Como hace mucho que no actualizo pienso que hace falta un repaso.

El embarazo de Lizzie avanza mientras ella y Darcy pasan los últimos días de la temporada en Londres y sueñan volver a su adorado Pemberley pero antes pasan unos días solos en Brighton. Wickham decide marcharse a América dejando a Lydia en Inglaterra y junto con Darcy planean fingir su muerte en altamar para que Lydia pueda rehacer su vida como una joven viuda.

En este capítulo, la previa de la boda de Richard y Caroline.


Capítulo 37

"No quiero volver", murmuró Lizzie contra el cuello de William. Iban en el coche de regreso a Londres después de haber pasado unos hermosos días juntos y solos en Brighton. "Vamos directo a Pemberley"

"Yo tampoco", reconoció William con un suspiro mientras la abrazaba un poco más fuerte.

"¿Por qué no le dices al cochero que siga directo a Pemberley?", sugirió Lizzie un poco en broma y un poco en serio.

"No me tientes", gruñó él. Nunca había disfrutado demasiado la temporada de Londres y aunque este año había sido diferente gracias a Lizzie, no veía la hora de volver a la tranquilidad de su hogar en el campo. "¿Qué pasa amor, acaso no te entusiasma la boda de Caroline y Richard?"

"La boda sí, las salidas de compras y visitas a la modista que todavía nos faltan no y menos me entusiasman los dos tés a los que tendré que asistir ni bien regresemos ni las tres cenas a las que nos han invitado."

"¿Es eso o es saber que iremos a Rosings justo después del casamiento lo que te tiene mal?"

Lizzie se separó de él y se incorporó para mirarlo. Sabía que, en realidad, a él lo mortificaba volver a Rosings porque todavía se sentía culpable por la forma en que la había tratado cuando estuvieron allí, y al ver la expresión mortificada de su marido supo que tenía razón. Tomó el rostro de él entre sus manos y lo miró con dulzura.

"Amor, eso está olvidado. Los dos estuvimos mal, no sólo tú, pero la vida nos dio una segunda oportunidad y ahora estamos juntos, felices y próximos a ser padres. Por favor no pienses más en ese horrible día."

"Horrible día. ¿Ves? Tú tampoco lo has olvidado", le dijo evidentemente avergonzado.

Lizzie sintió que su corazón se contraía al verlo así. Lo amaba tanto! Se levantó ante el asombro de Will, se sentó en su regazo, tomó sus manos y lo obligó a abrazarla.

"¿Qué haces?", le preguntó él asombrado.

"Quiero que me sostengas, el coche se mueve mucho y no me gustaría caer", explicó ella con total tranquilidad.

"Mmm, bueno…" William hizo lo que Lizzie aunque seguía sin entender qué pasaba y entonces Lizzie comenzó a desatarle la corbata. "¿Lizzie, qué…?"

"Shhhh…", lo silenció ella y siguió con su tarea, tiró la corbata a un lado y luego le desabrochó los primeros botones de la camisa, a continuación le desabrochó el chaleco. Cuando terminó con todo eso comenzó a besarlo, suavemente y sin parar, en la mandíbula, el cuello, la base de la garganta, la clavícula, todo mientras recorría con sus manos su pecho y su espalda.

"Eh… amor… Mmm… no es que no me guste y mucho lo que estás haciendo pero ¿se puede saber a qué se debe?"

"¿Acaso no puedo besar y acariciar a mi esposo cuando me venga en ganas?", le preguntó ella sin interrumpir su tarea.

"Por supuesto pero no sueles ser tan fogosa… en el coche."

"Ahora que lo dices, nunca lo hicimos en el coche", dijo Lizzie entusiasmada con el descubrimiento.

"Suficiente. Dime qué pasa." William sabía que Lizzie se traía algo entre manos y quería saber qué.

Lizzie se alejó un poco de él para poder mirarlo mejor y suspiró antes de hablar. "Estoy tratando de mostrarte que lo que sucedió aquel… día está olvidado. Fue horrible, es cierto, pero no sólo por causa tuya, yo también tengo mi parte de culpa, y ya pasó, la vida nos dio una segunda oportunidad y ahora estamos juntos. No quiero que sigas castigándote por aquello. ¿Acaso no habíamos quedado en recordar del pasado sólo lo que nos hace felices?"

