36
El trono de hollín
Pepper había tomado a la princesa por las piernas cuando la vio escapar y le hizo describir dos círculos cuando ella se puso a girar agarrada de los tobillos de Bra. Después la arrojó y la hija de Vegeta fue a parar al suelo con fuerza. La pequeña princesa gateó por las baldosas cuando sintió que Pepper se le acercaba a pasos pausados, estaba aguantándose las ganas que tenía de llorar pero el miedo en su rostro era algo que difícilmente podía reprimir y yo la seguía por la periferia de la sala sin saber qué más hacer por ella. Bra intentó levantarse con los codos pero uno de sus brazos estaba manchado con su sangre y gimió de dolor cuando se resbaló de vuelta al suelo, antes de poder dar el impulso que la llevaría a pararse. Instintivamente buscó a Pepper con la mirada y su sonrisa de satisfacción la hizo temblar.
—¿Ya estás destrozada o puedes seguir peleando, princesa? —Pepper le sonrió con ganas mientras seguía dando pasos para acercársele, Bra no pudo decir nada y simplemente la miró con el ceño fruncido. Imaginaba que deseaba decir que estaba acabada y que ya no podía seguir, pero eso era peor que la derrota— ¿Qué pasa? ¿Acaso te corté la lengua?
Y sin decir más, la reina que no disfrutaba la regencia corrió hacia la princesa con rapidez y Bra se paralizó por el miedo de verla venir dispuesta a golpearla otra vez. Aflojé los músculos por la impresión cuando Pepper se paraba a un paso de la princesa y dirigía su puño hacia la cabeza lila, y Bra desapareció de mi vista. Se había agachado antes de que el golpe le aterrizara en la cara y sonreí con gusto, después de varios minutos en los que la hija de Vegeta se había esmerado en recibir todos los golpes de la nueva reina, la chiquilla recién comenzaba a reaccionar. Las gradas también reaccionaron y dieron una exclamación profunda, Pepper los miró con enfado.
La respuesta de la reina falsa no se hizo esperar y alzó una pierna para darle una patada a la chiquilla híbrida que se había encogido en el suelo, sin poder levantarse por la sorpresa de haberla esquivado. La bota de Pepper dejó un hueco en el suelo pero Bra no estuvo ahí para recibirla, rodó por las baldosas para esquivarla una segunda vez y se impulsó con la ayuda del miedo para salir corriendo de ahí. Pepper gritó una maldición.
—¿Es esta la herencia de Vegeta? ¿Una chica que sólo huye? ¡Quédate aquí y pelea! —La musculosa Pepper extendió los brazos hacia los lados y la multitud sobre nuestras cabezas simplemente calló. Bra se detuvo cuando estuvo varios pasos lejos de su cuñada y la miró con resentimiento.
—Si me quedo me golpearás —le dijo con simpleza y muchos rieron más por el tono que por su contenido, era una niña. Una sonrisa revoloteó en mis labios cuando a Pepper se le endureció el rostro, a punto de enloquecer por la híbrida. Pero cuando se puso a sonreír confiadamente, dejé de hacerlo, y caminé por el perímetro de la sala de entrenamiento otra vez, siempre quedando alineado con la princesa.
Bra me miró furtivamente y Pepper aprovechó ese momento de desconcentración para lanzarse contra ella, contuve un grito cuando vi esa escena espantosa. La nueva reina se había deslizado por las baldosas con la espalda y se detuvo cuando estuvo debajo de la híbrida.
—Entonces tengo que dejarte quieta —y Pepper le dio una patada certera en la rodilla que tenía más cercana, el grito de dolor no se hizo esperar, a Bra le habían quebrado la pierna.
—¡Princesa! —apenas di dos pasos hacia ellas cuando Pepper se levantó de un salto y me daba una mirada vanidosa, me detuve en seco. Tomó a Bra por el pelo y la hizo levantarse con fuerza, apoderándose de algunos mechones lilas y haciendo gemir de dolor a la princesa. Y fue entonces cuando Bra comenzó a llorar, su pierna estaba rota y Pepper la obligaba a pararse sobre ella.
Los hombres de las gradas ya no decían nada y el movimiento hacia la salida me sugería que muchos temían que los tildaran de traidores simplemente por ver la tortura que Pepper sometía a la hermana menor del rey de reyes. Apreté la mandíbula y fruncí el ceño, si bien la tradición hablaba de combates feroces y que muchas veces terminaban siendo mortales, no iría a ser partícipe de esas costumbres, y di el primer paso para detener esa carnicería.
—Creo que ya ha sido suficiente —mi voz surgió desde la fibra más profunda de mi ser pero Bra no supo escucharla y sólo se aferraba a la muñera de Pepper para no forzar su pierna herida. Al verla en ese estado sentí que se me quemaban las entrañas, estaba enfurecido con Pepper y conmigo mismo por no haber detenido esa pelea sin sentido—, este enfrentamiento se ha acabado.
