Capítulo 34

POV Danny.

En el momento en el que nuestros labios se juntaron una descarga recorrió toda mi espalda erizando mi piel, se sentía bien, se sentía natural. No puedo decir que fuera un beso lento, no, fue todo lo contrario, fue explosivo, lleno de miedos, mis miedos, sus miedos, entrelazándose entre ellos a la vez que nuestro aliento, haciéndose uno.

Mis manos recorrían su cintura quemándome bajo su tacto, notando cada pedazo de piel contra mis yemas. Caímos al sofá de la cabina con un golpe fuerte. Separé mis labios de los suyos y me adentré en sus ojos, buscando respuestas, buscando preguntas, preguntas que se volvieron en mi contra ¿y si era un error? ¿y si era un impulso?

- Kate…

Me miró fijamente a los ojos y comencé a ver como estos se anegaban de lágrimas, lágrimas que pugnaban por salir.

- No te vayas… – rogó apartando la mirada y girando la cabeza.

Pude ver como una de esas lágrimas se escapaba de sus ojos, deslizándose por su suave mejilla, muriendo en su barbilla. Alce una mano y recogí suavemente esa gota traicionera, llevándomela conmigo. Giró de nuevo la cabeza buscando una explicación, en ver de hablar decidí actuar, dejarme llevar por lo que sentía, por lo que ella me hacía sentir y rezar porque pudiera transmitirlo tal y como quería.

Cerré el espacio que nos separaba en un beso lento, uno en el que desnudaba mi interior y se lo mostraba tal y como era, sin barreras, sin interferencias, solo yo y mi corazón. Note como respondía suavemente al beso profundizándolo más, llevándome al cielo en un segundo, notando el infierno en mi piel.

Deslice mis manos hasta su cintura y comencé a levantar su camiseta, dejando que cada pedazo nuevo de piel descubierta fuera explorado por mis manos, grabando cada sensación en mi cerebro, cada respiración suya en mi oído, cada susurró.

Sus manos arrancaron mi camiseta de golpe y comenzaron a deslizarse por mi espalda, arañando suavemente mi piel a su paso, recreándose en cada rincón, haciendo que mi excitación creciera con cada roce, que mi respiración se acelerase y mis labios buscaran los suyos sin pedir permiso, adentrándome en ella buscando una droga de la cual nunca tendría suficiente.

Levanté la cabeza y me recreé en su mirada, cargada de deseo, se mordía el labio inferior, dejando una marca en él, deslicé mis ojos hasta ese punto y baje la cabeza despacio juntando de nuevo nuestros labios. Abrí los ojos y me encontré con su oscura mirada.

Ella siempre había tenido ese brillo tan especial, pero ahora, ahora sus ojos eran dos orbes brillantes, dos pequeñas orbes cargadas de sentimientos. Me sentí abrumado cuando leí sus ojos, todo lo que ella sentía me fue arrojado en un segundo, acompañado de sus miedos, de su culpabilidad. Todo.

En ese momento fui yo el que giró la cabeza, huyendo de su mirada, sintiéndome perdido, sabiendo que había caído, que me había atrapado con fuerza y nunca podría salir de ahí, ella me tenía y yo, yo seguía sin tenerla del todo.

No me dejó pensar, no dejo que mi cabeza siguiera razonando esos pensamientos, porque sus manos giraron mi cabeza, sus ojos impactaron de nuevo contra los míos y sus labios chocaron comenzando un nuevo beso, uno diferente, cada beso era diferente, ella conseguía que miles de sentimientos abordaran mi cabeza, en un solo segundo pasaba del cielo al infierno, del día y a la noche.

Su belleza me impactaba, me dejaba sin respiración, su voz en mi oído, sus manos en mi cuerpo, sus piernas alrededor de mi cintura. La danza de nuestros cuerpos, el baile de nuestras pasiones, de nuestros deseos. Todo y nada.

Esa noche le entregué mi corazón envuelto en algodón, deseando que lo cuidara, que no lo arrojara lejos de ella, no soportaría que me alejara de su vida, que me apartara de su corazón. Porque la quería, la quería como se quiere a aquella persona que te complementa, aquella por la que eres capaz de escalar la montaña más alta, coger la estrella más lejana y regalarle cada noche la luna si así te lo pidiera.

Abrí los ojos cuando el sol todavía no había coronado el horizonte, la encontré a mi lado, abrazada a mi cintura, con su cabeza hundida en el hueco de mi cuello, su pecho subiendo y bajando lentamente, su respiración chocando contra mi oído y solo pude sonreír.

