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Por primera vez desde que empezaron a verse, Damon no tuvo que escaquearse por la ventana por la mañana. Dado que Jenna le había dejado quedarse a dormir, no tenía por qué esconderse por la casa. Eso sí, tuvieron que omitir la ducha en pareja, pues no era plan de abusar de la hospitalidad y aceptación de Jenna.

Cuando bajaron a desayunar, John ya se había ido y Jenna se despidió pronto de ellos porque tenía que ir a la facultad, por lo la pareja se dispuso a preparar el desayuno mientras esperaban que Jeremy bajase para ir al instituto juntos.

-Stefan vuelve hoy al instituto –le informó Damon a la chica.

-¿Ya está mejor?

-Eso parece, pero agradecería que siguieses manteniendo ciertas distancias, no termino de fiarme de su autocontrol.

-Descuida, tampoco es que me haga mucha ilusión verle después de casi matarme.

-Aún le debo una buena tunda por ello –dijo el vampiro apretando los puños con rabia.

-Tranquilo –le pidió ella posando sus manos en el rostro de él-, enterremos ese tema. ¿Vale? Recordarlo solo nos hace daño a ambos.

-Tuve tanto miedo de perderte... –susurró el chico en un hilo de voz.

-Estoy aquí, no va a pasarme nada –le aseguró ella, para después darle un beso en los labios para reforzar con él la promesa que encerraban sus palabras.

Damon la rodeó con sus brazos y esta acomodó la cabeza en su pecho, devolviéndole el abrazo. Permanecieron así por largo tiempo, hasta que oyeron a Jeremy bajar las escaleras e ir hacia ellos.

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Una vez dejado a los Gilbert en el instituto, Damon fue a reunirse con la sheriff Forbes en el Consejo. La sheriff, John Gilbert y él eran los únicos que estaban en la reunión.

-Pasó algo en el banco de sangre del hospital anoche –le explicó ella-. Las reservas se vieron comprometidas.

-¿Comprometidas? Es que... ¿Las robaron?

-Casi se nos pasó. El inventario estaba alterado. Pero cuando interrogamos al encargado, no recordaba haberlo cambiado.

-El vampiro que robó la sangre utilizó un control mental para ocultarlo –intervino John, sin apartar la vista de Damon.

-Ya lo suponía –le dijo este cortante.

-No lo habríamos notado si John no nos hubiera alertado de los incidentes en otros bancos de sangre en otros pueblos del Condado –le dijo Liz al vampiro.

-Es una suerte que tengamos a John –se mofó claramente el chico.

-Hemos reforzado la seguridad del hospital y hemos dado verbena a los guardias para que no vuelva a ocurrir.

-Sheriff, estaba pensando... que quizá Damon y yo podríamos trabajar juntos –propuso John ganándose una mirada fulminante por parte del aludido-, para descubrir al ladrón.

-La verdad es que necesito ayuda –afirmó la mujer, para después dirigirse al vampiro-. Damon, ¿querrías hacerlo?

-Por...Por supuesto –titubeó él nervioso-. Si sirve de algo...

-Haríamos un buen equipo –sonrió sarcásticamente John-. ¿No crees, Damon?

-John, lo que sea para mantener a este pueblo a salvo –respondió él con una sonrisa similar a la del otro-. Aunque signifique trabajar contigo.

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Stefan entró con el tiempo justo al aula de Historia y se sentó cerca de Elena, haciendo que esta se tensase en el acto.

Las miradas de ambos se cruzaron y, pese a que él le sonreía, la chica sintió un escalofrío recorriéndole por el cuerpo. Por suerte para ella, Alaric no tardó en hacer acto de presencia.

-Bien, esta semana dejaremos a un lado el programa para estudiar algo de Historia local, ya que se acerca el día de los fundadores. Al parecer, es más importante que la Segunda Guerra Mundial –dijo el profesor de forma sarcástica-. Pero bueno, es lo que hay.

La puerta se abrió y entró Bonnie.

-Perdón –se disculpó ella.

-Veo que hoy estamos al completo –sonrió Ric-. Pasa, Bonnie.

La chica tomó asiento mientras el profesor empezaba a explicar un gráfico que había hecho la noche anterior. Bonnie al ver a Elena le dedicó una leve sonrisa, pero se tensó al igual que esta había hecho antes al ver a Stefan. Su amiga le había explicado lo sucedido con el chico hacía unos días y también sentía miedo hacia él. Aún le costaba aceptar el tema de los vampiros, ni siquiera había sido capaz de volver a acercarse a Damon cuando lo veía con Elena en el Grill. Sabía que era un tipo de fiar, que no le haría daño, pero no podía dejar de sentir miedo por tenerlo tan cerca.

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Llamaron a la puerta de la mansión Salvatore y Damon fue a abrir, encontrándose con Anna.

-Estoy impresionado, sabes usar el timbre –se mofó él.

-Vengo en nombre de mi madre –explicó ella.

-¿En su nombre o a su pesar? –dijo Damon aparatándose de la puerta para dejarla pasar.

-Siento lo que los otros le hicieron a Stefan –se disculpó la chica mientras caminaban hacia una sala, que parecía ser un comedor-. El secuestro, las torturas... No tenia que hacer ocurrido.

-Estáis jugando a las casitas con una docena de vampiros muy cabreados –se burló Damon sirviéndose un vaso de Bourbon-. ¿Qué creíais que iba a pasar?

-Mi madre está destrozada. Intentaron derrocarla.

-¿Por qué no me lo está contando ella?

-No suele pedir disculpas.

-Qué casualidad, porque yo no suelo perdonar, así que largo –le dijo él acercándose a la chica de forma intimidante, quedando a escasos centímetros-. Y si vais a seguir jugando a las mamás con esos vampiros, deberíais dejar de robar en el banco de sangre, ¿sabes? Porque lo han descubierto.

-No he estado en el banco de sangre desde hace una semana –se defendió ella.

-Pues es uno de los otros –insistió él.

-Los otros se han ido, Damon.

-Ya, ¿dónde han ido?

