CAPITULO 34

RUMBO A LONDRES

Era media mañana había mucho ir y venir de los sirvientes subiendo en unos de los automóviles el equipaje de Candy y Albert. Entre tanto en la biblioteca se encontraba Albert y George sentados en el despacho ultimando los detalles de algunos negocios y contratos que quedaban pendientes y que él se encargaría junto con Archie, que comenzaría a involucrarse más en los negocios de la familia.

Aunque el motivo de su viaje era por negocios nunca se había sentido tan feliz de hacerlo ya que no iría solo sino que lo acompañaría Candy su prometida y gran amor por el que había esperado tanto, y por eso su rostro era reflejo de la felicidad.

-Bueno William creo que esto es todo lo pendiente, de lo demás ya nos encargaremos Archie y yo-

- Archie te será de una gran ayuda es un chico muy inteligente y tiene don de gente- decía Albert complacido por el joven que se había convertido Archie muy diferente a Neal

-Si eso en los negocios es importante, bueno recuerda que Richard será tu asistente y tiene todo preparado para tu llegada-

-Gracias George piensas en todo-

George vio su reloj de bolsillo se levanto y le dijo- Bueno William creo que ha llegado la hora de tu partida-

Albert se levanto, fue hacia él y lo abrazo con fuerza -Te echare de menos George-

George correspondió su abrazo – Yo también aunque tengo mis dudas que me extrañaras, ya que te acompañara la señorita Candy- dijo con una sonrisa de medio lado

Albert sonrió y se dirigía a la puerta para despedirse de los demás cuando George le dijo – ¡William! sabes que eres como mi hijo, y no esta demás recordarte que debes siempre comportarte como un caballero con la señorita Candy-

Albert lo miro tranquilo -Lose George no te preocupes, no voy actuar como un adolescente ya pase esa época-

-Lo se pero la señorita Candy no y se le ve muy enamorada de ti, recuerda que esa edad los emociones están a flor de piel y eso puede ser tentador y peligroso-

-Jajaja te preocupas demasiado George, además Candy tendrá una dama de compañía-

-Lose William pero tanto tu como la Señorita Candy las reglas nunca han sido algo que los detenga-

Albert sonrió – George te estas haciendo un señor cascarrabias, mejor salgamos quiero despedirme de los demás-

Archie, Annie, la señora Elroy y por supuesto Candy estaban en el salón de Té, Annie y Candy conversaban muy amenamente aprovechando hasta el último momento, en eso entraron Albert y George.

Todos se levantaron para despedirlos y la primera en desearle buen viaje fue la señora Elroy que lo abrazo con fuerza -Buen viaje William te extrañare mucho y… cuida de Candice- le dijo seria

Albert le sorprendió gratamente su encargo- Lo haré tía, yo también la extrañare le escribiré con frecuencia-

-Eso espero William- dijo conteniendo unas lagrimas en sus ojos

Luego ella se acerco a Candy -Buen viaje Candice recuerda todo lo que te he enseñado en estas semanas y compórtate como la futura esposa del cabeza de nuestra ilustre familia-

-Si señora Elroy y gracias por sus deseos- dijo Candy un poco nerviosa que a pesar de haber pasado muchas horas juntas la personalidad de ella siempre le imponía, además en su cabeza resonaba la responsabilidad de ser la esposa del jefe de los Andrew.

-Confío en usted Señora Miller, he escuchado muy buenas referencias de usted- dijo seria la señora Elroy

-Oh si no le quepa ninguna duda Señora Elroy, puede quedarse tranquila- era la dama de compañía de Candy una señora bajita y un poco regordeta de trato agradable, George se había encargado de contratarla.

Entretanto Archie y Annie se despedían de Albert y Candy

-Candy te deseo que tengan un buen viaje te escribiré, y recuerda mis consejos en relación a Albert- y le guiño un ojo

-Gracias Annie y tomare en cuenta tus consejos- le sonrió Candy un poco sonrojada

-Bueno Albert ha llegado el momento los extrañaremos mucho, espero poder estar a la altura de tus expectativas- mientras suspiraba

-Estoy seguro de ello Archie, yo también los echare de menos pero no será por mucho tiempo. Por favor Archie cuida de la tía-

-Tranquilo lo haré no te preocupes- y lo abrazó con fuerza ya que después de la muerte de Stear él se había apoyado mucho en Albert

Todos siguieron con la mirada como Albert y Candy subían al coche derrochando felicidad, aunque no los verían en un tiempo estaban contentos que por fin se habían declarado su amor y que el primer obstáculo quizás el de muchos que toda pareja debe afrontar en la vida estaba superado, como era el consentimiento de la señora Elroy.

