Anecdotario de Terry Grandchester
*Esta es una historia que ubica a Terry en la época actual y no en los años de la serie "Candy Candy".
Capítulo IV
Vale más ser indigno, que indigno parecer,
y más cuando sin serlo, te acusan de haber sido,
que no existe placer al verse así juzgado,
no por nuestro sentir, sino por lo que ven.
¿Por qué deben los falsos ojos adulterados,
criticar con sus puyas a mi sangre vivaz,
o mis fragilidades, delicados espías,
que a su antojo censuran lo que tengo de bueno?
Soy solamente aquello que soy, y quienes miden
mis excesos reflejan, la cuenta de los suyos.
Tal vez yo vaya recto, cuando ellos van torcidos,
y con su torpe mente no aprecien mis virtudes.
A menos que me afirmen que existe un mal común:
Que los hombres son malos y triunfa su vileza.
Soneto 121 – William Shakespeare
Traducción: Ramón García González
Ante los ojos de mi padre, una vez más era indigno…
"No tienes familia."
"Actúas como el mismo chiquillo adolescente que eras cuando vivías bajo mi techo."
Tal vez, nunca había dejado de serlo.
Bien hubiera podido olvidarme de todo y amputar esa parte de mi vida de una vez por todas, pero un sentimiento manifiesto en desasosiego me obligó a no darle vuelta a la página.
Conseguí el domicilio de Wayne Sunderland, y un par de días más tarde fui a buscarlo para sacarle cuanto fuera posible sobre lo que Lilith traía entre manos. El dinero no sería un problema… lo que el tipo me pidiera, se lo daría con tal de saber en qué clase de lío habían metido a mi padre.
Confieso que aunque ya tenía todo un parlamento preparado y una actitud cuidadosamente estudiada para lograr mi propósito, los nervios se apoderaron de mí, pero todo dejó de tener sentido cuando afuera del domicilio de Wayne, me topé con la propia Lilith.
-¡Terruce!- exclamó al verme.
-¿Qué haces sentada en las escaleras? Pensé que las de tu clase sólo se sentaban en sillas de ébano cubiertas con terciopelo -señalé con sorna a manera de saludo.
-¿A qué has venido? – preguntó cambiando su gesto de sorpresa al verme, por uno de fastidio.
- El otro día hablé con Richard y…
-¿Hablaste con papá?- gritó enojada dándome la espalda para internarse en la casa- ¡Eres un idiota! Te dije que si se involucraba, estaría en peligro ¿Le dijiste que estaba aquí?
-Le dije que habías estado aquí y que no sabía a dónde te habías ido- la seguí al interior de la casa.
-Sin embargo no te costó trabajo dar conmigo- reclamó mientras buscaba algo dentro de una bolsa que descansaba sobre un mueble-. Tengo que irme de aquí cuanto antes. ¡Niños, niños!- gritó en dirección del pasillo.
-¡Ey, espera un momento!- la detuve - ¿Qué diablos pasa Lilith? ¿Por qué mi padre está en peligro?
-¡Porque eres un idiota!- me encaró liberándose de mi mano- Clayton me dijo que si alguna vez me iba de su casa o si me atrevía a quitarle a sus hijos, mi padre sería el primero en pagar las consecuencias. Ahora que papá sabe que he huido de casa, seguramente habrá ido a reclamarle a Clay…
-¡Por todos los cielos Lilith!- interrumpí su discurso de reina del drama- Richard Grandchester no es un niño. Tú mejor que nadie sabes que él nunca va por ahí solo. Nadie en su sano juicio se atrevería hacer algo en contra de un duque.
-Hace mucho tiempo que no vives en Inglaterra. El que quiere desaparecer a alguien, simplemente lo hace… aún si la persona a desaparecer es la mismísima madre del futuro rey.
-¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¡Eso no es más que mierda, Lilith! Deja de hablar insensateces y dime de una vez, ¿qué es lo que buscas con todo esto?
-Si crees que soy una loca paranoica, entonces lárgate y olvídate de que me viste- demandó a gritos.
-¿Pasa algo señora Hainsworth?- se escuchó la voz de una mujer de mediana edad, de pie en la puerta principal.
-Pasa que tengo que largarme de aquí. ¿Dónde diablos están mis hijos?
-Connie llevó a Melissa, Rick y Cheryl al parque. Patrick no quiso ir, debe estar en la habitación- señaló la mujer internándose en la casa-. Buenas tardes.
-Buenas tardes, Terruce Grandchester- saludé tendiéndole la mano.
-¿A qué ha venido?- preguntó la mujer con evidente molestia, dejando los paquetes que traía consigo sobre la mesa cercana.
-¿Es usted la esposa de Wayne?
