EPÍLOGO

A pesar del tiempo transcurrido, una mañana más se había levantado con ese presentimiento que la mantenía en alerta todo el día aunque terminase sin que ocurriese nada en especial, excepto hoy. Aún y estando lleno, había logrado aislarse en su propia burbuja en una mesa del fondo, disfrutando de una ensalada Ceasar sin apenas despegar los ojos de la pantalla de la tablet, cuando escuchó que alguien se dirigía a ella. Por un momento se imaginó al camarero o a alguien de la comisaría doce quienes eran habituales de comer en el Chop't Creative Salat, pero al levantar la vista y ver de quien se trataba, alcanzó su vaso bebiéndose todo el refresco que le quedaba, dándose unos minutos extras antes de reaccionar.

Su aparición la había dejado trastornada. No podía borrar de su memoria la conversación en el restaurante. En realidad ni siquiera su rostro, ni la sonrisa, ni sus malditos ojos verdes. Atormentada por ese corto episodio siguió andando sin rumbo fijo hasta encontrarse de pie delante la entrada del apartamento del Dr Bowman, dónde también tenía la consulta. Decidida a dar el paso y llamar, la puerta se abrió inesperadamente topándose con el doctor en persona.

- ¡Katherine! - exclamó sorprendido.

- ¿Se va?

- Sí, tengo una conferencia a la que asistir. ¿Ocurre algo? No pensaba volver a verte tan pronto.

- Lo sé, pero este mediodía me he encontrado con él y ahora no puedo dejar de pensar en... ¡todo! Necesitaba hablar con alguien... - concluyó soplando con ansiedad.

- Respira hondo – le recomendó poniendo las manos en sus hombros – Ahora dime: ¿Quién es "él"?

- Mike. ¿No lo dije? Yo creía que si...

- Entiendo. - Tom comprobó la hora en su reloj apartando la manga de su americana – Voy hacer algo que nunca he hecho – anunció tomándose unos segundos antes de seguir hablando – Vamos a coger un taxi, te acompaño hasta dónde vives y de mientras me cuentas todo aquello que te preocupa, ¿trato hecho?

- No quisiera que llegase tarde a su cita.

- Tengo tiempo. Y tu sales ganando.

Saber que podría sacar todo lo que le preocupaba la empujó a aceptar su propuesta. Kate empezó a hablar antes de que un monovolumen amarillo con letras negras se detuviera a la señal del Dr Bowman al levantar el brazo y gritar "Taxi" después de un perfecto silbido. Al primer semáforo que se encontraron después de subir, él intervino para poner su grano de arena en todo lo que estaba oyendo.

- En la última sesión te vi muy ilusionada hablándome sobre Richard, y ni siquiera reaccionaste, como solías hacerlo los primeros días, cuando pronuncie el nombre de Michael; eso me hizo comprender que había dejado de importarte. Sin embargo, el reencuentro inesperado con él te ha descontrolado. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado desde entonces?

- Creía que nada, pero a lo mejor estaba equivocada.

- A lo mejor no lo estás, y no ha cambiado nada. - tanteó.

- ¿Entonces por qué tengo esas ganas de chillar con la esperanza que así se vaya esa horrible sensación?

- ¿Lo has hablado con Richard?

Un silencio prolongado, justo hasta que el taxi se detuvo a pocos pasos del portal del apartamento de Kate, fue definitivo para él.

- Voy a acompañarla, no se vaya – informó al taxista.

Cerrando la puerta, momentáneamente, detrás de Kate, Tom prosiguió con esa peculiar sesión.

- No voy a decirte qué debes hacer para solucionarlo por qué algo me dice que ya lo sabes.

- Tiene razón – admitió – Y estoy aterrada...

- ¿Por Richard o de su reacción?

- Todo.

- No le conozco, sin embargo creo que es de quien menos deberías tener miedo. Y me acojo a todo lo que me has ido contando sobre él. - Kate suspiró. - Piensa como se resolvió la última vez que me dijiste que tenías miedo, y verás que no tienes motivos de estar así, a pesar de ser significativo.

- No sé si le entiendo...

- ¿Por qué crees que estás así Kate? - le respondió con otra pregunta. - ¿Por qué te preocupa tanto hablar sobre Mike a Richard?

Un leve rubor en sus mejillas la delató.

- Siento haberle hecho perder el tiempo.

- Para nada. Puedes venir o llamarme siempre que lo necesites.

- Gracias.

...

Pensándolo detenidamente, conocía las respuestas a las últimas preguntas de su terapeuta desde hacía cuatro semanas, cuando ambos se declararon mutuamente. Desde entonces, se habían limitado a pasar juntos todo el tiempo libre del que él disponía, incluidas algunas noches esa última semana.

