Revelations
Emma corrió hasta el hospital central de la ciudad, que quedaba a algunos kilómetros del apartamento de Regina. La llamada de su padre la tomó por sorpresa en medio de la celebración por el regreso de Roland y, ahora, su cabeza estaba confundida con lo que podría estarle pasando a Mary Margaret.
Cuando Emma llegó al hospital, encontró a su padre sentado en la recepción, con expresión preocupado en el rostro.
«Papá» dijo al verlo. De pie, lo tocó en el hombro «¿Qué pasó?»
«Qué bien que llegaste, hija. He traído a tu madre hace un rato después de que se desmayara en el baño» explicó él
Emma frunció el ceño al momento
«¿Qué? ¿Cómo?»
David se levantó del sitio y se cruzó de brazos frente a Emma.
«Yo estaba colocando la compra cuando oí el ruido, cuando llegué al baño la encontré caída en el suelo»
La rubia abrió desmesuradamente los ojos
«¿Y cuándo fue?»
«Por la tarde. Mientras te esperaba he ido a verla a la habitación donde la tienen en observación. Aún no ha despertado, le han hecho una tomografía» David hablaba, tenso
«¿Y al final qué tiene?» preguntó Emma
«El médico me dijo que puede haber sufrido una isquemia» David aún dudaba de lo que había escuchado. Miraba a Emma inseguro de lo que decía.
«¿Estás seguro de que dijo eso, papá?» Emma, de repente, pareció turbada
«No estoy seguro de la importancia que le dio, pero parece que cuando despierten lo sabremos»
Emma se quedó callada, pensando. Recordaba haber leído algo sobre isquemias repentinas en una revista que encontró en la consulta del dentista de Henry. No era fácil estar calmada sabiendo que su madre aún estaba inconsciente, pero a pesar de todo, quería creer que su caso sería menos grave que los que estuvo leyendo.
David estaba muy preocupado, ella se dio cuenta. Trató de tranquilizar al padre, ya que no podían hacer mucho más sino esperar.
«Hiciste bien al traerla rápidamente, papá. Cálmate. Se va a despertar y vamos a saber qué ha pasado»
Él dijo que sí, y se sintió algo mejor con lo que la hija le había dicho.
Pasó casi una hora hasta que fueron llamados por el médico para que se acercaran a la habitación de Mary que ya estaba despierta. Tenía los ojos bien abiertos cuando los vio entrar. El médico comprobaba su tomografía y anotaba en una tablilla otro centenar de pruebas que tenían que hacerle para confirmar lo que Mary tenía, pero la sospecha era exactamente lo que le había dicho a David cuando llegaron al hospital.
Le habían explicado a Mary que, con el paso de los años, algunas personas sufrían problemas neurológicos, y eso es lo que le pasaba a ella. Había sido una gran suerte que el marido la hubiera trasladado deprisa al hospital, porque podrían empezar el tratamiento de inmediato. Y, a pesar del susto, se pondría bien.
Ella les dio las gracias al médico y a la enfermera cuando estos salían de la habitación dejándola a solas con Emma y David. Mary extendió su mano hacia su marido y recibió un beso de él. Miraba a Emma que no se acercó mucho a la cama.
«No te asuste, cariño. ¿Viste? Estaré bien» dijo Mary, aún algo pálida y con los labios rojos
Emma se apartó el cabello tras la oreja, se cruzó de brazos.
«Nos has dado un buen susto»
«Fue muy rápido. Estaba buscando algo en el baño cuando me sentí mal y me caí» Mary miró a David, a su lado en ese momento, apretando firmemente su mano
«Me preocupaste mucho, Mary. No hagas eso más» dijo él en tono de broma
«Ya, papá, pero si ha pasado una vez, puede pasar de nuevo si no se cuida» dijo Emma «¿Escuchaste lo que dijo el médico, mamá? Tienes que tomarte las pastillas cada vez que te encuentres mal»
«Creo que ya es hora de que te tomes un descanso en el colegio, ¿eh? ¿Has pensando en retirarte?» le preguntó David
Mary sacudió la cabeza mirando a los dos con desconfianza.
