Los gritos de dolor proferidos por Sigyn al dar a luz a su bebé remecían los aires del aposento que servía como escenario de aquel aciago y agitado momento.
- ¡Aguanta, hija! – Le decía Eir, limpiando la sangre y el sudor que se empeñaban en mancillar las sábanas y parte del lecho - ¡Ya viene!
- ¡No puedo! – Aulló la rubia histéricamente - ¡Me duele!
- Lo entiendo, pero si te demoras más será peor para la criatura – la curandera advirtió - ¡Puja como puedas, ya viene!
- ¡Quiero a Loki! – Exclamó la joven, llorando por el tormento que significaba el traer un hijo al mundo y por la presencia del hombre cuya semilla nacía en ese instante.
Sigyn sintió cómo aquel hijo le destrozaba las entrañas y los nervios, y en una abismante búsqueda para mitigar la desesperación que ese envenenamiento había provocado, lanzó un último y atronador alarido.
Aquello pareció culminar la horda de dolor que aquel alumbramiento traía como premio a la agónica parturienta, porque la sensación de mareo pareció difuminarse, abandonando su psique tras un tormentoso hostigamiento y el peso cargado desaparecer de su vientre. Se desplomó sobre la cama, descompuesta y jadeante, reteniendo todo el oxígeno que había sido negado durante aquel pungente momento.
Eir agarró a la criatura que provenía de la cálida matriz, cubriéndole con paños y afanándose con la primera impresión.
Pero ni el mareo ni la visión borrosa que aún atosigaban la fragilidad de su organismo ocultaban el súbito nubarrón que estaba oscureciendo el que se suponía que debía ser un bonito ambiente. Especialmente porque había mucho silencio. Preocupadísima, Sigyn halló la fuerza suficiente para apoyarse de los codos e incorporarse brevemente para atender la situación. Eir estaba estupefacta observando al recién nacido.
Gradualmente alterada, Sigyn intentó atisbar a su criatura desde lo lejos.
- ¿Eir, qué pasa? ¿Qué pasa con mi hijo? – preguntó ella, nerviosa y presa del desasosiego.
La curandera no respondió. Como si estuviera sorda o muda, se encontró absorta en un silencioso análisis de la conformación fisionómica de su nieta adoptiva. Eir palpó apreciativamente su cuello y su pecho, empeñándose en buscar algo que evidentemente no estaba en el sitio.
- ¡Eir! – Exigió saber la joven madre.
La sanadora se quedó mirándola completamente boquiabierta.
- La criatura… - Balbuceó trémula.
- ¿Qué? – Estuvo a punto de explotar - ¡¿Qué?!
- Ha muerto – Dictó, con lágrimas en los ojos.
Aquella réplica cercenó a Sigyn de sus inocentes esperanzas por lo sucedido. De manera completamente inconsciente, extendió sus manos con tal de que Eir le entregara a la cosita envuelta en el horror y en la sábana a la vez ensangrentada con tan terrible fin, accediendo a que su ahijada la sostuviera para que se enterara de la magnitud de la ominosa conclusión de lo que creía un maravilloso y feliz embarazo.
Sigyn descubrió a ese ser cuya existencia había pasado como un hálito, destapando ansiosamente pero con miedo al mismo tiempo la tela en la que estaba vestida; miedo de ejecutar un movimiento en falso y que así se perdiera el hilo de la vida de la cual aquella pequeñuela pendía, explorando con mucho cuidado a ese despojo cadavérico que resultaría ser a los ojos de quien fuera ajeno al afecto que ella despertaba en Sigyn tanto en ilusiones como en sueños.
Igual que en sus lapsos oníricos, vio en su recién nacida a la nenita a quien prometía fervientemente amar pese a su apariencia y personalidad aún más fría y compleja que la de su padre. Los ojos cerrados; la expresión durmiente y su silencio delataban lo que Sigyn deseó a gritos afónicos que fuera una pesadilla.
Agitó de manera imperceptible sus manitas; una blanca y la otra negra debido a la díscola dicotomía epidérmica para hallar siquiera un rastro de vida. Su respiración se estremeció hasta sonar grotescamente cuando la inmovilidad de la infanta dio el gran martillazo al horror de su madre.
Lo que más se temió por tantos novilunios estaba ahí, punzante, real.
- ¡No! – Gritó enloquecida, doblada por el dolor - ¡No!
Eir no podía hacer nada.
- ¡Mi bebé! – La abrazó desesperadamente, como si el calor la pudiera traer a la vida - ¡No mueras! – Chilló absolutamente perdida el juicio y llorando desconsolada - Por favor… - suplicó en voz baja esta vez – te lo ruego…
Los alaridos de dolor llegaron de manera obvia al padre de la pequeña, quien abrió la puerta irritado por la espera y el deseo de querer conocer a la semilla dejada en su mujer.
Pero no. Para Sigyn lo único real era el atroz dolor de la pérdida que acaba de sufrir, empapando a su bebé con su llanto. Y sólo cuando Loki había preguntado por la situación de la muerta, ella pudo hablar.
El timador se acercó y protagonizaron la escena antes mencionada.
Qué triste era estar ilusionada con aquel ser concebido con amor y con ternura para que terminara de la manera menos pensada.
Pero se contentaban con que no estaría en el mismo lugar que todos los difuntos.
Ella, la reina entre los muertos.
Hela.
La fútil mente de Sigyn intentaba recomponer las cosas luego de tan funesto acontecimiento. Loki seguía acariciándola para calmarla muy tácitamente. Y la pequeña estaba perpetua en el sueño de la muerte.
La muchacha meneó la cabeza, con la cordura y su sentido de la realidad bamboleando la mano que no sostenía al cuerpo de su hija muerta. Por un momento, creyó que la ilusión de que estaba con vida se convertía en realidad pero no.
No cuando volvió a apreciar la inmovilidad y la algidez del cadáver del infante.
Al notar que su esposa había recuperado la capacidad motriz, Loki decidió dirigirle unas palabras.
- ¿Querida? – la abrazó, besándola en la mejilla.
Ella se volvió a él, ocultándose en su pecho. Él correspondió amorosamente al gesto. Iba a decirle algo cuando la puerta se abrió: eran Frigga, Odín y los dos hijos de Loki por fuera de su unión oficial con Sigyn.
La reina se acercó, dolida y con los ojos llenos de lágrimas a la pareja.
- ¡Oh, Sigyn! – Se lamentó – Lamento tanto la pérdida de tu hija…
La chica a quien se le daba aquel sentido pésame se encogió de hombros, entristecida. Si todas las muestras de dolor pudieran contribuir a la vuelta a la vida a su hija, aceptaría todas las condolencias del universo. Ignorantes de los pensamientos de su yerna, Odín le pidió con extraña humildad que le dejara contemplar a su nieta. Presa de la fluctuación en cuanto a la reacción apenas vieran a la criatura, Sigyn le entregó el, a toda costa, misterioso envoltorio que protegía a la muerta.
Loki quiso quitárselo de las manos a su padre al contemplar el escasamente apreciable – escasa, pero visible – repliegue que reflejó su pasible rostro de anciano. Frigga se arrimó a vislumbrar a su nieta.
Odín miró a la pareja, la que intentaba ocultar la molestia que les había causado la reacción al notar la apariencia física de la niña, como buscando las palabras para formular una pregunta.
- Empezaré una interrogación para encontrar el culpable de todo esto y ajusticiarlo – dictaminó el padre de todos.
- ¿Y qué conseguimos con eso? – preguntó Sigyn, apesadumbrada.
- Hacer justicia – dijo Loki, aunque no se notaba un convencimiento real en su voz - esto no se quedará impune porque no es un accidente.
Odín se dio una vuelta, y le ordenó a Thor que diera la orden que se efectuaría un nuevo interrogatorio, algo que no creyó volver a hacer tras el funesto suceso con Loki hace mucho tiempo atrás.
Frigga se le acercó a su esposo.
- ¿Estás seguro de ello?
- Sí – respondió él – esto no puedo pasarlo por alto.
- ¿Crees que haya sido…?
- Tenemos que investigarlo. No podemos hacer más sino conjeturar sobre esto. No aseguremos nada hasta tener la certeza de quién es.
En ese momento, Eir entró a la habitación con varios implementos para calmar al dolor, entre ellos, paños y un sifón repleto de agua caliente.
- Perdonen mi demora – se puso a preparar unas cuantas infusiones y otras sustancias paliativas sobre la mesita, apresurándose para atender a su hija adoptiva.
- ¿Eir? – inquirió Frigga, curiosa.
- ¿Pasa algo, su Alteza?
- ¿No has visto a alguien que podría haber dejado el veneno en la tisana de Sigyn? – Frigga la miró, sospechosa.
Eir dejó su labor de lado para responder a las preguntas de alto calibre, mirando hacia el lado.
- Sólo había una sirvienta que se acercó a mí mientras le preparaba su medicina… - rememoró la curandera, hablando lentamente.
Odín se arrimó a ella, haciéndola estremecerse ante el pensamiento de que quizá pudiera matarla o atacarla.
- ¡¿Quién?! – Exigió saber el anciano.
Eir, intimidada por el tono de voz, se animó a contestar.
- Se llama… Var – Respondió, para la sorpresa de todos, en especial de Sigyn.
- ¿Qué? – Replicó la joven, incorporándose levemente por el asombro.
- ¡Era pelirroja y de tez rosa! – Exclamó Eir, al verse acorralada – traía un vestido amarillo… y el cabello tomado con un medio moño.
Odín entonces desplegó una horda de guardias.
- ¡Les ordeno que llamen y se lleven a esa criada! ¡Ahora mismo! – Profirió, furioso - ¡Será a la primera puesta en interrogatorio y si se resiste no duden en utilizar la fuerza bruta!
Pero Sigyn, quien no creía en la indirecta acusación, quiso impedir el cumplimiento de dicho edicto.
- ¡Ella no haría eso! – trató de levantarse, pero Loki se lo imposibilitó.
- Calma, calma… - la tranquilizó él.
- ¡No la lastimen! – pero Jörmungandr se impuso en esta oportunidad.
Sigyn observó los ojos oscuros de su hijastro.
- Eh, no te alteres. Si no te va a hacer mal – dijo él – ya has tenido suficiente hoy como para que soportes una supuesta traición como ésta.
- Pero… - dijo Sigyn como una niñita perdida.
- Hazme caso – dijo Jörmungandr, con una sabia expresión de ancianidad en los ojos – a veces las personas que menos nos esperamos son las que nos apuñalan por la espalda. Así que no pierdas la esperanza de que lo que le hicieron a nuestra… hermana tendrá su castigo – miró a la retoña a la que Odín aún traía en brazos.
Fenrir esta vez rompió distancia con sus padres.
- ¿Cómo estás? – preguntó el lobo, palpando las manos de su madre adoptiva.
La princesa consorte hizo un signo de asentimiento y de calma. El lobo comprendió y se dirigió a su padre.
- Esa cosa del hinojo tiene un aroma particular por lo que pude oler en lo que quedó de la copa. No sería raro que el culpable estuviera perfumado con ello – Teorizó el joven hijo – me atrevería a decir que podría percibirlo a una distancia considerable.