Una sonrisa traviesa cruzó sus labios borrándose a los pocos segundos cuando un recuerdo de su pasado apareció fugazmente. Incapaz de controlar sus hormonas, sus ojos empezaron a humedecerse. En ese momento se alegraba de estar sola, aunque no pudiese olvidar el hecho de que probablemente su madre si la estaba viendo; siempre había tenido esa sensación.

Unos repentinos golpes en su puerta hicieron que sus músculos se tensaran. Sin dar tiempo a quien estaba detrás de ella a pronunciarse, Kate salió disparada al cuarto de baño y ajustó la puerta haciendo correr el agua del inodoro inútilmente mientras se lavaba la cara.

- ¡Ya voy! - gritó

Tenía el presentimiento de saber quién era, sin embargo miro por la mirilla para comprobarlo. Con la mano en el pomo de la puerta lo giró con decisión procurando esconder sus preocupaciones.

- Creí que no me ibas abrir...

Rick se quedó apoyado en el marco de la puerta, observándola sonriente.

- ¿Vas a quedarte aquí?

Katherine le sonrió y se alejó de la entrada dispuesta a volver a encerrarse en el cuarto de baño. Al girarse para comprobar que aún seguía mirándola, se encontró con la puerta cerrada.

- ¿Rick?

Giró sobre si misma retrocediendo al encontrárselo de caras.

- ¡Hey! - saludó él moviendo las cejas.

No le dio tiempo a responder. La agarró de la cintura y la atrajo hacia él besándola con pasión. A pesar de desearlo tanto como él, en ese momento la situación la abrumó, sintiéndose incómoda. Trató de separarse sin ser violenta, pero la situación se le fue de las manos. Rick se quedó perplejo con una mano en su mejilla.

- ¡Lo siento! - pronunció asustada

Sintiéndose fatal por lo que acababa de ocurrir, se le acercó buscando un refugio en su pecho sin dejar de disculparse. Richard la rodeó con su brazo a pesar de todo.

- Esto no me lo esperaba... - admitió confundido, masajeándose la mejilla.

- No era mi intención...

- Lo sé. - pronunció en susurros besándole la frente. - Todos tenemos momentos en los que dejamos de ser dueños de nuestro propio cuerpo... - dijo serenamente – ¿Un mal día?

- Peor que malo... - confesó. - Iba a darme una ducha cuando has llamado.

- Buena idea. ¿Puedo?

- En otro momento, ¿vale? – sonrió, separándose – Hoy necesito estar a solas.

- Entonces... ¿Me voy?

- No, quédate. A menos... - se apresuró a añadir – que tengas que irte.

- Pueden arreglárselas sin mí.

- Como si estuvieras en tu casa – dijo separándose más – Ya sabes dónde está todo.

- No te preocupes por mí, me las arreglaré. Tómate tu tiempo.

En otra ocasión habría salido corriendo tras ella, pero esta vez se acomodó en el sofá, respetando su deseo de intimidad.

...

No quería salir. El agua templada descendiendo por su cuerpo la hacía sentir viva y le despejaba la mente, sin embargo alguien se había preocupado de hacerla volver al mundo real.

Con una toalla pequeña frotó el espejo borrando el nombre que acaba de escribir con el vaho acumulado. Sus manos temblaban. Pocas veces se había sentido así. Kate las cerró con fuerza en puños y las volvió abrir repetidas veces deseando que ese temblor cesase antes de salir.

Con el albornoz anudado volvió a secarse el pelo con una toalla antes de retirar el pestillo. Al salir, Rick la estaba esperando a un lado de la puerta.

- Estaba dudando en si tirar la puerta abajo o seguir esperando...

- Exagerado... - susurró, colocando sus brazos alrededor de su cuello.

- ¿Mejor? - dijo acercándola contra él.

- Te he echado de menos – susurró a pocos centímetros de sus labios.

- Me pregunto quien...

No le dejó terminar. Los ojos de Richard se centraron en como el nudo de su albornoz caía a ambos lados, desabrochado. Kate cogió sus manos permitiendo que éstas rozaran su cuerpo desnudo. Ambos se miraron deseosos.

- Primero me pegas y ahora intentas provocarme...

