If I ever were to lose you
I'd surely lose myself
Everything I have found dear
I've not found by myself
Si alguna vez te perdiera
estoy segura que yo me perdería
Todo lo que he encontrado, mi amor
no lo he encontrado por mi misma
Try and sometimes you'll succeed to make this girl of me
All my stolen missing parts I've no need for anymore
Intenta y algunas veces tendrás éxito
para hacer a una mujer de mi
Todas mis partes robadas y perdidas
ya no las necesito más
I believe and I believe 'cause I can see
Our future days, days of you and me
Creo y creo porque puedo ver
nuestros días futuros
días que nos pertenecen a ti y a mí
Back when I was feeling broken
I focused on a prayer, you came deep as in the ocean
Its something I cant hear
En el pasado cuando me sentía destruida
me enfoqué en una plegaria
Llegaste tan profundamente como cualquier océano
Algo allá afuera no pude escuchar.
All the complexities and games, no one wins but somehow they're still played
All the missing crooked hearts they may die but in us they live on
Todas las complejidades y los juegos
nadie gana, pero de alguna forma se siguen jugando
Todos los corazones perdidos y deshonestos
pueden morir, pero en nosotros siguen vivos
I believe and I believe 'cause I can see
Our future days, days of you and me
Creo y creo porque puedo ver
nuestros días futuros
días que nos pertenecen a ti y a mí
When The hurricanes and cyclones rage
When winds turn dirt into dust
When floods they came and the tides they raised, ever closer became us
Cuando los huracanes y los ciclones se enfurecen
cuando el viento convierte la tierra en polvo
cuando las inundaciones llegan o las olas se elevan
nosotras nos acercamos más la una a la otra
All the promises at sundown, I met them like the rest
All the demons used to come round I'm grateful now they've left
Todas las promesas al anochecer
las dije en serio, como las otras
Todos los demonios solían estar alrededor
estoy agradecida de que se hayan ido
So persistent in my ways, Angel I am here to stay
No resistance, no alarms
Please this is just too good to be gone
Tan persistente en mis modos
hey, ángel, estoy aquí para no irme
sin resistencia, sin alarmas
por favor, esto es demasiado bueno como para acabarse
I believe and I believe 'cause I can see
Our future days, days of you and me
You and me
Days of You and Me
Creo y creo porque puedo ver
nuestros días futuros
días que nos pertenecen a ti y a mí
Días sólo tu y yo
La mirada de Bo se desvía hacia ese lugar donde tantos años atrás vivió el momento más emocionante de su vida. Las lágrimas comienzan a descender en silencio, pero su sonrisa melancólica sigue intacta en sus labios. Recordar aquel instante le devuelve por unos segundos la felicidad perdida, aunque la súcubo es consciente que no puede vivir eternamente en ese espejismo de felicidad y con lentitud su trance desaparece para volver a sentir esa tristeza que desgarra su interior.
Lauren repite el mismo gesto que hizo hace mas de tres siglos, arrodillándose en ese lugar donde descansa la mirada de Bo, y a pesar que la súcubo no puede verla, Lauren sujeta sus manos con tanta ternura que ese acto de consuelo lo recibe Bo como un leve escalofrío, sin entiender que ese tacto es del alma que protege su vida.
Recuerdo aquel momento como el más feliz de mi existencia —murmura Lauren, añorando el calor de Bo—. La noche anterior fue la más perfecta e inolvidable que jamás pensé vivir a tu lado. Escucharte con esa sinceridad profesar tu amor, destrozó mis muros, acercándome a lo que creí que era la perfección. Las lágrimas se mezclaron con las sonrisas que se dibujaron en nuestros rostros. El esplendor de tus ojos me hicieron perderme en los latidos de mi corazón y el dolor se esfumó como un suspiro amargo. Pero la duda persistió dentro de mi, recordándome cual era mi condición y papel en el mundo fae.
—¡Oh, dios! —exclamé al ver el anillo—. ¿Me estás pidiendo matrimonio?
—Claro que estoy pidiéndote que te cases conmigo —respondiste, perpleja—. ¿Acaso lo he dicho mal?
Solté tu mano izquierda y me llevé ambas manos a la cabeza. Quise mantener la ilusión, olvidarme del mundo que nos rodeaba, pero no pude escapar de lo que era nuestra realidad.
—Tú no crees en el matrimonio —murmuré a media voz.
Volviste a coger mi mano para no soltarla hasta que ese anillo posó en mi dedo. Nuestras miradas se encontraron y pude entrever esa sinceridad con lo que hablaron tus ojos.
—Antes de conocerte no creía en muchas cosas, especialmente en una sociedad secreta llamada faes, y quizás no creía en el matrimonio porque no te conocía, pero ahora sé que es contigo con quién quiero vivir lo que me deparará el futuro.
—¿Estás segura? —pregunté con miedo.
—Creo que es la primera vez en mi vida que estoy muy segura de lo que quiero —respondiste con firmeza—. Lauren, no te estoy pidiendo que te cases conmigo porque tenga miedo a perderte otra vez o para suplicarte perdón por mis errores. Te pido que te cases conmigo porque no puedo imaginar mi vida sin ti.
Tantas veces soñé con oírte decir esas palabras, demostrarme que aún me querías, pero jamás sospeché que ese momento pudiera ser tan extraordinario.
—Bo...
—Sé que todo será difícil —me interrumpiste—, que muchas cosas se complicarán, pero tenemos que afrontarlas porque juntas podremos vencer lo que sea. Y si me lo permites, pasaré el resto de mi vida luchando por hacerte tan feliz como tú me haces sentir.
Suspiré, tratado de encontrar la manera de expresar mis dudas.
—Soy una humana y algún día voy a morir —rebatí con la voz cargada de tristeza—. ¿Sabes lo doloroso qué será ese momento para ti?
Ambas permanecimos arrodilladas una enfrente de la otra. Avanzaste unos centímetros hacia mí, clavando tu mirada en mis ojos, convencida que me harías cambiar de opinión y así fue.
—Claro que lo sé, Lauren —replicaste conteniendo el llanto—. He vivido trescientos sesenta y cinco días echándote de menos y no quiero vivir ni un segundo más sin ti. Durante estos meses he aprendido muchas cosas, he descubierto mi pasado, la identidad de mi padre y todo ha sido gracias a ti. Quizás el día de mañana todo esto puede cambiar, pero estoy convencida que si no disfruto esta vida a tu lado, me arrepentiré el resto de la eternidad.
Bajaste la mirada hasta el anillo que reposaba en el centro de tu mano. Mi corazón no pudo resistir la alegría que hizo desaparecer mi lado racional y calculador, abriendo paso a mis verdaderos anhelos. Tomé tu barbilla, alzando lentamente tu rostro para que pudieras observar en mis ojos la respuesta.
—Sí, Bo —acepté con una sonrisa bañada en lágrimas—. Sí quiero casarme contigo.
Una sonrisa apareció en tus labios, pero solo duró un instante antes de que me besaras. Nos abrazamos tan fuerte que quise permanecer en tus brazos el resto de mi vida, sintiendo los latidos de tu corazón que me confirmaron que todo aquello era verdad. Te separaste de mí, sollozando de alegría y con cuidado deslizante el anillo en mi dedo anular. Te besé, dándote las gracias por hacer realidad uno de mis tantos sueños.
Nos abrazamos hasta que el dolor en nuestra rodillas fue insoportable. Me ayudaste a ponerme de pie y nos quedamos inmóviles, en silencio, dejando que nuestras palabras entraran en ese lenguaje secreto de las miradas. No resistimos que nuestros cuerpos estuvieran separados y volvimos a fundirnos en un abrazo tan cálido como urgente.
