CAPÍTULO 37: PARAÍSO
Tras todo el festejo de la boda, ambos estaban ya algo cansados.
Había sido sin duda uno de los días más felices de sus vidas.
Todos los discursos de sus amigos y familiares les habían recordado grandes momentos, y sobre todo, el inmenso amor que les profesaban.
Y ahora sería el turno de demostrarse a su pareja también.
El propio hotel les había regalado una noche en la Suite más lujosa del complejo.
Ambos habían llegado ya a la estancia donde pasarían su primera noche como casados.
Light no podía apartar la mirada de su, ya, esposa. Estaba demasiado hermosa como para centrarse en algo más.
Ella por su parte, sentía una inmensa felicidad, sabiendo que podría pasar el resto de su vida y formar una familia con la persona que más amaba.
Light tenía entre sus brazos a la pelirroja, y no iba a desaprovechar el momento.
Su cuello había sido el primer objetivo de sus besos, mientras sonreía con dulzura.
-Esta será nuestra primera noche como marido y mujer- susurró Leyre con otra sonrisa.
-Tu primera noche como la señora Yagami- corroboró el castaño haciendo reír ligeramente a Leyre- Cuántas veces habré soñado este momento- suspiró ahora el chico.
La policía había comenzado a desabrochar los botones de la camisa de Light, dejando caer al suelo tanto ésta, como la chaqueta, el chaleco y la corbata.
La tenue luz de la noche que se colaba por los ventanales, dejaba entrever la perfecta figura del castaño. Su bien definido torso y la delicadeza de sus facciones.
Como si hubiese sido esculpido por el más hábil de los artistas, sólo para el deleite de una persona, que ahora acariciaba su piel, delineando el contorno.
Suspiraba con fuerza con cada caricia de los labios de Light, y pasaba su mano por sus cabellos, sintiendo la suavidad entre sus dedos.
El siguiente paso de Light fue hacer que la chica se diese la vuelta, y quitarle uno a uno, con lentitud, los botones de su vestido de novia.
Sus manos se metieron entre la tela y la cálida piel de Leyre, y recorrían desde los hombros hasta su cintura, dejando caer la prenda.
El cuerpo de la joven quedó visible al igual que el de Light, quien no podía dejar de admirarla a ella también.
Su blanca piel parecía porcelana, totalmente suave al tacto.
El castaño la rodeó con sus brazos, besando el cuello y el hombro de la chica.
Ella jadeó al sentir sus frías manos sobre su cálida piel, y esto hizo que Light suspirase de igual forma con sólo pensar lo que estaba sucediendo.
Las manos de Light bajaban peligrosamente por el vientre de Leyre, mientras ésta cerraba los ojos y dejaba que el policía tomase las riendas.
El chico decidió deshacerse también de sus pantalones, pero se debatía entre acariciar su suave y cálida piel o terminar de retirar la prenda.
La pelirroja le ayudó a decidir, dándose la vuelta y quitándoselos por completo por su cuenta, mientras mordía el labio inferior de Light, que con sólo sentir sus manos en esa zona se quedó unos segundos sin aire.
Los besos continuaron de camino a la cama de la suite.
Como no podía ser de otra forma, el chico acostó a la policía, quedando él sobre ella.
Los besos del castaño comenzaron a bajar, desde los labios de la chica a su mandíbula, llegando al cuello, descendiendo por su clavícula hasta llegar a la zona deseada, sus pechos.
Light no tardó en deshacerse de la ropa interior de la chica, teniendo libre acceso a cualquier parte que quisiese.
Leyre disfrutaba con cada caricia y beso, acariciando la espalda de él, rodeándole con una de sus piernas.
Lo único que ella sentía ahora era un inmenso calor, que arañaba su vientre, sobre todo cuando Light llevó sus labios justo a esa zona.
Algunos fuertes suspiros se escaparon de la boca de la chica, incitando aún más a Light a seguir.
Leyre también quitó lo que le quedaba de ropa al chico, quien subió de nuevo para besar en los labios a su esposa.
Así empezaron los movimientos que les sacaban suspiros y gemidos, al compás de la agitada respiración de ambos.
Light sujetaba su cintura y la alzaba, profundizando todo lo que podía, dejándola sin respiración a cada momento.
Los besos de antes se había tornado pequeños mordiscos que enrojecían la piel de Leyre, quien había pasado de acariciar la piel de su marido, a prácticamente arañarla.