«Ustedes dos…Cálmense, ya pasó. Estoy bien» protestó
«Mamá, has tenido una isquemia repentina, algo parecido a un derrame, ¿cómo quieres que nos tranquilicemos?» Emma arqueó una ceja «Estaba pensando, si me necesitas durante la semana, puedo ir algunos días hasta tu casa después del trabajo»
«Hija, ¿qué es eso? Es algo que ha pasado, ya no soy una mujer tan joven. Como ha dicho el médico, es algo común a mi edad»
«Emma tiene razón, Mary. ¿Si hubiese sido algo más grave? Quizás ahora ni estarías hablando» comentó David, sentándose a su lado en el borde de la cama del hospital.
Mary resopló impaciente
«Venga, ustedes dos. Ya entendí, tienen miedo de que muera, ¿es eso? Pues quédense tranquilos, ¿nunca oyeron eso de mala hierba nunca muerte?»
David y Emma intercambiaron miradas
«Ok, mamá, no queremos que esto vuelva a pasar. Me preocupé cuando papá me llamó. Tuve que salir corriendo de casa de Regina» dijo Emma, descruzando los brazos.
Mary levantó el rostro, frunciendo el ceño.
«¿Tú qué, Emma?»
«Me quedé preocupada…»
«No, ¿dónde estabas cuando tu padre te llamó?»
«En el apartamento de Regina»
«Ah, sí» la madre miró bien a la hija, el modo en que había dicho aquello con naturalidad. Indicios de que había vuelto a relacionarse con la ingeniera. La última vez que había visto a Emma supo que habían tenido una pelea y que habían roto el noviazgo. Su plan había salido bien. Regina había hecho exactamente lo que le había sugerido. Pero ahora parecía que todo había vuelto a lo de antes, estaban juntas de nuevo «¿Así que lo han arreglado? La última que vez que hablamos estaban separadas»
«Lo estábamos. Hablamos y ahora estamos juntas de nuevo» respondió Emma tras tomar aire. Hablaba con cierto orgullo.
«¿Regina y tú se separaron?» preguntó David que no sabía nada de aquello
«Por pocos días, papá. Ahora está todo arreglado»
«¿Y su hijo?» preguntó Mary recordando la conversación que había tenido con Regina «Estaba viviendo con su padre después de lo que ocurrió entre ustedes en el restaurante, me lo habías dicho»
«Precisamente estaba con ellos celebrando el regreso de Roland. La audiencia fue hoy y él pidió quedarse con la madre»
David no entendía nada. Miraba a Emma, después a la esposa, con cara fea, nadie le había contado nada.
«¿De qué hablan? ¿Por qué no me han contado nada?»
«Después te explicó, David. Emma, entonces, ¿quieres decir que ella no desistió de la idea?» dijo Mary algo decepcionada
«¿Desistir de mí? Regina solo hizo lo que hizo porque Roland estaba en aquella situación, yo acabé perjudicándola. Por si quieres saberlo, las dos hablamos, y la convencí de que estaba equivocada» Emma finalmente se acercó a la madre
Mary se llevó la mano a la cabeza, cerró los ojos, incrédula
«Ah, ¿por qué no me sorprendo? Tú yendo a hablar con ella…¿Por qué me tomé la molestia de ir a hablar con ella?» la madre de Emma se hacía las preguntas a sí misma. No había manera, nada de lo que hiciera serviría de nada. Era una idea estúpida intentar evitar que Emma y Regina tuvieran una vida juntas de nuevo.
«¿Qué dijiste?» Emma no entendió lo que madre había murmurado por último
«Nada, Emma. Nada» Mary suspiró profundamente. Siempre que hablaban de Regina notaba aquel brillo extraño en la mirada de la hija. Era difícil convencerse de que eran otros tiempos y que Regina sí podría haber cambiado con respecto al pasado. Mary colocó una mano sobre sus labios. Pasó algunos segundos en silencio mientras la hija y el marido la miraban igualmente en silencio. Antes de que fuese tarde, decidió contarle a la hija lo que había hecho para destruir la relación de las dos. Por lo menos, si se lo contaba, su conciencia estaría más tranquila, y aunque Emma la odiara de ahí en adelante no moriría sin haber intentado arreglar lo que había hecho «David, ¿puedes dejarnos solas unos minutos?» pidió, sin apartar la mirada de su hija.
