Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de shasta53, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora. Thank you, Shanda, for letting me share this in Spanish.

Link de la historia original: www fanfiction net/ s/ 7360793/ 1/ Stolen-Dreams


Capítulo 37

Después de cuarenta y cinco minutos de fotos, estaba más que lista para regresar a la casa de los Cullen y al resto de nuestros familiares y amigos. Mamá había insistido en tantas fotos que había perdido completamente la noción. Era bueno que la cámara del fotógrafo fuera digital porque no quería imaginar cuánto rollo habría gastado.

Esme se había superado a sí misma. Listones de tela y lazos blancos estaban envueltos alrededor de las ramas de los árboles, creando un claro camino por la entrada y hacia el patio trasero. En las sombras naturales, pude ver el destello de pequeñas luces de Navidad incrustadas en el material y en las hojas verde oscuro.

El patio trasero estaba precioso en su simplicidad. Mesas redondas cubiertas con manteles blancos y cintas de raso rojo oscuro rodeaban la pista de baile, y las grandes mesas del banquete estaban ubicadas debajo de una carpa en la parte trasera de la casa.

La mayoría de nuestros invitados deambulaban alrededor del bar mientras esperaban nuestra llegada, y más de uno pareció aliviado cuando el DJ apagó la música y llamó la atención de todos.

—¿Puedo tener su atención por un momento, por favor? Es un gran honor para mí darles la bienvenida al señor y a la señora Masen.

Cuando nos acercamos a la esquina de la casa y hacia la pista de baile, pudimos escuchar los silbidos y gritos de nuestros amigos. Me sonrojé pero mantuve la compostura hasta que la voz de Emmett se elevó sobre el resto.

—¡Ya era jodida hora, también!

Rose lo golpeó en la nuca mientras Edward y yo nos reíamos. Él tenía razón, después de todo. Era hora.

Pasamos por las típicas cosas de la recepción: primer baile, brindis, pastel. Sin embargo, tan maravilloso como era, cada vez que miraba a Edward, todo lo que quería hacer era tenerlo a solas. Las cosas habían estado tan desequilibradas durante el verano, pero especialmente estas últimas semanas, que sentía que no habíamos tenido tiempo solo para nosotros. Esta noche, estaba determinada a recuperar ese tiempo perdido. Y por la mirada en sus ojos, tenía la sensación de que Edward se sentía de la misma forma.

Ryan se rio con nuestros familiares, y había encantado a mi madre para el final de la noche. No era difícil para él, después de todo, era muy adorable.

—¿Estás lista para irte? —susurró Edward en mi oído mientras envolvía sus brazos alrededor de mí por detrás. Yo estaba parada en el borde de la pista de baile, balanceándome ligeramente mientras veía a Rose y Alice bailar una canción pop que nunca había escuchado.

—Mmm-hmm —tarareé, acariciándole el cuello con la nariz—. ¿A dónde vamos? —Edward se había negado a decirme a dónde se había instalado para nuestra luna de miel de una noche.

Lo sentí sonreír contra mi coronilla.

—Nop. Lo verás cuando lleguemos allí. Personalmente, me gustaría llegar allí más temprano que tarde. De hecho, ya tengo tu maleta en el auto.

Sus palabras roncas enviaron un escalofrío por mí, y pude sentir mis partes abandonadas volver a la vida. Estaba segura que no me había movido tan rápido en mucho tiempo, ni siquiera cuando me había levantado tarde esa mañana.

Abracé a mi madre y a Phil y les agradecí por venir.

Papá me abrazó con fuerza y después estrechó la mano de Edward.

—Cuida a mi pequeña, Edward —dijo papá, su garganta sospechosamente tensa—. No importará dónde vayas si la lastimas de nuevo. Te cazaré personalmente.

—Eso no será necesario —le aseguró Edward—. Si la lastimo así de nuevo, me encontrarás en tu porche delantero esperando.

Aunque apreciaba el sentimiento, no era el momento para que me recordaran el peor periodo de mi vida. Puse los ojos en blanco y me giré hacia mi nueva familia política.

—Bella —murmuró Elizabeth mientras me abrazaba—. Estoy tan contenta de que ahora seas realmente mi hija. Nada de lo que diga o haga podrá alguna vez compensar mi abandono, pero haré mi mejor esfuerzo para asegurarme que sepas lo mucho que te quiero por el resto de mi vida. Y cualquier cosa que necesiten, estaremos ahí para apoyarlos.

—Gracias, Elizabeth —susurré. Su arrepentimiento genuino nunca borraría nuestro pasado, pero al menos me daba esperanza de que podíamos superarlo.

