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Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Después de que Draco se divorciara de Daphne, Scorpius se encuentra en la búsqueda de un segundo papá, ya que Draco le contó que sólo le gustaban los hombres. Luego conoce a Harry y está empeñado en conseguirle como segundo papá. ¿Lo logrará?
Traductor: DarkPotterMalfoy
Beta: FanFiker-FanFinal
Capítulo 37
Segunda semana de marzo: dos meses de embarazo.
Teddy siempre había sido un chico inteligente. Fue brillante en la escuela e incluso había logrado un buen control sobre sus capacidades cambiantes. También era muy observador, nada escapaba a sus ojos, sobre todo cuando se trataba de personas que consideraba su familia. Naturalmente, se había dado cuenta de que su padre había comenzado a lucir un poco pálido.
Habían sido unos días después del anuncio de la boda: Teddy había bajado las escaleras para ir a desayunar y cuando entró en la estancia vio a su padre sentado en la mesa, muy pálido. Draco había estado frotándole la espalda, murmurando algo en su oído. Se separaron tan pronto como se dieron cuenta de que Teddy estaba de pie en la puerta.
El pequeño Lupin, al preguntarle a su padre si estaba enfermo, éste sacudió la cabeza, sonriendo débilmente, diciéndole que no pasaba nada.
Teddy le hubiese creído si Harry no hubiese seguido viéndose cansado todas las mañanas y algunas veces durante todo el día; hacía siestas durante el día también. En las últimas dos semanas Teddy había encontrado a su padre dormido en el sofá o en la cama, despertándose sólo cuando el niño lo sacudía levemente.
Para Teddy eso no era normal, su padre siempre había sido muy activo, capaz de estar despierto hasta altas horas de la noche. El muchacho estaba totalmente seguro de que estaba enfermo, sobre todo después de haberle escuchado vomitar varias veces. De hecho eso era lo que sucedía ahora. El pequeño metamorfomago había querido volver a su clase con Snape después de ir a buscar un libro, pero se detuvo tan pronto como llegó al cuarto de baño situado en el pasillo donde estaba su habitación.
Alguien estaba vomitando. Teddy fue hacia la puerta, alarmado, dudando si debía entrar o ir en busca de algún adulto. Tomó la decisión cuando las arcadas se detuvieron y después de un minuto el sonido anterior se volvió a escuchar.
Unos pasos en el baño incitaron a Teddy a que diese unos pasos hacia atrás, antes de chocarse con la persona del interior de la estancia.
Para su inmensa sorpresa y preocupación, su padre salió de él, pasándose una mano por el pelo y luciendo cansado.
—¿Papá?—preguntó, dócil.
Unos ojos verdes lo miraron, sorprendido. Las bolsas que lucía bajo sus ojos le hacía lucir de la misma manera que cuando volvió de haber sido secuestrado.
—Teddy, ¿qué haces aquí?—preguntó Harry, aclarándose la garganta ya que sonaba áspera—. ¿No tienes clase con Snape?
—Sí, pero he tenido que ir a buscar un libro que se me había olvidado—murmuró sin apartar sus ojos ámbar del moreno—. Papá, ¿estás enfermo? ¿Tienes que ir a ver a un medimago?
Harry negó con la cabeza y se apoyó contra la puerta, respirando pesadamente.
—No, no te preocupes. Todo está bien. No estoy enfermo—aseguró.
—Pero estabas vomitando—indicó, frunciendo el ceño.
Su padre pareció vacilar, como si estuviese decidiendo si contarle o no al niño antes de negar con la cabeza.
—En serio, no tienes de qué preocuparte. No estoy enfermo. Es algo que pasará pronto, algo que he cogido. Estaré bien, lo prometo—sonrió y palmeó el hombro de Teddy—. Ahora, ¿por qué no te das prisa en volver a tus clases? Estoy seguro de que Snape te está esperando.
Teddy frunció el ceño y se mordió el labio, pero poco a poco volvió a su clase, preguntándose por qué su padre estaba mintiendo.
—Algo que ha cogido —si eso fuese cierto, entonces, ¿cómo es que nadie más en casa estaba enfermo? El chico no recordaba haber escuchado a Draco o Scorpius vomitar; siempre había sido su padre.
El sabor metálico le alertó de que se había estado mordiendo demasiado fuerte su labio y la sangre goteaba de él. Se había olvidado de que tenía los dientes afilados. Con aire ausente, comenzó a lamerse el labio, aún pensando en lo sucedido. Volvió a la clase y tomó asiento al lado de Scorpius, el cual estaba leyendo algo en voz clara y alta.
