Notas de la autora:

¡Muchas gracias a la encantadora Kristine Thorne por su trabajo como beta!

Notas de traductor:

Gracias a kokoniako, Hechizera, Silvers Astoria Malfoy, Princes-Slash, toxica666, AnnieSly, bess20, Acantha-27, kawaiigiirl, Ring Black, Violet Stwy, NUMENEESSE, xonyaa11, Patzz75, jessyriddle y mixhii por comentar en el capítulo anterior o alguno de los anteriores…

Comentario por adelantado (que no creo que sea muy spoilerish): tenemos a Fleur de nuevo en este capítulo, cuando escribo sus diálogos es tratando de imitar la R francesa. No se enojen por mis horrores ortográficos.

Disfruten el capítulo…


Harry se apareció en el callejón detrás de Grimmauld Place y caminó con rapidez hacia la puerta trasera de la casa. Como la casa ya no tenías las protecciones que la hacían inmarcable, era frecuente que hubiera personas y reporteros en el parte, cruzando la calle, esperando ver a Harry. El chico levantó las protecciones y abrió la puerta con la antigua llave en forma de esqueleto. La entrada lo llevó a la cocina del sótano.

La habitación estaba inundada de luz, que entraba por cuatro grandes ventanas. Ya no había rastro de la cocina oscura y tétrica. Harry sonreía cada vez que miraba por las ventanas y veía el parque. Ya nadie podría decir que estaban en el sótano al comer en la cocina. A Hermione había encantado el reto de tratar de recrear la magia que hacía que el techo del Gran Comedor en Hogwarts estuviera encantado. Entre ambos, habían conseguido hacerlo, y el chico no podía estar más complacido con los resultados. Con un movimiento de varita, podía cambiar la vista del parque a su casa de Devon, o la una en donde se veía el mar desde Shell Cottage.

La gran mesa de roble aún dominaba en la cocina, con sus largas butacas de madera. Harry se había desecho de la mayoría de los horrendos muebles, pero amaba esa mesa que, obviamente, había sido usada por décadas, si no era que siglos.

—Amo Potter, señor. —Kreacher emergió de su alacena y se plantó frente a Harry. El guardapelo de Regulus brillaba con intensidad contra el atuendo que llevaba. Por insistencia de Hermione, Harry le había dado unas cuantas prendas al elfo, meses atrás. El elfo las había ignorado deliberadamente. Después de que Kreacher se la pasara un día completo hablando acerca de la falta de respeto de los amantes de los sangre sucia hacia las tradiciones sangre pura, Harry había recogido las prendas de donde Kreacher las había tirado y las había guardado.

—Buenos días, Kreacher. —Harry miró la cocina y le alegró ver que todo estaba acomodado—. Quería hacerte saber que vamos a tener compañía esta tarde.

—¿De nuevo? —preguntó Kreacher, mirando a Harry con la ceja alzada. Se había vuelto más tolerante de Hermione y Ron desde que se habían quedado en la casa, durante la caza de los horrocruxes, así que Harry suponía que su desdén era más hábito que otra cosa.

—Sí, Ron y Hermione, pero te agradará saber que Narcissa Malfoy y Andrómeda Tonks también vendrán, junto con los Weasley.

Al oír sus palabras, el elfo se enderezó hasta su máxima (minúscula) altura.

—¿La señorita Cissy y la señorita Black? —preguntó, temblando de emoción.

—Sí, y quizá el hijo de la señorita Cissy, Draco. —Harry fue testigo, con esas palabras, de la primera sonrisa que había visto cruzar el rostro del elfo. Y vaya que necesitaba mejorar su higiene dental.

—¿Le gustaría que Kreacher preparara algunos bocadillos para nuestros… sus invitados, amo? —preguntó el elfo, haciendo una reverencia.

—Sí, eso sería muy bueno. Espero que la señorita Black, quiero decir, Andrómeda, considere mudarse a la casa con su nieto, una vez que las reparaciones estén terminadas. —Kreacher puso los ojos como platos y repasó frenéticamente la cocina con la mirada.

—Si el señor Potter disculpa a Kreacher, Kreacher tiene mucho que hacer para prepararse para los honorables invitados del amo.

Harry asintió y se dirigió a las escaleras. Mirando por encima del hombro, vio que Kreacher estaba parado en la barra, buscando alocadamente en las casi vacías alacenas, sin duda buscando por algo apropiado para los familiares de su amada Walburga Black. Harry había estado nervioso antes de que las renovaciones comenzaran, por la posible reacción de Kreacher. Por sugerencia de Hermione, le había dado al elfo varios recuerdos de la familia Black. Esos regalos estaban ahora colgados orgullosamente en la puerta de su área de dormir. Mientras el trabajo progresaba, y había sido necesario derribar paredes enteras, Kreacher había regresado a Hogwarts, por consejo del moreno. Los trabajadores habían estado agradecidos por su partida, dado que se habían cansado ya de sus gritos de miedo, con cada golpe del martillo. Con el trabajo casi completo, Kreacher había regresado, y parecía haber aceptado los cambios con tanta gracia como Harry podía haberlo esperado de un elfo temperamental.

Harry subió a la planta baja. La alfombra desgastada había sido removida, y Harry había estado encantado por el piso de roble debajo de ella. Ahora que la madera había sido lijada y pulida, le daba a la entrada una calidez que nunca antes había tenido. La luz natural del sol inundaba el que antes había sido un oscuro pasillo, gracias al tragaluz en el techo que habían descubierto cuatro pisos arriba. Ahora, la luz podía entrar por la escalera abierta, que bajaba desde el piso superior. La balaustrada de madera sólida había sido reemplazada con balaustres de hierro forjado y pilares de barandilla de abedul.