-No les gustaba este pueblo. Después de lo de tu hermano, mi madre los echó y se largaron. Solo quedamos Harper y nosotras.

Damon se quedó pensando. Si ellas no habían robado en el banco de sangre... ¿Quién había sido? La respuesta le vino de inmediato: Stefan. Seguro que era él. Su hermano parecía estar demasiado bien últimamente. Sabía que ocultaba algo, ¿pero esto? ¿Cómo iba a poder lidiar con el Consejo en pie de guerra con su hermano en ese estado? La cosa se complicaba por momentos.

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Elena intentó hablar con Bonnie después de las clases.

-Sé que es difícil para ti, pero te echo de menos –dijo Elena-. Ya apenas nos vemos y cuando lo hacemos estás como muy distante.

-Debes comprender que esto es difícil para mí. No sé como lidiar con todo esto. No puedo dejar de querer alejarme de Damon y todo el tema vampiros. Es tu novio y entiendo que quieres estar con él, por eso no voy a pedirte que elijas; pero no puedo seguir viéndote fuera de clase si estás acompañada por él, todavía no puedo. Lo siento.

-Entiendo. Tómate el tiempo que necesites.

Caroline llegó arrasando como si de un huracán se tratase y se abrazó a la bruja.

-¡Bonnie! Necesito tu asesoramiento pero ya –pidió la rubia-. Tienes que ayudarme a elegir el vestido perfecto para el concurso.

-¿Qué concurso? –preguntó Elena confusa-. ¿Me he perdido algo?

-El concurso, ya sabes, Miss Mystic Falls –explicó esta-. Lo anuncian hoy y... tú y yo nos presentamos.

-Oh, Dios, hace tanto que nos apuntamos... Se me había olvidado.

-Ya... –sonrió Caroline-. ¿Es que vas a retirarte?

-No puedo.

-¿No? –preguntó esta sin comprender.

-Su madre quería que participara –explicó Bonnie.

-Además –continuó Elena recuperando un tono de voz más alegre-, mi chico es el mejor bailarín que hayáis conocido. Os vamos a machacar –bromeó ella.

-Así me gusta –celebró Caroline su ánimo-. ¡La competencia a la carga!

Las tres amigas rieron con ganas.

-¿A quién vas a llevar como pareja? –preguntó Bonnie a la rubia.

-Estaba pensando en Matt, pero eso sería muy raro. ¿No creéis?

-¿Por? –intervino Elena.

-No sé, a penas sí nos hablamos y solo somos amigos. Además, es tu ex. Es raro.

-Es mi ex pero también es mi amigo. No es estrictamente necesario que el acompañante sea un novio, Caroline. Pídeselo, seguro que acepta.

-Bueno, ya veremos –respondió esta.

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Stefan volvió a casa después del instituto. Estaba cansado y dejó sus cosas en el pasillo de la entrada.

-¿Qué tal en clase? –le sorprendió Damon saliendo de una sala, pues no era habitual que este estuviera en casa. Normalmente se iba fuera con Elena y no volvía hasta muy tarde, si es que volvía.

-Bien.

-¿Sí? –inquirió su hermano nada convencido-. ¿Todo como siempre? ¿Nada nuevo? ¿Nada que contarme?

-¿Quieres hablar? ¿Por qué? –le dijo Stefan a la defensiva.

-Te veo muy animado, menos meditabundo, rebosarte de energía...

-Y crees que es porque bebí sangre humana.

-No quiero presumir, pero... Creo que soy el responsable de ese Stefan nuevo y mejorado.

-Ya, claro. Pues siento comunicarte que estoy limpio.

-No es posible –le contradijo Damon.

-No solo es posible sino que es cierto.

-Stefan, hablemos en serio un segundo. Te has pasado el último siglo y medio siendo la viva imagen de la depresión. ¿Y ahora esperas que crea que este nuevo Stefan no tiene nada que ver con la sangre humana? ¿Nada?

-Estoy limpio –insistió este, alejándose de él.

-¡Mientes!

-Cree lo que quieras.

00000

Elena y Damon estaban esa misma tarde en la habitación de ella. Damon aún no se fiaba de llevarla a su casa y ella tenía tareas que hacer, por lo que el chico se quedó en casa con ella para acompañarla.

-Por lo visto el baile de Miss Mystic Falls está a la vuelta de la esquina y ni siquiera recordaba haberme presentado –le dijo Elena soltando unos libros sobre el escritorio.

-¿Y...? –dijo él recostado en la cama, con el osito de peluche sobre su pecho.

-Y nada, que vas a ser mi acompañante.

-¿Sin consultar mi opinión ni nada? –fingió él indignación, incapaz de ocultar una sonrisa que delataba su felicidad.

-Eres mi novio, la definición "pareja de baile" va implícita. ¿Preferirías verme bailar con otro?

Damon se levantó de la cama de un salto y se acercó a ella haciendo una reverencia.

-Señorita Gilbert, será un honor para mí ser su pareja de baile, para este baile y para los bailes venideros; que, estando Mystic Falls, serán muchos –bromeó al final.

-Así me gusta –celebró ella.

Poco después, la chica se sentó con él en la cama. Le encantaba disfrutar de esos momentos de tranquilidad junto a su chico, donde solo se sentaban y hablaban de cualquier cosa. A Elena le gustaba saber más del pasado de Damon y este se divertía contando anécdotas de todo tipo. Era una sensación muy grata abrir su alma a una persona tan especial, que sabía que no le reprocharía nada.

Pasadas unas horas, Elena tuvo que cortar la conversación.

-Creo que deberías dejar de venir a mi habitación por las noches -dijo ella con pena, pues no quería separarse de él-. No es buena idea estando John en casa. Jenna me ha dicho que anoche se enteró que dormiste aquí y no le hizo ninguna gracia. No me fío de él, podía ser peligroso para ti.

-Tienes razón. Que aún no me haya clavado una estaca en el corazón mientras duermo no significa que no vaya a hacerlo -bromeó Damon-. Mejor no tentar a la suerte.

Ambos rieron ante el comentario.

-Te voy a echar de menos -dijo ella abrazándose a su chico.

