Capítulo XXXV
Peldaño de tentativa: ¿Dónde está Wally?
Amantes, amentes (amantes, dementes)
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Where We're Going - Interstellar Soundtrack
Terriblemente Cruel - Leiva
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-¿Una...mujer?
-Sí.
El silencio es prolongado y angustioso. Los centímetros que los separan son océanos de distancias. Mareas, tempestades y oleajes intensos de distancias, dolor y tristeza aterradora los separan. Minutos antes, la soledad de un aeropuerto a altas horas de la madrugada era una estupidez, ahora la soledad tiene un sentido tan absoluto como macabro.
Ella solo es capaz de sentir dolor. Dolor en su máxima pureza. Como cuando te abres la carne en una herida horrible y solo puedes concentrarte en ese dolor, en el picor, en el escozor, en el fluir de la sangre, en el olor a óxido, en el cosquilleo amargo que deja su paso, en la incredibilidad que implica la generación de heridas semejantes con niveles más elevados de dolor, cuya insoportabilidad alcanza la inconsciencia del desvanecimiento. Las heridas físicas de sus piernas dejan de existir en la comparativa. Y lo curioso es que en ese océano de dolor que ella siente, la marea va en una única dirección, pues Edward no siente ningún dolor en absoluto, no siente como si estuvieran cayendo rayos carmesís con la sangre de Isabella, no ve cómo atraviesan su espina dorsal y deja espasmos en su cuerpo. Y toda esa actitud indiferente lo empeora.
Entiende porqué él no fue abriéndose paso entre la gente de la fiesta cuando besó a su compañero. En su estado lo habría hecho, pero ahora sabe que no lo hizo porque lo que sentía no eran celos, era arrepentimiento. Él había hecho lo mismo, incluso peor. Él no fue a Jordania porque estuviera celoso de unas fotos, era demasiado absurdo, él fue porque se moría de arrepentimiento, de culpabilidad porque necesitaba la exculpación inmediata. Ahora todo tiene un sentido racional. Solo imaginarlo besando a una mujer que no es ella le enferma, así que imaginar que compartió más que eso le rompe por dentro.
Y así se siente, desvalijada, lesionada, despedazada, lastimada, timada, engañada. Como si hubieran impuesto el desconsuelo en ella como una dictadura. Rota. Tan rota como cualquier fisura, una rotura que no ha sido limpia y se convierte en fisura, un dolor más insoportable y más difícil de arreglar porque no ha sido rápido. Tan rota como un herido de guerra, se siente tan rota como las personas con las que se topó en Siria ese mismo mes.
Tan rota como su relación en ese momento. Su relación hermosa con un hombre hermoso. Esa relación que no iba a ser fácil desde el primer momento pero ambos han luchado para llevarla adelante contra todo. Ese hombre que prometía ser único y cuya promesa secreta incluso para Isabella ha sido la promesa del hombre infiel.
-¿No vas a decirme nada?
Ella no contesta. Contenerse requiere de una gran concentración. Edward intenta agarrarle la muñeca.
Intenta.
Ella se desprende de su mano bruscamente y le da la espalda. Incluso moverse le duele. Es como si le hubieran lanzado miles de flechas con puntas ardiendo, con puntas llenas de veneno, con puntas afiladas. Todas ellas apuntando a cada una de sus vértebras, sus venas, sus músculos, sus tendones, sus articulaciones. Su cuerpo entero.
Edward mira como sus manos tiemblan ligeramente y empieza a sentirse culpable por todo lo que está haciendo. Debería no seguir con eso, pero ya lo ha dicho y tiene que ser consecuente con sus acciones.
-Eso...Eso cambia las cosas.
Su voz desgarra sus entrañas. La desolación asoma en cada palabra pronunciada. Eso no cambia las cosas. Eso lo cambia absolutamente todo. Por un desliz, una cremallera está rota y sin posibilidad de arreglo. Isabella está en un shock profundo. Le cuesta reaccionar, le cuesta formular preguntas, le cuesta entender que eso le esté pasando a ella, le cuesta asimilar una infidelidad que siempre pensó que nunca le ocurriría a ella porque es de esas cosas que solo le pasan a los demás.