—¿Y quién lo dice? ¿Tú? —su risa venenosa me hizo gruñir con rencor y movió la mano cerrada en el cabello de Bra hacia todos lados para hacerla gemir—. ¡Yo soy la reina! Tú no eres más que un clase baja que sedujo a la princesita para escalar en los rangos, ¿acaso crees que de verdad eres un guardia real? ¡Sólo eres una niñera!
En ese momento, Bra abrió los ojos que antes apretaba por el dolor y me miró sonrojada por el llanto. No pude controlarme más y salté hacia Pepper. Mi ataque inesperado hizo que soltara a la princesa para esquivar mi puño, la princesa chilló de dolor cuando su pierna tocó el suelo duro y me aventuré a mirarla de soslayo mientras me paraba delante de ella. La risa de Pepper no se hizo esperar y cuando me di vuelta ya la tenía en frente, paré sus golpes con la cara llena de sorpresa.
—Parece que la princesa comparte tus malos hábitos —me dijo mientras forcejeábamos, mis manos cubriendo sus puños, ella sonriendo y yo mostrando los dientes en un gruñido. Pepper me había conocido desde que era un chiquillo y estaba al tanto de mi pobre poder de pelea, pero eso era antes de la manzana dorada de Desconocido—, debes siempre mirar a tu oponente y no a tus compañeros, a menos que quieras terminar muerto por un descuido.
Le sonreí de lado con ansias y el forcejeo tendió a su lado mientras le estrujaba las manos bajo las mías, y cuando tuve mis brazos casi completamente extendidos, Pepper retrocedió y buscó zafarse de mí pero no se lo permití. Mi sonrisa se volvió una risa a boca cerrada cuando la obligué a ponerse de rodillas, adolorida y enfurecida. En un arranque de furia, la esposa de Trunks lanzó una patada para forzarme a defenderme y cuando liberé una de sus manos, Pepper contraatacó con un puño. Doblé el cuerpo hacia atrás para esquivarla pero me recibió con un golpe en el estómago, y aprovechó mi falta de aire para darme un puñetazo de lleno en la cara. Fue entonces cuando Bra despertó de su dolor y la escuché murmurar detrás de mí, a unos pasos de distancia.
Pepper se rió con burla.
—No puedo entenderte, Raditz —estaba tratando de que Bra la escuchara, de eso estaba seguro—, ¡odiabas a los híbridos! Siempre lo hiciste. Y ahora proteges a la híbrida de Vegeta…—hizo una pausa para endurecer su rostro— Me das asco.
—Di lo que quieras, me tiene sin cuidado —si bien en un principio me ofendió su comentario, hice todo lo posible por sonreír cuando me limpié el labio con el dorso de la mano, era poca la sangre que me había salido. Quise comprobar que Bra no había escuchado lo que Pepper había dicho pero no quise ser muy obvio. Había cosas del pasado que no quería que la princesa escuchara todavía.
El grito de Pepper me avisó que volvería a atacarme, emocionada de la pelea que prometía mucho más de lo que la princesa había hecho, y comenzó con puñetazos y luego con patadas. Varias veces la esquivaba, otras simplemente la paraba pero siempre ella iba marcando la pauta, haciéndome retroceder muchos pasos hacia atrás. Bra nos observó desde el suelo, ya no lloraba pero tenía hipo, y nos seguía con la mirada sin tener el valor de ver su rodilla fracturada y las lenguas oscuras que se estiraban por ambos lados de la pierna. Muchas veces tuve la intención de mirarla para comprobar cómo estaba, si se había desmayado o si seguía llorando, pero sabía que Pepper también esperaba que me distrajera con ella y simplemente forcé el oído. El dolor le había arrebatado el habla a la princesa y mi ansiedad por verla me traicionó.
Empujé a la reina falsa con un puñetazo en la cara y retrocedí dos pasos para aguardar, mis pupilas fueron las únicas que se movieron en ese intervalo y descubrí a la princesa más allá, en el suelo y con las piernas abiertas, como si estuviera aturdida. No dio indicios de darse cuenta de mi mirada y Pepper se burló de mi segunda equivocación durante la pelea. La guerrera pecaba de ser confiada y sólo podía reconocerme como el soldado de clase baja que habían degradado de rango, y sin pensarlo dos veces se elevó por sobre mi cabeza para darme un golpe a puño cerrado sin preocuparse de su defensa. El puño me llegó de lleno en la cara y me hizo dar un paso hacia atrás, con la cabeza mirando hacia el lado. Pepper celebró su hazaña con un sonrisa vanidosa y cuando estuvo dispuesta a darme con puño opuesto, sin siquiera enderezar la cabeza, le sostuve el antebrazo con sólo una de mis manos. La atraje hacia mi cuerpo al tiempo que la encaraba con un dedo de sangre coloreando mi mentón y una sonrisa en los labios. Le hice aterrizar mi codo en la nariz y no le dejé tiempo para reaccionar cuando la golpeé con un puño en la mejilla. Pepper se arrastró por el suelo hasta recorrer media sala, le sonreí con ganas cuando ella se movió aturdida dentro del pequeño cráter que había formado y de pronto la vi tiritar. Toda su boca se había llenado de sangre y las gotas iban formando un diminuto charco rojo bajo su cabeza. Instantáneamente las gradas encima de nuestras cabezas murmuraron el apodo que Pepper había jurado no llevar más.
