-Regina….- Murmuró con sus ojos fijos en el cuadro que presidia toda la estancia.

-¿Te gusta?- Preguntó la morena con cierto tono de aprensión en su voz.

A pesar de haber sido reconocida como una gran artistita, y ser nombrada varias veces como una promesa del arte moderno, Regina perdió toda su confianza hacía ya demasiado tiempo lo que le provocaba ese miedo y no tener esa seguridad en sí misma que tanto la caracterizaba.

-Es precioso.- Aseguró mirando de nuevo el cuadro en el que ella aparecía tumbada en su cama tan sólo tapada por una sábana blanca.

-¿De verdad?- Preguntó de nuevo pasando sus brazos por la cadera de Emma quedando así pegada a su espalda.

-Claro que sí. Es increíble.- Aseguró de nuevo girándose en los brazos de la morena.- ¿Esa imagen tienes de mi?- Preguntó ahora Emma.

En esa pintura se veía una mujer que desprendía un erotismo y una sensualidad que ella no consideraba tener, nunca pensó que podría verse representada y reflejada de esa forma pero Regina conseguía lo que nadie era capaz de alcanzar.

-No.- Soltó y vio un ápice de tristeza en los ojos de Emma.- Es mucho mejor que eso.- Añadió viendo que esta tristeza desaparecía para dejar paso a una gran sonrisa.

-¿Por qué lo pusiste ahí?- Preguntó dándose cuenta de que estaba en la mejor zona de la habitación.

-Porque tú eres mi inspiración, has conseguido que vuelva a creer en la vida, en que puedo ser feliz y sobre todo has conseguido espantar a todos esos fantasma que se habían dedicado a atormentarme.- Regina beso los labios de Emma dulcemente para después separarse y seguir hablando.- Has hecho que vuelva a pintar, ese cuadro es la muestra de ello. Así que como musa debes tener un lugar especial. No sólo en esa pared sino también en mi vida.- Murmuró eso último sintiéndose algo avergonzada de su propia cursilería, había olvidado lo que era sentirse enamorada y con ello todo lo que venía.

Emma no podía hablar las lágrimas se habían apoderado de ella y casi no podía ni respirar, Regina le había demostrado que la quería y que lo suyo iba en serio pero esas palabras, ese gesto había conseguido emocionarla y hacerla sentir importante.

-Te amo, Regina- Soltó sin pensarlo mucho más apoderándose de los labios de la morena de una manera posesiva y pasional.

La morena correspondió al beso a pesar de que esas dos palabras la habían dejado conmocionada, hacía tanto tiempo que nadie le decía algo así que su mente entró en bucle y casi actuaba por instinto. Regina recuperó un poco el control sobre su cuerpo y se separó suavemente de la rubia aunque mantuvo sus manos en la cadera de esta.

-¿Qué has dicho?- Preguntó sin creérselo.

-Que te amo.- Contestó Emma.- Ahora es cuando me dices que es una locura, que eres mi profesora y que vamos demasiado rápido pero mi corazón ha decidido que contigo el ritmo iba a ser este.- Explicó Emma rápidamente sin darle tiempo a Regina a procesar todas las palabras que iba diciendo.

-Yo también.- Dijo Regina que se veía incapaz de pronunciar las palabras.

-¿Tú también?- Preguntó Emma que no entendía nada.

-Que…- Regina se puso nerviosa y se giró sobre sí misma para quedarse mirando el cuadro que allí tenía.

-¿Regina…?- Preguntó Emma preocupada.

-No es fácil para mí, pero no dudes nunca de lo que siento. Aunque no lo diga las veces que debería yo también te amo.- Dijo entonces Regina con una sonrisa en la cara.

-Regina, no sólo las palabras demuestran sentimientos. Todo lo que tú has hecho hasta este momento me ha demostrado que sientes lo mismos que yo y para mí eso es suficiente.- Contestó la rubia.

Emma se acercó a ella y volvió a besarla con pasión. Sus labios danzaban a un ritmo frenético dejando claro la necesidad que ambas tenían. Emma fue caminando lentamente sin separar sus labios de los de la morena. Una vez que el cuerpo de Regina había chocado contra ese sillón Emma se dejó caer sobre el cuerpo de la morena que la acariciaba sin parar.

-Emma…- Murmuraba Regina intentando separarse de ella.

-Uhh.- Gemía Emma sin dejar de besarla y devorarla.

-Cariño….- Volvió a intentar a hablar.- Vamos al dormitorio…- Terminó de decir aprovechando que Emma se había centrado en besar su cuello.

-Después… me gusta mucho este sillón…- Aseguró Emma entonces.