Loki se quedó mirándolo.
- Tal vez deberías acompañar a esa horda de guardias para facilitar la búsqueda – Le sugirió el timador – te lo agradecería. Ella y yo te lo agradeceríamos muchísimo – dijo ahora, sin poder esconder la tristeza en su voz.
Fenrir asintió y decidió marcharse siguiendo la petición de su padre. Jörmungandr recibió por parte de Odín a su hermana muerta para acudir a aquel improvisado arresto. Sigyn parecía estar un poco más aclarada que hace minutos atrás.
- Lo siento mucho – se lamentó la sierpe, entregándole el bebé luego de estar observándole durante mucho tiempo – imagino que debe ser terrible – añadió cabizbajo.
- Esperaba a que pudiera jugar con ella – suspiró Loki, entristecido – pero… eso nunca podrá ser – sus ojos los dirigió ahora a Sigyn, la que acunaba al bebé contra su pecho para hacerla descansar por última vez antes de enterrarla.
Jörmungandr no podía sentir más que tristeza al notar aquel embarazo malogrado. No lo demostraba, pero ahí bien en el fondo una grieta de pena ahuecaba su corazón. Fenrir también sentía tristeza, sólo que a él se le notaba un poco más.
En cambio, Sigyn mantenía todavía su silencio y su mente concentrada en Hela, la que dormía en la muerte. Acarició el cabello de su niña durante mucho rato cuando una nueva sensación la asaltó, asentándose en sus costillas, sus caderas… en su útero…
La joven madre respiró lenta y pausadamente, su mirada perdida y borrosa procurando un poco de claridad ante esta extraña percepción.
Tanto el hijo como el padre se dieron cuenta.
- ¿Sigyn? – Preguntó Loki - ¿Te sientes bien?
Ella no contestó. Se incorporó, sentándose y respirando cada vez profundamente, observando a todos lados.
- ¿Sigyn? – se interpuso Jörmungandr, volviendo a tomar a su hermana en brazos al notar la inestabilidad física de su madre adoptiva.
Esta vez la mencionada dio un tenue quejido que fue derivándose a una atroz exclamación de dolor, arqueando y doblándose debido al sufrimiento que le aplastaba los huesos.
- ¡Llama a Eir! – Gritó Loki a su hijo menor mientras sostenía a su esposa en brazos.
El joven salió corriendo de la habitación mientras Loki le agarraba la mano a su mujer, la que inspiraba aire convulsivamente mientras pujaba para…
- ¡Loki! – Chilló Sigyn roncamente y con los ojos repletos de lágrimas, apenas el oxígeno se apiadaba de su organismo y de su capacidad verbal para comunicarse con su marido - ¡Por favor… no me dejes!
- Shhh… - la sosegó él – ¡Tranquila… tranquila! Eir ya vendrá a ayudarnos – dijo ahora más confundido.
- ¡Duele! – Gimió Sigyn dísonamente mientras apretaba la mano de su esposo, cerrando los ojos y de ello brotando muchísimas lágrimas que se desbordaban por sus mejillas, arrebatadas de rojo doloroso a causa de aquella presión.
La joven se recostó boca arriba, con una mano aferrada a las sábanas y la otra buscando fuerza en Loki, el que intentaba darle aire pese a la terrible incertidumbre que empeoraba su momento.
- ¡No quiero morir! – Jadeó Sigyn desesperada de dolor.
- ¡No! – Gritó él, acercando su rostro al sufriente de su esposa - ¡No morirás!
En ese instante, Eir se apareció junto a Jörmungandr, quien se quedó en el umbral de la puerta para continuar cargando a su hermana y observar el raro espectáculo. La curandera casi se echó sobre su ahijada, retirando las frazadas y demás cubiertas para poner remedio – si había alguno – a la escabrosa situación.
- ¡Hija, está bien! – Le aseguró Eir, desesperada - ¡Puja!
Aquella palabra pasó desapercibida para la pareja. Lo único que Sigyn quería era terminar con el dolor que efectuaba un sádico festín a sus entrañas.
- ¡Vamos, Sigyn! – La alentó Loki, aun sin saber qué pasaba exactamente - ¡Tú puedes!
Unos segundos más y todo hubo acabado.
Cualquier palabra que pudiera describir el sentimiento de sorpresa de los que estaban en aquel aposento se quedaba corta. Sigyn apenas recuperaba sus sentidos cuando el llanto de un bebé reverberó tanto en sus oídos como en los de su esposo y los demás. Loki observaba al que causaba dicho gimoteo prisionero de un pasmo inenarrable…
Eir envolvió en una sábana al retoño luego de dar una rápida observación a su género; Sigyn lo recibió incrédula en sus brazos.
- Es… es un varón…- Dijo en un balbuceo y casi tan estupefacta como la pareja misma - hija, tú y Loki han sido padres de gemelos – Replicó la sanadora, todavía patidifusa ante la inusitada llegada de aquel bebé que se agitaba en los brazos de su madre.
Loki se arrimó mucho más a su mujer, admirando a su criaturita de perfectos ojos aguamarina, de helada piel blanca y cabello oscuro. Su mano se aproximó a la diminuta de él, explorando lleno de emoción toda la ternura que aquel pequeño ser despertaba y destilaba. Sigyn pronto pareció despejarse liberándose de la confusión y llena de alegría, abrazó al bebé para mecerlo, llorando y respirando tras toda la tensión.
- ¡Mi niño! – Exclamó ella con un hilillo de voz, mirando al cielo agradecida - ¡Gracias, gracias…! – y Loki la estrechó a su vez, dichoso pero a la vez triste de no poder compartir la misma alegría con la bebé que Jörmungandr traía consigo.
Sigyn besó la frente del pequeño para dárselo a su padre, el que repitió el gesto, llorando también de la emoción por aquel inesperado regalo otorgado por Sigyn, aunque no fuera completamente.
- Es increíble que… haya sobrevivido a un veneno tan potente – Comentó Eir, sorprendida y arrimándose al bebé para mostrarle su afecto también. Tal vez el destino no quiso ser tan cruel con ellos, pensó ahora, con aflicción por la pérdida de la otra.
Pero como si pudiera leerle lo que acababa de reflexionar, el timador habló.
- Nada justifica el detrimento de mi hija Hela – Espetó Loki, casi con desdén y desconsuelo al mismo tiempo – yo quería, para ser honesto, un varón pero no quería ni en mi más lúgubre crueldad que me costara la vida de una hija.
Eir puso una mano sobre el hombro del príncipe.
- No pretendo sonar ofensiva ni nada mi señor, pero… al menos la niña no sufrió. Lo peor que podría haber sucedido era que la pequeña muriese con dolor luego de nacer – Comentó, compasivamente.
Loki se encogió apretando los párpados, abrazando al bebé que bostezaba aun mientras dormía plácidamente.
- Gracias, Eir – susurró, con la voz quebrada – puedes irte, si quieres. El ambiente ya es bastante mustio como para que tú te sientas así.
Ella asintió, pero Sigyn agregó algo.
- Loki, tráeme al bebé por favor – le pidió.
El joven se quedó mirándole extrañado, pero decidió acceder.
- ¿Qué quieres hacer con él? – preguntó, curioso.
- Quiero amamantarlo – respondió Sigyn, temblorosa.
Eir entonces se interpuso, creando la disconformidad en ellos.
- ¿Qué?
- ¡No puedes amamantarlo! El veneno del hinojo puede aún correr en tu sangre y en consecuencia la leche con la que vas a alimentarlo va a hacerle daño – le advirtió la curandera tomándole las manos.
Loki se quedó mirando a Sigyn, la que oía la réplica y explicación completamente consternada. Él colocó su mano sobre su hombro.
- Sigyn, por favor…
- Pero yo…
- ¡No podemos perder otro hijo! – Profirió Loki, exasperado y buscando hacerla razonar - ¡Perder a éste sería lo peor que nos podría suceder!
Vencida por esos argumentos, la joven accedió a la advertencia y le entregó al bebé a Eir para que se le diera pecho por parte de una nodriza. Se recostó sobre la cama, abatidísima por toda la convulsión de aquella triste jornada.
Loki suspiró y cerró las cortinas para que el gélido panorama no invadiera la calidez del aposento. En ese instante, Syn se adentró en el aposento para cumplir su deber de sirvienta para con Sigyn, que era limpiarla de toda inmundicia tras el desastroso nacimiento. Colocó la palangana junto con una cubeta de agua tibia para proceder a su labor cuando Loki la detuvo, justificándose que él mismo haría el trabajo. A la más mínima contradicción, él reaccionó furioso, espetándole que no tenía razones para oponerse a su decisión. Aterrada, la pecosa salió corriendo del aposento, dejando al desquiciado príncipe a solas con su mujer.
Loki inició la acción a realizar quitando las sábanas por encima del cuerpo de su esposa, la que se contrajo fatigosa y asustada. Sin prestar atención a esos gestos, él se alejó del lecho y arremangó las sisas de su camisa verde musgo para evitar que se humedecieran al contacto con el agua de agradable temperatura situada en el recipiente puesto sobre una mesita. Sumergió sus manos en éste para remojar el paño blanco que Syn hubo traído consigo hace unos segundos atrás.
Se dirigió a ella con el pañuelo humedecido, levantándole un poco el vestido para limpiar la sangre seca y otra que estaba fresca por otros sectores.
La joven madre sentía tanta vergüenza de que él – el que había sido el rey de Asgard – se rebajara a esa labor que se levantó para disuadirlo de la misma. Loki se quedó mirándola sin comprender su reacción.
- No… está bien así – Susurró Sigyn, absolutamente incómoda – déjalo ya…
- No veo nada de malo con que sea yo quien haga esto – replicó él – Eres la madre de mis hijos, ¿Y así supones que sienta asco al quitar todo rastro de suciedad que es la prueba fidedigna de que los has traído al mundo? – Preguntó ahora, escéptico – cesa esas suposiciones equívocas sobre mí. No hay de qué avergonzarse.
La mozuela se encogió brevemente, como si no se creyera que Loki era quien apartaba todo temor. Pero aquella ablución cargada de dulzura y dedicación fue apaciguándola poco a poco, alejando todo por reacciones en cuanto a los vestigios del primer parto. Una vez terminado, colocó los instrumentos de cuidado sobre la mesita, lavándose las manos para luego devolverse a la cama, quitándose los zapatos y la túnica de cuero para dormir al lado de su esposa, la que se contrajo levemente al sentir las manos de él rodeándole su cintura.
- Esposo… - maulló Sigyn.
- Shhh… - deslizó su mano por su pelo – duerme, mi amada… - la arrulló dulcemente – mereces descansar tras traer al mundo a nuestros hijos. No vaya a ser que tú también mueras… - le besó la mano que quedaba más cerca de él para luego cubrirla con la suya.
- Moriría con gusto para acompañar a mi Hela – susurró Sigyn, aún desgarrada – pero no voy a dejarte ni a ti ni a nuestro pequeño solos en Asgard.