Severus volvió a regañar a Teddy y le preguntó dónde diablos había estado, pero se detuvo en cuanto vio la distraída y preocupada mirada en el rostro del muchacho. Normalmente no le hubiese importado hacer preguntas a alguien que estaba deprimido, pero algo le detuvo en ese momento. Por lo que había podido ver, se había dado cuenta de que se parecía mucho a Potter: si alguien lo presionaba mucho, éste se retraería en sí mismo, negándose a responder por un largo período de tiempo.
Snape suspiró, inaudible y mandó a Teddy a leer el siguiente fragmento del libro. El muchacho superaría lo que le preocupaba a su debido tiempo. Estaba allí para enseñar, no para hacer de su maldito psiquiatra.
Harry suspiró y se frotó el rostro con cuidado. Se estaba haciendo cada vez más difícil ocultarle el embarazo a Teddy. Sabía que él merecía saber que iba a tener un hermano o hermana, pero no tenía la menor idea de cómo decírselo. Sería difícil convencer a Teddy de que los hombres eran capaces de quedarse embarazados, ya que él le había asegurado hacía unos meses que no era posible. Aún estaba de dos meses antes de que se le empezase a notar, así que tenía un poco más de tiempo para pensar en cómo darle la noticia.
Levantó la vista cuando escuchó un suave "pop". Un elfo doméstico estaba a pocos metros de él, sosteniendo algo en sus diminutas manos.
—¿Sí?—le preguntó, curioso.
—Amo Harry, ha llegado una lechuza con esta carta para usted—respondió cortés el elfo, y le entregó la carta.
—Gracias—murmuró Harry, frunciendo el ceño al ver el sello del Ministerio. ¿Qué querían ahora?
Abrió la carta y la leyó.
Harry:
Sé que ya no eres un auror y probablemente no quieras saber nada del caso del asesino del veneno, pero necesito tu ayuda. El antídoto que nos diste funcionó extraordinariamente y sé que estarás complacido de saber que las víctimas se han recuperado sin secuelas persistentes.
El ministro, sin embargo, quiere saber cuál es exactamente el ingrediente final y cómo hiciste para conseguirlo.
Espero que no sea demasiado pedir que nos envíes una respuesta.
Gracias.
Atentamente,
William Burns
Harry suspiró y se guardó la carta en el bolsillo. Debería haber sabido que el ministro sospecharía. Después de todo, ninguno de los expertos en pociones que el Ministerio había conseguido para el caso, había podido encontrar el ingrediente final. Por supuesto que empezarían a hacer preguntas.
La pregunta era: ¿cuánto podía decirle a William sin exponer a Snape? El ingrediente era muy raro y, por tanto, caro; también tenía la sensación de que era ilegal. ¿Cómo iba a explicarlo?
Tenía que tomar una decisión, así que fue en dirección al aula improvisada de Snape. Hablaría con él primero y luego decidiría qué diría a su ex compañero.
Snape alzó la vista cuando un suave golpe en la puerta interrumpió su lección. Suspiró.
—Seguid leyendo y no os atreváis a hacer ruido. Lo sabré si lo hacéis—advirtió a los dos muchachos y fue hacia la puerta.
Suponiendo que era su ahijado el que había interrumpido, se quedó inmensamente sorprendido al ver a Potter. Una rápida mirada le dijo que Potter estaba cansado y pálido.
«Probablemente habrá vomitado hasta sus tripas—pensó Severus, ocioso—. Bueno, lleva casi tres meses de embarazo ya. Era de esperar».
—¿Por qué sientes la necesidad de interrumpir la clase, Potter?—preguntó, alzando una ceja y cerrando las puerta tras él, cruzando los brazos—. Sé que nunca te has preocupado mucho por tu educación, pero espero que te des cuenta de que estos chicos necesitan una buena educación antes de que se vuelvan unos vagos.
Los ojos esmeralda se estrecharon, pero no mordió el anzuelo.
—Acabo de recibir una carta de un ex compañero de trabajo—comenzó Potter.
—¿No me digas que necesitas ayuda para leerla?—preguntó, sarcástico.
—Por favor, ¿puedes contener tus comentarios un momento?—espetó Harry, para luego negar con la cabeza—. Lo siento, no era mi intención saltar de esa manera—respiró profundamente—. De todos modos, el Ministro quiere saber cuál es exactamente el ingrediente final y cómo me las arreglé para conseguirlo.
Severus se tensó.
—¿Le dijiste que fui yo el que hizo la poción?—preguntó, sin atreverse a creer que Potter hubiese sido tan estúpido.
—Claro que no—frunció el ceño Harry, cruzándose de brazos—. No soy tan tonto. No voy a dejar que el Ministerio te coja.
Esto hizo que Severus parpadease. Había pensado que Potter no quería otra cosa que verlo enjuiciado. Por supuesto, se había preguntado por qué no lo habían buscado, pero supuso que eran demasiado estúpidos como para seguir su rastro. ¿Potter se había asegurado de que no supiesen que estaba vivo?