—¿Cómo te sientes? —inquiriste, besando mi cuello.
—Segura y feliz, como si estuviera en casa, porque estoy exactamente donde quiero estar... Contigo.
Buscaste mi rostro con tus manos, acariciando mis mejillas. Nos miramos un segundo hasta que nuestros labios se unieron en un beso profundo y rebosante de pasión. Posé mi cara en tu hombro, contemplando el anillo en mi dedo.
—Dios, es precioso —suspiré—. ¿Desde cuándo llevas planeando esto?
Nos sentamos juntas en el sofá, compartiendo miradas y sonrisas. Tomaste mis manos y con tu pulgar acariciaste el diamante del anillo.
—Tomé esta decisión en la casa de tus padres —respondiste—, cuando Emilia me dio la fotografía de mi padre contigo en el jardín de mis abuelos. En ese instante, supe que no existe persona en el mundo capaz de hacerme sentir más feliz que tú. ¿Te gusta el anillo?
—Me encanta, Bo —respondí bajando la mirada—. Ni en mis sueños imaginé un anillo como este. ¿Cuándo lo compraste?
—No lo compré —repusiste con cierta tristeza en la voz—, me lo dio mi madre adoptiva antes de morir y ella me pidió que cuando te encontrara te lo diera a ti. Sam hizo realidad los sueños de Mary con ese anillo y yo haré posibles todos los tuyos.
Alcé la mirada hasta las lágrimas que aparecieron en tu rostro. Rocé levemente tus mejillas mientras tus ojos buscaron los míos.
—¿Tu madre adoptiva ha muerto? —te pregunté, sorprendida—. ¿Cuándo?
—Hace tres meses —tu voz se quebró—. Trick y Mary se hicieron muy amigos después de mi amanecer. Una noche después de un concierto, Trick me buscó para que pudiera despedirme de ella. Aquel fue un día sumamente desgarrador y deseé que tú estuvieras conmigo.
—Lo siento, Bo —limpié tus lagrimas, sintiéndome culpable—. Lamento no haber estado a tu lado.
—No pasa nada porque hoy estás aquí y en unos meses nos casaremos. Mary debe estar feliz que su anillo este posando en tu dedo, porque ella deseaba que tú fueras tan feliz como mi padre la hizo sentir toda su vida.
Te besé en los labios casi sin rozarlos. Supe lo que debía regalarte y nadie en el mundo podía apreciar ese objeto como tú.
—Espera un segundo que te daré algo muy importante para mí y creo que tú deberías tenerlo —volví a besarte.
Me levanté del sofá y caminé hacia la biblioteca que está al lado de la chimenea. Toqué varios lomos mientras buscaba ese libro que significó tanto para mí y que alguien tan especial como tú, posó en mis manos cuando era una niña. Apenas lo encontré corrí de vuelta al sofá, sentándome a tu lado y repetí ese gesto que Aidan hizo conmigo.
—¿Este es el libro que mi padre te regaló? —me preguntaste, acariciando con las yemas de tus dedos las letras doradas del título.
—Si, cariño —respondí, posando mi mano sobre la tuya—. Es una edición muy antigua del primer volumen del Qanun, que para muchos expertos en la medicina, es la Biblia que cualquier médico respetable debe poseer. Este libro se convirtió en el guardián de mis deseos, pero ahora tú proteges todos mis anhelos.
Lo abriste con sumo cuidado y hojeaste hasta la primera página, dónde en un trazo negro de tinta y pluma esta la dedicatoria de Aidan:
"Que este libro te guíe hasta tu destino.
Eres una señorita brillante y pronto descubrirás el significado de lo que aquí hay impreso.
Feliz cumpleaños, My Little Angel.
Aidan Lloyd Aldaya".
Tu mirada tembló al leer aquellas palabras de tu padre y sentí como algo en mi interior se inundaba de felicidad, pero no era la mía, sino la tuya. En ese momento comencé a percibir tus sentimientos, tan claros como los míos, y no supe a que se debía esa extraña conexión hasta que horas después me revelaste la verdad.
—¿My Little Angel? —inquiriste, intrigada.
—Ese fue el apodo que me puso tu padre. Él solía decirme que yo había entrado en su vida como un pequeño ángel para compartir conmigo ese sentimiento de paternidad que no pudo darte.
Sin medir más que miradas volví a tus brazos, convencida que nada pudo hacerte más ilusión que ese libro, junto con las palabras que tu padre dejó para mí y que, de alguna manera, llegaron hasta ti como estaba escrito en nuestros destinos.
—Hagamos una cosa —sugeriste—; este libro será el primer objeto que entre en nuestra casa.
Colocaste el libro en tu regazo, con esa sonrisa impresa en tus labios.
—¿Nuestra casa? —inquirí, escéptica.
Agitaste la cabeza, cuando te diste cuenta que tu proposición me había pillado por sorpresa.
—Si nos vamos a casar, imagino que viviremos juntas, ¿no?
Era cierto, desde ese momento comenzaríamos a vivir juntas y no nos separaríamos físicamente hasta que llegó mi hora.
—Kenzi me va a odiar —dije poniéndome en pie con las manos en la cintura.
—No te preocupes por ella, que yo sólo soy una huésped en su casa —dijiste en tono burlesco.
—¿Su casa? —pregunté, sin comprender lo que ocurría.
—Se la regalé a Kenzi por su cumpleaños —respondiste, incorporándote del sofá.
—¿Cómo?
—Quiero asegurarle su futuro, Lauren. Además, la fortuna de mi familia es incalculable y necesitaría tres vidas inmortales para gastarla.
—Es cierto, tú eres la heredera de la fortuna Lloyd —musité para mis adentros—. ¿Qué piensas hacer con tanto dinero?
Apartaste mis manos de mi cintura para colocar las tuyas. Uniste todo tu cuerpo contra el mío, regresando tus labios al camino de mi cuello.
—No lo sé —contestaste, besando repetida veces mi garganta—. Por ahora rogarle a dios que me acepten en alguna universidad.
—¿Quieres estudiar? —retrocedí mi cuerpo para mirarte a los ojos.
—Sí, Lauren —repusiste buscando mis labios—. Creo que mi padre se sentirá orgulloso si utilizo su dinero en mi educación.
—Me parece una idea estupenda y te apoyaré en todo lo que necesites —te besé nuevamente—. ¿Has elegido la carrera qué quieres estudiar?
—Todavía no lo tengo claro, pero después de la boda pensaremos cual es la mejor opción.
—Nos vamos a casar —dije, tratando de convencerme.
—Sí, nena —tus manos recorrieron mi espalda de arriba a abajo—. Dentro de unos meses comenzaremos a escribir nuestro destino juntas y estoy aquí para empezar a vivirlo.
Las yemas de tus dedos ascendieron lentamente por mi cuerpo, rozando mis pechos mientras tus labios besaban mi hombro. Deseé continuar ese juego de caricias, pero recordé todo lo que debía hacer aquella mañana. Atrapé tu mano que posaba sobre mi pecho y te besé dando por concluido aquel intento por sucumbir ante tus deseos.
—Venga, vamos a comer que la comida se enfría —tiré de tu mano hacia la cocina.
—Estaba pensando en que quizás —me detuviste—, podíamos celebrar nuestro compromiso de una manera... Especial.