Richard dejó entrever una sonrisa picara atrayéndola hacía él. Kate saltó rodeándole la cintura con sus piernas sin dejar de besarle, deseándole cada vez más. Atraídos por la lujuria, Rick la apoyó contra la pared, sin soltarla, manteniendo sus manos aferradas en su piel. El también la había echado de menos; demasiado, y eso le asustaba. Sin embargo sabía que no podría parar lo que había empezado y mucho menos privarse de lo que ella le estaba pidiendo y el también deseaba. Con los labios recorrió la suave piel de su cuello hasta los suyos. Al besar su mejilla y finalmente sus labios, se separó lo suficiente, sin soltarla, para contemplar su rostro.

- ¿Estás bien?

- ¡Claro! - respondió besándole para evitar que diera importancia a sus lágrimas.

- ¡Kate! - la frenó - ¿Qué ocurre?

De pie en el suelo, ella siguió insistiendo:

- Nada. - sonrió - Vamos...

Kate tiró de él dirigiéndole hasta su habitación, pero éste no se movió.

- No me mal interpretes, me apetece y mucho, pero sé que algo va mal y quiero saberlo.

Viendo las expectativas, se anudó de nuevo el albornoz y se dirigió al sofá, sentándose derrotada.

- Siento no ser capaz de controlar mis propias hormonas, pero he tenido un día horroroso y creía que después de hacerlo sería mucho más fácil decirte lo que sé que debería contarte y no me atrevo. Y seguramente acabaré diciendo algo estúpidamente erróneo por qué te quiero y no quiero que esto te aleje, no quiero perderte.

- Repítelo

- No quiero perderte...

- No, lo de antes.

Aquella absurda situación la hacía sentir intimidada.

- Te dije que probablemente acabaría diciendo algo estúpido...

Rick se acercó a ella consciente de lo que iba a decir. Le acarició la mejilla y aprovechó cuando le miraba para hablar.

- Sé muy bien lo que he oído. Y quizá cometa el mismo error, pero yo...

- He estado hablando con Müller este mediodía. - le interrumpió

Desde la salida del hospital, Michael se había convertido en un tema tabú para todos, incluso para ella, excepto en las sesiones con su terapeuta. Aquella información había provocado un silencio incómodo entre ambos hasta tal punto de recuperar su espacio personal, situación que aprovecho para retirarse a su dormitorio y vestirse.

Al salir, todo parecía estar igual.

- ¿Éste es el motivo por el cual no podías pasarte por la comisaría?

- No. Ya te dije el por qué esta mañana cuando me llamaste, estaba... estoy – rectificó – hasta arriba de trabajo.

- Y aún así te fuiste a comer con él.

- Decidí salir en el último momento, necesitaba salir de esa oficina, y fui a comer sola - enfatizó –, él simplemente apareció. Ni siquiera sabía que seguía en la ciudad.

- ¿Y como está? - ironizó.

- Bien. Se siente culpable por lo ocurrido.

Sentada en un taburete de la cocina podía verle reflejado en su copa de cristal - sentado en el sillón de piel - que hacia girar encima de la mesa. Aquel era el momento que tanto había temido, aún así, estaba dispuesta a demostrar que no quería secretos con él.

- Había imaginado ese reencuentro muchas veces, y ha sido incluso peor. Me lo contó todo. Y me sentí tan engañada, manipulada e incómoda escuchándole todo el tiempo que tuve que irme, no tenía sentido quedarse para saber el final; incluso creo que me fui sin pagar.

Con los codos apoyados en la mesa, cerró los ojos descansando su frente en las palmas de sus manos. Richard levantó la mirada hacía ella. Al verla se sintió como un imbécil por su comportamiento, levantándose a su encuentro. En el instante que sus brazos la rodearon ella se aferró a su cuello.

- Lo siento mucho...

- No... No tenía derecho a juzgarte. - susurró.

- Necesito contártelo todo. - dijo mirándole a los ojos.

- Después de esto...

Sin dejar de acariciar su mejilla, acercó su rostro dejando que sus labios se rozaran tímidamente como si se tratase de su primera vez.

- Rick...

- Lo sé. Lo sé... – dijo besándola de nuevo antes de separarse. - ¿Estás segura que quieres hablar sobre...?

- Sé que preferirías no tener que escucharlo. Probablemente cuando haya terminado desearás hacer prácticas de tiro con él...

- Estoy deseando escuchar vuestra historia.

Kate sonrió alargando la mano y entrelazándola con la suya mientras él tomaba asiento a su lado.

- Estaba en mi último curso del instituto cuando le conocí. En aquel momento era el sustituto del Sr Burns, el bibliotecario, debido a su jubilación. Adoraba ese sitio. Solía ir a menudo a la biblioteca, era el único sitio dónde lograba concentrarme, pero ese año fue imposible. Nunca la había visto tan llena como ese curso.

- ¿Es mayor que tú? - interrumpió.