Harry subió las escaleras hacia la biblioteca. Hermione había estado fascinada por los antiguos libros que habían encontrado. El cuarto había estado bloqueado durante su primera estancia en Grimmauld Place, con la entrada oculta, hasta que los trabajadores se habían dado cuenta de que no había explicación para que hubiera tanto espacio en el primer piso. Una búsqueda en la cámara de los Black había revelado los planos originales de la casa, y Harry había aprendido que podía revelar el cuarto secreto si se paraba enfrente de la entrada y se declaraba heredero de la Casa de Black. La antigua magia en la casa lo había reconocido y había abierto la puerta.

Una vez abierta, se había vuelto claro por qué el cuarto había sido bloqueado: una pared sólida estaba llena de rollos de pergamino, libros de pociones y tomos en Artes Oscuras. Aquí y allá en la pared, había cajas selladas de aspecto sospechoso, que reverberaban con magia oscura. Después de mucha discusión con Ron y Hermione, Harry había decidido obtener otra cámara en Gringotts. Los libros de artes oscuras estaban acomodados ahí, y sólo ellos tres tenían acceso a la cámara.

Dos ventanas habían sido agregadas a la pared exterior, y Harry había movido las grandes sillas de cuero, que le gustaban, de la sala de estar a ese cuarto. Ron ya le había prometido que le compraría un ajedrez mágico, como un regalo por su nueva casa, y Harry ansiaba pasar sus noches perdiendo al jugar con Ron, mientras Hermione devoraba los cientos de libros, acurrucada en el sofá.

El otro cuarto en ese piso era una sala de juegos. La mesa de billar que había estado ahí estaba siendo restaurada. Otros elementos más excéntricos, como unas cosas extrañas cubiertas de cabello, que Harry quería creer que no eran cueros cabelludos, colgadas en la pared, habían desaparecido.

Harry repasó la casa con inquietud, checando las habitaciones que esperaba que Andrómeda utilizara para ella y Teddy, en el segundo piso. Las paredes habían sido derrumbadas, para hacer un gran dormitorio con baño propio. Cambiar la plomería había sido el mayor reto de la renovación. Solía haber solo un baño para la casa entera, y Harry aún se estremecía por las duchas de agua fría que había tenido que soportar mientras la Orden se había quedado en la casa. Cruzando el pasillo desde el cuarto de Andrómeda estaba el que, él pensaba, podría ser de Teddy, con vista al parque. Era brillante y soleado y tenía un gran nicho que podía ser transformado en un área de juegos.

En el siguiente piso, había tres dormitorios, incluyendo los que habían pertenecido a Sirius y a Regulus. Harry había meditado mucho si debía hacer algún cambio en esas habitaciones. No había querido cambiar nada del cuarto de Sirius, pero Hermione le había recordado que su padrino había sido miserable mientras vivía en Grimmauld Place, durante el último año que había vivido. La chica no creía que Sirius se fuera a molestar si Harry los arreglaba. Finalmente, Harry les dijo a Hermione y Ron que ellos podían hacer lo que quisieran con los cuartos, dado que los cuartos de huéspedes serían de ellos cuando quisieran quedarse a pasar la noche. Harry se preguntaba si Molly llegaría a notar la puerta que conectaba ambos cuartos, que Hermione había puesto.

Harry llegó hasta el espacio que antes había sido el ático. Había decidido hacer ahí su habitación. Las buhardillas y los nuevos tragaluces habían abierto el espacio y lo habían hecho brillante. Le encantaba la rara forma del cuarto, pues los tejaroces creaban un ambiente acogedor. Como la casa entera, el cuarto era mucho más grande de lo que necesitaba. Parecía difícil de creer que, hacía diez años, había estado durmiendo en una alacena.

Mucha más razón para esperar que Teddy y Andrómeda se muden, pensó, mientras pasaba por encima del desorden que habían dejado los obreros, al irse el viernes. Su cuarto y el jardín del techo eran las últimas dos áreas que necesitaban ser terminadas, aparte de los acabados. Harry había esperado a escoger colores de pintura, hasta saber si Andrómeda iba a ocupar el espacio. Quería que la mujer sintiera que la casa era de ella, y esperaba que le gustara tener voz y voto en cuanto a qué muebles y colores debían ir en la casa.

Harry escuchó el timbre de la puerta, haciendo eco por la casa vacía. Se detuvo en las escaleras y se apareció en la planta baja. Hermione lo había convencido, antes de que se fuera de la Madriguera, de que les pidiera entrar por la puerta principal, dando así más pruebas, para cualquier reportero que estuviera mirándolos, de que Harry y los Malfoy estaban en buenos términos. Kreacher ya estaba tomando el pomo de la puerta cuando Harry apareció. Arthur y Molly Weasley atravesaron el umbral. La mujer dio dos pasos y se detuvo en seco, abriendo la boca por la sorpresa.

—¿Harry, cómo fue que…?

—Vale, mamá, deja que los demás entremos —dijo Ron impacientemente. Molly se apartó del camino y Narcissa, Andrómeda, Ron, Hermione y, hasta el final, Draco cargando a Teddy, entraron por la puerta. Teddy rio con gusto cuando vio a Harry y se zafó de los brazos del rubio, corriendo hacia el moreno, que lo levantó con gusto.

Draco lo miró con duda, como si quisiera confirmar que no había problema con que estuviera ahí. Harry asintió brevemente, notando que aún traía puestas las prendas de George. A pesar de que eran de la misma estatura, George tenía los hombros más anchos que Draco pero, de algún modo, conseguía verse bien con ropa prestada. Harry se obligó a apartar la mirada y respiró profundamente.

—Correcto. Permítanme darles un tour por la casa, y luego tomaremos té en la cocina. Me temo que es el único cuarto con suficientes muebles.

