PRIMERA PARTE

EL PORTAL DEL TIEMPO

Capítulo X - El nuevo invento de Lucca

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—¡Dense prisa con mi té! Estoy hecho un manojo de nervios todavía ¡y necesito redactar correctamente esta ley para castigar a esa maldita basura mística mañana para el rey!

Con el rostro contorsionado del coraje, el Canciller se paseaba de un lado a otro por el patio con unos papeles en una mano y una pluma de ganso en la otra. Una muchacha le seguía el paso sosteniéndole el frasco con tinta.

La que había ido por el té, vio salir de la entrada principal del castillo a los muchachos, y con prisa acudió a ellos esperanzada.

—¿Es verdad que el monstruo que se disfrazaba del canciller está muerto? ¿No es posible que haya sobrevivido y esté usurpándolo de nuevo?

Con una fugaz y horrible imagen de la cabeza de Yakra casi a sus pies, Lucca y Crono negaron al respecto.

—¿Están seguros?

—¡Niña, que esperas! ¡Las tazas no se sirven por sí solas!

Como estaba de espaldas, el canciller no vio la mueca que la mucama le dedicó tras escuchar su grito.

—Pues creo que el falso canciller tenía mejores modales.

La mujer se fue, y el grupo se aproximó al anciano.

—Señor Canciller —lo llamó Lucca—, necesitamos partir pronto. Hemos avisado al capitán Krimp y le pedimos su autorización para bajar el puente para salir al bosque.

—Por supuesto, Lady Lucca. Todo lo que usted, Sir Crono y la señorita necesiten.

Dadivoso y aún agradecido con la pareja por haberlo rescatado ayer, el anciano hizo una señal a los vigilantes del muro para que liberaran el angosto puente, y posteriormente abrieran la puerta del muro.

—Mis pobres huesos están muy cansados de nuevo, creo que iré a mis aposentos a descansar un poco. Saben, sigo sintiéndome tan débil por mi estancia en ese horrible lugar ¡Dónde está mi té!

Lo ignoraron y siguieron su camino. Los soldados en la puerta los recibieron con algarabías.

—¡Ahora sí Magus tendrá que cuidarse de nosotros! ¡Ya no habrá nada que nos impida luchar con esos malditos místicos! Gracias por todo —exclamaban.

Mirando el suelo, el guardia que había amenazado a Crono con echarlo del castillo cuando llegó, murmuró:

—Es una suerte la que tuvieron peleando contra Yakra y todo, niños. No crean que la suerte puede volver a darse, así que cuídense.

Los muchachos eran bien recibidos entre la gente que se apelotonaba para despedirse de ellos, pidiéndoles con insistencia a Lucca y Crono que les relataran por última vez la manera en que habían derrotado a Yakra junto con Frog. Marle los escuchaba tan interesada como la primera vez.

Al terminar el relato, una pareja más se les acercó.

—Hasta luego o lo que sea —exclamó el cocinero de mala gana como de costumbre. Su esposa le había insistido en salir para despedirse apropiadamente—. Fue divertido desperdiciar varias horas tratando de averiguar que era el "felado".

—No se preocupen por él —lo excusó su mujer—, ha estado de peor humor desde hace unos momentos cuando se animó por fin a hablar con el capitán.

—¡En serio! —Marle estaba tan asombrada como interesada— ¿y qué ocurrió?

—Intentaron reconciliarse por la pelea que tuvieron, y… bueno, tuvieron otra.

A pesar de querer pasar desapercibidos, al final los reyes hicieron acto de presencia concediéndose unos instantes para darles una despedida solemne en la entrada. El puente estaba debajo, y antes de poder dar un paso afuera, recibieron la bendición tanto de Guardia XXI como de Leene

—Respetamos su silencio sobre su procedencia. No nos quedan dudas de sus buenas intenciones, sin embargo —y el rey hizo pasar a sus criados de caballeriza tirando las riendas de tres hermosos caballos—, permítannos facilitarles un medio de transporte adecuado.

Lucca dudó un instante.

—Gracias, su majestad. Regresamos a un lugar cercano a los cañones de Truce. ¿Es posible alguien pase por los caballos en la tarde? No queremos arriesgarlos a ser atacados por algún místico. Los dejaríamos al pie de la primera colina.

—Ningún problema, Lady Lucca.

Leene dirigió brevemente una mirada de complicidad hacia Marle antes de volverse con su esposo para regresar al castillo.