—¿Por qué no?
—¿Por qué no, el qué?—preguntó Harry, confundido.
—¿Por qué no dejas que el ,inisterio me detenga?—respondió, impaciente.
Potter parpadeó y luego miró hacia otro lado.
—A pesar de haber sido un cabronazo conmigo la mayor parte de las veces, me salvaste—murmuró—. Y cuando vi tus recuerdos, sabía a lo mucho que habías renunciado para que la mayoría de las personas sobreviviesen a la guerra—suspiro—. Y no creo que a mi madre le hubiese gustado verte en la cárcel.
El profesor de pociones se quedó sin habla. Ni una sola vez había escuchado decir algo bueno de él, ni una sola vez nadie le había asegurado que estaba haciendo algo bueno. Y nadie le había dicho que Lily se hubiese preocupado por lo que le pasase.
—Por lo tanto, me pregunto qué es exactamente lo que tengo que decirle a William sin revelar que estás vivo—murmuró, incómodo.
Severus, inmediatamente, se quebró de nuevo ante la atención.
—Puedes decirle que el ingrediente final es el pulpo de anillos azules. Su veneno paraliza a la víctima y combinado con otros ingredientes puede causar una dolorosa muerte. En cuanto a cómo me las arreglé para conseguirlo… Te lo dejo a tu elección.
—Te gusta hacer difícil mi vida, ¿no?—gimió Potter y frunció el ceño con cierto gesto de ternura.
Severus sonrió.
—Difícilmente, te acabo de dar la oportunidad de demostrar que no eres más que un niño idiota con complejo de héroe.
—Maldita sea, Snape. ¡No tengo ningún maldito complejo de héroe!—gruño, apretando los puños.
—Hn, esa boca, Potter. No hables así alrededor de los niños—le advirtió, sonriendo.
—¡Ah, eres imposible!—Harry alzó las manos en señal de frustración y se marchó, murmurando algo que sonaba parecido a "gilipollas rematado".
Severus negó con la cabeza: Potter nunca dejaba de divertirle. Respiró hondo y entró en la clase de nuevo, justo a tiempo para pillar a Scorpius susurrándole algo a Teddy.
—Creí deciros que nada de hablar—alzó una ceja y para su satisfacción, los niños tragaron saliva nerviosamente.
«Sí, aún lo entretenía—pensó, divertido».
Harry acababa de terminar la carta donde explicaba cómo había conseguido el veneno, cuando de repente se le ocurrió que podía pedir algo a cambio. El ministro se lo debía y aunque Harry se sintiese incómodo por pedir algo a cambio, cuando lo único que había hecho era ayudar a la gente a sobrevivir (algo que había hecho por años), razonó que esta vez no era diferente porque estaría ayudando a Draco. Más o menos.
Una sonrisa se instaló en su rostro, Harry añadió su petición en la parte inferior de la carta, firmándola antes de ir en busca de una lechuza.
Vengarse se sentía tan bien. No era de extrañar que los slytherins fuesen aficionados a hacerlo.
Dos días más tarde, Draco se despertó en la cama, la cual estaba vacía y fría. Frunció el ceño y se sentó. ¿Harry estaba vomitando de nuevo? Si era así, ¿por qué no le había despertado? Comprendió que Harry no quería que lo viese vomitando como si no hubiese mañana, pero era su pareja y quería darle su apoyo en todo lo que pudiese. Y ahora, podría hacer eso para calmarlo.
Se puso de pie y se fue en busca de su pareja perdida, pero no la encontró en el cuarto de baño. El fresco aroma de las flores seguía en la habitación, indicándole que Harry había estado echando las tripas no hacía mucho tiempo.
Así que debía estar en la mesa del desayuno.
Y de hecho, cuando Draco llegó al comedor, vio a Harry sentado y bebiendo zumo de naranja, mientras que leía El Profeta con atención. Sus ojos verdes buceaban en toda la página antes de pasar a la siguiente bruscamente, como si estuviese buscando algo en particular.
Poco a poco, Draco se sentó junto a él, mirándolo con atención.
—Harry, ¿estás bien? ¿No estás con náuseas?
—Hm, ¿qué?—alzó la vista del periódico y parpadeó—. No, estoy bien: se han ido—murmuró distraídamente y buscó de nuevo en el diario.
—¿Estás buscando algo específico?—preguntó Draco, cogiendo una taza de café.
Harry no le respondió por un rato y Draco se resignó a volver a preguntar cuando Harry sonrió triunfal y sus ojos se iluminaron con una feroz alegría.
—Esto le enseñará a no meterse con mi familia—sonrió y lanzó el diario, bebiendo de su zumo.
Draco lo miró con cautela. Harry miró alegremente al slytherin en ese momento: la sonrisa, la feroz alegría. Se preguntó quién había sido el pobre diablo que había conseguido cabrear al Elegido.