—Sigo sorprendida por la entrada. ¿Qué pasó con ese horrible retrato gritón de Walburga? —preguntó Molly, buscándolo con la mirada—. Recuerdo que tenía un encantamiento de fijación permanente que…

—Mazo —dijo Harry rápidamente, mirando a Ron y Hermione con brevedad. Ron asintió con solidaridad. Esa noche era una que deseaba poder olvidar. Evitó mirar a Draco con cuidado, pues el rubio lo estaba mirando con curiosidad.

—¿Por qué nunca pensé en eso? —se preguntó Arthur, mientras Harry los llevaba a la sala de estar de la planta baja. A ese cuarto también le habían quitado las capas de papel tapiz y la mohosa alfombra. Las ventanas habían sido lavadas y ahora brillaban por la luz del sol.

Narcissa y Andrómeda estaban juntas, mirando alrededor del cuarto.

—Nunca habría adivinado que este era el número doce, si no hubiera entrado por la puerta principal yo misma —murmuró Andrómeda. Su hermana asintió.

—Es como si el espíritu de la casa entera hubiera sido limpiado —dijo Narcissa.

Harry bajó a Teddy, para que pudiera correr por el cuarto.

—Me deshice de muchos muebles y objetos que tenían alguna marca de magia oscura. Aunque muchas piezas de la familia Black están intactas —dijo para tranquilizarlas, cuando las hermanas se miraron entre sí—. Es sólo que no quería vivir en una casa que…

—Lo entendemos por completo —dijo Narcissa—. Como podrás recordar, quemé mi propia casa para escapar de su magia. —Harry se sonrojó profundamente y miró a Draco, que parecía estar estudiando el manto de la chimenea. Draco aún no había dicho algo y Harry se preguntaba qué estaba pensando. De repente, se le ocurrió que, si Sirius no le hubiera dejado la casa a él, y siendo Draco el último descendiente varón de la familia Black, él la habría heredado.

—Bueno, podemos ver el jardín de atrás desde el comedor en este piso —dijo Harry—. ¿Por qué no vamos arriba, para que puedan ver los cambios que se hicieron?

—¿Tú pusiste el tragaluz, Harry? —preguntó Arthur, alzando la mirada—. No recuerdo que estuviera ahí.

—Sí y no —dijo Harry, mirando hacia arriba—. Había un tragaluz ahí, pero había sido cubierto hacía años. Era un vitral y tenía el escudo de armas de los Black. Era un poco… tétrico. Hice que lo reemplazaran.

—¿No querías alzar la Mirada y ver la espantosa calavera y los buitres? —preguntó Andrómeda, estremeciéndose—. Me alegró tanto cuando me libré del escudo, al casarme con Ted.

—Sí, incluso el escudo de los Malfoy era más sutil que el de los Black —dijo Narcissa.

Harry se sintió aliviado de que las hermanas estuvieran aceptando los cambios tan bien. Había temido que pudieran resentir las alteraciones que había hecho a la ancestral casa familiar de los Black. Teddy estaba subiendo los escalones, por lo que corrió para alcanzarlo.

Entró al cuarto con Teddy y el pequeño comenzó a correr en círculos de inmediato. Draco se quedó en la entrada, mirándolo.

—¿Cómo es que tiene tanta energía después de haber dormido tan poco? —se preguntó el rubio. Había manchas oscuras bajo los ojos del rubio, y Harry sospechaba que, si se miraba en el espejo, vería marcas similares bajo los suyos.

—El sueño de los inocentes —dijo Harry, encogiéndose de hombros.

Draco rio y asintió.

—¿Este va a ser tu cuarto?

Harry negó con la cabeza y miró hacia la puerta, mientras los otros adultos entraban.

—De hecho, esperaba que Andrómeda lo quisiera para ella, si acepta mudarse.

Andrómeda miró todo el espacio con sorpresa.

—¡No puedes decirlo en serio! Seguramente, este es el cuarto más grande de la casa.

Harry se sonrojó.

—Bueno, el mío está en el piso de hasta arriba. Es más como un apartamento. Me gusta estar en el piso de arriba. Debe ser por todos esos años en la torre de Gryffindor. El cuarto de Teddy está cruzando el pasillo.

—¡MI CUARTO! —Harry gruñó cuando entendió que Teddy había llegado con él. Andrómeda le sonrió a su nieto y se puso de rodillas junto a él.

—Harry nos ha invitado a ver a vivir con él. ¿Qué dices? ¿Deberíamos mirar el cuarto y ver si te gustaría vivir aquí?

—¿Con Harry? —preguntó Teddy, alzando la mirada—. ¿Y Draco y tía Cissy?

Harry tosió cuando sintió que sus mejillas se sonrojaban.

—No, solo la abuela y yo. ¿Recuerdas que Draco se mudó al Centro para trabajar? Y la tía Cissy también se mudará allá. Esperaba que te gustara venir a vivir aquí conmigo.

Teddy miró por encima de su hombro a Draco con preocupación. El rubio caminó hacia él y le ofreció la mano.

—¿Por qué no vamos revisar y vemos cuál cuarto puede ser tuyo? Y luego, cuando venga de visita, podrás mostrarme dónde pones todos tus juguetes. —Teddy pareció aliviado por la sugerencia y salió corriendo felizmente del cuarto. Harry miró a ambos salir y no pudo evitar admirar lo bien que Draco manejaba a Teddy.

—¿Para dónde, 'arry? —preguntó emocionado.

Sonriendo, el moreno les mostró el cuarto de Teddy. El niño corrió de inmediato a la ventana y chilló de emoción.

—¡Puedo ver el parque! ¿Podemos ir al parque?