Sentí el calor de tu cuerpo contra mi espalda y el tacto de tus manos deslizándose por vientre, subiendo hasta mis pechos. Tus besos se repitieron en mi nuca, produciendo un gemido que no pude contener en mi garganta. Pero no podía posponer lo que debía hacer aquella mañana y mis manos detuvieron el descenso de las tuyas por la parte baja de mi vientre. Me di la vuelta para verte a los ojos y pude percibir la decepción en tu rostro.
—Tenemos toda la vida para celebrar —te besé—. Pero ahora debemos comer y luego ir a hablar con Trick para que nos ayude con los ancianos.
—No sólo mi abuelo nos ayudará —dijiste confiada—. Ishwari, Hale, Vex y muchos otros pesos pesados de los faes están de nuestro lado.
—Bueno, por alguien tendremos que empezar, ¿no? —volví a tirar de tu mano con dirección a la cocina.
Me ayudaste a servir la comida y nos sentamos entorno a la mesa redonda de madera. Desayunamos en silencio, envueltas en sonrisas y miradas que hablaban por nosotras. Captó mi atención el reloj que portabas en tu mano izquierda. Jamás lo había visto, pero era precioso. La correa de platino se enredaba como una serpiente en tu muñeca, el fondo del reloj era azul oscuro y las horas estaban demarcadas por unos pequeños diamantes mientras las agujas seguían su rumbo, dejando destellos en color plata con cada segundo.
—Dios mío, este es el mejor desayuno que he comido en meses —tus palabras me extrajeron del embrujo de tu reloj—. Cocinas igual que tu madre.
Agité la cabeza y me froté los ojos. Aquella mañana hice el mismo desayuno que me preparaba mi madre cuando regresaba a casa después de estar un semestre en la universidad. Esa era su manera de darme la bienvenida. Quizás fue un instinto, pero deseaba recordarla y los aromas siempre se adentran en la memoria, ayudando a que esos momentos vuelvan a reproducirse en lo más recóndito del subconsiente.
—¿Qué tal están mis padres? —pregunté con la mirada puesta en mi plato.
—Te echan mucho de menos, Lauren —posaste tu mano sobre la mía.
—Y yo a ellos —suspiré, resignada—. ¿Qué tal está mi madre?
—Emilia y Kenzi se han hecho inseparables desde el viaje a las Highlands —contestaste tomando un sorbo de café.
—¿Fueron a las Highlands con mis padres? —inquirí, atónita.
Me levanté de la mesa, cogí nuestras tazas medio vacias y busqué un poco más de café. Estaba convencida que esa conversación revelaría más eventos que ocurrieron en mi ausencia.
—Estuvimos diez días recorriendo todo el norte de Escocia y Vex vino con nosotros.
—¿Qué Vex conoce a mis padres? —inquirí, incrédula.
Dejé las tazas de café sobre la mesa, sin dejar de mirar tus ojos.
—Sí —respondiste con una sonrisa—. De hecho, Vex y Niel se hicieron amigos. Tu padre le está diseñando su nueva casa en Londres.
Me tiré sobre la silla con las manos en la cabeza. No entendí qué ganaría Vex protegiendo a mis padres y cuanto nos costaría su ayuda, pero él había cambiado radicalmente.
—Bo, ¿estoy en una dimensión paralela?—pregunté, desconcertada—. ¿Qué demonios tiene que ver Vex con mis padres?
—Él los esta protegiendo.
—¿De quién?
—Evony —contestaste, sin mirarme—. Ella estará buscándote para que formes parte de sus planes y no podemos permitir que le haga daño a tus padres.
—¿Qué hiciste para qué Vex te deba ese favor? —pregunté, perspicaz.
—Durante la fiebre española, mi padre salvó a la familia de Vex y por eso él se siente en deuda conmigo.
—Bo, no deberías confiar en Vex —dije poniéndome en pie.
Recogí los platos de la mesa y los deposité en la pila. Aquella situación me parecía surrealista, pero lo que más me agobió fue dejar la vida de mis padres en manos de un fae como el Morrigan.
—Tranquila, Lauren —dijiste posándote a mi lado—. Mi padre me explicó todo sobre Vex y te aseguro que él está de nuestro lado. Si no me crees, pregúntale a Kenzi que ambos tuvieron un medio romance.
—¿Qué? —inquirí, alucinada—. ¿Kenzi y Vex?
—No pasó nada entre ellos, pero Vex está enamorado de Kenzi, como muchos otros, incluido mi tío.
Entre más escuchaba tus anécdotas, menos entendía toda esa situación.
—Bo, ¿cuántas cosas han cambiado en un año?
—Tantas que no sé por donde empezar —miraste tu reloj—. ¡Dios, tengo que llamar a Kenzi!
—¿Para qué?
Buscaste tu teléfono en la mesilla frente a la chimenea.
—Cuando hablé con ella, me pidió que la llamara cuando tú aceptaras casarte conmigo.
—¿Ella lo sabía? —te pregunté mientras me sentaba en el sofá.
—No, pero algo debía intuir. Quizás las clases de magia la están influenciado más de lo normal.
Marcaste el número de Kenzi y comenzaste a hablar con una increíble emoción en tu voz. Relataste como me habías pedido matrimonio, sin escatimar en detalles. Los gritos de Kenzi se oían a metros de distancia y en ese instante me tendiste el teléfono, ya que ella quiera hablar conmigo.
—Hola, Kenz.
—Felicitaciones, Doc. ¿Qué tal te sientes?
—No tengo palabras para describir lo que siento, Kenz.
—Me lo imagino. ¿Te gusta el anillo?
—Es precioso —respondí, admirando una vez más el diamante—. Muchas gracias por todo y por cuidar de Bo.
—Eso no es nada. Nuestra súcubo sabe cuidarse solita. ¡Estoy feliz! —gritó.
—Yo también estoy feliz —añadí con una sonrisa mientras mis ojos estaban fijos en los tuyo—. ¿Qué tal está Hale?
—Ha despertado, pero no ha sido suficiente para conservar su puesto de Ash. Ahora están con las pruebas y la que va en cabeza es Val.
—¿Dónde estás? —inquirí.
Avancé lentamente hasta ti y te besé en la mejilla.
—En el complejo de las luces y después voy al Dal para mis clases con Trick.
—¿Podrías llamarme cuándo sepas quién es el nuevo Ash? —pregunté mordiéndome el labio a sentir tu boca bajar por mi pecho.
—No te preocupes por eso, Lo. ¿Cuándo volvéis?
—Imagino que luego iremos a hablar con Trick —contesté, besando tu cuello.
—Ok, las espero en el Dal para que le deis la noticia a Trick. ¡Estoy feliz!
—Gracias, Kenz. ¿Quieres hablar con Bo?
—No. Creo que ahora os pondréis al día en vuestro asuntos y eso incluye vuestras cochinadas.
—Nos vemos luego, ¿Ok?
—Lauren, estoy orgullosa de ti y me alegro que tus miedos no fuera un impedimento para tu felicidad.
—Gracias por ayudarme a vencerlos —repuse mirando tus ojos.
—Os veo luego. ¡Estoy feliz! —gritó Kenzi.
Colgué la llamada y comenzamos a planear nuestra boda. No puedo decirte la emoción que sentí cuando vi el brillo que tu sonrisa desprendía en la más absoluta felicidad. Estaba convencida que todo estaba cobrando sentido, pero tenía miedo por lo que podía pasar con los faes.
