Solo a ti

La noche avanzaba envolviendo con su manto los sueños de los pobladores de Konoha. En una ventana una figura solitaria veía al horizonte sin verdaderamente tener intenciones de observar, solo sostenía la mirada perdida, pues la persona estaba sumergida en sus pensamientos.

La habitación pareció cerrarse y tratar de encerrarlo o eso era lo que sintió y que lo impulsó a brincar hacia fuera de la casa y luego de la propiedad; sus pasos pronto se convirtieron en carrera por los tejados sabiendo no hacer ruido alguno, para no molestar a los durmientes.

A su mente regresaban las palabras terminantes –de esa tarde– de su prima política…

Lo siento Shin, lo sabes, pero ya hemos probado de todo…

Shin Uchiha no se pensaba ambicioso, ni mucho menos y por eso cuando el reconocido y popular Kazuo Uchiha –hijo de Taiki Uchiha Senjū–, se fijó en él e incluso le pidió matrimonio, se consideró el hombre más afortunado de la tierra ninja, no podía pedir más, sin embargo cuando los niños empezaron a nacer y crecer, haciendo que los shinobis de su generación ya tuvieran hasta hijos Jōnin, se preguntó ¿si era mucho pedir, poder ser padres?

Una tarde de hacía años, se presentó en la oficina del Sandaime y le planteó el tema más seriamente a este y Kazuo –en una ocasión muy rara– dejó los documentos que leía y lo miró con amor, respondiendo…

–Si Kami-sama nos bendice con descendencia, seré feliz, y sino… yo solo debo tenerte a ti a mi lado para ser feliz.

Shin tomó eso como una aceptación y buscó a Tsunade para que hiciera todas las pruebas posibles…

De eso y hasta la fecha… Ni ella por ser Sannin pudo ayudarle, en lo que al término de ese peregrinar, concluyeron… ni Kazuo ni él, podían gestar.

Y es que si solo fuese el orgullo genético de los Uchiha por que el clan siguiese y siguiera siendo uno de los más poderosos, lo que guiaba a Shin para intentar de todo, mas no era eso; era el anhelo de formar una personita junto con su esposo, alguien a quien darle todo el amor como padre que poseía y que seguro Kazuo amaría tanto como él. Mas eso no sería posible y eso tenía al shinobi fuera de si por el dolor de no sentirse digno de ser la pareja de Kazuo.

Las lágrimas silenciosas no pudieron ser retenidas por más tiempo y salieron sin dilación. Shin se acuclilló sobre un tejado dejando salir con esa muestra, todo lo que guardaba para no preocupar a su pareja.

El Capitán de Policía se permitió ser débil por unos momentos y a solas, desahogarse para seguir siendo fuerte frente a Kazuo y el clan.

Pasaron alguno minutos y un rumor le llegó a los oídos, deseó no darle importancia, más no podía seguir refugiándose en su miseria si su deber lo llamaba. Era cerca, en una de las casas –más exactos– en el pequeño patio de esta.

Las órdenes enérgicas no eran raras entre los del Pai Pai, sin embargo a esas altas horas de la noche y dichas en un tono de voz tan despectivo, hicieron que las alertas de Shin se encendieran. Camino por los tejados hasta el lugar de donde provenían los reclamos y miró hacia abajo…

–¡Eres una vergüenza! ¡Más alto, lanza el pie más alto!

Con cada frase el niño al que ese amoroso padre entrenaba, estaba a punto de desfallecer.

–¡Si tu pobre madre te viera, se moría de nuevo por pena! ¡No heredaste nuestro talento eres una desgracia de hijo y…!

Shin no soportó más y bajó del tejado cayendo elegantemente sobre las baldosas, sin embargo eso no le restó fiereza a su apariencia…

–Lo que haces no es bien visto, ni mucho menos tolerado entre el clan y lo sabes.

–Es mi hijo, tengo el derecho…

–Es tu hijo, no te propiedad, es un ser humano… un pequeño ser humano.

–Los Uchiha no somos débiles.

–Pero tampoco somos brutales con nuestra familia.

El hombre se tuvo que morder los labios y hacerle una señal al pequeño… Fugaku –de tan solo ocho años.

Shin miró al niño arrastrar los pies rumbo al interior de la vivienda y se giró en dirección del progenitor de este.

–Si es su voluntad o ellos desean entrenar, así lo harán, con supervisión de nosotros los mayores, mas no se debe forzar a un niño a entrenar tan duro, prácticamente sería tortura.

El hombre miró serio a Shin mas no agrego nada. El Capitán se giró con dirección a la salida y cuando ya cruzaba el umbral de este, advirtió…

–Te estaremos vigilando, los infantes Uchiha son el tesoro del clan.

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Kazuo miró hacia el horizonte preguntándose donde estaría Shin a esas horas, pues no le tocaba patrullaje nocturno. El pelinegro con mechones rojos suspiró abatido, sabía que su esposo lo estaba pasando mal y se sentía incapaz de poder ayudarle, pues este no se abría con él, porque no quería preocuparlo.

El Sandaime cruzó los brazos y dejó que el viento meciera su extensa cabellera, Shin deseaba hijos… Él… deseaba hacer feliz a Shin, ¿que si alguna vez envidió a Tsunade por tener a Sora? no lo negaba, mas no era algo que le pesara en su vida, no si su esposo estaba con él.

Ahora que si Shin lo anhelaba tanto le daría esa opción que aún no usaban. Es que entre los Uchiha era poco visto… más no malo. Lo que detenía a Kazuo de comentar eso con Shin era el temor de que este se negara y terminara más deprimido o hasta ofendido. Las cavilaciones del hijo de Taiki se detuvieron cuando vio a Shin caer sobre el césped.

–¿Me quiere decir donde estaba mi amado esposo, que no me recibió?

Shin suspiró y sin decir mucho, caminó veloz hasta el más alto y dejó que los fuertes brazos de este lo envolvieran; de ese modo sintiéndose amado y protegido, se armó de valor y susurró muy quedó…

–Kazuo podemos… podemos ¿adoptar un niño?

Kazuo que no esperaba que Shin se le adelantara a dar esa idea, se rió divertido.

–¡Vaya siempre vas un paso delante de mí!

Esa era la opción que aún no habían usado…

Shin se unió a la risa del otro. Los dos se besaron demostrando porque eran una pareja cómplice, se amaban y hasta en pensamientos se complementaban.

No fue algo de un día para otro e incluso les llevó un año, pero cuando Fugaku llegó a sus vidas supieron que no solo le abrían la puerta a él, sino a todo un universo de felicidad.

Y años después lo comprobaron una y otra vez.

Las manitas regordetas de Itachi tomaron las mejillas de Shin para besarlo y decirle…

–Te quedo musho abelito.

Y Kazuo supo que ahora Shin no solo era suyo… ¿pero quienes mejor para compartirlo que… su familia?

...

Muchísimas gracias por la larguísima espera, pero las musas huyeron de mí y aun las ando cazando jejeje

Millones de agradecimientos a todas y todos.