- Sí, nos llevamos cinco años.

- Continua – la animó.

- Estuvimos meses tonteando, desde finales de otoño y todo el invierno, hasta el día de San Patricio cuándo nos decidimos empezar a llamarlo relación a lo que teníamos. Las caras de quienes le habían pedido una cita cuando empezó a correr la voz de que estábamos juntos fueron... Los primeros días fue insoportable por ambos, hasta que un día, con la biblioteca a rebosar, cansada de no dejar de escuchar cuchicheos y sentirme observada, me levanté en dirección a su mesa y le besé.

- Eras una rebelde... - comentó risueño.

- Lo sigo siendo.

- ¿Estuvisteis juntos cuatro años?

- En realidad fue menos. Meses antes de la muerte de mi madre nos fuimos distanciando. Llegué a pensar que tenía a otra, pero nunca hubo otra, sino otros; los hermanos William.

- Nunca te contó que era...

- No. Me contó que durante el primer año fue bibliotecario de día y aspirante a policía de noche. Hizo los exámenes, entró y empezó a ejercer hasta hoy.

- Conociéndote me parece surrealista que no te dieras cuenta... - dijo asombrado.

- Lo sé..., pero si pienso en el principio nunca me dio motivos. Al terminar el instituto me fui a los Hamptons y vino todos los fines de semana mientras estuve allí. Cuándo empecé la universidad me llevaba y me recogía todos los días e íbamos a cenar o a merendar y los fines de semana solíamos pasarlo juntos, a menos que los estudios me lo impidieran.

- Tal y como lo cuentas, tienes razón. Debo reconocer que fue inteligente y de mucha astucia llevar una doble vida con tanta facilidad.

- En ningún momento me pidió que le perdonase. Imagino que después de tres años juntos sabía que tendría motivos para no hacerlo. Sobre todo después de contarme todo lo que sabía al respecto cuando tuvimos ese encontronazo en el aeropuerto y en su hotel... Incluso se atrevió a nombrar a Harvey...

- Ese tío sí me cae bien. - confesó.

- A mí también. Siempre le fue leal a mi madre, por eso me extrañó tanto que nos mandaran un abogado de oficio. Claro que también llevaba muchos años sin saber de él...

- ¿Sabes? Tenías razón.

- Sobre...

- ¡Müller! Creo que sería una perfecta diana de tiro.

Aquel comentario fue perfecto para poder escuchar su risa.

Kate bajó de su taburete abalanzándose sobre él. Necesitaba sentir que seguía ahí. Durante varios minutos ambos se quedaron abrazados el uno al otro escuchando sus respiraciones.

- Hay algo que llevo días queriendo preguntarte.

- Yo también.

Ambos se separaron manteniendo sus manos unidas.

- Tú primera.

- ¿Supisteis algo más de ellos?

- No. Estuvimos investigando, pero después de un mes sin pruebas el caso ha vuelto a quedar cerrado.

- Cómo debe ser.

Orgulloso por esa respuesta, sostuvo su rostro entre sus manos y la besó.

- Te toca. - dijo ella separándose – ¿Que era lo que querías preguntarme?

- En realidad no es nada...

- Vamos, pregunta.

- ¿Recuerdas la historia que me contaste de París? - ella asintió – Es una tontería... - dijo avergonzado. - Hablaste de un precio que tuviste que pagar...

Viendo el rumbo de la pregunta le fue inevitable esconder su sonrisa.

- Ves, te dije que era una tontería... - remarcó.

- ¿Qué quieres saber exactamente?¿Cual fue el precio que tuve que pagar o si hubo algo más que una simple relación profesional con Pascal?

- ¿La hubo? - preguntó cauteloso.

Atraída por su preocupación se abalanzó hacía él para besarle repetidas veces.

- Ven conmigo.

Kate le atrajo hacia ella guiándole hacia el dormitorio. Una vez en él, le soltó de la mano para abrir uno de los cajones de su cómoda.

- ¿Qué estás buscando? - dijo él intrigado

- Tu respuesta.

Dos minutos después, Kate cerraba el tercer cajón con un álbum en sus manos.

- ¡Aquí está!

- ¿Fotografías?

Katherine se sentó al borde de su cama invitando a que él hiciera lo mismo, entregándole el álbum.

- ¡Ábrelo!

Al descubrir su contenido, nada más ver la primera página, los ojos de él volaron a los de la protagonista de las fotografías, quien se encargó de girar a la siguiente página.

- Es bueno... Son realmente buenas... - fue comentando

- ¿Sigues preguntándote si hubo algo más?

- ¿La hubo? - repitió cerrando el álbum.

