- CAPÍTULO 31: "NIGHTRAIN" -

"Para ser un club es bastante grande" Fue lo primero que pensó Emil cuando atravesó el marco de la puerta doble y una amplia sala se presentaba ante él. En aquellos momentos una luz cálida iluminaba la estancia, salpicada de mesas de caoba circulares que ofrecerían espacio para dos o tres personas como mucho. A la izquierda se observaba una gran barra de bar, tras la cual toda la pared estaba cubierta por grandes estantes que ofrecían una extensa gama de bebidas. Emil juró reconocer la misma marca de whisky que Chris Bradford tomó hasta la saciedad en el encuentro que tuvo con él haría ya unos días.

Pero lo más impresionante, sin duda, era el escenario.

— ¡Eh!— Su amigo Michael le dio un codazo, devolviéndolo a la realidad. En contraste con Emil, vestido con una camiseta lisa roja embutida en una chaqueta negra, unos pantalones y sus queridas zapatillas blancas; el rubio iba con un traje negro, con una pajarita del mismo color— ¿Es que en España no hay lugares como este?

—Sí, pero nunca había tenido la oportunidad de entrar…— Se quedó a media frase, dando un par de pasos adelante.

Las cortinas eran de un color azul aterciopelado. Había focos por doquier, permitiendo un juego de luces, sombras y claroscuros digno de cualquier teatro por encima del promedio. No era demasiado espacioso, pero perfectamente habría espacio para una pequeña actuación.

Una actuación en la que Michael sería el centro de atención.

— ¡¿Vas a cantar?!— De la emoción dio un traspié. Estuvo a punto de caer al duro suelo de la acera mientras andaban tranquilamente hacia el punto de encuentro.

Michael asintió con firmeza.

—En realidad fue algo así como un acto irreflexivo. En la sección de anuncios del Times de hace unas semanas el dueño del local decía buscar jóvenes con buena voz para un contrato a dos noches por semana.

— ¿Has cantado alguna vez?— Preguntó su amigo, con cierto recelo.

—La verdad, nunca me había parado a hacerlo. El caso es que quise probarme a mí mismo. Me presenté aquella misma tarde. Ya había bastante gente antes que yo, así que cuando llegué me pusieron en el pecho el número que me correspondía y estuve hasta bien entrada la noche. Aún recuerdo cómo andaba de un lado para otro, mientras la sala se iba vaciando…— Miró un momento al suelo para continuar— Cuando me subí al escenario y me dijeron que cantara hubo un momento en el que me sentí bloqueado. Pensé que aquello era una tontería, tanto para mí como para todos. Pero luego pensé "¿Acaso has hecho esto alguna vez?". La respuesta vino con la primera canción que se me vino a la cabeza. Digamos que puedes imaginarte el resto de la historia…— Terminó con un ligero rubor recorriendo sus mejillas. Emil, en un gesto de comprensión, le puso una mano en el hombro. Éste lo miró y asintió, visiblemente agradecido.

—Me alegro de que haya venido, señorito Stockman— Una voz grave interrumpió el silencio. Los dos jóvenes se volvieron a la figura mayor, rechoncha y vestida de etiqueta que había aparecido de la nada. Obviamente era el dueño del local, pero a Emil se le vino a la cabeza la típica imagen de pez gordo de negocios, con puro entre los dedos. "Ah, espera, que realmente lo tiene", observó mientras dejaba escapar una sonrisa traicionera. Era una suerte que el hombre no le prestara atención para nada— Sabe bien que, pese a la buena impresión que causó en el jurado, aún tiene que superar este pequeño evento para que el contrato sea oficial, ¿Verdad?

Michael asintió.

—En realidad la actuación de hoy sigue formando parte de la prueba. Una cosa es contratar a alguien con buena voz, y otra muy diferente que demuestre ser alguien que verdaderamente sepa sacarle partido a ello.