La guerrera se sostuvo de sus rodillas y manos para ver sorprendida la manera que le brotaba la sangre, aunque intentara limpiársela con el guante la sangre volvía a salirle a borbotones y ella no comprendió qué era lo que se había roto para que fluyera de esa manera. Para cuando se incorporó yo ya había caminado hasta la princesa para esconderla detrás de mi cuerpo y ella me dedicó una mirada debajo de toda la maraña de pelo para disimular su boca sangrienta.
—¿Cómo te atreves? —me dijo incorporándose al fin, todavía con el pelo sobre su cara, pero al hablar escupía grandes cantidades de sangre. Tuve la decencia de mantenerme impasible ante tanta sangre y no burlarme como lo hicieron los guerreros de las gradas. Los comentarios silenciosos y los murmullos divertidos hicieron enloquecer a Pepper— ¡Te voy a matar! ¡No eres más que una basura, tú y esa princesita que tanto te esmeras en proteger!
Me puse rígido cuando comprendí que iría a volver a cargar hacia mí, enfurecida de la humillación de haberla degradado de Reina a Sonrisasangrienta. Las botas de mi sobrino me hicieron dar una mirada fugaz a la entrada y Pepper estuvo tentada a mirar también, pero sólo la voz de Goten consiguieron hacerla entrar en razón.
—¡Qué es lo que está sucediendo aquí! —fue lo que atinó a decir el menor de los hijos de mi hermano y buscó a la princesa con ansiedad, la posición que teníamos en la sala del trono le sugirieron lo que estaba pasando y apretó la mandíbula con un enfado infinito.
Pepper se detuvo a unos cuantos metros de mí y observó a Goten con mala cara. La guerrera escupió otro poco de sangre a mis pies y me dedicó un semblante cargado de desprecio antes de salir de la sala dando empujones.
—Me las vas a pagar, Raditz, te lo juro. Tú y a esa niña malcriada.
Goten la siguió con los ojos mientras salía de la sala con la peor cara que tenía en su repertorio pero la guerrera pura apenas le regaló unos segundos de su concentración. El consejero del rey llevó la vista al suelo, tiritando de furia, antes de volverse a donde me encontraba con la princesa y nos observó interactuar con unos celos crecientes. Debía ser él que la consolara tiernamente después de haberla protegido, debería haber sido él quien se hincara a su lado con una sonrisa, debería haber sido él que le pasara el pulgar sobre la línea roja que le salía de la boca y recibir el abrazo de ella cuando la alzara en brazos. Bra me sonreía como jamás le había sonreído a él.
—Lo intenté, Raditz, de verdad que lo intenté…—me confesó como si tuviera culpa de que Pepper la hubiese retado y se abrazó de mi cuello para sentirse más segura de no caer y romperse la otra pierna.
—Lo hiciste bien, princesa —la animé y aunque no me creyó del todo, sonrió con su cara apaleada y se acurrucó lo mejor que pudo sobre mis pectorales.
Pasamos a un lado de mi sobrino y Goten nos siguió con las pupilas negras hasta que nos perdimos en el pasillo. Mi instinto maldito me obligó a mirarlo con desdén cuando estuve cercano a él y la princesa ni siquiera se dignó a mirarlo, lo que fue aún más doloroso que mi vanidad. El hijo mejor de Kakarotto bajó la cabeza con pesar, apretando los labios con frustración y se quedó al centro de la sala de entrenamiento mientras todos los testigos se iban retirando con lentitud. Bra era la chica más deseada por el planeta y las colonias, por su belleza o por su calidad de heredera al trono, pero Goten simplemente la quería para él. La había visto crecer, primero con timidez y luego con ansias, y hacerla enojar era una tontería que tenía como objetivo confundirla. Ahora se arrepentía de haber perpetrado su plan con tanto esmero.
Goten siempre esperó que sus inseguridades lo llevaran a perder a la princesa por sus actitudes infantiles pero jamás hubiese esperado que la perdiera con alguien tan despreciable como su tío.
La figura de Pepper se delineó en el horizonte y Trunks gruñó enfadado mientras apuraba el paso para recriminarle la insolencia a la familia real, esa a la que ella no pertenecía en absoluto y que él no tenía las intenciones de incluir. Intuyó que Marron estaría apretando las uñas contra sus palmas, debajo de los puños, tan enfadada como él pero por distintas razones. El sólo hecho que sólo interactuaran le enojaba pero él poco podía hacer al respecto, podría decirle a Bardock que la matara en silencio si es que llegaba a despertar pero eso simplemente no era su modo de operar. Si Pepper debía morir, no iría a ser su orden por mucho que esperara que eso pasara.
La boca llena de sangre que goteaba por el mentón y resbalaba al suelo, manchando su pecho y vientre, le arrancó una sonrisa a Trunks y la rubia lo vio detenerse con una cara de satisfacción que no se explicó. El primer pensamiento del rey era que su hermana pequeña había apaleado a Pepper y la había dejado en las condiciones en las que la veía, pero eso era increíble al considerar el poder tremendo de la reina no regente, algo era sospechoso.