—¿Harry?
—Mira: lee esto.
Draco frunció el ceño, pero aceptó el papel y leyó el artículo.
¡El sanador Rowland traiciona la confidencialidad y engaña a su esposa!
Ha llegado a nuestros oídos que el famoso sanador Rowland, conocido por sus investigaciones sobre pociones mortales y antídotos, ha traicionado la confidencialidad de un paciente. El auror que lleva la investigación del caso no ha dado a conocer el nombre del paciente, pero estaba dispuesto a dar un poco de información gratuita. Parece ser que un hombre cerca de los treinta años está esperando un hijo de alguien que tuvo un pasado mortífago pero quedó absuelto. El sanador Rowland, al parecer, no estaba de acuerdo con la elección del padre y le dijo a un compañero sanador que "para el paciente sería correcto perder al feto".
No sólo traicionó la confidencialidad del paciente hablando con otro compañero de profesión, sino que un medimago tiene prohibido dar su opinión sobre un caso, salvo que sea para salvar la vida del paciente. Es evidente que eso no ha sucedido.
Como si no fuera suficiente, ha salido a la luz que el sanador Rowland también tiene una amante en el hospital. Según nuestra fuente, ha estado engañando a su esposa desde hace cinco años sin que nadie lo supiera.
El sanador Rowland ahora tendrá que ser entrevistado por la junta del hospital. Lo más probable es que pierda su licencia de sanador y el trabajo. En cuando a su esposa, ella sólo dijo que iba a presentar una demanda de divorcio.
Draco se quedó sin habla. No podía creer que Rowland, el sanador que había confiado a su familia, hubiese estado hablando sobre el embarazo de Harry con otro sanador. Que había sido Harry, no había duda, por la forma cruel en la que sonreía. Lo que más le había dolido era saber que Rowland había deseado que Harry tuviese un aborto involuntario. ¿Cómo había podido ser tan ciego acerca de ese hombre?
Y, ¿cómo este auror sabía acerca del tema?
Poco a poco, miró a Harry, que estaba tarareando felizmente y aún seguía sonriendo.
—¿Has metido a un auror en esto?—preguntó, levantando la ceja.
Harry ladeó la cabeza hacia su derecha, parpadeando con inocencia.
—¿Por qué lo he hecho? Puede que haya sugerido que echasen un ojo sobre el sanador Rowland, pero nunca dije que se hiciese público—tatareó de nuevo—. No es mi culpa que Rowland estuviese siendo estúpido—su sonrisa podría rivalizar con la de un tiburón.
Draco se recostó en su silla, moviendo la cabeza con incredulidad.
—Cada vez que creo que por fin te conozco, haces algo que me sorprende—murmuró—. Lo que has hecho es algo muy slytherin, Harry. Aunque no puedo decir que no se lo mereciese.
Harry se pudo de pie.
—Por supuesto que es algo muy slytherin, después de todo, el Sombrero quiso ponerme allí— rió y salió de la habitación—. Voy a ver a los muchachos, a ver si se han despertado.
Draco miró la habitación ahora vacía. ¿Quién hubiese pensado que el famoso Harry Potter hubiese sido adecuado para slytherin? Aunque eso explicaría algunas de las peculiaridades que Harry poseía: su tendencia a esconder ciertos asuntos, por ejemplo, o su gusto por la venganza cuando sentía que alguien se había extralimitado.
Draco se rió y negó con la cabeza. La vida con Harry Potter nunca sería aburrida, eso seguro.
18 de marzo
Al ser un día bastante soleado, Draco y Harry habían decidido llevar a los chicos a pasar el día en el parque. Los elfos habían preparado un picnic para ellos y pronto estaban de camino: Teddy caminando de la mano de Harry y Scorpius saltando delante de él, demasiado entusiasmado para permanecer quieto por pasar el día con su familia.
No pasó mucho tiempo hasta que llegaron al parque que estaba cerca de la Mansión Malfoy y ambos padres se resguardaron bajo la sombra de un gran árbol mientras los chicos cogieron la pelota y comenzaron a golpearla con el pie hacia delante y hacia atrás a un par de metros de ellos.
Como había un lago cercano, Harry estuvo ojo avizor para asegurarse de que los niños no cayesen.
Draco se ocupaba de prestar atención a la barriga de Harry. Llevaba casi tres meses y a pesar de que vomitaba por las mañanas, no era tan malo como hacía unas semanas. Draco sospechaba que tenía que ver con las pociones que Severus le daba al moreno.
Harry no tenía un vientre notable todavía, pero Draco estaba seguro de que no era tan plano como lo había sido hace semanas. Harry puso los ojos en blanco y le dijo que estaba alucinando.