Emil no escuchó lo que decían, pero su amigo empezó a rebuscar en el macuto gris que traía consigo y sacó unos papeles. El dueño del local se acercó a él y juntos empezaron a observarlos y comentarlos. A juzgar por lo que el joven pudo entrever se atrevió a pensar que se trataban de las canciones que iba a dar voz aquella noche.

—Ya veo— Murmuró el hombre mayor- No creo que haya problema con la melodía. Puede confiar en el señorito Draven. Es un chico, si me permite decirlo, poco convencional pero muy talentoso...— Comenzó a acariciar su barbilla lampiña y rosada, bajando la voz de manera que nadie escuchara sus palabras— Le llamé antes de que usted viniera. Estará aquí en cualquier instante.

— ¡Vaya, sí que he llegado temprano esta vez!— Exclamó alguien con cierta gracia.

Los tres se volvieron a la figura que acababa de atravesar la puerta y les miraba con los brazos en jarras. Era un joven de constitución delgada y bastante alto. Tenía el pelo castaño oscuro, rizado y largo. Unas gafas negras rectangulares cubrían sus ojos por el reflejo de la luz. Sus rasgos eran finos, al igual que sus extremidades. Llevaba unos vaqueros desgastados y Converse azul marino. El torso y hombros estrechos estaban cubiertos por una camiseta que parecía de un grupo llamado Insomnia. Portaba una guitarra a sus espaldas, envuelta en una gruesa funda negra.

Sin prestar atención a Emil o al señor rechoncho se acercó a Michael y estrechó su mano efusivamente.

—Con que tú debes de ser Michael Stockman, mi nuevo compañero de escenario— El rubio asintió, algo estupefacto por la actitud del nuevo allegado— ¡Un placer!

—Precisamente estábamos hablando de usted, señorito Draven— El dueño del local le dirigió la palabra, condescendiente.

— ¿Cuántas veces le he dicho que puede llamarme por mi nombre? Señorito Draven, señorito Draven... ¡parece que soy del siglo diecinueve, como ellos!— Soltó una risotada. Volvió a mirar al chico— Puedes, no, debes llamarme Franz— Aclaró señalándose a sí mismo con el pulgar en un gesto de presunta soberbia.— No creo que pueda sobrevivir por más tiempo en un entorno de señoritingos, por mucho que supongan mi pan de cada día…— Añadió aquello último en un murmullo mientras se llevaba una mano a la cabeza. Miró a Emil y le preguntó de manera amistosa— ¿Y tú quién eres?

—Emil Corbett. Es un amigo mío— Contestó Michael en su lugar. Habló en un tono neutro, todavía cauteloso ante aquel nuevo personaje.

—Ah, vale— Como si de repente se hubiera convertido en una piedra dejó de prestarle atención para centrarse en el trajeado— ¡¿Qué haces vestido así?! Anda, quítate esa pajarita, que me ahogo de sólo verla.

—Precisamente es usted el que no va vestido adecuadamente— Replicó el dueño del local, aunque Franz no le prestó atención alguna.

"Tiene que ser demasiado bueno para poder mantener su trabajo con esas maneras" Supuso Emil a tiempo que se cruzaba de brazos, expectante.

El músico le quitó la pajarita a Michael antes de que pudiera hacer nada y le desabrochó el botón superior. Dio un par de pasos atrás y miró de arriba abajo, asintiendo con una sonrisa de aprobación. El otro joven se llevó una mano al cuello mientras miraba alternativamente a Emil y al señor con una visible incomodidad.

—Lo único que queda es que te quites esa chaqueta— Comentó con resolución. Se quedó mirando intensamente al chico, quién acabó desprendiéndose de ella. Fue entonces cuando añadió— Así estarás perfecto.

El dueño del local tosió suavemente, llamando la atención de todos.

—Deberíais ir preparándoos. Dentro de un rato abriremos y la sala comenzará a llenarse.— No había terminado de hablar cuando las puertas del club se volvieron a abrir. El hombre rechoncho se dio la vuelta, visiblemente irritado— Disculpen, pero todavía el club no está...