"Está bien, tú ganas. Como siempre", Will fingió fastidio para no mostrar la emoción que le habían causado las palabras de Lizzie. Por más que ella le hubiera asegurado una y otra vez que ya lo había perdonado, el incidente de Rosings seguía pesando en su memoria y tal vez fuera él quien más temía el regreso a Kent. Pero estaba siendo un tonto, todavía faltaba mucho para eso, primero estaba la boda de Richard y ahora mismo su esposa, la mujer de su vida, estaba entre sus brazos demostrándole todo su amor. "Ahora, aunque me encantan tus métodos de convencimiento no me parece que el coche sea el lugar adecuado."

"Tú siempre tan aburrido", lo retó Lizzie dándole un golpecito en el pecho pero cuando intentó regresar a su asiento Will la retuvo.

"¿Adónde vas?"

"¿No me dijiste que parara?"

"Sí pero no que te bajaras", le aclaró abrazándola y acercándola aún más a él. "Así estamos muy bien ¿no? y tal vez podrías continuar con… lo que sea que estabas haciendo cuando lleguemos a la casa."

"¿Le gustaría eso señor Darcy?", le preguntó Lizzie mirándolo con coquetería y batiendo las pestañas.

"Me gustaría mucho señora Darcy", le respondió él con esa voz profunda que la fascinaba.


En cuanto llegaron a la casa Lizzie y Darcy fueron abordados por Georgiana y Anne que estaban ansiosas por contarles todo lo que había pasado durante esa semana y ambos comprendieron que no tendrían oportunidad de continuar con lo que habían iniciado en el coche. Sabiamente Darcy escapó lo más rápido que pudo del cotilleo femenino y rió al ver como su esposa era literalmente arrastrada por las dos muchachas, aunque la tranquilidad no le duró demasiado porque pero poco tiempo después la paz de su estudio fue interrumpida por un excitado Richard a quien el fin de su soltería lo tenía alterado ¿o aterrado?

"Primo, qué suerte que regresaste! Llevo toda la semana rodeado de mujeres. Entre mi madre, la tía, Anne, tu hermana y Caroline me estoy volviendo loco", exclamó Richard dramáticamente. Darcy sonrió.

"¿Whisky?"

"Sí pero en el club. Vamos."

"Acabo de llegar Richard! Preferiría quedarme aquí."

"No! Esta casa también está llena de mujeres. Por favor primo, vamos al club, Bingley se reunirá con nosotros allí, él también anda con los pelos de punta."

"No es para tanto Richard, recuerda que yo también me casé y con una mujer que tiene cuatro hermanas ni más ni menos así que ya pasé por esto y te juro que es soportable."

"Pero la gente te tiene miedo y por eso te deja en paz. Yo soy tan agradable que todo el mundo siente que nada me molesta y están todo el día encima de mí!"

"Debería ofenderme por lo que acabas de decir pero como te veo un poco alterado lo voy a dejar pasar. Le avisaré a Lizzie, espérame en el hall."

"Pero no demores!"

Darcy salió en busca de su esposa riendo por lo bajo, el Coronel Fitzwilliam llevaba años en la milicia, había librado muchas batallas, algunas realmente peligrosas, pero nunca lo había visto tan consternado. Al parecer le temía más al matrimonio que a Napoleón! Encontró a Lizzie en el salón de dibujo, estaba sentada en medio de Anne y Georgiana que hablaban sin parar y ni siquiera se detuvieron cuando él apareció. Le avisó que se iba al club con Richard y ella lo despidió con una mirada suplicante, como pidiéndole que regresara pronto y la rescatara.