Las inmensas puertas del reino se abrieron, y el trío partió a galope por el amplio bosque. Crono sabía montar muy bien gracias a la enseñanza de Sir Dianos. Marle o la princesa Nadia, lo hacía igual de bien dado su aprendizaje de equitación dentro del reino. Quien parecía un poco incómoda por estar sobre un animal era Lucca, haciendo obvia su pobre experiencia con caballos. A pesar de todo, cruzaron el paraje sin ningún problema aligerando el trote, dándose así el tiempo de disfrutar la vista. Ninguno de los tres notaba grandes cambios en el bosque de hace cuatrocientos años al de su presente. De vez en cuando Lucca disparaba a algún animal que se les iba encima con la intención de atacarlos, Marle no tardó en seguirle el ritmo. La inventora descubrió entonces que la puntería de la princesa con la ballesta era igual, o más precisa que la suya con la pistola. Se sintió de pronto más celosa de lo habitual hacia ella.

—Entonces. Princesa Nadia...

—Por favor, Lucca. Tú también eres mi amiga. Llámame Marle, como Crono lo hace.

Lucca fulminaba con la mirada a la rubia. Crono lo notaba, pero prefería mantenerse callado. Marle intuyó parte del rencor profesado por la muchacha del cabello corto. Comprendió el motivo sin estar muy segura de ello. Recordó la conversación que tuvo con Crono acerca del fallido compromiso, y las pocas palabras que cruzó al respecto con la chica, entre ellas, la misma Lucca le había aclarado que ya no había nada entre ambos, que Crono nunca la miró de esa forma; recordó lo que ya no pudo preguntarle en el momento antes del incidente del Telepod, pero nuevamente, Lucca le hizo perder el hilo de sus pensamientos al hacerle una importante observación.

—Como sea… "alteza". ¿Qué piensa usted sobre su padre?

—¿Mi padre?

—Ya sabe, a su majestad puede no haberle hecho mucha gracia su travesura de escapar del castillo, para bajar a la feria.

—No niego que estará furioso —meditó agregando la preocupación inmediata más importante a su lista—. Se irrita fácilmente cuando hago algo así.

—No es para menos —explicaba Lucca de pronto satisfecha—. Después de escaparse con una bolsa de oro, será de lo más comprensible que quiera reprenderla. Quizá… quiera encerrarla en el castillo durante un largo tiempo.

La doncella ahora estaba más preocupada que nunca. Lucca había conseguido su propósito, o eso creyó. Una vez que el rey recuperara a su hija, pensó, la doncella regresaría a una larga estancia de vuelta al Castillo, confinada a sus aposentos y sin oportunidades inmediatas de huir otra vez. Crono, como pueblerino no tendría ningún derecho de entrar a verla. Nadia tendría el tiempo suficiente para olvidarse de Crono. Más tranquila, Lucca estaba dispuesta a perdonar lo que interpretó como "la infidelidad" de su amigo, aunque no existiera tal infidelidad desde la ruptura de su compromiso.

—No quiero volver de inmediato al Castillo —la princesa se dirige hacia el pelirrojo aligerando en trote de su caballo—. Crono, ¿cuándo lleguemos podría descansar un poco más en tu casa? Por lo menos quisiera prolongar más tiempo mi libertad temporal.

—Seguro, a mi madre no le importará.

Por un momento, Lucca estuvo a punto de caer al suelo tras aflojar las riendas, pero logró conseguir la estabilidad nuevamente a tiempo, esquivando una rama por poco, rozándole apenas su casco. Tenían que hablar en un tono bastante alto para hacerse escuchar con el ruido de las ráfagas de aire a su alrededor, así que las palabras de la pareja le llegaron perfectamente provocándole un sobresalto. Se maldijo a sí misma por el error que cometió al obligarla a hacer aquella sugerencia.

De pronto Marle dio un respingo por lo que vio y detuvo el corcel, Lucca y Crono la imitaron al reconocer la extraña criatura saltando por la entrada del bosque. Al notarlos, el ser se dio la vuelta, y los muchachos distinguieron cierto regocijo en su mirada al reconocerlos, pero consternación cuando se enfocó en la rubia.

El místico con aspecto de rana humana, se acercó velozmente a grandes saltos precisamente a Marle. A punto de lanzar un chillido, Crono se acercó a la muchacha tomándole con afecto el hombro, para indicarle que no sucedía nada. Aquél místico no le haría daño. Al tenerlo casi de frente, Marle comprendió que se trataba del curioso guerrero, aquél del que le habían hablado en su relato sobre el rescate de la reina. Los enormes y abultados ojos de Frog no parpadeaban al examinar su perfil.

—No pensé verla con mis propios ojos, ahora puedo comprobar que eran ciertos los rumores. Es verdad que su parecido con la reina es magnífico, señorita…

—Marle. Encantada en conocerlo, señor Frog.

La sonrisa de la criatura se ensanchó hasta ambos lados de su cabeza, sorprendido por la educación de la joven. Sus compañeros le habían contado de él a la muchacha la noche pasada. Lucca ya no parecía tan arisca con el guerrero místico renegado como cuando lo conoció, por su horror a las ranas. Marle se bajó del caballo tras recuperarse de la impresión de haber visto por primera vez a Frog.