—¿Cuándo crees que seremos capaces de sentir al bebé?—preguntó Draco, pasando su mano distraídamente por debajo del jersey de Harry.
—¿Cómo voy a saberlo?—se encogió de hombros—. Nunca antes he estado embarazado y tampoco he conocido a nadie que lo estuviese.
—Hn, debemos darnos prisa en buscar a alguien entonces. Ya estás casi a punto para hacerte el siguiente chequeo.—murmuró Draco y acarició su estómago, suave.
—Te ves bien con un niño, Harry—una soñadora voz los sobresaltó y se dio la vuelta a toda prisa con las varitas dirigidas a la persona detrás de ellos—. Por supuesto, no es atípico, dándose la situación de que llevas un espíritu de la naturaleza contigo. La madre siempre defiende al bebé.
Harry parpadeó y bajó la varita.
—¿Luna?—dijo con incredulidad y se levantó, deshaciéndose de la mano de Draco.
Draco se levantó a toda pisa. Reconoció a la esbelta y rubia mujer frente a él. Luna Lovegood: la lunática de Ravenclaw. No le había prestado mucha atención durante sus años de escuela, pero había escuchado rumores sobre ella: siempre estaba caminando por ahí, con la cabeza en la inopia, sin prestar atención a lo que sucedía a su alrededor, siempre hablaba de criaturas inexistentes y casi todo el mundo en su casa la había dejado de lado.
—Hola, Harry—sonrió Luna, serena, girando algunos mechones rubios entre sus dedos.
—¿Vienes aquí a menudo?—preguntó Harry, sonriendo y relajándose. No se sorprendió al escuchar que Luna se hubiese enterado de su embarazo, siempre había sabido que ella era más de lo que aparentaba.
—No sería mejor preguntar: ¿cómo diablos sabes que está embarazado?—preguntó Draco entre dientes; sus ojos grises se estrecharon, suspicaz.
—Luna sabe muchas cosas, si yo tuviese que preguntarme dónde se entera de ellas nunca lo entendería—respondió Harry, seco.
—El duendecillo de fuego me dijo que hoy te encontraría aquí—sonrió, sus ojos azules parpadeaban soñadores—. También me dijo que necesitabas a alguien que te ayudara con el embarazo—continuó, ahora mirando interesada a los dos chicos que jugaban con la pelota: no se habían dado cuenta de su llegada.
—Sí. ¿Tú conoces a alguien que me pueda ayudar?—preguntó el moreno, sonriendo cuando miraba también a los chicos.
Draco se apoyó contra el árbol, sin confiar plenamente en ella. Su varita ya estaba bajo su mano, lista para ser utilizada si hacía algo para atacar a su pareja.
Luna se rió, un sonido como el de las campanas meciéndose por el viento.
—¿Acaso los duendes del agua no te dijeron que podría ayudarte con el bebé?—tatareó y daba vueltas en el sitio, antes de enfrentar a Harry de nuevo con una sonrisa.
Harry parpadeó, sorprendido.
—Espera, ¿estudiaste para sanadora?—preguntó, sorprendido. Si eso fuera cierto, entonces todos sus problemas se habrían resuelto. Sin duda, confiaba en Luna, aunque fuese un poco soñadora y rara; ella sería capaz de ayudarle.
—Hn, mi madre lo era—murmuró, distraída, prestando atención a una mariposa blanca—. Ella me dejó todos sus libros y me interesé por el tema, ¿qué te parece?—sonrió.
—No confiaría en nadie más que en ti—sonrió de nuevo Harry.
La chica aplaudió.
—¡Nos vemos en dos semanas y saluda a tus hijos!—dicho esto, se giró de nuevo y se fue andando ligera, desapareciendo por el lugar de donde vino.
—¿Estás seguro de que puedes confiar en ella?—preguntó Draco, una arruga en la frente mostraba su preocupación.
Harry dejó que su mano siguiera su camino hasta el brazo de Draco, deteniéndose hasta entrelazar sus dedos.
—Confiaría hasta mi vida—aseguró—. Ella estaba allí cuando fui al Ministerio en nuestro quinto año y era una magnífica luchadora. Puede que sea extraña, pero sé que va a ayudar sin causar problemas. Además—añadió con aire ausente—, ella es la única de quien realmente me fio para que no hable con la gente sobre el bebé.
—Muy bien—suspiró Draco y se permitió relajarse de nuevo. Si Harry confiaba en ella, él también.
8 de abril: tres meses de embarazo.
Un par de semanas después de la visita de Luna para revisar al bebé sucedió algo que cambiaría la vida de Teddy para siempre.
El pequeño Lupin no había escuchado a su padre volver a vomitar, pero no por ello creía que su padre estuviese bien de nuevo. Esto quedaba confirmado por lo preocupado que parecía aún Draco y por lo mucho que se alteraba por la mañana cuando su padre bajaba pálido y cansado.
