¡CUENTA REGRESIVA!

¡FALTAN 2!

CAPÍTULO 36

¿UN NUEVO AMOR?

Nuevamente estaban en aquel aeropuerto, ahora con toda la familia Li despidiéndola para regresar a Colombia; el día anterior no habían hablado con Shaoran, solo se miraban y se sonreían con tristeza. No mas despedidas, no más palabras, no más tortura.

Una vez más se despidió de todos, solo Touya la acompañaría hasta que ella abordada el vuelo y lo prefería de esa manera, ya bastante difícil le había sido tratar de disimular ante todas esas personas además de saber que él no estaba con ella, "algo de último momento" se había presentado y no había ido al aeropuerto.

Abrazó a su hermano prometiéndole que se verían muy pronto y abordó su vuelo. Si, adiós Hong Kong, adiós Shaoran.

Por su parte el ambarino se había refugiado en la oficina, sabía que nadie lo molestaría allí y podría abrir con más calma el papel que había dejado Sakura para él con Wei y que no se había atrevido a leer en casa; demasiadas personas a su alrededor siendo espectadores de cómo se desmoronaba de nuevo.

Decidió no ir al aeropuerto, no quería verla llorar y cada vez que ella partía era un golpe difícil para él. Sentado en su oficina con la puerta cerrada tomó el pedacito de papel con instrucciones específicas, allí estaba el anillo que él le dejó cuando terminaron y una dedicatoria. Sonrió, Sakura tenía esa bendita manía de ponerle banda sonora a todo lo que hacía o sucedía.

"I will Always love you (whitney houston)" (porfa escúchenla también)

- Ay Kinomoto, definitivamente me quieres hacer llorar como niña – y al decir esto la imaginó sonriendo frente a él cuando decía ese tipo de cosas.

¿El papel? Sencillo, solo era un verso de Shakespeare: Soneto 116 "No es amor el amor que al percibir un cambio cambia o que obliga al distanciado a distanciarse ¡Oh no! Es un faro inmóvil que contempla las tempestades y no se estremece jamás"

Suspiró, él era el que se había quebrado, había sido él quien ante la tempestad se había rendido.

- Se feliz mi niña – fueron las últimas palabras que dijo, esperando que se las llevara el viento y cumplieran su deseo. Verla feliz, con o sin él.

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No importaba lo cómodo que tratara de ser el avión; ese viaje era infernalmente largo, trataba de masajearse el cuello para sentir un poco de descanso mientras caminaba por el aeropuerto, sola por fin, aunque sentía que ya había llorado lo suficiente, era como si sus ojos se hubiesen secado y se negaran a derramar una sola lágrimas más.

- ¡Saku! – escuchó los gritos a lo lejos y sonrió, eran Anthony y Mayra que la esperaban y que felicidad sintió, por más que su mente se lo dijera, la verdad era que no quería estar sola.

- Ayyy ¿ahora qué pasó? – dijo Mayra en cuanto la vió poniendo sus manos en la cintura, sí, a esa mujer no se le escapaba nada – Lo sabía, nena – se acercó y la abrazó – pero no te preocupes, sabíamos que eso sucedería y tenemos el antídoto.

Sakura sonrió negando con la cabeza, quién sabe qué estaba pasando por esas cabecitas locas.

- ¿Cuál es el plan? – preguntó Sakura

- ¡Chocolates y Karaoke! – gritaron al unísono.

- Yeiiiiiii

- Ya verás Kinomoto, vamos a comer chocolate de tal manera que o nos mata el desamor o nos mata la migraña

Salieron los tres entre risas del aeropuerto, ella había llegado un viernes, toda la empresa estaba de vacaciones así que tendrían todo el fin de semana para descansar y disfrutar.

De manera que los días pasaban, a veces lentos y tortuosos y mucho más porque al regresar a su rutina se encontraría con sus queridos compañeros, pero su horrible jefa que gracias a la ausencia de Sakura tenía todo en unas condiciones terribles de descuido, su correo estaba a reventar tenía casi 500 mensajes pues su jefa había sido incapaz de responder las solicitudes.

Así que esos primeros días se quedaba en la oficina hasta tarde tratando de ponerse al día con todo lo que había quedado, parecía duro pero era mejor para ella, no le daba tiempo de sentir su tristeza y cuando llegaba a casa el sueño la vencía y así pasaban los días.