Acerqué mis labios a los suyos y deposité un beso en ellos, notando como su piel se erizaba bajo mi tacto, como sus pestañas comenzaban a abrirse.

- Buenos días – susurré aún contra sus labios.

- No es de día – masculló todavía en los brazos de Morfeo.

Sonreí ampliamente grabando cada pestañeo, cada gesto, cada toque, cada suspiro que se escapaba se sus labios.

Decidí que era el momento de hablar con ella, que debíamos hablar, lo que había pasado cambiaba radicalmente nuestra relación, no podíamos seguir como ahora. No podía engañar a Georgia, ya lo había hecho y eso no podía repetirse. Gire de nuevo mi cabeza para encontrarme a Kate dormida de nuevo, con una pequeña sonrisa en su rostro.

Abandoné la cabina, con ella en mis brazos, acurrucada en mi pecho, murmurando palabras inteligibles, apretándose contra mi cuerpo. Su olor me inundaba, me embriagaba, olía a vainilla, un olor suave, tenue que impregnaba mi ropa y mi cuerpo.

Llegué a su habitación y la deposite sobre la cama, sin que despertara en ningún momento, tapándola con el edredón, sentándome a su lado durante unos minutos, viendo como dormía placidamente.

Salí de la habitación cuando los primeros rayos de sol se filtraban por las ventanas, avisando de un nuevo día, de una nueva etapa, de algo nuevo. Entré en mi habitación preparado para hablar con Georgia, decidido a contarle la verdad, decidido a terminar aquella burla al amor, porque aquello no era una relación y nunca lo sería.

Cuando entré en la habitación me sorprendí de con la imagen que me encontré, sentada en la cama estaba Georgia, perfectamente vestida y arreglada, una maleta descansaba bajo sus pies y sus ojos estaban cargados de tristeza.

- Me voy Danny – susurró en cuanto cerré la puerta.

No supe que contestar, no lo entendía del todo.

- No soporto más esta situación, estás enamorado de ella y no eres capaz de reconocerlo, no me tocas, no me miras como la miras a ella, lo sé y no lo soporto.

- Lo siento…

- No me digas que lo sientes, no lo haces, soy yo la que siento haber creído que esta vez funcionaría, nos dejamos llevar por los recuerdos y no fuimos capaces de ver la realidad.

- No se que decirte Georgia, tienes toda la razón, pero eso no hace falta que te lo diga, tú lo sabes.

- Por eso mismo me marcho ahora, he encontrado un vuelo a primera hora, solo quería avisarte antes de irme – dijo mientras se levantaba de la cama y agarraba la maleta.

Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla, susurrando un triste y real, adiós. Salió por la puerta y se alejó de mí, tal y como había llegado. Me senté en la cama y poco a poco me fui recostando en ella, pensando en todo lo que había pasado, en esa conversación pendiente con Kate, pero sobretodo en esos momentos solo podía pensar en Dougie. Antes de que me diera cuenta, Morfeo me fue atrapando y caí rendido en la cama, con miles de preguntas y miedos rondando mis sueños.

POV Kate

Abrí los ojos y unos molestos rayos de sol decidieron clavarse en mi pupila haciendo que mi cabeza se escondiera debajo del edredón. Con los ojos todavía cerrados comencé a recordar, a recordar todo lo que había pasado. No sabía como había llegado a mi habitación, pero suponía que él había tenido algo que ver.

Me desperece durante más de 10 minutos y salí de la cama directa a la ducha, tenía un nudo en el estómago que no me dejaba relajarme, me sentía tremendamente culpable, pero a la vez sabía que yo lo había buscado, yo lo quería, yo le rogué que se quedara. Mi móvil sonó sacándome de mis pensamientos, me acerqué a la mesilla y leí el mensaje que acababa de recibir. "¿Te acuerdas de aquel parque? No me hagas esperar demasiado.

Danny. El mensaje era de Danny, me estaba esperando en el parque y yo no sabía que hacer, debía ir, debía hablar con él y aclarar las cosas, él tenía novia, yo tenía algo con Dougie y no quería hacer daño a más gente. Parecía que ya era una tónica en mi vida, hacer daño a las personas que confiaban en mí, las que me lo entregaban todo, Mark, Dougie, ellos me lo daban todo y yo siempre lo destruía, siempre por Danny.

Bajé las escaleras rápidamente encontrándome con John en el salón, desayunando tranquilamente, saludé de pasada, pero su voz me paró.

- Esta noche tendrás en tus manos tu primer CD – gritó desde el sofá con una impecable sonrisa.

- ¿Esta noche? ¿Ya? – pregunté sin llegar a creérmelo del todo.

