Capítulo 33 - Lo siento

-Y bueno, eso es todo -concluyó Elia.

Después de aquel fantástico beso, Visión les había aconsejado entrar en casa, algo que ambos habían obedecido, viendo como él cogía la armadura. Peter y Elia habían ido de la mano hasta la habitación de la chica, donde él le había pedido que le contase toda la verdad. Así, ella había hecho un breve resumen de la situación, disculpándose por todas las veces que le había dejado tirado y explicándole los auténticos motivos. Ahora que había terminado sentía que se había quitado un gran peso de encima, pero lo peor venía ahora.

-¿No dices nada? -preguntó, impacientándose al ver que Peter no decía nada.

Desde que había empezado a contar su historia temía su opinión, quería oírla lo antes posible, pero él estaba demasiado pensativo. Estaba junto a ella, los dos sentados sobre su cama, aún con el traje de Spiderman puesto. Una parte de ella se alegraba de que Peter y él fuesen la misma persona, pero la otra estaba tremendamente asustada ante la idea de que se expusiera de esa forma constantemente.

-¿Por qué no me lo contaste antes? -fue todo lo que dijo.

-Yo no quería ponerte en peligro.

-Te habría ayudado, con lo que fuera -aseguró-, habría hecho que Viktor te dejase en paz.

-¿Cómo?

Peter abrió los brazos y se miró, queriendo resaltar el traje que aún llevaba puesto.

-Te recuerdo que tú tampoco has sido del todo sincero conmigo -le reprochó.

-Porque tu padre me pidió que no te lo dijera -se defendió. Elia abrió los ojos como platos-. Además, llevaba un tiempo queriendo decírtelo.

-Espera, espera -dijo, tratando de entender mejor lo que estaba sucediendo-, ¿mi padre?

-Sí -asintió Peter-, cuando nos conocimos tu padre fue el primero en decir que yo estaba aquí por la beca Stark y eso es lo que le dijo también a mi tía cuando me llevó con él a Alemania. Es como la palabra clave para ocultar que soy Spiderman -explicó.

-Vale -suspiró Elia, queriendo soltarle un par de cosas a tu padre-, pero me extraña que entonces quisieras desobedecerle.

-Elia, no sé qué te pensabas, pero ninguno te veíamos bien -aseguró-. Además, yo había comenzado a sospechar que el Guardián eras tú y...

Elia le golpeó.

-¡Solo pensabas contármelo porque lo sabías! -le reprochó.

-¡No! -negó-. De verdad, te veía muy mal y me di cuenta de que necesitabas ayuda. Pensé que si te decía que yo era Spiderman aceptarías que me acercase a ti de nuevo -Elia se sintió culpable cuando oyó eso-. Siento no haberme dado cuenta antes, pero estaba demasiado celoso como para fijarme en nada.

-¿Celoso? -preguntó, confundida.

-Mierda, prefiero no hablar de esto...

-Peter...

-Está bien, vale -accedió-. Pensaba que Viktor y tú estabais juntos -Elia alzó las cejas-, pero es que también pensaba que había algo con Harry.

-¿Me estás diciendo que lo de los celos porque "te quitase a tu amigo" era una mentira?

-Sí, bueno -dijo, nervioso-, fui estúpido, ¿vale?

-¡Y qué lo digas! -coincidió Elia-. Mira que creer que estaba con Viktor, ¿tú no te acuerdas de las veces que le mandé a la mierda?

-Ya, sí, pero no sé, estaba confuso. Además, tampoco sabía si preguntarte o no directamente por eso, tampoco es que fuesemos nada.

-Porque tú no quisiste -replicó, alzando la voz, ofendida.

-¿Que yo no quise? -repitió-. ¡Tú fuiste la que salió corriendo la primera vez que nos besamos! ¡Y también cuando te quedaste en mi casa! -añadió.

-Vale, pero tú le dijiste a Ned cuando me lo presentaste que era "tu amiga" -dijo, poniendo también las comillas con los dedos-. ¿Cómo te crees que se interpreta eso? Me friendzoneaste.