Dos semanas después.

El teléfono de la oficina sonaba insistentemente, cuando por fin logró contestar se encontró con que era Yue quien se comunicaba, como siempre solía hacerlo.

- Que bueno escucharte, ¿cómo estás?

- Bien, cansado en realidad ¿y tú?

- Bien también, ya logré ponerme al día con todo lo que estaba atrasado.

- Sakura, sabes que me gustan las cosas al grano ¿no?

- Si, dime qué sucede.

- Me propusieron un traslado y Colombia es una de las opciones.

Sakura se quedó callada por completo, no sabía qué decir.

- Sakura…. ¿Estás ahí?

- Si, si, perdón. ¿Y las otras opciones cuáles son?

- New York, Londres, Roma.

- Ya veo…

- Sakura – él respiró profundo – no quiero que mal interpretes las cosas, tú conoces muy bien mis intenciones contigo, pero no es ese el motivo que me mueve para decidir el lugar al que quiero ir.

- ¿Entonces?

- Pues… Eres mi amiga en primer lugar y me agrada tu compañía, además, me gustó el país, creo que es una buena oportunidad para que no estés sola.

- Yue, pero tú también conoces mi posición al respecto

- Lo sé, precisamente por eso digo que no quiero hacerlo por ese motivo, yo conozco bien tu respuesta, pero tampoco deseo que te sientas incómoda u obligada si decido ir allá, por eso quería conocer tu opinión.

- Por eso no te preocupes, sabes que mi cariño por ti es genuino pero simplemente no quiero que te crees falsas expectativas, solo eso.

- En ese caso… te avisaré qué pasa.

- Está bien, estaré al pendiente, cuídate mucho.

Terminaron la llamada pero Sakura quedó inquieta, ¿cómo era posible que Yue estaba dispuesto a hacer ese tipo de sacrificio aún cuando no eran más que amigos?

En ese momento la llegada de su jefa la interrumpió.

- Que bueno que la señorita terminó de hacer su visita telefónica – dijo con ironía-

- Ana María, no estaba haciendo visita, era una llamada importante de Japón. Uno de mis amigos que planea venir a vivir a Colombia.

- En todo caso Sakura, me parece el colmo que estés en esas cuando tenemos tanto trabajo por hacer.

- ¿Tenemos? – pensó Sakura, hasta donde ella sabía todo su trabajo estaba al día

- Discúlpame pero no se de qué hablas.

La aludida arrojó unas carpetas en su escritorio - mira, son las bases de datos de los proveedores con quienes debemos empezar las negociaciones para los programas anuales pensé que sabías eso.

- Claro que se qué es, pero se supone que es tu trabajo, ¿no?

- Lo sé, pero estaré ocupada y debes ayudarme.

Sakura suspiró con cansancio, trataba a toda costa no perder la calma, mucho menos con ella, pues cuando alguien le decía algo empezaba a llorar y armaba un espectáculo lamentable y Sakura detestaba eso.

De manera que empezó a acomodar las carpetas que su jefa había tirado, no le quedaba de otra que hacer ese trabajo y programar su agenda para cumplir con eso, pero en ese momento ingresó Ana Milena con paso firme.

- Hola Sakurita que gusto saludarte – se acercó dándole un beso en la mejilla y apenas si miró a Ana María saludándola con un poco de frialdad.

- Hola Anami, ¿cómo estás?

- Bien linda, venía de una reunión en el área de producción y pensé en pasar a saludarte – en eso, la amable señora repara en las carpetas que Sakura estaba acomodando- ¿Qué haces tú con esos archivos? – preguntó mirando a la otra mujer

- Ayyy verás Anami – empezó a responder nerviosamente la jefa de Sakura – Sabes que Sakurita es tan amable que se ofreció a ayudarme con este trabajo.

Sakura la miró directo a los ojos con una expresión no muy cálida ¿cómo era posible que pudiera mentir de semejante manera tan descarada? Pero era mejor seguirle el juego, detestaba tener conflictos o problemas con alguien.

- Si Anami, yo… Puedo ayudar con esto.

Pero Ana Milena no era tonta y captó lo que estaba sucediendo, de manera que retiró las carpetas de las manos de Sakura y las entregó a Ana María.