Sin embargo, Harry no parecía empeorar y recobraba el color durante el día, pero fuera lo que fuera, esa enfermedad actuaba por la mañana.
Por supuesto, el niño nunca podría haber adivinado cuál era exactamente la causa de por qué su padre estaba enfermo cada mañana.
Era una mañana soleada cuando Dagda decidió que había llegado el momento de explorar la casa sin su amo y antes de que Teddy se diese cuenta, el pequeño gato saltó de sus brazos y comenzó a huir, con su pequeña cola moviéndose de un lado para otro con entusiasmo.
—Dagda—lo llamó Teddy, pero si quería atrapar a su gatito, tendría que correr tras él.
Maldita sea, Dagda corría muy rápido, incluso con sus pequeñas patas. El astuto gato siempre se mantenía unos metros delante de él, llevándolo a través de largos pasillos, escaleras y más pasillos.
Entraron en el ala oeste, donde estaban las habitaciones y de golpe vio a su gato entrar en una habitación, cuya puerta estaba entreabierta.
—¿Dagda?—Teddy bufó molesto y la abrió, llevándose una gran sorpresa cuando se dio cuenta de cómo estaba decorada la habitación.
Una habitación para bebés. Estaba toda decorada enteramente para eso. Había una pequeña cama con un oso de peluche colocado sobre la almohada, esperando el momento para ser cogido y abrazado. Había un pequeño armario contra la pared, probablemente para la ropa.
No había polvo.
Podía parecer algo increíblemente estúpido darse cuenta, algo que no valía la pena ni mencionar, pero el miedo le atacó y se instauró en la mente de Teddy, haciéndole temblar: la ausencia de polvo significaba que la habitación era visitada con frecuencia y que se estaba acomodando para la llegada de alguien más. El joven trató de convencerse de que el hecho de no haber ácaros no significaba que fuese a utilizarse; después de todo, la casa tenía elfos domésticos que limpiaban todo de manera obsesiva.
A Teddy le hubiese gustado creerlo, excepto por el hecho de que había visto habitaciones con polvo, estancias que ya no se utilizaban y que Draco no había mandado limpiar.
¿Tal vez los elfos la limpiaban por costumbre? Estaba cerca de sus habitaciones, así que los elfos podían tener asumido que ésta tenía que ser limpiada también.
El chico quería creer eso con todas sus fuerzas. No había ningún bebé en camino, su padre nunca le había hablado sobre adoptar uno con Draco. ¿Por qué iba a hacerlo? Acaban de comprometerse: no necesitaban otro niño. Scorpius y él eran suficientes, ¿verdad?
La inquietud creció en su vientre y cruzó las piernas alrededor de su estómago, como si quisiese apartar ese malestar. No le gustaba sentirse de esa manera, odiaba que las cosas estuviesen a punto de cambiar drásticamente. Siempre hacía lo mismo: se asustaba por nada.
Sí, esa habitación no significaba nada. Nada en absoluto. Teddy asintió y se repitió eso, mientras de manera ausente cogía a su gato, que empezó a ronronear.
Aún así, la inquietud y el miedo no querían dejarlo, no importaba lo mucho que lo desease.
La puerta de su habitación estaba abierta, dando al niño una visión de lo que su padre estaba haciendo. Draco estaba murmurando algo demasiado bajo para que Teddy pudiese escucharlo y frotaba el estómago de su padre, una cosa un tanto extraña desde el punto de vista del chico. No era raro, aunque últimamente Teddy había pillado a Draco muchas veces así. Al principio había pensado que era para aliviar el dolor de estómago, pero su padre no parecía estar dolorido. Cuando Draco lo hacía, su padre sonreía y en ocasiones ponía los ojos en blanco, pero la acción era por diversión, no por molestia.
Teddy frunció el ceño y tiró de las sábanas hasta tapar sus hombros. Estaba esperando a Harry para que le contase un cuento de buenas noches. Sabía que ya había ido a ver a Scorpius y estaba esperando pacientemente el momento que tendría con su papá.
Sin previo aviso, la imagen del cuarto limpio del bebé entró en su mente y sus manos se cerraron. Quería saber desesperadamente por qué ese cuarto estaba tan limpio, aunque no hubiese ningún bebé, pero no sabía si quería escuchar la respuesta. Era extraño pensar en ello, pero de alguna manera tenía mucho sentido.
El sonido de un beso le hizo le hizo alzar la vista, justo cuando su padre sonreía a Draco y cerraba la puerta tras él, caminando hacia Teddy y sentándose en la cama.
—Teddy, ¿tienes un libro?—sonrió su padre, confundido cuando no vio ningún libro esperándolo. Se sentó al lado de las piernas de Teddy, que estaban tapadas por las mantas.