-Yo también -coincidió él dándole un beso en la coronilla-. Me he acostumbrado a dormir con tus ronquidos.

-¡Eso es mentira! -le riñó la joven riendo, dándole un golpecito en el pecho-. Yo no ronco -añadió cruzándose de brazos y haciendo pucheros.

A Damon le pareció la escena más dulce y adorable que jamás había visto.

-Claro que no. Era broma -reconoció él acercando una mano para acariciar la espalda de la chica-. Pero sí que es cierto que te echaré de menos. A ti, a tus caricias, a tus besos, al calor de tu cuerpo, a tu aroma... -añadió besando el pelo de ella e inhalando el aroma del cabello.

-Bueno, siempre nos quedará tu casa -le recordó ella acariciando el torso de él por debajo de la camiseta.

-Los fines de semana. Me sigue pareciendo poco tiempo -afirmó él imitando a la chica y acariciándole ahora la espalda por debajo de la camiseta.

-Nunca nos parecerá suficiente -sonrió la joven, sin apartar la vista del chico mientras continuaba sus caricias.

-Ven a casa esta noche -le pidió Damon casi en una súplica, rozando sus labios.

-Mañana hay clase. No creo que me dejen -respondió ella apenada, rodeando la nuca de él con sus manos para acercarlo más a sí.

-Creo que la solución a nuestros problemas sería ponerle un pestillo a esa puerta -sugirió el chico señalando la puerta del dormitorio.

-Ojala fuera tan fácil -dijo Elena sentándose en el regazo de él, mientras Damon seguía rozando sus labios aún sin unirlos.

-De momento, ¿qué te parece si aprovechamos que estamos solos en casa? -propuso él con una voz seductora y sonrisa pícara, estrechándola más contra su cuerpo.

-Me parece perfecto -accedió ella antes de unir al fin sus labios.

Damon profundizó el beso mientras la agarraba de las nalgas y la apretaba más contra sí, haciéndola soltar una risita de felicidad.

Elena estaba apunto de quitarle la camisa al chico, cuando la puerta que daba al cuarto de baño que compartía con su hermano se abrió, entrando Jeremy en la habitación.

-¿En serio? –se quejó Damon en voz baja, pues últimamente parecía que todos se habían puesto de acuerdo para no darles un momento de intimidad.

La chica le bajó rápidamente la camiseta a su novio, la cual ya casi le había quitado, y separó sus labios de los de él. Aunque intentó separar sus cuerpos, Damon solo consintió sentarla a su lado de la cama, sin tocarse demasiado pero a Elena le seguía pareciendo estar demasiado cerca como para poder disimular otro tipo de escena ante su hermano.

-Eh... –Jeremy se quedó sin habla pues, a pesar de no haber visto casi nada porque reaccionaron rápido, intuía que les había interrumpido pero bien.

-Jer –se atrevió a hablar Elena, pese a estar tremendamente ruborizada-, ¿querías algo?

-No quería interrumpir –se disculpó el joven.

-Pues lo has hecho –murmuró Damon, algo que solo oyó la chica, por lo que Jeremy no entendió por qué su hermana le dio un codazo.

-¿Qué querías? –insistió Elena, ignorando las palabras de su novio.

-Jenna me pidió que fuera a recoger vuestros vestidos, pero no me dio el resguardo de la tintorería. ¿Lo tienes tú?

-Claro –respondió su hermana abriendo un cajón de su mesita de noche y entregándoselo-. Aquí tienes.

-Gracias, nos vemos –se despidió el chico cerrando la puerta al irse.

-¿Podemos volver de una vez a donde lo habíamos dejado? –pidió el vampiro.

-Damon, tengo deberes que hacer.

Ante la mirada de pena del chico y el pucherito que puso, Elena se inclinó hacia él, que aún estaba sentado en la cama, y le dio un intenso beso pero demasiado corto en opinión de Damon.

-Te prometo que la noche del baile no te dará un "no" por respuesta –susurró ella apoyando su frente sobre la de él.

-Eso espero –protestó Damon, ganándose una sonrisa por parte de ella y un último beso más corto que el anterior.

Después de eso, Elena se dedicó a hacer los deberes que le habían puesto en clase bajo la atenta mirada de Damon, quien se aburrió al poco y empezó a cotillear por los cajones de la chica. A ella no le importaba que lo hiciera, es más, hasta le divertía verle tan cotilla y que intentase llamar su atención de vez en cuando preguntándole por algo.

00000

Horas más tarde, Stefan bajó al sótano de casa creyendo que estaba solo. Al abrir una nevera que tenía oculta, decenas de bolsas de sangre del hospital de Mystic Falls se dejaron ver.

-Vaya, Vaya... –dijo su hermano entre las sombras-. Mentiroso y ladrón. ¿Cuándo ibas a contármelo?

-Adelante –le ofreció Stefan señalando las bolsas, fingiendo que no le ponía nervioso el haber sido descubierto-, sírvete.

-No, me refiero a que te has vuelto un adicto a la sangre en secreto.

-He vuelto a beber sangre –reconoció este-. Tú me la pusiste delante. ¿Cuál es el problema? Lo tengo controlado.

-¿Controlado? –le dijo Damon perdiendo la poca calma que le quedaba-. ¡Has robado en el hospital!

-Sí, ¿qué pasa? –preguntó el vampiro indiferente.

-Vale, tú mismo –cedió su hermano, caminando hasta él-. Hártate, pero recuerda que intentamos pasar desapercibidos. ¿Por qué no vas a la sheriff Forbes y le pides que se abra una vena? –le dijo irónico.

-¿Es que mis actos te han creado algún problema? Uff... Eso debe sentar fatal –se mofó el más joven.

-No has probado la sangre humana en años, Stefan. Si tienes problemas para...

-No tengo ningún problema –le cortó este.

-¿Con quién crees que estás hablando? –le gritó Damon muy enfadado-. Yo sé lo que es, como Jekyll y Hyde, como un resorte, pasa cualquier cosa y salta. Y en este momento no puedo correr el riesgo de que saltes. ¿Comprendes?