—¿Te gusta este cuarto? Esperaba que pudieras decirme de qué color te gustaría que lo pintaran —dijo Harry, poniéndose de cuclillas junto a Teddy.

El cabello de Teddy se puso verde con las puntas rojas de inmediato.

—Dragones.

Harry rio y miró el cabello del niño.

—¿Verde? ¿Quieres que lo pinten del color del galés común?

—No. ¡Dragones! ¡Muchos dragones! —exclamó Teddy, saltando excitado.

Harry se sentó sobre sus talones.

—¿Quieres dragones pintados en tus paredes?

Teddy asintió con emoción.

—¡Ajá!

—Oh —dijo Harry, sobándose la nuca—. No estoy seguro de que…

—Quizá Harry y yo podamos hablar acerca de cómo podemos poner muchos dragones en tu cuarto. —Harry escuchó que Draco hablaba detrás de él—. ¿Viste ese lugar por allá? ¿Qué crees que podamos poner aquí?

—¡Una cueva de dragón! ¡Como esas de las que Harry habla! —dijo Teddy, mientras se asomaba al nicho.

Todos los adultos en el cuarto rieron.

—Supongo que eso me gano por contarle tantas historias de dragones —admitió Harry, negando con la cabeza.

—Tengo que decir que será un beneficio vivir aquí, Harry —dijo Andrómeda sonriendo—. Teddy me dice constantemente que mis historias no son tan buenas como las tuyas.

—Los cuartos de Sirius y Regulus estaban arriba, ¿no es así? —preguntó Narcissa.

—Sí, ahora son los cuartos de huéspedes —dijo Harry, llevándolos al siguiente piso—. En realidad es demasiada casa para sólo tres personas, pero no quería venderla o dejar que se arruinara.

—Creo que lo que has hecho con el lugar es maravilloso —dijo Molly con admiración—. Cuando dijiste que habían estado reparándola, no me había imaginado que habían comenzado desde cero.

—Bueno, si iba a vivir aquí, quería que se viera bien, en especial si Teddy y Andrómeda iban a quedarse aquí.

—¿Qué habrías hecho si hubiera rechazado tu oferta? ¿Vivir aquí solo? —preguntó Andrómeda.

—En verdad esperaba que le gustara. De otro modo, habríamos estado aquí paseándonos solamente Kreacher y yo —dijo Harry—. Quizá la habría ofrecido como una casa para los Weasley, cuando quisieran pasar una noche en la ciudad. Oferta que aún sigue en pie —continuó, mirando a Arthur y Molly.

—No puedo esperar para aceptar tu oferta, Harry —dijo Molly.

—Aquí están los tres cuartos de huéspedes y luego viene otro piso, donde está mi cuarto. Al final, está el jardín del techo.

—Un jardín en el techo. Qué maravilloso. Voy a extrañar mis jardines. ¿Me dejarías tener una pequeña esquina de él?

—Puede tener todo el jardín para plantar si así lo desea. Disfruto al tener un jardín pero no disfruto trabajar en él. Pasé muchas horas quitando la mala hierba del macizo de flores de mi tía —dijo el moreno, mientras los dirigía por las escaleras hasta el último piso—. Hay dos entradas al techo. Por las escaleras y por mi cuarto. Ambas están en construcción, así que ignoren los escombros.

Los grandes tragaluces brillaban por el sol de la tarde.

—Esto es enorme —dijo Draco, repasando el lugar con la mirada, incluso mientras agarraba a Teddy de la mano, para evitar que el niño fuera directamente hacia las herramientas de los obreros, que estaban regadas por todos lados. Harry se sonrojó y asintió.

—Es más grande de lo que necesito, pero… —dijo, encogiéndose de hombros—. Podré tener mis pesas acá arriba también; necesito mantenerme en forma en la pretemporada.

Parecía como si Draco fuera a decir algo; luego, negó con la cabeza y apartó la vista.

Hermione dijo emocionada:

—Probablemente Harry esté muy avergonzado como para mostrarles, pero mi parte favorita de todas la casa es su baño. —Todos voltearon a verla—. Tienes que admitir que es algo especial, Harry.

Harry se sonrojó.

—Seguro, muéstrales. Puede que me haya excedido un poco —añadió, como disculpándose. Hermione los dirigió al baño contiguo. Draco se detuvo y miró al moreno.

—¿Qué hiciste? ¿Recreaste el baño de prefectos de Hogwarts?

Harry rio sin poder evitarlo.

—Algo así, me temo. Le puse una bañera que compite con la de la escuela. Quizá no debí haberla elegido después de que una bludger me golpeara en octubre. Lo único en lo que podía pensar mientras me duchaba en la casa de Devon era cuánto quería una bañera honda. Ve a ver, si quieres.

Draco negó con la cabeza y Harry casi pensó ver que el rubio se estremecía. En vez de eso, miró la escalera de hierro forjado en espiral, instalada en el extremo más alejado del cuarto.

—¿Por ahí llegas al techo?

Antes de que pudiera mostrarle, el resto salió del baño.

—Vaya bañera, Harry —admiró Arthur—. Hermione dijo que es un wahoozi muggle que modificaste para que funcionara con magia, ¿no es así?

Harry asintió.

—Sí, es una bañera jacuzzi. Creo que es la indulgencia más grande de todo el lugar. Vayamos al jardín del techo, es mi lugar favorito, aparte de la biblioteca. —Los dirigió a la escalera de caracol y apreció las expresiones de sus rostros mientras salían al techo (1). Una vez negado de un jardín en el techo, ahora tenía cajas de jardinería, áreas para sentarse y, lo más importante, una verja de seguridad, protegida con vidrio, que volvía seguro el lugar para Teddy, y los protegía del frío aire de noviembre. En invierno, podría poner un techo encima, para poder usar el jardín incluso a la mitad de la estación.