- Lastimosamente mi querida Sakura, es un trabajo que no puedes hacer, porque he dado instrucciones precisas de que solo la coordinadora de bienestar, es decir Ana Maria, puede asistir a estas reuniones; ya sabes, cualquier error o cualquier negociación incorrecta cae bajo su responsabilidad, por eso lo correcto es que lo haga ella misma.

Terminó de decir poniendo las carpetas en manos de la aludida. Esta se sentó un poco desconcertada y empezó con su show, las lágrimas resbalaban por sus mejillas y sollozaba como niña pequeña mientras Anami rodaba los ojos con cansadio y Anthony al otro lado contenía una carcajada.

Sakura por su parte no era capaz de verla llorar, no podía creer que en realidad alguien pudiera fingir esos sentimientos, seguramente algo le sucedía a Ana María y se sentía mal por no poder ayudarla.

- ¡Ya basta Ana María! – Anamilena levantó su voz de tal manera que Sakura y Anthony quedaron petrificados – ¡me tienes harta! Por todo te pones a llorar y siempre hay una excusa diferente.

- Es que no me comprendes, terminé con mi novio – decía la otra aun llorando

- ¡No me interesa! Sinceramente me importa un comino en este momento, te portas como todo menos como una profesional, si de mi dependiera hace mucho tiempo estarías fuera de esta compañía. Ahora – dijo golpeando la mesa de Sakura con las palmas de sus manos – si yo me llego a enterar que te metes con Sakura de nuevo y buscas explotarla para que haga Tú trabajo, te las vas a ver conmigo directamente y puede que no te eche pero me voy a encargar de que desees irte por tus propios medios ¿Entendido?

Ana María había dejado de llorar y miraba con sus ojos bien abiertos a la mujer frente a ella, recogió sus carpetas con cara de niña regañada y salió de la oficina. El silencio era sepulcral. El suspiro de Anami se hizo presente.

- Chicos, discúlpenme por eso pero es la única manera de poner en su sitio a esta abusiva, si no fuera por la persona que ordenó su contratación ella no estaría acá, en todo caso, Sakura, no tienes por qué permitir que te atropelle ni hacer lo que a ella le corresponde, gana casi 4 veces tu salario, no es justo que te sobrecargue de trabajo y no me lo niegues que a pesar de estar ocupada me doy cuenta de todo.

- Perdón Anami, es que no me gusta tener problemas y… Pues Yo…

- Nada señorita, ahora si me disculpan tengo mucho trabajo. Cuídense chicos

Y salió de la oficina así sin mas mientras los otros dos se miraban un poco desconcertados, hasta que empezaron a reír a carcajadas.

- Ya era tiempo de que alguien pusiera en su lugar a esa abusiva – decía Anthony continuando con su trabajo.

En fin, ese era el único asunto que en realidad la deprimía, tener que lidiar con esa mujer.

Las cosas parecieron estar en paz un tiempo, pero luego volvían a su rutina y así pasaban los días y las semanas.

¿Shaoran? Pues Ellos seguían como siempre, hablando noches enteras de cualquier tontería, pero al igual desde que terminaron nunca hablaban de su relación fallida, si algo tenían "claro" es que estarían ahí, siempre, el uno para el otro.

Sakura pensaba en el momento en que consiguiera alguien más y quizá ella también debía empezar a pensar en esa idea, agradecía sobre manera la compañía de sus amigos pero también era momento de pasar la página o de arrancarla definitivamente si era posible.

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Shaoran por su parte pasaba sus días entre reuniones y papeleos, afortunadamente, Hien cada día iba reintegrándose a sus labores de manera paulatina lo que dejaba un poco de tiempo libre a su hijo. El asunto es que había empezado a llevarse bien con la hija de su socio, Kumiko, resulta que después de la noche de año nuevo habían empezado a verse más seguido pues la muchacha estaba en las reuniones con su padre al igual que Shaoran.

La verdad es que la chica era muy agradable, graciosa, inteligente; nada que ver con la torpe e inocente Sakura. A esta chica a leguas se notaba que no se dejaba manipular de nadie a pesar de tener un carácter afable que resultada muy atractivo a Shaoran.

Ya estaban llegando al verano, ese primer semestre del año había sido difícil pero al parecer ambos (Sakura y Shaoran) se estaban adaptando a ser amigos de nuevo, amigos y solamente eso.