- Y tu pérdida ameritaría mi demencia definitiva, amor mío – Loki hundió su nariz en la fragante melena rubia – si tú mueres ten por seguro que yo también moriré de tristeza. Pero esos pensamientos sobre la tumba… - Echó un suspiro, triste - apártalos de tu mente, mi querida esposa. Nada te sucederá mientras estés bajo mi protección.
Sigyn entrecerró los ojos mientras se dejaba envolver por el amoroso abrazo de su marido. Suspiró y sollozó, con un par de lágrimas desbordándose nuevamente. Loki pasó su pulgar por los rincones en los que se agolpaban tales lamentos. Le acarició el vientre, ya plano, y la besó en la mejilla con tal de que su tranquilidad fuera cortejando a su mente.
- Loki… - Maulló ella.
- ¿Qué pasa? – Respondió él.
La joven se dio vuelta débilmente para mirarlo a los ojos.
- ¿Cómo se va a llamar nuestro bebé? – Pió Sigyn, como un polluelo.
El timador cerró los ojos, suspirando. Recordó los muchos nombres que había sugerido y los que habían callado. Deslizó y peinó una larguísima hebra, dispuesto a dar su réplica. Sin vacilación, dijo sonriente:
- Me gusta Narvi.
- ¿Narvi?
- Sí. Suena bonito – remarcó él, soñador – Narvi Lokison… - añadió ahora, colocando un mechón de rubio cabello tras su oreja, mimándola – un hijo tuyo… y mío – recitó esa bella realidad como un poema paliativo a los oídos de su amada esposa, la que lo abrazó buscando refugio contra aquel brutal suceso que sin duda alguna dejaría consecuencias probablemente irreparables en ellos dos.
Si Loki pensaba en la venganza, a ella ya no le importaba. Sabía que él nunca cambiaría en ese aspecto. Ni tampoco lo deseaba porque precisamente ella también quería que el culpable de toda esta tragedia lo pagara con su sangre. Sea quien fuere, Sigyn apoyaría – como siempre – las decisiones de su esposo en cuanto al castigo que aplicaría al malhechor de todo esto.
Pasaron los minutos y cuando ya Loki pareció darse por vencido por el cansancio, notó como la respiración de Sigyn había disminuido y tomado un ritmo constante, él se dejó subyugar por el elixir del sueño, que tanto necesitaba. A ver si es que despertaba, encontraría a su hija viva, como tanto lo quiso Sigyn hace un rato atrás.
Atraparon a Var luego de encontrarla en la cocina junto a su hermana, la pecosa Syn y a Eir, relatándole todo lo que había sucedido con Sigyn.
La esposaron y llevaron para interrogarla ante la merced del padre de todos, en medio de llantos y gritos que no lograron conmover a los soldados que férreamente se empeñaban en separarla de su hermana que suplicaba a baladros que no la trasladaran, fríos y duros como piedras en cuanto a la decisión dada por el rey asgardiano.
La sirvienta pelirroja exclamó enloquecida la negación a todos los cargos, chillando a todo pulmón que prefería morir antes que envenenar a una amiga suya. Odín parecía convencerse pero el hecho de que Var fuera la única, aparte de la curandera, que se hubiera encontrado en el sitio del suceso, eso incluyendo que la aterrada moza respondía con un "no lo sé" a las interrogantes competentes a si lo había hecho por orden de alguien. Sumado también que de no haber sido por su supuesta culpa, a Eir se la hubieran llevado también pero el que ésta relatara que hubiera algo extraño durante la preparación de la tisana logró jugar una movida a favor de su libertad - y probablemente también de su salvación-.
La muchacha estaba incrédula de la decisión del padre de todos en encerrarla en las mazmorras para seguir con las pericias investigativas que permitirían llegar a un fin claro y contundente. Los gritos de Var fueron brutalmente acallados por el inclemente puñetazo de un guardia que la hizo caer inconsciente en el acto debido al impacto en su cara, golpe que resonó por los muros de aquella cárcel en que se encontraban los más bajos criminales de Asgard que extendían sus manos ante la presencia de la joven, manifestando claramente las oscuras intenciones que materializarían contra ella si ésta se descuidaba.
La ceremonia fúnebre de Hela Lokidóttir, hija del temible príncipe demente y de la joven criada se discutió en tiempo récord: Odín acordó con el consentimiento de Loki y de Sigyn que la fiesta fúnebre del sjaund fuera al atardecer, momento en el que las criaturas habían nacido. Eso sí, Loki no lo había expresado por presencia directa, sino que enviando a Jörmungandr para que enviara su mandato.
- ¿Y por qué te ha enviado?
- No se ha sentido bien.
- Pero es justo que hablemos con él en persona – dijo Odín.
Jörmungandr bajó la cabeza, como si no le cupiera en la cabeza la notable explicación que había sido recibida con incomprensión.
- Mi padre se rehúsa a apartarse del lecho de mi… madrastra – replicó él – temen que el varón que han tenido como sobreviviente sea víctima de un envenenamiento y sufra el mismo destino de mi hermana.
Thor asintió, comprensivo. No le cabía duda en la cabeza de que el cuidado obsesivo que su hermano confería a Sigyn tras tan tormentoso incidente lo impidiera asistir a juntas o comitivas.
Y esencialmente la noticia del inesperado nacimiento del hermano gemelo de Hela casi hizo desmayar tanto al padre de todos como al resto de la familia real, que incluía a los tres guerreros y a Lady Sif. La noticia no tardó en propagarse entre los miembros de la servidumbre, quienes también comentaban aterrorizados el terrible hecho de que Var fuera apresada por la fuerza militar de Odín, acusada de complot. Estaba encerrada en las catacumbas, las mismas en donde Loki hacía tiempo ya había estado a la espera de aquel cruel juicio tras sus crímenes en Midgard.
El hecho de que Sigyn haya tenido gemelos como madre primeriza fue un augurio de muy mala suerte. Sin embargo, una pequeña luz encendía la esperanza de que nada malo ocurriera sumando el incidente que aquella hija ominosa hubiese muerto. El aspecto de ésta tampoco fue algo que pasó por silencio: algunos la preveían como una bruja horrible si hubiera vivido y otros simplemente preferían no hablar de ella, por ser hija de la vergüenza y del pecado. Eir, al igual que éstos, no se atrevía a expresar sus opiniones sobre este vástago penado con una fealdad tan insoportable como la que había apreciado el día de su nacimiento. La verdad es que ella reflexionaba que había sido lo mejor para esa criatura fenecer ante la fatal pócima que Sigyn había ingerido.
Sí, sonaba descorazonado. Pero mirándolo con ojos de raciocinio, había sido preferible privarla – o mejor dicho salvarla – del acoso verbal de los sirvientes, nobles y hasta de sus mismos familiares. Estaba segura de que sólo Loki y Sigyn la iban a amar tal y cómo había venido al mundo: profanada por un aspecto andrajoso y carbonizado…
Fenrir en ese momento, se había dedicado a ayudar como un anexo, ejerciendo una labor nocturna y buscando a posibles sospechosos por todo Asgard, yendo desde sirvientes hasta los nobles de cargos más altos. Jörmungandr jugaba un papel a medias como un intermediario entre su padre y Odín – junto a los nobles -, puesto que el primero no deseaba en lo más mínimo ver a la horda de ilustres en un momento tan sombrío.
Thor compartía el sentimiento de tristeza que asolaba el corazón de su hermano. Comprendía de paso que no quisiera ver a nadie, y menos con el temor de dejar a Sigyn sola a la merced del miedo de poder perder al pequeño Narvi o peor, poder perderla a ella también. Frigga lo creía al igual que él, pero tenía que aceptar que no sólo una nueva pérdida arrasaba con la deteriorada psique de su amado hijo menor, sino que esto significaría un triste – y rápido en comparación a la lenta recuperación que Sigyn tanto trabajo le había costado – retroceso mental. Loki volvía más que nunca a encerrarse, a comportarse hosco con los demás y a actuar silentemente.
Lo que todos temían se estaba haciendo realidad, sólo que no tendrían al desquiciado de siempre con ellos, sino que ahora Sigyn se sumaba. Durante las noches lloraba y gritaba por su hija muerta, saltando de la cama para ir a buscarla. Era como si se le olvidara que Hela estaba muerta… Loki entristecido, trataba de hacerla razonar de las mejores maneras, hasta el colmo de tener que gritarle que estaba muerta, cosa que hacía reaccionar a Sigyn, la que volvía de sus lapsos lunáticos pensando en que su hija iba a ser sepultada viva…
Se abrazaba a su esposo como si separándose de él significara que el más horrible de los demonios se la llevara a rastras, llorando y musitando una que otra súplica a él para que no la dejara. Loki la entendía, y la mecía amorosamente para alejar todo temor.
Debido a que Hela Lokidóttir había nacido siendo noble - muy a pesar de la inicial posición social de su madre -, se le debía dar un funeral como tal lo dictaban las tradiciones y leyes, en parte. Loki entonces se dirigió a Svartálfaheimr junto con su hermano con el pretexto luctuoso sobre su dura y miserable ocurrencia paternal. Ambos relativos se adentraron en la caverna que aventuraba a cualquiera que conociera el sitio a ver a los elfos oscuros trabajar ávidamente.
El taimado príncipe junto con el rubicundo dios del trueno fue recibido por los hijos de Iwaldi y éste mismo. El simpático enano se colocó por delante de los demás obreros, con la disposición de hablar por éstos.
- Saludos, sus Altezas – Saludó él, haciendo un gesto de cabeza respetuosa y humildemente - ¿En qué podemos servirles?
Thor se dirigió antes que su hermano, quien se veía visiblemente afectado por todo lo que había sucedido.
- Necesitamos de sus servicios – Respondió el rubio – ha pasado algo terrible, sabrás. Mi hermano, Loki… - bajó la cabeza, triste al recordar el suceso – ha perdido a una hija.
Iwaldi le observó atónito, y dando sus condolencias al timador, el que sólo asintió apócrifamente agradecido de dicha expresión.
- ¿Desean un artefacto fúnebre, entonces?
- Sí – Loki se animó a hablar – y venía a pedírselos a ustedes porque sé que son dignos y sagaces para construir algo fino y majestuoso como único regalo a mi hija muerta antes de que se vaya de Asgard.
Y de aquel halago, escuchó claramente entre los obreros algunos murmullos:
- Sus lisonjas son como sus mentiras.
Pero él no le dio importancia. Con ello, Thor tomó la iniciativa para volver a dirigirse a ella.
- Ustedes son buenos herreros. Estoy seguro de que un profundo sentimiento de alegría cavaría en ustedes el obtener la gratitud y el favor de los reyes de Asgard y sus príncipes si lo hacen – dijo Thor.
"No, no, no grandísimo estúpido", gruñó el desquiciado mentalmente hacia el dios del trueno, "ofréceles oro y te lo agradecerán. ¿Te crees aún que les bastará con la estupidez de los favores y la gratitud de los dioses? No puedes ser tan imbécil".
Aquel espeto pareció llegar a los oídos de unos cuantos elfos que tal vez harían caso al razonamiento hecho por el joven dios.
Sin embargo, Iwaldi habló otra vez.