-Sí, lo soy. ¿Ahora quiere decirme qué hace aquí?
-Vine a ver a Lilith.
-¡Patrick no está!- escuchamos la voz alterada de Lilith desde el pasillo que llevaba a las habitaciones- Otra vez se ha fugado.
-¿Tienes idea de a dónde pudo haber ido?- le pregunté.
-Tenemos dos semanas aquí, no conoce a nadie. ¿Cómo voy a saber a dónde se ha ido?
-Llamaré a la policía- dijo la señora Sunderland marcando al 911.
-Vayamos a buscarlo- sugerí- Si no hace mucho tiempo que se fue, no debe estar lejos. ¿Trae dinero consigo?
-No lo se- señaló Lilith con preocupación mirando a la señora Sunderland.
-¿Y bien?- inquirí de nueva cuenta.
-¡Qué no lo sé, maldita sea!- explotó Lilith de nuevo.
-La policía dice que no puede hacer nada hasta que hayan pasado setenta y dos horas- dijo la señora Sunderland-. Siéntese Lilith, voy a llamar a Wayne para que vayamos a buscarlo, no debe estar lejos.
-No es necesario que llame a Wayne, yo puedo ayudarlas a encontrar al chico.
-Nosotros no somos ricos ni de cuna noble señor Grandchester, pero tenemos corazón para tenderle la mano a quien lo necesite. Su presencia aquí no es necesaria, por favor váyase.
-No espero que entienda mis circunstancias ni mis razones para hacer lo que hago pero si lo que quieren es encontrar al chico cuanto antes, acepten mi ayuda- insistí tratando de guardar la calma.
No sé si fue porque bajé la guardia o porque en verdad estaban preocupadas por el muchacho, pero finalmente aceptaron mi ayuda y Lilith y yo nos fuimos a buscarlo, mientras que la señora Sunderland se quedó en la casa a esperar a que los otros chicos regresaran del parque.
-¿Tienes una foto del chico?- le pregunté a Lilith encendiendo el coche para dar inicio a la búsqueda de Patrick.
-Sólo la del pasaporte.
-¿Es más o menos reciente?
-De hace seis meses- respondió sacando el documento de su bolso.
-Eso es mejor que nada. ¿Ha cambiado mucho de aspecto?- pregunté mirando la fotografía del chico.
-Ahora tiene el cabello un poco más largo.
-Es un Grandchester- murmuré al contemplar los rasgos característicos de la familia en el muchacho: la piel clara, el rostro afilado, la ceja poblada, la nariz recta.
-No sé si eso sea algo bueno o algo malo – señaló Lilith mirando el horizonte- ¿Qué hacemos aquí?- preguntó al notar que nos deteníamos en una tienda de licores.
-Lo más probable es que el chico haya conseguido dinero de la bolsa de la señora Sunderland. Si fue así, te aseguro que no lo usará para comprar dulces –respondí bajándome del coche.
-No lo conoces- dijo bajándose también del coche- ¿Cómo sabes que ha venido a buscar licor?
-¿Qué tiene, 15 años? Yo también fui adolescente- sonreí.
-Pero él no es como tú.- señaló Lilith con profunda indignación- Patrick es un chico bien educado y…
-Que roba dinero de la casa donde les han dado hospedaje…
-¡Mi hijo no es un ladrón!- reclamó con fiereza.
-¡Cálmate Lilith! Que el chico haya tomado algunos dólares, es el menor de tus problemas ahora- repliqué dejándola afuera de la licorería- ¿Ha visto a este chico?- pregunté al tipo tras el mostrador enseñándole la fotografía del pasaporte.
-No.
-Escuche, no estoy aquí para saber si le vende o no licores a los menores de edad, es importante que encuentre al muchacho.
-¿Qué? ¿Es policía?
-No, no lo soy. El muchacho es mi sobrino- expliqué en espera de que eso fuera suficiente para sacarle algo de información.
-No, hoy no lo he visto aunque ha venido en otras ocasiones. La primera vez que vino le dije que no podía venderle nada y me mandó al diablo.
-¿Quiere decir que aunque no le ha vendido, ha seguido viniendo?
-Lo he visto en el estacionamiento.
-Está bien. Gracias.
Salí del lugar recordando mis propias vivencias de cuando tenía la edad de Patrick, la forma en la que conseguía licores y cigarrillos aunque fuera menor de edad y no pude evitar sonreír para mis adentros.
-¿Qué?- me interrogó Lilith tan pronto como me vio, sacándome de mis recuerdos- ¿Lo encontraste?
-No, él no está aquí pero ha venido. No debe estar lejos.