Así que, ¿qué de malo tenía el querer rehacer su vida? Ya había pasado un año desde que habían terminado con Sakura y la verdad es que la opción de Kumiko no le parecía desagradable en ninguna manera.

Justo ese día habían quedado en salir a almorzar, así que no se sorprendió cuando escuchó el sonido de su puerta y aquella voz preguntando si podía pasar.

- Claro, pasa, espérame un momento, me preparo y salimos. Ah por cierto, hay un documento que necesita tu firma, así que aprovechemos ¿no?

- ¿Un documento? – Indagaba Kumiko –

- Si, recuerda que en la última reunión saliste antes y quedó pendiente tu firma, aquí lo tengo.

La chica caminó hacia el escritorio del ambarino y se puso a su lado mientras él le enseñaba dónde firmar. Ella observó rapidamente una foto donde él se encontraba al lado de una chica muy bella con vestido verde, se veían muy felices.

- Perdón Shaoran, ¿quién es es ella?

Él observó la foto y suspiró sin darse cuenta – ella es… Mi mejor amiga, Sakura Kinomoto, seguramente la recuerdas, estuvo aquí en fin de año, hacía parte del grupo de visitantes japoneses.

- Ah si, la chica del vestido negro, muy hermosa.

- Exactamente, la misma.

La muchacha se apresuró a firmar el documento pero en su mente quedó esa imagen; no, definitivamente ella no era solo "la mejor amiga" tenía claro que ahí había pasado algo y no era algo pequeño, así que trataría de averiguarlo y tomar cartas en el asunto si quería que su relación con Shaoran pasara al siguiente nivel.

Unas dos semanas más pasaron desde que Kumiko empezara a investigar más sobre Sakura, se apoyaba en la información que sacaba de las hermanas Li poco a poco y se encendieron sus alarmas; tal y como lo supuso, la tal Sakura no era simplemente una amiga, era una historia muy intensa la que habían tenido y lo peor del caso es que estaban en contacto permanente. Que ganas de sufrir la de esos dos.

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Se lamentaba en ese momento de no haber desayunado, pero estaba tan ridiculamente ocupada que no había tenido tiempo, debía entregar una información para antes de que la mañana terminara, de repente vió en su facebook una nueva solicitud de amistad.

Por curiosidad ingresó a revisar, era un chica que se le hacía conocida… Pero no recordaba de dónde, así que sin más, la agregó.

Continuó concentrada en su trabajo cuando vió que aquella no tan desconocida le estaba escribiendo y decidió responderle, siempre le había parecido sumamente descortés dejar de contestar los mensajes así que la saludó e inició la conversación.

- Hola, eres Sakura Kinomoto ¿cierto?

- Hola, si. ¿Nos conocemos?

- No se si me recuerdas, en la fiesta de año nuevo en la mansión Li.

Sakura se detuvo un momento para tratar de recordar hasta que lo hizo; claro que si, colgada del brazo de Shaoran casi toda la velada.

- Hagamos algo, estoy un poco ocupada, ¿te molestaría si te hablo en… No lo sé, una hora?

- Claro, no hay problema, aquí ya es algo tarde así que estoy desocupada.

- Ok. Gracias

Sakura se apresuró con su trabajo, le causaba curiosidad por qué aquella desconocida la había agregado y ahora le hablaba. Afortunadamente terminó antes de una hora y puso todo en orden. Ahora sí tendría un poco de tiempo para enfocarse en la conversación.

- Hola, ¿estás ahí? – preguntaba Sakura-

- Claro, eres muy amable en hablarme de nuevo, comprendo que debes estar en tu trabajo ¿no es así? Disculpa mis descortesía, soy Kumiko Wang, sucede que aquella vez no tuvimos mucha oportunidad de hablar pero he oido maravillas de ti.

- ¿En serio? – la chica parecía muy amable en realidad, así que Sakura se dejó de prevenciones.

- Claro que si, además eres muy valiente al haber ido a un país tan lejano de cultura tan diferente, te admiro de verdad.

- No digas eso, es una experiencia que vale la pena vivir, nada fácil debo decir.

- Seguramente tuviste que hacer muchos sacrificios para hacerlo ¿no?

¿A qué iba esa pregunta? La verdad es que Sakura tenía muy poca o ninguna malicia y nunca se daba cuenta de cuando le decían cosas con otra intención.