-Ya sé que te molesta todo esto, pero estoy bien. ¿Vale? Estoy bien. Así que, sino te importa... –dijo Stefan cogiendo una bolsa de sangre-. Hazme un favor, olvídame.

00000

La tarde del día siguiente, Elena estaba en una entrevista ante un tribunal del Consejo para la elección de Miss Mystic Falls, por lo que Damon se aburría en la mansión Salvatore. Aunque hubiese preferido eso a recibir la visita de John Gilbert, el cual se presentó en su casa sin avisar.

-¡Hola, socio! –saludó el humano fingiendo alegría y entrando sin esperar invitación.

-¿Qué quieres? –preguntó Damon sin ocultar su desagrado al verle.

-No me devuelves las llamadas.

-La gente suele entender una indirecta.

-¿Cuándo empezamos a cazar vampiros?

-Deja de fingir esta aventurilla rollo familiar, John –le dijo el chico cansado de su falsedad-. Está claro que no quieres cazar vampiros. Estás aquí hablando conmigo.

-En realidad me interesa mucho.

-¿Qué pensará Isobel? –preguntó Damon poniendo en jarra sus manos sobre la cintura-. No sé, porque ella también lo es.

-Isobel y yo tenemos intereses comunes. El primer Jonathan Gilbert tenía un invento que le robó un vampiro. Ese vampiro fue quemado en la iglesia, o al menos eso pensaba Jonathan, y ese invento se perdió para siempre. Pero los vampiros no murieron, ¿verdad? –le dijo el humano a Damon, quien había caminado hasta él mientras hablaba-. Quedaron atrapados, y han salido gracias a ti, luego el invento es recuperable.

-¿Y qué es?

-Lo único que importa es que lo quiero y tú vas a ayudarme si quieres mantener tu secreto.

-Vamos, ¿por qué me metes en esto, John? No sé de qué estás hablando ni tampoco quién lo tiene.

-Venga, Damon. Tú estuviste en todo aquello. Sabes quienes son, qué aspecto tienen. Le gustaba una mujer –explicó este refiriéndose a su antepasado-, que resultó ser vampira. Se llamaba Pearl. ¿Te suena de algo? –preguntó al ver cómo la cara del chico cambiaba al escuchar ese nombre.

-Me he cansado de jugar –dijo Damon a la defensiva, poniéndose muy serio-. Largo.

-Disculpa...

-¿Sabes? Solo te he seguido la corriente con todo este supuesto chantaje porque creía que me darías algo de esa información tan valiosa que dices poseer, pero ahora sé que no tienes ni idea de nada porque de ser así sabrías que Katherine y Pearl eran inseparables –al ver que John le miraba desafiante, este continuó sonriendo triunfante-. ¿Ves? No lo sabes todo, ¿eh, John?

-Le diré a todo el Consejo lo que eres.

-Adelante –le retó el vampiro-. Los mataré a todos. Después te cortaré la mano, te quitaré el anillo y te mataré a ti.

El humano le siguió mirando sin a penas inquietarse levemente, parecía muy seguro de sí mismo.

-Ahora, si me disculpas –continuó Damon-, mi chica me está esperando.

El vampiro se fue de allí con una sonrisa burlona, dejando a John en el salón. Stefan andaba por el sótano hartándose de sangre y no tenía de qué preocuparse. Además, tampoco es que el humano pudiese hacer nada, por lo que no importaba si se largaba de allí dejándole solo.

00000

Los ensayos para el baile eran ridículamente absurdos y tener que oír las correcciones constantes de la señora Lockwood era aún peor, pero eso no le impedía a Elena disfrutar de la compañía de su novio. Damon había sido desde el primer momento la comidilla del grupo. Las chicas se quedaban embobadas mirándole y sus acompañantes se sentían celosos porque este acaparaba toda la atención. Además de ser el centro de atención por su belleza, la mujer del alcalde no paraba de halagarle y ponerle como ejemplo cada vez que quería que los chicos realizasen un movimiento.

Elena sintió algo de celos al ver cómo todas las mujeres de la sala se fijaban en él, pero el saber que Damon solo tenía ojos para ella -ojos que la desnudaban con la mirada cada vez que realizaban un movimiento de baile y aproximaban sus cuerpo sin poder rozarse siquiera- se sintió muy relajada y se permitió el lujo de presumir de su perfecto novio.

Al terminar los ensayos, Elena y Damon se acercaron a hablar con Caroline, quien había bailado acompañada por un chico al que nunca habían visto antes.

-Hola, Caroline –saludó la chica-. Creía que vendrías con Matt.

-Ah, sí... Es que tenía que trabajar en el Grill.

Su amigo Matt había empezado a trabajar en el bar hacía unas semanas, tenía facturas y una casa que pagar él solo y no le quedó otra que ponerse a trabajar.

-¿Y quién es tu acompañante? –preguntó Elena curiosa, aprovechando que el chico se había ido ya.

-Es Jefrey Lockwood Hamilton, va a último curso. Es un soso, pero oí que era muy buen bailarín y por eso le pedí que me acompañara –explicó ella, para luego dirigirse a Damon con una sonrisa-. Aunque por lo visto no hay quien te gane en esto.

Desde hacía un tiempo, Caroline había aceptado que Damon era el novio de su amiga y que debía entender que no quisiese nada con ella. Esto la había ayudado a entablar una relación algo más amena con el chico, aunque no tanto, dado que tenían personalidades que chocaban un poco. Dos personas con tanto amor propio, ese puntillo de ego que les delataba y una incansable necesidad de llevar la razón siempre y ser los mejores... Era como una bomba de relojería que amenazaba con explotar en cualquier momento.

-Es cuestión de tener estilo, Barbie –dijo él con una sonrisa de lado, exagerando su lado presumido solo para fastidiar a la rubia-. ¿Qué le voy a hacer? Nací con ese talento.

Caroline le fulminó con la mirada y Damon se ganó un codazo por parte de su novia.

-Solo bromeaba, Caroline –disculpó Elena a su chico-. A veces se pone de un tonto...