Ella ya pensaba que la cosa no podía ir a más, que estaba disfrutando al máximo del placer que el castaño le regalaba. Pero estaba bastante equivocada.
Light se impulsó hacia delante, dejando los labios de la chica a la altura de su cuello, sacando de ella un fuerte gemido, mientras clavaba en la piel del policía sus dedos rezando por resistir su ritmo.
Light mordía y besaba su cuello por igual, apretando más la cintura de la chica, jadeando en el oído de ésta.
Y con un ágil movimiento hizo que ella se diese la vuelta, siguiendo bajo su cuerpo.
Una vez que la tenía en la posición que él quería, continuó con los besos en su cuello, acariciando la cintura y los muslos de la chica, separando sus piernas y siguiendo con las embestidas que hacían que ambos perdiesen la razón.
Light respiraba entrecortadamente, sin poder evitar agarrarse con fuerza a las sábanas con una mano, apretando a éstas, ya que si lo hacía en el cuerpo de Leyre terminaría sin poder evitar hacerla daño.
Con la otra sujetaba la cintura de Leyre, llevando él el ritmo.
Por otra parte, todo el cuerpo de la pelirroja temblaba de placer, como si en cualquier momento fuesen a fallarle las fuerzas.
Pegó su frente a la almohada mientras intentaba controlar su respiración sin que un infarto azotara su corazón.
Light no estaba mucho mejor, su pulso estaba por las nubes, y eso lo reflejaban las cada vez más aceleradas embestidas.
Ella oía sus jadeos a su espalda, y sentía sus manos disfrutar de cada rincón de su piel, lo que acentuaba aún más el calor que nacía desde su vientre y se repartía por el resto de su cuerpo.
Sentía los músculos del torso de Light en su piel, cómo se tensaban y se relajaban al compás de sus gemidos, mientras ella susurraba su nombre, excitando más al chico.
Leyre llegó al final poco antes que él.
Agarraba las sábanas con fuerza cuando Light desaceleraba los movimientos pero profundizaba más entre jadeos.
Terminaron quietos en la misma postura, recuperando el aliento.
Tras unos minutos de besos y abrazos, ambos se durmieron, agotados por el festejo de la boda y lo acontecido hacía unos momentos.
El día siguiente lo dedicaron por entero a hacer las maletas para el viaje de novios a la Polinesia Francesa.
La pareja pasaría diez idílicos días visitando Bora Bora, Moorea y Tahití, y todo tenía que ser perfecto.
Finalmente a las diez de la noche terminaron los preparativos.
-¿Estás nerviosa?- preguntó Light sonriendo al ver la inquietud claramente notable de su esposa.
-Un poco. Tengo la sensación de que me dejo algo- respondió la chica preocupada.
-Pero si llevas todo el día metiendo cosas en la maleta. Es imposible que te dejes nada- contestó el castaño con una sonrisa.
-Eso espero. Verás como se me olvide algo importante- rebatió Leyre nerviosa.
-Bueno- dijo Light acercándose a ella- Pues si te olvidas algo, lo compramos allí y listo. Tú relájate- susurró el chico abrazando a la policía por la cintura y dándole un beso en la mejilla.
-De acuerdo. Vamos a dormir que mañana sale temprano el avión- dijo Leyre viendo la hora que marcaba su reloj.
La pareja de recién casados se fue a dormir ya que el vuelo salía a las 7:00 am del día siguiente.
Ya se habían despedido de Stella y L la tarde anterior, por lo que no fue necesaria ninguna despedida en el aeropuerto.
Light y Leyre llegaron a las 6:00 am y lo primero que hicieron fue ir a facturar las maletas. Allí empezó todo.
La azafata encargada de la facturación no había tardado nada en fijarse en el policía castaño, algo que Leyre notó, y fue la razón por la que estuvo todo ese rato lanzándole miradas asesinas a la chica, la cual las ignoraba completamente.
Tras acabar de facturar, la pareja fue a tomar un café antes de ponerse en la cola de embarque, y a las 7:00 am el vuelo despegó hacia Tahití.
El vuelo duraría 25 horas y harían dos escalas en dos sitios distintos hasta llegar a La Polinesia.
Llegaron al hotel a las 12:00 pm del día siguiente. Habían elegido el hotel The Brando, en Tahití. Un precioso lugar a pie de playa, perfecto para viajes de enamorados.
La entrada a la habitación era a las 14:00, por lo que dejaron las maletas en el hotel, y fueron a comer a un restaurante cercano a la playa.