Ed también me abrazó justo antes de que Edward y yo fuéramos abordados por nuestro hijo.

—Ma, papá, ¿ya se van? —preguntó Ryan con incredulidad—. ¡Su fiesta acaba de comenzar!

Jasper, que estaba parado lo suficientemente cerca para escucharlo, bufó.

—Tienen una fiesta para dos esperándolos —dijo en voz baja.

Edward lo escuchó y sonrió. Él se agachó así su cara estaba al nivel de la de Ryan.

—Sí, amigo. Recuerda, todavía tenemos que conducir esta noche. —Edward le guiñó, y la sonrisa de Ryan era grande. Claramente, él también estaba incluido en la luna de miel sorpresa de una noche.

Después de muchos abrazos y promesas de mi papá, Esme, Carlisle, y Tanya de vernos al día siguiente para el programa, Edward y yo nos metimos en su auto y nos alejamos con un saludo de mano.

—¿Ahora me vas a decir a dónde vamos? —pregunté. Lo había estado molestando sobre ello desde que me dijo que quería planearlo como una sorpresa.

—Nop. Lo verás cuando lleguemos allí —me dijo—. No pude hacer que los horarios de vuelos funcionen para un viaje a las Bermudas. No regresaríamos a tiempo para la transmisión mañana.

Me reí. Suponía que él lo recordaría. A los dieciséis, yo había creído que las Bermudas sonaban como el lugar más hermoso y exótico en el mundo; Edward me había besado la mano y me había dicho que me llevaría en nuestra luna de miel.

—No, no creo que las Bermudas vayan a funcionar.

—Te prometo que todavía te llevaré ahí algún día —juró Edward con solemnidad, levantando mi mano y besándola—. Sin embargo, por ahora, estamos aquí.

Mientras estaba concentrada en nuestra conversación, Edward había girado el auto por un largo camino arbolado. Al final, en un gran claro, se encontraba una casa de estilo victoriano con un amplio porche cubierto y con su propio columpio. Varias de las ventanas del frente estaban abiertas, y sus cortinas se agitaban un poco con la ligera brisa.

—¿Dónde estamos? —suspiré sorprendida.

Edward se giró hacia mí después de estacionarse en un costado que claramente estaba designado como estacionamiento y tomó mi mano.

—Encontré esta posada, en realidad, Emmett me dijo sobre ella. Su mamá solía venir aquí cuando quería alejarse por un rato. Pensé que sería perfecto ya que solo tenemos esta noche. —Su expresión era una mezcla de esperanza, arrepentimiento, ansiedad, y tristeza.

Sabía cómo se sentía, las emociones luchaban en mi interior cada vez que pensaba en ello. Deberíamos haber tenido una semana para pasarla solamente con el otro, dedicando nuestro tiempo a nuestro amor y nuevo matrimonio. En su lugar, mañana, seríamos lanzados de regreso a la locura de nuestra vida. Veríamos la entrevista sobre el secuestro de Ryan con sus padres adoptivos, y después regresaríamos a casa, Edward volvería a servicio activo por Dios sabía cuánto tiempo.

Encerré esos pensamientos porque teníamos esta noche. Yo estaba decidida a sacar lo mejor de ella y disfrutar cada centímetro de mi nuevo esposo.

—Es perfecta —le aseguré con una sonrisa—. No los vamos a despertar, ¿verdad? —Eran más de las diez.

Él se rio mientras abría su puerta y sacaba las piernas del auto.

—No, cariño. Les dije que llegaríamos tarde.

Edward descargó nuestro equipaje, me ayudó a salir del auto, y en minutos, estábamos parados en el umbral de la puerta. Una mujer mayor delgada con cabello gris arreglado abrió la puerta con una amplia sonrisa.

—Ustedes deben ser Edward y Bella. Soy Lena Martson, la propietaria de Pine Grove. —Su voz era suave y amable, el bálsamo perfecto para el día frenético que habíamos tenido—. Entren, y les mostraré su habitación. Estoy segura que están cansados después de un día tan largo. —Ella guiñó y sonrió antes de girarse hacia las escaleras.

La casa estaba amoblada a la perfección, pero todavía era cómoda. Al menos, esa era mi impresión de la casa oscura mientras la atravesábamos.

—¿No necesitamos registrarnos o algo así? —le susurré a Edward.

—No —respondió con una sonrisa—. Me registré antes de la boda. Sabía que llegaríamos tarde, y no quería retrasar las cosas más de lo necesario.

—Hombre listo.

—Hombre cachondo —respondió con un bufido, tan bajo que solo yo lo pude escuchar. Me reí en respuesta y sacudí la cabeza.