- Pues sí. Ya hemos trabajado con ustedes antes y no veo razones para que Malekith, nuestro amo, nos ponga problemas.
- Espero que su trabajo rinda al máximo. Es una ocasión muy importante – Recalcó Thor en el valor de ese acontecimiento – confío en sus habilidades.
Los artesanos asintieron y comenzaron las labores. Algunos fraguaron los fuelles y otros recogían los materiales como la madera con la que se fabricaría el objeto sepulcral. Ambos príncipes se quedaron ahí, observando a lo lejos a las criaturas crear tal cosa. Thor se quedó mirando a Loki, el que mantenía sus fluorescentes ojos verdes perdidos en la labor; uno limpiaba las cosas, otros pulían los utensilios y así sucesivamente… todo sincronizado en extensa sintonía. ¿Cómo sería hacer lo mismo?, se preguntó el príncipe de córvido cabello. Tan distinto de romper cosas y hacer travesuras como siempre solía hacer.
Una vez que el pedido hubo alcanzado su final, Iwaldi lo dejó sobre la mesita que a su vez poseía una manta de seda, un material inusualmente suave en comparación a toda la aspereza propia de la herrería que enmarcaba la caverna.
Loki observó incrédulo el artefacto: un bonito – pero diminuto – barco de madera cuyo mástil iba en forma vertical, dejando ver parte del cuello y completamente la cabeza de un dragón de expresión serena; un asta que sostenía una diminuta vela, tanto el estribor como babor poseían cuatro círculos de un tono más oscuro en relación al del barco en sí y la popa, por último, traía una terminación de una pequeña caracola.
El dios del engaño no ocultó su sentimiento dicotómico de admiración como de desdén ante tan curioso artilugio.
- Sin duda alguna es un regalo precioso – dijo él, confundido y un tanto desdeñoso – pero dudo que las dimensiones puedan satisfacer la carga de mi hija – Notó ahora, fijándose en la complexión del navío.
Pero Iwaldi no se sintió en lo más mínimo ofendido, sino que se rió jocosamente.
- Mi señor, no subestime mis habilidades ni las de mis compañeros – tomó el barco plegable – este es el mejor barco que existe, y se llama Skíðblaðnir. Es maleable con un soplido a sus velas y si no se le necesita, se compactará a este mismo tamaño para guardarlo en un envoltorio o bolsillo.
Esa afirmación hizo a Loki convencerse de que valió la pena aquel viaje. Era lo que menos merecía su hija. Con ello se iría de manera agradable a un lugar mejor…
Dando el dispendio correspondiente a los obreros, Loki y Thor dispusieron a marcharse con el obsequio en las manos. Montaron sus caballos y llamaron a Heimdall, quien abrió el Bifrost trayéndoles de vuelta al hogar para discutir los últimos arreglos en cuanto a las ceremonias mortuorias. Loki, en lugar de quedarse con su padre en la sala, se marchó a su habitación encontrando a Sigyn durmiendo con el pequeño Narvi a su lado, el que estaba tan perdido en el sueño como su propia madre.
Pero lo que realmente le llamó la atención fue que Fenrir se encontraba durmiendo bajo su forma de licántropo tendido sobre la alfombra de pelo de oso blanco, con el hocico entre las patas delanteras. Jörmungandr estaba sentado con los brazos cruzados durmiendo también. Se preguntó qué estaban haciendo en la habitación de Sigyn, siendo que ellos tenían las suyas propias. "Una siesta en familia, eh…" pensó irónicamente al notar a sus tres hijos.
La joven madre se dio una vuelta, dando un gruñido producto de la inconsciencia. Cariñosamente, el cabeza de familia se tendió sobre la cama para acompañar a su esposa e hijo legítimo en el descanso tras todo el estrés de aquel agitado día.
El día de la ceremonia estuvo cargado de intenso silencio. Todos en la familia real vistieron sus mejores prendas para despedir a la pequeña cuya existencia había sido tan efímera como un suspiro. Este cortejo no estuvo exento de críticas: muchos reprochaban -comentando en silencio – el gasto que se le haría, siendo que en su brevísima existencia no había hecho nada considerable más que causar un verdadero susto a todos los que la observaran, aun cuando estando muerta no podía infligir daño alguno a todos aquellos que la repudiaban por su deformidad.
Algunos sirvientes – y antiguos compañeros de Sigyn – se arremolinaban para dilapidar verbalmente al príncipe y a su espantoso vástago.
- Dicen que tenía sólo un ojo… - comentó Andhrimir, el cocinero de los dioses.
- Y la piel de la parte izquierda completamente podrida – añadió Syn.
- ¡Imagínate tener que amamantar a ese engendro! – exclamó en voz baja una criada llamada Vör.
- ¡Yo preferiría dar de pecho a un enano! – agregó Gna, indignada.
- No entiendo cómo Sigyn puede querer a un engendro como ése. Si yo fuera ella no habría dudado en tirar a esa cosa por la ventana y dejar que los lobos se la comieran – dijo Fulla despectivamente.
- Dudo que los lobos hayan querido comerse a semejante esperpento – Snotra, otra sirvienta adolescente como Var y Syn, expresó.
- Si Sigyn tiene la cordura tan trastocada como para amar a ese asesino desquiciado no creo que le cueste querer a un desacierto tan tronchado y mal recompuesto como su hija.
- ¿Crees que Sigyn haya sido maldecida con algún hechizo para que su criatura le haya salido así? – Andhrimir volvió a pronunciarse.
- Tal vez – conjeturó Syn – o probablemente Loki le hizo algo… ese bastardo debió tener algo que ver con esto. Mi hermana, si fue ella quien envenenó con hinojo a Sigyn, le hizo un favor a Asgard en cuanto a tener que soportar la presencia de esa chiquilla.
Los criados y otros lacayos asintieron ante las suposiciones hechas por la pecosa.
Y lejos de los insidiosos comentarios de los sirvientes, Loki y Sigyn se arreglaban en sus aposentos con la ayuda de algunas costureras que se afanaban con las ropas que debían utilizar los padres de dicha joven. Sigyn había sido ataviada con un vestido bellísimo de un color azul eléctrico, con unos detalles nórdicos en la parte baja y colocada en su cabeza una corona de flores blancas y rojas, su cabello delicadamente peinado tenía unos cuantos adornos florales que iban en líneas verticales y dispersos. En cambio Loki traía la misma indumentaria que había arreglado en su tiempo como rey, poco tiempo después de que Odín hubiera sucumbido al sueño reparador. Ordenó secamente a las sirvientas que afinaran el brillo del casco, cuyos cuernos eran más erguidos y su color era más brillante a diferencia del otro que había usado en Midgard. Su capa verde esmeralda – combinable perfectamente con sus ojos – era ajustada a la parte solapada de sus hombros, que claramente permitía dejar caer el capuz en cascada.
Narvi se encontraba en los brazos de Frigga, la que había cuidado de él en los días en que Sigyn estaba demasiado débil como para hacerlo. Al igual que todo infante, el pequeño había dormido todo el tiempo y se despertaba mirando a todas partes, como si adivinara la mortuoria atmósfera que se vivía y hacía mella en sus padres. En ese momento, Narvi comenzó a llorar agitando las piernas y los bracitos. Sigyn se dio vuelta y optó por ordenarles a las modistas que depusieran sus acciones para atenderlo.
- Pero mi señora – dijo una – su vestido no está terminado…
- Da igual. Veré a mi niño – contestó Sigyn, arrimándose a Frigga para tomar a Narvi en brazos.
La joven madre se desató el vestido, cubriéndose parcialmente el torso. La costurera de más edad se acercó a la princesa consorte.
- Mi señora, no hay necesidad de que usted alimente al bebé. Para eso hay nodrizas – Le recordó ésta.
Sigyn se quedó mirándola.
- Es mi hijo. Nadie más que yo debe amamantarlo y no veo razón para dejárselo a otra cuando puedo hacerlo yo misma – Respondió ella un tanto molesta.
- Pero esas son las reglas… - y Loki agregó, para el terror de la zurcidora, con oscura voz:
- Si mi esposa manifiesta que desea alimentarlo, no tienes porqué contradecirla.
La mujer entonces pidió perdón y se le ordenó como a todas que dejara la habitación. Frigga se acercó a su nuera para comprobar que todo estuviera bien. Una vez que Sigyn ofreció el dulce pecho a su bebé, éste adhirió su pequeña boca para calmar el hambre que lo atosigaba.
Loki contempló a su hijo con expresión conmovida. Pensar que así mismo podría estar Hela, cebándose de la bondad del seno de su madre. La reina de Asgard se animó a pronunciar unas palabras.
- Me gusta la idea de que tú misma alimentes a tu hijo, Sigyn. Muchas mujeres se niegan a hacerlo por una cuestión estética.
- Me da igual – se le llenaron los ojos de lágrimas – me da igual no lucir tan joven si con eso crío a mi niño. Lo amo y le daré todo el cariño del mundo.
Loki la abrazó suavemente para no entorpecerle a Narvi su ingesta alimenticia.
- El llanto le hace mal a tu alma. Podremos llorar en la despedida de nuestra Hela – le besó la sien para calmarla – por favor… guarda esas lágrimas cuando estemos allá, cerca del mar.
Sigyn soltó un sordo sollozo, inclinando la cabeza hacia la de Loki.
- Creo que después de esto, no me restarán lágrimas para volver a llorar – dijo en un susurro.
Frigga suspiró, entristecida ante esa afirmación.
- La ceremonia será a la primera luz de la luna menguante – anunció ella poniéndose de pie – yo debo estar ahí antes. Les pido encarecidamente que se presenten lo más pronto allá – se despidió y se marchó la puerta.
La princesa consorte dejó de amamantar a su hijo para volver a vestirse. Pero antes de hacerlo, la oportuna aparición de Fenrir se impuso.
- ¿Padre? ¿Sigyn? – Se escuchó a través de la puerta – dicen los sirvientes que por favor se apresuren con el bebé para terminar los arreglos…
Loki se irguió, indignado.
- ¡Pues que se aguanten porque aquí nadie nos dirá qué hacer! – Bramó, creando el miedo tanto en su hijo lobo como en el pequeño Narvi, quien se puso a llorar por el estridente rugido provenido de su padre.
Sigyn le dio un pequeño codazo a Loki para hacerlo callar y que notara lo que había causado en el bebé. El joven dios de inmediato se silenció para luego atender la puerta.
- ¿Qué pasa? – preguntó él, poniendo atención.
- Las costureras esas están histéricas por querer terminar sus ajuares. Y no van a parar hasta que lo hagan – respondió Fenrir – si quieres, Jörmungandr y yo podemos quedarnos con nuestro hermano mientras Sigyn y tú se arreglan.
El joven dios asintió luego de pensarlo.
- Pues bien, diles a esas que entren y se apresuren.
La noche había llegado y además de llevar a la luna y estrellas consigo este día se veía el triste acontecimiento que estaba a puertas de realizarse.