-¡Oye! Tener novia para esto... -se quejó él, haciendo que las chicas rieran.

-Tú solito te lo has buscado –le acusó la morena sacándole la lengua-, por presumido.

En un visto y no visto, con un movimiento lo más aparentemente humano posible, Damon rodeó a su novia por la espalda y rozó con sus labios la mejilla de ella.

-¿Te estás burlando de mí, Elena? –susurró él en su oído con voz sensual.

-Un poco, sí –reconoció ella dejando recostar su cabeza contra el pecho del chico, a la vez que posaba sus manos sobre las de él.

-Bueno, yo es dejo –se despidió Caroline ruborizada e incómoda por presenciar la escena.

-Ven esta noche a mi casa –pidió él a Elena, repartiendo besos en su cuello-. Te eché de menos anoche.

-Esta noche no puedo –se disculpó ella-, pero la noche del baile soy toda tuya.

-¿En serio? ¿Toda mía? –se relamió Damon los labios.

-Toda tuya –afirmó ella-. Toda la noche.

-Hmm... No puedo desear más que llegue mañana.

-Y yo –reconoció la chica abrazándose con más fuerza contra su novio.

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Al día siguiente, Alaric fue vestido con traje de chaqueta a la casa de los Gilbert para llevarlos a la casa de los Lockwood, donde se celebraría el baile. Elena fue quien le recibió en la puerta, por lo que aprovechó para preguntarle algo.

-¿Cómo está Stefan?

-No he hablado con él desde... Bueno, ya sabes, desde lo de la granja.

-Ya...

-Pero Damon dice que está tratando de superarlo, solo que le cuesta mucho aceptar que tiene un problema. ¿Por qué lo preguntas?

-Es que tuve un pequeño encontronazo con él ayer y lo había visto muy alterado.

-Debe ser por la sangre humana, ha vuelto a tomarla y tiene problemas para controlarse.

-¿Es peligroso? –inquirió el humano.

-Inestable, más bien –respondió ella sin estar del todo convencida.

Damon le había pedido miles de veces que se mantuviese a distancia de Stefan. Sino fuese para tanto, este no hubiese insistido en mantenerla alejada de su hermano. Pero eso era algo que no podía decirle a Alaric, alias el caza vampiros. De saber que Stefan es un peligro... Tal vez intentase tomar la vía rápida y acabar con su vida, algo que Elena no quería que hiciese. Era el hermano de Damon, por muy mal que le pudiese caer a veces tenía que aceptar que era parte de su vida, su única familia, y no permitiría que Damon perdiese a su único hermano.

-Alaric, ¿Qué tal? –saludó John, apareciendo en escena, provocando la espantada de su sobrina-.¿Qué haces por aquí?

-Soy el chófer.

-Ah, creí que ese era yo –dijo este confuso.

-No hace falta –dijo Jenna bajando las escaleras ya con su vestido de gala puesto-. Vamos con Ric.

-¿Todo listo? –le dijo Elena a su tía, reuniéndose con ella en la puerta, a lo que esta asintió.

-Jeremy va contigo –le informó Jenna a John saliendo por la puerta.

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Anna salía al jardín de los Lockwood, con su vestido de gala, cuando Damon se acercó ella con un elegante traje de chaqueta y una copa de champán en la mano.

-¿Te presentas a Miss Mystic Falls? –se burló él.

-A veces hay que ponerse tacones para encajar –respondió ella, mientras el chico avanzaba hacia ella mirándola de arriba a bajo-. Me recuerda a 1864. Yo iba a participar cuando todo pasó.

-La nostalgia es una mierda.

-Si vas a burlarte de mí, déjame en paz. Por favor.

-John Gilbert cree que tu madre le robó algo a Jonathan Gilbert... primero –explicó él rodando los ojos-, en 1864.

-¿Eres su recadero? –se mofó ella.

-No sé lo que es, pero no quiero que lo tenga.

-Puedo preguntarle, pero ya has dejado claro que no confías en nosotras... Así que, ¿por qué molestarme?

-Queréis quedaros en el pueblo y con John Gilbert aquí será imposible. Descubre dónde está –le casi ordenó él-. Si se va, podéis vivir en paz.

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Jeremy estaba en una de las mesas del jardín, hablando con su tío John.

-¿De verdad tengo que pasarme un mes entero viendo estas cosas? –se quejó el chico.

-Puedes resistirte, pero al final eres un Gilbert.

-Oye, creo que sabes mucho sobre la familia. ¿Sabes algo de nuestro antepasado, Jonathan Gilbert?

-Prolífico escritor, inventor loco... ¿Por qué lo dices?

-Leí su diario.

-¿De verdad? –se interesó su tío.

-Sí, papá lo tenía entre sus cosas.

-Me sorprende. La mayoría están guardados.

-¿Es que hay más?

-Escribió diarios toda su vida, hasta que murió loco y alcoholizado. Creía ver demonios.

-¿Los has leído?

-Los he ojeado, sí.

-¿Y qué piensas de lo que escribió? –insistió el chico.

-Solo son los desvaríos de un demente.

Jeremy bajó la cabeza decepcionado. Al alzar de nuevo la vista, vio a Anna a lo lejos. Su tío miró donde él y también la vio.

-Es muy guapa –dijo el hombre.

-Sí, es... Una amiga. Perdona –se despidió él.

El chico fue a buscar a Anna, a quien encontró en uno de los muchos salones de la mansión.

-¡Anna!

-¿Qué pasa? –dijo ella cortante, aún enfadada con él.

-Vamos, no seas así.

-¿Por qué no? –respondió Anna, para luego bajar el tono de voz-. Intentaste utilizarme para que te convirtiera en vampiro y poder estar con otra.

-No te estaba utilizando –se defendió él.

-¿De verdad? ¿Entonces cómo lo llamas?

-No creo que sea peor que hacerte mi amiga para poder "secuestrarme" y amenazar a Damon y Bonnie para abrir la tumba y así sacar a tu madre.

-¿Cómo sabes eso? –se sorprendió ella.

-No importa.

-En serio, Jeremy, ¿qué es lo que sabes?