-¿Y no te quedó claro que no cuando te volví a besar en mi casa?

-Vete a la mierda, Parker -bufó.

-Eso es porque tengo razón, Krane -sonrió, triunfal.

-Te borraré tu maldita cara de araña asquerosa -aseguró.

-Si te encanta -repuso-. Además, ¿cómo vas a hacerlo? Ahora mismo el Guardián está destrozado y tú no podrías darme por mucho que Nat te entrene.

Elia cogió los cojines que había sobre su cama y comenzó a golpear a Peter con ellos.

-¿Y esto qué es, eh?

-La desesperación del perdedor -sonrió, agarrándola e inmovilizándola sobre la cama debajo de él-. ¿Y ahora qué, eh? -se burló.

Elia no contestó, la posición en la que estaban era demasiado comprometedora como para que pudiera pensar en nada. Estaba en su habitación, tirada sobre su cama, debajo de un chico al que hacía unos instantes había besado apasionadamente y sabía que podría volver a hacerlo con tan solo acercarse un poco más a él. Peter también parecía haberse dado cuenta y estaba quieto, como esperando a que ella indicase de alguna manera que podía besarla. Le gustaban los besos de Peter, pero estar en esa posición le hacía sentirse incómoda. Quería tomarse lo suyo con calma.

-Deberías curarte las heridas -le aconsejó.

-Tienes razón -asintió, levantándose-, pero me curo rápido -añadió-. Ves -se señaló el pómulo-, ya no tengo restos de tu puñetazo.

-Y aún con ese pedazo moratón que te hice sigues atreviéndote a retarme, interesante.

Peter sonrió y le tendió la mano, ayudándola a sentarse de nuevo.

-Es que es interesante.

Elia rodó los ojos.

-Por cierto, no te lo he dicho -dijo, cayendo de pronto-, pero no quiero que le cuentes nada de esto a mi padre, él no pude saber que soy el Guardián -Peter se la quedó mirando con el rostro inexpresivo-. ¿Qué has hecho, Parker?

Tony llegó a la mansión preocupado, sin saber exactamente qué había pasado. Pepper y él tenían una cena de trabajo a la que Visión, por algún motivo, también había decidido acudir cuando Peter les llamó. El chico estaba muy alterado, llorando, pero nunca se imaginó que pudiera decirle que su hija estaba herida.

-¿¡Cómo!? -rugió, enfadado y muy preocupado, preguntándose qué había hecho Elia para terminar en ese estado, pues la voz del chico no indicaba nada bueno. Se levantó de la mesa y buscó un lugar apartado donde poder hablar-. ¿Cómo de herida está mi hija?

-Pues...

-Señor Stark -le llamó Visión, quien también estaba allí.

-¡Visión, no es el momento! -gruñó. Justo el chico estaba a punto de explicarle lo sucedido.

-Elia está bien -aseguró-, acabo de hablar con ella y me ha explicado la situación. Dile a Peter que vaya yendo hacia la mansión con la armadura -Tony le miró enarcando una ceja-. Con Elia -corrigió.

Tony le transmitió el mensaje a Peter y colgó.

-¿Me vas a contar que pasa? -le preguntó a Visión. Se había calmado un poco al saber que su hija estaba bien, pero seguía mosqueado.

-Es complicado -aseguró él-. Termina la cena y luego ven a la mansión, será mejor que te lo cuente Elia.

Tras eso Visión se fue y Tony regresó a la mesa, pero ya no prestaba atención a lo que hablaban. ¿Qué sentido tenía quedarse si no iba a escuchar nada de lo que decían? Menos mal que Pepper estaba ahí, no sabría que haría sin ella. Sin embargo, por muchas ganas que tuviera de volver a casa, decidió hacer caso a Visión y permanecer allí.

En el viaje de vuelta, Pepper le miraba con preocupación, sin sabe exactamente qué hacer. Tony se sentía frustrado, pues no podía contarle nada porque tampoco sabía lo que había pasado. Conforme se iban acercando a la mansión, sus nervios iban en aumento, hasta que por fin el coche se detuvo y se bajó, dirigiéndose rápidamente al interior de la casa.