Ella aunque no lo reconociera ante los demás estaba también feliz, ya que en esas semanas que estuvo con Candy pudo verla con otros ojos y pudo descubrir quien era en realidad se dio cuenta que lo que sentía por su querido sobrino era real.

Le reconfortaba también que Albert era otro junto a ella, ese halo de tristeza que siempre tubo por la soledad y la perdida de sus padres y hermana había desaparecido.

Albert y Candy llegaron con puntualidad a la estación de ferrocarril, para tomar el tren que los llevaria al puerto marítimo de Nueva York

Al bajar del coche Albert tomo delicadamente la mano de Candy –¿Preparada mi amor para el comienzo de nuestro viaje?-

-¡Si! mi príncipe- dijo ella con entusiasmo

Cuando subieron al tren y entraron al vagón reparo que era privado con todas las comodidades, Candy se sintió extraña

-¡Vaya! es hermoso nunca había visto uno- dijo con admiración y solo recordó sus viajes en tren que no habían sido nada parecidos a este ya que siempre había viajado modestamente

Albert acomodaba su equipaje de mano y vio de reojo a Candy

-Se lo que piensas Candy, de esto es lo que te hablaba en la colina de Pony hay cosas que serán diferentes- dijo un poco cabisbajo

Se sentaron juntos, eso si con la compañía inseparable de la señora Miller el tren comenzó su marcha poco después fueron al restaurante del tren ya que era la hora de comer tuvieron una charla muy animada, a pesar que ambos estaban acomodándose a la presencia de la señora Miller y eso que ella era discreta y de buen carácter.

Al regreso del almuerzo el movimiento monótono de la locomotora hizo que Candy sin darse cuenta se durmiera apoyada sobre Albert, el mientras tanto leía un libro.

Estaba atardeciendo cuando Candy abrió lentamente sus ojos un agradable olor a maderas se le hizo familiar siguió recostada en él y empezó a observar detenidamente su alrededor las comodidades y lujos que le rodeaban, se sentía un poco abrumada como cuando entro, ya que pensaba que había comenzado su vida junto con Albert pero como el gran señor Andrew, sin embargo recordó aquella conversación con Annie en la que le decía que seria muy diferente su vida, se incorporo y volteo su rostro para ver a Albert, él seguía leyendo su libro con un rostro tranquilo y sereno, eso hizo que Candy reflexionara que si el había aceptado esta forma de vida porque no ella ya que eran tan parecidos en cuanto a su forma de ver la vida, además ella ya no podría ser feliz sino era junto a él.

Albert pudo sentir su mirada, él la miro dulcemente y le sonrió

-Acaso tengo algo en la cara- dijo con una sonrisa de medio lado mientras cerraba su libro

Ella se sonrió –Que te ves muy atractivo leyendo ese libro-

-Jajaja vaya me harás sonrojar Candy gracias por el cumplido pero creo que estabas pensando en otra cosa-

-Bueno… Ahora entiendo porque querías escapar de ser la cabeza de los Andrew-

-¡Cómo!, ¿Porque lo dices Candy?-

-Bueno al ver todo este lujo que nos rodea, y se me viene a la cabeza cuando vivíamos en el apartamento tratando de llegar a final de mes es un contraste muy grande-

-Si Candy y te puedo asegurar que éramos muy felices con poco, por eso sabia que al principio todo esto te podría sobrepasar-

-No te lo niego pero ahora te veo y si tu lo has logrado yo también-

-Eso espero mi amor, eso espero- dijo bajando la mirada porque tenia ese temor

-Que pasa Albert ¿Dudas de mi? espero que no, porque olvidas lo mas importante-

Él levanto la mirada y con expectación la escuchaba

-Es que no podría ser feliz sino es junto a ti, porque te amo-

-¡Candy!, yo también te amo-

Se iban acercando muy lentamente para besarse cuando carraspeo la señora Miller

-Señorita Candy, creo que debemos preparar la ropa que llevara mañana, ya que a primera hora llegamos a Nueva York-

Ellos se miraron y sonrieron, Albert acaricio suavemente su rostro y le dijo –Ve Candy- y le dio un fugaz beso en los labios.

Albert se levanto y mientras se preparaba un té pensaba

Porque tengo estas inseguridades con Candy no soy así…

Además otra cosa le rondaba la cabeza era de ir a Nueva York donde esta Terry. Pero se recrimino así mismo por tener todas esas inseguridades y se dijo que no debía pensar más en tonterías sin sentido ni fundamentos.

