Llegamos caminando despacio a mi casa, luego de haber pasado la tarde noche comiendo un delicioso Parfait y viendo una película en el cine. Nozomi caminaba tomada de mi mano, y miraba las estrellas que se asomaban por el oscuro firmamento. Yo, apoyada en mi bastón, trataba de no perturbar su observación, y por eso caminaba lo más normal que la rodilla me dejaba.

La miré fijamente. Su dulce rostro, pálido, era iluminado por la luna que brillaba intensamente. No había nubes en el firmamento a pesar de la época fría en la que estábamos. Ella lanzó un suspiro que me pareció triste, luego de todas las risas que habíamos compartido en la tarde.

–Nozomi… ¿sucede algo? –le pregunté tirando de su mano para que me mirara.

–Nada Elichi –contestó y me miró fijamente, haciendo que me sonrojara un poco.

–No puedes decir que nada si has suspirado.

–Es que… –volvió a mirar al cielo–. Las estrellas no me hablan. Quiero ver que me dicen del futuro, pero no tienen palabras para mí.

–A lo mejor, se enojaron porque quemaste tus cartas.

–Puede ser…

–O –comencé a decir besando levemente su mejilla– no quieren decirte nada para que descubras tu futuro sola.

Ambas reímos. Ya habíamos llegado hasta la entrada de mi casa. A lo lejos, podíamos mirar las luces encendidas tanto en el primer, como el segundo piso. El auto de mi padre ya estaba estacionado fuera de la casa, así que supuse que ya había llegado a la casa.

–Bueno Elichi… fue hermoso el compartir todo el día contigo, como antes.

–Tienes razón Nozomi. Extrañaba tanto hablar así con alguien que me comprendiera.

Me recosté en el auto de mi padre y coloqué mi bastón a un lado. Busqué la otra mano de Nozomi y la entrelacé con la mía. Ella sonrió, haciendo brillar sus hermosos ojos esmeralda.

–Me parece un sueño esto –dije, presionando sus manos.

–Los sueños no son tan reales… ni tan mágicos Elichi. Yo prefiero la realidad.

Me acerqué despacio y uní mis labios a los suyos, luego nos separamos. No sé por qué, aún me sonrojaba y ella también al hacer eso.

–No estuvo bien lo que hiciste en la mañana, Nozomi.

– ¿Qué cosa Elichi?

–Torturar a todas con que se confiesen amor –le dije mirándola seriamente. Ella sonrió.

–Ah… eso. Pero es la verdad Elichi. O vas a decir que no notas el amor en el aire.

–Nozomi…

–Está bien, ya dejaré de molestar a las chicas. Pero te puedo asegurar, que por lo menos, Nico y Maki ocultan algo.

Negué despacio y lancé un suspiro cansado. Nozomi miró a ambos lados y volvió a besarme.

–Deberías entrar a descansar. Hoy has hecho demasiado esfuerzo para tu pierna y así no vas a sanar rápido. Y todas te estamos esperando.

–Lo sé Nozomi, pero hasta que no me operen, no podré sanar bien.

Nos reímos. Solté las manos de Nozomi y la atraje a mí, tomándola de la cintura, sorprendiéndola un poco. Le di un enorme abrazo que ella correspondió con mucho cariño. Una fuerte brisa nos golpeó, haciendo que nos abrazáramos con más fuerza para darnos calor.

–Mejor entra Elichi. Está haciendo mucho frío y podrías enfermar.

Nozomi volvió a tomar mis manos y sonrió. Yo me mordí el labio y lancé un nuevo suspiro.

– ¿Por qué no te quedas Nozomi? Ya es muy tarde, y está muy frio para que camines sola por las calles.

– ¿Me pides que me quede en tu casa?

–Sí.

–No quiero incomodar a tu familia con una llegada tan inesperada Elichi. Además, ¿Dónde me voy a quedar a dormir?