Se quedó callado bruscamente. Al parecer reconocía a las dos mujeres que hacían acto de presencia en la sala. Mejor dicho, se trataba de una mujer y una niña que apenas tendría unos seis años. La pequeña tenía el pelo negro y cortado hasta los hombros. Llevaba un vestidito negro de volantes. Sus pequeños pies estaban envueltos en unos calcetines blancos embutidos en unos zapatos de charol del mismo color que el vestido. A Emil le pareció que presentaba cierto aire asiático, como unos ojos pequeños y rasgados, entre otros detalles. En aquellos momentos sonreía de oreja a oreja e intentaba desasirse de la mano de su acompañante, cuya mirada hostil no denotaba ningún tipo de relación amistosa.

—Buenas noches, Bernard— Saludó secamente, sin ningún gesto. La niña le dirigió una mirada iracunda.

— ¡Me alegro de verla después de tanto tiempo, Elisabeth!— Exclamó en un tono artificialmente alegre. Sus palabras y aquella sonrisa gélida no podían mostrar más discordancia con esos ojos que reflejaban más cautela que otro sentimiento. Dirigiendo una mirada fugaz a Michael y a Franz añadió— Un momento, chicos, ahora vuelvo.

Se acercó a la entrada y comenzó a hablar en voz baja con la mujer. Cuando estaba a un metro la niña se liberó de ella y abrazó al hombre. Éste, sin responder a aquel gesto de afecto, pareció decirle algo y le dio unas suaves palmadas en la cabeza. La pequeña respondió con una mirada llena de ilusión y asintió rápidamente.

Emil conocía a aquel hombre de hacía tan sólo unos minutos; pero no había que ser demasiado inteligente para observar que, en aquellas distancias mantenidas y la frialdad con la que parecían hablarse, la relación entre los dos adultos no era muy buena…

— ¿Quién es ella? ¿Su mujer?— Preguntó Michael a Franz, en voz baja. Éste sacudió la cabeza.

—No, más bien será una amiga de ella. No sé mucho de la historia, pero creo que actualmente se encuentra en trámites de divorcio— Se acercó un poco más al rubio y susurró en voz baja, mas Emil pudo escucharlo perfectamente— La verdad, es algo comprensible. En muchas ocasiones lo he visto aquí acompañado de diferentes mujeres, incluso más de una a la vez— Retomando el tono normal continuó— La niña pequeña sí es su hija. Ha venido por aquí un par de veces. Bernard me ha dicho que es clavadita a su madre, aunque…
Dejó de hablar abruptamente cuando la niña, alejándose de los dos adultos, se acercó a ellos dando pequeños brincos de alegría.

— ¡Buenas!— Saludó, agitando su manita delante de los tres jóvenes. Miró con curiosidad a Emil y a Michael— ¡Nunca os he visto por aquí! ¿Sois nuevos? ¿Cómo os llamáis?

—Vaya, vaya, vaya ¿Es que no te han dicho tus padres que es de mala educación no presentarse antes de preguntar esas cosas a unos desconocidos?— Franz le preguntó en tono bromista.

La niña pegó un respingo, ligeramente ruborizada.

— ¡Es cierto! Perdonad…— Dicho esto se inclinó, levantando ligeramente los bordes de su vestido. A Emil le hizo gracia cómo se tomaba en serio aquella presentación educada— Me llamo Karai. Un placer conoceros.

—Encantado de conocerte, Karai. Yo soy Franz— Volvió a tomar la iniciativa. Habló en un tono natural a tiempo que señalaba a los otros dos chicos— Éste de aquí es Michael, y ése que está alejado se llama…

—Emil— Terminó Michael por él.

— ¡Qué guay! ¿Sois los músicos de aquí?— Preguntó casi en un grito, apretando los puños contra su pecho. Parecía que iba a darle un ataque de la emoción.

—Bueno, yo no— Emil intervino en un tono que pretendía calmar los ánimos de la chica— Pero estos dos de aquí sí que tienen pensado algo para esta noche.