La guerrera disminuyó la cantidad de sus pasos cuando lo vio al final del pasillo, hasta el punto que dejó de caminar sin saber qué hacer para huir. Fue entonces que Trunks aprovechó su oportunidad de aproximarse, con Marron siempre guardando sus espaldas. Pepper no supo cómo borrar aunque fuera un poco su insolencia, la princesa no iría a contarle historias bonitas al rey y eso a ella no la favorecía en absoluto, por mucho que necesitara una paliza por lo malcriada y consentida que era. La reina no regente se apoyó sobre la muralla para esperar al rey, cabizbaja y malherida, para hacerle entrever su devoción con una posición mansa y la rubia carraspeó cuando la vio así. Trunks tuvo miedo de mirar hacia atrás.
—Estás herida —puntualizó sin detenerse a pensar que debía saludarla, la sangre en su boca le había quitado el enojo por el combate con Bra, pensaba que ella misma se había encargado de hacerle honor a su apodo. Pepper puso mala cara e instintivamente se pasó un guante por la comisura de los labios, la sangre había comenzado a brotar con más pereza pero sus dientes seguían teñidos. Marron puso mala cara cuando le pareció que era desagradable—. ¿Es verdad lo que dicen? ¿Retaste a mi hermana en combate?
Pepper arqueó una ceja mientras se cruzaba de brazos y dejaba de apoyarse en la pared, con la cola desenrollada que les sugería que se había ofendido, y rodeó a Trunks con un pequeño ángulo. La guerrera no tuvo que preguntar para saber lo que el rey falsamente pensaba.
—Es verdad, pero no fue ella la que me golpeó sino su perro guardián —les dijo poniendo los ojos en blanco y Trunks no pudo reprimir la cara de asombro al saberme bueno como él se negaba a creer—. La princesa está bien, bueno, al menos nada que el tanque de recuperación no pueda remediar.
El que aceptara abiertamente que había lastimado a Bra los irritó a los dos pero fue Marron la que captó la atención de la musculosa guerrera, quien la examinó como si no se hubiese percatado de ella antes. Los brazos fibrosos de ella se deshicieron del nudo y migraron hacia su cadera, y se dispuso a rodear al rey para mirarla con más atención. La cola surcaba el aire, enfadada, y Marron arrugó la nariz. Aquella cosa peluda no le traía más que escalofríos y el hecho de que tuviera vellos gruesos la hacía más repugnante todavía, y pensó en lo afortunada que era porque a Trunks le hubiesen cortado la suya después de nacer. El rey de reyes no mejoró su expresión cuando se volteó a verlas, el que Pepper sólo le hubiese propinado una golpiza menor a Bra no era del todo grave pero no podía volver a repetirse. Marron no debía estar ahí pero tampoco sonaba bien el que le pidiera que se quedara cuando le comunicaba que iría a enfrentar a Pepper.
—¿Qué está haciendo ella aquí? —preguntó como si la rubia no estuviera presente y Marron se mostró visiblemente enfadada pero no habló, si Pepper quería matarla bien podía hacerlo en un movimiento y sólo debía esperar el momento preciso en el que no estuviera acompañada por el rey—. Es como tu sombra roja, siempre está contigo, mi rey. No entiendo.
El rey de reyes apretó la mandíbula pero no fue él quien respondió sino que la rubia.
—Soy consejera real —le respondió con el rostro descompuesto por el mal rato y Pepper la observó durante unos momentos más como si se tratara de una gata curiosa, meneando la cola por todos lados. Marron se preguntó si ella la vería como un pequeño ratón.
—Eso ya lo sé, pero esto no es la sala del consejo o la sala del trono, niña. Es el pasillo —puntualizó mientras dejaba de verla y la rubia frunció el ceño con ganas, Pepper acarició el cuello de la armadura real con las yemas de los dedos— ¿Por qué está ella aquí? Pensé que habías venido a regañarme, mi rey.
Por mucho que Pepper se esforzara de sonar encantadora, era violenta y mala mientras que Trunks buscaba la inocencia de Marron, sus manos suaves y sus caricias tiernas. El rey de reyes apartó sus dedos ásperos con una mano sobre su muñeca y la miró con el rostro endurecido, la reina falsa no se pudo creer el rechazo. Marron sonrió en silencio.
—Me has insultado —le dijo con el tono duro y el agarre con su mano lo era aún más, Pepper lo miró sorprendida y la impresión le había quitado el habla—, me insultaste cuando retaste a mi hermana a un combate cuando sabías que ella no es una buena luchadora. Pero no seré del todo duro contigo, le diste un escarmiento y eso la motivará a ser más tenaz con su entrenamiento que antes. Eso no se volverá a repetir, Pepper, o el castigo que te propinaré será más fuerte que un simple regaño. Ahora, lárgate, ve a la enfermería para que te curen esas heridas. Y límpiate esta boca.