- Si, esta mañana Danny me ha pasado todas las pistas mezcladas, solo queda grabar y de vuelta a casa.

- A casa… - susurré para mí misma. Dougie. Londres. Mark.

En ese momento la realidad cayó sobre mí. ¿A que estaba jugando? ¿Por qué siempre jugaba a este tipo de juegos? Sabía que me iba a quemar y aún así entraba en las llamas sin protección.

Salí de la casa con paso firme directa al parque cuando unas manos taparon mis ojos por detrás.

- ¿Eres un poco impaciente no? ¿No me ibas a esperar en el parque? – pregunté intentando zafarme de su agarre.

- ¿Perdón? – murmuró una voz detrás de mí y mis ojos quedaron descubiertos.

Me di la vuelta sabiendo exactamente a quien me iba encontrar, su nombre empezaba por "D" pero definitivamente no era Danny.

- ¿Dougie? – murmuré dándome la vuelta por completo.

- Si, aunque creo que esperabas otra cosa…o a otra persona.

- Yo…yo… ¿Qué haces aquí? – pregunté sin saber qué decir, sin reaccionar.

- Pues venía a celebrar con mi novia, amante, amiga o lo que quieras que seas, que has terminado tu primer disco – susurró girando la cabeza negándome su mirada.

Me quedé totalmente paralizada, mirando su gesto contraído, el ramo de rosas blancas en sus manos y la mirada perdida. En esos momentos mis ojos se anegaron de saladas lágrimas y giré su cara, sintiendo como la culpabilidad se tornaba en mi contra aferrándose a mis hombros, hundiéndome cada vez más.

- Lo siento…lo siento Dougie, soy gilipollas, soy la peor mujer que te has podido cruzar en el mundo y sin duda no te merezco.

- ¿Qué dices Kate? ¿Qué pasa?

Quise decírselo, realmente quería hacerlo pero las palabras se atascaban en mi garganta, impidiéndome hablar, las lágrimas comenzaban a rodar por mis mejillas y note como mi cuerpo empezaba a temblar descontroladamente, estaba a punto de sobrepasar los límites, las piernas me fallaban y notaba como el mundo comenzaba a dar vueltas. En menos de un segundo mi mundo se volvió completamente negro.

Abrí los ojos pesadamente y comencé a situarme, estaba tumbada en mi cama, un paño húmedo cubría mi frente y a mi lado Dougie reposaba la cabeza contra el cabecero de la cama, mientras sus manos apretaban la mía, cubriéndola.

- ¿Estás mejor? – susurró mirándome de lado.

- ¿Qué ha pasado? – murmuré notando mi garganta terriblemente seca.

- Te has desmayado.

- ¿Mucho tiempo? – pregunté preocupada.

- No, en realidad han sido solo unos segundos, el resto del tiempo solo has dormido y murmurado palabras inteligibles.

Asentí con la cabeza y note como se tumbaba en la cama a mi lado y con sus brazos me atraía a su pecho, refugié mi cabeza en él y suspiré pesadamente.

- Dougie, ha pasado algo, tenemos que hablar – susurré temiendo lo que vendría a continuación.

- Ya he hablado con Danny – murmuró apoyando su cabeza en la mía.

Me quedé en silencio, preguntándome que hacía todavía a mi lado, por qué seguía ahí, por qué no me gritaba, me pedía explicaciones, me dejaba sola.

- Kate, solo tengo una pregunta que hacerte, una muy simple.

- Hazla – susurré temerosa.

Levantó mi cabeza con su mano y me miró fijamente a los ojos.

- ¿Tú sientes algo por mí? ¿Algo más allá de la amistad?

- Si.

Contesté segura, porque era la realidad, yo sentía algo por Dougie, algo más allá de amistad.

- Con eso me basta para confiar en ti, para intentarlo una vez más, Danny no va a interponerse nunca más.

Le miré confusa, sin entender por qué decía eso.

- Créeme, Danny me ha dejado muy claro que fue un error – murmuró Dougie levantando de nuevo mi cabeza, clavando sus ojos en los míos.

Noté como un puñal se clavaba dentro de mí, uno que desgarró mi interior, mi corazón, haciéndolo pedazos. Asentí con la cabeza y la escondí en su pecho, deseando que no leyera mi mirada.

- Estoy cansada, voy a dormir un poco – susurré.

Lo que yo en esos momentos no sabía y no descubriría hasta más adelante era que esa supuesta conversación con Danny no era tal y como Dougie me había contado, esas palabras nunca salieron de su boca y en cambio, hubo otras por parte de Dougie que nunca perdonaría.