Dado que el número doce era ligeramente más alto que las otras casas en la cuadra, la vista les permitía ver a la distancia, y Harry amaba la sensación de estar en las alturas.

—Simplemente sorprendente —dijo Molly con admiración—. Tengo que admitir que estoy muy impresionada, Harry. Y pensar que apenas tienes diecinueve años…

—Bueno, la casa me la heredaron —dijo Harry avergonzado—. Yo no hice nada… —Se detuvo cuando el resto del grupo comenzó a reír—. Saben a lo que me refiero —continuó, sonrojándose—. Bajemos para que puedan ver la cocina y podamos tomar el té.

Harry miró de nuevo la expresión de todos cuando entraron a la cocina, y supo que el trabajo que habían causado las ventanas había valido la pena. Miró a Hermione de reojo; la chica estaba sonriendo.

—¿Cómo es posible? ¿De dónde vienen esas ventanas? ¿Y cómo es que pueden estar aquí si estamos en el sótano? —preguntó Molly, entrando a la cocina donde había preparado tantas comidas para la Orden—. Ciertamente, no estaban aquí antes.

—Hice que pusieran ventanas, y luego Hermione y yo encontramos la forma de encantarlas para que pareciera que no estamos bajo tierra. Todo lo demás en la cocina es lo mismo; es sólo que la luz que entra hace la diferencia. —Harry miró de reojo hacia el otro extremo del cuarto y vio que Kreacher estaba prácticamente temblando de emoción—. Siéntense, por favor. Kreacher, ¿el té…? —Antes de que Harry pudiera terminar la pregunta, Kreacher ya había chasqueado los dedos y toda la comida que estaba acomodada sobre las encimeras voló y se acomodó perfectamente en la mesa. La tetera y las tazas aterrizaron enfrente de Harry.

—Señoritas Black, Kreacher se siente honrado de estar en presencia de la noble familia de los Black una vez más —dijo el elfo, haciendo una profunda reverencia.

—Gracias —dijo Narcissa, inclinando la cabeza ligeramente. Andrómeda se veía divertida, pero no dijo nada.

Harry miró la tetera ante él, pero no estaba seguro de qué cosa debía hacer. Estiró la mano para tomarla nerviosamente, por lo que sintió alivio cuando Molly alzó la voz.

—Harry, ¿puedo ser la mamá?

—Sí, por favor —dijo, alivio. No se atrevió a mirar hacia donde estaba Malfoy, mientras levitaba la tetera hacia Molly y ella invocaba las tazas. Sabía que, probablemente, el gilipollas estaba mirándolo con una sonrisa burlona en los labios.

Narcissa se volteó hacia Harry.

—¿Cuándo llegan los muebles?

—Oh, em… Bueno, no he comprado nada aún —dijo. Miró a Andrómeda—. Esperaba que usted quisiera aportar alguna idea acerca de los muebles.

—No, Harry —dijo Andrómeda sonriendo—. Traeré los muebles de mi cuarto, y quizá algunas cosas para aquí y allá. Ésta es tu casa, aunque Teddy y yo vayamos a compartirla contigo. Deberías tener el placer de escoger tus propias cosas.

Harry gruñó y negó con la cabeza.

—Fui a una tienda y salí de ella al instante. Esto es lo que me gusta —dijo, refiriéndose a la casa—. Resolver cómo hacer que la casa sea habitable. Pero escoger muebles es demasiado. Y no me hagan empezar con los colores de las pinturas y de las cortinas…

—¿No quieres encargarte de la decoración y de todas las compras? —dijo Ron riendo—. Tú y Charlie están destrozando esos estereotipos gay, ¿no es así?

—Supongo —dijo Harry, encogiéndose de hombros mientras todos reían.

—¿Y qué hay de mí, Weasley? —preguntó Draco—. ¿Dónde caigo en tu estereotipo gay?

—Eres un "artista" —dijo Ron, haciendo comillas en el aire—. Harías un mejor trabajo escogiendo muebles de lo que Harry podría… —Hermione le enterró el codo en las costillas, y Ron entendió lo que acababa de decir—. O, em, estoy seguro de que harás un buen trabajo, Harry. Las cajas de leche están muy a la moda este año.

Harry y Draco se miraron y un rubor cubrió las mejillas del rubio. Harry decidió ignorar la verdad obvia de lo que Ron había dicho y se giró hacia Andrómeda.

—¿Está segura de que no le gustaría…?

—Totalmente —contestó la mujer con firmeza—. Será suficiente para mí empacar todas nuestras pertenencias, para que cierren la casa.

Harry asintió, mordiéndose el labio.

—Podrías pedírselo a Fleur —dijo Molly—. Ha hecho maravillas con Shell Cottage.

—Pensé en preguntarle si podía ayudarme, pero no sabía si estaría dispuesta, con el bebé en camino.

—¡Qué cortés! Sólo tienes cuatro meses. Le gustará la distracción —dijo Molly. Luego, le explicó a Narcissa y Andrómeda—. Mi nuera, Fleur, no ha podido trabajar desde que se embarazó. Es la perfumista en jefe de Esencias Para Ti, pero el embarazo ha alterado su sentido del olfato, así que no puede crear los perfumes con confianza.

—La llamaré por Red Flú esta noche y le preguntaré. El piso de arriba debería estar terminado para el fin de semana, a excepción de la pintura, pero obviamente los muebles deben ser ordenados y entregados antes de que podamos mudarnos.

