CAPÍTULO 35
Notas de la autora:
Bueno, aunque no os lo creáis, éste es el capítulo en el que me atasqué (aunque he ido retocando cosas, lo cierto es que tenía escrito hasta aquí). Y sí, éste capítulo es un lemon (que aprovecho para avisárselo a esas menores que no me harán caso y lo leerán de todas formas u_uº). Tengo que avisar de que este lemon es un poco escabroso :-s . Sé que me soléis decir que los lemons que escribo os gustan y tal, pero a mí no. Y éste se lleva el primer premio. No soy de utilizar lenguaje obsceno pero en éste... pues bueno, vais a ver algunas cosas más fuertes de lo que suelo escribir yo (que tampoco es que me haya puesto en plan novela erótica, conste, pero a mí no me gusta escribirlas). De todas formas, para cuando terminéis el capítulo, os daréis cuenta de por dónde van los tiros y no vais a necesitar un mapa para saber por qué está escrito así u_uº.
Por otro lado, con este capítulo empieza una tanda de unos cuantos bastante tensos para los protas. Aunque tengo bastante claro qué pasa entre ellos, a la hora de ponerme a escribirlo me agoto mentalmente (igual que este capítulo que me costó la vida terminarlo T_T). Así que me está costando mucho sacarlos adelante. Ahora mismo voy por el capítulo 38 (aunque tras esta zona tenga algunos más), pero mientras no pueda unirlos, como si no los tuviera. Por eso, lo más probable es que tenga que hacer un parón tras el capítulo 36 (el último de la noche de bodas) hasta que el resto los asiente y los una con los demás :-s
Ainsss... que ganas tengo de terminar esta parte T_T.
Comentarios a los reviews:
Kaoruca: Jajajaja... Me hace gracia que Misao te desespere, pero en el fondo no tiene mucha culpa. ¿Cuántas veces pasa que el implicado es el último en enterarse de que hay alguien interesado en él? Pues si a eso le sumas que hablamos de Soujiro con lo «especialito» que es... Es que ni se lo imagina XD. Y sí, Soujiro es muy mono en este fic. Ya lo avisé *o*. Así estoy que ya no puedo entender por qué se empeñan en emparejarla con Aoshi, con lo serio y seco que es ¬_¬º. Ella necesita alguien que la aprecie siempre y no sólo cuando ocurren casos excepcionales como que aparezca el cadáver de una de sus amigas ¬_¬º. Si es que la pobre en el manga siempre tenía una depre encima porque no la hacía caso ni con sus númeritos cómicos... Que no, que no. Con Soujiro está mucho mejor *o*
Estefi y ddaisyaguilar52: Jiusjiusjius... ya sabía yo que alguna me querría echar a los lobos por no ser el capítulo anterior el lemon XD. Pero todo llega...
SlayArmisa: Me alegra que hayas podido leerlo con tranquilidad XD. Ya os avisé que la noche de bodas era larga e intensa porque pasaba de todo ^_^º. Personalmente, me encanta, porque a pesar del malentendido, como bien dices, hay un acercamiento entre ellos en cuanto a confianza. Ha habido confidencias, pero también se han expuesto debilidades e inseguridades. Y por eso me cuestan tanto los siguientes capítulos T_T. En cuanto a Misao, una cosa es ser valiente, y otra, afrontar lo que le ha venido en tan poco tiempo (porque hablamos de cosas que trastocan toda su vida). A pesar de todo, se sobre pone (que es una de las características de Misao) y más que tendrá que hacerlo aún »_«.
Gracias por vuestros reviews :-D. Os dejo con el siguiente capítulo. No me matéis que ya me fustigo yo lo suficiente T_T.
CAPÍTULO 35
Era feliz; simple y llanamente. Y no lo era porque Misao le influenciara, como le había pasado ya antes. Era feliz porque iba a obtener algo de lo que ni siquiera era consciente que quería.
