Capítulo XXXVII

Cuando Frederick volvió a las habitaciones de Susan se extrañó al ver a Caspian sentado en la cama que ambos compartían, antes de preguntar nada prefirió cerrar la puerta tras de sí ya podrían hablar lo que ambos quisieran apenas pasara eso. Nunca le había gustado ese Karl, siempre tuvo ciertas manías respecto a él. Algo allí no encajaba para Frederick, no cuadraba sin embargo por mucho que manifestara sus propias opiniones estas siempre caían en sacos rotos. Quizás era por ello que aprendió a tolerar su presencia aunque siempre le odió. Aunque por ello sinceramente no había problema dado a que el odio siempre fue reciproco.

Caspian por su parte le recibió con una sonrisa floja que dictaba jactancia y muchas ganas de molestar, se tumbó sobre el edredón de seda y por un solo instante se llenó las fosas nasales con lo que quedaba del aroma de Susan. Solo pensar en ella le hacía arrepentirse de haberla metido dentro de ese condenado ropero. Pero otra parte de él le dictaba que hizo lo mejor por los tres: Por Susan, por el hijo de ambos y por él. Pero más que nada por ella Susan no se merecía seguir viviendo dentro de ese infierno, al menos tendría algo de paz en la tierra de ensueño que los dos amaban.

—No creo que te hayas tomado la molestia de venir a mis aposentos, solo para tener el placer de verme Karl, mejor abre la maldita boca y di que buscas de una buena vez. Aunque creo recordar. —Frederick anduvo hacia la nevera completamente erguido, todo orgullo en su sola persona eso es lo que Caspian veía. —Que hace mucho tiempo te dije que no me interesaba que quisieras tratar conmigo, no cuando me diste la espalda y permitiste lo de Maximilien.

Caspian tardó en reaccionar no sabía si se trataba de una posible trampa de Frederick según Susan, desde hacía buen tiempo que el alemán estaba al tanto de todo. Sin embargo tuvo que hacer acopio de valor si no recordaba de que demonios hablaba aquel imbécil mejor seguirle la corriente para salir rápido del problema.

—¿Te enteraste de la última orden del Fhurer?. —Caspian tuvo que contenerse para no echarse a reír, la línea recta que se formaba en los sensuales labios del alemán era para morirse de risa, algo épico a sus ojos. —Tu mujer fue sacada del bunker. —Caspian chasqueo los dientes. —Pobrecilla, se negaba a salir de aquí de hecho fue una de las pocas a las que el fhurer se dignó a sacar.

Frederick apretaba los puños, todo eso no era obra de Hitler estaba seguro más bien era obra de Churchill. Pero no se atrevía a decírselo en su cara mientras hubiera Reich en Alemania Hitler tenía el poder de hacer que las cabezas de todos rodaran, mas aún cuando ese perro ya ocupaba el lugar de Himmler desde hacía unas cuantas semanas. Lo que era prácticamente lo mismo Hitler le dio el puesto más alto del Reich con la esperanza de que una mente joven e innovadora tales fueran sus palabras; le devolviera al Reich si antigua gloria.

Empero lejos de gloria todo lo que el Reich obtenía eran más humillaciones, a ese punto Hitler se estaba jalando los cabellos. Estaba cercado por todas partes todos esperaban el momento en que el Fhurer de Alemania se dignara a abdicar, solo que Hilter tenía más orgullo que lo demás.

Y él así como otros tantos estaban esperando a que llegara el momento, Alemania tenía que florecer renacer de sus cenizas.

—Si eso ha sido orden de Hitler entonces no pongo objeciones. —Frederick se llevó la copa a los labios. —¿A dónde han llevado a mi mujer si es que puedo saber?

Caspian se encogió de hombros.

—Eso no te compete saberlo en este momento, solo cumplo ordenes Frederick Hilda fue la primera en salir de este bunker, después lo harán las demás. Lo quieran o no.

Cuando Caspian terminó de hablar mostro los dientes blancos, perfectos dejando a su enemigo temblando de rabia. Si habría alguien que deseara matar a Frederick era él, pero antes tenía que encargarse del culpable del sufrimiento de Susan.

Del verdadero culpable

De Adolf Hitler, y no era el único que lo deseaba Peter Pevensie también aguardaba su turno y vaya que lo tendría pronto. Solo tenían que esperar un poco más.