Él se dio cuenta de que ambas tenían algo que esclarecer. Viendo que Mary ya estaba mejor y muy dispuesta a hablar con Emma, no tuvo elección.
«Creo que voy a la cafetería» se levantó y salió por la puerta.
Mary esperó a que David saliese completamente del cuarto. Respiró hondo, pensando cautelosamente en qué decirle a la hija, y comenzó
«Para ser sincera, Emma, no sabes lo que pasó para que Regina te dejara de nuevo» dijo con un tono directo «Ha durado poco la separación, ¿qué han sido? ¿Días? ¿Una semana? Pensé que había conseguido quitarte de la cabeza la idea de seguir viendo a esa mujer»
«¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir?» Emma la miraba seria, se había metido las manos en los bolsillos de los vaqueros, y se acercaba lentamente.
«Regina no te ha contado, por lo que parece, que estuve hablando con ella. Fue una conversación bastante esclarecedora, yo quería ayudarte y ayudarla también a ella, al final, como pensaba, ella te pondría ante un nuevo problema y fue lo que pasó. Perdiste los papeles y discutiste con su ex marido, como siempre haces, haces tuyos los dolores de los demás. Pero cuando estuve en tu casa y me contaste lo que había pasado, yo ya lo sabía todo, Emma» Mary miraba a la hija, viendo cómo su ceño se endurecía mientras ella hablaba «Tras ver el periódico con la noticia, fue a ver a Regina, y le dejé bien claro lo que pensaba de ustedes dos»
Por un momento, Emma sintió su estómago encogerse y la bilis subírsele a la boca. Era un mal presagio de lo que vendría a continuación.
«¿Fuiste a ver a Regina? No me lo contaste»
«Claro que no te lo iba a decir, Emma. Quería protegerte de cometer otro error»
«¿De que hablaron Regina y tú?»
«Le sugería a Regina que te dejase. Le sugerí que terminase esa relación que no te llevaría a ningún sitio» Mary respondió de un tirón «Eso es lo que hice, hija mía. Esa fue exactamente mi sugerencia, que Regina reflexionase sobre el asunto, que no era bueno estar contigo, además tenía el problema del hijo. Sería mucho más fácil si no estaban juntas, ella tendría al niño de vuelta»
«¡No me puedo creer que hayas hecho eso!» dijo Emma
«Lo hice, lo hice y ahora comienzo a arrepentirme»
Emma se llevó las manos a los cabellos, apartándolos hacia atrás, caminando de aquí para allá por la habitación del hospital, indignada con lo que le contaba su madre.
«Sabía que algo no iba bien, algo fallaba en aquella palabras de ella, sus razones para no poder estar conmigo. Fuiste tú…Fuiste tú todo el tiempo» la rubia se detuvo cerca de la puerta, girando la mirada hacia la madre «Le comiste la cabeza»
«Entiendo que estés enfadada, Emma. Ya he entendido que no puedo separarlas o evitar que estén juntas. Me arrepiento de haberte herido a ti también»
«¿Y solo ahora te has dado cuento de eso, Mary Margaret?» Emma no solía llamar a su madre por su nombre, pero cuando lo hacía, era porque no estaba contenta «Después de aquello, me culpaba todo el tiempo por lo que había pasado con Roland, pero creía que él iba a volver»
«Perdóname por haber hecho que te decepciones de nuevo, hija mía»
Emma sonrió irónica
«Debería estarte agradecida, porque gracias a la separación, tuve el valor de decirle todo a Regina cuando la fui a buscar. No pareces arrepentida de haberme hecho mal, mamá. Solo estás frustrada porque tu plan no funcionó. ¿Y quieres saber?» Emma volvió a acercarse a la cama donde reposaba su madre «No voy a dejar a Regina ni ella a mí. El pasado nos sirvió a las dos, me sirvió a mí, pero ahora es como su nombre indica, pasado. Creo que eso no lo has entendido. Sigo amándola y no voy a dejar de hacerlo, y no será tu antipatía hacia ella lo que va a acabar con eso»
Mary bajó la mirada, de cierta forma avergonzada.