Todo aquello parecía hacer pareja con el matrimonio, cuya presencia era escoltada por Asgard entera, que estaban en orden y cada uno de ellos poseía una pequeña esfera blanca y resplandeciente flotante en las manos. Centinelas silenciosos reclutados por el mismísimo padre de todos tenían la orden de prevenir cualquier ataque durante el boato luctuoso.
El Skíðblaðnir había sido puesto en su pequeña dimensión sobre el agua, que desembocaba en el extenso mar que acababa a su mismo tiempo en una gran y temible cascada. Thor se inclinó y, siguiendo las instrucciones de Iwaldi en cuanto al artefacto, sopló las velas y contempló incrédulo – como el resto de todo Asgard – cómo la nimia forma desaparecía para revelar un gigantesco y solemne barco.
Hela estaba en brazos de su madre todavía, como negándose a salir de esa piedad que Sigyn comúnmente mostraba a las personas desvalidas o necesitadas. Era como si no accediera a dejar volar libre su alma a lo sempiterno. Al lado de la doliente madre, Fenrir y Jörmungandr estaban situados al lado de Eir, quien cargaba a su nieto adoptivo.
Un puñado de sirvientes se aceleró a colocar materiales para construir la pira funeraria en la cubierta. Cuando estuvo hecho, Frigga se arrimó al gran navío y situó sobre la prolija hoguera una mortaja de color negro, tejida por ella misma. Odín también se acercó para dejar un par de joyas alrededor. Sólo faltaba acomodar a la difunta infanta.
Con una pena profunda cavando en su alma, Sigyn se disponía a posar el cuerpecito de Hela en la pira cuando Loki irrumpió.
- Un momento, esposa – musitó.
Sigyn se apartó, sin saber qué quería hacer. El príncipe demente se quedó ahí, estático. Efectuando un movimiento de manos, hizo aparecer un manto de un color verde. Odín y Frigga se quedaron observando la acción que el hijo menor de Asgard hacía. Loki envolvió el cadáver en ésta capa, igual a la que traía en ese momento. Se inclinó y dejó al bebé sobre la breve hoguera construida hace poco. Mientras le besaba la frente susurró unas palabras. Palabras que se perdían con el viento nocturno pero que Sigyn escuchó bien.
"Usé esta capa en mi fallido intento de conquista en Midgard… úsala tú cuando llegues al sitio a donde partirás. Serás una reina entre los muertos, Hela Lokidóttir. Que esta capa sea la prenda real que marque tu jerarquía sobre todos, porque la hija de quien fuera rey de Asgard no sucumbirá en medio de una muchedumbre sino que se pondrá por sobre todos, como debe ser…"
Loki se alejó para dejar lugar a su mujer, quien se sacó la corona de flores que traía en su cabeza para dársela. La situó a modo de halo, tal vez así compensando la desfiguración que mancillaba la belleza que se manifestaba en un lado. Su bella y maravillosa Hela… ahí estaba. Más hermosa que nunca. Porque sí era hermosa por más que los demás se empeñaran en afirmar lo contrario.
Ahora los miembros de la familia real junto con los demás criados que se encontraban en la cubierta. Descendieron a tierra firme para dejar el barco a la deriva. Thor puso su hombro en la popa del Skíðblaðnir con tal de hacerlo navegar por los mares. Sigyn prestó atención – mucha atención – mientras caminaba con su esposo y sus familiares para unirse al cortejo fúnebre.
Odín se encontraba en un lugar más alto, acompañado de Frigga. Las antorchas sostenidas por los guardias dispersados iluminaban considerablemente el lugar, dando un aspecto más solemne al rito de despedida…
Sigyn no toleraba que la misma y psicótica idea que hace tantas noches acosaba sin tregua alguna su cerebro de que Hela en algún momento despertaría siguiera corroyéndola. Se imaginaba los gritos de dolor y de desesperación de la criatura, llamándola para que la salvara de la aspereza de las llamas sin importar cómo. Ella lucharía contra las aguas de mar como una fiera para sacarla de ese sitio.
Las lágrimas comenzaron a desbordarse de los ojos de Frigga, Eir y del mismo Loki al atisbar el Drakkar alejándose por la inmensa extensión del océano. Odín dio la orden de que uno de los guardias disparara una flecha, cuyo extremo ardía a causa de una minúscula ignición que pronto incendió el barco completo en su deriva al final de la cascada…
En ese momento, Sigyn no pudo tolerarlo más, casi desvaneciéndose en los brazos de su esposo, sollozando y llorando desconsoladamente. Loki la abrazó fuertemente, pese a que él estaba a punto de colapsar producto del dolor que también él sentía al despedirse de su hija. Sus vagidos escabrosos invadieron el pecho del timador, el que ocultó su rostro en su cabello rubio.
Frigga inclinó la cabeza hacia el brazo del anciano rey, quien dejó que una gota lacrimosa se resbalara por su mejilla mientras golpeaba el suelo con el gungnir, haciendo refulgir el Skíðblaðnir en mil y un partículas millares de resplandores que se elevaron hasta el cielo junto con las esferas que cada asgardiano traía en manos en un fantástico y mágico espectáculo que teñía la lúgubre jornada nocturna de un celestial color blanquecino, mezclado con las bellísimas luces de colores que hacían de aquel portal superior algo deseable pero difícil de obtener.
La joven madre extendió un brazo, como queriendo tocar – aun cuando eso era vano – a la criatura muerta que se había deshecho en una hermosa luminiscencia.
- ¡Mi hija! – Estalló Sigyn, dolida - ¡Perdóname…! – se aferró a los brazos de su esposo, el que la resistía para que no se desplomara.
Los rescoldos de aquel barco se habían extinguido al desbaratarse con la cascada, llevándose así a esa semilla que se había derivado a la eternidad para fundirse con la ternura de la noche. Porque así como había llegado con la luna junto a su hermano Narvi, se iría con su irradiación plateada para vivir y pasar su eterna existencia en un lugar en el que – tal vez – no existía la crueldad ni el odio… en donde se desvanecería con el calor del sol en su cara, saltando sobre prados elíseos viva como nunca y con los ojos cerrados correr contra la oscuridad…
Eso era lo que Sigyn pensaba para darse consuelo… consuelo que parecía ser un cervatillo declarándole la guerra a un león rugiente, que agudo clavaba los dientes del dolor desgarrándole el alma – la suya y la de él – al ver cómo aquella niña concebida y nacida del amor, a la que por tantas lunas su matriz abrigó tan generosamente, a la que aseguró en tantos sueños que amaría de manera incondicional y que por caprichos y crueldades del destino no vino con vida ni viviría para sentir el ardiente cariño de su madre ni de las tiernas lágrimas que inspiró al nacer pero que pudieron haber sido de felicidad no sólo por ella, sino por su hermano. Una doble bendición que se vio truncada en aras de la demencia de alguien que ella creía que podría causar daño solamente por ser diferente a los demás.
Se había ido… como el río se iba con el mar, se marchó de aquí a la eternidad.
Y lo que era peor; ella no volvería.
- Adiós, Hela… niña de mis ojos, reina de mis sueños, mi cielo… adiós… - Se despidió Sigyn desgarradoramente mientras los últimos resquicios del Skíðblaðnir se encumbrabanpara perderse allá, en la negra eternidad del cielo de noche…
Como el funeral consentía a las costumbres del sjaund, la fiesta en honor a la difunta decidió ser realizada una semana después, en la siguiente fase lunar que competía esta vez a la luna nueva. Las celebraciones fueron organizadas en poco tiempo y los vanir por respeto a la fallecida, decidieron dar sus muestras de dolor quedándose en Asgard.
La idea no le gustó en lo más mínimo a Loki, el que decidió no asistir a la fiesta planificada a la semana pasada el funeral. Creía que algo malo le sucedería a Sigyn y a su hijo, paranoia justificada pero que iba corroyéndole la psique al timador. El príncipe del engaño se excusó diciendo que no estaba en las mejores condiciones para asistir. Odín no quería insistir en el tema pero le mencionó que consideraba que su presencia en dicho convite sería esencial puesto que el brindis era por Hela, por lo que lo más adecuado era que él, como padre, se presentara junto con Sigyn. A Fenrir y a Jörmungandr no se les dio la misma consideración, puesto que tenían la opción de asistir pese a los comentarios que podían hacerse en cuanto a sus orígenes.
Sigyn, en cambio, estaba deshecha. Se desesperaba día y noche por cuidar obsesivamente de Narvi. Loki también se sumía en la desesperación, enviando a trasladar la cuna de su retoño a su aposento de modo que Sigyn cuidaba de él durante el día y Loki lo hacía en las noches – porque no podía dormir pensando en que alguien entraría a su habitación y asesinaría a su esposa junto con su hijo - para que ella descansara.
Los hermanos lobo y serpiente e incluso la misma Eir contribuían cuidando al pequeño en lapsos en que sus padres colapsaban y se quedaban dormidos a deshoras, despertándose al día siguiente u horas después. Narvi daba signos de ser un niño completamente normal, sin anomalía alguna.
Un día, Loki le dio permiso a Sigyn – o más bien la orden – de que pasara unos días en la cabaña de Eir, cuidada por Fenrir y Jörmungandr. El primero desistió con la razón de que deseó seguir en la búsqueda del responsable del asesinato pero el segundo aceptó inmediatamente. No podían no encariñarse con Sigyn, quien demostraba ser una madrastra sumamente agradable con ellos. Jörmungandr no le expresaba quizá mucho cariño debido que él ni su hermano mayor Fenrir no habían sido tratados de esa manera. Es más Angerboda – su madre natural – los había tratado durante toda su vida como si fueran soldados más que hijos. A eso se le sumaba el trato que Loki les daba, que no estaba muy lejos del de aquella bruja del Járnviðr, por lo que se les hacía raro que alguien pudiese tratarlos con atención y con afecto. Fenrir parecía gustarle bastante, pese a ser más violento e impulsivo que Jörmungandr, quien era más metódico y taciturno como su padre.
Cuatro días antes de marchar a la cabaña, Sigyn sufrió su último derrumbe nervioso una noche, creída que Hela estaba llamándola para que la salvara de las garras del fuego en el que había abandonado este mundo. Loki casi cayó víctima de un colapso cardiaco al ver cómo su esposa intentaba escaparse por el balcón, dándole de primeras la impresión de que quería suicidarse.
Definitivamente, no existía un dolor más grande que perder un hijo. Nada había cavado tan profundo en la vida de Loki, la que ya estaba plagada de atroces fracasos, y en la de Sigyn cuya candidez reflejaba en sus traspiés oníricos – maravillosos traspiés, debía reconocerlo – la ilusión de aceptar a aquella hija cuyo conflicto físico demostraba ese paralelismo psicológico con su padre, arguyendo que no podía amarla porque era un monstruo ni creyéndose que alguien como ella podía quererla de verdad. La agobiada princesa consorte suplicaba infructuosamente en la disminución del dolor su anhelo de verla, de amarla de tener unos cuantos minutos de decirle que eso no le importaba y que quizás se hubiera salvado de no ser por haber bebido esa maldita tisana de manzanilla…
Loki la tomó en brazos, acorralado por el sentimiento de tristeza y desesperación de convencer a Sigyn de que no había sido su culpa ni que tenía que atormentarse con los pensamientos sobre ella.