-Qué paisaje tan bonito, ¿verdad?- comentó Leyre admirando el lugar.
-Sí. Es muy bonito. Lo hemos elegido bien- respondió Light sonriendo.
-¿Qué te apetece hacer esta tarde?- preguntó la chica terminándose el helado.
-Mm... ¿Qué te parece si vamos a la playa para relajarnos y descansar un poco? Mañana es la visita a Bora Bora y tendremos que aprovechar el día sin estar agotados- dijo el castaño riéndose mientras miraba a la pelirroja.
-Pues sí, porque la verdad es que 25 horas de avión cansan- comentó la pelirroja uniéndose a la risa de su esposo.
La pareja terminó de comer y llegó al hotel sobre las 16:00. Decidieron deshacer la maleta y descansar un poco para después pasar la tarde en la playa que estaba junto al hotel.
Alrededor de las 18:00, ambos se pusieron los trajes de baño y bajaron a la playa.
Una vez allí, extendieron sus toallas dispuestos a pasar una relajada tarde en la arena.
-Light, ¿me pones crema en la espalda? Es que no llego- preguntó la pelirroja extendiendo el brazo con el bote de protector solar para dárselo a su marido.
-Claro, dame- contestó cogiendo el bote, dispuesto a echarle la crema en la espalda a su mujer.
Tras esto, fue Leyre la que cogió el bote.
-También debería echarte crema yo a ti. No quieres que te quemes- dijo la chica con dulzura.
Light se dio la vuelta dejando su espalda al alcance de la joven, quien empezó a extender la crema por la suave piel del castaño. Mientras lo hacía, a Leyre se le ocurrió gastarle una broma a Light.
Cogió un puñado de arena y lo dejó caer sobre la piel embadurnada del joven.
La expresión de Light evolucionó desde asco hasta enfado. Leyre comenzó a reírse y se levantó para seguir huyendo de su marido, quien la perseguía con crueles intenciones.
Justo cuando Leyre llegó a la orilla, Light la atrapó cogiéndola por la espalda y levantándola del suelo.
Enseguida la metió en el agua y ambos cayeron, zambulléndose entre risas.
Tras una sesión de mimos, ambos volvieron a las toallas para tumbarse en ellas.
Cerca de la pareja, otros recién casados jugaban con una pelota hinchable.
Un mal toque del marido, hizo que la pelota alcanzase la cabeza de Light.
Ambos se acercaron corriendo a disculparse con el castaño.
-Ay perdona. Ha sido sin querer- se disculpó el hombre cogiendo la pelota.
-No pasa nada- contestó el chico riendo.
-La culpa ha sido de mi mujer que no ha conseguido parar mi súper tiro- dijo el hombre riendo.
-Pero si has sido tú que eres un torpe- se quejó la chica indignada.
En ese momento, Leyre sonrió y decidió intervenir en la conversación.
-Típica pelea de recién casados- agregó la pelirroja divertida.
-Pues la verdad es que sí, nos acabamos de casar. Estamos de luna de miel en el hotel The Brando- explicó el hombre.
-¡Qué casualidad! Nosotros también- contestó Light sorprendido.
-¿Vosotros también? ¿Cuánto tiempo pasaréis aquí?- preguntó la chica.
-Hasta el día 3 de abril- contestó Leyre sonriendo.
-Nosotros hasta el día 2- añadió el chico.
-¿Y tenéis planeadas las excursiones?- preguntó la joven.
-Sí. Visitaremos las islas en avioneta con los Air Pass de Air Tahití, e iremos a dos islas. Mañana a Bora Bora, el lunes a Moorea y el resto de días y entre medias, haremos las típicas actividades de aquí- explicó Light con amabilidad.
-¡Qué casualidad! ¡Nosotros vamos a Bora Bora mañana también! ¿Y a Moorea cuándo cielo?- preguntó la chica a su marido.
-Pues creo que el lunes o el martes, no me acuerdo muy bien- contestó el joven.
-¡Qué guay! Pues si queréis, vamos juntos- sugirió Leyre emocionada por haber hecho amigos en Tahití.
-¡Ay sí! Por nosotros genial- contestó la chica alegre- Por cierto, mi nombre es Elena, y él es Dani- se presentó la chica.
-Encantada. Mi nombre es Leyre, y él es Light- respondió la pelirroja.
-Bueno pues.. Nosotros nos vamos ya al hotel, que queremos cenar pronto y descansar para mañana. ¿Nos vemos en el lobby del hotel después del desayuno?- preguntó Dani con una sonrisa.