— ¡¿En serio?! Ya tengo ganas de escucharos en el escenario— Cerró los ojos con fuerza mientras daba más saltitos— Estoy muy emocionada porque mamá por fin me ha dejado ver a papá después de tanto tiempo. No va a ser mucho, ya que no puedo estar despierta hasta muy tarde, y Eli me tiene que llevar a casa…— Acabó con la mirada gacha, alternando el apoyo de un pie sobre otro.

Los tres jóvenes se quedaron sin saber bien qué decir ante ese cambio de humor. En cierta manera, aquel silencio era bastante incómodo.

— ¡Tú!— Franz exclamó de repente, como si se hubiera dado cuenta de algo. Cogió del brazo a Michael y lo llevó consigo, hacia el escenario— ¡Tenemos que hablar de los detalles acerca de las canciones! Y también tenemos que empezar a ecualizar. Espero que los demás lleguen pronto, porque si no vamos a…

Emil no llegó a escuchar lo que pasaría si sus compañeros de grupo llegaban tarde. Dio un par de pasos tras ellos, aunque algo le hizo pararse a medio camino y volver la vista a Karai, que aún no había abandonado la actitud melancólica.

El joven no era alguien que supiera animar a la gente, pero no podía dejar a la chica de esa manera, sobre todo después de que Franz se fuera de una manera tan conveniente.

Se acercó a ella y se arrodilló, de forma que sus caras quedaran a la misma altura.

—Hey…

Karai no respondió. Tan sólo volvió a dirigir una vista a su padre, que todavía seguía hablando con Elisabeth. Al parecer la conversación se estaba tornando algo más acalorada.

—Nunca lo he entendido— Su voz sonó ligeramente quebrada. Un mechón de pelo cubría parte de su expresión— Papá, mamá y yo éramos felices. Estábamos los tres juntos— Volvió la vista a Emil. Aquellos ojos negros brillaban como dos pozos de lágrimas a punto de desbordarse— Pero un día mamá se llevó todas mis cosas y nos fuimos de casa. No paraba de decir que papá era malo. Muchas amigas de mamá fueron a visitarnos, y todas decían lo mismo…

En muchas ocasiones lo he visto aquí acompañado de diferentes mujeres, incluso más de una a la vez.

Emil no pudo evitar sentir una oleada de compasión por ella. Sentía que debía decirle algo, cualquier cosa.

"¿Pero qué?"

— ¿Qué importa lo que piensen tu madre y sus amigas de él? ¿Acaso él te ha tratado mal alguna vez?

Sin mirar al joven negó con la cabeza.

—Entonces disfrútalo. No siempre puedes ver a tu padre, pero ahora mismo lo tienes ahí delante.— Le puso una mano en el hombro, cosa que hizo que estableciera contacto visual con la niña. Éste señaló con la cabeza hacia Bernard— No he hablado mucho con él, pero no se le veía mal tipo. A lo mejor ha hecho algo que puede haber enfadado a tu mamá, pero la gente es buena. Siempre ha sido así.

Karai parpadeó, aparentemente sorprendida. Se enjugó las lágrimas y la sonrisa volvió a dibujar su rostro a tiempo que miraba a su padre.

— ¡Tienes razón! Papá está aquí, y él no es malo. Debo aprovechar tanto tiempo como pueda con él- A Emil le impresionó la profundidad que impregnaban aquellas palabras de una niña de seis años. "Es más inteligente que cualquiera de su edad" Concluyó, sorprendido. Volvió a mirarle con aquellos ojos rasgados brillantes y añadió- ¡Muchas gracias! Eres una gran persona ¿Eres uno de los amigos del Señor Tortuga?

— ¿Señor Tortuga?— Repitió, parpadeando. Por un momento se le vino a la mente la imagen del ser que encontró en la puerta de su casa hacía unos días. Rápidamente sacudió la cabeza, conteniendo una risa: ¿por qué demonios había pensado en él?

La niña asintió.