–Puedes dormir en el cuarto de Alisa. Ella puede dormir conmigo. Así no tendrías que regresar al frio templo, y podrás dormir más cómoda.

–Alisa ya no es la misma niña de antes Elichi –dijo enarcando una ceja–. Ha crecido, es casi de tu tamaño y casi tiene tus mismas proporciones –y me miró de arriba abajo. Me sonrojé.

–Ya basta Nozomi…

–Ara, ¿te hice sentir incómoda Elichi? –No le respondí. Miré hacia mi casa.

–Aun así, Alisa no tendrá problema en dormir conmigo.

–Entonces Elichi –y sonrió, con esa sonrisa malvada que podía poner. Ya me imaginaba lo que iba a decir–. Por qué no me quedo a dormir en tu habitación y dejamos a Alisa tranquila.

–No sería correcto… –dije evadiendo su mirada.

– ¿Tienes miedo de que haga algo indebido?

– ¡Nozomi! –le grité completamente sonrojada. Ella soltó una carcajada y acarició mi mejilla. Yo me mordí el labio nerviosa.

Tomé esa mano que me acariciaba la mejilla y la presioné con fuerza. Nos miramos fijamente. Ella se pasó levemente su lengua por sus labios y comenzó a acercarse a los míos. Rozamos nuestras bocas levemente.

– ¡Hermana!

Nozomi se mordió el labio sonriendo y se alejó de mí. Yo no pude evitar sonreír y miré hacia mi casa, por donde bajaba despacio Alisa. Llegó a nuestro lado y sonrió.

–Ya regresé –dije y le acaricié la cabeza. Nozomi tenía razón, ya mi hermana era casi de mi estatura.

–Bienvenida a casa hermana. Hola Nozomi-senpai. ¿Cómo les fue con Anju-san y Erena-san?

–Es una larga historia Alisa –le dije y ella frunció el ceño. Nozomi sonrió.

–En una versión resumida sería… –tomó aire– Ella quieren que μ's cante en un desfile de modas en el que ellas van a participar. Nos quieren ayudar a regresar.

–Vaya, eso sería fantástico –Alisa sonrió. Yo la miré y negué.

–Pero lo rechazamos Alisa. O bueno, todas las demás lo rechazaron.

– ¿Por qué? –y miró a Nozomi.

–Porque μ's debe presentarse como el grupo unido que es. Si una falta… no somos μ's.

Alisa no dijo nada, pero asintió sonriendo. Otra fuerte brisa nos azotó y todas instintivamente nos llevamos las manos al cuerpo. Mi hermana nos miró.

–Deberían entrar. Se van a enfermar si siguen aquí afuera.

–Nozomi no quiere –dije con un puchero mirándola fijamente. Ella sonrió.

– ¿Por qué Nozomi-senpai? Yo te puedo dar mi recamara para que duermas y yo me quedo con mi hermana.

La miré fijamente y le puse una expresión de "te lo dije". Ella soltó una carcajada y comenzó a asentir despacio.

–Está bien, está bien. Me quedaré si no incomodo a nadie.

Alisa sonrió y la tomó de la mano. Ambas entraron delante de mí, que caminaba más despacio. Cuando cerré la puerta, Alisa ya llevaba a Nozomi, sin su abrigo, por el pasillo hasta el salón principal en donde seguro estaban mis padres. Sonreí y comencé a quitarme mi abrigo. Lo colgué en el perchero, cercano de la puerta, cuando Alev, mi primo, se acercó a mí.

–Elichika, bienvenida de regreso.

–Hola Alev –y le di un beso en la mejilla.

– ¿Cómo te fue con Nozomi? –y sonrió. Ya le había contado todo a él, aunque no lo sorprendió en lo más mínimo, porque ya él lo imaginaba. Sonreí.

–Muy bien Alev.

–Elichika, ya hablé con tu doctor en Rusia. De hecho, acabo de terminar.

– ¿De verdad? ¿Y qué te dijo?