A la mañana siguiente habían llegado a Nueva York, hacia un magnifico día. Cuando llegaron al puerto había mucha gente embarcando ellos subieron y se quedaron en la cubierta y ver como zarpaba el barco que lentamente se iba alejando del puerto y de América.

Albert se puso tras ella para abrazarla con fuerza y suspirar profundamente, ella levanto su rostro -¿Emocionado mi amor?-

-Si Candy recordaba que hace unos años subí a este mismo barco y tenia la certeza que mi soledad me acompañaría siempre pero ahora ha quedado en el pasado porque una adorable y bella jovencita entro en mi vida para hacerme el hombre mas feliz-

-Señorita Candy ya esta todo acomodado, ya le he preparado un baño debe estar radiante para la cena de bienvenida. No tarde por favor- Ellos se miraron cómplices

-Tiene razón Señora Miller yo también me daré un baño, las buscare dentro de dos horas-

Albert fue a su camarote que no estaba muy lejos que el de Candy, se preparo el baño, se desvistió y entro en la bañera el agua caliente relajaba su cuerpo, sentía que lo despojaba de todas sus preocupaciones y cerro los ojos…

Entretanto la señora Harris terminaba de arreglar a Candy

-Gracias señora Harris, descanse un poco yo puedo terminar de arreglarme-

-Realmente es diferente a las demás damas de las que he acompañado, es muy considerada gracias- Y se sentó

-Bueno me gusta valerme por mi misma y no se sienta ofendida- mientras terminaba de maquillarse

-Oh no lo entiendo si me permite decirle hacen una bonita pareja y lo mejor de todo enamorada-

-Si conocer a Albert es lo mejor que me ha podido pasar en mi vida-

-Me alegro tanto por ustedes, generalmente en estos círculos de la alta sociedad es muy raro esto, generalmente son casamientos arreglados-

Toc, toc Albert puntual toco la puerta del camarote de Candy

-Oh el señor Andrew esta aquí- dijo la señora Harris apresurada abrir la puerta

-Buenas Noches señor Andrew-

-Buenas Noches señora Miller ¿Esta Candy lista?-

-Si- dijo Candy que salía radiante con un vestido azul de gasa y un abrigo ya que las noches eran frescas en alta mar, Albert por su parte iba vestido para la ocasión también con smoking y una capa se miraba realmente atractivo.

-Estas muy hermosa Mi bella princesa-

-Tu también- dijo embelezada por verlo así tan arrebatadoramente guapo

Un carraspero lo hizo salir de su ensoñación,

-Creo que se hará tarde y no será bueno esperar al capitán- dijo la señora Harris un poco incomoda pero ese era su trabajo

Albert ofreció su brazo a Candy que acepto encantada, cuando entraron al salón como era de esperar llamaron la atención de buena parte de los personas que estaban ya en el salón, unos flashes sorprendieron a Candy.

Eran unos reporteros que se habían enterado que ellos viajaban hacia Londres, era la noticia social del momento por eso tenia gran relevancia y había mucha curiosidad por conocer la identidad de la futura esposa del Jefe de los Andrew.

-Tranquila Candy era de esperar, siento no haberte advertido-

-No te preocupes, es solo que me tomo por sorpresa tener tanta atención de este tipo-

Pronto llego el capitán a recibirlos

-Bienvenido señor Andrew espero que pasen una agradable velada junto a su bella acompañante- y galante beso la mano de Candy

-Gracias Capitán Scott-

Se sentaron en la mesa principal, Albert estaba más acostumbrado a esta atención así que se acerco a Candy y le dijo:

-Tranquila mi amor, si algo te incomoda o alguna pregunta yo me ocupare- y la tomo fuerte de la mano transmitiéndole seguridad

-Gracias mi amor, estoy mas tranquila- como siempre sus palabras tenían un efecto tranquilizador en ella

Los demás comensales miraban con curiosidad a Candy pero eran discretos ya que sabían como era Albert una persona reservada y seria, pero Candy con su forma jovial y alegre pronto se gano la simpatía de todos.

Al terminar la cena, unos de los caballeros que era un magnate Londinense se acerco a Albert quería invitarlo a tomar una copa y hablar de negocios pero Albert declino la invitación no quería dejar sola a Candy y dedicar la noche solo a ella.