—Es un chico que muchas veces nos visita en la guardería. Es muy, muy bueno, pero en el fondo está triste porque se siente muy solo. Veo que tú también eres buenísimo y quería que fueras su amigo. Se llama Mikester ¿Sabes?-

¡¿Cómo?!

— ¡Karai!— La voz de Bernard interrumpió la conversación entre niña y joven, que volvieron la mirada hacia él. Al parecer la amiga de la madre de la niña se había ido ya— No interrumpas más a los músicos y acompaña a papá a su despacho, que tiene que revisar unos papeles. Si quieres puedo enseñarte el nuevo pisapapeles que he comprado. Te va a encantar

— ¡Ya voy!— Dio un par de pasos hacia él, no sin antes volverse fugazmente y despedirse con un pequeño movimiento de mano— Si lo encuentras sé su amigo ¿Vale? Seguro que os llevaréis fenomenal

Emil se irguió y se mordió el labio inferior, pensativo.

"¿Será… podría ser…?"

Soltó un gruñido por lo bajo a tiempo que sacudía la cabeza, como si tuviera nieve en el pelo. Definitivamente, aquella "desconexión" con el concierto de su amigo le estaba dando más quebraderos de cabeza que otra cosa.


— ¿Ya hay gente en los asientos? ¿Ya está lleno el lugar?-

—Sí, Michael. Tranquilo. Si has ensayado antes no tienes que hacerlo mal ahora-

El rubio resopló

—Es fácil decirlo para ti, que no tienes que cantar

—Y mejor que no tenga que hacerlo, porque ni me gusta ni lo hago bien— Emil replicó medio en broma, intentando aligerar el ambiente.

Los dos chicos estaban en uno de los camerinos. No era muy grande, pero para una persona servía de sobra. Se encontraba al final de un pasillo de muchas puertas, cada una correspondiente a una habitación de iguales dimensiones y características: suelo y pared de un blanco enyesado, un armario gris metálico con perchas para poder cambiarse de ropa con comodidad, un pequeño baño y un tocador con un espejo tan grande que ocupaba prácticamente toda la pared. Eso, y aquellos focos que rodeaban los bordes y tanto molestaban a la vista de Emil. Por alguna razón la luz directa le incomodaba demasiado. No podía decirse lo mismo de Michael, que se encontraba sentado frente al espejo y devolvía la mirada de un chico pálido y nervioso.

Emil estaba detrás de él, intentando calmar sus nervios dándole un masaje como mejor podía. Lo poco que sabía hacer se lo debía a su madre, a la que muchas veces había visto liberar a su padre de la tensión de un duro día de trabajo en el laboratorio.

… la gente es buena. Siempre ha sido así.

¿Esas palabras habían salido de su boca? Había conseguido animar a aquella niña pequeña, pero en el fondo no podía hacer más que cuestionarse si aquella frase era cierta.

"Todos somos unos hipócritas. Nos empeñamos en dar lecciones a los demás cuando ni siquiera las hemos asimilado" Pensó para sí.

Si la gente era buena ¿Su padre también? ¿Él, que le había mentido a todos acerca de su posible implicación con aquel atentado?

¿Su madre siquiera sabría algo de todo esto?

— ¡Hey!— Una voz interrumpió los pensamientos del chico. Giró la cabeza y vio a Franz, que sonreía con los brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta- El Pez Gordo me ha dicho que nos vayamos preparando ya. Los demás están fuera, en el escenario. Sin embargo…— Se apartó un poco y cerró la puerta— Hay una cosa que me gustaría dejar clara antes

Michael se levantó de su asiento y dejó apoyar el cuerpo en la mesa del camerino. Emil observó que intentaba permanecer natural conforme a la situación, pero no lo conseguía demasiado bien.

— ¿Qué quieres dejar claro?— No pudo evitar preguntar, atenazado por los nervios.

Franz no prestó mucha atención a aquel tono que escondía cierta agresividad y continuó tranquilo. Sin embargo, sus palabras conllevaban una firmeza que escondían una fuerte convicción.