–Buenas noticias –y sonrió–. El doctor pudo contactar a su amigo japonés, y dice que entre mañana y el viernes le está enviando todo tu expediente del caso para que sea él quien se encargue de operarte aquí en Japón.

Me entró tanta felicidad, que a pesar de la lesión, salté y abracé a Alev del cuello. Él me aferró con fuerza y me dio un beso en la mejilla. Me colocó con cuidado en el suelo.

–Ahora, solo queda que te llame seguro para una revisión, pero ya tienes a tu hermana y a Nozomi-chan aquí, así que yo podré volver a Rusia para seguir cuidando a la abuela.

–Alev, no sabes lo mucho que te agradezco todo esto que has hecho por mí, de verdad.

–Solo recupérate pronto y se feliz, con eso, es más que suficiente.

Asentí y lo abracé con más calma. Él tomó mi mano y caminamos hacia el salón. Al llegar, Nozomi charlaba con mis padres amenamente. Al verme, se quedaron en silencio.

–Eli cariño, bienvenida –dijo mi madre con una sonrisa. Mi padre me miró.

–Nozomi-san nos estaba comentado como les había ido durante el día. Es una amiga bastante agradable. Deberías habérnosla presentado antes.

–Eh… no hubo oportunidad –dije mirando de reojo a Nozomi. Ella sonreía ampliamente.

–Pero me alegra ver que aún mantienen esa amistad que tenían en la preparatoria –agregó mi madre, haciendo una leve reverencia a Nozomi.

–Es muy fácil llevarse bien con su hija señora. A pesar de lo terca y torpe que a veces puede ser Elichi.

Todos en la habitación rieron, menos yo que puse un gesto molesto y miré a Nozomi que me sonreía ampliamente. Mi padre carraspeó para llamar mi atención.

– ¿Ya cenaron?

–Eh… sí señor –le respondí–. De hecho, yo pensaba retirarme para ir a dormir temprano. ¿No hay problema en que Nozomi se quede, verdad?

–Claro que no. Pero, no tenemos más cuartos disponibles. Alev está ocupando el de invitados.

–No hay problema papá –dijo rápidamente Alisa–. Yo le presto mi recamara a Nozomi-senpai y yo duermo con mi hermana.

– ¿Estás segura Alisa? –preguntó mi madre, mirándola fijamente–. Yo no veo problema en que Nozomi y Eli puedan dormir juntas en la recamara de tu hermana. Total, son buenas amigas.

Alev desvió el rostro, tratando de contener una carcajada. Alisa también se mordió los labios para no reírse. Yo me había puesto colorada completamente, mientras Nozomi fingía indiferencia, mirando a mis padres.

–Mamá…

–Yo creo que tus padres tienen razón Elichi. No hay ningún problema en que me quede contigo. Así no molestamos a la pequeña Alisa.

Detestaba que Nozomi hiciera eso, que de alguna forma siempre se saliera con la suya. Y lo que más detestaba, pero a la vez adoraba, era esa sonrisa malvada que ponía cuando lo hacía. Suspiré y miré a Alisa. Ella parecía cómplice, porque simplemente levantó los hombros, quitándose la responsabilidad.

–Está bien –dije soltando un suspiro y mirando a Nozomi. Ella captó mi mirada y se puso de pie.

–Señor, señora, un gusto por fin haberlos conocido. Buenas noches.

–Buenas noches Nozomi-san –le dijo mi padre. Mi madre solo sonrió.

Nozomi pasó a mi lado y me esperó a los pies de la escalera. Alisa se puso de pie, en cambio Alev tomo asiento y comenzó a hablar con mis padres lo que había hablado con mi doctor. Mi hermana me tomó del brazo y comenzó a caminar conmigo hacia la escalera.

–Pensé que les ibas a decir algo acerca de tu relación con Nozomi –me susurró en el oído. Yo la miré de reojo.