—Bueno, Harry. Tengo que decir que estoy muy impresionado —dijo Arthur, alzando la mano por el aire—. Todo el lugar es impresionante. —Harry sintió que su rostro ardía por la vergüenza. No le parecía correcto tener tanto espacio y comodidad, cuando los Weasley habían criado siete hijos y habían sido perfectamente felices con mucho menos—. Tendrás que dejarnos usar esa bañera wahoozi alguna vez, para ver si es algo que Molly yo deberíamos comprar, ahora que todos los hijos se fueron —continuó el hombre, guiñándole el ojo a su mujer, haciendo que ésta casi derramara la taza que estaba sirviendo.

—¡Arthur! ¡Los niños! —exclamó Molly sonrojándose, mientras Ron se ponía pálido.

Harry se sintió aliviado al ver que todos estaban sirviéndose de los bocadillos que Kreacher había conseguido hacer en un tiempo sorprendentemente corto. Le hizo un gesto al elfo, para que se acercara, y le susurró:

—¿De dónde vino toda esta comida?

—Kreacher debe decirle al amo que espere una larga cuenta de la pastelería Francoise's —contestó el elfo, sin mirar a Harry a los ojos—. Ya que el amo le dio a Kreacher sólo una hora para prepararse, con las alacenas vacías.

—¿En serio vamos a vivir aquí, abuela? —preguntó Teddy, con los ojos como platos, mientras alcanzaba con ansias otra tarta de natilla.

—Esa es tu última tarta, jovencito —dijo Andrómeda sonriendo—. ¿Te gustaría vivir aquí con Harry y conmigo?

—¡SÍ! —exclamó Teddy con emoción—. ¿Podemos ir al parque después del té?

—Por supuesto que podemos —contestó Harry, un poco intranquilo. Esperaba que los reporteros respetaran el hecho de que estaba llevando a su ahijado al parque y se mantuvieran alejados. No quería que estuvieran gritándole preguntas incómodas acerca de él y Draco, y que Teddy las oyera.

—Harry, ¿por qué no Ron y yo llevamos a Teddy al parque? Para que puedas hablar con Andrómeda acerca de todos los detalles.

—De hecho, yo ya debería regresar al Centro, nuestros primeros residentes van a llegar en tres días y yo no había planeado estar lejos el día de hoy —dijo Draco, parándose de la mesa—. ¿Puedo hablar contigo un minuto, Harry?

Harry se sorprendió pero asintió. Subieron las escaleras hacia la planta baja y Harry se giró para mirarlo.

—¿Sucede algo malo?

—No, nada. Sólo quería agradecerte por todo lo que hiciste anoche, y disculparme por lo de esta mañana. No tenía derecho a gritarte de ese modo. —Harry se le quedó mirando. El que Draco se disculpara con él era simplemente otro ejemplo de cuán diferente era este Malfoy de aquel que recordaba.

—No me debes una disculpa. Estuvo fuera de lugar. Fue estúpido de mi parte sugerir que hiciéramos la entrevista. Sin embargo, por el bien de Teddy, necesito hacer algo. No quiero tener miedo de llevarlo cruzando la calle, por temor a lo que los reporteros puedan decir.

—Quería preguntarte algo… Sólo di que no si no quieres, lo entenderé. —Draco dudó—. ¿Me dejarías pintar un mural en su cuarto? ¿De dragones?

Harry lo miró fijamente y luego apartó la mirada. La idea de que Draco estuviera en su casa, trabajando por días, lo llenaba de una emoción que no quería tratar de entender.

—No estoy seguro de que…

—Está bien. Lo entiendo. —Draco lo interrumpió rápidamente, como si hubiera estado esperando ser rechazado. Antes de que Harry pudiera decir algo más, ambos escucharon un grito y se voltearon para ver a Teddy subiendo las escaleras, seguido de cerca por Hermione y Ron.

—Lo siento, traté de mantenerlo en la cocina, pero está realmente ansioso por ir a jugar al parque —dijo Hermione, disculpándose.

—¡Draco, ven a jugar al parque! —gritó Teddy, saltando y aplaudiendo. Draco rio, pero Harry notó que su sonrisa no alcanzaba sus ojos como usualmente lo hacía cuando estaba hablando con Teddy.

—Me temo que hoy no puedo, tengo que regresar al Centro y terminar unas cosas. —Draco se inclinó y le dio al pequeño un gran abrazo. El cabello de Teddy se puso, al instante, del mismo tono que el del rubio—. Diviértete en el parque con Hermione y Ron.

El labio de Teddy tembló y Harry temió, por un momento, que fueran a ser testigos de uno de los berrinches del niño, pero Hermione estiró su mano y, después de pensárselo un rato, el niño la tomó y comenzó a correr hacia la puerta principal. Los dos hombres miraron al trío salir por la puerta y luego se giraron para mirarse el uno al otro.

—Debería irme —dijo Draco con un gesto—. Gracias por dejarme ver la casa. —Se giró y caminó hacia la puerta. Harry miró los hombros de Draco, que mostraban su orgullo, y maldijo por lo bajo.

—Puedes hacerlo —dijo en el último minuto, mientras Draco estaba abriendo la puerta. El rubio se volteó y lo miró por encima del hombro, con una expresión inquisitiva—. El cuarto de Teddy. Puedes hacer lo que sea que quieras con él.

Draco dudó y alzó una ceja.

—¿Estás seguro? —Harry caminó hacia él y miró afuera, donde Teddy estaba cruzando la calle con Hermione y Ron. Ambos miraron al pequeño, que era una de las víctimas más jóvenes de la guerra.

—Estoy seguro. —Harry estiró la mano y Draco la estrechó—. A Teddy le encantará.

Draco sonrió, ahora de forma genuina, haciendo que sus grises ojos se iluminaran.

—Si me mandas las dimensiones del cuarto, podré sacar un diseño. Pero no tendré tiempo para hacerlo, hasta que el Centro esté en funcionamiento.