Le cuesta estar ahí, ahora está en otra dimensión en la que pocas veces ha entrado. Está en esa dimensión de los sucesos de la vida que no pueden rebobinarse, que no pueden retroceder y cambiar su destino, está en la dimensión de las pérdidas.
Edward no quiere que cambien las cosas, al menos no los mismos cambios en los que piensa ella, pero es lo que se ha buscado. Eso se buscó cuando se levantó y siguió a una mujer hasta su dormitorio. Eso se buscó cuando estuvo en el mismo plató con ella y con Isabella como si no hubiese pasado nada.
-¿Por qué no me lo has dicho en casa?
-No podía aguantar tanto tiempo.
-¿Te sientes culpable, no?- comenta con una sonrisa esquizofrénica, al borde de la locura de la incomprensión.
-Yo…
-Yo pensaba…-se aclara la garganta porque el nudo es cada vez más grande- Yo pensaba que…-suspira, no se acuerda de lo que pensaba- eras diferente de verdad. Creí en tu autenticidad- apenas susurra audiblemente- Ni un año...Ni tan solo hemos celebrado nuestro primer aniversario y tú ya…-se lleva las manos al rostro y lo tapa.
-Déjame arreglarlo, Isabella- pide con la clemencia y el arrepentimiento explícito en su voz.
-¿La conozco?- le interrumpe.
No quiere ni que lo intente. ¿Arreglar? Ella no cree en ese tipo de arreglos. La última vez que creyó en el arreglo de un hecho irreversible se abrió las venas. La última vez que quiso algo de vuelta, regresó de la muerte y no trajo consigo lo que deseaba. No quiere otro viaje a la mortalidad fallida. No regresaría de ella.
-Sí.
-¿Estuvo...contigo en Chicago?
-Sí.
-Al menos espero que sea bonita.
-Sabes que la belleza es una ilusión, Isabella.
-Me refiero...Me refiero a la interna.
-Ella es bella.
Se muerde los labios con fuerza. Su nombre haciendo referencia a otra mujer parece una burla estratégica y pensada. Su nombre es una burla en si misma porque ella no es bella internamente. La barbilla le tiembla y se le contrae de tal manera que se le hacen unos agujeritos curiosos en la piel.
-¿La...La amas?- pregunta de manera inaudible casi.
-Mucho.
Se queda sin aire. Asiente muchas veces. Está intentando entenderlo, pero simplemente no puede. ¿Cómo puede amar a una mujer en tan solo un mes? Quiere reprocharle y dudar de ese amor. Luego recuerda que él lo hizo. La amó desde la noche que la conoció y puede entenderlo -que no asimilarlo-.
¿Qué tiene ella que no tenga yo? Es lo que se pregunta. No quiere saberlo. Es mejor no hacerlo.
-No fue algo de una noche, entonces.
-Oh no...En absoluto. Ella...Ella no es un capricho.
De nuevo otro silencio angustioso y abominable.
-¿Dónde nos deja todo esto?
-No lo sé- confiesa él.
-¿Ella sabía que estabas conmigo?
-No intentes culparla a ella. Fue mi culpa- acepta con la cabeza gacha.
No se atreve a mirarla. A mirar su espalda y ver su dolor atravesando con la mirada su piel.
-¿Cómo puedes…? ¿Cómo puedes ser tan sinvergüenza?
-Tú me ayudaste un poco a serlo- contesta como su mejor gancho sin anestesia.
-¿Era del rodaje?
-Sí.
-¿Estuve con ella y…? ¿Por qué me humillas así? ¿Cómo pudiste estar ahí y...Y estar en esa situación y tener tanta cara de…?
No puede continuar. El dolor llega a cuotas no alcanzadas. Es como recibir cubos de alcohol a herida abierta. Simplemente es algo insoportable. Quiere sentirse libre y pensar "bueno, ya ha acabado todo, quería que él encontrara a otra y no fuera todo tan doloroso de hacer acabar" pero no se siente de esa manera porque jamás quiso eso. Solo siente dolor mezclado con decepción, rabia e incluso asco. Asco de que él reconozca una relación paralela que no fue de una noche. Se pregunta como alguien como él, con ese historial de engaños y cuernos reiterados, ha podido convertirse en aquello que aprendió a odiar y temer, ha podido imitarse en sus propias pesadillas.