Regina no pudo sino sonreír mientras se dejaba hacer. Emma se levantó y se quedó mirando a la morena que tenía la respiración acelerada y los labios rojos de eso apasionados besos. Regina hizo el amago de levantarse pero Emma negó con la cabeza y empezó a quitarse la ropa lentamente mientras la miraba lascivamente.

-No te muevas…- Dijo entonces Emma que veía a la morena con la intención de levantarse.

-Vamos a mi dormitorio…- Pidió Regina que se sentó lentamente en el sofá sin dejar de escrutar el cuerpo semidesnudo de la rubia.

-¿No quieres quedarte aquí?- Preguntó Emma quedando en ropa interior delante de la morena.- Prometo que podemos seguir en el dormitorio después…

-Eres una viciosa.- Soltó Regina que se quitó la ropa en un rápido movimiento.

La profesora cogió a Emma en sus brazos y la empujó haciéndola caer sobre el sofá, después deslizó sus manos por las caderas y tiró las bragas muy lejos de donde estaban. La morena se arrodilló y colocó a Emma en el borde del sillón para luego colocarse entre sus piernas y dejar besos por todo su abdomen.

Una vez que escuchó a Emma gemir cada vez más sonoramente bajó sus besos y comenzó a acariciar el clítoris de la rubia con su lengua de una manera pausada y casi tortuosa. La rubia abrió aún más las piernas y enganchó sus manos en el pelo de la morena.

-Sigue…- Pidió una vez que noto que Regina la torturaba con su lengua.

Regina pasó sus manos por los muslos de la rubia y se movió cada vez más rápidamente haciendo que la respiración de Emma se acelerase y su agarre fuese mucho más fuerte. La morena siguió con sus movimientos hasta que Emma comenzó a arquearse y a gemir sonoramente, lentamente se separó de las piernas de la rubia y lamio sus labios provocativamente mientras que Emma la atraía hacía sus labios para darle un beso suave sobre ellos.

-Guau…- Susurró al oído de la morena.

-¿Podemos ir al dormitorio ahora?- Preguntó Regina con una sonrisa triunfadora en la cara.

-Realmente era yo la que quería hacerte el amor en este sofá.- Confesó Emma que seguía con Regina entre sus piernas de rodillas aunque ahora se miraban a los ojos.

-Sólo tienes que ser más persistente, Swan.- Susurró antes de darle un beso y alejarse de ella moviendo provocativamente las caderas.

-Mills, Regina…- Espetó aunque sin alzar la voz para no despertar a nadie. Emma sonrió y negó con la cabeza para después ponerse sus pantalones y poder salir detrás de ella.

Regina estaba sobre la cama totalmente desnuda cuando Emma entró en el dormitorio, la reacción de la rubia fue un espectáculo, su boca se abrió y sus ojos se desorbitaron al verla así. Nunca se cansaría de ver ese cuerpo que la volvía completamente loca.

-¿Te vas a quedar mirando?- Preguntó Regina provocándola.

-Culpa tuya por tener semejante cuerpo.- Aseguró Emma quitándose también la ropa.

-Cierra la puerta, no quiero que David nos encuentre así…- Dijo señalándose a ambas.

-Mi hijo no se despierta aunque caiga una bomba en su oreja.- Soltó entonces la rubia dejándose caer también sobre la cama. – No sé que voy a hacer una semana sin ti.- Confesó dejándose caer sobre el cuerpo de la morena lentamente.

-Yo tampoco, juro que intenté librar pero Gold me tenía entre las cuerdas.- Aseguró también Regina.

-Espero que podamos recuperar esa semana separadas en Storybrooke…- Susurro besando el cuello de la morena con cariño.

-Sabes que tenemos un trato, yo voy con vosotros pero sí tú dedicas unas horas al día para estudiar.- Sentenció Regina colocando sus manos sobre el culo desnudo de la rubia.

-Te prometo que lo voy a hacer…- Aseguró entonces Emma acariciando el cuerpo con ternura y amor. – Sólo quiero terminar la universidad y poder gritarle a los cuatro vientos que eres mi mujer que te amo y que lo quiero todo contigo.-Soltó la rubia sin con toda la convicción del mundo.

-Te quiero, Emma Swan.- confesó entonces la morena besando los labios de la rubia.

-Yo más…

Emma comenzó a besarla algo más apasionadamente notando las atrevidas manos de la morena pasear por su cuerpo. Regina giró con la rubia y la dejó contra el colchón pero Emma no se dejó doblegar y se volvió a girar para quedar sobre la morena mientras se besaban.

-Déjate hacer, profesora.- Pidió Emma aunque realmente no le daba opción a otra cosa pues tenía sus manos sujetas sobre la cabeza sin llegar a apretarlas.