Pero lo quería… mucho. Y ese conocimiento era aterrador. Aquello sólo ocurriría una vez y tenía miedo de que luego deseara más. Lo que sentía en esos momentos por tocarla era adictivo; tenía la desagradable sensación de que le corroería el ansia de repetirlo. Pero Misao sólo pretendía consumar su matrimonio, lo que le daría la experiencia propia de una mujer casada de verdad.
De modo que debía aprovechar esa oportunidad única que se le presentaba; una oportunidad que podría hacerle cambiar de opinión sobre algo que había tenido escrito en piedra durante años.
Arrastró su mano por su cuerpo. Era suave y le deleitaban los pequeños espasmos que notaba cuando pasaba sus manos por encima. Misao jadeaba entre la risa por las cosquillas y el placer.
Besó sus pechos y con ello le arrancó suspiros de pasión. No pudo evitar recordar cuando se los tocó sumergida en el río y le sorprendía mucho la gran diferencia que había en ese momento. Misao no había despertado ninguna respuesta en él y en cambio, esa noche, lo había hecho incluso antes de que la tocara o la viera desnuda.
Eso era lo que le había faltado durante los primeros años cuando aún pensaba en el sexo. Le había faltado que esas mujeres bonitas con las que se imaginaba significaran para él lo que Misao representaba ahora. Ella también había pertenecido a ese grupo de mujeres rechazadas, y sin embargo… ahora se sentía atraído hacia ella como nunca lo había estado con nadie.
La besó y la acarició por el cuerpo mientras se recreaba con ello. Quería grabar aquel momento en su cabeza porque estaba seguro de que querría recordarlo una y otra vez. La besó y mordisqueó en el cuello y Misao lo giró para darle mayor acceso. Fue un acto que le encendió por dentro. Saber que ella se prestaba a aquello de buen grado le inflamó en su interior. Mantenía los ojos cerrados y respiraba con rapidez, disfrutando de sus caricias.
Se separó un poco de ella y la miró con detenimiento. Misao era muy bonita; no terminaba de entender por qué se había comparado con una mujer que no conocía, cuando no tenía nada que envidiar a otra mujer.
Deslizó su mano sobre su vientre hasta llegar al punto donde se unían sus piernas y rebuscó con suavidad con sus dedos hasta localizar su entrada. Misao gimió azorada al tocarla y se tapó la cara con las manos en cuanto la atravesó con uno de sus dedos. Ese contacto subió su propia temperatura cuando consideró las repercusiones de todo. Estaba húmeda, igual que lo había estado la oiran, pero no le daba la aversión que le había dado antaño. Al contrario, era la muestra de que Misao disfrutaba de lo que le hacía, y lo que era más importante: su cuerpo se preparaba para recibirle.
Jadeó cuando sintió un inesperado sentido de posesión hacia ella. No tenía muy claro de dónde venía cuando nunca había tenido apego por nada. Pero se vio de pronto regocijado por el hecho de generarle esa respuesta y haber sido el primero en hacerlo.
Era un pensamiento irracional que le creó una contradicción interna. Sin embargo, una lógica subyacente le decía que debería estar más desconcertado de lo que estaba. Era como si poco a poco perdiera la perspectiva de lo que ocurría; como si no pudiera centrarse en lo que importaba. Quería a Misao y quería unirse a ella; pero su cabeza se estaba dispersando en otras ideas extrañas.
Misao se removió y abrió más sus piernas, perdida en el placer que le prodigaba. Aceptaba sus avances de buen grado y eso envió un escalofrío placentero por toda su columna. Le tocó con el pulgar el capuchón que había sobre sus dedos y Misao dio un respingo al tiempo que pronunciaba su nombre. Lo repitió, deleitado por la respuesta de ella y se retorció con sus caricias.
—Soujiro, quiero tocarte —le pidió, y él no supo muy bien qué hacer para complacerla.