Del mismo modo que aquella licorería, visitamos otros establecimientos en el área buscando al muchacho, pero no obtuvimos ninguna pista concisa que nos llevara a saber su paradero.
-Creo que lo mejor es que regresemos a la casa- le dije a Lilith cuando ya había caído la noche-. Tengo que irme al teatro, pero cuando salga seguiré buscándolo si es que no ha regresado.
-Está bien- señaló ella con cierta resignación que me hizo pensar en que esta no era la segunda vez que el chico se fugaba.
-Mientras tanto, empaca tus cosas y las de los otros niños, los llevaré a mi departamento.
-Estoy bien con los Sunderland.
-No lo dudo, Wayne es un buen tipo.
-Hiciste que se quedara sin trabajo.
-Lo sé- dije arrepentido de mis actos y de la impulsividad con la que había manejado las cosas con Wayne-. Haré algo para ponerle remedio.
Al aproximarnos a casa de los Sunderland, nos percatamos de que había una patrulla estacionada en las afueras de la casa.
-Debe ser Patrick- dijo Lilith bajando del auto a toda prisa.
Estacioné el coche y para cuando llegué a la casa, los oficiales ya habían abandonado el domicilio.
-¿Por qué me haces esto?- escuché el reclamó airado de Lilith, a su joven vástago.
-Porque estoy aburrido- rezongó éste.
-Te dije que no salieras sin mi permiso.
-¿Y tú quién eres para decirme lo que puedo o no puedo hacer?
-¡Soy tu madre!
-¡Eres una estúpida vaca!- respondió el chico encerrándose en una habitación.
Sé que lo propio hubiera sido intervenir y no permitir que el muchacho le hablara de esa forma a su madre, pero en ese momento algo en mi interior me paralizó. Aquella escena me llevó de golpe y sin escalas, a mis años de adolescente y no dudé ni por un segundo que seguramente en más de alguna ocasión, me comporté del mismo modo con la duquesa de Grandchester; la única diferencia es que la duquesa no era mi madre.
Lilith también se quedó paralizada en medio de la sala, con la cara roja y los ojos llorosos.
-Llamaré al teatro para pedir que me suplan por esta noche- finalmente rompí el silencio.
Lilith no dijo nada y se dirigió al fondo de la casa.
Algunos minutos más tarde, ella regresó a la sala cargando una maleta en su mano izquierda y llevando de la mano a su hija más pequeña en la otra; detrás de ellas, se encontraban los otros chicos y al fondo, Patrick con su actitud de fastidio.
-Señora Hainsworth, no es necesario que se vaya- ofreció la señora Sunderland.
-Es lo mejor Sara. Cuando mi padre llegue, él meterá en cintura a este muchacho endemoniado.
-No se preocupe por ellos, en mi casa estarán más seguros. Nadie entra sin mi permiso y tampoco nadie saldrá si así lo indico. Patrick estará más controlado para tranquilidad de Lilith- dije mirando al chico con la intención de que quedara claro lo que serían las cosas de ahí en adelante.
-Si necesita algo, no dude en llamarnos- señaló la señora Sunderland dándole un abrazo a Lilith.
-¡Gracias por todo, Sara! Ahora sé que también los ángeles existen- dijo Lilith sollozando.
Miré el cuadro y aunque la voz y la figura de la mujer inglesa correspondían a la que conocí en otro tiempo como mi medio hermana mayor, ni sus palabras ni sus gestos concordaban con lo que recordaba de ella.
Sin duda, el dolor cambia a la gente, pensé.
O tal vez la muestra como realmente es.
Continuará.
Mil perdones por una actualización tan tardía pero me volví a enfermar, resultado de haberme mal cuidado las otras dos veces que me enfermé y bueno, ustedes saben que las recaídas suelen ser más fuertes, complicadas y toman más tiempo para recuperarse.
Pero aquí estamos y esperamos ahora sí poder retomarle el ritmo a las actualizaciones.
¡Gracias por seguir leyendo!
De nueva cuenta muchas gracias Lady Adriana de Grandchester por dejar tu comentario. Chica: el cumplido que me has dado me ha dejado profundamente emocionada. Me alegra saber que en estas palabras que lees, no es a esta changuita tras el teclado a la que escuchas, sino al propio protagonista. No sé hace cuánto tiempo ha pasado desde que alguien me dijo lo mismo. Llegué a pensar que ya había perdido el toque. Me llena de entusiasmo saber que la chispa sigue ahí. ¡Gracias de todoooodo corazón!
Bueno, por ahora me despido. Nos veremos en la próxima.
Un abrazo con aprecio:
Annabel Lee
P.D. Siéntanse en libertad de darme sus comentarios. ¡Gracias por su confianza y retroalimentación!