Cuando llegaron al club encontraron a Bingley esperándolos y de inmediato se dirigieron al salón de esgrima. Dos horas y cuatro asaltos después estaban apoltronados en los cómodos sillones de cuero del club con un vaso de whisky en la mano y una botella sobre la mesa lateral. El cansancio que los tres sentían, por distintas razones, y el alcohol los tenían relajados y con la lengua suelta, tanto que terminaron recordando con añoranza los años de juventud y soltería, e incluso el parco Darcy compartió alguna de sus anécdotas. Aunque, por supuesto, quien más tenía para contar era Richard, sus continuos viajes le habían proporcionado innumerables historias y también numerosas mujeres habían caído rendidas a sus encantos.

"¿Con cuántas mujeres has estado?", le preguntó Charles algo preocupado luego de escuchar sus historias de conquistas por más de veinte minutos.

"Esas cosas no se dicen, además no quiero alardear", se ufanó Richard orgulloso.

"Richard! Estás a punto de casarse con mi hermana!", le recordó Charles indignado.

"Charles, tampoco te pongas así! Será tu hermana pero también es una mujer, mi mujer dentro de unos pocos días por si no lo recuerdas."

"Pero no todavía, así que cuidado!", masculló Bingley tratando de parecer intimidante pero sólo logró que los otros dos se largaran a reír.

En eso estaban cuando se unió a ellos el Conde Archivald Knox, antiguo compañero de universidad de Darcy y Bingley, a quien Richard también había frecuentado alguna vez.

"¿Me permiten unirme a la conversación caballeros?", les preguntó haciendo una exagerada reverencia.

Charles y Richard lo recibieron con efusividad y lo invitaron a sentarse inmediatamente mientras que Darcy lo recibió apenas con una inclinación de cabeza. El Conde Knox era conocido en los altos círculos de Londres por su buena predisposición pero a Darcy siempre le había parecido un charlatán intrigante y trepador. Además había sido compinche de Wickham, una razón más para no confiar en él.

"No sabía que habías regresado de América", le dijo Richard. "¿Cuánto tiempo estuviste por allí, un año o dos?"

"Casi dos", respondió él mientras se servía una generosa ración de alcohol. 'Que por supuesto no va a pagar', pensó Darcy con desdén. "¿Nunca han estado allí, verdad? Deberían ir, es un paraíso, una verdadera tierra de oportunidades. Y las mujeres… Oh… Qué mujeres!", la expresión con que dijo esto último fue tan libidinosa que a Darcy se le revolvió el estómago. Knox nunca había respetado a las mujeres, las acosaba, las seducía, se aprovechaba de ellas y las abandonaba. Era un ser despreciable y de repente Darcy no veía la hora de volver a su casa con su amor.

"Cuéntanos por favor", pidió Bingley con su habitual entusiasmo.

"Ya les contaré otro día, no creo que al amigo Darcy aquí le entusiasme mucho mi relato", dijo mirándolo con desprecio disimulado. Evidentemente él tampoco le tenía simpatía a su antiguo compañero de estudios. "Me gustaría saber que fue de la vida de ustedes en realidad y creo que tengo que felicitarlos por sus bodas. Darcy y tú Bingley se casaron ¿verdad?"

"Sí, yo me casé con un ángel llamado Jane Bennet de Hertfordshire y Darcy aquí se casó con Elizabeth, la hermana de Jane."

"Sí, he oído que las ex señoritas Bennet son criaturas dignas de admirar. Bien hecho amigos. Espero con ansias poder conocerlas." 'Sobre mi cadáver', pensó Darcy súbitamente alerta. "Y tú Fitzwilliam, escuché que estás a punto de perder la libertad."

"Voluntariamente amigo, voluntariamente", rió Richard. "Es verdad, en pocos días me caso con Caroline, la hermana de Charles."

"Creo que recuerdo a la señorita Bingley, delgada, elegante, pelirroja… Bien hecho tú también." Esta vez fueron Richard y Charles quienes miraron a su acompañante con recelo. "Y díganme ¿hay más hermanas Bennet por ahí?"

"No para ti", respondió Darcy con más brusquedad de la que pretendía.

"Siempre tan protector Darcy", se burló Knox. "Hablando de hermanas ¿cómo está Georgiana? Debe ser una hermosa mujercita ya ¿verdad? Era encantadora de pequeña aunque un poco demasiado tímida. Me encantaría volver a verla."