Así que se inclinó sobre ella hasta casi cubrirla de manera que estuviera más accesible a su toque y la besó con intensidad. Sentía un fuego encendido por todo su cuerpo y cada vez le costaba más comedirse. Que Misao le devolviera el beso con el mismo ardor que él sólo le provocó más. Ella se apresuró a pasar sus manos por su espalda y eso le puso la piel de gallina.
Era muy placentero y en lo único que podía pensar era en obtener más y más de ella.
Aunque cuando comenzaron había querido prolongar aquel momento lo máximo posible para recrearse con ella, esa perspectiva fue poco a poco esfumándose de su cabeza para pasar a una en la que hacía suya a Misao sin contemplaciones. Sentía un calor emanar del cuerpo de ella que sólo conseguía fijar más esa idea, porque ese calor hablaba del deseo de ella, lo que alimentaba el suyo propio.
Retomó su atención en sus pechos hasta que su fuego interno le quemó. Y tras eso, introdujo un segundo dedo que la hizo tensarse.
—¿Te he hecho daño? —se preocupó.
—No —contestó al momento.
—Si hago algo que no te gusta, dímelo.
Asintió con énfasis, pero no dijo nada más. Sólo jadeó cuando movió sus dedos dentro de ella y no pudo evitar pensar lo comprimidos que los sentía. Nunca había tocado a la cortesana de esa manera, pero su miembro había entrado con facilidad. Sin embargo, no veía que con Misao fuese a pasar lo mismo y le preocupó.
Probó a intentar separar un poco sus dedos y notó que conseguía estirarla un poco, pero a la vez, las paredes que lo aprisionaban se contrajeron. Misao gimió audiblemente y Soujiro se detuvo por un momento. No quería que la oyeran, pero a la vez se regocijó en provocarle esa reacción.
Retomó su ruta de besos en el cuello y luego en los labios, y con eso, volvió a repetir el movimiento de sus manos. Misao gimió en su boca y le abrazó pasando sus manos por su espalda. Las movía de forma errática, como si no supiera en realidad qué hacer con ellas. Y se volvió a retorcer. Jadeaba cada vez más rápido y Soujiro lo acompasó con el movimiento de sus dedos por dentro y por fuera de ella. Veía que la entrada de Misao podía estirarse y con ese pensamiento siguió trabajando en ella. Empezaba a sospechar que la diferencia entre las dos era que ningún hombre había tomado a Misao.
Y con eso, unas ideas «sucias» comenzaron a atravesarle por la mente; unas ideas que ni siquiera sabía que podía tener. Ideas sobre ser el hombre que la ensanchara… El que la hiciera saber lo que era tener un hombre entre sus piernas. Era un pensamiento que en circunstancias normales le habría aturdido, pero que en ese momento sólo incendiaba más sus ansias.
Sin embargo, el trabajo que realizaba con tanto empeño para conseguir meterse en ella con facilidad no estaba dando sus frutos. Cada vez sentía las paredes de Misao más tensas y a sus dedos les costaba más moverse. Sabía que era provocado —pues al principio estaba más relajada— y con eso en mente, volvió a tocar con vehemencia ese capuchón que había conseguido que Misao se retorciera de placer.
Y fue entonces que el tiempo se detuvo para los dos. Misao convirtió en garras sus manos, las cuales le aferraron la espalda con una fuerza que no se esperaba. Todo su cuerpo se tensó y convulsionó en visibles espasmos que aprisionaron sus dedos con rítmicas contracciones hasta que por fin se relajó sobre el futón.
—¡Oh, Dios! —exclamó ella con un hilo de voz.
Todo el cuerpo le temblaba y Soujiro fue consciente, por primera vez, de que las mujeres también podían obtener ese placer explosivo propios del sexo.
No tenía ni idea. Desde luego, la oiran no había tenido esa respuesta. Ella sólo se había preocupado de proporcionársela a él, de modo que pensaba que la liberación era cosa del hombre.
Y esa liberación era por la que ahora mismo su cuerpo clamaba. Y lo hacía como nunca lo había hecho. Quería hacerla suya, y quería marcarla. Y también quería que Misao nunca mostrara ese éxtasis a ningún otro hombre, sólo a él.