Teddy parpadeó y miró a su alrededor. Se le había olvidado elegir un libro. De hecho, apenas podía recordar lo que había hecho durante el resto del día. Su mente estaba agotada con el descubrimiento de esa habitación y se había sentido incómodo todo el día, con el miedo alojado en el fondo de su mente. Realmente no le gustaba esa sensación.
—¿Teddy?—repitió Harry, confundido cuando no escuchó ninguna respuesta.
Los azules ojos fueron capturados repentinamente por los verde esmeralda y los retuvieron.
—Papá, ¿por qué está limpio el cuarto del bebé?—preguntó, inquieto. La pregunta salió de su boca sin pensar en ella.
Harry se quedó completamente inmóvil, tenso y el malestar de Teddy se hizo más grande. ¿Por qué su padre no decía nada? Era sólo un cuarto estúpido, ¿verdad?
De repente, suspiró derrotado y se pasó una mano por la cara, mirando a Teddy con una extraña expresión en su rostro.
—¿Papá?—se mordió el labio.
—Debería haber sabido que esto iba a suceder—murmuró y estiró las piernas—. Dios, me gustaría haberlo hecho más adelante.
—¿Más adelante?—preguntó Teddy, confundido, sentado con la espalda recta. Una alarma sonó en su cabeza, pero no entendía el porqué. No había nada malo.
Harry lo miró y volvió a suspirar.
—Teddy, ¿te acuerdas del día que me preguntaste si los hombres podían quedarse embarazados?—preguntó de repente, pillando al niño con la guarida baja.
Teddy frunció el ceño.
—Sí, me dijiste que no era posible—respondió, inclinando la cabeza. La sensación de malestar aumentó.
Harry miró hacia otro lado, frunciendo el ceño, haciendo que Teddy se sintiese inseguro. ¿Había dicho algo malo? No, no lo había hecho. Su padre se lo dijo: no podían quedarse embarazados. No había dicho ninguna mentira.
—Teddy, al parecer estaba equivocado—dijo, tomando una profunda bocanada de aire.
—¿Equivocado?—dijo Teddy débilmente. Las señales de alarma eran más fuertes.
—Mira, ese día yo no sabía realmente si los hombres podían quedarse embarazados, pero parece ser que me equivoqué—Harry volvió a mirarlo fijamente—. Con ciertas pociones es posible que los hombres tengan bebés.
—Oh—murmuró Teddy sin saber cómo reaccionar. Los hombres podían quedarse embarazados. Podían llevar bebés. Todo el que tomase una poción. ¿Por qué esa revelación le sorprendía? Había crecido con la magia a su alrededor, tendría que haberse dado cuenta de que algo como una poción podría hacer que los hombres gestasen. La cuestión era que no había querido darse cuenta.
—Y—miró hacia arriba cuando su padre volvió a hablar, vacilante—, no sé cómo decir esto de forma correcta, así que voy a ser franco: metieron una poción en mi cuerpo y ahora estoy… embarazado.
Un pesado silencio siguió a esta declaración. Su padre lo miraba preocupado, sus labios estaban fruncidos.
Embarazado. Su padre estaba esperando un bebé. Tendría un hermano. Otro hermano o hermana; otro niño pequeño que soportar. Teddy miró el estómago de su padre: un bebé estaba creciendo.
El muchacho se quedó helado, sentía como si lo estuviesen bañando en hielo. Esto no podía estar pasando. No había manera de que su padre se quedase con el bebé, era muy pronto, ¿no? Estaban comprometidos, su padre aún se estaba acostumbrando a Draco. Un bebé ahora era demasiado pronto.
—Teddy—Harry empezó a ponerse nervioso—, ¿qué piensas?
Poco a poco, los ojos azules siguieron el camino hasta mirar a su padre.
—¿Desde cuándo lo sabes?—preguntó en voz baja, sin saber qué tono debía utilizar. ¿Tenía que estar enfadado, triste? No lo sabía. De lo único que estaba seguro era que no estaba para nada contento. ¿Cómo podía ser feliz? Aún tenía problemas con Scorpius, ya que se estaba acostumbrando al hecho de tener que compartir a su padre con los demás. Ahora tendría que compartirlo con otro mocoso molesto. Otra persona que sería capaz de robar la atención de su padre.
A menos que… su padre no se quedase con el bebé. Un pequeño rayo de esperanza se instauró en su pecho. Tal vez su padre no quería tenerlo. Tal vez su padre sólo lo necesitaba a él y Scorpius. Era lo suficientemente bueno, ¿no? Su padre no quería otro hijo. Tenía suficiente con Teddy.
Harry se movió, inquieto.