Cuando se marcho Candy le dijo –Parece que no le gusto mucho tu negativa de ir con él-

-Bueno Candy los tenía mal acostumbrados –

-Ah si ¿Porque lo dices?-

-Bueno yo no soy mucho de actos sociales y fiestas pero eran compromisos, tenia que asistir y como casi siempre había baile para librarme de las jóvenes damas prefería irme hablar de negocios. Pero ahora es diferente estoy deseando que comience el baile y bailar junto a ti- le dijo acercándose muy sugerente a su oído y con una sonrisa de medio lado

Ella se sonrojó por la forma en que se lo dijo, y el deseo de Albert no se hizo esperar los músicos habían empezado a tocar

-Señora Miller bailare con Candy-

-Si señor Andrew yo los esperare en la mesa-

-Vamos mi bella dama-

Y tomados de la manos entraron al salón de baile ya había algunas parejas, ellos haciendo caso omiso a las miradas curiosas empezaron a bailar, era la segunda vez que bailaban se sentían flotar al juntar sus cuerpos al compás de la música. Sus ojos irradiaban amor solo existían ellos dos.

Candy no podía creer que sus sueños de niña se estuvieran haciendo realidad bailando con su príncipe, Albert por su parte no podía sentirse mas completo nunca había experimentado esa sensación solo con Candy.

Dejaron de bailar no porque ellos quisieran sino porque los músicos se tomaron un descanso, así que fueron donde la señora Miller.

Pero nuevamente se aproximaron unos empresarios que trataban de aprovechar la oportunidad de conversar con él y poder entablar algún negocio con una de las familias más influyentes como eran los Andrew.

Candy veía el esfuerzo y la incomodidad de Albert por evitar ser abordado, y recordó lo que Annie y la señorita Pony de apoyar a Albert en todas las situaciones.

-Albert ve con ellos un momento talvez así te dejan tranquilo-

-Pero… no quiero Candy, quiero estar contigo- decía un tanto disgustado

-No te preocupes por mi daré un paseo por la cubierta con la señora Harris-

Pensativo le dijo –Esta bien… estaré con ellos un momento y luego me escabulliré, te buscare dentro de un momento- le guiño el ojo y le dio un beso en la mano

-Señora Harris me acompaña a dar un paseo- pero no obtuvo respuesta y se fijo que estaba un poco pálida

-Se encuentra bien señora Harris- dijo un tanto preocupada

-Si, si lo que pasa es que estoy un poco mareada será por el vaivén del barco- Pero en realidad era porque había tomado vino mas de la cuenta

-¿Nos vamos ya señorita Candy?-

-Bueno… en realidad quería dar un paseo por la cubierta pero… si esta así-

-Bueno vamos, vamos…- mientras se levantaba con un poco de dificultad salieron del salón y empezaron a caminar no quería dar muestra de su malestar pero su mareo iba a mas

-¿Se siente bien? Señora Miller-

-Creo que no me siento bien-

Así que Candy la llevo al camarote y la recostó en la cama

–Señora Harris sino le importa daré un pequeño paseo-

-Mmmm bueno… pero no demore mucho por favor-

-No se preocupe, no lo haré-

Entretanto Albert estuvo conversando pero no por mucho tiempo como ellos hubieran querido, ya que esas reuniones se alargaban hasta altas horas de la noche entre puros y whisky.

Albert salio a la cubierta buscando a Candy y a la Sra. Miller cual fue su sorpresa ver sola a Candy apoyada en la baranda del barco, él se acerco sigiloso la abrazo por la cintura y le dio un suave beso en su cuello Candy se sobresalto por la forma tan excitante de sentir a Albert

-Hola mi amor ¿Y la Señora Miller?-

-Se sentía un poco indispuesta-

-¿Indispuesta o mareada?, por el vino que tomo con mucho afán- dijo con una sonrisa

-Albert crees que…-

-Jajaja es de agradecer al mar o al vino que por fin tengamos un momento de soledad-

-Bueno si…- dijo un poco sonrojada

-Como deseaba poder estar así un momento contigo- mientras delicadamente acariciaba su cuello eso en Candy le provocaba un escalofrió en todo su cuerpo

-Sabes Candy estoy muy feliz de ir a Londres contigo, te enseñare la ciudad y bellos lugares porque me imagino que no conociste mucho estando en el colegio-

-Si me encantara verlos contigo -¿Viviste mucho tiempo en Londres?-

-Lo suficiente para conocerla bien, desde pequeño viajaba con mis padres y pasábamos temporadas entre Londres y Escocia

-No me equivoque entonces, una de las razones por las que quería viajar a Escocia era porque estaba segura que allí mi príncipe vivió-

Albert la miro -Pues no te equivocaste mi amor, viví hermosos momentos allí- se puso serio pero no quería tocar temas tristes no era la ocasión

-Bueno pero en otro momento te iré contando como fue mi niñez-

-Me encantara escucharla tengo mucha curiosidad y preguntas-

-¿Así? Como cuales- decía curioso

-Bueno como si tú estudiaste en el colegio Real San Pablo-

-Si Candy es una tradición de la familia, poco después de conocerte en la colina de Pony, la Tia abuela me envió al colegio-