- Ehmm… Si, es como todo, cuando tomas una decisión hay muchas otras cosas a las que renuncias por esa elección ¿no crees?

- Si, te comprendo, justo ahora estoy pensando algo como eso. No se si podrías ayudarme

- Si consideras que puedo hacerlo, no hay ningún problema.

- Sucede que soy una profesional, pero… No sé, ultimamente he pensado en darle otro rumbo a mi vida, aunque me da temor dejar de lado mi profesión.

- Y ¿cuál es esa otra opción si se puede saber?

- Casarme y consolidar un hogar.

- ¡Ah que bueno! Es algo muy lindo de verdad – Sakura en cierto modo se alegró, si ella estaba planeando casarse era porque había alguien en su vida, seguramente Shaoran era solo un buen amigo, porque él nunca le había hablado de ella.

- Si, lo sé, cuando el amor te llega así de golpe...

- Te entiendo a la perfección, pero entonces temes dejar de lado la vida que has llevado hasta ahora ¿no? Pero bueno, tú puedes hacer un balance y saber si valdrá la pena el tomar esa decisión.

- Ay… Es que, es un hombre soñado, de verdad, como pocos por no decir único y estoy segura que será el mejor esposo del mundo.

En ese momento Sakura sintió un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza, un presentimiento que se coló en su pecho estrujando con fuerza su corazón, dejó de sentir el piso pero no sabía de dónde había salido eso así que continuó con la conversación.

- Bueno, pues es una verdadera suerte que hayas encontrado a alguien así, te felicito.

- Muchas gracias, estoy segura de que concuerdas conmigo, le conoces.

Ahora sí se estaba quedando sin aire, solo esperaba el golpe que para ella sería mortal mientras aquella mujer seguía hablándole.

- Se trata de Shaoran, es un verdadero príncipe azul.

Ahí fue, los que creen que "el dolor del corazón" es solo símbólico se equivocaban, en ese mismo momento ella, Sakura Kinomoto había dejado de respirar, sentía su cuerpo totalmente congelado y tenía que salir allí, se asfixiaba, así que corrió al baño y se echó agua en la cara, no había una sola lágrima, no podía llorar pero lo que estaba sintiendo en ese momento superaba lo que pudiese haber sentido en el pasado.

En ese momento ingresó una llamada de Shaoran.

- Hola monstruo.

- Hola

- ¿Te pasa algo, estás bien?

- No me pasa nada, por lo menos nada que no sepas, sabes que te cuento todo, lástima que no pueda decir lo mismo de ti.

El joven Shaoran guardó silencio un momento, lo que hizo que Sakura pensara que él estaba admitiendo lo sucedido pero en realidad significaba que él no tenía idea a qué iban los reclamos de Sakura.

- No te escuchas bien, dime ¿qué te pasa?

- Nada Shaoran y a propósito, permíteme desearte toda la felicidad del mundo, de verdad es bueno que puedas rehacer tu vida, solo pensé que confiabas un poco más en mi.

- Hey hey, hey, ¿qué pasa?

- ¿En serio no lo sabes? Ah bueno, creo que no soy la persona correcta en decirtelo entonces, habla con… ¿Cómo se llama?... ¿Kumiko? Ella te refrescará la memoria, a mí, déjame en paz.

Colgó el teléfono cuando en realidad lo que quería era estrellarlo contra la pared.

Regresó a su oficina; se sentía congelada, estaba pálida y seguía trabajando como si nada. Se rehusó a almorzar aduciendo tener demasiado trabajo y no sentirse del todo bien, se le dificultaba cada vez mas fingir una sonrisa ante los que venían a invitarla a almorzar, pero Mayra se preocupó cuando no la vio en el comedor, así que al terminar se dirigió a su oficina que extrañamente tenía la puerta cerrada.

- Sakura, soy yo – dijo con voz suave

La chica suspiró, no sabía como evadirla, no quería seguirla molestando con el mismo tema, esta vez quería simplemente encerrarse y maldecir al mundo, a la vida, al destino y sí, a Shaoran.

- Sak, se que algo pasa, no me lo ocultes, abre por favor.

Así lo hizo, entre más tiempo pasara Mayra en su puerta más sospecharían los demás que algo sucedía.

- Hola May, discúlpame es que he estado muy ocupada, es todo.