Lena se detuvo enfrente de la última puerta al final del pasillo.

—Ustedes son los únicos huéspedes aquí esta noche. El baño está adjunto, y el desayuno se servirá a las diez, como se solicitó. Si necesitan algo, mi esposo, John, y yo estaremos abajo en el otro lado de la cocina.

—Gracias, señora Marston —dijo Edward. Yo estaba demasiado anonadada por su planificación para responder—. La veremos en la mañana.

Ella nos dio su sonrisa dulce de abuela de nuevo, palmeó mi brazo, y caminó de regreso por el pasillo. Edward tomó una respiración profunda y se giró para enfrentarme, la puerta enfrente de nosotros todavía estaba cerrada. Por alguna razón inexplicable, los nervios revoloteaban en mi estómago como mariposas. Juzgando por la mirada en la cara de Edward, él también las estaba sintiendo. Era completamente ridículo, ya que ésta definitivamente no era nuestra primera vez, teníamos un hijo de diez años por el amor de Dios.

Finalmente me estiré y giré el picaporte, revelando paredes azules con molduras blancas. Edward me sonrió con picardía y se agachó, pasando un brazo bajo mis rodillas y el otro por detrás de mis hombros.

—¿Qué estás haciendo? —chillé, revolviéndome frenéticamente para poner los brazos alrededor de su cuello. Mi vestido caía de la curva de su brazo y su sonrisa se amplió aún más.

—Ahora, ¿qué tipo de esposo sería si no te cargo por el umbral?

Puse los ojos en blanco pero imité su sonrisa con una adorable de mi parte.

—¿No se supone que sea el umbral de nuestra casa? —pregunté mientras él entraba a la habitación.

—Eh, esto funciona por esta noche. No me desafíes, mujer. Lo haré de nuevo mañana. —Se rio y me puso de pie. Una vez que él estaba libre de mí y de mi vestido, puso nuestras maletas en un pequeño diván cerca de la ventana.

La habitación era perfecta para una pequeña posada cerca de la costa del Pacífico. Fotografías de varios faros adornaban las paredes, junto con varias tomas de aves marinas y olas. El edredón que cubría la gran cama con dosel tenía un faro rojo y blanco en el centro con piezas de forma irregular en varios tonos de azules rodeándolo. Las cortinas de encaje blanco colgaban en las ventanas, pero todos los pensamientos de decoración dejaron mi mente cuando Edward deslizó sus brazos alrededor de mi cintura y presionó los duros planos de su cuerpo contra mi espalda.

Con un gemido casi inaudible, apoyé mi espalda en su pecho y giré el rostro hacia él. Sus labios encontraron los míos con entusiasmo. Había una carga, una chispa, que nunca antes había sentido; aumentó la anticipación y cada toque. Mis dedos estaban pasando por su cabello más-corto-de-lo-normal antes de que incluso me diera cuenta que los había movido.

Edward me apretó con más fuerza, y sus manos comenzaron a recorrer la parte frontal de mi cuerpo. Cada pasada era como un cable con corriente saltando y chisporroteando por mi cuerpo; quería, deseaba… aun así, estaba exactamente donde quería estar.

Nuestras bocas se separaron, ambos respirando con dificultad pero incapaces de movernos más que unos milímetros del otro.

—¿Necesitas cambiarte o algo así? —susurró contra mis labios.

Asentí, rozando nuestras narices mientras lo hacía.

—Entonces mejor lo haces ahora —ordenó suavemente—, o no va a quedar mucho de este fantástico vestido.

Me reí y sacudí la cabeza, finalmente separándome. Eso rompió el hechizo, y ambos nos dirigimos al baño adjunto. Mi bolso vino conmigo, ya que tenía mis propias sorpresas para él.

Claramente, los Marston habían gastado una buena cantidad renovando el lugar, y no habían reparado en gastos en el baño. Había una enorme bañera rodeada con velas y un lavabo doble. El inodoro estaba ubicado al lado de la ducha, y me reí cuando Edward caminó directamente hacia él. Ni siquiera habíamos estado casados por ocho horas, y nada estaba fuera de los límites, por supuesto, no era como si él no hubiera hecho pis enfrente de mí antes, pero aun así.

—¿Me puedes ayudar con el vestido? —pregunté después de sacarme otro puñado de horquillas del cabello. Había una cremallera en la parte trasera que no podía alcanzar.