-Todo. Lo sé todo.

El chico le explicó que había leído el diario de Elena y ahí lo narraba todo. Lo que no le dijo fue que hablaba de muchas más cosas de las que prefería no haber leído. No le interesaba saber cuántas veces se colaba su cuñado en la habitación de su hermana para pasar la noche. Hubiese preferido no leer nada de eso. Que Elena le mintiese fue lo que le motivó a leer el diario, pero leer ese tipo de intimidades le hizo sentirse mal al espiar a su hermana.

-¿Sabe Elena que leíste su diario?

-Si ella me oculta cosas, yo voy a hacer lo mismo –respondió él.

-¿Qué vas a hacer ahora que sabes todo lo que te ha estado ocultando?

-No lo sé, por una parte estoy furioso porque ocultaron lo que le pasó a Vickie y me borraron la memoria, pero... Por otra me siento aliviado, porque no quiero recordar a Vickie así.

-¿Cómo un monstruo?

-Como alguien que quería matarme –puntualizó él.

-Al principio eras parte del plan para sacar a mi madre –confesó Anna-, pero luego todo cambió. Lo que hemos vivido juntos... No podría hacerte daño. Ya no. Lo sabes, ¿verdad?

-Sí –sonrió él-. Lo sé.

La pareja siguió hablando bajo la atenta mirada de John Gilbert, quien le preguntó a Jenna cuando esta posó por su lado.

-¿Quién es la amiga de Jeremy?

-Se llama Anna –dijo ella.

-¿De dónde ha salido?

-¿Por qué lo preguntas?

-No sé, parece que le gusta.

-Llegó hace poco, creo –respondió la mujer-. Con su madre, Pearl. Es la familia a la que te niegas a vender el edificio Grayson.

Y ahí fue cuando John comprendió que la chica y su madre eran vampiras. ¿Qué había hecho su hermano para educar así de mal a sus hijos? ¿Cómo era posible que ambos estuviesen saliendo con vampiros? Tenía que acabar con esto y tenía que hacerlo cuanto antes. No podía permitir que su familia se involucrase de esa forma con vampiros.

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Elena, que ya se había maquillado y peinado, subió a ponerse el vestido para el baile. Al llegar a la habitación que actuaba como improvisado vestuario, vio a una de las chicas del concurso. Era Amber, la chica que no era de Familia Fundadora y que solo estaba ahí para que nadie dijese que solo las Familias Fundadoras podían participar. La joven estaba muy nerviosa y no paraba de andar en círculos.

-Amber, ¿estás bien?

-Odio ser el centro de atención –explicó ella-. ¡Me va a dar un ataque!

-¿Quieres que te deje sola para cambiarte?

-¿Sabes? Creo que voy a tomar el aire.

La chica se fue cerrando la puerta detrás de ella, pero la puerta se volvió a abrir poco después y Elena sonrió al ver a Damon reflejado en el espejo.

-No deberías estar aquí –dijo ella divertida, girándose para verle.

-Tenemos que hablar.

Elena se sorprendió ante la seriedad de él, por lo que supo que no era nada bueno.

-¿Qué ha pasado, Damon?

-Normalmente tendría una actitud... muy diferente sobre lo que voy a contarte, pero dado que podría hundirme... Voy a... cantar.

-¿De qué estás hablando?

-Stefan se ha hecho adicto a la sangre humana. Tiene un congelador lleno de sangre robada del hospital en casa. Me vendría bien el detalle de no ser por el hecho de que se ha ventilado más de la mitad en tres días y ha levantado las sospechas del Consejo, que ahora está en pie de guerra y me han puesto al frente de la investigación junto con el tío John. Y, por si la cosa no estaba jodida lo suficiente, John amenaza con delatarme sino le entrego no sé qué de un invento que Pearl le robó a Jonathan Gilbert.

-¿Por qué me le cuentas ahora? –se extrañó ella, dado que normalmente esperaría a que terminase el día para contárselo.

-Porque sino lo haga ahora, no creo que tenga fuerzas para decirlo más adelante –se sinceró Damon.

-Todo esto es mi culpa –dijo ella dando vueltas de un lado para otro-, fui yo quien obligó a Stefan a beber mi sangre y quien hizo que John se centrara en ti.

-Elena, mírame –le pidió él colocándole las manos en sus mejillas haciéndola detenerse y mirarle a los ojos-. Tú no tienes la culpa de nada. Por mucho que me duela aceptarlo, Stefan y tú hubieseis muerto de no ser porque bebió tu sangre. Y con respecto a John... Creo que ya venía centrado en mí de casa. Tú no tienes la culpa de nada. ¿Me oyes? Nada de esto es tu culpa.

Unos golpes de nudillos en la puerta les hicieron separarse.

-Elena, vamos. Solo faltas tú –le dijo Carol Lockwood.

-Sí, claro. Ya voy. Necesito un minuto.

-Aún no te has vestido... –le reprochó ella, para después mirar al chico-. Los acompañantes esperan abajo, Damon.

-Está bien –rechistó él por lo bajo.

Damon le dedicó a Elena una mirada con la que pretendía transmitirle fuerza y salió de la habitación junto a la mujer del alcalde.

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Mientras Elena se vestía, Damon fue a buscar a su hermano, a quien no encontró por ninguna parte. No sabía si eso era algo positivo o negativo. Viendo cómo estaba el asunto, era malo seguro.

La chica terminó de ponerse el vestido y fue a reunirse con las otras chicas. Miró hacia abajo y no logró ver a Damon entre el resto de acompañantes. Se extrañó un poco, pero confiaba en que vendría. Se habría entretenido hablando con alguien.

-La señorita Caroline Forbes y su acompañante Jefrey Lockwood Hamilton –presentó el señor Lockwood.

Elena le dedicó a la rubia una mirada de ánimo y esta bajó a reunirse con su pareja de baile. Ahora era el turno de Amber, pero como la chica no aparecía, Carol Lockwood le pidió a Elena que se posicionase ella.

-La señorita Elena Gilbert y su acompañante Damon Salvatore -presentó de nuevo el alcalde.