«Tontería mía pensar que serías complaciente cuando te lo contase»
«¿Querías que te aplaudiese? Mira, si no hubiese tenido el valor de ir tras ella, no estaríamos de nuevo juntas, quizás esa sea la única ventaja de esta situación. Habernos dejado más unidas y fuertes en lo que tenemos la una con la otra. Pero aún estoy sorprendida, bastante» Emma negaba con la cabeza «No te digo lo que me viene a la cabeza porque estás enferma, te estás recuperando y no quiero perder a otra persona de la familia por culpa de mi comportamiento. Con Neal fue como contigo, de repente, y si murieses aquí, ahora, tras decirte todo, no me sentiría bien»
«Tal vez una día perdones a tu madre, Emma» Mary habló mirando cómo su hija la observaba seriamente
«¿Quién sabe?» la rubia se dio la vuelta, se separó sin mirar atrás «Cuando mejores, dile a papá que me avise. Henry irá a visitaros cuando regreses a casa» Emma no esperó a que la madre hablara o asintiera, ni se despidió. Se marchó enfadada, y con razón.
Cuando Emma regresó al apartamento de Regina para recoger a Henry, los amigos ya se habían marchado, Regina había dispuesto una cama para Henry en el cuarto de Roland y Cora ya estaba descansando en su habitación.
Emma pasó algún tiempo llorando en los brazos de la amada, en el sofá de la sala. Gina le aseguraba que ya todo había pasado y que Mary era el menor de los problemas.
La morena acariciaba la espalda de Emma con cariño, reposando su cabeza en su cuello. Entendía cómo se sentía o por lo menos lo intentaba. Después de contarle con exactitud lo que la señora Swan y ella habían hablado, Regina esperó a que la rubia se sintiera cómoda para conversar.
«Pensé que podía confiar en mi madre» susurró Emma
«Puedes confiar en ella. Sin embargo, siempre existirá la desconfianza por lo que te hice en el pasado» explicó Gina con Emma en los brazos «Acabé dejándome llevar por las cosas que tu madre me dijo, creí que era una carga para ti y eso era lo único que yo no quería»
«Podías habérmelo contado, Regina. Hubiera sido más fácil entender, aunque mi desconfianza me trajo hasta aquí y fortaleció lo que tenemos»
«Hay momentos en que no comprendemos por qué los otros toman ciertas actitudes, de todas formas, mira lo que nos ha traído. Tu madre quería tu bien, ¿o no? Y acabó dándotelo, no de la forma en que ella deseaba, pero te lo ha dado»
«Le dije que le daba las gracias por lo que hizo. Solo que es extraño saber que ella intentó arrancarme algo importante. Estoy intentando no juzgarla, Regina. Está enferma, en cualquier momento puede darle otro ataque»
«Por lo que me contaste no parece estar tan mal. Claro que no debes juzgarla. ¿Qué madre no piensa en lo mejor para su hijo? Y es como aquella vez que vino hasta aquí y me soltó todo lo que llevaba dentro. Yo le había hecho daño a su hija, en el fondo, lo merecía»
«¿Cuándo estuvo aquí?» Emma alzó el rostro y miró a su novia
«Mucho tiempo atrás, cuando tú estabas por marcharte a Michigan» Entonces, Regina le contó a Emma la visita que Mary Margaret le había hecho en el pasado y todas las palabras que la persiguieron por muchos años como si fuese una maldición. Gina creía que Emma conocía ese episodio, sin embargo, la rubia nunca supo esa historia y lo que la madre fue capaz de hacer y decir. De nuevo una gran sorpresa saber que Mary Margaret intentó resolver un problema suyo como si fuese de ella. Ahora estaba más confundida sobre qué pensar de la madre. Lo reflexionaría por un tiempo.