[…]

De las últimas personas en las que Susan pensó que volvería a ver sin duda sería a Wilhelm respecto a él no guardaba ningún tipo de malos sentimientos, es más lo consideraba una víctima. Wilhelm era el medio hermano de Karl otro de los tantos que sufrieron los desvaríos de estar en la órbita del príncipe de Thurn und taxis. Para ella fue una gran sorpresa verlo en el país de Aslan pero se llevó una fuerte impresión al enterarse `por boca del mismo muchacho que sostenía una relación con su hermana Lucy y que además era un héroe de guerra y ejemplo a seguir para muchos guerreros narnianos.

Sin duda alguna del Wilhelm que corría a esconderse cada que Karl se le acercaba ya no existía en su lugar, ya estaba un muchacho seguro de si mismo un gran estratega militar, el brazo derecho de Edmund pero sobre todo un romántico empedernido Susan tenía buena cuenta de ello. Cuando aún vivían en la casa de campo de Karl en Belzec pillo en más de una ocasión a Wilhelm escribiendo poemas.

Los días en Narnia pasaban lentos, Edmund y el profesor Cornelius le contaron del pacto que Aslan hizo con el señor del tiempo. Todo permanecería así hasta la venida de los reyes Caspian y Peter aunque si la preocupaba el hecho de haber salido de un mundo en guerra para entrar en otro igual. A veces Lucy la visitaba a menudo más de lo que ella misma hubiera deseado. Esa misma tarde sentada frente a su ventana favorita se entretenía dibujando últimamente el dibujo se convertía en uno de sus pasatiempos favoritos Cuando estaba en Alemania el dibujo fue su escape a la miseria que vivía día tras día, inclusive Karl se dio cuenta de que tenía especial talento para ello.

Pagó clases privadas de dibujo y de pintura en óleo, tras años de práctica el lápiz o el pincel se movían solos sobre el lienzo. Ella solo tenía que imaginar para que los demás instrumentos comenzaran a hacer casi por si mismos su trabajo.

En aquella ocasión Caspian no se le iba de la mente, lo extrañaba horrores, mientras trazaba sobre una hoja el rostro de su rey sintió una patada sonrió al notar que provenía de ella. El niño estaba moviéndose otra vez. Susan se puso una mano sobre el vientre moviéndola en círculos una y otra vez, era algo que no se cansaba de hacer.

Por un momento decidió dejar en paz el dibujo, fuera de sus habitaciones hacia un día precioso era digno de salir a dar un pequeño paseo por el jardín. Sinceramente le sorprendía volver a estar en Cair paravel la última vez que lo vio recordaba un castillo completamente en ruinas tras haber estado mil trescientos años abandonado. Por lo que le contaron algunos criados, en palabras de Cornelius Caspian en sus primeros años de reinado se dio a la tarea de reconstruirlo lo más originalmente posible.

Salió al exterior los jardines lucían relucientes, las sirenas le saludaron conforme la reina paseaba por las fuentes y ella les devolvía el saludo. En cierta manera podría decirse que tenía un poco de paz. Al volver al lugar que siempre perteneció.

Dirigió sus pasos hacia los jardines de cristal, un sitio en el que siempre se sintió a gusto consigo misma, cuando fue reina recordaba visitar ese lugar tan diario como le era posible, y de cuando en cuando se daba un baño en sus aguas termales con aroma de rosas. Solo que al llegar se dio cuenta de que no era la única que gustaba de él, Wilhelm también le cobro aprecio por lo que podía ver.

—Parece que no soy la única que siente amor por este lugar. —Comento Susan para romper un poco el hielo, aun recordaba la última conversación que tuvo con Wilhelm en la que el obligo a jurar que le contaría hasta el último detalle de lo que paso con su medio hermano. Por lo que podía prever ya se llegaba la hora, en fin si así lo quería entonces lo haría.

Wilhelm le recibió con una inclinación de cabeza, no podía pedir más en su presencia todavía seguía conteniéndose. Parecía que no se olvidaba de todo lo que los dos vivieron en sus primeros años de convivencia forzada. El muchacho tenía a su lado unos libros, los cuales hizo a un lado para dejarle sitio en aquella banca de mármol blanco.