Quizá todo era estrategia de curación. Fingir amar para luego saber qué se siente ser el que engaña. Qué se siente al ver el dolor del engañado. Quizá es una catarsis para curarse de su dolor sin que le importe el que genere su cura. Quizás fue incompetente en su estrategia y se enamoró de ella y ahora se arrepiente de verdad y su cara afligida no es fingida. Quizás en realidad nunca la amó y ha estado jugando todo este tiempo. Quizás todo sus te amo fueron mentira y quería un te amo de ella para que su engaño y su humillación fueran plenos. Quizás pensaba que conocía a Edward y ahora solo es un desconocido, un hombre completamente anónimo, un hombre cuyos secretos le confesó y ahora se arrepiente de todas las experiencias compartidas. Quizás sus peldaños fueron un invento cruel. Quizás él sólo quería jugar a ser dios, a ser el único dios en el que Bella sería capaz de creer y adorar en su vida. Quizás…
Tiene tantas preguntas en su cabeza que solo -y de manera contradictoria- verbaliza las estúpidas y vacías.
-¿Es inglesa como tú?
-No.
-¿Es italiana?
-Sí.
Eso duele. Duele porque es una substitución. Duele porque la han cambiado. Duele porque siente que no es suficiente buena para él. Duele porque sus miedos son la realidad que quiebra y deja una brecha gigante en su presente.
-Es medio italiana…-rompe de nuevo otro de los silencios que retrasan el amanecer.
-¿Bromeas?
-La otra mitad es finlandesa.
Ella se gira un poco. Su expresión cambia ligeramente.
-¿No es eso demasiada coincidencia?
-Vive en Londres y tiene tu misma edad.
-¿Y dices que estuvo contigo en el rodaje?
-Sí. No aparece mucho en la película. Hacía un cameo pero el poco tiempo que sale se come la pantalla porque ella es algo extraordinario. Es bella, ya te lo he dicho.
-Has dicho que la amas…
-Sí. Hoy la amo más, pero mañana todavía la amaré más.
-¿Y ella te ama?
-Creo que sí. Nunca me lo dice, pero creo que lo hace.
-¿Crees que ayer te amó menos que hoy?
-Hoy en concreto no lo sé. Creo que hoy quiere ahorcarme, creo que está pensando en cómo hacerlo seriamente, pero mañana me amará más que hoy, seguro. Es fácil eso.
-¿Folla bien?
-Folla perfecto, como todo lo que hace.
-¿Pero ella está enamorada de ti?
-Eso dice. Dice estar en esa fase de gilipollez transitoria. Dice tener miedo de que no sea transitoria y que no sea solo una fase.
-¿Ella está con alguien?
-Sí, está con un hombre. Él a veces es un idiota, pero ella le soporta y le cocina platos deliciosos. Él no se imagina una vida sin ella.
-¿Cuando lo conoció?
-Lo conoce cada día.
-¿Y él la conoció en Chicago?
-La he conocido en más lugares. La he conocido en Inglaterra, en Marruecos, en Japón, en India...Y tengo intención de conocerla en más países.
-¿Y él la ama?
-Como un idiota.
-¿Más que ayer?
-Mucho más. Y mañana más aún. Eso he dicho. Y pasado y al otro y al otro la voy a volver a conocer. Todos los días lo haré y no podré evitar amarla más, Isabella. Lo siento. Cada día conozco a una mujer…Cada día es la misma mujer, pero ese detalle no tiene mucha importancia, supongo.
Sin que pueda verla venir ella comienza a golpearle. A golpearle de verdad. Con fuerza en el pecho, en la cabeza y los brazos. Le chilla sin parar y sin importarle nada o nadie.
-¡Estúpido! ¡Maldito estúpido! ¡Imbécil! ¡Eres un idiota! ¡Mierda broma tuya! ¿¡Este es otro jodido humor inglés?! ¡Imbécil, imbécil! ¡Te quiero arrancar los malditos ojos! ¡Te los voy a arrancar, puto! ¡Vaffanculo! Tu sei un stronzo di merda.
