha estado en mi familia por generaciones. Hace un año me preguntó si podía hacerle algunas adiciones. Al Hesité al inicio, pero decidí que los conocimientos de Phoenix podrían ayudar a la siguiente persona que reciba el libro. Se sienta y comienza a dibujar la planta en la que ha estado trabajando, su cara contorsionada por la concentración.
Comienzo a desplumar el ave que vamos a cenar esta noche. Nunca me ha gustado esta parte del proceso. Toma demasiado tiempo.
Estoy tan concentrada en mi trabajo que apenas presto atención a Katniss y a Prim. Luego, mientras limpio mis manos de las plumas, escucho la voz clara de Katniss mientras canta. Generalmente, me encanta escucharla cantar, pero esta vez mi sangre se congela.
"¿Vas, vas a volver
al árbol con un collar de cuerda
para conmigo pender?
Cosas extrañas pasaron en él,
no más extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer."
La canción. Odio esa canción.
Cuando era joven, solo un poco más grande que Katniss, escuché esa canción por primera vez. Después de todo, estaba prohibida y mis padres eran ciudadanos que respetaban las leyes. Generalmente, mis padres me mantenían lejos de la plaza durante las ejecuciones, pero curiosa de lo que los otros niños hablaban, me escabullí un día. Mientras se leían las sentencias, uno de los hombres comenzó a cantar esa canción.
"¿Vas, vas a volver
al árbol"
El Agente de la Paz intentó hablar por encima del canto del condenado, pero la voz del prisionero sonaba más y más fuerte. Sentí escalofríos recorrer mi cuerpo mientras él era el primero en acercarse a la horca. Incluso mientras colocaban la cuerda alrededor de su cuello, continuaba cantando.
"Cosas extrañas pasaron en él,
no más extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer."
Su voz solo fue cortada por la caída que terminó con su vida.
Esa canción dio vueltas en mi cabeza por el resto del día. En el colegio, los chicos comenzaban a cantarla en el receso, lejos de los profesores. Cada vez que la escuchaba, todo lo que podía ver era a ese hombre colgando de la horca.
Una vez, antes de que estuviéramos juntos, Phoenix comenzó a cantarme esa canción. Le pedí que se detuviera en ese instante.
- ¿Por qué? –Me preguntó-. ¿No te gusta esa canción? Pensé que te gustaba la música prohibida.
- Esa no –le dije, pero eso es todo lo que le pude decir.
Y ahora, Katniss la está cantando.
La miro con detenimiento y veo que Katniss está jugando con unas sogas, convirtiéndolas en collares, igual que en la canción. La furia y el miedo me embargan, las palabras y la melodía comienzan a acechar mis recuerdos otra vez.
Marcho hacia donde Katniss se encuentra sentada y le arrebato las sogas. Ella me mira sorprendida, pero la ignoro y me giro hacia Phoenix.
- ¿Por qué ella conoce esa canción? –Le pregunto-. ¿Le enseñaste esa canción?
Phoenix me mira fijamente, perplejo. –Ella quería aprender algo nuevo…
- ¡Pudiste enseñarle otra cosa! –Le grito-. ¡No esta canción! ¿Por qué pensaste en siquiera dejarle conocer una nota? ¡Sólo tiene siete años! ¡Y sabes que se la va a cantar a Prim, y Prim va a aprenderla de ella! ¿En qué estabas pensando, Phoenix? Por favor, sólo dime en qué estaba pensando al dejar que nuestra hija conozca sobre esa canción.
Detrás de mí, Katniss comienza a llorar de pronto, lo que altera a Prim. Katniss sale corriendo por la puerta. Miro la puerta con impotencia mientras ella se va, pensando tal vez en que reaccioné exageradamente, pero hay algo bastante mórbido sobre esa canción. No quiero que ninguna de mis hijas la conozcan, sobre todo si están haciendo horcas para ellas mismas.
Phoenix se para y me rodea con sus brazos, pero lo empujo para recoger a Prim, quien aún está llorando por toda la disputa que está ocurriendo. Intento calmarla, pero las lágrimas siguen cayendo por su cara y sus gritos perforan nuestra casa.
Una vez que se calma, Phoenix lo intenta otra vez.
- Lo siento Ruth, -dice-. No sabía que te pondría tan enojada. Es sólo una canción.
- Una canción que hace que maten a la gente, -suelto-. Quiero decir, ¿no estamos arriesgando bastante al dejarla ir al bosque con su propio arco y flechas? ¿Por qué añadir una canción prohibida?
Prim comienza a gemir nuevamente cuando mi tono se vuelve severo.
- Estuve mal en enseñársela, -dice Phoenix-. Me voy a asegurar que no la vuelva a cantar nunca más, ¿está bien?
- Mejor, -le digo-. Quiero que la olvide por completo.
Asiente con su cabeza-. Entonces será mejor que la busque. Está nuevamente en el arbusto de madreselva, sin lugar a dudas.
Phoenix sale por la puerta. Cuando regresa, los ojos de Katniss siguen rojos, pero no canta esa canción otra vez.