- Siéntate Sakura - La joven obedeció – Sabes lo mucho que me molesta que me creas idiota, no me salgas con esa tontería del trabajo y mírame cuando te hablo por favor – La castaña estaba "concentrada" en su trabajo.

Sakura evitaba la mirada de aquellos ojos negros, pues sabía que si la miraba se derrumbaría ante ella.

- Saku, por favor, confía en mi – insistió la amiga tomando su mano y entonces una pequeña y solitaria lágrima corrió por las mejillas de la castaña.

- May, no es nada, es solo mi estupidez, mis deseos, mi… - suspiró-

- Es Shaoran ¿no?

- En realidad no, él… Solo está haciendo lo que debe hacer, el problema soy yo que insisto en vivir aferrada a un recuerdo, a un anhelo, a una ilusión. Hace un rato hablé con una chica que conocí en China y justamente estaba todo el tiempo con Shaoran y simplemente me dijo que estaban juntos, Shaoran está siguiendo con su vida y yo sigo aquí estancada.

- Ay amiga, la verdad es que no se qué decirte y es que en realidad me parece un acto de masoquismo extremo que sigan siendo amigos como si nada después de todo lo que ha pasado entre ustedes, eso no es bueno y va a terminar mal Saku.

- Pero yo… No puedo dejarlo, prometí estar siempre a su lado y compartir su felicidad y si esto… Si ella es su felicidad, yo estaré a su lado.

- Por Dios, o eres una santa o la mujer más estúpida del mundo, sea lo que sea aquí estaré contigo pero me duele ver lo que sucederá si insistes en continuar con esto. Te traeré algo de té ¿si? Eso y le pediré a la chef que guarde un almuerzo para ti y puedas comer más tarde cuando te sientas mejor.

- May gracias, de verdad.

Continuó trabajando para tratar de despejar su mente mientras su móvil sonaba con insistencia pero no quería contestar, otra cosa sucedía con el teléfono de su oficina que debía contestar siempre, así que cada vez que sonaba rogaba porque no fuera él.

Se acercaba el final de su jornada y se apresuraba para salir, quería llegar a su casa y no sabía… Quizá darse una borrachera monumental que la dejara idiota por un buen rato y no pensar en lo que estaba pensando, se sentía el ser más infortunado del planeta, el amor al parecer no era para ella.

- Sak, ¿nos vamos juntas? – llegaba Mayra a su puerta

Sakura le sonrió, tomó sus cosas y salió con su amiga.

- ¿Qué quieres hacer? – pregunta Mayra

- Justo estaba pensando eso, una borrachera monumental cual nunca he tenido en mi vida.

- Mañana es sábado, ¿por qué no?

- May… Era una broma

- ¡Ay vamos! Pasamos por el supermercado y compramos cualquier tontería para comer y…

- Y mañana amaneceremos con un dolor de cabeza del demonio y un malestar que nos hará sentir peor que ahora, no, creo que no es un buen negocio, pero si de planes suicidas hablamos, vamos a ver películas románticas, las más tristes que encontremos.

- Jajajajaja debes ser como una de esas Kamikaze de la segunda guerra mundial. Está bien, me apunto, pero entonces iré a mi casa por algo de ropa y llego después.

- Dale.

Pero antes de que llegaran al vehículo de la ruta, nuevamente Shaoran llamando y ya no quería evadirlo más.

- Hola – dijo con cansancio

- Sakura, escúchame por favor, no sé qué te dijo Kumiko pero todo esto es un mal entendido

- Shaoran… Es tu vida, y tú decides qué o con quién deseas pasarla, me duele mucho pensar que no confías en mi, es todo.

- Sakura, no es que no confíe en ti es solo…

- No digas nada, no te estoy pidiendo explicaciones y la verdad no deseo hablar contigo ahora. Pon en orden tus ideas y cuando lo hagas quizá ya tenga deseos de hablar de nuevo. Adiós.

Colgó el teléfono sin más, le escribió a su hermano y amigas para decirles que no la llamaran pues estaría apagado y así lo hizo, no quería más contacto con nadie.

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Era casi media noche y allí estaban ellas, en la sala de la casa de Sakura llorando como niñas pequeñas, con comida por el piso y latas de cerveza.

Veían Titanic, si perfecta para llorar así la hayas visto 1000 veces y mucho más ellas que tenían las emociones a flor de piel después de haber visto dos películas más.