-Ahora entiendo porque no volviste mas, me imagino que fuiste un dolor de cabeza para las monjas-

-Jajaja bueno un poco- y le guiño el ojo

-¿No fue muy duro para ti?-

-Bueno al principio no quería estar allí porque fui obligado por la Tia, pero pensó que me vendría bien un cambio no había pasado mucho tiempo que había perdido a mis padres y hermana-

-Es lo mismo que hiciste tú cuando ocurrió lo de Anthony-

-Si sabia que te haría bien como a mi, allí conocí a mi buen amigo Edward que lo conocerás es una gran persona al igual que su esposa-

-Vaya Albert hay tantas cosas que no se de ti podríamos pasar toda noche escuchando como has vivido, pero se que tenemos toda una vida por delante-

Ella con su mano empezó acariciar su rostro y lo miraba cautivada -Soy tan feliz de que el destino cruzara nuestras vidas-y sin pensarlo mas se puso de puntillas y rozo sus labios sobre los de el, la brisa marina era fría pero no enfriaba el calor de sus corazones que querían demostrarse todo el amor que se sentían

Albert cerro los ojos y empezaron a rozar sus labios lentamente, sus besos y caricias cada vez querían demostrar mas ese amor que crecía sin parar, Candy podía sentir las manos de Albert recorrer su espalda era una sensación tan placentera que no quería que terminara pero se escucho a lo lejos voces serian también parejas que caminaban por la cubierta eso los hizo salir de su arrebato de pasión

Ambos se miraron y sonrieron -Será mejor que te acompañe a tu camarote Candy-

-Si Albert, la señora Miller puede que este preocupada. Le dije que no tardaría-

La tomo de la mano, cuando llegaron Albert le dio un beso -Hasta mañana mi amor, que duermas bien-

-Si soñare contigo- y entro

Candy entro esperando recibir un regaño de la señora Miller pero se encontró que ella dormía profundamente, no se había ni puesto la ropa para dormir

Candy sonrió y dijo -Entonces Albert tenia razón-

Candy se empezó a poner la ropa de dormir y recordaba las caricias y besos de Albert, un calor invadía su cuerpo ya que nunca antes había sentido eso por nadie hasta ahora… Y suspiro profundamente

El viaje estaba siendo inolvidable y muy revelador para Candy ya que iba conociendo más la vida de Albert, también compartían dulces momentos juntos ya que la Señora Miller no era tan estricta como ellos habían pensado al principio.

Ya se estaban acostumbrando a las miradas curiosas que con envidia percibían el amor y complicidad que existía entre ellos; y de los comentarios en especial de las damas que con contrariedad y envidia tenían que reconocer que el atractivo y misterioso jefe de los Andrew ya no estaba a su alcance.

Una bruma cubría el barco en su lento vaivén solo se escuchaba el revolotear de las gaviotas que anunciaban que no muy lejos estaba el puerto de Southampton.

Albert muy feliz salio de su camarote para buscar a Candy para ir a desayunar, cual fue su sorpresa encontrarse a Candy en el camino

Candy espontánea fue en busca de sus brazos

-señorita Candy compórtese hay personas… y no es correcto-

-No se preocupe señora Miller- dijo Albert mientras abrazo a Candy y le dio un beso de buenos días en los labios

-Ohhh que muchachos, son tal para cual- dijo con una media sonrisa

A media mañana el barco había atracado, un Roll Roys los esperaba en el puerto, junto con el chofer estaba Richard un hombre estilizado de mediana edad que sería el asistente personal de Albert en Londres

-Bienvenidos, Señor William es un placer volverlo a ver después de mucho tiempo-

-Yo también me alegro Richard, le presento a mí prometida Candy White y a su dama de compañía la señora Miller-

-Bienvenidas espero que hayan tenido un placentero viaje-

-Si muchas gracias-

Subieron al coche e iban rumbo a una mansión de las afueras de Londres propiedad de los Andrew, Albert miraba feliz a Candy y eso lo tranquilizo quería enseñarle la ciudad llevarla a los lugares que el había estado ya no quería ningún misterio, atrás había quedado ocultar su identidad y sus sentimientos.

-Bueno señor William le parecerá precipitado para mañana una reunión, pero el señor Farrel quiere reunirse con usted-

-¿Como dice? creo que fui muy claro que comenzaría mis citas la semana entrante – Dijo serio, ya que querría pasar unos días con Candy para que se adaptara y no se sintiera sola, aunque ya había pensado algo para que ella se mantuviera ocupada mientras el trabajaba.