Aunque todo lo demás se lo había esperado, la parte final fue la que enfureció a Pepper y Marron casi pudo verle la cola enrizada. Sin protestar y con un silencio que hizo temblar a la rubia, Pepper se marchó con obediencia y Trunks esperó a que sus pasos se fueran muriendo cuando ella se alejaba. Cuando la calma volvió al pasillo, el rey de reyes tuvo el valor de mirar hacia atrás y la consejera sintió la ira contenida que hacía palpitar sus sienes.
—Necesito ver a mi hermana —le informó con sequedad, como si ya no tuviera fuerzas para relajarse en lo absoluto, y siguió el camino que la otra reina había interrumpido. Marron se quedó unos momentos más, cabizbaja, y con una sensación de que habían cometido un craso error. Entonces miró hacia atrás, sin ver ningún rastro de la guerrera, pero saboreó su venganza nonata—. ¡Marron!
Las burbujas ascendentes se apoderaron de toda mi concentración y de pronto me vi con la mente en blanco, sin saber cuánto tiempo había estado ahí esperando a que la princesa se recuperara. Emergían a borbotones, tan grandes e inestables al principio y tan pequeñas y numerosas al final. Sólo los pasos del rey hicieron que me desconcertara de mi labor de esperar y me desperecé al incorporarme desde la pared en la que me había acomodado, para mirarlo a su llegada. Su semblante de desprecio no mejoró cuando me vio ahí, frente al tanque de recuperación de su tierna hermana, y dio gracias que los médicos habían decidido no desnudarla antes de depositarla en el cilindro. Sin dejar de mirarme a los ojos, el joven rey llamó a uno de los médicos, quien llegó a tropezones. Fue entonces aparté la mirada y reparé en la pequeña consejera que siempre lo acompañaba, Marron me dedicó una cara turbada pero supe que no era para mí.
—¿Cómo está ella? —cuestionó sin siquiera saludarlo y el médico jefe se sonrió con nerviosismo.
—La princesa llegó con una fractura mayor en la rodilla y varias heridas en el cuerpo, nada de qué preocuparse, mi rey. El tanque de recuperación la dejará como nueva.
Pero eso no era lo que quería el rey y negó con la cabeza dos veces con lentitud y sus ojos cerrados, aunque la curaran sin dejar rastro de sus heridas, no irían a borrar los momentos dolorosos que la chica había pasado gratuitamente. Y entonces pensó en el protector que ella misma había pedido, ese que debía cuidarla de guerreros como Pepper que sólo querían mermar la popularidad de la realeza al hacerlos ver como débiles. Porque los saiyan sólo siguen una cosa por sobre la sangre y esa es el poder.
—¡Deberías haber protegido! —Al fin el chico descargaba sus ganas de insultarme como se había reprimido desde el día uno y me apuntó con un dedo enguantado para que no dudara que era conmigo el problema. Mi cabeza coronaba la suya.
—¡Trunks! —chilló la consejera dorada, tan sorprendida como yo de aquel arranque de rabia del rey. Aunque quiso intervenir, Trunks ya no la escucharía.
—¡Lo hice! —Gruñí sin poder contenerme o detenerme a pensar que era mi rey—La princesa habría estado peor de no haber intervenido, ella quiso pelear. Bra lo quiso y no pude persuadirla de no hacerlo, ella sabía lo que pasaría pero lo hizo de todas formas.
Pero Trunks negó la cabeza otra vez sin poder creérselo y se alejó de mí como un intento desesperado de detener las ganas de caer sobre mí y molerme la cara a puñetazos. Marron pasó a ser una figura dibujada en la entrada, con las manos sobre la boca, impresionada de ver a su rey actuar de esa forma. Sus prejuicios sobre mí lo motivaban a pensarme como un soldado trepador que sólo buscaba el momento perfecto para aprovecharme de la princesa y así llegar al trono. Yo no quería el trono sino que el collar de la princesa, ese que Vegeta le había dado para alargarle la vida, pero no era en el amuleto de longevidad en el que pensaba en esos momentos.
—Trunks, por favor —insistió la chica rubia con temor pero fui yo mismo quien me defendió de sus insultos, ya respiraba agitadamente y el pecho me subía y me bajaba con cada bocanada de rabia que daba.
—¡Era la reina que lo proponía! —De pronto el impulso me llevó a cometer la estupidez que debía callar— ¿qué se suponía que hiciera si el propio rey no le pone un bozal a su propia reina?
La sorpresa en la cara del rey no se hizo esperar y pude verlo abrir los ojos por mi insolencia más allá de lo que era posible disimular. Se le infló el pecho lo que duró una bocanada y aspiró aire tantas veces que noté su turbación impresa en las aletas de su nariz como si fuera un toro, hacía intentos enormes por mantenerse aparentemente calmo pero sabía que me hubiera golpeado de no estar acompañado de su sombra roja. Trunks se dio media vuelta hasta darme la espalda, la capa roja ondeó ligeramente, y miró el cilindro de material transparente en donde flotaba su hermana. Toda la ira se le fue en un fruncimiento de labios y bajó la cabeza con culpa, y los hombros se le amansaron al cabo de unos instantes. Después tuvo las fuerzas de encaminarse hasta ella, sus pasos eran casi tímidos y tuve la impresión de que se había olvidado de mí. Una mano enguantada acarició suavemente el vidrio endurecido frente a donde estaban las mejillas de Bra, que jamás había necesitado de un tanque de recuperación. Las burbujas de la manguera ascendieron en un chorro violento y Trunks se apartó ligeramente con temor a que él la hubiese perturbado en su sueño inducido.