"Caballeros. Me disculparán pero volví recién esta tarde de viaje y el cansancio se está haciendo sentir. Richard, te acerco a tu casa. ¿Charles?", dijo Darcy levantándose bruscamente y saliendo del salón sin despedirse. No pensaba pasar ni un minuto más con ese parásito.

"Sí, sí, yo también me voy."

"¿Tan pronto? Es temprano aún! Bah… son unos aguafiestas como todos los casados."

"Termina la botella Knox, está paga", fue todo lo que dijo Darcy antes de salir de ahí y cuando llegó a la acera encaró a sus dos amigos. "No quiero que ese hombre se acerque ni a mi mujer ni a mi hermana. Ni se te ocurra invitarlo a nada, a ti te hablo Richard."

"Tranquilo primo, a mí tampoco me gustó su actitud. Confieso que antes me parecía entretenido pero veo que no es más que un pobre tipo."

"Bien, me alegro que estemos de acuerdo."

Cuando regresó a su casa después de dejar a Richard en la mansión Matlock Darcy seguía disgustado pero su humor cambió en cuanto vio a Elizabeth y Georgiana en el salón de música tocando un dúo, Anne había regresado esa tarde a la casa londinense de su madre. Esas dos mujeres y el hijo o hija que Lizzie llevaba en su vientre eran todo lo que necesitaba para ser feliz.


Los días siguientes fueron un torbellino con los preparativos de la boda, Caroline se estaba encargando de todo con la ayuda de su hermana Louisa y, extrañamente, de Lady Catherine que había regresado de Rosings para asumir el mando de la organización, pero aun así para ciertas cosas pedía la asistencia de Jane e incluso de Elizabeth. Una de esas cosas fue la famosa charla sobre la "noche de bodas". Si alguien le hubiera dicho a Lizzie que compartiría esa charla con Caroline Bingley un año atrás habría reído a carcajadas, pero una tarde en que acudió a visitar a su hermana la encontró hablando entre susurros con la señorita Bingley, las dos muy sonrojadas.

"Perdón, ¿interrumpo?", preguntó Lizzie al entrar al saloncito privado de Jane.

"Lizzie querida, no interrumpes nada. Pasa por favor", le pidió Jane haciéndole señas de que se sentara a su lado.

"¿Seguro? Porque puedo ir a ver a Emma si ustedes desean estar a solas."

"Le estaba preguntando a Jane por la noche de bodas", dijo Caroline de repente, roja como un tomate.

"Ah… Ooooh!", fue todo lo que pudo decir Lizzie y justo en ese momento una doncella entró con el té y las tres se quedaron en silencio mientras la muchacha servía.

"Lo siento Elizabeth, sé que no debería pedirle esto a ustedes pero… mi madre ya no está y no tengo muchas amigas… no tengo ninguna amiga en realidad", reconoció Caroline con algo de vergüenza. "Mi hermana me dijo algo pero… bueno, ustedes conocen a Hurst así que..."

Lizzie y Jane se miraron y no pudieron evitar soltar una risita que poco después se convirtió en una carcajada bastante poco femenina cuando Caroline se les unió.

"No te preocupes Caroline, a nosotras nos sucedió algo parecido, mamá tuvo la mejor intención pero más que ayudarnos nos asustó", le contó Jane para tranquilizarla.

"Yo sé lo que… va a pasar, digamos, lo que me preocupa es que nosotras no tenemos ninguna experiencia y los hombres sí, especialmente Richard que pasa tanto tiempo fuera y debe haber… eh… bueno, no quiero pensar mucho en eso pero tengo miedo de que no me quiera de esa manera. No sé."

Jane le tomó la mano para tranquilizarla y Lizzie la miró con simpatía, había pasado por un momento similar y entendía que Caroline se sintiera insegura. Pensó en los días previos a su boda, en las ganas que tenía de estar con William y en el temor de no poder complacerlo, pero él le había mostrado siempre tanta devoción, aun después de que ella lo rechazara tan bruscamente, que Lizzie supo que aunque no hubiera sido su primera mujer era la única, la única a la que había amado y amaría toda la vida.