Al final agarra sus muñecas porque sus golpes duelen, los da con fuerza. Isabella se lo ha creído todo y al principio estaba destrozada. A decir verdad, al final sigue destrozada de alguna manera. Esa broma ha sido de las pesadas, de las que se pueden ahorrar de hacer. Una broma de mal gusto que a ella no le ha sentado nada bien. ¿Cómo puede sentir bien saber que tu vida se ha acabado pero que era una broma y un juego de semántica?
-¿Has visto que bueno soy con mis dotes de actuación? Era una broma, nena. Una actuación.
-¡¿Una broma, maldito idiota!? ¡¿Una broma?!
Ha pasado uno de los peores minutos de su vida entera. Aún tiene la amargura como espinas en su garganta. Pensaba que se pondría a llorar y no podría parar, pareciendo más ridícula y estúpida por hacerlo cuando le han confesado que le han sido infiel. Le duelen los lagrimales de los ojos por la contención. Ha pensado tantas malditas cosas. Físicamente, ha sentido indicios de la misma desorientación que sintió aquella noche mientras un psicólogo hablaba con ella en una ambulancia, cuyas palabras eran deformaciones acústicas y lejanas. Ha sentido que ha dejado de sentir su cuerpo tembloroso, ha sentido aquel viaje particular a la nada de su mente, la desconexión, el aturdimiento.
-Basta, Bella. Vas a llamar la atención de verdad.
-Me importa una mierda. Lo que acabas de hacer no se hace Edward. No se hace- dice sin aliento.
-Perdóname.
-¿¡Perdóname?! ¿¡Perdóname?! ¡¿Ese perdón también es un guión o es de verdad?! ¿¡Eh?! ¡Que te jodan!- se levanta y cae.
Él no ha permitido que lo hiciera. La coge de su cintura y la sienta sobre él.
-¿Dónde vas? Tranquilízate.
-¿Te hace gracia?
-¿Qué? No, es solo que…
-¡No me digas que me tranquilice!- dice con efecto retardado.
Él al final utiliza su último recurso. La encarcela y la besa. A la desesperada. Ella no se lo pone fácil, intenta escabullirse, rechazando su boca e intentando volver a golpearlo ahora en los brazos, su quijada, su mandíbula, estirar su pelo, lo que sea. Está completamente rabiosa, pero él insiste, no la suelta y la fuerza a que acepte sus labios y hasta que ella no se rebaja no se detiene.
-Lo dije en serio, nena.
-¿El qué?- pregunta con recelo.
Un par de besos, por muy excitantes y mojados que sean no es suficiente para calmar a la bestia que la posee, pero al menos la tranquiliza un mínimo para que al menos se pueda conversar con ella.
-Que me quiero casar contigo.
-Si, seguro.
-Me quiero casar. Ya. Ahora mismo. En cuanto amanezca nos vamos a acercar al Registro Civil y vamos a casarnos- toca su rostro intentando consolarla y tranquilizarla al mismo tiempo.
Su expresión sigue desencajada y ahora se siente peor que mal.
-No tienes huevos, Edward. No eres ese tipo de hombre.
-O mejor aún, podemos aprovechar que estamos en el aeropuerto y…
-¿Y qué? ¿Ir a Las Vegas?- provoca ella con ironía- ¿Edward?
La sorpresa decora su expresión. Edward ha contestado con su sonrisa. No puede ser.
-No vas en serio.
-¿No me ves capaz?
-Por supuesto que no.
-Bueno, iré a comprar los billetes. ¿Me acompañas?
-Edward, que no te creo, no me vas a tomar el pelo dos veces. He tenido suficiente con la primera. No quieras encima hacerme cómplice.
-Está bien.
Él entra de nuevo en la terminal. Pone el corazón en ello mientras ella se decide arrancar. Bella intenta mirar algo a través de las vidrieras pero lo pierde de vista. El taxi que los ha ido a recoger se marcha. Se cruza de brazos en su negación. No piensa perder ante algo tan básico. Pero no es un juego. Cuando él sale después de varios minutos lleva dos billetes a Las Vegas en clase preferente.
-El primer vuelo saldrá en seis horas. No merece la pena ir a casa y volver. Voy a reservar una habitación en ese hotel para ducharme y cambiarme de ropa. Tú ya verás que haces- dice sin importancia mientras avanza en la lluvia de camino al hotel del aeropuerto.