Edward se acercó por detrás y me pasó los dedos por la espalda mientras bajaba la cremallera. Sostuve el vestido en la parte delantera y observé mientras él entraba a la habitación y cerraba la puerta detrás de él. Con rapidez, me saqué el vestido y lo colgué en la percha que saqué de mi bolso. Debajo de mi ropa para mañana, estaban dos conjuntos de ropa interior. Cuando Alice y yo habíamos ido de compras, no había sido capaz de decidir si quería ir por el tradicional conjunto blanco o por uno negro más divertido y osado. Habíamos discutido los méritos de cada uno por un rato hasta que yo dije "a la mierda" y compré los dos.

Frente a mi noche de bodas y mi nuevo esposo al otro lado de la puerta, estaba agradecida de haber comprado el conjunto blanco. Había algo sobre el comienzo de nuestro matrimonio y la profundidad de nuestro amor por el otro que justificaba la pureza del vestido blanco. Me puse la tanga, mascullando un poco por la incomodidad, y cuidadosamente deslicé el vestido de satén y encaje blanco por mi cabeza.

Está bien, puro no era la primera cosa que vino a mi mente cuando me miré en el espejo. El encaje caía bajo sobre mis pechos, y el satén apenas cubría mis pezones. No que eso importara. El material era tan fino que podía ver los círculos oscuros de mi areola debajo de él. Llegaba justo arriba de medio muslo y tenía un tajo de encaje en el medio de mi estómago. Francamente, no dejaba mucho a la imaginación, pero me hacía sentir bonita, y eso era todo lo que realmente importaba.

Tomé una respiración profunda antes de abrir la puerta. Salió con mucha fuerza cuando contemplé la escena que me esperaba. Las velas alrededor de la habitación estaban todas prendidas, proveyendo la única luz en la habitación y dándole un suave brillo. Edward había retirado el edredón y estaba acostado bajo la sábana con solo su pecho desnudo visible. Me estaba mirando como un hombre hambriento mira el mejor bistec, y pude sentir mi cuerpo calentarse en respuesta. Era una sensación embriagadora, ser tan obviamente deseada, incluso desde el otro lado de la habitación.

—Dios mío, ¿qué estás usando? —preguntó finalmente mientras caminaba más cerca de la cama.

—¿Te gusta? —sonaba tímida incluso mientras daba una vueltita así él podía ver todo el conjunto.

—Jodido infierno —murmuró Edward—. Ven aquí.

Lo tomé como un sí y me subí a la cama tan rápido como pude.

Edward no perdió tiempo en moverse así estaba sentado contra el cabecero. La sábana todavía cubría su regazo, apenas, pero podía ver cada línea de músculo en su pecho y abdomen. Él estiró la mano y me guio sobre su regazo. Estaba un poco sorprendida de que me hubiera sentado tan lejos en sus piernas, pero cuando sus ojos me inspeccionaron, lo entendí. Calor atravesó mi cuerpo mientras mi esposo me follaba con la mirada de la mejor forma posible. Era seducción en su mejor forma de arte.

—Eso es… es… no sé suficientes palabras para describir lo atractiva que luces en este momento —murmuró él—. Es hermoso, e inocente, y puro sexo todo en uno.

—Entonces, ¿lo tomo como que te gusta? —pregunté, fingiendo timidez.

Edward resopló una risa y después se rio cuando jadeé mientras él pasaba sus manos por mis costados y alrededor de mi espalda.

—¿Gustarme? Quiero devorarte. —Se lamió los labios y me miró de arriba abajo de nuevo—. En realidad, creo que lo haré.

Me giró a mi espalda y arrastró sus manos por el encaje y el satén cubriendo mis pezones. Ellos respondieron endureciéndose aún más, estirándose por él mientras sus manos recorrían mi cuerpo más abajo. Con Edward arrodillado enfrente de mí, tuve tiempo de admirar el resto de él que ahora estaba desnudo para mí.

Las semanas que había pasado en servicio activo habían sido buenas para su cuerpo. Edward siempre había tomado su entrenamiento físico con seriedad, pero las últimas semanas lo habían llevado a un nivel que nunca había presenciado. Él era como un león acechando a su presa, los músculos se ondulaban con cada movimiento, y yo era su presa. Estaba bastante segura que nunca había estado más feliz de estar en el lado receptor.

Mi espalda se levantó de la cama cuando sus labios rozaron la unión de mis muslos. En segundos, mi mundo simplemente se había reducido a las sensaciones que atravesaban mi cuerpo. Dedos bombeaban dentro y fuera de mí mientras Edward lamía y chupaba la tierna carne.

—Eso es, nena, vente para mí —escuché a Edward susurrar justo antes de que puntos blancos explotaran enfrente de mis ojos y cayera libremente en el éxtasis.

Cuando bajé de mi éxtasis, sentí a Edward besar el interior de mis muslos con reverencia. Abrí los ojos solo lo suficiente para verlo sentarse en sus rodillas y mirarme con la expresión más tierna.