—Fuera del trato que te he dado hasta ahora, sé quién eres. Eres uno de los estudiantes más brillantes del Columbia, e hijo del investigador más famoso a nivel mundial…

Michael agravó el semblante. Por un momento el corazón de Emil pareció detenerse: no podía ser, no era justo que le siguieran restregando a su amigo aquella realidad justo cuando quería cambiarla por sí mismo. Abrió la boca, sin saber muy bien qué decir, pero Franz levantó las manos, indicando que aún no había terminado:

—…pero si algo tienes que tener claro cuando salgas al escenario es que eso me importa un pimiento. De hecho, no sólo yo pienso eso mismo, sino los que estén ahí fuera, esperando escuchar una gran función— Emil parpadeó: ¿Adónde quería llegar con eso?— Lo que quiero decir es que, a la hora de entregarte a la música, a aquello que más deseas, lo que importa realmente no es quién eres. Es lo que haces, la entrega a lo que te llena y te hace sentir realizado— Hizo una pausa y miró al rubio con ojos brillantes— Pero lo más importante es que seas tú el que se libere de esas presunciones. Cuando subas al escenario dejarás de ser Michael Stockman, para convertirte en la pura esencia de la música. Respiras música, emanas música, eres música… todo se convierte en aquello que más te llena. No eres el único que quiere liberarse de sus cadenas para poder forjar su propio camino— Dijo aquello último mirando hacia otro lado. Sus rizos ocultaron unos ojos que delataban una historia bastante dura, aunque Emil nunca podría conocer sus verdaderas dimensiones. Cuando volvió a levantar la cabeza esbozaba aquella sonrisa que parecía habitual en él— ¡Bueno, chico! ¿Listo para darlo todo allí arriba?— Le tendió la mano— ¡Esto no es más que el comienzo de una vida nueva! ¡Sé que podrás mantener el ritmo!

Y el chico, que hasta entonces se había mostrado taciturno ante aquella reflexión, levantó los hombros con fuerzas y tomó aquella mano con una efusividad aún mayor.

—¡Vamos a darlo todo!


El telón se abrió y una ráfaga de aire, de procedencia incierta, acarició mi cuerpo desde el frente. Durante un segundo saboreé la oscuridad silenciosa que precedió a las cortinas oscilantes. De repente, los focos incidieron sobre todos mientras escuchaba la ovación de multitud de personas que habían venido a escucharme por primera vez.

Lo siguiente que oí fueron las palabras de Franz, pidiendo silencio y unos minutos de su tiempo. Aunque sabía que estaba presentándome al público y debía presentar la mejor de mis sonrisas, mi mente no podía evitar volar hacia otra parte.

Miré a mi izquierda. Entre bastidores estaba Emil, que me sonrió y levantó los pulgares. Creo que él no era consciente del gran apoyo que había supuesto para mí en aquellos momentos. De no haber sido por él, fácilmente habría acabado sumergido en un mar de opiáceos del cual jamás volvería a emerger.

Cuánto te debo, amigo mío…

En mi interior dediqué esta primera canción al chico de cabellos negros y ojos grises que tanto apoyo me había ofrecido. Atrás dejaba al joven que debía de convertirse en la sombra de Baxter Stockman. Ya no era Stockman. Tampoco era Michael.

Simplemente, era yo mismo.

La música comenzó a reverberar en las paredes, en mi cuerpo, en mi corazón. Respiré hondo a tiempo que abrazaba aquella maravillosa sensación ¿Aquello era sentirse pleno? De ser así había alcanzado el Nirvana.


N/A: ¡Muy buenas! ¿Cómo os va el verano? Después de este pequeño hiatus vuelvo a estar en pie de guerra. Espero poder publicar el siguiente capítulo entre el Viernes 22 y el Domingo 24. Siento un poco que este episodio tenga la sensación de ser un poco "de relleno", pero es necesario para justificar los acontecimientos que están por venir. Puedo prometer que lo que sigue a partir de aquí será más intenso...

Nos seguimos leyendo.

Con cariño.

Jomagaher.