-Señor Stark -de nuevo, Visión le interrumpía-, no es buena idea que entre aún -se apresuró a decir-, Elia está curando las heridas de Peter.

-¿Las heridas de Peter? -preguntó, confuso-. ¿Sabe que el chico es Spiderman? -Visión asintió-. Mierda, pensé que le había quedado claro que ella no puede saberlo, es peligroso para ella, cuanto menos conozca de los Vengadores será mejor, ya tiene bastante con que yo sea su padre...

-Con calma -pidió Visión-. Era necesario que ella lo supiera.

-¿Por qué?

-Porque ella es el Guardián.

Esa revelación fue demasiado para él. Miró a Visión, tratando de comprobar si era una broma, pero él no solía bromear y mucho menos con algo así. No obstante, era algo que debía haberse imaginado, pues era una armadura similar a la suya y, viendo el potencial de su hija, tan solo ella podría haber hecho algo así. Chascó la lengua, fastidiado y preocupado, pero Visión había asegurado que ella estaba bien.

-¿Qué sabes de esto?

-Ella tomó una de tus viejas armaduras del desguace y la arregló -explicó-. Ella está a salvo -aseguró al ver el rostro de pánico de Tony-, la controla a distancia desde su habitación.

Tony suspiró. Al menos la niña había pensado un poco en lo peligroso que podía ser.

-No quiero saber cuánto tiempo llevas ocultándomelo, Visión -le reprochó-, así que voy a entrar y espero que ella me cuente todo con detalle.

-Señor, ya le he dicho que ella está con Peter -repitió.

Vale, sí, era cierto, el chico estaba herido. Aún no sabía como, pero Peter le había dicho algo de una pelea. Si ambos habían luchado juntos, ella estaría muy preocupada. No obstante, cuando todos estuvieran bien, no se libraría; ni Peter tampoco.

-En cuanto salgan, diles que vayan al salón -le pidió a Visión-. Yo voy a hacer unas llamadas.

Visión asintió y se metió en la casa.

-Tony, ¿qué vas a hacer? -preguntó Pepper. Ella se había mantenido al margen, pero Tony sabía que lo había escuchado todo.

-Si no me escucha a mí, escuchará al resto.

Elia se dirigió junto a Peter al salón, preocupada por lo que iba a pasar. Peter ya le había dicho que su primera reacción había sido llamar a su padre y, aunque quería abrirle la cabeza por ello, comprendía por qué lo había hecho. Sin embargo, nada la preparó para lo que estaba sucediendo en el salón. Abrumada, Elia se agarró del brazo de Peter, comprendiendo la gravedad de lo que había hecho.

Frente a ella estaba su padre, de pie y con una copa en la mano, mirándola con absoluta decepción. Pepper también se encontraba allí, pero ella parecía preocupada y bastante más indulgente, mientras que Visión se mostraba como siempre, calmado. Sin embargo, lo que la sorprendió lo fue eso, sino ver a Rhodey, Natasha y Ojo de Halcón también allí. Este último en particular la preocupaba, pues sabía que, tras lo sucedido en Alemania, él se había retirado y, verle en el sofá de su casa mirándola fijamente, la ponía nerviosa. Era un hombre intimidante a pesar de estar vestido de civil, era una persona que se merecía la fama de guerrero que tenía. Verle no era una buena señal, lo que había hecho debía ser demasiado importante como para que él decidiera salir de su retiro.

No obstante, esa situación también le hacía tener algo de esperanza. Revisó toda la sala, buscándole, pero no vio al Capitán América por ningún lado. Su presencia era lo único bueno que podría sacar de esa improvisada reunión, pero ni siquiera con eso iba a tener suerte.

-Así que tú eres la hija de Stark -comentó Ojo de Halcón sin levantarse del sofá.

-Legolas -le advirtió Tony antes de que dijera nada más. Él sonrió, pero obedeció-. Peter, por favor, quiero que esperes en tu habitación -pidió.