El médico se quedó de piedra y miró la escena con un temblor que no quise admirar y me aparté a la salida. Marron estaba ahí y me observó de soslayo en un momento de desconcentración en la que debía haber estado mirando a su rey, pude sentir su compasión que no me tenía Trunks y le formulé un semblante aburrido.
—Quédate —me pidió al tiempo que me quitaba la vista; si ella no tenía ningún poder sobrenatural, en ese momento lo dudé. Le obedecí con un gruñido y me quedé parado en la salida con los brazos cruzados, Marron se quedó a mi lado con las manos entrelazadas sobre sus muslos.
—¿Cuánto tiempo se demorará? —le preguntó el rey al médico, que tiritó más de lo que ya hacía y se encaminó a su lado antes de responder. Era obvio que estaba fuera de peligro pero Trunks quería que su hermana regresara a la normalidad lo antes posible, para que la magnitud de su culpa no fuera tanta.
—Es relativo —el rey lo observó con el mismo semblante que le hubiese dedicado Vegeta de estar en esa situación y el médico intentó reformular su respuesta antes de que fuera tarde—, muy pronto, mi Rey. No le doy más de una hora más, si gusta puedo avisarle cuando la princesa rechace el líquido nutritivo.
Para el rey de reyes aquello fue suficiente, sólo tenían que engañarlo para ser un poco menos miserable, y le asintió con la cabeza hasta que el médico dejó de hablar. Cuando el híbrido dejó de moverse y se volteó a mirarlo con seriedad gélida, el médico hizo lo posible de retirarse lo más rápido que pudo. Trunks quería privacidad y cuando la obtuvo, se volteó a su hermana comatosa. Casi pude verlo llorar, apretaba los labios en un intento de hacerlos endurecerse y que el temblor no los hiciera tambalearse como una hoja en el viento. El rey arrastró su palma por un pequeño tramo del cilindro, como si estuviese intentando consolarla y Marron bajó la mirada con tristeza.
—Jamás dejaría que te pasara algo malo —lo escuché murmurar con un llanto sin lágrimas, una de las viejas enseñanzas de su padre, y por un momento pensé que no debía haber escuchado eso hasta que el rey de muchos mundos se puso a hablarme—. La amenaza sigue en pie, Raditz, si llego a saber que le hiciste algo malo nada en el universo impedirá que te mate.
Trunks se irguió al terminar de amenazarme, como si aquello le hubiese restablecido las fuerzas y pasaron unos momentos antes de que se diera media vuelta raudamente para retirarse de la enfermería sin siquiera observarme. Marron se quedó unos momentos más en los que no nos dedicamos ninguna mirada y no pude evitar amansar los hombros pensando que ya estaba condenado, ya la había engatusado para que me diera el collar y Bra no daba señales de negarse. La voz de la rubia me sacó de mis divagaciones de manera inesperada y me asusté, habría jurado que la silenciosa humana se había retirado como la sombra que era.
—Trunks no lo haría —aseguró con una curva en los labios que no alcanzaba a ser una sonrisa, la luz azulada que manaba el líquido nutritivo del tanque de la princesa le arrancaba brillos marinos—, es una buena persona, sólo intenta proteger a su familia.
—Y yo también —le gruñí con cierta apatía y la rubia asintió con simpleza, luego se retiró. La enfermería se sumió nuevamente en un silencio que rozaba lo incómodo y me recosté en la pared nuevamente, sin despegar los ojos del suelo. Estaba furioso por ser siempre el de las falsas expectativas y aunque intentaba hacerlo por el camino correcto, simplemente no era suficiente. Suspiré enfadado pero el sonido de las burbujas me hizo desviar la atención.
La princesa había despertado del sueño inducido, aun no rechazaba el líquido nutritivo y abrió los ojos con suavidad, sin mostrarse del todo asustada. El pelo le subía como una planta acuática y daba surcos cuando las burbujas que salían de la manguera que la mantenía respirando, alborotaban esas hebras pálidas. Me despegué de la pared en la que me estaba apoyado como si hubiese visto una aparición en el tanque de la princesa y me encaminé en silencio al cilindro transparente sin alarmar a los médicos que monitoreaban a otros pacientes más graves que ella pero ciertamente menos importantes. Mi reflejo apareció en el vidrio pero mi vista no se enfocó en eso, sino en lo que estaba detrás. Las burbujas comenzaron a abundar cuando Bra comenzaba a rechazar el líquido pero se forzó a permanecer impasible, y levantó una mano a la altura de mi hombro y la aplastó contra el cilindro. Me sobresalté cuando vi su palma como si estuviera borrada y ella ladeó un tanto la cabeza sin dejar de mirarme, me sentí sin aliento y ni siquiera pestañeé sólo para verla y grabármela en la cabeza.