Al final, Regina le pidió a Emma que se quedase esa noche a dormir, ya era tarde y Henry dormía profundamente en el cuarto de Roland. Tras mucho cariño y besos, Swan aceptó pidiendo que se olvidaran de Mary. Se sentía mejor así.
Robin llevaba un mes de tratamiento con Zelena y los resultados parecían satisfactorios. Era verdad que Robin estaba cambiado, conforme con la decisión del hijo de vivir con su madre, así que su vida se volcó nada más que en el trabajo desde que Roland regresó al apartamento de los Mills. Se quejaba con Zelena de que veía poco al hijo, y de que tenía recelos de ir a visitarlo más a menudo durante la semana a casa de su ex mujer. Quería evitar ver a Regina, estaba cansado de mirarla y pensar que aún la amaba, sabiendo que nunca más la tendría de vuelta. De todas formas, estaba satisfecho con el progreso en su trabajo y sus clientes lo solicitaban con frecuencia. Zelena notaba en el hombre un semblante más tranquilo, sin embargo, vacío. Ella sabía que algo le faltaba para que su vida y su ánimo se vinieran arriba de nuevo.
«¿No piensas en casarte de nuevo, Robin? ¿Una nueva relación? ¿Otra persona con quien poder compartir el tiempo libre? Te gusta Regina, pero has comprendido que lo que hubo entre los dos ya llegó a su fin, ¿no crees que ya es hora de darle espacio a otra persona en tu corazón?» decía Zelena, con un bloc de notas en sus manos, sentada frente a él.
«Es algo complicado. Te juro que estoy intentando olvidar a Regina, sacarla de mi cabeza. Todo lo que hice para tener a Roland fue pensando en ella. Parecía fácil, incluso me fui de la cuidad cuando ella pidió la separación, pero no lo fue. Me dolía verla diciendo que ya no éramos una pareja. No sé si conseguiré darle a otra persona la misma atención» dijo rascándose la rala barba.
«Te sientes preso en el sentimiento que Regina te proporcionó, es natural que eso te perturbe. Lo que no deberías hacer es encerrarte creyendo que ella va a ser la única mujer de tu vida. El mundo está lleno de personas que desean sentir lo que tú quieres darle a Regina. Tienes que recordar que eres una persona libre, que no hay otra Regina igual a la que amaste, pero que hay otras personas a las que tú les vas a gustar, que te mirarán de la forma que tú tanto esperaste de ella» Zelena le dedicó una atenta mirada «Vamos, Robin, has avanzado mucho. Piensa en ello y date una oportunidad a ti mismo»
Él miraba hacia el suelo, reflexionando, estando de acuerdo con algunas cosas de las palabras de Zelena. La sesión había acabado, llevaban conversando desde hacía una hora, era momento de que se marchara y de que Zelena atendiera a otra persona.
«Voy a pensar en ello» sonrió, alzando la cabeza y tomando aire «Ah, Zel…» él dijo acordándose de algo «¿Me podrías hacer un favor? Roland se dejó este libro en casa, lo va a necesitar en el colegio. Hoy no puedo llevárselo, tengo audiencia hasta tarde en el tribunal, pensé que se lo podrías llevar a Regina ya que la constructora no queda lejos de aquí» le pidió sacando el libro del hijo de su maletín de trabajo
Zelena cogió, gentilmente, el libro de sus manos.
«Muy bien, yo se lo llevo. Hoy salgo antes, me pasó por allí para dejárselo»
«Oh, muchas gracias. De verdad te lo agradezco» dijo él más tranquilo
Zel lo acompañó hasta la puerta y se despidió de él, solo se volverían a ver a la semana siguiente en una nueva sesión. En la sala de espera alguien aguardaba su turno. Robin salía cuando la vio bajando lentamente la revista que tenía en las manos, mirando de forma tímida.
«Hola, Marian» la psicóloga dijo tras él «¿Cómo estás? ¿Entramos?»
Robin se detuvo para mirarla, ella aún lo miraba sentada con la revista en las manos. Era una mujer diferente; cabellos ensortijados y oscuros, los ojos del mismo color y la piel morena. Era bella.