—Supongo que no sabes por dónde empezar. —Wilhelm miraba hacia la nada, parecía perdido entre los escombros de sus recuerdos en tanto trataba de encontrar el valor para afrontar la realidad de lo que dejo atrás. —Es normal, la última vez que nos vimos aun estábamos los dos en Belzec es difícil olvidar algo cuando has vivido con una persona como Karl. Sin embargo, debo admitirlo era parte de su encanto personal ser malvado hasta el punto de parecer diabólico con un rostro que parece ser cincelado por los mismos ángeles. Aun lo recuerdo sabes, vagamente claro pero cuando lo hago siempre se me erizan los vellos de la piel aún recuerdo cuando Mengele decía que hombres como mi medio hermano aparecían una vez cada mil años y cuando lo hacían siempre dejaban su huella a juicio del doctor mi hermano fue el verdadero fhurer de Alemania, inclusive antes que tu llegaras a Belzec los hombres de Karl solían burlarse de Hitler con un refrán: Hilter podría ser el Fhurer, pero el verdadero líder del Reich era mi hermano.

Susan quedo en silencio por unos minutos, a pesar de haberle hecho esa promesa no sabía cómo tomaría Wilhelm todo lo demás sinceramente tenía miedo de que tomara ciertas repercusiones respecto a los últimos momentos de Karl.

—Sus últimos meses los paso escondiéndose, después de que te mandó a México entonces fue cuando comenzó a acariciar la idea de ser el líder de Alemania, no solo de nombre también de hechos, pero antes investigo a cerca de Hitler encontró lo que buscaba meses después. Tras eso pidió un nuevo campo de concentración el más importante de todos: Auschwitz allí trazo los planes de un plan para el que contaba con la ayuda de Rusia y unos cuantos focos importantes de las elites caídas hacía tiempo por causa de Hitler. —Susan se relamió los labios antes de seguir, antes de darse cuenta de que le temblaban las manos. —Tiempo después todo lo que se supo que que había muerto en una de sus tantas pruebas de aviación transcurrieron dos años hasta que lo volviera a ver yo ya estaba casada con un oficial del alto mando. Por órdenes alternas a mí, para entonces estaba otro haciéndose pasar por Karl, un impostor que enviaba el servicio de inteligencia británico para infiltrarse en el gabinete de Hilter.

Cuando supe que Karl regresaba estaba entre la espada y la pared se las arregló para presionarme usando a mis hermanos. Quería que convenciera a mi esposo que aún era leal al fhurer de pasarse a su lado. Con lo que no contaba era que sus días estuvieron básicamente contados. Creo que le cobraron factura muy temprano por todo lo que hizo. Finalmente fue el mismo servicio de inteligencia ingles el que lo traiciono al final, supongo que Churchill le habría lavado los oídos con palabras dulces, así es el ministro ingles al final termino quitándoselo de encima no creo que convenga a los posibles vencedores del tercer Reich hacer que un tipo con mente más brillante que Hilter. Gobierne Alemania, si quieren ver a su enemigo destruido seguro que quieren a alguien más débil y manipulable. Ambos sabemos que Karl no era manipulable todo lo contrario le gustaba manipular.

Wilhelm sonrió parecía conforme con su relato e inclusive Susan se sintió aliviada de que creyera en ella a fin de cuentas. Ambos conocían como se manejó el hermano de Wilhelm durante cierto tiempo. Así que no tenía nada de útil ponerlo como un mártir de los aliados siendo que más de uno hubiera querido verlo morir antes de que le llegara finalmente la hora.

—Seguro le dieron una muerte más dulce de la que en realidad se merecía ese bastardo. —Suspiro—Pero en fin, cada quien tiene lo que merece él tuvo su merecido y ambos estamos aquí que es como un tipo de compensación para todo lo que hemos sufrido. En fin Susan, muchas gracias.

[…]

El mismo bar en el que solían hacer las reuniones para trazar los siguientes planes, finalmente era derrumbado por los aliados, ahora se buscaban cualquier edificio todavía en ruinas lo suficientemente fuerte para mantenerlos a salvo durante cuestión de unas cuantas horas.

Caspian piso con cuidado los escombros de lo que en otros tiempos fue una oficina de teléfonos. De cuando en cuando se encontraba ciertos artefactos los cuales recogía, para depositar en una bolsa de plástico: bolígrafos, lápices, grapadoras, teclas de máquinas de escribir, en fin todo lo que pudiera servirle. Todo lo que le hiciera recordar el mundo de los Pevensie si es que algún día podía volver a Narnia. Consideraría aquellos artefactos como su tesoro personal.