En algún punto de todo aquello, se le nubló el juicio y de pronto sólo veía lo que él deseaba… a ella. El fuego le cegó y, antes de darse cuenta, la movió para colocarse entre sus piernas.
—Soujiro, ten cuidado —le pidió con nerviosismo, con su respiración más recuperada.
Él se tumbó sobre ella y la besó en respuesta, casi haciendo caso omiso de sus palabras. Quería entrar en Misao de un empujón y liberarse de la misma forma que había hecho ella.
Pero su entrecortada voz le proporcionó un pequeño rayo de raciocinio que se filtró en su cabeza y le devolvió a la conclusión a la que había llegado hacía dos minutos. Misao no estaba acostumbrada a eso; no era la cortesana.
Y como no era una prostituta que se dedicaba a ello, no podía actuar como tal. No podía tratarla como si fuese experimentada y, lo más importante, era muy probable que Misao no estuviera preparada para evitar un embarazo. No podía liberarse en ella.
La cogió por las muñecas y se las colocó por encima de su cabeza. Misao le miraba fijamente, sin perder detalle, pero apartó sus ojos de ella para bajarlos a sus pechos turgentes donde reposaba el colgante que le había regalado. Misao era preciosa; se sentía demasiado extasiado ante el hecho de tenerla. Se le entrecortó la respiración porque iba a ser suya y bajó sus labios para apoderarse de un enhiesto pezón rosado.
Misao suspiró y fue como música para sus oídos. Saber que ella disfrutaba de sus atenciones era embriagador. No le rechazaba, al contrario, ella también le deseaba. Y con eso, mordisqueó más fuerte la carne que apretaba entre sus dientes.
Liberó una de sus manos al aprisionar las dos de ella con la misma. Y con dicha mano libre tanteó la entrada de Misao. Estaba muy húmeda después de atravesar el éxtasis. Y otro pensamiento «sucio» se vertió en su cabeza: no le importaba que sus fluidos le mancharan, lo único que importaba era que le permitirían adentrarse hasta el fondo de ella.
Fue despacio porque no quería hacerle daño, pero fue constante en su intrusión. Resbalar dentro de ella le creó un placer como pocos y no se detuvo hasta llegar al fondo. Gruñó de una forma que sonó ajena incluso a sus propios oídos y Misao siseó debajo de él, con el cuerpo tenso por interminables segundos.
—¿Estás bien? —Misao tenía los ojos cerrados, pero al final exhaló una profunda respiración y asintió.
Y eso fue todo lo que necesitó para perderse… en al amplio sentido de la palabra. Si aún le quedara algún resquicio de buena voluntad, desapareció con el tercer empujón. Ese calor que le envolvía el miembro como si le quemara… Notar su cuerpo pegado al suyo… Escuchar los jadeos de Misao cuando empujaba dentro de ella… Sentía tal placer por hacerla suya que su cabeza se inundó de pensamientos más turbios que los anteriores. Toda su fría lógica quedó olvidada en algún recóndito lugar de su cerebro, muy lejos de los instintos que surgieron y le dominaron.
Porque en lo único que podía pensar era en que era suya y en la ilógica satisfacción de ser el primer hombre en tomarla, cuando a él le importaba bien poco quién había sido la primera mujer para él. Un instinto primario que se hizo con el poder y que le decía una y otra vez que marcara a la mujer que poseía.
Le aprisionó las manos con más fuerza por inercia y desplazó parte de su peso para apoyarlo en el codo y liberar el brazo libre con el que se apoyaba hasta el momento. Y la utilizó para agarrarla de la pierna e izársela, consiguiendo así un mejor ángulo y acceso para sus fuertes estocadas.
Misao gemía de placer y eso le daba más alas a ese fuego que le consumía. En la vorágine que le envolvió sólo estaba él y su creciente necesidad por ella. Porque Misao era suya y podía hacer lo que quisiera con ella.