Él se quedó parado, agarrando su maletín y ella se levantó sin desviar los ojos de él. Robin sintió cómo su rostro se ponía rojo, pero no sabía por qué.
«Hola» dijo Robin, sonriendo inmediatamente
Fue lo mejor que hizo porque ella también sonrió, bajando la cabeza rápidamente, avergonzada.
«Hola» dijo
«Ah, deje que los presente» Zelena interrumpió «Robin, esta es Marian, mi paciente más reciente»
Robin la vio pasar por su lado. Fue todo tan rápido
«Un placer, Marian» él extendió la mano hacia la mujer, educadamente
«El placer es mío» ella aceptó la mano. Cuando lo miraba a los ojos, lo hacía intensamente. Parecía que ya lo conocía de algún sitio.
«Creo que nos veremos mucho» Robin sonrió de nuevo
«Creo que sí» completó Marian, soltando su mano despacio para entrar en la consulta de Zelena.
Robin se marchó pensando en lo suave que era su mano. Llevó los dedos que ella había apretado a la nariz y notó un agradable perfume. No quiso admitirlo tan pronto, pero le gustó. Él no se vio, pero entró en el ascensor con una boba sonrisa en la cara.
Algo más tarde, como Robin le había pedido, Zelena fue a la constructora a entregarle a Regina el libro de Roland. No le costaba nada hacerle esa visita a la prima que no trabajaba muy lejos de su consulta, así que se dispuso a hacer ese favor.
Regina le agradeció mucho cuando apareció con el libro. Había echado en falta ese libro de entre las cosas que Roland tenía que llevar al colegio e iba a llamar a Robin para ir a buscarlo, pero ahora ya no sería necesario.
«Gracias por traerlo, Zel. Menos mal que Robin se dio cuenta del libro, Roland no puede ir a clase sin él» Regina lo guardó en su maletín, junto a algunos papeles que tenía que llevarse a casa para mirarlos con calma. Zelena y ella estaban en su despacho. La pelirroja había aceptado una taza de café que Ruby le había ofrecido. Era normal tomar café al finalizar la tarde en aquella empresa, Regina normalmente no se iba sin el suyo «¿Y cómo va el tratamiento de Robin?»
«Está bien» dijo Zel dejando la taza vacía sobre la mesa «¿No te has dado cuenta de que lo está aceptando?»
«Sí, he notado que está más calmado. Habla conmigo por teléfono con un tono más normal, no me pregunta nada más allá de lo necesario sobre Roland. Realmente está diferente»
«Sí. Lo está intentando, esforzándose»
«Ya no es aquel hombre enfadado. Mejor así, ojalá que ahora lo haya entendido. Sabes que después de que Roland regresara, me puse a pensar que todo esto ha servido para algo» Regina terminó de meter cosas en su maletín y miró a la prima, suspirando aliviada
«No hay mal que por bien no venga, prima. Pero qué bien que todo ha terminado de la forma posible para todo el mundo»
«Sí, terminó y lo que falta ahora es casarme con Emma» Regina sonó animada, mientras metía el bolígrafo en el bolsillo del chaleco
«Pues creo que estás tardando mucho para pedírselo» Zelena sonreía a la prima
«Indirectamente se lo pedí el día de su cumpleaños, pero para confirmarlo, necesito que salga el divorcio de Robin, él aceptó firmar los papeles la semana pasada, en breve estaré libre para llevarme a mi princesa a nuestro castillo»
Zelena rio de la broma de Regina y se levantó
«Pues entonces, trata de resolver eso, que yo ya voy pensando en qué vestido ponerme para la boda. Me voy, Gina, solo vine a traerte el libro de Roland. A finales de semana me pasó por tu casa a hacerte una visita y ver a la tía»
«Está bien, Zel. ¿Trajiste el coche? Dentro de poco salgo, voy a esperar que Emma salga de la reunión, después puedo acercarte» decía Regina levantándose también de la silla
«No te preocupes, voy andando, todavía tengo que pasar por el super»
«Está bien, entonces» Regina caminó hacia la puerta y juntas salieron del despacho.