Ella desvía su mirada y su boca abierta de su silueta alejándose a los billetes que ha guardado en su mochila. No cree que Edward de verdad haya hecho una locura de esa magnitud. ¿De verdad se van a casar en Las Vegas en unas cuantas horas? Su corazón late tan fuerte que le cuesta respirar. Sacude su cabeza y de las puntas de sus cabellos salpican gotas de agua abundantes. Se levanta y le sigue hasta la recepción del hotel. Él es todo silencio y tranquilidad y ella incertidumbre y desconcierto. No entiende nada de nada. Nunca se sintió tan fuera de control.
Cuando piensa que si es cierto, piensa que sí podría ser cierto, pero luego no.
Cuando piensa que no, piensa que por supuesto que no, pero luego piensa: y si...
Horas más tarde, dentro del avión y ya surcando sobre las nubes, sigue sin creer que realmente ese loco plan siga en marcha y no haya sido el remate de su broma. Él parece impenetrable y nada nervioso, está leyendo tranquilamente un libro sobre el conteo de cartas de jack black escrito por Ken Uston.
En cambio Bella revisa las uñas de sus manos y ya no tiene dónde morder. Mira a todos lados nerviosa y coincide con la mirada del pasajero de al lado. Este tiene una cara inquisitiva y de disgusto. Entiende que el ruido constante de su pie contra el suelo le moleste, así que cesa el movimiento.
-Mamá, no lo encuentro- se queja el niño que viaja delante de ellos.
-Sigue buscándolo. Tiene que estar.
-Pero es que hay mucha gente...
Bella, curiosa y en su tarea de distraerse para no volverse loca, se asoma por el espacio superior de los asientos.
1987, el año. Martin Handford, el creador. Un libro, el material del juego. Y el título: ¿Dónde está Wally?
Wally, sí, el jodido dibujito de ese chico con gafas y con el mismo atuendo de siempre. Ese famoso jersey a rayas blancas y rojas y el gorro rojo también. Rodeado de más jodidos dibujitos alrededor en el abarrotado paisaje. El lector se tira segundos e incluso minutos buscando y volviendo a buscar al maldito Wally. ¿Es un juego divertido? No, es desquiciante y solo entretenido para los más pacientes. No es un libro para cualquier lector, es un libro para unos pocos. Solo es un juego para los que son capaces de encontrar a Wally en menos de un minuto, una misión de dificultad alta.
El niño tiene el famoso juego de Wally sobre su mesa de bandeja. Lleva un rato buscándolo pero sigue sin encontrarlo. Ella acerca un poco más su mirada y lo encuentra fácilmente.
Siempre se le dio bien encontrarle.
Sonríe orgullosa y se sienta de nuevo. Suspira y se cruza de piernas. Vuelve a mirar a Edward. El maldito tiene los audífonos mientras se lleva a la boca un poco de té caliente y alza su dedo meñique en el proceso. Le encanta esa costumbre refinada que le hace ver de la alta clase. Resignada de verlo tan tranquilo, se levanta al lavabo y vuelve de él con una sonrisa en la cara.
Le quita un auricular y susurra en su oído.
-Me he quitado las bragas.
Observa su sonrisa y como le mira de reojo antes de hacerlo de manera plena. Ella separa las piernas con disimulo y cuidado. Lleva un vestido para que sus heridas transpiren y curen antes. Nadie se atisba de sus movimientos. Edward agranda su sonrisa picarona, suspira y de repente se lleva los dedos a la boca y los humedece en un elegante movimiento. Se muerde el labio esperando su tacto. Por fin algo de diversión y que aligere sus nervios a flor de piel. No puede más con ellos y aún quedan horas por delante hasta aterrizar.
Sus dedos se acercan a ella a cámara lenta, brillando levemente por su saliva, se acercan y amenazan con un placer ligero y prohibido, piensa que esta vez se atreverá y lo llevará a cabo con la misma determinación que ha comprado los billetes, pero con la misma elegancia con la que él se los ha humedecido, los lleva a su libro y los utiliza para pasar de página.
Su decepción es audible por un enorme resoplido. En cambio Edward ríe orgulloso y divertido y niega con la cabeza mientras sigue enfrascado en su lectura.
Bella se cruza de brazos y de piernas con coordinación. Es como una niña pequeña aburrida e impaciente.
-Eres un novio aburrido.