Empujó cuando sintió que se arremolinaba su liberación y no le importó nada más que eso: ni ella ni él. Sólo ese placer abrumador que recorría todo su cuerpo ante la inminente explosión. Era fuerte… más fuerte que nada que hubiera sentido hasta el momento. ¿Cómo había podido privarse de aquello durante tanto tiempo? Ese calor, ese placer absoluto… Necesitaba más… Quería más… Le corroía poder liberar toda esa tensión que se acumulaba dentro de él.
Y lo hizo… con un gran rugido que Misao ahogó soltándose por la fuerza de su agarre para amortiguar el sonido con su mano. Soujiro se quedó sin aliento cuando los intensos espasmos sacudieron todo su cuerpo como nunca había sucedido. Fue tan intenso que su fuerza le abandonó y quedó desplomado sobre Misao. Le costaba respirar; no conseguía el aire suficiente. Era como si no pudiese reponerse de algo así.
Misao, en cambio, le abrazó y le acarició con suavidad por la espalda. Estaba agitada, con su respiración también acelerada, pero parecía más expectante que perturbada por lo que habían hecho.
Sin embargo, él estaba muy impactado por lo que había sentido. Tenía la respiración muy alterada y su corazón le golpeaba en el pecho como si hubiera tenido un brutal combate. No se parecía en nada a lo que había hecho con la oiran. Lo que sucedió con ella era una versión muy apagada de lo que había pasado con Misao.
Y por fin, poco a poco, su conciencia empezó a salir a flote, paso a paso e inmisericorde, para dejarle ante sus ojos una escena que para nada era la que debió haber sido: seguía unido a ella.
Se separó de Misao, más brusco de lo debido, y ella se quejó. Se puso a su lado y entró en pánico al ser consciente de esa antinatural desconexión entre su cabeza y su cuerpo que había conllevado al punto en el que estaban.
Había perdido todo rastro de juicio, pensó estupefacto. No tenía que haber sido así… Nunca había sido así a pesar de haber practicado sexo con la oiran varias veces. Era como si algún ente extraño se hubiera apoderado de él llevándolo a no tener consideración con nada ni con nadie.
Y pensar en ello le angustió más. Sintió que, a pesar de que iba calmándose tras el esfuerzo físico, no podía serenarse al pensar en lo que había ocurrido. Era la primera vez que se había sentido tan desconectado de su cuerpo. O quizás era justo al revés: su cuerpo había tirado de él y había hecho a un lado todo rastro de lógica.
Se llevó un brazo a la cara para ocultar los ojos, en un infantil intento de hacer desaparecer el mundo y poder tranquilizarse. Y no supo el tiempo que pasó, pero no consiguió su objetivo. La respiración se le fue acelerando sin remedio y los latidos de su corazón siguieron aporreando contra su pecho.
Porque cuanto más pensaba en lo que había sucedido, más aterrado se encontraba.
Estaba entrando en pánico; igual que cuando había perdido sus emociones e igual que cuando las había recuperado. Y no lograba calmarse.
No podía respirar. Por mucho que lo intentara, no entraba el aire suficiente.
Porque una a una, las consecuencias de ese irracional estado que le había controlado comenzaron a caer sobre su conciencia como grandes losas de piedra maciza.
Notas del fic:
*Oiran: Antiguas prostitutas de lujo.
— * —
Fin del Capítulo 35
22 Abril 2018
Notas finales:
Como decía, se puede ver por dónde va el que el lemon haya sido así. A Soujiro se le ha ido la cabeza en el calor del momento y se le han pasado ideas «escabrosas» que no sabía ni que podía tener. Así que se ha llevado una gran impresión al ser arrastrado por un torbellino de lujuria (otra de esas emociones que desconoce). Ahora falta el después, que irá en el siguiente capítulo (que ése al menos sí os lo subo, porque si os hago el parón aquí, sí que me matáis XD)
¡Saludos!