- Mi Hela tiene frío – maulló, mientras su esposo la mecía para apaciguar esos tormentosos sentimientos que empañaban esa época que debía estar cargada de felicidad pero que no había traído más que insomnio, tristeza y desconcierto ante el atroz futuro que estaba distante pero a la vez tan cerca, dejando esa estela de horror e incertidumbre que dolían más que ese punzante momento que pronto develaría a quien lo hubo orquestado.
Una vez que Sigyn se marchó tranquilamente a la cabaña dispuesta por Eir acompañada por Jörmungandr y de Narvi, Loki dejó a Fenrir descansando en su aposento correspondiente tras una búsqueda que parecía no tener fin o cabos concretos. Hasta ese momento nadie parecía ser sospechoso y sólo Var seguía encerrada y torturada con preguntas a la espera del veredicto del padre de todos si ningún otro aparecía como sospechoso. Le esperaba la lapidación, mutilación corporal, ordalías como tener que cargar piedras al rojo vivo por nueve pasos o ser marcada como un animal de ganado.
Loki había decidido dar una larga caminata a lo largo de todo Asgard, hasta llegar a las ramas del mismísimo Yggdrassil que se encontraban las raíces de éste. Con esta andanza, quiso aceptar y asimilar calmadamente todo lo que había sucedido en toda esa agónica y turbulenta semana. Caminó y se sentó a las orillas de una laguna, respirando la brisa al estar meditando con los ojos cerrados.
Inspiró hondo mientras todos los hechos tanto por esa semana como en el último año se reproducían en su mente como una siniestra película. No podía evitarlo. Estaba demasiado apesadumbrado como para desviar su cerebro a otra cosa, quizá porque pensando en esos hechos se aliviaría el dolor y la pesadumbre causada por éstos.
De pronto, sintió una ligera aura de malignidad rondando por el aire. No le importó mucho… al principio. Y cada vez le sumo más importancia a medida que iba reconociendo a la causante de dicha sensación.
Angerboda.
Se volvió a sus espaldas para encarar nuevamente a su ex compañera de lecho para comprobar qué se traía esta vez.
- Así que la pérdida asola el corazón del dios del engaño quien dijo muchas veces que carecía de uno – la voz de la temible Iárnvidia se oía aparentemente de todas partes.
Loki lanzó un gruñido de rabia.
- ¡Muéstrate, bruja! – Gritó él - ¡No seas cobarde!
- No hay razón para que espetes descalificativos contra mí, querido mío… - Siseó Angerboda, apareciendo de la oscuridad, revelándose en su magna gloria de jötunn hembra. Un diminuto taparrabos junto con un par de pieles triangulares que tapaban sus pechos y una serie de collares con partes de animales y seres vivos se dibujaron en los ojos de Loki, el que se apartó abatido.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – preguntó él, molesto.
- Venía a verte… y a nuestros hijos. Suponía que la cara que tú esposa ha puesto cuando decidimos llevarlos aquí no ha sido la mejor, ¿O no? – caminó hacia él, quien se había puesto de pie para no prestarle atención.
- ¿Por qué vienes a decirme estas cosas, Angerboda? – Inquirió Loki, ultrajado.
- Me sorprende que estés tan afectado, Loki.
El timador frunció el ceño.
- Te digo que me resulta asombroso que llores y guardes luto por una criatura cuyo ominoso fin yo predije – Razonó la giganta de hielo.
Él dio un espasmo.
- ¿Y supones que con esa "predicción" que tú has hecho no piense que tú has tenido algo que ver? ¡¿Cómo te atreves?! – Rugió el dios del engaño.
- Mi voz a través de la cual te has enterado no ha sido más que un instrumento. No he sido yo quien carga en sus hombros el peso del deceso de tu hija… que más bien podría haber sido mi hija – enfatizó en el pronombre, cosa que llamó la atención al desquiciado príncipe, quien exigió saber qué significaba aquella nominalización rodeada por un inquietante aire de enigma que no dejaría indiferente a nadie.
Angerboda sonrió y Loki pudo distinguir en tal mueca una sombra minúscula de tristeza. Pero no era de cualquier signo de tristeza, sino que era ese gesto que dejaba ver un fantasma de lo que pudo haber sido y lo que no.
- Hela.
El timador no entendía por qué la hechicera pronunciaba el nombre de la niña muerta.
- Hela hubiera sido mía – Siguió Angerboda, cabizbaja.
- ¿Qué?
- Que Hela hubiera sido tuya... y mía si te hubieras quedado conmigo – Contestó – Fenrir y Jörmungandr eran parte de nuestra prole. En mis visiones, avistaba a una nebulosa en medio del Helheim – procedió a explicarse para no dejar tan confundido – y de esa nebulosa surgía una niña. Ésta estaba visiblemente enferma y poseía el lado izquierdo de su cuerpo absolutamente…
- Quemado y podrido, sí – replicó Loki hastiado – sí, sí… ya sé todo eso. Así nació Hela como Sigyn y yo pudimos ver.
- Claro está. ¿Sigyn tuvo visiones sobre ella durante el embarazo?
- Todo el tiempo.
Angerboda asintió, como corroborando todo lo que había teorizado.
- ¿Qué es eso de que "hubiera sido nuestra"? ¡Explícate antes que esto sea lo último que hablemos! – amenazó Loki, siseando.
- Vamos, querido… cálmate - musitó la hechicera agitando las manos en señal de paz – con eso quise decir que si no me hubieras abandonado y hubiéramos pasado más noches juntos, Hela sería parte de nuestra descendencia.
- ¿Y supones que por alejarme de ti y tras conocer a Sigyn la engendré con ella? No te entiendo bien, Angerboda.
- Estás en lo correcto – Aprobó ella con un gesto de cabeza.
Loki bajó la cabeza.
- Te dije que un jötunn y una asgardiana no pueden concebir hijos normales, Loki – dijo ella.
- Hela no era normal aún cuando tú soñabas con ella – le remarcó él las palabras dichas hace un rato atrás - ¿Quieres decir que si la hubiera tenido contigo hubiera sido así de desfigurada? ¿Habría alguna diferencia?
- Sí – Afirmó Angerboda – pero no hubiera muerto. Bueno, no hay mucho que decir sobre eso puesto que ella será la muerte en persona. No es de extrañar que Sigyn no haya soportado tolerar inicialmente la idea de que su primogénita tuviera tales imperfecciones. Sin embargo, si te puede amar a ti no dudo que ame también al hijo que engendró contigo – ahora adoptó un tono de voz un poco más escéptico – si la hubieras tenido conmigo… si te habrías quedado… Así como Fenrir es la parte agresiva e impulsiva de tu persona, Jörmungandr es lo metódico y silente de ti… - oscureció su tono de voz – Hela posee tu podredumbre interior y a la vez tu atractivo. Es tu reflejo y espeja tu dicotomía como persona, tus sentimientos y actos. Si ella hubiera vivido, conformaría a la tercera hija de los tres que originalmente eran pero como tú, Loki Laufeyson, eres una enfermedad y avanzas y no paras hasta devorar a alguien más débil, optaste sin saberlo por propagar ese odio y toda esa desfiguración interior que te caracteriza porque no puedes vivir solo con esa maldad. Era obvio que tenías que filtrarlo a otra persona a través de todos los métodos posibles – se rió, como si no entendiera las acciones de Loki – y Sigyn…
El príncipe demente se quedó mirándola, seguro de que volvería a manifestar otro oprobio a la santidad de su mujer.
- ¿Qué con ella?
- Sigyn era prácticamente perfecta para ser tuya en ese aspecto… no debió haber parido a Hela precisamente porque debió haber sido mía - lo miró a los ojos, con cierto rastro de desolación - Ella es un error en la vida de ustedes, más en la de ella que en la tuya porque tú, mi querido. Es todo lo que tú no eres como tú eres todo lo que ella no es. Me atrevería a decir que no la dejaste encinta, sino más bien la contaminaste.
- ¡¿Contaminarla?! – Vociferó Loki, esta vez avanzando hacia ella con ademán de lastimarla - ¡No te atrevas a volver a decir tal atrocidad, miserable bruja!
- Es cosa de que veas qué sucederá con ella los siguientes días.
- ¿Qué sucederá? – La tomó de los hombros, exasperado - ¡Dímelo!
- Arrastraste a Sigyn en la caverna de la miseria en la que estás cayendo puesto que ya no se convenció de haberte cambiado porque fuiste tú quien la cambió a ella. Le has llenado el corazón con el mismo veneno que te ha marcado toda tu vida, preguntándote por qué odias a Thor y a Odín cuando no te han mostrado más que amabilidad.
Loki arrugó la nariz, como si estuviera oliendo un cadáver pudriéndose a sus pies.
- Desdén, Angerboda – Siseó él, sus palabras sabían al mismo sentimiento con el que se había criado toda su vida – no amabilidad.
- Es como preguntarle a la tea por qué odia al sol: porque brilla con mucha más fuerza –Angerboda estableció el paralelismo con algo que al embaucador le resultaba una premisa insultante.
- No me oprobies así. Te lo pediré encarecidamente – pero sin que ella se diera cuenta, sacó una daga de su túnica de cuero.
- Querías respuestas y ahí las tienes – Dijo la mujer, sin vergüenza.
- Se supone que eres vidente y predijiste la muerte de mi hija. A eso agrégale que has dicho varias cosas que quedan en un vacío, entre ellas la frase que me dijiste "Será la misma persona que te tuvo al borde de la muerte, pero a la vez será el verdugo del cadáver del infante que tu esposa carga consigo." ¿Quién me tuvo al borde de la muerte?
Angerboda echó una carcajada, como si Loki fuera un niño pequeño que no termina de aprenderse su lección.
- No es necesario que te lo diga porque tú ya sabes quién es. Es más – levantó la mano, apuntando brevemente con el dedo – tanto tú como Fenrir lo tienen en tus narices. Falta que lo mires con más atención.
- ¿Qué? – Chistó el timador - ¿Qué estás diciendo?
- No puedo decirte más. Lo que resta lo descubrirás por ti mismo porque el culpable de esto está en tu propia casa.
- ¡No! – la tomó del brazo - ¡Déjate de misterios y dilo de una vez! ¡¿Quién es?!
- ¡No hay nada más que decir, Loki! – Gritó Angerboda, distanciándose del que fuera su compañero de cama. Él saltó a acercarse a ella, ansioso de querer saber qué pasaría en el futuro.
El dios embaucador soltó un jadeo de incomprensión ante la insatisfactoria respuesta.
- Es mi última conversación contigo, querido – se volvió al príncipe, quien la miraba furioso.
- Dímelo – le colocó la daga en la costilla, advirtiéndole qué sucedería en el instante - ¿Quién cometería el error de perpetrar esta atrocidad contra mi familia?
- Está en tu propia casa, Loki. Le conoces. Tu padre le conoce. Todos lo conocen. Sólo hace falta que abras más los ojos. No tengo qué decirte más – Angerboda le dio un largo beso, casi de despedida, sin enredar su lengua con la de él. Era casi un beso plasmado con tristeza.