—Desde hace unos meses. Nacerá dentro de seis—sonrió débilmente—. Lo siento, no te lo he dicho antes, pero Draco y yo queríamos asegurarnos de que todo estaba bien con el bebé antes de decíroslo.
Eso hizo que Teddy elevase la vista totalmente.
—¿Vas a quedarte con el bebé?—preguntó, seguro. ¿Había escuchado mal?
—Sí—la sonrisa de su padre se hizo más suave, sus ojos verdes brillaban de la emoción—. ¿Qué piensas? ¿Te gustaría tener otro hermano o hermana?
Su padre parecía tan esperanzador que Teddy no pudo soportar la idea de decir la verdad. Odiaba totalmente la idea de tener otro hermano. ¿No era suficiente tener que compartirlo con el mocoso rubio? ¿Por qué su padre necesitaba otro bebé? ¿Tal vez no era lo suficientemente bueno? Pensaba que era un buen chico: había tenido pocas peleas con Scorpius, yendo tan lejos como para evitarlo, se portaba bien en las clases de tío Sev, se comía las verduras y frutas y siempre se iba a la cama temprano y no se quejaba. ¿No era lo suficientemente bueno para su padre?
¿Por qué tenía la sensación de que estaba siendo reemplazado? Su padre no le haría eso, ¿verdad? Seguiría siendo su hijo, ¿no?
Se asustó cuando dos fuertes brazos le rodearon, abrazándolo contra un fuerte pecho y tirando de él desde la parte baja de las sábanas, colocándolo frente a él.
—Sabes que te quiero, ¿verdad?—murmuró contra su pelo, acariciando su espalda con dulzura—. Yo siempre te querré, eso no va a cambiar.
Pero ¿qué pasaba si a su padre le gustaba más el nuevo bebé? Teddy no se atrevía a expresar ese pensamiento, ya que tenía miedo de ponerse a llorar. Después de todo, no era su verdadero hijo. Sus verdaderos padres habían muerto y por mucho que quisiese, la persona que consideraba su padre era en realidad su padrino y él nunca sería su hijo de verdad, no importaba lo mucho que lo quisiera. Y ese bebé era un hijo de verdad de su padre, él o ella crecería en su estómago y nacería de él. Nadie sería capaz de decir que el bebé no era su verdadero hijo.
Eso le dolía más que todos los insultos que había tenido que soportar en el pasado sobre su herencia. Quería hacer creer a su padre que le encantaba la idea del bebé tanto como él, pero algo en su interior le advirtió que eso no podía ser. Tal vez a su padre le encantaría eso durante el tiempo que el bebé estuviera en su vientre, pero desde el momento en el que estuviera fuera… Teddy sería descartado como un roto e inútil juguete.
El joven se aferró a su padre y enterró su cara en el hombro de éste.
—Yo también te quiero, papá—susurró, siendo recompensado con un beso en la frente.
Bajó la mirada hacia el estómago de su padre y ya le tenía tirria al bebé. No había manera de que volviese a ser feliz con el bebé, otro intruso, otro que le robaba la atención de su padre.
Pero tal vez… Si demostraba que podía ser el hijo perfecto, su padre no lo apartaría cuando el bebé naciese.
Levantó la mirada y sonrió débilmente, besando la mejilla de su padre.
—Buenas noches, papá—susurró.
Harry sonrió y lo volvió a besar en la frente.
—Dulces sueños, Teddy—susurró y metió el niño dentro de la cama.
Teddy se quedó mirando el techo en la oscuridad, mordiéndose el labio y negando a reconocer las lágrimas que caían sobre la almohada.
Sería perfecto, su padre lo querría aún más, sin duda.
Con ese pensamiento, se puso de costado y cayó en un inquieto sueño, que consistía principalmente en sentimientos de soledad y resentimiento.
¿Será Lunática Lovegood nuestra esperada asesina? Pronto lo sabremos. Ahora os he sembrado la duda, ¿cierto?
Gracias por leer y comentar.
Respuesta a los comentarios anónimos (éstos serán eliminados al pasar una semana):
-Kasandra Potter. Espero que hayas disfrutado de tus días de desconexión. En cuanto al capítulo anterior, te doy toda la razón: el medimago ha sido un cabrón. Un beso.
-Guest. Sí, para mí ha sido una alegría poder volver, en serio. Bueno, no creo que ésta sea una de las mejores historias Drarry; sin embargo, creo que hay muchas historias mejores. Te recomiendo que te pases por los perfiles de Zafy, FanFiker_FanFinal, Helena Dax, PerlaNegra… En mi perfil, en el apartado de autores favoritos, las encontrarás y verás sus extraordinarias historias. Un abrazo.
-Mary. ¡Pues muy mal! Yo quería un comentarios por capítulo (DarkPotterMalfoy llora desconsoladamente), es broma. Gracias por entrar en la historia y dejar un comentario. Un abrazo.