—Te amo, Bella —dijo simplemente—. Gracias por casarte conmigo hoy y hacerme el hombre más feliz de la Tierra.

Sacudí la cabeza, sabiendo que yo era la afortunada de haber encontrado a alguien que me amaba tanto. Cuando comencé mi refutación, él puso un dedo suavemente sobre mis labios y me calló.

—Entonces tal vez podemos acordar que ambos somos malditamente afortunados de habernos encontrado de nuevo.

Asentí en acuerdo y tomé la mano que me ofrecía para ayudarme a sentarme.

Las manos de Edward juguetearon con la parte de abajo de mi combinación.

—Tan adorable como esto es, se tiene que ir. Quiero que solo seamos tú y yo.

Levanté las manos sobre la cabeza mientras él sacaba el vestido, y después las envolví alrededor de su cuello y encontré sus labios en un beso apasionado.

Nuestras manos recorrieron el cuerpo del otro, aprendiendo, tocando, acariciando, mientras nos perdíamos haciendo el amor. Cuando finalmente nos unimos por completo, fue lento, medido, dulce, y todo lo que alguna vez soñé que sería. Y aunque habíamos hecho el amor muchas veces, tanto cuando éramos jóvenes como desde que habíamos vuelto, había algo diferente, especial en hacer el amor con mi esposo. Parecía imposible para mí que unas simples palabras y un pedazo de papel firmado pudieran hacer alguna vez tanta diferencia, pero de alguna forma, la hacía.

Mi segundo orgasmo no fue tan violento como el primero; llegó a su punto más alto en olas que chocaron en mí una y otra vez. El ritmo de Edward flaqueó un poco, y gimió en mi boca cuando su liberación lo alcanzó. Sus brazos cedieron, y su cuerpo se hundió en el mío. Sabía que no pasaría demasiado antes de que él se preocupara por aplastarme, pero amaba la sensación de su peso sobre mí, saber que estaba completamente rodeada y cuidada por él.

La enormidad de mis emociones me golpeó, y lágrimas escaparon de mis ojos.

—Te amo, Edward. Te amo muchísimo —susurré en su oído mientras mis dedos se enredaban en su cabello.

—Oh, Bella —susurró con una sonrisa triste mientras se levantaba y veía mis lágrimas—. Tú eres todo para mí; siempre lo serás. —Edward se inclinó y besó mi rastro de lágrimas antes de presionar sus labios en los míos.

Después de varios más de esos besos, Edward rodó a su costado y atrajo mi espalda hacia su pecho. Le había dicho una vez, muchos años antes, que tenerlo presionado contra mí y sus brazos a mi alrededor era mi lugar favorito en el mundo, y esta noche, a pesar del sudor y el almizcle que se pegaba a nuestra piel, él me abrazó mientras nos quedábamos dormidos.

El sol se filtraba a través de la ventana abierta la mañana siguiente cuando despertamos. Había puesto la alarma a las ocho y media así podíamos tomarnos nuestro tiempo duchándonos y aseándonos antes de que tuviéramos que ir a desayunar. Sin embargo, el sol era demasiado brillante para una hora tan temprana, y una rápida mirada al reloj me mostró que solo teníamos diez minutos antes de que nuestros anfitriones tuvieran nuestra comida en la mesa.

—¡Oh, mierda! —grité, sacando a Edward de un inusual sueño profundo.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó, mirando alrededor de la habitación en pánico—. ¿Qué pasa, Bella?

—Nos quedamos dormidos —grité mientras saltaba de la cama y corría alrededor de la habitación—. Sé que el desayuno es a las diez, ¿pero a qué hora tenemos que dejar la habitación? —No podía encontrar la braga que había usado anoche, y ya que no podía recordar a Edward quitándomela, no tenía idea de dónde buscar.

Las manos de Edward en mis hombros me detuvieron, y él me giró para que lo enfrentara.

—Relájate —dijo tranquilizadoramente—. Estoy seguro que no somos la primera pareja de luna de miel que ha llegado tarde a desayunar, y no tenemos que irnos hasta las tres.

El pánico bajó tan rápido como había empezado, y sentí la tensión salir de mí mientras me relajaba.

—Está bien —dije—. Pero todavía no creo que tengamos tiempo para algunas... travesuras mientras nos duchamos.

Edward resopló, y sus ojos brillaron.

—Sin travesuras, ¿eh? Si tú insistes. Sin embargo, todavía deberíamos ahorrar agua.

—Solo quieres verme mojada y desnuda —lo acusé juguetonamente.