—Señor Frog, Crono y Lucca me han contado lo que hizo por la reina Leene. Permítame agradecerle por ello.

Frog se asombró todavía más cuando la mano de Marle se extendió hacia él, con la palma hacia abajo. Asombrado por el gesto, la tomó con sus amplias manos escamosas para depositar un breve beso áspero. Lucca dejó escapar por lo bajo un quejido de asco, pues aunque se llevara mejor con Frog no permitiría que le hiciere tal barbarie a su manos con sus gigantescos labios verdes. A Marle no le pareció desagradable la acción, ahora ya podía reconocerlo como un caballero noble común y corriente, no muy distintos a los que conocía, aunque de cierta manera que era incapaz de precisar un motivo, más gallardo. Lucca lo notó y se preguntó mentalmente si eso se relacionaba de alguna manera con los genes reales al recordar un trato similar a Frog de la reina Leene.

—Debo de reconocerlo. El parecido que guarda con mi Reina en todos los sentidos es misterioso. Pero señorita, es tan joven, incluso se ve favorecida en encanto y belleza…

—Es un placer verte de nuevo, Frog —agregó Crono, haciéndole notar que él y Lucca estaban también presentes.

—El placer es mío por poder verlos una vez más, mis queridos jóvenes —dándoles su lugar, estrechó la mano de ambos tras bajar de sus caballos, Lucca suspiró agradeciendo en silencio que no se la besara también a ella—. Por favor, excusen mi comportamiento en el castillo. Mis modales no fueron los correctos, pero, no me gusta ser el centro de atención, me siento sofocado entra las personas… los humanos. Ustedes entienden.

—No tendrías por qué. Sabes que a los reyes no les importa lo que seas. Místico o no, para ellos eres un miembro más del reino, hasta podrías ser parte de la corte si se los pidieses.

—¡Pero qué escándalo, Crono! Alguien de mi clase no podría sobrepasar tales límites.

Lucca no se contuvo tras fastidiarle el menosprecio de Frog hacia sí mismo.

—Frog, ¿qué es lo que eres?

—¡Perdón! —la voz del espadachín se alteró—. Señorita Lucca, mis orígenes son evidentes por sí solos. No estaría mal que tuviese más tacto para…

—Sé que no eres un místico —lo interrumpió sin avergonzarse—. Mi arma puede dormir o al menos aturdir a toda clase de místicos como a Yakra, pero durante nuestro encuentro con ese monstruo a ti no te afectó de nada. Si realmente eres místico, ¿qué te diferencia del resto?

Aunque escandalizados por el descaro de la muchacha, Crono se sorprendió que con todo y su miedo, ella pudiera sostenerle la mirada tan fijamente al espadachín de piel verde. Cediendo, pero evadiéndose, tras casi un minuto, Frog ignoró a Lucca para volverse hacia Crono.

—¿Cómo se encuentra la reina?

—Bien —aunque se lo explicaba el por qué, de pronto se sintió ligeramente enfadado con él —. El rey está procurando que sea atendida debidamente.

El porte de Frog, según reconoció Lucca, fue el mismo cuando en el castillo Leene corrió a los brazos del rey en su reencuentro.

—Perfecto. Eso es lo único que importa. Terminé de hablar con el capitán Krimp así que ya me retiraba a mi hogar. Con su permiso.

Tras hacerles un asentimiento con la cabeza, estaba por darles la espalda cuando miró apenas por el hombro al pelirrojo.

—No dudo que los reyes aceptaran darme alojamiento en el castillo y quizá hasta un reconocimiento, pero sé mi posición en el mundo y estoy conforme con ello, no espero que lo comprendan, pero al menos que respeten mis decisiones. Crono, Lucca, fueron muy valientes en la catedral, muchas gracias por su ayuda, en especial a ti, muchacho. Dominas muy bien una técnica compleja, tienes el talento para convertirte en un maestro de la espada.

La cabeza de Marle se llenó de preguntas que quiso formularle, debido a la confusión del trato con sus amigos, pero decidió acallar sus dudas, ante el temor de ofender también al guerrero.

Y a grandes saltos por el bosque, Frog partió tan rápido como los caballos lo hubieren hecho a galope. Con frustración, los tres muchachos tomaron las riendas de los corceles nuevamente, e imitaron silenciosos su retirada.


UrwenLalaith gracias por mostrarme ese fallo, ya lo corregí, de hecho es posible que alterne las actualizaciones con pequeñas revisiones de los capítulos que ya he puesto para corregir esos detalles. Gracias y feliz año.

¡FELIZ 2012 A TODO EL MUNDO, GRACIAS POR SU APOYO. QUE TODOS SUS PROPÓSITOS Y PROYECTOS SE CUMPLAN!