"No creo que debas preocuparte Caroline", dijo Jane devolviendo a Lizzie a la realidad. "Lo importante es que te ama y tú a él. Richard es un buen hombre, tienes que confiar en él, te va a cuidar."

"Gracias Jane, me tranquilizas mucho, es lo que pensaba pero me alegra oírlo de ti. Una pregunta más. Eh… Ay, me da vergüenza pero… ¿una llega a… disfrutar?"

"Oh sí, definitivamente", dijo Jane sin un atisbo de pudor y Lizzie la miró con los ojos abiertos como platos. "¿Qué pasa? Tú y Darcy no son los únicos apasionados, sólo que nosotros no lo demostramos tan abiertamente."

"Bravo Jane!", la elogió Lizzie. "Caroline ¿pensaste alguna vez que tu dulce y recatada cuñada pudiera ser tan experta en la materia?"

"Ahora entiendo porque después de más de un año de casados mi hermano y ella siguen con esa cara de felicidad", rió Caroline.


Exactamente cinco días antes de la boda las damas hicieron la última visita a la modista, todas lucirían vestidos nuevos. Eran tantas mujeres (Caroline, Jane, Lizzie, Georgiana, Anne y hasta Mary y Kitty que también estaban invitadas) que la cita duró casi cuatro horas. Cuando salieron estaban felices pero exhaustas así que se despidieron rápidamente, volverían a verse al día siguiente en el baile que los Matlock darían en honor a la futura pareja. Estaban diciéndose adiós en la calle cuando alguien casi las atropella.

"Disculpen señoras por favor! Mil perdones, yo… Señorita Bingley, qué sorpresa!", dijo el apuesto desconocido haciendo una reverencia perfecta.

"Conde Knox! Lo mismo digo. No sabía que había regresado a la ciudad", respondió Caroline algo sonrojada.

"Regresé hace sólo unos días pero ya me he enterado de las buenas nuevas. Permítame felicitarla." El Conde hizo un gesto que obligó a Caroline a extender su mano, él la tomó, la llevó a sus labios y le besó los nudillos sin dejar de mirarla a los ojos.

"Eh… gracias", Caroline retiró su mano rápidamente y lo miró con desconfianza.

"Sería tan amable de presentarme a sus amigas", insistió el Conde.

"Por supuesto, discúlpeme. La señora Jane Bingley, la señora Elizabeth Darcy, Mary y Catherine Bennet, hermanas de Jane y Elizabeth. A Anne de Bourgh y a Georgiana Darcy creo que ya las conoce ¿verdad?"

"Ciertamente. Señoras… señoritas… es un verdadero placer conocerlas", les dijo al tiempo que les hacía otra de sus espléndidas reverencias. "Señorita de Bourgh, un gusto volver a verla. ¿Cómo está Lady Catherine?"

"Está muy bien… gracias", murmuró Anne.

"Espléndido, espléndido! Y usted señorita Darcy… hace años que no la veo. Usted está ciertamente…"

"Retrasada para nuestra siguiente cita", interrumpió Lizzie disgustada por la forma en que el hombre miraba a su cuñada. El tipo se comportaba como todo un caballero y tenía título nobiliario pero algo en su mirada y en su actitud hizo que a Lizzie un escalofrío la recorriera de pies a cabeza. "Discúlpenos Conde Knox pero tenemos que retirarnos. Buenas tardes."

Sin más tomó a Georgie de la mano y la arrastró al coche que las estaba esperando mientras Jane, Caroline, Mary y Kitty subían al coche de los Bingley.

"Por supuesto señoras, nos veremos pronto. De eso estoy seguro", escuchó que decía el Conde a sus espaldas y Lizzie sintió que se le erizaban los pelos de la nuca.


Bueno, volví.

Ya ni pido perdón por la demora porque sería una ridiculez, sólo quiero agradecer la paciencia y la lealtad y los comentarios que siguieron llegando a pesar de mi silencio y gracias también a los lectores no registrados, no pude contestarles los mensajes pero los leí y me dieron mucho ánimo.

Hasta… no sé cuando… algún día