Elena estaba nerviosa porque Damon aún no había aparecido, pero cuando llegó a la mitad de las escaleras, sonrió ampliamente al encontrarse con la profunda mirada oceánica de su chico, quien la esperaba con una sonrisa radiante.

Al tomar su mano, ambos sintieron ese cosquilleo tan particular que sintieron cuando se tocaron por primera vez. Todos los nervios y pensamientos que los acechaban quedaron en un segundo plano. Sus mentes desconectaron y solo estaban ellos, en su pequeña burbuja de felicidad donde nada ni nadie podía interponerse entre ellos.

Él vestía un traje de chaqueta negro, con camisa blanca y corbata oscura. Sus hermosos ojos celestes resaltaban entre tanto oscuro, al igual que su reluciente anillo de día, a juego con sus ojos. Además de estar muy elegante, era increíblemente sexy.

Ella, con el pelo rizado para la ocasión y a penas recogido por adornos celestes, vestía un hermoso vestido largo que ondulaba ligeramente al caminar. El vestido era azul, un par de tonos más oscuros que los ojos del chico. Unos pendientes de plata hacían juego con la pulsare de la madre de Damon que este le había regalado hacía tiempo cargada con verbena para protegerla de la compulsión.

Mientras caminaban hacia la improvisada pista de baile del jardín, donde estaban posicionadas el resto de parejas, empezó a sonar All I need de Within Temptation, la canción que les acompañaría durante el baile.

Todos se quedaron prendados al contemplar a la pareja danzar al son de la música. Antes incluso de comenzar ya se habían ganado la exclusiva atención del público.

Elegancia y sensualidad. Así era como podía definirse el baile que se marcaron Damon y Elena. Sus intentas miradas y sus cuerpos danzando como uno solo lo decían todo: se compenetraban a la perfección, estaban hechos el uno para el otro.

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Poco después de finalizar el baile, el jurado se reunió para ejercer su voto. Las chicas estaban en un improvisado escenario esperando el resultado de la votación. Mientras tanto, Amber y Stefan seguían sin aparecer.

-Antes de anunciar a la ganadora –dijo el alcalde Lockwood-, quería agradecer personalmente a todas estas jóvenes sus esfuerzos por mejorar nuestra comunidad.

El hombre hizo una pausa para aplaudir, antes de volver a continuar.

-Y sin más preámbulo, es un honor anunciar a la nueva Miss Mystic Falls... ¡Caroline Forbes!

La rubia no podía crearse que había ganada. Había dado por hecho que Elena ganaría por la empatía de los padres muertos, pero no. Había ganado ella, Caroline Forbes.

La chica recibió una banda y una tiara como premio y recibió el aplauso colectivo.

Cuando descendieron del escenario, Elena fue junto a Damon, quien no le había quitado ojo de encima, pues la veía hermosa con ese vestido.

-El concurso estaba amañado desde el primer momento –la alentó él-. Habían decidido la ganadora antes incluso de empezar con todo esto.

-No importa, me alegro por Caroline.

-Tú siempre será la ganadora para mí –aseguró el chico depositando un beso en el dorso de su mano derecha, haciéndola sonreír.

-Damon, creo que deberías ir a buscar a Stefan. Tengo un mal presentimiento.

-Quiero quedarme contigo –dijo él colocando sus manos sobre la cintura de ella y atrayéndola a sí.

-Te compensaré esta noche –prometió la joven acariciando el pelo de su novio sin despeinarlo demasiado.

-Está bien... Pero no te quites este vestido, quiero ser yo quien lo haga –le dijo el chico guiñándole un ojo con sonrisa traviesa, dándole un rápido beso antes de ir a buscar a su hermano.

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Damon registró toda la casa sin éxito, por lo que solo le quedaba mirar en el exterior. En la oscuridad de la noche, el vampiro solo tuvo que alejarse unos metros de la mansión para dar con Stefan. Lo último que esperaba encontrar era aquello que tanto había temido: a su hermano mordiendo el cuello de Amber, quien gritaba de dolor.

-¡Stefan! –le gritó Damon.

El vampiro soltó a la chica, que cayó al suelo, y se giró hacia su hermano. Stefan tenía la mirada perdida, su boca chorreaba sangre, sus colmillos estaban afilados y las venas de los ojos muy marcadas. Por un momento, Damon creyó que se le echaría encima para atacarle, pero se quedó inmóvil mirándole pero sin ver nada realmente.

-Vamos, contrólate –le insistió su hermano, mientras avanzaba lentamente hacia él-. Tranquilo. Vamos, Stefan.

Cuando ya le hubo posado una mano en el hombre, el vampiro lanzó a Damon por los aires con furia.

Elena llegó corriendo y vio cómo Stefan volvía a cargar contra su hermano, quien se había puesto de nuevo en pie.

-¡Stefan, basta! –chilló Elena aterrada al ver cómo el vampiro arrancaba la rama de un árbol y la alzaba para estacar a su hermano en el pecho.

En ese momento, Stefan soltó la rama y se llevó la mano a la cabeza al estar sufriendo un dolor punzante. Tanto Elena como Damon miraron hacia Bonnie, quien había seguido a su amiga sin que esta lo supiese y le estaba provocando ese dolor a Stefan.

En ese momento, Stefan soltó la rama y se llevó la mano a la cabeza al estar sufriendo un dolor punzante. Rápidamente, Damon lanzó a su hermano lejos de él. Tanto Elena como Damon miraron hacia Bonnie, quien había seguido a su amiga sin que esta lo supiese y le estaba provocando ese dolor a Stefan.

-Está bien –le intentó calmar Damon, el cual era el que estaba más cerca de él y tenía las manos alzadas en señal de paz.

Elena estaba asustada, Bonnie solo sentía furia hacia el vampiro, quien seguía confuso, y Damon trataba de controlar la situación lo mejor que podía a pesar de no haber presenciada de forma tan directa una de las crisis de Stefan.