–Estás loca Alisa. A mamá le daría un infarto ahí mismo, y papá me desheredaría. Debo buscar un momento y una forma ideal de hacerlo.

–Pero dándose besos frente a la casa no ayuda mucho. Tienen suerte que solo yo miraba por la ventana.

Me sonrojé y lancé un suspiro cansado. Mi hermana negó con una sonrisa y volvió a acercarse a mi oído.

–Yo le puedo dar mi recamara a Nozomi-senpai sin que nuestros padres se den cuenta. Pero creo que Nozomi-senpai es la que no lo desea.

Ambas miramos a Nozomi, que miraba un retrato familiar que colgaba de la pared. Me mordí el labio y suspiré.

–No Alisa. Deja que Nozomi duerma en mi habitación.

–Pero se comportan, OK.

La miré con molestia pero ella me guiñó un ojo. Me soltó y regresó al salón. Me acerqué a Nozomi que seguía mirando el retrato.

–Está hermoso ese retrato Elichi. El que lo pintó, captó toda tu belleza.

–Gracias Nozomi.

Desvié la mirada con algo de sonrojo, cuando ella posó sus ojos sobre mí. Mi familia seguía hablando sin prestar atención a lo que nosotras estábamos haciendo. Nozomi tocó mi hombro y sonrió levemente.

–Elichi, si te incomoda, me puedo marchar. No tienes que obligarme a quedarme.

–Nozomi, no me incomoda que te quedes… es solo que…

– ¿Tan nerviosa estás de que duerma contigo? –dijo en un susurro. Yo la miré fijamente–. No es la primera vez Elichi.

–Pero si es la primera vez solas. Las veces anteriores estaban las demás chicas. Además… –miré hacia el suelo–…nuestra relación es diferente ahora.

Ella sonrió y me tomó la mano. Yo desvié la mirada hacia el salón pero nadie nos miraba. Nozomi comenzó a subir las escaleras, ayudándome de paso. Cuando llegamos al segundo piso, me miró, y yo, entendiendo sin palabras lo que quería, le señalé la puerta más al fondo del pasillo.

Entramos a mi recamara y cerramos la puerta. Me recosté en ella mientras Nozomi me miraba fijamente.

–Elichi… –suspiró y miró la habitación–. Tu cuarto está muy vacío.

Supe que había cambiado de tema. Ella también era mala para disimular, aunque nunca se lo había dicho. Sonreí levemente y suspiré.

–Todas mis cosas están en Rusia. Aquí solo se quedó mi cama y ese mueble.

–Me imagino que era muy diferente cuando vivías todos los días aquí, ¿verdad?

–No mucho Nozomi, siempre he sido muy discreta con la decoración.

Nozomi asintió y volvió a regresar a mi lado. Me puse un poco nerviosa al tenerla frente a mí, tan cerca. Ella sonrió levemente.

– ¿Tienes algo que pueda ponerme?

–Claro que sí, aunque puede que te quede algo pequeño.

–No creo que más que la camiseta que me dio Honoka un día. Esa me apretaba bastante aquí en el pecho.

– ¿Honoka te prestó una camiseta? ¿Cuándo?

–Ara, ¿celosa mi Elichi?

Lo repito, detestaba que Nozomi jugara así, pero a la vez, me encantaba que lo hiciera. No le dije nada y la empujé levemente para apartarla de mí. Me dirigí al mueble donde estaba mi ropa y busqué en el segundo cajón. Saqué un pijama de color amarillo y otro de color celeste. Le pasé el amarillo a Nozomi y suspiré.

–Puedes cambiarte en el baño. Es la puerta del fondo del pasillo.

Ella asintió en silencio y sonrió. Salió de la habitación. Aproveché para cambiarme yo misma y ponerme mi pijama. Recogí la ropa y me senté en la cama a esperar. Nozomi regresó unos dos minutos después. Lucía hermosa con su cabello suelto y ese pijama que no le quedaba tan pequeño como yo pensaba.