Emma beso su cuello y bajo para succionar los firmes pechos de la morena que gimió y la animó a continuar con sus movimientos. Emma ya no era la mujer insegura en la cama que Regina conoció, cada vez era más descarada y apasionada de lo que era antes. La rubia la penetró con dos dedos sin previo aviso notando como la morena se arqueaba y gemía su nombre con la respiración entrecortada.

La noche se hizo muy larga, las dos se disfrutaron hasta acabar exhaustas. Un ruido en la puerta fue lo que las despertó. Emma comenzó a moverse perezosamente mientras que Regina abría los ojos rápidamente.

-¿Quién es?- Preguntó Regina pensando que era alguno de sus empleados.

-Gina…- Dijo David con la voz entrecortada.

-Emma, vístete.- Le espetó rápidamente levantándose para colocarse el pijama y poder salir a recibir al niño.- David está aquí, vístete mientras que yo voy a hablar con él.- Soltó exasperada por la falta de movimiento de la rubia.

Regina abrió la puerta y salió rápidamente asustándose al ver al niño con los ojos llorosos y las manos temblando un poco. La morena se arrodilló y abrazó a David fuertemente.

-¿Qué tienes cariño?- Preguntó Regina sentándose con él en el suelo.

-Una mujer… una muj…- Las lágrimas volvían a salir de los ojos del niño y no lo dejó hablar.

-¿Qué?- Preguntó Regina y el niño simplemente señaló las escaleras – Ven conmigo.- Dijo la morena cogiendo a David en los brazos y lo dejó en la cama con Emma que había conseguido vestirse.

La rubia se levantó rápidamente y cogió a su hijo en brazos, Regina se encogió de hombros y salió rápidamente del dormitorio para bajar las escaleras y ver a qué se refería el niño. Nada más llegar a los pies de las escaleras se encontró con su madre en la puerta.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó bastante ofuscada- ¿Qué le has dicho al niño?- Le gritó acercándose amenazantemente a su inesperada visita.

-Es un bastardo.-Espetó ella y antes de darse cuenta sintió un fuerte dolor en su cara.

-No vuelvas a hablar de él, es más no vuelvas a hablar de nadie que me importe.- Le gritó de nuevo.

-Veo que aún sigues con tu amante, pensé que ya te habrías cansado de tirártela.- Espetó ella de nuevo mientras se acariciaba la mejilla dolorida.

-Cora Mills, te juro que si te vuelves a acercar a esta casa te lo haré pagar muy caro.- Gritó Regina que estaba perdiendo toda la paciencia.

-La que va a tener que irse de esta casa serás tú, he puesto a mis abogados a reclamar mi parte de la herencia de mi marido.- Aseguró ella mirándose altaneramente en el espejo.

-Sabes que no tienes ningún derecho de hacer eso, tú te llevaste todo lo que él tenía.- Soltó Regina sin poder evitar sentir la debilidad que le provocaba hablar de su padre.

-Estoy segura que eso no es así. Sólo venía a avisarte de que puedes ir empacando o al menos haciéndome hueco.- Dijo Cora mirando retadoramente a su hija.

-¿Qué pasa, Gina?- Preguntó Emma bajando las escaleras una vez que había dejado a su hijo más tranquilo en la cama de la morena.

-No pasa nada, mi amor.- Contestó entonces Regina mirando hacía las escaleras. – Cora ya se iba.- Añadió mirando despectivamente a su madre.

-¿Es por eso que mi hijo estaba en ese estado?- Preguntó entonces Emma que se había puesto roja del enfado.

-No te preocupes, le he dejado muy claro que no debe meterse con mi familia si no quiere pagarlo muy caro.- Dijo reafirmando su amenaza.

-¿Me estas amenazando?- Preguntó entonces Cora.

-Con todas y cada unas de mis palabras.- Sentenció Regina cogiendo a Emma por la cintura para que se relajase.

Emma iba a hablar cuando Cora se giró y dejó la mansión. Regina se giró furiosa y miró hacia donde estaban sus empleados y se dio cuenta de que Cora había dejado un juego de llaves puestas al salir. No entendía como las había conseguido pero ahora no se sentía nada segura con su madre.

-¿Qué te ha dicho?- Preguntó Emma al ver lo nerviosa que se encontraba la morena.

Siento mucho la tardanza. Como ya dije en la otra historia se me han complicado mucho las cosas y no tengo tiempo para escribir… aún así sabéis que no me gusta dejar las cosas a medias, así que con algo más de lentitud iré publicando hasta dar por finalizada la historia.

Espero que me tengáis paciencia y que os sigua gustando la trama.

Feliz año nuevo (anticipado) y gracias por leer.