Pero algo extraño sucedió cuando escuchó el timbre de la puerta sonando. ¿Quién podía ser a esa hora? Las dos se miraban entre ellas asustadas, era muy extraño y estando solas. Mayra corrió a su bolso y sacó un spray de gas pimienta, era mejor estar preparadas.

Sakura abrió la puerta lentamente pero cuando vio quién había frente a ella la abrió de par en par y se abrazó a su cuello.

- ¡Yue! Que bueno que estés aquí – él obviamente correspondió el abrazo pero de inmediato la alejó.

- Sakura ¿qué pasa? Te estoy llamando hace mucho rato, tu celular, tu teléfono está apagado, también el portero llamó y me preocupé muchísimo.

La castaña sonreía nerviosa y miró a su apartamento, todo era un tiradero, las latas de cerveza alrededor, la comida, ellas tiradas en el piso con cojines, nada bonito.

- Yue perdón, es que no fue un buen día y aprovechando que mañana no tenemos que ir a la oficina decidimos hacer pues… Una noche de chicas – sonreía incómoda.

- No te preocupes por eso, solo me interesa saber que estás bien.

- ¿Para dónde vas? – dijo al verlo dar la media noche para irse

- Para el hotel que queda aquí cerca.

- Mmmmm pero es muy tarde, si no te incomoda puedes quedarte aquí.

- ¿No te incomoda a ti?

- No te lo estaría ofreciendo, anda pasa.

Sakura y Mayra empezaron a limpiar rapidamente, de verdad se sentía avergonzada de las condiciones en que la había encontrado, además con un pantalón deportivo y una camiseta gigantesca, su cabello recogido en una moña alta y con los lentes puestos, pues le molestaba la luz del televisor.

Yue se quedó mirandola divertido por un momento

- ¿Se puede saber por qué me miras y te ríes? – preguntó Sakura con aire de indignación.

- Es que ahora si te ves mas parecida a la pequeña Sakura que conocí.

Ella se miró de arriba abajo y se sonrojó, en realidad no había tenido en cuenta de las fachas en las que anadaba.

Se dedicaron a hablar hasta el amanecer, la verdad es que no había imaginado que la llegada de Yue le cayera tan bien, había llegado en buen momento.

Aprovecharon el sábado para descansar de la nochecita que habían pasado el viernes, cuando Mayra y Sakura se levantaron encontraron el apartamento en perfecto orden y Yue en la cocina preparando el almuerzo. Sakura se veía realmente apenada de que su huesped se estuviera tomando esas molestias, aunque la verdad del caso es que no se sentía muy bien, no habían sido pocas las cervezas de la noche anterior.

- Sakura – llamaba Yue desde la cocina – lo mejor es que se preparen, el almuerzo casi está listo.

Almorzaron y Mayra se fue para su apartamento dejando a Yue y Sakura solos, cuando el recién llegado se aseguró de estarlo se sentó frente a su amiga y tomó sus manos.

- Ahora si, dime ¿qué pasó?

Sakura lo miró directo a los ojos, sabía que no podía decirle cualquier cosa, además que de verdad necesitaba un amigo en esos momentos.

- Es solo que ayer me enteré de algo y… La verdad me está afectando mucho.

- Shaoran supongo – respondió el otro mostrando desagrado en su rostro.

- Yo tengo que seguir adelante Yue, no puedo quedarme esperando que suceda algo que está claro no sucederá más y seguir llorando por un pasado que se me fue de las manos.

Ahora si empezó a llorar, lo que no había logrado desde que habló con Kumiko. Se acurrucó en el pecho de Yue que la abrazó sin decir nada, sabía que no era momento de reproches o consejos que quizá ni escucharía, tarde o temprano esto pasaría, porque nada es eterno, incluso el amor ¿no es así?

Y siiiii mátenmeee, advertí que estos últimos capítulos no serían bonitos, ya solo faltan 2! ahhh y obvio el epílogo que todavía no me convencen de publicar (jejejeje)

Muchas gracias por sus visitas y reviews, sopórtenme tan solo estos dos capítulos más.

Ahhh por cierto, no sé si les había contado que estoy haciendo un playlist en Youtube con todos estos hits tristongos jejeje creo que estará listo para la próxima publicación. Ahora si.

Abrazos grandes para todos.

Ale-San