La luz incandescente de una lampara de luz le llego de pronto, tras ella una carcajada burlesca Peter Fue todo lo que logro pensar antes de ponerse una mano encima de los ojos para que la luz y caía al suelo lleno de polvo, no los lastimara Peter logro lo que quería: Infiltrarse en el sequito privado del fhurer, finalmente estaba cerca de Hilter par apode rematarlo sin tener que idear estrategias para tirarle un balazo desde un edificio en ruinas.

—¿No te cansas de coleccionar estupideces Caspian? —Peter le tendió un brazo para saludarlo afectuosamente.

—Es como si tu no hubieras coleccionado cada objeto que te encontraste en Cair Paravel—Caspian aceptaba el gesto, mientras se sacudía el polvo—O si no dime que es esa caja de rape que encontraron mis exploradores cuando mande reconstruir cair paravel.

Surtió el efecto que él deseaba Peter sello sus labios en una mueca dura que parecía enojo en tanto él se encogió de hombros como quien no quería la cosa.

—Si, solo faltabas tu, pero en fin anda no estamos muy lejos pero hay que pisar con cuidado. —Peter aluzo con la lampara los muros del edificio—Hay que tener cuidado cuando vayamos caminando las paredes quedaron débiles por los bombardeos, aun así esto es peor que nada.

Caspian lo siguió a través de unas escaleras enormes que daban hasta un tercer piso, tuvo que caminar muy despacio dado a que estas parecían desmoronarse de lo frágil que estaba el concreto con el que fueron diseñadas.

A lo largo de los pasillos veía algunos retratos de hombres con uniformes de la SS y de cuando en cuando se topaban con el símbolo del partido nacionalsocialista.

Finalmente llegaron a una habitación, esta tenía una mesa redonda en el centro con seis sillas, seguramente en otros tiempos debió haber tenido la utilidad de una sala de juntas. Era un alivio que en la actualidad siguiera intacta al menos podrían darle mejor utilidad de la que le dieron en antaño.

—Bien—Aldo tomo su lugar en una de las sillas llenas de polvo, la sacudió con la chaqueta lo que provocó que una densa nube del mismo llenara la habitación. —¿Qué nuevas hay del tío Adolf?

Hubo silencio, no había nuevas todo cuanto existía respecto al cerdo de Adolf Hitler era únicamente viejas noticias. Las mismas de siempre el mediocre judío no daba su brazo a torcer. Gracias a ello seguía muriendo gente a las afueras y dentro de Berlin.

—Todos aquí sabemos que si algo jamás hará Hitler es rendirse. —Mary la novia de Peter. Rompió con el silencio minutos después. —Tendremos que actuar antes de lo deseado. Por lo que podemos deducir, si Hitler no se rinde entonces esto será el cuento de nunca acabar. Hay que encontrar una manera rápida y contundente de acabar con ese gusano de una vez por todas. Sus seguidores se han ido del continente, a muchos Roma les ha proporcionado los medios para salir sin prisas por fronteras ocupadas por los nuestros.

—Siempre se pude hacer algo. —Refuto Caspian, en sus obres cafés había cierto brillo malicioso, mientras tantos sus dedos se entrelazaban unos con otros—Hitler es demasiado orgulloso para rendirse, Stalin quiere su cráneo lo mismo Churchill y Roosevelt del otro lado del continente. Mussolini ya cayó en Italia, a Hitler le falta poco, pero se niega es demasiado orgulloso para permitirse una muerte por manos enemigas. Sabe que el final está cerca, pero se niega a morir en manos que no sean las propias, tal vez. Se pueda convencerle de algo.

Todos en esa habitación parecían comprender la situación Hitler necesitaba morirse para poder hacer su trabajo de una vez por todas. En Europa la guerra terminaría con Alemania destruida. En Estados Unidos todavía continuarían los ataques contra los japoneses pero en fin, era cosa que a ese reducido montón de ingleses y americanos poco les importaba.

Todo lo que anhelaban era una sola cosa:

El fin de la guerra.

—¿Y cuál es ese plan? —Quiso saber Peter, que a esas alturas estaba tan intrigado como los demás.

Entre tanto todo lo que obtuvieron fue un movimiento de cabeza, Caspian no diría nada, su plan se lo guardaría para sí mismo. Era como una especie de secreto aterrador que solo él tenía el derecho de saber.

—A su tiempo lo sabrán, solo es cuestión de tener un poco más de paciencia, pero si les aseguro algo: Antes de que finalice este mes Hilter estará muerto.