Hola hola jjejeje este capitulo es muuy emocionante, espero les gzte jejeje

Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 37

Ella se dirigió hacia su apartamento dejándose llevar por la intuición. Segura o no, era su casa, y Jasper necesitaba cuidados urgentes. Conducir el coche de Jasper era como manejar un barco, pensó, intentando concentrarse en la velocidad y la dirección mientras una lluvia fina golpeaba el parabrisas. Un barco viejo y muy grande. Con una vaga sensación de sorpresa, se detuvo junto a su MG.

De pronto se dio cuenta de que nada había cambiado. Su coche seguía allí, el edificio permanecía en pie. Un par de críos a los que no les importaba mojarse estaban jugando al disco en el patio lateral, como si fuera un día corriente de sus corrientes vidas.

—Espera a que dé la vuelta —ella recogió su bolso y buscó las llaves. Él, naturalmente, no le hizo caso, y estaba de pie en la acera cuando Alice rodeó el capó—. Apóyate en mí —murmuró ella, rodeándole la cintura con un brazo—. Apóyate en mí, Jasper.

—Supongo que aquí estaremos seguros —dijo él—. Al menos, un rato. Puede que tengamos que mudarnos pronto —se dio cuenta de que cojeaba y sintió un dolor en la pierna derecha que no había notado antes.

El corazón de Alice había dejado de resquebrajarse y permanecía abotargado.

—Vamos a adecentarte un poco.

—Sí. Me vendría bien una cerveza.

—Te traeré una —le prometió ella mientras entraban en el edificio. A pesar de que normalmente tomaba las escaleras, Alice condujo a Jasper hacia el ascensor—.Vamos dentro —y luego, al hospital, pensó. Primero tenía que ver si la herida era grave. Después de hacer cuanto pudiera, tiraría la toalla y llamaría a la policía, a los médicos, al FBI, adonde hiciera falta.

Elevó una pequeña plegaria de acción de gracias al ver que el pasillo estaba vacío. Nada de vecinos ruidosos, pensó, ignorando la cinta policial mientras abría la puerta. Nada de preguntas indiscretas.

Apartó de un puntapié una lámpara rota al entrar y condujo a Jasper alrededor de un sofá volcado, hacia el baño.

—Siéntate —le ordenó, y encendió las luces—.Vamos a echar un vistazo —sus manos temblorosas desmintieron la serenidad de su voz cuando le sacó cuidadosamente la camisa ensangrentada por la cabeza—. Dios, Jasper, ese tipo te ha dado una buena paliza.

—Sí, pero lo dejé con la cara en el polvo y las manos esposadas a la espalda.

—Sí —ella apartó la mirada de los morados hematomas de su pecho y mojó un paño—. ¿Te habían disparado alguna vez?

—Una vez, en Abilene. Me dieron en la pierna. Estuve cojo una temporada.

Aunque fuera absurdo, a Alice le pareció un alivio que no fuera la primera vez. Apretó el paño contra el costado de Jasper, por debajo de las costillas. Las lágrimas le hacían arder los ojos, pero no las refrenó.

—Sé que duele.

—Ibas a traerme una cerveza —¿no estaba guapa, pensó él, haciendo de enfermera, con las mejillas pálidas, los ojos oscurecidos y las manos frescas como la seda?

—Dentro de un momento. Ahora estate quieto —se arrodilló a su lado, preparándose para lo peor. Luego se puso en cuclillas y siseó—. Maldita sea, Jasper, sólo es un rasguño.

Él sonrió, sintiendo cada golpe y cada arañazo como un festín de dolor.

—Se supone que eso tenía que decirlo yo.

—Pensaba que tenías un enorme agujero en el costado. Sólo te ha rozado.

Él bajó la mirada, pensativo.

—Pero sangra mucho —tomó el paño y lo apretó contra le herida alargada y somera—. Respecto a esa cerveza...

—Ahora te la traigo. Aunque debería darte en la cabeza con ella.

—Ya hablaremos de quién tiene que darle a quién después de que me tome un frasco de aspirinas —Jasper se levantó, haciendo una mueca, y se acercó al armario que había sobre el lavabo—. Podías sacarme una camisa del coche, preciosa. Creo que la otra no podré volver a ponérmela.

—Me has dado un susto de muerte —la rabia, las lágrimas y una alegría desesperada bullían en el estómago de Alice—. ¿Tienes idea del susto que me has dado?

El encontró las aspirinas, cerró el armario y la miró a los ojos a través del espejo.

—Sí, la tengo, teniendo en cuenta cómo me sentí cuando te vi correr delante de ese zopenco armado. Me prometiste que correrías hacia el centro comercial.

—Pues no lo hice. Demándame —ella le hizo sentarse otra vez, irritada, e ignoró su gemido amortiguado de dolor—. Oh, cállate y deja que acabe aquí. Tengo antiséptico en alguna parte.

—Podías darme una tira de cuero que morder mientras echas sal sobre mis heridas.