—Hazme saber lo que sea que necesites, y yo lo conseguiré para ti —dijo Harry. Draco asintió y el moreno lo vio bajar los escalones con rapidez, para luego dar la vuelta en la esquina.

OoOoOoO

A la mañana siguiente, despertó en su cuarto de la Madriguera y bajó las escaleras. Había decidido quedarse en la Madriguera hasta que Teddy y Andrómeda se mudaran, sólo en caso de que necesitaran protección. Cuando llamó a Fleur por la Red Flú la noche anterior, la mujer había estar emocionada por la idea de ir a comprar muebles, y había insistido en que comenzaran el día siguiente. Cuando el moreno entró a la cocina, vio que Molly estaba sentada en la mesa, leyendo El Profeta. Cuando vio a Harry, se puso de pie a prisa, tomando el periódico con ella y poniéndolo bajo la caja de pan.

—¡Buenos días, Harry! —dijo con una sonrisa brillante—. ¿Qué te gustaría para desayunar?

—Pásame el periódico, Molly —dijo Harry con un suspiro (2). Obviamente había algo en El Profeta que la mujer no quería que viera.

—No es nada —dijo, negando con la cabeza.

Harry se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, mientras alcanzaba el periódico.

—Si no fuera nada, no lo habrías escondido. —Lo abrió y miró la fotografía de él y Draco, parados en los escalones de Grimmauld Place. Vio cuando el Harry de la foto estrechaba la mano del Draco de la foto, y la sonrisa del rubio, así como la forma en la que lo había visto alejarse.

"¿Solo amigos o más?", gritaba el encabezado. Se dejó caer en la silla y leyó la nota.

"Una fuente cercana a los magos dijo que el señor Potter fue visto en el Centro Diggory a mitad de la noche…" "Ha sido confirmado que el señor Malfoy salió con el señor Potter." "El señor Malfoy fue visto saliendo de la residencia del señor Potter en Londres, al día siguiente. ¿Pasó la noche ahí? El Profeta no descansará hasta que estar preguntas sean respondidas." "Un simple saludo de manos fue intercambiado entre los antiguos amantes, pero se cree que…"

—Tienes que admitir su tenacidad. Nunca se pierden una oportunidad para explotar… —Harry fue interrumpido por el rugido de las flamas en la chimenea, y se volteó para ver la cabeza de Ron en el fuego.

—¡Mamá! Esconde El Profeta para que Harry no… Oh, hola, Harry. Te levantaste temprano…

Harry rio y alzó el periódico.

—Otro trabajo estelar de El Profeta con Potter en primera plana…

Ron gruñó y asintió.

—Correcto. Lo siento, compañero. —Desapareció de la chimenea y las flamas se apagaron.

—Yo también lo siento, Harry. Siento que tengas que vivir tu vida en primera plana —dijo Molly con tristeza.

—Igual yo —contestó Harry—. ¿Puedo usar la lechuza para mandarle una carta a Draco? Para ver si sabe quién fue el que habló del Centro. Nadie ahí debería estar pasando información a El Profeta.

—Por supuesto Harry. Sabes dónde guardamos el pergamino. —Harry asintió y fue al otro cuarto para escribir la carta. Después de varios borradores, se sintió satisfecho con los resultados. Salió al jardín y llamó a la lechuza de su percha, para luego mandarla con el papel. Le dio la vuelta al periódico y vio la fotografía de nuevo. Esperaba que el resto del mundo mágico no estuviera viendo lo que él veía en la imagen.

Cuando entró de nuevo, Fleur estaba esperándolo. Llevaba un vestido muggle color azul turquesa, con una chaqueta a juego. Fleur nunca había tenido problemas para "verse muggle", como muchas otras brujas y magos de Gran Bretaña lo tenían. La mujer miró a Harry compasivamente, y él supo que había visto el periódico.

—No te pgeocupes pog lo que dicen, Hagy —dijo, mientras pasaba un brazo por el del chico y salían de la Madriguera—. Pongámonos a tgabajag en haceg de tu casa un hogag, ¿vale? Lo guepasaguemos y haguemos una lista esta mañana, y luego iguemos a compgag después del almuegzo.

—¿Dónde crees que deberíamos comenzar?

—Chaplins, pog supuesto. Son los mejogues y tienen un piso entego paga magos.

Harry vaciló.

—Pensé que sólo íbamos a ir a Harvey's o al Rey del Sofá.

Jamais —dijo Fleur, negando con la cabeza—. ¿"El Guey del Sofá con sus bajos pguecios"? Non. Uno compga piezas solidas ahoga, paga que le duguen toda la vida. Como bonus, el Pimienta Nega está justo bajando la calle, uno de mis bistros favoguitos. Es un lugag muy lindo en el Callejón Diagon.

Harry le mostró a Fleur el número doce y escribió obedientemente todos los números que ella le decía, mientras lanzaba encantamientos de medida en cada cuarto. Se aparecieron en Uxbridge y bajaron hasta llegar al Pimienta Negra. Durante el almuerzo, que consistió en un beef bourguignon y la hamburguesa de la casa, Fleur lo interrogó implacablemente (3).

—Bueno, ¿en qué estilo estás pensando? ¿Contempogaguio? ¿Sí? Pego que siga siendo tgadicional, paga que vaya de acuegdo con la edad de la casa, ¿no? O quizá quiegas que sea muy elegante y masculino…

Harry negó con la cabeza.

—Sólo quiero que sea cómodo y nada exigente —añadió— Pero no demasiado masculino, por Andrómeda. —Fleur asintió, como si entendiera. El moreno no sabía cómo era posible eso, ya que ni siquiera él sabía qué quería.