–Es calientito –dijo al colocar su ropa, decentemente doblada sobre la silla de mi escritorio. Yo asentí.

–Por eso me gusta este tipo de pijama. En Rusia ayuda mucho contra el fuerte frío.

–Yo pasé bastante frio en algunos lugares de mi peregrinaje. Hubiera deseado tener un pijama así.

– ¿De verdad fuiste de peregrinaje Nozomi? –le pregunté curiosa. Ella se sentó a mi lado y asintió mordiendo su labio.

–Nada me quedaba haciendo aquí sin ti Elichi. μ's no existía, y ya no había preparatoria.

–Pero yo pensé que ibas a estudiar en la universidad.

–No me sentí a gusto volviendo a estar sola en un salón de clase. Me hacías falta.

Le tomé la mano y ella me miró. Era extraño hasta para mi escuchar a Nozomi decir las cosas de manera tan sincera, ella, que siempre había sido un misterio. Le besé la mano y aparté un mecho de cabello de sus ojos.

–Perdóname por haberte abandonado Nozomi.

–No Elichi. Tú seguías tu sueño. Además… –me besó despacio– El reencuentro fue mucho mejor de lo que yo pensaba.

Nos volvimos a besar, despacio, cariñosamente. Luego, el beso se hizo un poco más intenso, más candente. Me separé y sonreí.

–Nozomi…

–Tranquila Elichi… no pienso propasarme contigo. Por lo menos, no en tu casa.

– ¿Qué cosas dices Nozomi? –pregunté sonrojada. Ella sonrió maliciosamente.

–Nada que no puedas imaginar Elichi. Son muchos años conteniéndome para no comerte a besos. Mi mayor tortura era estar en la sala del consejo estudiantil a solas contigo.

– ¿De verdad? ¿De verdad te torturaba el estar a solas conmigo?

Ella asintió sonrojada, algo que me sorprendió. Le volví a besar sus dulces labios y le acaricié una mejilla. Ella suspiró y nos volvimos a besar.

Ese beso, más intenso y apasionado nos fue acostando en la cama. Nozomi se separó de mí y puso un dedo en mi nariz. La miré confundida.

–Ya te dije que no pienso propasarme contigo... aquí en tu casa.

–Nozomi…

– ¿O quieres que Alisa escuche cosas que no debería? Aun es menor de edad.

– ¡Nozomi! –le grité sorprendida. Ella volvió a poner su sonrisa malévola–. Eres incorregible, lo sabes.

–Solo soy sincera con lo pienso y siento. Aunque a la rubia parece no importarle.

–Claro que me importa –dije apartando la mirada. Ella suspiró.

–Debería castigarte con un washi washi, por volver a ser tan terca –y movió sus manos. Yo me tapé el pecho, algo asustada.

–Nunca me has hecho ninguno –le dije mostrándole la lengua. Ella sonrió.

–Es que si te lo hacía –se mordió el labio–, creo que no hubiera podido detenerme.

Se sonrojó y yo me sonrojé aún más. Nos miramos y ambas comenzamos a reír. Nos acomodamos mejor en la cama y nos tapamos con las sábanas. Apagué la luz y suspiré.

–Buenas noches Nozomi.

Ella se colocó sobre mí, sorprendiéndome. Me besó los labios muy apasionadamente y luego se separó. Despacio se acomodó a mi lado y colocó su cabeza sobre mi pecho.

–Buenas noches Elichi, que descanses.

Sonreí y acaricié su cabello, feliz de tenerla a mi lado, feliz de estar con ella.


Si no estuvieran en la casa de Eli... les aseguro que cruzaban la linea... jajaja. Nozomi va a tener que conseguir un departamento rápido...

Ya, aquí les dejo este nuevo capítulo, espero les guste, lo disfruten y comenten.

PD: Me reí mucho al ver que todos se imaginaron otra cosa al leer la advertencia, pero es que RinPana... en serio, me gustó mucho escribir ese capitulo.