-Marido- rectifica él.
-No cuela. Sigo sin creérmelo. Estás llevando muy lejos tu broma.
-Recuérdalo cuando estés en el altar con tu vestido de Marilyn Monroe. No te pongas la peluca. A mi me van las morenas.
-Has sido terriblemente cruel, Edward.
-Soy terriblemente fiel. Me duele que lo dudes.
-A mi me duele lo que has hecho. Aunque fuera de cine, aunque fuera una escena, dolió como si fuera de verdad.
-Quizás se me fue de las manos, lo reconozco. Pero así sabes que se sintió cuando te vi en Siria. Y no es como si fueras a disculparte porque tú nunca...
-Lo siento ¿vale? Lo siento. ¿Qué quieres que diga?
-Que te cases conmigo, que es lo que harás, así que está bien. Estamos empate.
-Empate...Es un juego de venganzas.
-Es solo una actuación. Si consiguió conmoverte a ti, lo hará a cualquiera. El Oscar…¿No es eso lo que quieres verme ganar? Fue una buena interpretación.
-Te va a salir caro que te perdone esto.
-Me va a costar un matrimonio- contesta con humor- ¿Sabes? No fue una broma. Quiero decir, reconozco que ha sido de mal gusto y me dolió verte tan...afligida. No sabía que reaccionarías así, mi amor. Pero no es una broma en el sentido de que no era mentira que conocí a una mujer. Te conocí y te conozco cada día. No puedo decir una única vez que te conocí porque cada día somos diferentes en algún sentido. No puedes decir "He probado tal pizza", porque cada vez que la comes, la estás probando. No conoces a una persona solo el día en que lo haces, la conoces cuando descubres día a día cómo es esa persona. Una persona se conoce cada día, cada segundo. ¿No te acuerdas de la llamada de teléfono en que hablamos sobre las cosas que me ocultaba mi personaje? Estuve pensando sobre ello y esta fue mi conclusión. Y esa conclusión ha ido a más y simplemente la conclusión tuvo su propia conclusión y esa era casarme ipso facto contigo.
-Nunca más vuelvas a hacer esa maldita conclusión de nuevo, ¿te enteras? Y la conclusión de tu conclusión es mentira. ¿Eres consciente que esto te va a alejar para siempre de ser un hombre de palabra? En Italia, un hombre que no cumple con...
-Soy un hombre de palabra.
-Mentiroso.
-Cuando me escuches decir sí, quiero, tendrás que tragarte tu acusación.
-Y tú te tragarás todo cuando yo…
Él asiente rápidamente sin dejarla terminar volviendo a ponerse el auricular e ignorándola por completo.
Ella le mira sorprendida con la boca abierta.
Él es único, no a veces, sino siempre.
Él viste con camisa de rayas blancas y rojas y no es un disfraz.
Él es como encontrar a Wally en menos de un segundo. A ella siempre se le dio bien encontrarle.
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6 PÁGINAS! SÓLO 6 PÁGINAS! No recordaba lo hermoso que era hacer capítulos cortos *_* Bueno, creo que la calavera lo debía. Ese final fue espantoso. ¿Saben? Intenté escribir un poco más después de que Edward se levantara de aquel sofá, pero era tan doloroso pensarlo...Porque él se levantó y fue hasta el dormitorio, pero lo que pasó después solo lo sabe Edward. Y ustedes dirán, si claro, calavera bitch, eso lo sabes tú, pero yo les digo: Hasta qué punto un personaje es capaz de ocultar lo que hace al escritor que le da voz? Los personajes son humanos y los escritores más, así que la paranoia permanece y si Edward está actuando o no sólo lo sabe él.
(Yo personalmente imagino que él se levantó y le mandó al puto carajo a la Mary de los cojones y fue al hotel y se masturbó con alguna imagen de Isabella porque Edu está puto crazy por esta Bella, háganme caso...Eso es muy Edu y no lo otro)
BUENO! que me enrollo y hago del cap 7 páginas y no puede ser! La pregunta es...SE CASARÁN O NO SE CANSARÁN? Se admiten apuestas, esto es Las Vegas!
Ready, readers?
Feliz Ystävänpäivä!
¡Gracias por leer, muchas gracias por comentar con hermosos huesitos!