-Eh bueno… si pero insistió mucho, lo siento- dijo preocupado

El señor Farrel era el representante del consejo en Inglaterra de la familia Andrew era un hombre de mediana edad pero con mucho afán de protagonismo y se creía el dueño de los bienes de la familia Andrew.

Albert sabia que era una persona que creaba un ambiente nocivo para sus empresas ese era unos los motivos por lo que hace unos meses le habían escrito y se urgía su presencia, porque esta persona no era de confiar.

Candy vio a Richard con cara de preocupación porque había metido la pata así que dirigiéndose a Albert le dijo -No te preocupes por mi, estaré bien-

-Candy aquí debo darme a respetar y he dado una orden- Dijo con firmeza, quería dar un toque de atención al Señor Farrel y demostrarle que quien tenia las riendas del negocio y las ordenes era él, no quería dejarse mingunear por él.

Y viendo a Richard le dijo de manera tranquila –No te preocupes Richard no tienes culpa se como es el señor Farrel, yo hablare con él -

Llegaron a una bella mansión no muy diferente a la de Lakewood con enormes jardines adornados por bellas rosas y rodeado por un río

Al entrar Candy se asombroso de lo majestuosa que era

-Es muy hermosa-

-Bienvenida a nuestro nuevo hogar- Dijo con una gran sonrisa

No se si fue en la forma en que lo dijo Albert, que Candy experimento por primera vez que pertenecía a una persona y a un lugar y sintió la necesidad de formar un hogar y una familia con Albert.

Albert le enseño el resto de la mansión hasta llegar a su habitación era una de las mejores estancias

-Es preciosa- y se apresuro abrir la terraza y vio como un bello paisaje de la campiña le daba la bienvenida

-Espero que te sientas bien aquí mi amor, descansa un poco y luego que te parece si salimos a cabalgar así conoces los alrededores de la propiedad -

-Estupenda idea Albert-

Albert bajo a su despacho y tomo el teléfono tenia que hablar con el Señor Farrel no fue muy agradable la conversación pero Albert se mantuvo firme y no tuvo mas remedio el señor Farrel esperar para reunirse la otra semana con él. Aunque esta vez había ganado la primera batalla sabia que no seria fácil pero ahora no quería pensar en eso y subió a su habitación.

A media tarde Albert y Candy iban camino a las caballerizas, montaron unos bellos corceles, la propiedad era muy extensa.

-Ven Candy sígueme quiero enseñarte algo- y empezó a galopar

Sin alejarse mucho del rió entre unos árboles se podía ver una casa de campo, cuando llegaron Albert la ayudo a bajar

-Albert me recuerda mucho a la cabaña de Lakewood -

-Si Candy mi padre también le gustaba mucho la naturaleza y el tiempo que tenia libre le gustaba pasarlo aquí, por eso hizo construir la de Lakewood-

-Eres entonces muy parecido a tu padre-

-Si George me lo dice mucho, lamento no haber tenido la oportunidad de que él me lo dijera. Ven Candy entremos-

Albert empezó a preparar la chimenea, era una estancia muy acogedora aunque mas lujosa que la de Lakewood. Candy se sentó en el sofá frente a la chimenea un poco pensativa entonces dijo:

-Vivíamos en dos mundos diferentes Albert, pero a la vez éramos parecidos tuvimos una niñez solitaria sin nuestros padres-

-Si Candy, quizás por eso el destino nos unió- mientras terminada de encender el fuego y se iba a sentar junto a ella

-Desde que te conocí la primera vez Albert me diste una ilusión en mi vida, y regí mi destino para volverte a encontrar por eso acepte que me adoptaran los Leggan ya que tenían el escudo muy parecido al tuyo-

-Vaya Candy no pensé que te causara tanto impacto, aunque me halaga- mientras paso su brazo detrás de Candy para abrazarla

-Si, ahora que lo pienso cada decisión o momento importante en mi vida siempre estabas tú- mientras lo miraba con admiración

-Tú también cambiaste mi vida. Cuando te vi llorando tan desvalida en mi corazón nació querer cuidarte y protegerte, aunque no pude años después-

-No estuviera aquí sino hubiera sido por ti, que me salvaste de la cascada. No me cansare de agradecértelo. Cuando te vi esa vez... me asustaste mucho con esa barba no te reconocí. ¿Tu sabias que era yo?-

-Si, George me contó lo que paso en la presentación de Lakewood, y cuando te describió y de donde venias algo me dijo que eras tú por eso me traslade a Lakewood-