—No me des ideas —ella mojó otro paño, se agachó y empezó a limpiarle la cara—. Tienes un ojo morado, los labios hinchados, y un enorme chichón aquí —él gritó otra vez cuando apretó el paño contra su frente—, nene.

—Si vas a hacer de la enfermera Nancy, podías anestesiarme primero —dado que ella no parecía inclinada a darle agua, se tragó las aspirinas a palo seco y siguió quejándose mientras le aplicaba el antiséptico y le colocaba los vendajes.

Exasperada, Alice le dio un beso en los labios, lo cual le causó igual cantidad de dolor que de placer.

—¿Vas a besarme en todas las partes donde me duele? —preguntó él.

—A lo mejor, si tienes suerte —luego apoyó la cabeza sobre su regazo y dejó escapar un largo suspiro—. No me importa lo enfadado que estés. No sabía qué hacer. Ese tipo se estaba acercando. Te habría matado. Sólo sabía que tenía que alejarlo de ti.

Jasper se ablandó, le acarició el pelo.

—Está bien, ya hablaremos de eso más tarde —notó que ella tenía el codo arañado—. Eh, tú también tienes unos cuantos rasguños.

—Escuecen un poco —murmuró ella.

—Anda, nena, ahora me toca a mí ser el doctor —le cambió el sitio, sonriendo—. Puede que esto escueza un poco.

—Te va a encantar, ¿eh? ¡Ay! Maldita sea, Jasper.

—Nena —él besó la piel desollada y luego la vendó delicadamente—. Si vuelves a darme un susto así, te esposaré a la cama un mes.

—Promesas, sólo promesas —Alice se inclinó hacia delante y lo rodeó con los brazos—. Están muertos, ¿verdad? No pueden haber sobrevivido.

—Es casi imposible. Lo siento, Alice, no conseguí sacarles nada. Absolutamente nada.

—No lo conseguimos —lo corrigió ella—. Pero hicimos lo que pudimos —intentó ocultar su preocupación e irguió los hombros—. Pero todavía están esos capullos —empezó a decir, y luego palideció, recordando lo ocurrido. Era probable que al menos uno de los hermanos Salvini estuviera muerto. Pero Bella no estaba allí, se dijo, y respiró hondo varias veces—. Bueno, al menos ahora puedo cambiarme de ropa y recoger algo de dinero. Y voy a llamar al pub —lo cual era una osadía—. Esperaré hasta que estemos listos para marcharnos otra vez, pero voy a llamar para decirles que estoy bien y darles el horario del resto de la semana.

—Muy bien, tú ocúpate de tus negocios —Jasper se levantó y la sujetó con firmeza—. Encontraremos a tus amigas, Alice, te lo prometo. Y, aunque me duela, es hora de llamar a la policía.

Ella dejó escapar un tembloroso suspiro de alivio.

—Sí. Tres días es suficiente.

—Harán muchas preguntas.

—Pues las contestaremos.

—He de decirte que los de mi oficio no les gustamos mucho a los polis honrados. Tengo un par de contactos, pero, a medida que subes en el escalafón, el nivel de tolerancia baja en picado.

—Nos las apañaremos. ¿Quieres que llamemos desde aquí o que nos presentemos en comisaría?

—Llamaremos desde aquí. Las comisarías me dan escalofríos.

—No voy a darles la piedra —apoyó los pies con firmeza en el suelo, preparándose para la discusión—. Es de Bella. O, al menos, es ella quien debe decidir. No pienso dársela a nadie más que a ella.

—Está bien —dijo él despreocupadamente, haciéndola parpadear—. Intentaremos soslayar la cuestión. Rosalie y ella son lo primero. Y nosotros dos, claro.

La sonrisa de Alice se hizo más amplia. Y el timbre del teléfono les hizo dar un respingo a ambos.

—¿Qué pasa? —ella bajó la mirada hacia su bolso como si de pronto hubiera tomado vida y la hubiera atacado—. Es mi móvil. Está sonando.

Jasper se llevó una mano al bolsillo para asegurarse de que aún llevaba la pistola.

—Contesta.

Sin respirar apenas, Alice. hurgó en el bolso, que había tirado al suelo, y descolgó el aparato.

—Alice —se dejó caer al suelo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡Bella! ¡Oh, Dios mío, Bella! ¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Estás herida? ¿Qué...? ¿Qué? Sí, sí, estoy bien. En mi apartamento, pero... —alzó la mano y tomó la de Jasper—. Bella, deja de hacerme preguntas y dime dónde estás. Sí, lo tengo. Llegaremos dentro de diez minutos. No te muevas de ahí —colgó—. Lo siento —le dijo a Jasper—. Tengo que hacerlo —y rompió a llorar—. Ella está bien —logró decir mientras él hacía girar los ojos y tiraba de ella para que se levantara—. Está bien.


jeje ke opinan? jeje por lo q se ve ya todo se va areglar jeje

kieren leer el el encuentro

espero reviews jeje

byee