Peter miró a Elia, confundido y sin saber qué hacer.

-Señor Stark, yo...

-Esto aún no va contigo, chico, contigo hablaré luego.

Elia soltó el agarre del brazo de Peter y asintió, viendo con temor como se alejaba de allí. Quería que estuviera a su lado, pero no podía hacer nada; su padre había sido demasiado claro y eso la hacía sentir aún más pánico.

-¿Tienes idea de lo peligroso que ha sido esto? -dijo Tony, mirándola directamente cuando Peter desapareció.

-No era peligroso -repuso Elia, tratando de ser valiente-, yo estaba en mi habitación -añadió al ver que su padre alzaba las cejas, escéptico.

La risa de Ojo de Halcón interrumpió la tensión del ambiente.

-Me caes bien -aseguró.

-Cállate, Legolas -repitió Tony.

-Mira, Stark, lo que veo aquí es que te faltan unas cuantas clases de paternidad -le retó-. Si quieres, puedo dártelas, pero no me saques de casa por algo tan absurdo.

Elia suspiró. Al menos le tenía de su lado.

-¿Es que la vas a aplaudir por lo que ha hecho? -Tony estaba muy alterado.

-Cariño, cálmate -le pidió Pepper.

-¿Es que nadie se da cuenta de lo que ha hecho? -las palabras de Pepper fueron contraproducentes-. Los acuerdos...

-Técnicamente, Elia está fuera de los acuerdos -señaló Nat-, al igual que Peter.

-Ambos son unos críos -rebatió Tony- y ambos están bajo mi tutela y yo firmé esos acuerdos, al igual que tú.

Natasha rodó los ojos.

-Pero simplemente estaban ayudando a la policía -razonó Visión-. Han evitado atracos y salvado rehenes, para mí no han hecho nada malo

Tony le miró con furia.

-No deberían de haberse expuesto así, la policía tiene grupos especiales para encargarse de esas situaciones -replicó.

-Sí, es peligroso, pero tampoco malo -Visión parecía la única persona que pensaba fríamente en esa sala.

-En mi opinión -se adelantó Rhodes antes de que Tony volviera a hablar-, han hecho buenas obras, pero -Elia sabía que esa frase no iba a terminar bien- deben valorar mejor las consecuencias de sus actos. Elia, tú no has recibido adiestramiento de combate, no sabes enfrentarte a situaciones así en equipo y estoy segura de que has puesto en riesgo a Peter en más de una ocasión -Elia tragó saliva. Sabía que Peter nunca lo reconocería, pero una parte de ella le decía que eso era verdad-. Además, enfrentarse al Duende Verde de esa manera...

-Espera, ¿la pelea ha sido contra el Duende Verde?

-¿No te habías enterado aún, Tony?

Él negó y miró de nuevo a Elia. Ahora sí que iba a comenzar la bronca.

-¿En qué estabas pensando? -preguntó, acercándose a ella-. Ese tío está loco, ha matado a muchas personas, tiene unas armas demasiado poderosas. ¿Qué pasaría si te hubiera matado a ti?

-Pero...

-No, Elia, no quiero oír tus quejas, me vas a escuchar a mí -Tony enfadado daba miedo-. Prometí que te cuidaría y no puedo hacerlo si tú empiezas a creerte una superheroína. No, no vas a volver a luchar -Elia abrió la boca, horrorizada-. No pongas esa cara, he visto cómo ha quedado tu armadura y simplemente puedo dar gracias de que hayas tenido dos dedos de frente y no estuvieras ahí dentro -la regañó-. Es que cómo pudiste pensar siquiera que era una buena idea, no lo comprendo -Tony hizo una pausa y Elia quiso decirle todo, que sabía la identidad del Duende y que conocía su escondite, que eso era por lo que había decidido actuar. A pesar de la advertencia de su padre, se armó de valor y trató de soltar todo lo que sabía-. ¡Qué no quiero explicaciones! -rugió Tony antes de que ella pudiera decir la primera palabra-. A partir de ahora las cosas van a ser muy diferentes.