Mi móvil comenzó a sonar y el número que apareció en la pantalla era desconocido. Apenas contesté supe que algo no estaba bien por la voz desesperada de Ishwari. Esa mañana tu madre volvió a desaparecer y la Ash me llamó para saber cuando podía ir a verla. Me alejé lo más que pude de ti para proteger el paradero de Aife, pero me seguiste hasta mi habitación y apenas terminé la llamada te situaste ante mí.
—¿Has hablado con Ishwari? —me preguntaste, resentida—. ¿Sabes dónde está mi madre?
Tomé tu mano guiándote a mi cama. Tu rostro era una simple expresión de decepción y supe que cualquier cosa que pudiera decirte agravaría la situación.
—Bo, tu madre ha desaparecido y no saben a donde a ido —dije, tratando de calmarte.
—¿Mi madre está bien? —me preguntaste levantándote de mi lado.
—De salud está perfectamente —corrí a tomar tus manos—, pero ha perdido la cordura y no sé que es capaz de hacer.
—Estoy harta que me oculten cosas —te zafaste de mí y me miraste con frialdad—. La última vez que vi a mi madre fue hace siete días y la Ash me prometió que me llamaría todos los días, pero no lo ha hecho. Ahora descubro que tú estas ayudando a Aife. ¿Cuándo volviste a la cuidad?
Bajé los ojos, ocultando mi vergüenza. Mi corazón se disparó y jamás sentí tanto miedo de perderte, como en ese preciso instante.
—Una semana —musité.
—¡Una semana! —exclamaste retirándote hacia la puerta—. ¿Por qué no me dijiste nada?
Me quedé en silencio, incapaz de explicar esa razón estúpida que me alejó de ti. Alcé mis ojos y vi como echaste a andar por el pasillo que conducía hasta el salón. Maldije mi idiotez mientras eché a correr trás de ti. Te detuve antes de llegar a la puerta, asiéndote del brazo.
—El día que volví te vi besando a Amaia y pensé que habías rehecho tu vida, por eso no te dije nada y mi intención era irme lo más lejos posible para dejarte ser feliz.
Me miraste fijamente, avanzando un paso hacia mí. Sujetaste mi rostro entre tus manos y sin mediar palabra me besaste con tanta pasión que se me olvidó como respirar. Tu lengua recorrió cada parte de mi boca hasta que tus labios se fundieron con los míos. Rompiste nuestro beso, pero apoyaste tu frente contra la mía, mirándome a los ojos mientras recuperabas el aliento.
—¿Besé a Amaia de esta manera? —murmuraste.
—No.
—Lauren, cada vez que te beso, todo desaparece a mi alrededor y lo único que existe eres tú. Y me doy cuenta que es a ti a la única persona a quien debo besar el resto de mi vida y siento por un momento algo realmente asombroso y quiero reír y también llorar, porque tú me inundas de felicidad y me invade el terror, pensando que te marcharás o te haré daño. Pero sólo a ti quiero besar, abrazar y dormir a tu lado. ¿No entiendes qué nadie se puede comparar contigo? Tú eres lo único que me hace sentir normal y quiero ser normal para ti.
Tus brazos rodearon mi cintura y tiraste de mí hacia tu cuerpo. La expresión en tu rostro cambió completamente, dejando salir esa sonrisa que destruyó todas mis dudas.
—Me alegra escuchar eso —susurré en tus labios—. No quiero que nadie te bese, no quiero que nadie se acueste contigo y lo único que deseo es que algún día pueda ser suficiente. Jamás volveré a compartirte, Bo. Y sé que suena territorial, primitivo y altamente celoso, pero no puedo verte en otros brazos que no sean los míos.
Colocaste mi cabeza sobre tu pecho, encima de tu corazón y escuché como tus latidos se aceleraban.
—Cierra los ojos con fuerza y concentrarte —dijiste en un tono suave—. ¿Lo escuchas? Es mi corazón diciéndote lo mucho que te adoro. Durante estos meses me resultó difícil conciliar el sueño, pero cerraba los ojos, imaginándote a mi lado y los latidos de mi corazón me ayudaron a dormir pensando en ti. ¿Todavía crees qué no eres suficiente?
—Bo, me arrepiento por haberte causado tanto daño y me duele el alma cada vez que pienso en lo injusta que fui contigo.
Nunca me sentí tan culpable, al ser consciente del sufrimiento que te generó mi ausencia y deseé poder hacer algo para enmendar nuestro pasado.
—Todo el dolor que viví durante esos meses valió la pena, porque cuando oí tu voz y te vi ante mí, la tristeza desapareció para siempre. Todas las lecciones son duras y aprendí lo que es echarte de menos, pero si tenía que sufrir de esa manera, me alegro que fuera por alguien como tú.
—¿Cómo haces para qué todo valga la pena? —pregunté, conmovida.
—Nacho una vez me dijo: si tú has ido al infierno por Lauren, es que ella merece la pena. Y es cierto, porque yo volvería al infierno, sólo por estar contigo.
Las palabras de Kenzi en la habitación de Hale se hicieron presentes, al igual que tu carta. Quise saber por qué te quedaste en coma durante cuatro días y esperaba que fueras tú quién resolviera esa duda.
—¿Por qué fuiste a hablar con una diosa? —inquirí.
Te sentaste en el sofá con la mirada fija en tus manos. Tu cuerpo se sumió en una tensión que pude percibir a centímetros de distancia.
—La noche que te marchaste, yo fui a hablar con Vex para que me explicara por qué envió a la valquiria contigo. Él no pudo decirme dónde encontrarte, debido al juramento de sangre que Hale le obligó a cumplir, pero me dio una pista que me condujo hasta Frigg.
Mis ojos se abrieron del asombro. Apenas habían registros de faes de las luces que viajaron a otra dimensión en búsqueda de los dioses de Asgard que protegían a ese bando. No comprendí como Vex pudo indicarte que fueras a ver a los Æsir.
—¿La diosa de Asgard? —pregunté consciente del riesgo que asumiste—. ¿Cómo pudiste hablar con ella?
—Trick sabe hacer un ritual y así mi alma viajó a Asgard —dijiste a media voz.
—Bo, ¿no sabes lo peligroso qué es hacer ese tipo de rituales? —repliqué más que pregunté—. ¿Por qué Trick accedió a ponerte en semejante riesgo?
—Necesitaba encontrarte, Lauren —tomaste mis manos con fuerza—. Necesitaba luchar por ti, encontrar una pista y descubrir la verdad.
—¡Arriesgando tu vida! —aparté tus manos de las mias—. Bo, ¿y si te hubieras quedado en coma o hubieses muerto? No quiero que vuelvas a ponerte en peligro por mi. ¿Lo has entendido?
Te frotaste la cara con desesperación.
—Lauren, tengo muchas cosas que decirte, pero debemos ir al Dal.
Cuando tus ojos se desvelaron a través de tus manos, pude percibir el horror y la duda en aquella mirada de angustia.
—¿Qué pasa? —inquirí, confundida.
—Por favor, confía en mí —me pediste con la voz rota.
—Bo, claro que confío en ti, pero no me puedes soltar algo así y no decirme qué te pasa.
—Lo sé, nena, pero es muy importante que te lo diga en el Dal.
Tus ojos se llenaron de lágrimas y tus manos comenzaron a temblar. Sentí el miedo que estabas viviendo, aunque no pude entender el porqué. Sujeté tu rostro y te besé como tú lo habías hecho antes. De repente, te separaste de mí, bruscamente y cuando abrí los ojos, observé como Tamsin te arrastraba, con su brazo estrujando tu cuello. Te estampó contra la pared y en ese momento corrí hacia ella para detenerla, pero no pude evitar que te golpeara en la cara. La sangre no tardó en brotar de tu labio mientras tus ojos se tornaron en azul. Tamsin colocó el brazo en tu cuello, apoyando todo su peso contra tu cuerpo. Trataste de mover los brazos, pero ella te sujetó con tanta fuerza que fue imposible que te zafarás de su presión.
