Capitulo 37
La dejó en la cama con mucho cuidado, como si estuviese hecha de un cristal muy delicado y comenzó a quitarse la corbata y la camisa veloz.
-¿Egon?- susurró mirando hacia la puerta del baño, él solo le sonrió con picardía- ¡Egon!- insistió cuando comenzaba a quitarse los pantalones, le señalaba la puerta del baño. La recamarera lo miraba entre nerviosa y risueña.
-creo…que – tartamudeo dejando caer los pantalones y quedando solo en unos ajustados bóxers negros.
-si…ya me voy- respondió la mujer saliendo disparada, Silvana no podía parar de reírse.
-¿Por qué no me avisaste?- fingiendo estar enojado se tumbó sobre ella.
-no me hacías caso- contestó sin poder dejar de reír.
-¿y te diviertes?-
-mucho-
-¿Qué tanto?- murmuro mordisqueándole el lóbulo de la oreja, acariciándola lentamente y haciendo presión con su rodilla para hacerla abrir sus piernas ligeramente.
-menos que ahora supongo- susurró Sy entrelazando sus manos en la nuca y enredando los rizados cabellos castaños entre sus dedos para atraerlo más.
Las palabras quedaron en segundo termino, con mucha calma recorría el suave cuello de su ahora esposa, saboreaba cada milímetro bajando lentamente, delineando el hueco de la garganta.
Con los dientes fue arrancando uno a uno los botones de la blusa, Sy creyó perder el conocimiento cuando percibió los labios masculinos acariciando su estomago, jugando con los pliegues de su ombligo.
Le retiró la blusa de un solo movimiento cuando subía de nuevo acariciando y besando la tersa piel morena, la levantó un poco para desabrochar el sostén y los turgentes pechos saltaron al liberarse de su prisión de seda.
La recostó de nuevo y con desesperante calma aprisiono ambos senos juntándolos, delineo la aureola con la lengua y se detuvo de golpe.
-¿Qué pasa?- extrañada levantó un poco la cabeza, una clara mordida en uno de ellos era el por que se detuviese su pareja –lo siento… es que…-
-Raymond es un salvaje- farfullo llenando de nuevo sus labios con la piel morena –hay que ser cuidadosos- dio un suave apretón con los dientes haciéndola suspirar –eres material frágil- mordisqueo con suavidad.
El tacto de Egon era tan diferente al de Stantz, no es que los comparara con mala intención, pero después del arranque apasionado en la playa, esto era como ser venerada.
Por un momento dejó de juguetear con los senos de Sy que comenzaban a ponerse rígidos, de nuevo con la lengua trazó un húmedo camino en su torso y estomago, delineando las costillas y bajando lentamente hasta el botón de los jeans.
-te dije que odio los jeans- murmuró zafando el botón y bajando el zipper lentamente, tomó los costados del pantalón con ambas manos y la levantó de golpe para bajarlos junto con su ropa interior, en un minuto estaba totalmente desnuda ante sus ojos.
Besó los muslos y llegó hasta las rodillas, aprovecho estar casi de pie para deshacerse de los ya muy incómodos bóxers, le abrió lentamente las piernas, besando la parte interna de las rodillas, los muslos.
-espera- gimió Sy al presentir lo que seguía, con sus manos cubrió su entrepierna.
-¿nena?- confundido se incorporó acostándose a su lado, sin dejar de acariciarla -¿Qué pasa?-
-no…yo…- tartamudeaba sin poder decir lo que la incomodaba, fue muy obvio.
-tranquila- sonriendo le separó los brazos y atrayéndola para que lo abrazara –no pasa nada- la besó en los labios para calmarla.
-es que yo- intentó decir… y un "cállate estúpida" por parte del súcubo la obligó a guardar silencio.
-¿crees que sería capaz de dañarte?- murmuró pegado a su piel, descendiendo de nuevo, besando sus costados, acariciando el redondo y firme trasero de la chica –no sabes de lo que te pierdes- mordisqueo la piel de la cadera donde sobresalía un delgado hueso –como científica te estás cerrando a aprender cosas nuevas-
-¿vas a darme teoría acaso?- musitó aguantando otro gemido cuando sintió el cálido aliento cerca de su ingle.