No podía creer que volviese a escucharlo. Decidida a dejarle ahí con la duda, se levantó dando unos pasos hacia la puerta cuando Richard salió tras ella, cruzando el comedor hasta el centro de la sala de estar, atrapándola entre sus brazos.

- Sé que no lo hubo, y aunque lo hubiese habido ahora eres mía – susurró en su oído manteniéndola atrapada.

- No soy tuya – le rectificó – Estoy contigo.

Rick puso las manos en su cintura obligándola a girarse sin el más mínimo indicio de soltarla. Ambos se miraron e incapaz de aguantar su mirada, Kate le abrazó apoyando la cabeza en su hombro.

- Te quiero.

Esa confesión no le sorprendió, sin embargo no puedo evitar sentirse como tal. Sabía que tarde o temprano acabaría diciéndoselo.

- ¿Recuerdas que dije que teníamos que ir despacio? - él asintió.

- ¿Crees que vamos demasiado deprisa?

- No lo sé. Nunca había dicho a nadie que le quería a las cuatro semanas de salir juntos.

- Yo tampoco.

- Bueno, ya tenemos algo en común. ¿Eso será bueno, no? - dijo ella en tono de humor.

- Creo que tenemos mucho más...

- ¿Se lo has contado a alguien?

Richard bajó la cabeza.

- Lo siento... Antes de ayer mi madre me descubrió embobado revisando algunas de las fotos que me mandaste de tus viajes. No pude negárselo cuando me lo preguntó. Y ahora está deseando invitarte a comer, pero ya le dije que iba a tener que dejarlo para más adelante.

Kate se sintió aliviada después de aquello.

- ¿Y en comisaría?

- Es difícil de decir... A veces les cojo observándome y hacen como si nada cuando salgo y les pregunto si tienen algo que compartir conmigo o frunzo el ceño mirándoles, si estoy en mi despacho. Eso es lo que me hace sospechar, aunque no sé si te relacionan a ti en todo esto... - comentó apartándole un mechón de la cara.

- ¿Crees que debería presentarme en comisaría y besarte delante de todos?

- ¿Cómo hiciste en medio de la biblioteca? - susurró antes de besarla. - ¿Lo harías?

- ¿Crees que les sorprendería?

- Siempre podemos averiguarlo... - la besó.

- Quizá dentro de cinco meses – le besó.

- Ocho – volvió a besarla.

- Un año – continúo besándole.

- Perfecto – concluyó.

Ninguno de los dos tenía intención de separarse. Cuanto más tiempo estaban juntos, más tiempo deseaban seguir pegados; ni siquiera cuándo el móvil de Richard empezó a sonar. Dirigiéndose al dormitorio, ambos hicieron caso omiso dejando que sonara hasta que la llamada se detuvo. Dos minutos después volvía a sonar sin que nadie respondiera. Nueve llamadas después con intervalos de dos a tres minutos, Richard salía del dormitorio semidesnudo. Se aclaró la voz recomponiéndose y descolgó.

- ¡Hey Ryan! ¿Qué ocurre?

Katherine salió descalza vistiendo su camisa azul medio desabrochada, observándole apoyada en el pilar central de su apartamento, dónde había colocado una pequeña estufa de leña en un lateral.

Recibida la información colgó respirando aliviado.

- Buena interpretación Capitán.

Al escuchar su voz éste se giró.

- ¿Tú crees?

- MmHm – murmuró asintiendo al mismo tiempo que volvían a besarse.

En contra de su voluntad, Richard recuperó su camisa y el resto de su ropa, mientras ella, vestida con una simple camisola salía hacia la cocina para prepararle una taza de café.

- ¡Gracias!

A pesar de estar caliente, sólo necesitó tres sorbos para devolverle la taza aún humeante.

- Suerte con el caso.

- Y a ti en la oficina en unas horas.

Kate desvió la mirada centrándose en la hora que marcaban las agujas del reloj de la cocina, le quedaban cinco horas de sueño.

- Rick... - le llamó después de despedirse con un beso.

- Lo sé. - respondió mirándola - Yo también.

- Quería decir que tengas cuidado.

- Siempre lo tengo.

Rick desapareció tras la puerta apresurándose en bajar las escaleras, no había tiempo para esperar el ascensor. Antes de llegar abajo, cogió su teléfono e hizo una llamada.

- Se me olvidaba...

- Sí... - le cortó ella - Yo también.

Kate separó el teléfono de su oído dando por terminada la llamada. Lo dejó en su mesita y cerró la luz acomodándose entre las sábanas hasta quedar dormida a la espera de un nuevo mañana en el que él formaría parte.

- FIN -