Espego que no estés enamogado del gojo y dogado como Bill. Se la pasa tgatando de convencegme de que pinte todas las paguedes de gojo.

—Em, no. Viví en un dormitorio rojo por seis años. No me molestaría un poco de rojo, pero no quiero que sea un mar. Y nada de púrpura —añadió, después de pensarlo, haciendo un gesto hacia las paredes del restaurante—. Definitivamente, nada de púrpura.

Fleur rio encantada.

—¿Qué te paguece si buscamos cologues cguema y café, con algunos vivos gojos? ¿Sí? Y cosas que sean amigables con los niños, nada de vidguio o cosas delicadas. Y nada de púgpuga… o cigüela —añadió, con los ojos brillando—. Ah, ¿y sólo algunos toques femeninos, como telas flogales aquí y allá, para Madame Tonks?

—Eso suena bien —dijo Harry aliviado.

Fleur palmeó su brazo para calmarlo.

—No te pgueocupes. Esto segá indologo —dijo, sonriendo con un toque de burla—. Ciegtamente, no más dologoso que bailag con ciegto mago gubio y guapo la otga noche.

—No estoy seguro de que esa sea una buena comparación —dijo Harry—. Pero, ahora que mencionas a dicho rubio, Teddy pidió que su cuarto tuviera dragones, y Draco se ofreció a pintar un mural o algo así en las paredes. Así que no estoy seguro de si los muebles deben ir de acuerdo.

Fleur frunció los labios, pensando.

—Ese es un magavilloso guegalo. Podemos sacag algunas ideas paga los muebles del cuagto de Teddy, y luego puedes checaglas con Dgaco y asegugarte de que coincidan. Toma mucho tiempo pintag un mugal. Estagá muchos días en la casa, ¿vegdad?

Harry se encogió de hombros.

—Supongo. —Prefería no pensar en ello, no estaba seguro de si le gustaba la idea o la detestaba. Fleur sonrió.

—Vamos, Hagy. Tenemos una laga tagde de compgas delante de nosotgos. —Harry gruñó y asintió. Salieron de la tienda y caminaron por la calle. Era algo refrescante poder caminar por la calle sin que nadie lo reconociera. También era interesante ver todas las tiendas muggles; no había pasado mucho tiempo fuera del mundo mágico en el último par de años.

Fleur lo guió a la tienda con confianza y Harry la siguió, no tan ansiosamente. Mirando a su alrededor, entendió que no estaba en una tienda de muebles Harvey's.

—Em, debería haber checado en Gringotts la tasa de cambio entre galeones y libras.

Tonteguías. Jacques mandagá la factuga en galeones —dijo Fleur, mientras paseaba a Harry por la tienda. El chico suspiró y asintió. Ya sabía a dónde iba a ser gastado el bono que Hank había recibido de los Cannons.

Tres horas después emergieron de la tienda, y Harry resistió la tentación de recargarse contra las puertas con alivio.

—Lo hiciste muy bien, Hagy. Bill detesta ig de compgas. Solo duga una hoga.

Harry rio e hizo un gesto.

—Espero que tengas razón con que los muebles me durarán toda la vida, no quiero hacer esto de nuevo.

—Quizá encontgagás un maguido al que le guste ig de compgas. Creo que sí existen esos hombgues, pego son muy difíciles de encontgag.

Harry asintió.

—Si no te molesta, pasamos por otra tienda en la que vi algo que quise comprar.

—¿En seguio? —Fleur se acomodó el cabello plateado con gusto—. ¿Cuál tienda?

—Ésta —dijo Harry con una sonrisa, mientras se detenía y señalaba con el dedo.

—¿Oxfam? ¿Qué es esto? —preguntó Fleur, mirando por la ventana de cristal laminado.

—Es una tienda de segunda mano. No te preocupes, esto no tomará mucho. Lo que quiero está justo en la ventana. —Harry dejó que Fleur pasara primero y luego él la siguió. Diez minutos después, estaban de vuelta en la banqueta, y Harry cargaba un gran y voluminoso paquete.

—¿Cómo podrás apaguecegte con eso? —preguntó Fleur con curiosidad.

—Lo encogeré en cuanto lleguemos al punto de aparición —dijo Harry sonriendo. Lo que llevaba en las manos lo hacía más feliz que todos los muebles que acababa de ordenar.

Egues un hombgue encantadog, Hagy —dijo Fleur con afecto—. Egas valiente y adogable cuando tenías catogce, y ahora egues magnífico. Bon. Hemos tegminado.

—Déjame llevarte a ti y a Bill a cenar, como agradecimiento por toda tu ayuda hoy. En verdad, no habría podido hacerlo sin ti.

Merci, non. Voy a ig a casa y, como ustedes los ingleses dicen, alzag mis pies (4). Sin embago, puedes invitagnos a cenag cuando ya todos se hayan mudado.

OoOoOoO


(1) No sé cómo les llamen a ese tipo de escaleras, pero yo les digo "escaleras de caracol"; tengo dos en casa, así que las conozco muy bien…

(2) Como mi memoria es terrible, no recuerdo si he escrito a Harry "tuteando" a Molly. Pero no creo que sea tan importante; al menos, yo "tuteo" a todos mis parientes, incluyendo padres.

(3) El beef bourguignon es un plato tradicional francés: es un estofado de buey cocinado con vino tinto.

(4) No sé si podamos decir en español que los ingleses dicen "alzar los pies".


Notas finales:

Creo que hoy me pasé de "no sé"… Disculpen ustedes. Y espero no haya sido muy molesto leer a mi Fleur con su acento francés; puedo decirles que los franceses no hablan así en español, pero lo pongo para darle "efecto".

Hasta la próxima…

Adigium21