-la mejor manera de aprender…- pasó una de las piernas sobre él acomodando los muslos sobre sus hombros –es la practica-
Silvana pensó que definitivamente estaba en el cielo cuando sintió un ligero lenguetazo en su muslo interno, su corazón bombeaba con fuerza resonando en sus oídos cuando Egon atrapó entre sus dientes el sensible y rosado centro de placer.
Creyó volverse loca de la infinidad de sensaciones que le prodigaba en cada caricia, la contrastante sensación del paso tibio de la lengua con el aliento fresco.
La deliciosa tortura se alargo por varios minutos en los que definitivamente perdió el control de su cuerpo detonando al menos tres veces.
Agotada intentaba recuperar el aliento, sin embargo él no estaba dispuesto a darle un segundo de paz, recorrió de nuevo el camino hacia sus labios subiendo lentamente dejándola sentir su necesidad de poseerla.
-por favor- suplicó con voz trémula y la mirada perdida en la profundidad de los ojos castaños que la veían fijamente. No obtuvo más respuesta que un rápido movimiento dejándola sobre el cuerpo masculino y una sonrisa en su rostro.
Sin más comenzó a besarlo con la misma torturante lentitud de la que fuera victima, bajó milímetro a milímetro repitiendo la lección recibida; agregó a sus nuevos conocimientos el detalle de irlo arañando con suavidad, atacando sus costados provocándole suaves e ininteligibles palabras.
Estaba listo para poseerla pero ahora ella llevaba la dirección y el ritmo del momento, acunó entre sus senos el rígido mástil y un suave movimiento de vaivén provoco un fuerte gemido de placer por parte de él. Tímida se atrevió a probarlo poco a poco, sintió su sabor que creyó desagradable más fue todo lo contrario, Egon clavó sus dedos en la cama tratando de aguantar una inevitable explosión al sentirse rodeado por el tibio aliento y la juguetona lengua haciéndole percibir cada uno de los sensibles nervios de su cuerpo.
Silvana lo desarmó por completo, mordisqueaba, lamia y besaba como toda una experta y él solo atinaba a controlarse mientras se retorcía.
-Eres una tramposa- alcanzó a decir en un jadeo –te ayuda un súcubo-
-la mande al cuerno desde hace horas- respondió Sy traviesa – solo hago lo que mi profesor me ha enseñado- inmisericorde volvió al ataque.
Ya sin poder aguantar más la atrajo por los brazos, la giró quedando sobre ella con una sonrisa amenazadora dibujada en los labios y casi echando fuego por los ojos.
-¿Egon?- susurró entre nerviosa y suplicante, lo dejó acomodarse entre sus piernas y ahora fue tomada lentamente, con mucha calma la fue penetrando, disfrutando cada centímetro que le recibía.
Jadeaban a la par, se movían al mismo ritmo y sus corazones parecía que se detendrían al mismo tiempo, el recién conocido cosquilleo comenzó a invadirla y le clavó las uñas en la baja espalda haciéndolo gruñir de placer, poco a poco aumentaron el ritmo, sus oídos zumbaban pero escucho claramente como siseaba su nombre al mismo tiempo que ella gritaba el suyo; más él no se detuvo, continuo el violento vaivén apretándola con fuerza con los brazos, respirando con dificultad en el cuello de la muchacha, casi de inmediato tuvieron una segunda explosión simultanea.
Se quedó sobre ella, dejando que la naturaleza hiciera su trabajo y poco a poco fue dejando el empapado interior de la chica que apenas y podía mantener los ojos abiertos.
-por fin- suspiró besándola en la nariz y una enorme sonrisa que no concordaba con las marcadas ojeras que bordeaban sus ojos.
Silvana no contestó, disfrutaba mucho la sensación de su peso sobre ella, la respiración a la par y los latidos de su corazón golpeteando también su pecho, lo abrazo sin decir una sola palabra.
-¿estas bien?- ella asintió de manera casi perceptible -¿te gusto?- de nuevo asintió pero ahora apretó el abrazo.
-a este ritmo voy a quedar muy pronto encinta- susurró
-un bonus extra- respondió él acostándose ya en la cama y cubriéndola con las mantas.
-Egon…te… -la acalló con un tierno beso.
-lo se, y eres correspondida- murmuró antes de quedarse dormido abrazándola.
Comments
con los ojitos que de repente hacia Harold en varias de sus pelis me hizo pensar que era tan tierno y atento en estos menesteresque bueno... x eso lo puse asi...lo amo lo amo lo amo