Iban caminando por el pasillo donde se encontraban los despachos, conversando, cuando de una las puertas salió Jones, deprisa, chocando bruscamente con Zelena. Con el choque, algunos papeles que sujetaba cayeron al suelo.
«Discúlpeme. No la había visto» dijo él, agachado mientras recogía los papeles. Ella, deprisa, hizo lo mismo.
«Lo siento mucho. Vaya, qué distraída soy» dijo ayudándolo a recoger todo
«¡Jones! Más cuidado. Parecía un huracán al salir del despacho» dijo Regina de pie al lado de los dos
«¿Está usted bien? ¿No se golpeó?» él se alzó al mismo tiempo que ella y finalmente la vio. Pelirroja, bonita, llena de pecas por el rostro. Jones, de repente, se quedó boquiabierto.
Zelena, que agarraba sus papeles, se quedó medio avergonzada ante la manera en que él la miraba.
«No, no fue nada» dijo ella dándole lo que tenía en las manos
Él ni prestó atención a eso, agarró los papeles, pero continuaba hipnotizado en la que tenía delante.
«Nunca la he visto por aquí»
«Nunca la ha visto, porque ella no trabaja aquí. Es mi prima. Zelena. Ha venido a hacerme una visita» comentó Regina dándose cuenta y entendiendo las miradas que ambos se intercambiaban
«Zelena» Jones dijo como si estuviese encantado «Me llamo Killian, pero aquí todos me llaman Jones»
Zel sonrió amablemente, sintiéndose más cómoda
«Un placer…Jones»
Ciertamente, quería preguntarte a ella muchas cosas, pero Regina no lo dejó. Cogió a la prima por el brazo y la apretó, tirando de ella.
«Hasta pronto, Jones, Zel tiene que marcharse» dijo la morena
Jones arqueó la ceja derecha al ver cómo ella se marchaba y giraba la cabeza para seguir mirándolo. Zel estaba siendo casi arrastrada por Regina a través del pasillo. Se preguntaba si lo que había visto era real. Ella era una diosa. ¿Por qué no la había conocido antes? Sacudía la cabeza.
Miércoles por la tarde, Emma llegó a casa, tras el trabajo, y se encontró a su mejor amiga esperándola sentada en el sofá. Belle estaba aprensiva, parecía afligida, ansiosa.
Emma dejó sus cosas en la barra que dividía la cocina de la sala, y se acercó a ella deprisa, igualmente ansiosa por saber lo que le pasaba.
«¿Belle? ¿Qué pasa?»
Belle agarró las manos de su amiga y sonrió, pero de repente su sonrisa se mezcló con lágrimas
«Henry me dejó entrar. Me dijiste que podía venir cuando quisiera a hacerme la prueba»
Emma afirmó con la cabeza, acarició el rostro de Belle limpiando sus lágrimas.
«Sí, te lo dije, ¿qué ocurre? Quieres decir que…»
Belle lloraba de alegría, ya no conseguía dejar de sonreír.
«Estoy embarazada, Emma. ¡Ahora sí!» dijo la muchacha, feliz
Swan abrió la boca, sorprendida con la noticia y con la reacción de la amiga, la abrazó de inmediato y rieron juntas.
Emma sonreía, acariciando los cabellos de Belle. Se sentía inmensamente feliz por lo que le estaba pasando a su amiga.
«¿Quieres decir que la señora Gold será madre?»
«Y mi amiga será madrina» dijo Belle, separándose un poco para mirar a Emma y sonreír ante la cara de mayor sorpresa que ella tenía.
Las dos sonrieron mucho. En ese momento, pensaban en qué lejos habían llegado en aquella amistad. Pero había valido la pena. Emma estaba orgullosa de la amiga y contenta por haber sido escogida madrina de la criatura. Emma ya podía imaginarse la barriga de su amiga creciendo a lo largo de los meses que vendrían.
Todo volvía a su sitio, poco a poco, las novedades aumentaban. Nada quebraría el ambiente de alegría que se respiraba en ese momento.