Él se encogió de hombros y me sonrió.

—Lo dices como si fuera algo malo. —Nalgueó mi trasero y caminó hacia el baño, meneando las cejas mientras pasaba.

No pude resistirme a acompañarlo. Lo que empezó como limpieza conjunta se convirtió en más toques significativos. No hacía falta decir que llegamos muy tarde a desayunar. Los Marston solo sonrieron y nos ofrecieron fruta fresca, waffles, tocino, y salchichas junto con su conocimiento de la zona.

No había mucho que hacer entre aquí y Forks, pero Edward había planeado por adelantado y había buscado un lugar que él estaba seguro que amaría. Caminar por el bosque no era mi idea favorita, pero lo hicimos lento y realmente hablamos por primera vez en un tiempo. Ambos habíamos estado tan ocupados, y nuestras vidas habían cambiado tanto últimamente que no nos habíamos detenido a hablar en cómo impactaba en nuestro futuro juntos.

Los dos queríamos más niños más temprano que tarde. Más que nada, queríamos a Ryan con nosotros permanentemente para que complete nuestra familia. Esta última misión había hecho que Edward se diera cuenta que su tiempo sirviendo a nuestro país había terminado.

—Hay algo más importante en mi vida ahora que mi servicio a mi país —dijo él—. No puedo ir al extranjero y pelear como si no lo supiera. Tan pronto como mi servicio acabe, he terminado. Además, ya me he perdido de ver a uno de mis hijos crecer; no me quiero perder un momento del resto.

Por supuesto que no iba a discutir con él. En realidad, lo empujé contra un árbol y lo besé con fuerza.

Cuando el sendero llegó a su fin, estábamos contemplando un arroyo que provenía de una cascada. Enormes árboles se alzaban por encima, filtrando la pálida luz del sol en puntos sobre el suelo. Nadie estaba alrededor, y los únicos sonidos eran los de la naturaleza. Después de que Edward sacara una manta de su mochila, los sonidos de nuestra pasión se unieron a los de los pájaros.

Antes de que estuviera lista, estábamos de regreso en la casa y empacando nuestras maletas. Los Marston nos desearon lo mejor y nos invitaron a quedarnos cuando quisiéramos, a pesar de nuestra tardanza en el desayuno. La última parte fue acompañada con un guiño, y sabía que yo estaba roja como un tomate.

El viaje a Forks fue silencioso. Edward sostuvo mi mano sobre la consola todo el camino, pero era como si la enormidad de lo que estaba a punto de pasar acabara de descender.

—¿Estás lista para esto? —me preguntó Edward mientras nos estacionábamos en el camino de entrada de los Cullen. Una serie de luces y un lazo todavía colgando de un árbol me recordaron a acontecimientos más felices aquí ni siquiera veinticuatro horas antes. Ahora, todo mi cuerpo estaba tenso por razones completamente diferentes. El camino de entrada estaba lleno de autos, lo que en realidad no había esperado. Habíamos dicho que queríamos ver esto con nuestra familia; no había considerado que los Masen, mamá y Phil, y Charlie también nos acompañarían.

—Parece como que todo el mundo está aquí —murmuró Edward. Sus ojos permanecieron en los autos extras en el camino de entrada mientras abría su puerta y sacaba las piernas.

También salí del auto, y caminamos de la mano hacia la puerta. Ninguno de los dos habló; la tensión de para qué estábamos aquí era evidente en nuestras posturas.

Carlisle abrió la puerta justo cuando llegamos al porche. Su sonrisa era genuina pero tensa.

—Entren. Todos están reunidos alrededor de la televisión en la sala. Es casi hora.

Lo seguimos al interior de la casa y giramos en la esquina de la sala mientras el tictac del cronómetro de 60 Minutes aparecía en la televisión. Saludamos con la mano y tomamos asiento juntos en el sillón al lado de Ryan. Él se sentó entre nosotros y los Cullen con los ojos fijos en la televisión.

La nuestra no era la primera historia, era algo basado en el Medio Oriente que me importaba poco. Sin embargo, después de la pausa comercial Lesley Stahl apareció en la pantalla, y Ryan me agarró la mano.

Escuchamos mientras ella describía "el mercado negro de ventas de bebés" como una epidemia clandestina en todo el país y proporcionó estadísticas para respaldar sus afirmaciones. Durante las próximas semanas, dijo que contaría con una familia afectada por el crimen y exploraría qué medidas ya se habían tomado para asegurar la seguridad de los niños de nuestra nación y qué más se podía hacer.