—Si te vuelvo a ver con Lauren, te juro que te doy una paliza, sin importarme una mierda de quién eres hija. ¿Entendido? —espetó Tamsin hundiendo más su codo en tu cuello.
—Eso no va a pasar jamás —respondiste con ira—. Lauren es mía y tú deberías soltarme antes que se me olvide lo que hiciste por mi madre.
—Tamsin, suéltala —dije, tirando de su chaqueta para atrás.
En el instante que ella giró su rostro para verme, tú lo aprovechaste para darle un empujón y la golpeaste en la cara. La valquiria se tambaleó, pero hincó en el suelo su rodilla derecha, conservando el equilibrio. Rápidamente, se llevó las manos a la cara, palpando el corte que le dejó tus nudillos en la ceja derecha. Te aparté de ella llevándote hasta la pared para comprobar el sangrado de tu labio. Tus ojos estaban fijos en el cuerpo de Tamsin con ese intenso brillo azul que me hizo temblar. Trataste de apartarme antes que la valquiria volviera arremeter contra ti, pero me quedé en el medio de las dos separándolas con mis manos.
—Te voy a romper el alma, desgraciada —masculló entre dientes Tamsin
—Quiero ver como lo intentas —dijiste con altivez.
La valquiria trató de atacarte nuevamente, pero lo impedí empujándola hacia atrás.
—¡Basta! —grité—. ¿Cómo me has encontrado?
Miré los ojos de Tamsin, que ardieron de rabia y desesperación.
—Dile como siempre la encuentras —le dijiste con desprecio.
Tamsin intentó avanzar hacia ti, pero mi mano se incrustó en el centro de su pecho. Ella atrapó mi muñeca y bajó la mirada al sentir el anillo en mi dedo.
—¿Qué mierda es está, Lauren? —me preguntó con la mirada supurando de ira.
—Suéltame —volví a empujarla.
—No eres más que una imbécil, si piensa que con esta baratija podrás romper la maldición —te dijo Tamsin.
—¿Maldición? —pregunté, consternada.
—Te doy un minuto para que le digas la verdad a Lauren y lo hago porque salvaste a mi madre —amenazaste a la valquiria.
—Ella no puede saber nada —respondió Tamsin elevando la voz—. No estoy preparada para romperla y no dejaré que Lauren muera esta vez.
—No eres tú quién romperá la maldición —replicaste, convencida.
—Eres una subnormal —te insultó
—Cuarenta segundos, Tamsin —le advertiste.
La valquiria comenzó a caminar de un lado a otro, con los puños cerrados y un semblante aterrador. Se dio la vuelta y te miró como si en cualquier momento fuera a escupirte en la cara.
—¡Mierda, Bo! —exclamó Tamsin—. No te das cuenta que la voy a matar si se lo digo.
—¿Contarme qué? —pregunté, presintiendo lo peor.
—Treinta segundos —volviste a advertirle.
Tamsin te observó sin pestañear. Me pregunté cómo podría detenerla si intentaba atacarte de nuevo. Tragué saliva y caminé hacia ella, pero tú me detuviste.
—Te mataré lentamente si Lauren muere —espetó Tamsin con el dolor latiendo en su voz.
—¿Qué demonios está pasando? —volví a preguntar.
—Se te acaba el tiempo, Tamsin —advertiste en un tono de voz sereno.
La valquiria caminó hasta la chimenea y sus ojos es posaron en el hueco del hogar. Estrelló su puño cerrado contra los ladrillos de la pared, pero el dolor no pareció afectarle. Me acerqué a su espalda, noté que lloraba y acaricié su hombro. Cuando la toqué, un escalofrío se esparció por todo mi cuerpo. Fue una sensación familiar, pero no la había sentido en esa vida.
—Por favor, dime que ocurre —le susurré.
Limpió sus lágrimas varias veces, pero fue en vano. Deslizó su cuerpo hasta quedar ante mí y su llanto se agudizo cuando me miró a los ojos.
—Lauren, tú no eres humana —murmuró con tristeza.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté, incrédula—. Mis padres son humanos y mis pruebas de ADN son irrefutables.
Retrocedí unos pasos hasta que tus manos sujetaron mi espalda. Tus ojos me confirmaron que eso era verdad, pero fueron tus palabras lo que me convenció.
—Nena, tú cuerpo es humano, pero tu alma es el legado de los celtas —me explicaste.
Recordé esa historia fantástica que me contaba mi abuela Elizabeth, cuando yo tenía seis o siete años.
—El alma de los celtas es un cuento para niños y no hay ninguna prueba que lo demuestre —rebatí.
—Cuando viajé a Asgard la diosa me lo explicó todo —tomaste mi rostro para que te mirara—. Tú eres lo único que sobrevivió de los celtas y tu alma fue depositada en cuerpo de una niña recién nacida para protegerte de los enemigos.
Cerré los ojos y unas imágenes extrañas aparecieron rápidamente en mi mente. Agité la cabeza, buscando una repuesta lógica para todo aquello.
—Tamsin, ¿eso es cierto? —le pregunté
—Sí —me respondió, cabizbaja.
—Lauren, en el momento que Odin supo lo que habían hecho los celtas, él creó una valquiria para protegerte y la dotó de amor para que pudiera cumplir su misión —me dijiste con gesto serio y sombrío.
—Tú estás destinada a enamorarte de mí —añadió Tamsin.
—¿Qué? —la miré con rabia y tristeza.
—Lauren, los enemigos de los celtas conjuraron una maldición y morirás cuando sientas amor por la valquiria —me dijiste, tratando de captar mi atención.
—Bo, yo no estoy enamorada de Tamsin —te dije con la mayor sinceridad que pude demostrar.
—Lo sé, cariño, pero ahora eres consciente de tu condición y eso también desata la maldición —me abrazaste.
—Tamsin, ¿cómo puedo romper la maldición? —le pregunté.
—No hay nada que pueda deshacer ese maleficio —contestó, sin atreverse a mirarme.
—Yo estoy destinada a romper la maldición —me dijiste completamente segura.
—Tú sólo eres una engreída —te insultó Tamsin—, pensando en salvar al mundo, cuando no puedes ni atarte los zapatos.
Tus ojos estaban clavados en los míos e ignoraste sus palabras.
—Lauren, ¿cuándo me viste ayer por primera vez, notaste una llama azul sobre mi pecho? —me preguntaste.
—Sí, pero no entiendo que...
—¿Eres su alma gemela? —interrumpió Tamsin—. Eso es imposible porque Lauren es un alma única.
Caminaste hacia ella y la sujetaste del cuello de su chaqueta. Tu rostro quedó a milímetros de distancia, pero lo que más me preocupó fue el brillo azul de tus ojos.
—Tú no sabes muchas cosas al igual que tus dioses —dijiste pausadamente—. Dagda no sólo fraguó una amistad con Odin, sino también con los principales dioses del universo y Zeus conjuró un hechizo para quebrantar la maldición. Sólo yo puedo romperla porque Lauren es la otra mitad de mi alma y ella es mi destino.
—Eso es mentira —gritó la valquiria—. Lauren esta destinada a estar conmigo y tú sólo la mataras.
—Yo no te amo, Tamsin... Y nunca lo haré —vociferé con todas mis fuerzas.