-¿Pero porque no me dijiste que eras tu mi príncipe de la colina?-

-Lo pensé, pero creí que no era importante-

Ella levanto su mano para acariciar el rostro de él y le dijo:

-¡Te imaginas que hubiera pasado si me lo hubieras dicho en ese momento!-

-No lo se, pero creo que fue mejor así Candy-

-Puede que tengas razón porque solo me ha desmostado que me he me enamorado de ti no porque fueras mi príncipe de la colina sino por ser tu, mi amor-

Se podía escuchar el crujir de la madera quemándose, Albert recorría con la mirada el bello rostro de Candy hasta que llego a sus labios que no pudo resistir sentirlos nuevamente se fue acercando inevitablemente a ellos y cerro sus ojos para besarla, la amaba tanto cuanto había deseado oír eso y que fuera Candy la que se lo decía.

Candy no podía resistirse a sus besos ya que ella los deseaba también, poco a poco llevaba a Albert hacia ella llegando a recostarse en el sofá. Albert se dejo llevar estaban perdidos entre caricias y besos más intensos, pero a Albert en su mente le vino la voz de George por lo que con mucho esfuerzo la beso con menos intensidad y no muy convencido le dijo:

-Vamos mi amor, empieza anochecer- así que se levando y ayudo a Candy apagaron la chimenea y regresaron a la mansión.

La señora Miller los esperaba impacientes, cuando entraron esta les dijo:

-Estaba muy preocupada por la tardanza, como habían dicho que darían un paseo corto-

-Lo siento Señora Miller fue mi culpa quise mostrarle a Candy toda la propiedad en una tarde. Bueno nos prepararemos para la cena-

-Señor William ha venido esto carta para usted- dijo el mayordomo

Albert la tomo y la abrió –Es la invitación de Edward para mañana por la noche- dijo viendo a Candy

-Oh si, me gustara conocerlo-

-Será una velada agradable mi amor-

Esa noche cenaron algo ligero y se fueron pronto a dormir estaban cansados del viaje

Al día siguiente en el día fueron de paseo junto por los lugares más emblemáticos de Londres a su regreso Candy le dijo:

-Gracias Albert me ha encantando, pero he echado en falta un lugar-

Albert pensativo le dijo -Creí no dejar ningún sitio de la ciudad que quisieras conocer-

-Bueno en realidad ya lo conozco pero me trae muy buenos recuerdos y es el zoo Blueriver donde trabajaste-

-Bueno no me olvide, ese es otra salida ya que había pensado que fuéramos de pic-nic y luego al Zoo ¿Te parece el plan?-

-Un plan estupendo, bueno mi amor me iré a arreglar para la fiesta no quiero decepcionar a tus amigos-

-No debes preocuparte por eso, eres la mujer más bella del mundo y encantadora los dejaras maravillados-

-Que adulador eres-

-Es la verdad-

Candy subió a su habitación junto con la señora Miller, puso mucho esmero en su arreglo, tenia que reconocer que se encontraba nerviosa y quería dar una buena impresión.

La señora Miller le escogió un bello vestido de noche de color Beige claro que definía su bien su figura lo adorno con unos pequeños pendientes de Diamantes, recogió su cabello haciéndole un moño que adorno con una fina tiara que Albert la había obsequiado.

Por su parte Albert lo tenía más fácil a la hora de vestir ya que vestiría un smoking que le sentaba muy bien.

Cuando fue a buscarla al verla con ese vestido parecía una bella novia que se dirigía al altar, a Albert le latió su corazón muy rápido deseando que fuera así.

-Me he quedado sin palabra con lo bella que estas- y ofreció su brazo para bajar

Ya en el coche, Albert noto a Candy muy callada -¿Que pasa Candy te siento tensa?- mientras la tomaba de la mano

-Bueno es que no se… como me verán tus amigos, si no estoy a tu altura-

-Bueno Candy, eso será evidente.. yo mido 1.90 – dijo divertido

Candy al principio se sorprendió pero luego rió –No me refiero a eso-

-Jajaja, ya lo se Candy solo quiero que te relajes, ya te lo he dicho que eres encantadora tanto fuera como por dentro los cautivaras como lo has hecho conmigo, además ellos no son pretenciosos si lo fueran no serian mis amigos- y la abrazo dulcemente

Pronto llegaron a la residencia de los Gallagher, Candy respiro hondo. En la entrada los esperaban Edward y Rachel muy felices de volver a ver a su amigo después de mucho tiempo.

–Bienvenidos espero que hayan tenido un buen viaje- Dijo Rachel

-William que alegría volver a verte- le dijo Edward que bajo hasta él para darle un cálido abrazo.