Solo partes de nuestra entrevista pasaron el proceso de edición. Estados Unidos llegó a ver a Edward y a mí describir cómo la muerte de Ryan nos había afectado. Carlisle y Esme compartieron lo felices que estaban de tenerlo en sus vidas y cómo el pensamiento de perderlo después de diez años era devastador para ellos. Funcionarios de varios departamentos de bienestar infantil de todo el país dieron su opinión sobre el procedimiento estándar en casos como este, la mayoría de las veces, los niños eran regresados a sus padres biológicos sin demora. Psicólogos especializados en trauma infantil y terapia familiar informaron que mientras alejar a los niños de sus familias biológicas nunca era positivo, desarraigar a niños más grandes y ponerlos en un entorno desconocido podría ser igual de perjudicial.

El fiscal que trabajaba con el FBI mencionó los cargos criminales que enfrentaba Gerandy y cuál esperaban que fuera el resultado. Lesley enumeró estadísticas de lo que generalmente los acusados de tráfico humano y secuestro recibían como castigo, pero dejó claro que cada caso presentaba circunstancias especiales. Ella finalizó el segmento con Ryan.

Me gusta tener dos familias —dijo él—. Sé que mis dos pares de padres me aman, y sé que siempre fui deseado. La única cosa mala es que siento que tengo que decidir entre ellos, y alguien va a salir lastimado. Tengo que vivir en algún lado, ¿verdad? Mamá y papá me dicen que todos serán parte de mi vida, pero eso tiene que cambiar ahora. Debido a lo que ese doctor hizo, mis padres verdaderos han sufrido por diez años, y ahora todos estaremos lastimados de alguna forma para siempre.

Carlisle apagó la televisión tan pronto como fueron a la pausa comercial.

—No me van a enviar lejos, ¿verdad? —preguntó Ryan, el pánico y la aflicción clara en su voz—. Quiero decir, esa jueza dijo que yo podía elegir, ¿verdad? Esas personas dijeron que regresaban a los niños a la familia en donde nacieron.

—Cada caso es diferente, Ry —dijo Edward con paciencia—. Por ahora, la corte está considerando lo que tú quieres hacer. ¿Pero sería tan horrible venir a vivir con nosotros?

—No, pero no quiero —respondió Ryan. Mi corazón se rompió, y mi respiración se entrecortó—. Los quiero, pero es demasiado en este momento. Sé dónde encajo aquí y cómo funciona mi familia. No puedo... no puedo hacer esto. —Arrancó su mano de la mía y subió corriendo las escaleras. La puerta de su habitación se cerró de un portazo, y el sonido hizo eco en el silencio que dejó su declaración.

Mi madre al menos tuvo la decencia de no decir que ella nos dijo. Me dio una sonrisa triste y me jaló para un abrazo.

—Te quiero, cariño. Nos vamos del pueblo esta noche. No te preocupes. Todo se arreglará —susurró y después me besó el costado de la cabeza.

Papá y los Masen también eligieron ese momento para escabullirse, no que los culpara. Los sonidos de las despedidas y los buenos deseos llenaron el vestíbulo por varios minutos, dándome algo para concentrarme aparte del hecho de que mi hijo estaba eligiendo vivir con alguien más.

—Jacob me advirtió que esto podía pasar cuando recogí a Ryan el otro día —dijo Esme con pesar una vez que el último miembro extra de la familia se había ido y habíamos tomado nuestros asientos habituales en la cocina. Cuando comencé a preguntar qué quería decir, ella aclaró—: Él dijo que Ryan se estaba sintiendo muy presionado y que no estaba manejando los cambios tan bien como nos estaba haciendo creer. Aunque Ryan no lo había dicho en tantas palabras, él creía que Ryan sentía que su vida estaba fuera de control y dijo que no me sorprendiera si buscaba algo familiar para consolarse. Sin embargo, honestamente estaba esperando ver su manta de bebé en la cama, no esto.

Suspiré y apreté la mano de Edward.

—Desearía poder decir que me sorprendió. Incluso sabiendo que con el tiempo él lo soltaría, no estaba preparada para lo mucho que dolió escucharlo.

Todos acordamos que él no había querido que su comentario fuera hiriente y que tendríamos que descubrir formas para hacerle saber que todos lo amábamos independientemente de dónde viviera en este momento. Iba a tomar más trabajo junto de nuestra parte, pero para tener a Ryan feliz y menos estresado, valía la pena el esfuerzo.

Ryan aún no había bajado una hora después, y Edward y yo teníamos que emprender viaje. Ya habíamos cargado todas nuestras cosas en su auto y demorado nuestro regreso a Seattle todo lo que podíamos.

—Vayan arriba —sugirió Carlisle cuando estaba claro que Ryan no tenía intención de responder a nuestros gritos.