Sentí el pecado y miré de soslayo a los médicos que se encontraban al otro lado de la sala, detrás de unos instrumentos gigantescos que lograban cubrirme parcialmente y su sonido apagaba mis inseguridades. Volví a mirar a la princesa con ansías y su pelo se onduló hacia arriba con una nueva tanda de burbujas que escapaba de la manguera. Tragué saliva con la sensación que el miedo se alimentaba de mí y alcé lentamente una mano para pegarla al cilindro, sobre la suya. El pito del tanque no se hizo esperar y anunció que el proceso de Bra ya había terminado. Me sobresalté como si hubiese hecho algo malo y golpeé el panel para sacarla de ahí. El chorro de agua me mojó hasta las rodillas y el cuerpo de la princesa se desmoronó hacia mí como un desmayo, la manguera la mantenía respirando bajo el líquido nutritivo pero sin él, éste te robaba el aliento. La sostuve con un brazo mientras me hincaba en el suelo con ella y con la mano opuesta le arrancaba la manguera de un tirón, Bra volvió a cerrar sus ojos para toser y su cuerpo se sacudió con cada gota del líquido nutritivo que trataba de expulsar de su garganta. Cuando las convulsiones de su pecho cesaron, la chica alargó un brazo para alcanzarme en la mejilla seca con sus dedos húmedos. Los dos sonreíamos cuando el médico se acercó con rapidez al percatarse del ruido, Bra no pareció percatarse de su presencia y sólo continuó curvando los labios en una sonrisa dulce.
El aterrizaje no fue del todo cómodo y al salir de su nave, las botas se le llenaron de ceniza negra. El planeta era diminuto pero siempre solía estar envuelto en cenizas que flotaban con el poco viento que corría, y el suelo era un hollín húmedo, como una pasta negra que difícilmente era posible evitar. Gohan carraspeó exasperado, había estado enfurecido por mucho tiempo como para tener que mostrarse calmado por el asqueroso planeta que su mentora había escogido como hogar, y se preguntó cómo la pequeña Marron había sobrevivido tanto tiempo ahí sin volverse loca como su padre.
El primogénito se elevó con cuidado y sintió la soledad en su espalda cuando la sombra que siempre había estado ahí se había quedado en la base por los dolores que le habían venido luego de su última misión. Videl se había quejado de fiebre y dolores de cabeza que la hacían sudar mares por las noches, y Gohan no tuvo otra idea de lo que podía ser mas que la tristeza de no tener a su padre cerca ni a su planeta liberado. Cuando los médicos de la base que usaban como guarida le informaron que no era una enfermedad del cuerpo, el guerrero híbrido había decidido que le iba a regalar lo único que ella ansiaba desde que era una niña.
Como siempre hacía, Número 18 lo esperaba en la entrada de su morada con los brazos cruzados y los ojos muertos, y no quiso preguntar cómo era que todas sus visitas eran sabidas por ella. Gohan descendió como si hubiese dado un salto muy alto y la miró de vuelta con la cara endurecida por el estado que no le permitiría sonreír hasta que lograra su cometido. Número 18 parecía saber también a qué era lo que venía pero como si fuera una rutina, optó por formular la pregunta que había remplazado las costumbres de saludar.
—¿Cómo está Marron? —preguntó la madre sin mucha emoción en la voz ni en el rostro por ver a su discípulo. El mayor detuvo su caminar cuando estuvo a un paso de su cuerpo y le dedicó el mismo tratamiento. Gohan demoró unos segundos en contestar.
—Está a salvo, Trunks la aceptó sin protestar —anunció con el mismo tono con el que dan una mala noticia—, he sabido que hasta la ha integrado en el consejo.
Si hubiese sido otra madre, seguramente Número 18 habría sonreído pero era el androide y sólo se limitó a seguirlo al interior de la morada que se levantaba del suelo como una mole irregular de piedras volcánicas. El techo era alto para que Brolly no se golpeara en la cabeza y desatara una ola de violencia por su poca tolerancia a la frustración, pero Gohan divisó que las antiguas fisuras que decoraban toda la estructura seguían siendo antiguas y no había rastro de las nuevas.
—¿Cómo se ha comportado Brolly durante mi ausencia? —Número 18 chasqueó la lengua en su espalda y el primogénito la miró de soslayo—, ¿sigue en el mismo lugar de siempre?
—Como siempre, se la pasa mirando el horizonte como si estuviera loco —pero ella no pudo evitar la sonrisa que revoloteaba en sus labios como una mueca torcida, los muchos años le habían hecho tomar cierto cariño por el demente.
—Él está loco —aseguró sin cambiar su dureza y decidió que no podía ocultar más su verdadera razón ahí—. Necesito hablar con él, 18.