Loki se quedó estático. ¿Por qué de un momento a otro Angerboda se ponía así? Porque no era de esa forma. Su séptimo sentido le decía que algo no marchaba bien con ella. Una minúscula parte de él quería saberlo, pero eso no era importante. No por ahora.
La hechicera hizo un signo con la mano y su figura se desvaneció para volver – tal vez – al Járnviðr.
Y con la última frase que serviría de pista para resolver todo aquel embrollo familiar se regresó al palacio.
Pasó la semana y los recovecos más elegantes del palacio estaban llenos de adornos con motivo de la fiesta del sjaund. Sirvientes jóvenes y viejos se esmeraban en dejar todo bien preparado para la gran festividad que se celebraría en ese lugar.
Toda clase de platos, de alimentos y bebestibles fueron puestos a la disposición de todos los asistentes al festejo. Un día completo les tomó, del amanecer hasta la mismísima puesta de sol componer y aderezar la mesa no sólo con comestibles sino que con cálices y vajillas para complementar lo que sería un ventaneo muy agradable y especial.
Pero dejando de lado la comida y lo aparentemente alegre de ese evento que seguía al cortejo fúnebre llorado con lágrimas de sangre, el padre de todos no dejaba de pensar al igual que Loki o como Sigyn que la visita de los vanir despertaba una desconcertante coincidencia que encendía la preocupación tanto en él como en el mismo timador. Por mero respeto a su visita que había motivado su presencia en Asgard no quiso iniciar investigaciones, mas el desastroso incidente con su nieta lo ponía entre la espada y la pared en cuanto al respeto y a dejar pasar esto con los vanir.
Una vez que la fiesta del sjaund había sido organizada y posteriormente celebrada, todos los invitados recitaron vítores en ánimo de la pareja y de Asgard misma. Especialmente cuando las copas con cerveza e hidromiel fueron izadas honrando no muy de buena gana el nombre de la fenecida.
Sigyn había regresado al palacio - tras un dedicado cuidado por parte de Eir tanto a ella como a su hijo, el que también era tratado con prudencia por parte de Jörmungandr - solo para acompañar a su esposo el que no estaba contento en lo absoluto. Loki no había hablado con nadie, ni siquiera con su madre. El entresijo que la frase que Angerboda había pronunciado lo hubo atrapado en una cadena infernal de cruel perplejidad. En su mente se mezclaba aquello con la otra revelación que la misma bruja Iárnvidia había proferido:
"Debió haber sido mía…"
¿Suya?, reflexionó,¿De él y de Angerboda? ¿Qué diferencia marcaría si hubiera sido de la aterradora hechicera del bosque de los lobos en vez de su linda y adorable esposa? Porque durante todo el tiempo Loki había creído que si un lío con dos hijos ilegítimos ya era demasiado, el hecho de que el heraldo de los pesares le dijera que Hela hubiera sido la última de la espantosa progenie suponía una carga psíquica intolerable.
¿Contagiar a Sigyn? ¿Infectarla al legar su nociva semilla en su matriz para que sólo naciera un fruto podrido y de paso sin vida? Y si así hubiera sido, ¿Por qué a Narvi no le había sucedido nada? Puesto que él estaba sano físicamente y no había resquicio del veneno con el que su madre fue descomedidamente emponzoñada. Quizá Hela se había llevado la peor parte y habría muerto en el vientre de su madre…
Ah, tantas teorías y explicaciones que parecían un callejón sin salida, un verdadero laberinto de confusiones y conjeturas de lo que pasó y podría suceder presumían un tormento que a Loki terminaría enloqueciéndolo hasta tocar fondo.
Aquella reflexión se vio interrumpida por una ligera asida de su antebrazo.
Los nervios de Loki temblaron ante esa intermisión a su oscuro ensimismamiento interior. Su esposa le miraba temerosa, como la adolescente que todavía se adivinaba en sus rasgos faciales y a la que aún se le veía presa de la timidez, talente que la caracterizaba mucho en su tiempo de sirvienta.
- Querido – sacudió muy tenuemente su brazo – no has tocado tu comida.
Loki dirigió sus ojos rápidamente hacia su plato.
El pescado a la plancha junto con unas cuantas verduras dejaron ver lo que Sigyn había dicho.
- No tengo ganas de comer, querida – se excusó él.
- Lo decía por si querías dárselo a Fenrir – ambos dirigieron la mirada al adolescente que devoraba con su voracidad de lobo todo lo que estaba ante él. Devoró reses, jabalíes, pavos, pollos, pescados… una presa tras otra ante la indiferencia de Jörmungandr, quien comía solamente aves y pescados a diferencia de su hermano mayor. Volstagg se reía al notar que tenía un rival en lo que refería a su regusto por la comida, Hogun conversaba con Fandral…
Todo esto se parecía demasiado similar al panorama vivido hace aquella noche fatal una semana atrás. Sigyn y Loki se aferraron al otro. El espinazo de cada uno se enfrió y sintieron un mal augurio en el aire. La joven madre no dejaba de pensar qué tenía a Loki tan absorto en la caverna de su mente. No quiso preguntárselo porque la presión que ya sostenía en sus hombros era demasiada como para atosigarlo con interrogantes.
- Ánimo – Susurró la rubia – Frigga me dijo antes de la fiesta que podíamos irnos si no nos sentíamos cómodos.
- Odín me dijo algo similar. Pero esta fiesta no tendría mucho sentido si nosotros no estamos puesto que es a nuestra Hela a quien honramos – respondió él, en el mismo tono de voz.
- Puedes avisarme cuando quieras irte. No quiero dejarte solo – Musitó Sigyn, dándole un beso en su mejilla, gesto que hizo sonreír a su esposo.
- Ya te avisaré – Loki entrelazó su mano con la de ella.
La fiesta siguió su curso y cada vez más la fiesta subía de tono. Odín se limitaba a contemplar todo el espectáculo con su sabio y añejo ojo azul. Frigga estaba a su lado, tarareando para así seguir el curso de las canciones que se entonaban. Thor sonreía y levantaba su copa repleta con hidromiel.
Volstagg se levantó.
- ¡Por la pequeña Hela Lokidóttir y su buenaventura en su viaje al Valhalla! – Vitoreó él.
- ¡Salud! – gritaron todos al unísono.
Los dos hermanos y el matrimonio que aún guardaba luto fueron los únicos que no levantaron la copa. Odín lo notó pero decidió no amonestarlo. Comprendía que no se sintiera bien, pero al menos podía hacer el intento. Loki, en cambio, lucía concentrado en la posición que su esposa adoptó en cuanto a él; inclinada la cabeza y medio dormida.
De repente, el abasto del preciado licor que era el hidromiel se terminó. Syn y Snotra como tantas otras sirvientas se arrimaron a proveer a los nobles que devoraban todo cuanto comían. Loki era completamente impasible a la servida que Syn hizo a su cáliz con el hidromiel, Sigyn hizo un signo de negación a cualquier bebida alcohólica, mientras que Fenrir y Jörmungandr aceptaban gustosos toda clase de bebibles (que incluía vino, cerveza y el mismo hidromiel), embuchándolos y volviendo a pedir hasta el hartazgo.
Si había algo que a Loki no le agradaba en lo más mínimo era ese concepto erróneo de tener que emborracharse con tal de demostrar la hombría. Era algo que nunca en su vida había podido comprender, con lo que prefería no beber mucho y leer más en momentos de lucidez. Pero si alguien supiera que sus dos hijos bebían y bebían como si el mundo fuera a acabarse dudarían de su paternidad.
Loki inclinó su cabeza hacia Sigyn, la que parecía haberse quedado dormida debido a su quietud.
- ¿Cómo puede quedarse dormida con todo este barullo? – se preguntó en mente.
Y como si ese pensamiento pudo llegar como ondas sonoras a los oídos de Sigyn, ésta respiró hondo y giró un poco la cabeza para mirarlo.
- ¿Me perdí de algo, esposo? – Pió ella refregándose los ojos. El interrogado tardó en responder debido a la sorpresa.
- De nada, querida – le aseguró Loki en un susurro tras un rato de mutismo – sólo griteríos y escándalos… nada más. Ya nos iremos en un rato más – colocó su mano sobre la de él.
Eventualmente, los esposos pidieron permiso a sus hijos para que los dejaran pasar – puesto que donde estaban sentados resultaba ser un pasaje más estrecho que lo habitual debido a la visita vanir -, el ademán de lobo junto con la sierpe se hicieron a un lado para permitir un tránsito más viable a sus padres. Loki le ofreció su brazo a Sigyn con tal de facilitarle la travesía, puesto que aún se encontraba delicada de salud y a su organismo no le hacía nada de bien asistir a tales festejos.
Sin embargo antes de salir, entre medio de los cánticos y de las muestras de cariño entre vanir y aesir, el dios timador hizo un signo a su padre que indicaba lo que iba a hacer en aquel momento. Odín asintió, deseando que estuvieran bien. Loki entonces se arrimaba ya a la salida entre los muchos sirvientes rondando por ahí cuando Skirmir se cruzó en su camino. Seguramente se había devuelto tras estar con una que otra prostituta asgardiana.
- Cuidado – advirtió el joven dios.
Skirmir hizo una breve reverencia y un gesto de cabeza. Loki se quedó mirándole: a él no le agradaba que estuviera en su casa, al igual que todos esos que conformaron el Consejo que habló de matarlo. Sigyn prefería ocultar su rostro, debido al cansancio. El rubio barbudo se quedó mirándoles y continuó su trayecto de vuelta a la mesa y a la merienda, se sentó al lado de Fenrir, quien comía concentradamente su pescado a la plancha. El joven dios aun caminando rumbo a su aposento, notó que su vástago licántropo había adoptado una pose un tanto extraña en comparación a la anterior, que era inclinado a su plato de comida.
Las aletas nasales del lobo se dilataron: un fuerte olor a planta se sentía en los alrededores. Fenrir empezó a olfatear de manera imperceptible; primero en su plato que ya estaba vacío. Pero no. El olor no provenía de dicha vajilla, de modo que ahora se inclinó por quitarle la copa de metal ligero cuyo vino no había sido bebido a su hermano menor, quien protestó sin resultado alguno, ya que Fenrir se limitó a investigarlo olfativamente.
Tanto los ojos de Frigga como el de Odín se permanecieron mirando la insólita escena, y más cuando Skirmir mantenía una mirada de perfil, observando a los dos hermanos que ahora parecían discutir. Parecía nervioso, y las manos adoptaban una tembladera visible a una distancia considerable. Ahora Fenrir se dirigió a Skirmir luego de que aparentemente no hubo acuerdo con Jörmungandr. El lobo esta vez tomó los ropajes en sus manos, hundiendo la nariz en ellos. Ante tan brusco movimiento, el barbudo que era consejero y amigo del rey de Vanaheim – Freyr, quien como muchos hubo desviado la atención hacia la curiosa escena – rezongó molesto, pero no con contento con ello, el movimiento resultó ser una maniobra doblemente útil:
De lo recóndito de la altivez de aquellas indumentarias, cayeron unas cuantas hojas cuyo principio consistía de una nívea y abultada binza cuyos tallos mostraban muchísimas hojas verdes, seguido de un ramo de flores amarillas, más pequeñas que las flores de manzanilla…
Fenrir se agachó ante prácticamente toda la corte asgardiana que merendaba en la mesa y atisbaba boquiabierta y en silencio para tomar en su mano derecha aquel insólito bulto. Lo olfateó durante varios segundos para mirar al que era consejero del rey de Vanaheim:
- ¡Esto es hinojo! - Exclamó el lobo.