Un dolor intenso estalló en mi cabeza. Cubrí mi frente con las manos y al cerrar los ojos, miles de imágenes volvieron a mi mente. Eran los recuerdos de mis vidas pasadas, las cuales había vivido con Tamsin. Grité al verme besándola, diciéndole que la amaba y el dolor se intensificó en mi cerebro. Un frío vehemente se extendió por mi cuerpo, mi voz se me apagó de golpe y mi mirada fue atrapada por la nada.
—Lauren, ¿qué te pasa? —me preguntaste sujetando mi brazo.
—Duele, Bo —musité—. Por favor, ayúdame.
Resbalé hacia el suelo con la espalda apoyada contra la pared y las rodillas flaqueando. Me desplomé en tus brazos, sintiendo mi cabeza envuelta en llamaradas de dolor.
—¿Qué demonios le está pasando? —le preguntaste a Tamsin.
—Lauren está comenzando a morir —sentenció—. Esto lo he visto miles de veces y en cincuenta y dos minutos dejará de existir.
—Nena, tenemos que ir al Dal —me dijiste, ayudándome a poner en pie.
—No llegarás a tiempo, súcubo —dijo Tamsin—. La vida de Lauren acabará antes que el anciano de tu abuelo pueda hacer alguno de sus trucos de magia.
—Yo tengo todo el tiempo del mundo —le mostraste tu reloj.
—¿Las arenas del tiempo? —inquirió la valquiria, boquiabierta—. ¿Cómo has conseguido ese reloj?
—Paradójicamente, no tengo tiempo para darte explicaciones.
Pasaste tu brazo por debajo del mío y a cuesta me sacaste de la casa. Apoyaste mi cuerpo sobre el coche para abrir la puerta. Me ayudaste a entrar colocando mi cuerpo con cuidado en el asiento del copiloto. No tardaste ni medio segundo en sentarte a mi lado. Encendiste el coche y salimos a toda prisa hacia el Dal. No soltaste mi mano en todo el trayecto, suspirando y maldiciendo cuando no podías avanzar más rápido. Comenzaste a llorar de desesperación, pero no pude hacer nada para consolarte. La vida se me escapaba con cada minuto y supe que todo aquello era el final.
—Lauren, no vas a morir. No dejaré que te marches nuevamente. Te hice una promesa y pienso cumplirla. ¿Me escuchas?
Quise responderte, pero el dolor en mi cabeza fue tan intenso que sólo pude gritar. Traté de tomar aire, pero nada entraba en mis pulmones. Luché para no cerrar los ojos y así no volver a revivir las imágenes con Tamsin. Conducías tan deprisa que la inercia de la velocidad me empujó contra el asiento. Tu mano seguía apretando la mía y me dejé llevar por la seguridad de estar a tu lado.
—Pronto llegaremos al Dal y todo esto terminará con un final feliz —me dijiste entre lagrimas—. Te lo prometo, nena. Tú te mereces ser feliz y lucharemos esta batalla juntas.
—Te amo, Bo.
—Y yo te adoro, pero debes resistir un poco más, por favor.
Entramos a la ciudad y no te detuviste en ningún semáforo en rojo, conduciendo tan rápido que a los demás coches apenas les dio tiempo de esquivarte. En menos tiempo del que creía, llegamos a la puerta del Dal. Tu coche estaba aparcado al lado del de Dyson. Abriste la puerta y me ayudaste a caminar hacia en bar. Mis piernas apenas se movían, pero tú sacaste una fuerza sobrenatural y me arrastraste hacia la entrada. Una punzada en mi corazón me dejó sin aliento.
—Nena, un paso más y estaremos con Trick —el pánico se apoderó de tu voz.
—No puedo moverme, Bo.
Colocaste mis brazos alrededor de tu cuello y me cargaste hasta la puerta de Dal. Entramos en el bar y Dyson corrió a sujetarme para ayudarte. Kenzi se posó a mi lado con una expresión de pavor tiñendo su rostro.
—Lauren, pide santuario —me dijo Dyson.
—No puedo hablar —murmuré.
—Lo haré yo —te ofreciste.
—No, Bo —lo impidió Trick—. Tiene que pedirlo Lauren.
—Nena, por favor —me suplicaste.
—Solicito Santuario —pronuncié con las pocas fuerzas que tenía.
—Salid del bar —gritó Trick—. Se ha solicitado santuario y lo he concedido. Quién no quiera inmiscuirse en este asunto, debe abandonar el bar ahora.
—Una humana no puede solicitar santuario —replicó la voz de un hombre que creí reconocer.
Dyson caminó hacia la sombra de ese hombre, gruñendo continuamente y con los ojos de lobo. Trick detuvo a Dyson y se adentró en la penumbra hasta que aquel hombre se adelantó hasta el umbral de la claridad. Aquel extraño no tenía labios, ni nariz, ni párpados. Su rostro esa una completa cicatriza devorada por el fuego y me fue imposible identificar a ese personaje.
—¿Te digo lo que tienes que hacer en tu casa? —inquirió Trick, con ironía—. Lárgate de aquí.
Cuando ese hombre pasó por mi lado, una brisa fría y llena de odio traspasó mi cuerpo. Salió por la puerta, sin mirar atrás.
—Trick, ayúdala, por favor —le suplicaste a tu abuelo.
Dyson me ayudó a sentarme en una silla de la entrada, entorno a una mesa amplia y llena de vasos medios vacíos. Tú arrastraste una silla y te sentaste a mi lado.
—¿Qué le has dicho? —te preguntó Trick.
—La verdad —dijo Tamsin.
La voz de la valquiria procedió del mismo lugar donde se encontraba aquel extraño. Caminó hacia mí, bajo la atenta mirada de todos lo que nos encontrábamos en el Dal.
—Fuera de aquí —le ordenó Trick.
—Estoy dentro del santuario y no puedes echarme, viejo —replicó, sin bajar la mirada de la mía.
—Él no podrá, pero yo sí —dijiste incorporándote de la silla.
—Bo, por favor —dijo Trick—. Ahora no es momento.
—Dyson, llévate a la paliducha lejos de aquí —le pidió Kenzi.
—Nadie puede salir del bar —contestó Dyson.
—Lauren, necesito que no cierres los ojos y te mantengas despierta —dijo Trick, revisando mis pupilas.
—Estoy muy cansada —balbuceé.
—No hay nada que puedas hacer —agregó Tamsin.
Trick hizo caso omiso a las palabras de la valquiria y continuó luchando por mi vida hasta que todo fue irremediable.
—Necesito buscar un libro y vuelvo en un minuto —dijo tu abuelo—. No dejes que se duerma.
—Nena, por favor, quédate conmigo —me rogaste sujetando mis hombros.
El dolor dio paso a una sensación gélida que invadió cada poro de mi cuerpo. El sudor recorrió mi frente y un pitido agudo nació en mi tímpano.
—Tengo mucho frío, Bo.
Me abrazaste, frotando mis brazos de arriba abajo, tratando de invocar algo de calor en mi cuerpo.
—Todo va a salir bien —me besaste en la cabeza.
—Bo, debemos hablar con Nacho —dijo Kenzi— Él te está buscando.
—Llámale —contestaste—. ¡Ahora!
—Él no podrá entrar en el bar —dijo Dyson.
Trick volvió con un enorme libro de color granate, con la cubierta de cuero y parecía muy pesado. Lo dejó caer sobre la mesa ante de mis ojos y lo hojeó dejando aletear unas cuantas páginas. El libro exhaló una nube de color dorado que olía a papel viejo y a magia.