—Sabes que no puedes alterarlo, me cuesta demasiado trabajo ponerlo a dormir —le contestó con el ceño fruncido. La corona seguía conservándola y cada vez se le hacía más fácil ponerla sobre la cabeza de Brolly para calmarlo cuando éste no la rechazaba, ya fuera por fuerza o por dolor. El gigante había aprendido a necesitarla hasta el punto que no podía dormir sin ella cuando las pesadillas lo atormentaban y se envolvía en un brillo dorado que 18 había aprendido a temer. Esas noches eran las que él ocupaba su corona y se sentaba en el trono para esperar que su locura lo dejara en paz.
—No se alterará, es más, se alegrará —Número 18 dejó de caminar, presa de la sorpresa, lo único que contentaba a Brolly era desatar su locura y destruir. Pero Gohan siguió caminando por el tramo que se sabía de memoria.
El pasillo era negro por la piedra volcánica del que estaba hecho y se ensanchó precipitadamente para dar paso a la sala del trono de Brolly, una habitación ancha y de techo bastante alto, toda con el tono lúgubre del hollín. El trono era un pedazo de piedra tallado y tenía un respaldo tan irregular que le daba un aspecto terrible. La cabeza de Brolly sobresalía y por mucho que Gohan intentara ocultar el sonido de sus pasos, el gigante ya sabía que estaba ahí. Cuando escuchó esa risa siniestra, a Gohan se le erizó el vello con miedo.
—Mucho tiempo sin verte, muchacho —el trono en el que se había sentado por muchos días casi se veía chico y a Gohan tragó saliva espesa, no supo lo mucho que le temía hasta ese momento pero logró mantenerse impasible—. ¿Qué es lo que te trae por aquí?
—Necesito tu ayuda —su voz sonó seria pero la de Brolly parecía no ser de ese universo, era profunda y casi podía escuchar una segunda voz oculta que hablaba al unísono con él. El guerrero del trono no podía ser sólo uno, su fuerza descomunal y las miles de personalidades que convertían sus actitudes en erráticas no podían ser más que la pugna de muchos soldados.
—¿Mi ayuda? ¿Desde cuándo alguien necesita mi ayuda que no sea para morir? —una risa decoró su frase mientras se ayudó de sus manos para levantarse del trono, Gohan retrocedió un paso por mera impresión. Número 18 acudió a su lado con el ceño fruncido, temía que su discípulo hubiese despertado el mal en su interior.
—Planeo destruir el planeta Vegeta —aquellas palabras lo sorprendieron de sí mismo, hasta ese entonces no sabía si estaba soñando y esperaba que después de unos momentos despertaría. Número 18 abrió los ojos con desconcierto pensando en que su hija estaba ahí—, pero no puedo hacerlo solo, los necesito a ambos.
—¡Mi hija está ahí! —Los dos guerreros la miraron con tranquilidad y Número 18 pensó que se estaba volviendo loca.
—La sacaremos de ahí antes de destruir a Vegeta, la pondremos en una nave en esta dirección y podrás pelear con toda tranquilidad —explicó Gohan como si fuera algo cotidiano—, pero de Trunks me encargaré yo.
Nota de la Autorísima: Holo, estuve pensando mucho tiempo si debía publicar esto o aguantarme hasta que me llegara la inspiración, pero como ya había pasado más de lo que generalmente me demoro en actualizar, decidí guardarme unas escenas de Bardock, Raditz y Bra, Bardock y Sue, y una de Trunks y Marron. Uf, muchas, pero no se me daba escribirlas con las tareas eternas con las que estoy lidiando. Espero que el capítulo no haya resultado plano como pienso xD Lo de Gohan lo estuve guardando para que sucedieran un par de cosas y como ya estoy desesperada por llegar a una parte—que ya escribí por las ansias—, decidí que era el momento.
Gracias como siempre a los reviews del capítulo 35 de Sybilla's Song, asaia16, Prl16, JazminM, UGGLYTRUTH, Dragon Girl, AlexanderMan; esta vez fueron muchos :3 ¿llegaré a los 200 reviews en esta entrega? We will see... ¡Ah!, y de Schala que me escribió para el primero, aunque sé que te demorarás mucho en llegar aquí :P si es que llegas xD
Ahora responderé los comentarios que siento que necesitan ser contestados jajaja
Dragon Girl: Estoy en una campaña para desarrollar más a Trunks, porque aunque la campaña sea de él, siento que me cuesta demasiado el personaje. A Bardock lo dejo botado de repente aunque me encante, ese es el problema de que sean tanto jaja Espero poder profundizarlos más para ti :)
AlexanderMan: Créeme que también espero que Raditz y Bra queden juntos jaja Estoy cediendo ante su amor, sí, antes decía que no quería que tuvieran una relación, ahora la tienen jaja no sé, quizás los deje juntos, es algo que realmente me haría feliz y lo estoy pensando seriamente! Pero ya me ha pasado que mato personajes sin querer xD Sólo te diré que no temas, Raditz es uno de mis personajes favoritos ;)
Hermanita y UGGLYTRUTH: Sí, rockea que Goten lea el ki y sí... no diré más jajajaja sólo manténganlo en la mira xD
Y las demás, amé sus comentarios, ¡de verdad que sí! Pero decir algo de sus comentarios sería spoilear y amo spoilear jajaja
Muchos besos de mí, RP.