-Vale- contestó Light amablemente.
-Bien. Pues hasta mañana entonces- se despidió Elena.
-Hasta mañana- contestó la pelirroja.
Tras esto, la pareja se fue y los dos policías se quedaron un rato más para disfrutar de los últimos rayos de sol y ver la puesta de éste.
Tras esto, Light y Leyre subieron al hotel a ducharse y arreglarse para la cena, y después se fueron a dormir, ya que la excursión empezaría a las 9:00 de la mañana.
Al día siguiente, la pareja se levantó para prepararse y desayunar. Leyre metió un bikini, un bañador y ropa de cambio para los dos, además de bronceador, protector solar, after sun y demás artilugios para no quemarse con el sol.
Cuando se reunieron con Elena y Dani, subieron a una avioneta que los llevaría a Bora Bora.
Al llegar, siguiendo el planning, los cuatro se fueron a hacer un tour por la isla en un 4x4.
Tras esto, comieron en un restaurante de la isla y después decidieron alquilar unas motos de agua para recorrer una de las lagunas más bonitas del mundo.
Después visitaron el islote Motu Tapu, en el que hallaron una preciosa playa de arena fina y blanca de la que Leyre y Elena tomaron muchas fotos.
Finalmente, vieron la puesta de sol tomando un cóctel durante un paseo catamarán, cerrando así el maravilloso día que habían pasado en Bora Bora, para después volver nuevamente al hotel en Tahití.
Los demás días los pasaron haciendo las típicas actividades que se pueden hacer en Tahití: paseos por la isla, ir a la playa, a la piscina...
El lunes, las dos parejas fueron a visitar Moorea en avioneta al igual que hicieron con Bora Bora.
Lo primero que decidieron al llegar, fue alquilar un par de quads para visitar los valles interiores de la isla. Subieron al mirador de Toatea, un precioso lugar donde las vistas eran más que impresionantes.
Comieron en un islote y lo siguiente, fue visitar el Intercontinental Moorea Resort & Spa, donde tuvieron la oportunidad de hacer distintas actividades con tres delfines adiestrados para interactuar con humanos
Sobra decir que sacaron fotos de todas y cada una de las cosas que iban haciendo en Moorea y que hicieron en Bora Bora.
Para finalizar la tarde, decidieron relajarse en la playa Temae, donde disfrutaron del sol y de las cálidas y cristalinas aguas.
Llegó la hora de volver a Tahití.
Una vez allí, ambas parejas cenaron y cada uno se fue a su habitación.
-Me lo estoy pasando súper bien. ¿Tú crees que L nos daría otras dos semanas de vacaciones?- bromeó Leyre.
-No lo creo. Seguro que en estos momentos tiene que estar ya agobiado. Acuérdate cuando estábamos en Verona y me mandó cincuenta mensajes. O lo que nos contó Stella de que quería ir a vernos en taxi, y eso que sólo fueron dos o tres días, imagínate si le decimos que nos quedamos otras dos semanas- rió Light- Así que creo que no. No podemos quedarnos más- sentenció el chico.
-Jo.. Qué pena- contestó la pelirroja- Pero bueno, podemos aprovechar los días que nos quedan aún- dijo la chica con una sonrisa pícara, haciendo que el castaño pillase al vuelo sus intenciones.
-Eso sí me parece bien- murmuró el policía besando a su mujer para poco a poco acabar tumbados en la cama.
Los siguientes dos días los pasaron acompañados de Elena y Dani. Pero finalmente llegó el día 1, y con él la despedida, ya que la pareja se iba temprano al día siguiente.
-Bueno... Pues nada. Nos lo hemos pasado muy bien- dijo Elena con una sonrisa.
-Sí. A ver si quedamos y nos vemos en Madrid- contestó Leyre con alegremente.
-Eso. Ya tenéis nuestros teléfonos así que... Llamadnos cuando queráis- añadió Light amigablemente.
-Perfecto. Pues nada, que tengáis buen vuelo y nos vemos a la vuelta, parejita- dijo ahora Dani sonriendo.
-Igualmente- respondió la pelirroja despidiéndose de sus nuevos amigos.
Tras esto se dieron un abrazo de despedida y Dani y Elena se fueron a su habitación.
Al día siguiente, tras desayunar, Light y Leyre hicieron las maletas para dejarlo todo preparado, y así no tener que andar con prisas por la noche.