Edward había sido tan comprensivo como podía hasta este momento, pero el comportamiento de Ryan lo había empujado hasta su límite. Lo podía ver en la rigidez de sus hombros mientras subía las escaleras.

—Edward, por favor, no le grites —le supliqué—. Hablamos sobre esto, sabías que iba a tener problemas con esto en algún momento.

—No le voy a gritar —respondió con voz tensa—. Pero no le podemos permitir salirse con la suya tratándonos de esta forma. Nosotros también tenemos que poner límites. Este es el mío. —Él golpeó la puerta con el puño hasta que Ryan la abrió.

Los ojos de Ryan estaban rojos, y no podía encontrar nuestras miradas. Se quedó mirando sus pies en su lugar.

—Nos vamos, Ryan —dijo Edward simplemente.

La cabeza de Ryan se levantó con brusquedad.

—¿Qué? ¡No! Lo siento. No quise decir eso. ¡Iré a vivir con ustedes si quieren que vaya! —Las palabras se precipitaron por su pánico.

Edward y yo nos miramos, confundidos de lo que pasaba por su cerebro.

—Cálmate, Ryan. Solo nos vamos a casa. Nadie te va a obligar a hacer nada. Tu papá tiene que regresar al servicio mañana, él obtuvo un permiso el fin de semana por la boda —respondí.

—¿No están enojados? —preguntó en voz baja.

Edward exhaló pesadamente y guio a Ryan por los hombros de regreso a la cama, donde se sentaron juntos. Él parecía estar eligiendo sus palabras con cuidado.

—Tú tienes derecho a sentir lo que sea que estás sintiendo. Está bien estar confundido. Lo que no está bien es cómo nos has tratado hoy. Hiciste que tu madre y yo nos sintiéramos terribles; realmente hirió nuestros sentimientos escucharte decir que no encajabas como una parte de nuestra familia. Hoy necesitábamos hablar sobre cómo íbamos a manejar el año escolar, pero no bajaste para darnos tu opinión. Eso nos hace sentir como que en realidad no quieres estar con nosotros en absoluto. Te amamos, Ryan, y siempre lo haremos. Queremos que seas feliz, pero también queremos que seas parte de nuestra familia. No queremos pasar semanas sin verte.

—Yo tampoco quiero eso. —Ryan negó con la cabeza enfáticamente—. No quería hacerlos sentir mal. Solo pensaba que estarían enojados conmigo por decir que me quiero quedar aquí.

Me separé del marco de la puerta donde estaba apoyada y me acerqué a Ryan, agachándome así podíamos estar a la misma altura.

—No estamos enojados contigo por eso. Dolió escucharte decir que no querías vivir con nosotros, pero entendemos. Ha habido muchos cambios en tu vida durante los últimos cinco meses. Es difícil para nosotros seguir el ritmo a veces. Lo que no queremos que hagas es que nos excluyas. Habla con nosotros sobre cómo te sientes y lo que quieres. Como tus padres, siempre haremos lo que es mejor para ti, pero siempre tomaremos en cuenta lo que quieres.

Ryan asintió.

—Lo siento, ma. Te quiero. —Lanzó sus brazos alrededor de mi cuello, y yo lo abracé con fuerza. Nunca me cansaba de sentir a mi hijo en mis brazos.

Una vez que me soltó, se disculpó con Edward y también lo abrazó.

—Te veremos en un par de semanas, amigo —prometió Edward.

Esperaba que él pudiera cumplir esa promesa con su misión de la forma que había sido, pero elegí no señalarlo en ese momento.

Ryan nos siguió abajo y afuera hacia el auto. Una llovizna ligera había comenzado, así que dijimos nuestra despedida final en el porche y después corrimos al auto. Como usualmente sucedía, dejar a Ryan dolía. Era como arrancar una parte de mi alma. Y en este momento, no había final a la vista.


Gracias por leer. Y gracias a Lety (aka Itzel Lightwood) por ayudarme con mis dudas.

¿Qué les pareció el capítulo? Disculpen la tardanza, la vida se interpuso en mi camino.

Gracias por las alertas, los favoritos, y sobre todo por los reviews, los aprecio mucho: Itzel Lightwood, solecitopucheta, rosy canul 10, Yoliki, tulgarita, Cary, cavendano13, lizdayanna, jovipattinson, montse lugoxtremo, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, Melany, Tata XOXO, bellaliz, Yeyry Cullen, Nancygov, LicetSalvatore, caresgar26, nataliastewart, LucyGomez, ELIZABETH, Roxy Sanchez, Cristal82, Adriu, Clairedirectioner98, paosierra, y los Guest.