—Bo, ¿dónde tienes las Perseidas? —preguntó tu abuelo, ansioso.
—En mi coche —contestaste.
—Te dije que siempre las llevaras contigo. ¡Mierda! —exclamó Trick, furioso.
—El coche esta afuera, Trick —replicó Kenzi.
—Nadie puede entrar o salir del santuario —adujo Tamsin.
—Cuando Dyson solicitó el santuario, yo puede salir del bar. ¿Por qué ahora no puedo? —preguntaste desesperada.
—Porque las valquirias vendrán a por el alma de Lauren y el viejo de tu abuelo ha escrito nuevas leyes —explicó Tamsin, con desdén e insolencia.
—¿Qué? —replicaste consternada—. ¿Tú sabias qué esto iba a pasar?
—Soñé con tu abuela y ella me dijo lo que tenía que hacer —se defendió Trick.
—Yo soy humana y puedo salir —se ofreció Kenzi—. Las leyes no me afectan.
—Es cierto, Trick —confirmó Dyson.
Trick se llevó las manos a la cabeza y se acercó a Kenzi tomando sus manos.
—Busca la Perseida antes que sea muy tarde.
—¿Cómo consigues todos esos artilugios? —le preguntó Tamsin a Trick.
—¿Y crees qué se lo diere a una valquiria? —rebatió con ironía.
—Pues si quieres que te ayude es mejor que confíes en mí, viejo rey —le contestó la valquiria con desprecio.
La mirada penetrante de Dyson se enfrentó a la de Tamsin, avanzando unos pasos hasta quedar a una distancia ínfima de la valquiria.
—Tamsin, le vuelves a faltar el respeto al rey y te arrancaré la garganta.
—Y yo le ayudaré a quitarte la cabeza —añadiste con rabia.
—Bo, dejemos la carnicería para luego y dime dónde está la Perseida —dijo Kenzi con la mayor seriedad que jamás vi en su rostro.
—No podrás encontrarla —musitaste—. La escondí en un sitio secreto.
—Tú dime y yo me las arreglo —objetó Kenzi, con preocupación.
Trick se posó frente a ti y la decepción se pudo entrever en su mirada.
—Ysabeau, cómo puedes ser tan irresponsable.
—Trick, no vale de nada que comencemos a culparnos —te defendió Dyson—. ¿Qué podemos hacer?
Soltaste mi mano y llevaste las yemas de los dedos a tus sienes, moviéndolas en círculos.
—¡El pergamino! —exclamaste, convencida de haber encontrado la solución.
—¿Perdona? —dijo Kenzi tirando de tu brazo—. ¿Qué vas a usar ese instrumento del mal? ¿Se te olvida la última vez que lo usaste?
—Trick, es la única forma para salir de aquí y volver sin romper el santuario —le explicaste buscando su aprobación—. Al usar el hechizo entro en otra dimensión.
—Bo, me prometiste que no te pondrías en riesgo por mí —murmuré.
—Escúchame, Lauren. No pienso quedarme aquí viendo como mueres, cuando la solución está a unos metros de distancia.
Trick apretó mis muñecas con fuerza y no supe si fue para tomarme el pulso o para animarme.
—Iré por el pergamino —se levantó tu abuelo y corrió hacia las escaleras.
Atrapé tu rostro y te miré, analizando mi despedida.
—Bo, me has dado algo que yo ni sospechaba que existía; antes de vivir a través de ti no imaginaba que el amor pudiera aportar tantas cosas. Nada de lo que viví antes de conocerte fue tan valioso como todos los segundos que hemos pasado juntas. Quiero que siempre sepas hasta qué punto te he amado; no sé adónde irá mi alma, pero si existe un más allá, seguiré amándote con todas mis fuerzas y con esa alegría con la que has llenado mi vida.
—Por favor, Lauren, no me digas adiós —me suplicaste llorando amargamente—. No se te ocurra despedirte de mí. Vamos a vivir una vida feliz ahora que estamos juntas. Nos casaremos en unos meses, tendremos una casa con vallas blancas y seremos todo lo felices que podamos ser.
—Bo, yo te amo con todo lo que soy, y necesito que me perdones. Las buenas personas acaban en el infierno porque no saben perdonarse a sí mismas. Yo no puedo perdonarme, pero te ruego que tú lo hagas por mí.
—No hagas eso, Lauren. No te rindas ahora, aún no. ¿Lo has entendido? Vamos a salir de esta pesadilla, vamos a vivir juntas y tendremos todos los hijos que queramos. Por eso, no morirás aquí. No de este modo. ¿Me has escuchado? Conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida y estoy agradecida por cada minuto que estoy a tu lado. Debes hacerme una promesa y nunca romperla. Quiero que sigas luchando hasta el final, que jamás te rindas porque yo no lo hice y ahora tengo mi recompensa que eres tú. Lucha por nosotras, por ese hijo que tendremos. Pero para obtenerlo tienes que vivir, Lauren. ¡Prometelo!
Acerqué tu boca hasta la mía y me entregué al color de tus caricias.
—Te lo prometo —murmuré en tus labios.
—Te amo, Lauren Lewis.
Trick colocó el pergamino encima del libro, tratando de asegurarse que todo saldría bien.
—Bo, tienes que irte ahora, se acaba el tiempo.
Limpiaste las lágrimas que empaparon mi rostro y me besaste en la frente.
—Nena, ahora vuelvo y no tardaré nada.
—Te amo, Bo.
Me sonreíste con felicidad, pero no pudiste disfrazar la preocupación que sentías en tu interior.
—Kenzi, no dejes que se duerma, por favor —le suplicaste.
—No te preocupes, que le contaré todos los chistes malos que tanto le gustan a Lauren.
Kenzi ocupó tu lugar a mi lado y repitió el mismo gesto de sujetar mi mano.
—¿Recuerdas cómo funciona? —te preguntó Trick.
—Como podría olvidarlo —miraste el pergamino que tenías en tus manos—. Cuida de Lauren y no dejes que ella se acerqué.
—Lo haré —prometió Trick.
Le lanzaste una última mirada asesina a Tamsin y abriste el pergamino.
—Et lux in tenebris lucet —pronunciaste el hechizo que te hizo desaparecer.
La puerta del bar se abrió y supe que habías salido. Trick se sentó a mi lado, intentando distraerme, pero mi atención estaba puesta en Tamsin. Ella sólo lloraba desconsoladamente, desde que escuchó todo lo que te dije. Me levanté de la silla para decirle todo lo que pensaba de esa situación. Kenzi corrió a sujetarme, evitando mi caída. Dyson también me acompañó y se posó junto a Tamsin.
—¿Me has engañado todo este tiempo? —le pregunté.
—Lo siento, Lauren, pero no tenía otra opción —contestó sin mirarme—. Tú eres el amor de mi vida y este es nuestro destino, aunque no te guste.
—Si tanto me amas, ¿por qué no te alejas de mí?
—Sólo sé que cuando no estoy contigo es como si no existiera. El dolor es tan fuerte que no me deja vivir y esto forma parte de mi condena. Lo único que hice fue cumplir con mi misión y te amo desde el momento que me encomendaron protegerte.
—¿Las historias qué me relataste eran nuestras vidas pasadas?
—Sí, Lauren —alzó la mirada—. Todo lo que te dije fue nuestra historia y la felicidad que sentiste a mi lado.
—Lo que sientes por mí es algo impuesto, pero no me amas de verdad. Para ti sólo soy una misión que cumplir y nada más.