-Yo también me alegro de verlos, les presento a mi prometida Candy White-

Ellos dirigieron su mirada hacia ella y vieron a una bella jovencita con cálida mirada y una dulce sonrisa.

-Encantada de conocerle señorita White y felicitaciones- dijo Rachel

-Igualmente me alegro de conocerlos, pero mejor llamame Candy-

-Bueno Candy ahora comprendo como William ha caído a sus pies, es realmente muy bella- mientras Edward le besaba la mano

-Pasar adelante- entraron al salón no era una fiesta muy grande invitaron algunos conocidos de ellos del hospital y antiguos compañeros de colegio, ya que conocían a Albert que no era de mucho aspaviento y aglomeraciones.

Rachel tomo a Candy del brazo -Ven querida, quiero presentarte a unas amigas mías ya que creo necesitaras hacer amigos aquí- dijo con su característico entusiasmo.

-Pero...- dijo Albert que no la soltaba de la mano

-Vamos William no le pasara nada- decía Edward

Candy viéndolo con una sonrisa de resignación le dijo –Dentro de un momento volvemos, no te preocupes- y se soltó de su mano

-Jajaja Vaya… vaya… William pensé que no vería nunca esa cara en ti- decía Edward

-¿Que cara?-

-La de un tonto enamorado, pero sabes una cosa me alegro mucho. Se ve que ella también siente lo mismo por ti, me preocupaba que no pudieras encontrar a la mujer de tu vida-

-No fue fácil pero lo logre, la amo mucho-

-Ven vamos a servirnos algo y a ponerlos al corriente, nos preocupamos mucho cuando desapareciste y en medio de la guerra pensamos lo peor-

-Si fue un momento muy duro, pero si no hubiera sido por los cuidados de Candy no estuviera aquí-

-Si cuando recibí tu carta no podía creerlo-

-Dime y tu ¿Como estas?-

-Muy bien ahora como sabes somos padres de tres encantadores niños son unos terremotos pero los adoramos, ya pronto sabrás lo que te digo- mientras le guiño el ojo

-Bueno…eh- dijo Albert lo había tomado por sorpresa el comentario pero la idea le encanto cuando junto con Candy formara su propia familia

-Falta un poco para eso, aun no hemos fijado la fecha de nuestra boda pero lo estoy deseando-

-Y que esperas entonces-

-Bueno estoy seguro que Candy querrá casarse en América-

-Si tienes razón es lo mas seguro- Edward miro hacia donde estaba Rachel y Candy

-Creo que ha hecho buenas migas con Rachel, seguro que la estará confesando-

-Me alegro que se lleven bien, había pensado decirle a Rachel si Candy la puede acompañar al hospital-

-Bueno Rachel de momento ha dejado el voluntariado, ya que los niños le absorben mucho-

-Lo entiendo, había pensado que Candy podía ayudar en el hospital es enfermera así no se aburriría y haría algo que le gusta, mientras yo estoy en los negocios -

-Bueno pero eso no será problema William, porque se que la jefe de enfermeras necesita voluntarias-

-Eso es una buena noticia, ¿Crees que podría hablar con ella mañana?- decía muy animado Albert

-Eso no será problema, es más se lo puedes decir ahora esta aquí la buscare, espera un momento-

Albert se sentía feliz porque así estaría mas tranquilo por Candy y vio que regresaba Edward y alguien detrás de el.

-William aquí esta la jefa de enfermeras- y se hizo un lado

-¡Rose!- dijo admirado ya que no esperaba verla

- Hola William, cuanto tiempo ha pasado me alegra que estés bien sano y salvo- Y no pudo contenerse y lo abrazo

Entretanto tal como había dicho Edward, Rachel no paraba de hablar con Candy, todo iba bien hasta que Candy vio como una bella y estilizada dama abrazaba a Albert pero lo que mas le inquieto fue ver la reacción de Albert que también la abrazo efusivamente y una punzada en su corazón sintió.

Candy ya no escuchaba lo que le decía Rachel en su cabeza solo se preguntaba

¿Quien es ella…?

Continuara…

Feliz Año atrasadas a todas mis pacientes lectoras siento haber tardado en subir el capitulo pero entre compromisos familiares y que mi musa se me fue de vacaciones por unos días he tardado mucho lo siento U.U

En cuanto a este capitulo he tratado de mostrar las inseguridades o miedos que pueden tener tanto Candy como Albert, es normal que los haya es una nueva experiencia para ambos y habrá obstáculos como en todas parejas para reforzar o debilitar ese amor que se profesan. Nos vemos en el próximo capitulo.