Después de comer, decidieron ir a un sitio que el castaño había descubierto unos días atrás. Se trataba de una preciosa cascada de agua dulce en medio de un pequeño bosque en la isla de Tahití.
La chica no daba crédito a lo que veía. Era sin duda, uno de los paisajes más bonitos que había visto nunca.
Se quitaron la ropa hasta quedar en bañador, y decidieron saltar desde una de las múltiples alturas de la cascada.
El agua estaba fría, cosa que provocó un leve escalofrío en la chica. Pero al cabo de cinco minutos, sus cuerpos se acostumbraron y la temperatura del agua les pareció perfecta.
-¿Qué te parece?- preguntó el castaño con una sonrisa.
-Una pasada. Nunca había visto un sitio así. Es precioso- respondió la joven emocionada.
-Sabía que te gustaría- dijo el chico- Estaba deseando que pasáramos un rato a solas- murmuró de forma coqueta.
-La verdad es que yo también- respondió la policía acercándose a su marido- Al fin y al cabo, es nuestra luna de miel, ¿no?- continuó hablando mientras acortaba más la distancia entre ellos.
El joven rozó sus labios suavemente con los de la pelirroja, poniéndose poco a poco sobre su cuerpo, profundizando entonces más el beso.
Lentamente, Light fue pasando sus manos sobre la piel desnuda de ella, que le correspondía encantada.
El policía desató el bikini de Leyre y comenzó a besar sus pechos mientras los acariciaba, notando así el sabor dulce del agua en la que estaban.
Continuaron así, a solas, disfrutando de una preciosa tarde apasionada en esa cala, bajo el tibio calor del sol enrojecido que ya se ponía en el horizonte.
Al día siguiente, Light y Leyre ya se encontraban rumbo a España, dejando Tahití y su maravillosa estancia en la Polinesia Francesa cada vez más atrás
25 horas después, la pareja llegó al aeropuerto de Barajas, en Madrid.
Leyre llegó medio dormida, por lo que Light tuvo que despertarla.
Minutos después, ambos se encontraban cogiendo las maletas para dirigirse tras esto a la puerta de la terminal, donde Watari les esperaba con una amable sonrisa.
-¡Watari! Qué alegría verte! Mucha gracias por venir a recogernos- saludó el joven policía dandole un corto abrazo al hombre.
-Yo también me alegro de veros. Lo habréis pasado muy bien, ¿verdad?- dijo entonces de forma amable, abrazando ahora a Leyre.
-Genial. Ese sitio es precioso. Un paraíso. A ver si en verano podemos volver todos juntos- habló la pelirroja animadamente, sonriendo a Watari.
-Aquí todo bien me imagino- intervino Light mientras metía el equipaje en el maletero de la limusina.
-Ha sido una semana intensa. El lunes pasado, cuando os fuisteis, yo salí de camino a Manchester por unos asuntos de la Wammy's House. Pero tuve que volver el miércoles, porque L me llamó realmente apurado- relató Watari con gesto afligido, cerrando el maletero ya lleno.
-¿Ha pasado algo grave?- preguntó Leyre preocupada por sus amigos.
-Nada grave, al menos no a simple vista. Os contaré los detalles de camino a vuestra casa. Debéis estar agotados con tantas horas de avión.
El hombre le quitó importancia al asunto, mientras invitaba a los jóvenes a entrar en el automóvil.
Una vez en la carretera, Watari comenzó a explicar lo sucedido.
-Ya sabéis, L os echa en falta cuando os vais. Pero al parecer, esta vez lo estaba llevando mucho mejor que cuando os fuisteis a Verona- comenzó a hablar con un tono pausado- Por esa razón, decidí no aplazar mi viaje y confiar en que él estaría bien con Stella y con los chicos- Light y Leyre le miraban atentos imaginando que no fue buena idea por parte del mayor- Pero al parecer el piso se convirtió en un caos. Stella debía encargarse de todas las labores del hogar ya que ninguno de los demás cumplía sus obligaciones. La pobre no daba a basto.
Y ya conocéis las exigencias de L, sumadas a las no pocas exigencias de Mello y Near...- los dos jóvenes asintieron entendido a que se refería- Según me contó L por teléfono, cuando yo aún estaba en Inglaterra, Matt no dejaba en paz a la chica, y él solo no podía controlar las incesantes peleas de Mello con Near. Eso causaba que no pudiese cumplir con sus labores de detective, y que discutiese hasta con la pobre Stella.