—Entonces, Bo tampoco te ama de verdad, porque ella es tu alma gemela —rebatió con rabia— Su amor también es una imposición.
—Eso no es cierto —replicó Trick—. El alma de Bo es una parte de Lauren, pero su corazón es libre y ella eligió amarla sin ningún designio de por medio.
—¿Y eso cómo lo sabes? —le preguntó la valquiria.
—Porque Bo jamás me quiso como ama a Lauren, pero sintió algo de amor por mí y eso es algo que nadie puede negar. Su corazón la eligió a ella y no a mí —dijo Dyson.
—Tamsin, si amas a Lauren, por favor explícanos como detener esto —le suplicó Kenzi.
La valquiria tomó un vaso de whisky que posaba en la barra y se bebió hasta la última gota. Pude percibir esa extraña conexión que nos unía, pero cada vez era mas débil. Suspiró, meditando su plan para deshacer la maldición.
—Trick, prepara una infusión como la que hiciste para que Bo viajara a Asgard y trae tu reloj de arena. Dyson, protege la puerta y no dejes entrar a ninguna Valquiria. Kenzi, vigila que Lauren no se duerma.
—¿Tú que vas a hacer? —le pregunté.
—Conjurar un hechizo para que Bo llegue a tiempo —me contestó con una sonrisa triste.
—¿Funcionará? —le preguntó Kenzi.
—No lo sé, pero tenemos que intentarlo.
Un resquicio del amor que sentí por ella durante mucho tiempo, afloró como un reflejo involuntario y acaricié sus mejillas con las yemas de mis dedos. Tomé su rostro, tratando de despedirme de ella y la besé como tantas veces lo hice en mi pasado.
—Dyson, cierra la puerta antes que Bo vea esto y nos deje secos a todos —escuché a Kenzi.
Me separé lentamente de sus brazos, mirándo esos ojos verdes que tanto lucharon y sufrieron por mí. Ella besó mis manos, aplacando ese llanto que no quiso soltar.
—Gracias, Tamsin —le dije en voz baja.
—Quizás mi amor este predestinado —limpió mis lágrimas—, pero lo que siento por ti es lo más maravilloso que jamás he vivido. Cuando rompamos la maldición, deseo que seas tan feliz al lado de Bo como lo fuiste durante muchas vidas conmigo.
—¿Qué te ocurrirá si esto sale bien? —le pregunté con miedo.
—Volveré al lado de Odin para luchar en el Ragnarök.
—¿Te veré otra vez? —formulé aquella pregunta, sumida en un profundo pesar.
—Tú eres una parte de mi vida y siempre te protegeré —besó mi mejilla.
Nuestro dolor fue un sentimiento compartido y me di cuenta que eso era lo que realmente me unía a Tamsin.
—Aquí está la infusión —me entregó Trick una taza pequeña de té.
—Bien —repuso Tamsin—. Necesito que te bebas todo esto para que el dolor desaparezca y puedas esperar a Bo.
Observé el líquido rojizo que contenía esa taza. Me bebí todo el contenido, saboreando aquel sabor dulce que inundó mi boca. Trick le dio la vuelta a su reloj de arena y tuve que sentarme para no desfallecer. Un ardor se instaló en mis entrañas, aplacando el frío que cubría mi cuerpo.
—La infusión le dará más sueño —dijo Kenzi.
—Es la única manera para ella luche por lo que realmente importa —replicó Tamsin—. Nada es sencillo y esto mucho menos.
—¿Por qué Bo tarda tanto? —preguntó Dyson.
Kenzi se agazapó al lado de la ventana para verte.
—¡Dios mío! —exclamó Kenzi—. Bo esta luchando contra tres valquirias y Nacho está con ella.
—Quítate de la ventana —le gritó Tamsin.
—Trick, tengo que salir a ayudar a Nacho y Bo —dijo Dyson,
—No puedes —replicó Tamsin—. Cuando Bo entre por esa puerta, nosotros lucharemos contra las valquirias.
—¿Lucharás contra tus hermanas? —inquirió Trick.
—Ellas no son las valquirias de Odin —adujo Tamsin.
—¡Dios mío! —exclamó tu abuelo—. Son las valquirias de Hela.
—Tamsin, ¿has conjurado el hechizo? —preguntó Dyson.
—Mejor —respondió—. He invocado a Freyja.
—Freyja es la diosa de las valquirias y no creo que pueda ayudarnos —repuso Trick, preocupado.
—Ella nos dará unos minutos adicionales y salvará el alma de Bo.
Me sentí tentada por el agotamiento y la fatiga, cerrando mis ojos por un instante. Las fuerzas me abandonaron súbitamente, aunque intenté luchar por continuar en vigilia. Un grito agudo estalló de repente, haciendo que mi corazón se detuviera por un segundo. El pánico volvió a mi cuerpo, pensando que estabas en peligro. Supe que debía poner fin a todo eso y salvarte como tú lo hiciste por mí.
—¡Bo! —suspiré levemente, buscando la manera de continuar despierta.
—Lauren, no te quedes dormida —escuché la voz de Kenzi.
Me incorporé de la silla para salir a buscarte, pero me desplomé siendo incapaz de mantener mis piernas erguidas. El frío se espació como un rayo por todo mi cuerpo y no pude contener que mis ojos se cerrarán. Kenzi comenzó a gritar que no me durmiera, que volviera por ti, pero me fue imposible abrir los ojos. Todo a mi alrededor se convirtió en un túnel de niebla espesa y comencé a desprenderme de ese espejismo de oscuridad y tristeza. Aquella situación me proporcionó de una extraña paz. Me envolvió una luz brillante de color blanco, llevándose mi dolor y el fuego lento que consumió mis entrañas. Fue entonces, sin dame cuenta, que recordé la promesa que te había hecho minutos atrás y comencé a llorar por haberte abandonado una vez más.
Salí de mi cuerpo y observé como Kenzi lloraba sobre mi pecho. Trick sujetó a Tamsin mientras conjuraba un hechizo y sus ojos brillaron por las lágrimas que no tardaron en derramarse por sus mejillas. Dyson avanzó hacia mí con una expresión de tristeza que jamás vi en su rostro, posó su mano sobre el hombro de Kenzi y ella descargó el llanto sobre el pecho de Dyson. La puerta se abrió de par en par y entraste con algo en la mano derecha que destellaba en dorado. Mis ojos se posaron en los tuyos, pero aquella fue la primera vez que no pudiste verme.
En ese momento, mi cuerpo humano murió por primera vez y mi alma se liberó de la maldición, pero también fue nuestra condena. Aún así, tú no te rendiste, luchando hasta el final, como siempre lo haces por mí, arriesgando tu vida, con tal de salvar la mía. Quizás por tu tozudez me regalaste una segunda oportunidad de ser feliz a tu lado, y hoy todo aquello parece tan lejano, pero sumamente real.
Notas: En este capítulo hay situaciones que encajan con la historia contada por Bo. Me gustaría poder desarrollar con la visión de Lauren una especie de Puzzle, que ayude a dar coherencia a todo lo escrito hasta ahora.
Arie: Te he contestado como una reseña y está en la parte de review. Espero que tus dudas estén subsanadas.
Os deseo una feliz navidad y que disfrutéis de estas fiestas rodeados de vuestras familias, amigos y seres queridos.
Muchas gracias por continuar leyendo este relato.
Pd: Sin querer subí la versión que no había corregido y os pido disculpas por mis diversos errores.
"¡Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino" – Ludwig Van Beethoven.