-Stefan... –dijo Damon con voz relajada, todo lo contrario a como se sentía, pues temía que se lanzase a atacar a Elena y no poder impedírselo porque la cantidad de sangre que tenía ahora en su organismo le proporcionaba una fuerza tal capaz de vencerle a él.

El vampiro, asustado por lo que había intentado hacer -matar a una humana y atacar a su hermano- salió de allí corriendo.

Damon le hizo a Amber olvidar lo sucedido y llamó a la sheriff, pues esta también estaba buscando a la chica.

-No recuerda lo que pasó –dijo la sheriff Forbes.

-Es una suerte que la hayan encontrado –dijo Damon refiriéndose a Elena y Bonnie-, ha perdido mucha sangre.

-¿No habéis visto nada? –preguntó Liz a las chicas.

Tanto Elena como Damon miraron a la ahora asustada Bonnie, la cual negó con la cabeza.

-No –mintió Elena-, solo la encontramos y llegó Damon.

-¿Se pondrá bien? –preguntó Bonnie, hablando por primera vez desde que empezó aquella especie de pesadilla.

-Eso parece –respondió la sheriff-. ¿Por qué no volvéis a la fiesta? Damon y yo nos encargamos de esto.

-Bien –dijo Elena cuando su novio asintió con la cabeza, indicándole que hiciera caso.

Las chicas se fueron dejándoles solos.

-¿Han visto la marca? –le preguntó Liz a Damon.

-No, he llegado antes de que se acercaran. Había mucha sangre, no se veía bien.

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-Bonnie, quería darte las gracias por salvar a Damon –dijo Elena mientras caminaban hacia el edificio.

-No podía dejar que Stefan le matase –respondió esta cortante.

-Gracias –agradeció ella de corazón-. Mira, Bonnie... Sé que es difícil, pero esta es la vida que he elegido.

-No tienes por qué darme explicaciones. Te dije que no te obligaría a elegir, pero yo necesito tiempo para averiguar si mi amistad contigo merece la pena teniendo en cuenta todo esto, el peligro que te ronda a cada segundo.

-Tómate el tiempo que necesites.

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Damon estaba llegando a su casa cuando se encontró con dos mujeres en la entrada.

-Esto empieza a aburrirme –dijo él con pesadez.

-Hemos venido a hablar –respondió Anna.

-No estoy de humor, hoy no ha sido precisamente un buen día...

-Anna dice que buscas algo que le quité a Jonathan Gilbert –intervino Pearl.

-Te escucho...

La mujer la entregó una bolsita de tela.

-¿Qué es esto? –preguntó Damon.

-Jonathan hablaba con pasión de sus inventos –explicó mientras este extraía una especie de reloj de bolsillo roto de la bolsa-. Me contó que había creado un artefacto de detección con el que podía localizar a los vampiros del pueblo.

-Un reloj de bolsillo.

-Es lo que resultó ser, pero no es lo que le robé. Descubrí mi error cuando vi el reloj en sus manos. Y ya era tarde, la aguja estaba señalándome.

-¿Y qué es esto? –preguntó él mirando el reloj que le había dado.

-No lo sé, pero ahora es tuyo.

-¿A cambio de qué?

-A cambio de nada. Mi hija quiere quedarse aquí, yo quiero quedarme aquí. Perdimos tu confianza y tienes razón. Considéralo una disculpa.

Damon no supo qué decir, le parecía extraño que alguien diese algo sin pedir nada a cambio y, viniendo Pearl, era aún más extraño.

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Stefan llegó a casa unas horas después. Damon le ofreció un vaso de su whisky favorito cargado de verbena. El vampiro lo tomó como una ofrenda de paz y se lo bebió sin pensárselo dos veces. Nada más tomarlo, Stefan cayó al suelo doliéndose por el efecto de la verbena quemándole por dentro.

-Lo siento, Steff –le dijo su hermano arrodillándose junto a él-. Pero es lo mejor, hasta que vuelvas a ser tú mismo.

Damon llevó al chico al sótano y lo encerró en el antiguo invernadero de verbena de Zach, que ahora actuaría como celda de Stefan.

Cuando hubo terminado, llamó a Elena al móvil.

-Hola.

-Le he dado a Stefan verbena –le informó él-, lo he encerrado en el sótano hasta que descubra qué hacer con él.

-¿Sigues queriendo que me pase por allí?

-¿Quieres tú? –le devolvió el chico la pregunta, creyendo que la respuesta sería negativa.

-Claro, dijiste que querías ser tú quien me quitase el vestido. Y no pienso dormir vestida así esta noche –bromeó ella-. Así que...

-Te espero entonces –sonrió él.

-Estaré allí enseguida.

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Al día siguiente por la mañana, Damon bajó a ver a Stefan acompañado por Elena, quien se había cambiado de ropa y ahora llevaba una de sus prendas que había dejado en la habitación del chico cuando empezó a quedarse a pasar los fines de semana con él.

Stefan se negó a beber la sangre de animal embotellada que le habían llevado. Damon decidió dejarlo pasar, dado que solo se estaba haciendo el mártir y sabía que tarde o temprano cedería.

Elena iba a subir de nuevo a la casa, pero vio que Damon no tenía intenciones de ir.

-¿Vienes?

-Me quedo aquí –dijo él pegando la espalda a la pared y dejándose caer al suelo.

No se esperaba que ella se quedase, pero Elena siempre le sorprendía y esta vez no iba a ser menos. La chica se sentó en la misma posición que él, frente por frente de Damon, y estiró una mano para dársela. El pasillo del sótano era muy estrecho, por lo que se tomaron de la mano sin esfuerzo alguno, a la vez que sus rodillas derechas se apoyaban la una en la otra. Pasaron horas así, hasta que el estómago de la humana rigió, provocando una leve risa por parte del vampiro.

-Anda, vamos a alimentarte –sonrió él levantándose y extendiendo sus manos para ayudarla a levantarse.

La chica aceptó su ayuda y ambos caminaron abrazados hacia la cocina, donde Damon preparó almuerzo para uno. Él bebió sangre que había tomado prestada de las reservas del hospital que su hermano había robado, pues necesitaba tener las energías al máximo por si Stefan hacía una de las suyas.