Y la gota que colmó el vaso fue que, en mitad de una pelea con ella, un pastel acabó en su cara. Al parecer Mello se lo había tirado a Near por llamarle "rubio de bote", con mala puntería- esto último lo dijo con una sonrisa agradable, pero llena de humor.
La pareja también rió, imaginando perfectamente la escena, y cómo el pobre detective había explotado, teniendo que llamar a su único salvador.
-¿El resto de la semana ha ido mejor?- preguntó Leyre.
-Más o menos... Los chicos siguen sin comportarse como es debido y eso crispa a L. Eso, sumado a vuestra ausencia...- Watari no tuvo que explicitarse más, ellos ya comprendían lo que quería decir.
-Podríais habernos llamado y habernos contado lo que ocurría por aquí- dijo Light con algo de queja.
-No queríamos empañar vuestro viaje. Uno no se casa todos los días- les sonrío dulcemente el anciano.
En ese momento ya habían llegado a la calle donde vivían los dos policías.
Ellos cogieron sus maletas, pero antes de que Watari pudiese irse, le invitaron a un café en agradecimiento a que fuese a recogerles al aeropuerto.
-Muchas gracias, pero seguro que en el piso ya me están echando de menos- se disculpó el hombre- Aunque... Se me ocurre que podríais venir vosotros a tomar el café allí. Tengo unos pastelitos recién comprados de esta mañana- les sugirió el hombre.
-Buena idea, me apetece verles. Descansaremos cuando volvamos- aceptó Light mirando a Leyre, quien asintió con una sonrisa.
Dejaron las maletas en su apartamento y los tres se dirigieron al barrio donde vivía el detective junto a los demás.
Al llegar, entraron sin llamar, ya que Watari llevaba las llaves del piso.
Al entrar todo parecía normal. Pero en cuanto llegaron al salón, la pareja comprendió aún mejor lo que el hombre mayor les había contado.
Tumbado en el sofá, con una PSVita en las manos, estaba Matt. Miró de reojo a los recién llegados y les sonrío alzando ligeramente una mano.
-Anda, si tenemos visita- sonrío el pelirrojo.
A su lado, había tirada una toalla de baño.
También había bolsas de patatas vacías a su alrededor, mientras él se encargaba de vaciar una más.
Sentado en el suelo, frente a una mesa baja y con un portátil, estaba L, que también se había quedado mirándolos algo sorprendido.
-Light, Leyre, qué sorpresa- saludó el detective con su típica voz algo inexpresiva.
La mesa estaba repleta de envoltorios de chocolates, cubriendo parte de una taza de café, seguramente de L.
-Ya podríais recoger esto un poco, holgazanes- les reprochó Light con los ojos entrecerrados.
-Cuando me fui de aquí la casa estaba limpia- aseguró Watari con paciencia- A esto me refería con que Stella no daba a basto.
De pronto se escuchó un estruendo, y varias piezas de Lego salieron disparadas de una de las habitaciones, hacia el pasillo.
-¡Ya eres mayorcito para esto! ¡Deja de jugar y mírame cuando te hablo, enano!- la alterada voz de Mello era inconfundible.
-Eres un incongruente. Primero me dices que soy "mayorcito", y luego que soy un "enano"- la voz calmada de Near tensaba aún más la situación.
Watari, que se veía venir otra pelea, se dirigió a la habitación de dónde venían las voces.
Light y Leyre suspiraron, viendo cómo su paz ya se había terminado.
Entonces pudieron escuchar otra voz familiar.
-¿¡Quién se ha llevado mi toalla!?- la enfurecida voz de Stella no daba lugar a dudas, ella llevaba ya mucho tiempo sin paz.
Todos miraron a Matt, que tenía una toalla rosada a su lado.
-¡Stella, cariño, ven a por ella si la quieres!- gritó el joven con una sonrisa en los labios, visiblemente divertido.
L bajó con fuerza la pantalla del portátil, y se levantó dispuesto a dejarle más cosas claras a Matt.
Éste, que le vio venir, salió corriendo hacia la dirección contraria, con la toalla en la mano, dispuesto a salvar su vida, pero no a renunciar a la oportunidad de ver a la policía sin ropa.
L comenzó a perseguirle, dispuesto a plantearse el homicidio.
Light y Leyre se quedaron donde estaban.
Observando la escena con cara de poker.
Sus idílicos días habían llegado a su fin, y se encontraban con la cruda realidad. Estresante, pero también acogedora y divertida.
Habían vuelto a casa.