Skirmir tenía el corazón en la boca, incrédulo de lo que estaba sucediendo.
Ahí estaba el asesino. El impío y mísero asesino de la niña a la que fingidamente rendía honores.
Odín se puso de pie, al igual que Thor; ambos con expresiones poco y nada amables en sus facciones. El acusado hizo lo mismo, sólo que sintiéndose acorralado. Desde lo lejos, Loki y Sigyn escucharon estupefactos lo que ese cicatero y descorazonado ser tenía que decir a su favor.
- ¿Qué es todo esto? – preguntó Freyr, incrédulo de lo que estaba siendo testigo.
- ¡Mi señor, yo…! – dijo él, temblando y alejándose.
- ¡¿Qué significa esto?! – Gritó Odín furioso, como si estuviera a punto de atacarlo - ¡SKIRMIR, EXPLÍCATE! – vociferó ahora, con voz mil veces más imponente que la de su hijo Thor, quien se sentía tan ultrajado como él mismo.
El querellado miró a todas partes, como si las columnas que sostenían el techo, las baldosas que conformaban el suelo y el las cortinas que adornaban el sitio pudieran susurrarle una respuesta coherente y que defendiera lo indefendible.
- Padre de Todos, yo… déjeme explicarle - agitó las manos para crear las paces.
- ¿Explicar qué? - Gritó Thor - ¡¿Por qué tienes plantas de hinojo en tu poder?!
Skimir bajó la mirada, apretando los puños.
- Yo... yo sólo... - ahora gritó, destemplado - ¡No podía dejar a ese engendro vivir! Si supieran las malas lenguas que rodeaban a su nacimiento…que su existencia significaría un atroz destino para todos nosotros… ¡Sólo hice lo que cualquiera que buscara el bienestar y la salvación de todos hubiera hecho! – Miró a Thor - ¿Supones que una aberración de la naturaleza como ese monstruo al que un par de seres le lloran sea perdonada? ¡Un fallo infernal como Hela no debía vivir! ¡Porque la ramera que tiene por madre y el asesino desquiciado que tiene por padre ya hacían una combinación horrenda a la concepción de esa criatura! – se agarró de las crenchas para calmar la batahola de sentimientos que estaban tan tensos como un volcán en erupción.
Thor agitó la cabeza como el mismo Odín con una expresión de agravio en su rostro ante dicha afirmación.
- ¡No te atrevas a descalificar a mi hijo y su esposa! – Lo amenazó el anciano.
- ¿"Descalificar"? – Escupió el vanir - ¡Esa prostituta ya poseía una dudosa reputación antes de casarse con el monstruo que decidiste criar como tu hijo! ¡Y sí, he sido yo quien envenenó a esa meretriz repugnante para que perdiera a ese aborto del infierno! ¡Y no sólo eso! ¡También envenené una de las botellas con vino con el beleño negro! – Admitió descaradamente - ¡Para hacer lo que tú no hiciste, Odín! ¡Que fue ejecutarlo luego de sus crímenes en Midgard! ¡Pero no, tenía que venir esa puta a sanarlo y arruinar todo lo que habíamos planeado! – Se atrevió a apuntar a Freyr y a los otros dos vanir - ¡¿No les parece que les hice un favor?! – Gritó, extendiendo los brazos en señal de bondad - ¡Desde que nos enteramos que esa ramera se había casado con él, las videntes han dicho que si queríamos evitar tal desdicha teníamos que quitarla del camino! ¡Sacrificar unos pocos para salvar unos cuantos nunca había sido tan fácil!
Toda la corte se quedó estupefacta ante la revelación que Skirmir estaba haciendo. ¡Así que lo del beleño negro no había sido un accidente como todos habían pensado en un principio!
- Eres una víbora traicionera – se atrevió a decir Frigga, la que tenía los ojos llenos de lágrimas de rabia. Odín hundía su ojo azul en su figura, desconcertado por esa actitud.
- ¡Asesino! – Gritó Thor, apuntándole.
- ¡Asesinaste a mi nieta! – Chilló Odín, descolocado por la absurda explicación que había tenido que escuchar.
- ¿Suponías que celebrara en Vanaheim o aquí mismo el nacimiento de esa criatura? – Continuó excusándose Skirmir - ¡Más deberíamos estar celebrando su muerte, porque eso debiste hacer Odín! ¡Sabes que un padre tiene la opción de matar a un recién nacido si este presenta alguna deformidad! ¡¿No es eso lo que hacen aquí en Asgard?! ¡Porque si hubiera sido cualquier padre, estoy seguro que…! – Skirmir no pudo seguir hablando, porque un certero y grueso filo de una espada atravesó su pecho y lo privó de su desfachatado discurso.
Gerda y Freyja gritaron ante la sangrienta escena, Odín y Thor retrocedieron mientras que Fenrir y Jörmungandr permanecieron boquiabiertos. Skirmir dio un quejido de dolor, inclinándose a ver el instrumento asesino y al que había orquestado tal atentado.
Con el rostro lívido, retorcido, convulsionado de rabia, Loki había apuñalado al culpable de la desalmada desgracia que lo había atormentado a él y a su esposa luego de oír tan desvergonzada confesión, matándolo ahí mismo. En un acto de locura y de deseo de sangre desmedido y diabólico, salió corriendo del lado de Sigyn solo para apresurarse y quitarle la espada a uno de los guardias que se había descuidado con toda la conmoción que había sucedido. Apretó los dientes, hundiendo más de lo que podía aquel sable justiciero, obteniendo un sonido atronador de los huesos y tejidos musculares siendo cercenados y desgarrados, cosa que no pasó desapercibida para Loki, quién sonrió como un desquiciado al saberse el creador de dicho sufrimiento de aquel criminal que le hubo arrebatado a su criatura fríamente. Skirmir gritó esta vez de dolor, sólo para dejar de moverse y sucumbir al fin.
Loki retiró el elemento ejecutor, que chorreaba sangre a borbotones, separándolo con una patada del cadáver del malhechor.
Recuperado del impacto de ver a su hermano matando a alguien ante sus ojos, Thor reaccionó airado:
- ¡Loki! ¡¿Qué has hecho?! ¡¿Estás loco?!
Limpiándose la sangre de la cara y en parte de su sobretodo de cuero, él no tomó reparos en demostrar su sonrisa perversa y ufana a aterrorizada la corte de nobles al vengarse por partida doble: por su hija y por el angustioso episodio de envenenamiento, que casi le costó la vida.
- Hasta que no tengas un hijo que sea asesinado de manera tan injusta no lo entenderás, hermano – Siseó, endemoniado y soltando la espada, manchando el marmóreo piso con gotas carmesí – le ha quitado la vida a mi hija… la sangre exigía sangre, Thor – roncó ahora incrustando el fuego esmeralda en la paz azul de los ojos de su rival.
Aquellas palabras que habían sonado tan terribles parecieron surgir de las entrañas de un animal del infierno.
"La sangre siempre exige sangre, Thor", repercutió como un coro del averno en la mente de Sigyn, la que se arrimó a la escena para enfriarle los ánimos a Loki, el que lucía mareado tras toda la oleada de sangre que se le había subido a la cabeza.
Freyr se inclinó al que había sido su amigo de la infancia.
- ¡Odín! – Exclamó él dios de cabello anaranjado - ¡¿Le has dejado asesinarlo así como así?!
- ¡Estaba en su derecho! ¡Estamos a mano con todo el daño que tu consejero le causó a mi hijo!
- ¡No! ¡No tenía derecho a hacerlo! – lo contradijo Freyr.
El rey asgardiano lo asió del cuello, añadiendo más tensión al ambiente que en cualquier momento estallaría en una batalla campal.
- Tú… - siseó él, auténticamente furibundo – tú y tu séquito de seguidores planearon esto todo el tiempo… ¿Y me reclamas por la justa condena que tu consejero recibió? ¿Qué crees que iba a detener a Loki de su justo derecho como lo es la venganza de sangre?
- ¡Tiene razón! – exclamó Volstagg, corroborando lo dicho.
- En Asgard tenemos en nuestras leyes un derecho llamado "Venganza de sangre". Si alguien de tu clan familiar le hace daño a uno de los miembros de nuestra familia, la parte perjudicada puede cobrárselo. Así estarán a mano y la parte que se venga queda completamente exenta de cualquier culpa – corroboró Thor a modo de explicación, viendo que los vanir no entendían dicho principio jurídico.
- Pero… - Intentó decir Freyr pese a la sofocación propinada por el fuerte puño de Odín.
- ¡No quiero oír objeciones! – Rugió el padre eterno - ¡Tú, tu padre y Kvasir se quedarán aquí a ser interrogados! ¡Skirmir ha tenido bien merecido lo que le ha sucedido! – Giró la cabeza para expresar un mandato a uno de los guardias – ¡Les ordeno que saquen a la sirvienta Var de las catacumbas! ¡Ahora mismo la llevan al cuarto de sanación! – Syn se acercó al anciano al oír la estupenda noticia, echándose dichosa a los pies de éste.
- ¡Gracias, gracias mi rey! – exclamó, llorando de felicidad. Odín la hizo levantarse y le dijo que fuera a acompañar a los guardias en la liberación de su querida hermana, quien a estas alturas quizás había enloquecido.
Sigyn tomó en brazos a su esposo, el que lucía cansado y abatido por todo lo que había sucedido ese día.
- ¡Loki! – Pió la joven, palpando su cara y sus costillas para asegurarse que no tuviese herida alguna que sanar.
- Está bien, querida – dijo él, mientras toda la corte se retiraba y los sirvientes junto con los guardias se avecinaban al cadáver para sacarlo de ahí – no tienes que preocuparte, mi amor. He cobrado lo que nos han hecho de forma justa.
- Lo he visto, y está bien – aprobó ella asintiendo rápidamente – está bien… - le aseguró en voz baja y con un beso en sus labios - Eso ha sido fantástico. Has vengado muy bien el crimen de nuestra hija – apoyó su cabeza en el brazo de su esposo, el que aún con la venganza ya servida sabía que eso no le devolvería a Hela. Sigyn, por más satisfecha que se sintiera también por el ajuste de cuentas recién realizado, tampoco podía apartar la pena. Pero debía admitir su sentimiento ufano y jactancioso al verlo sufrir aunque fuera por unos pocos segundos…
- Todo debemos agradecérselo a Fenrir – musitó Loki contento – sin él nunca hubiéramos encontrado a ese desgraciado.
- Sí… - asintió ella – espero que con esto no intenten volver a atentar tan cobardemente contra nosotros.
- La relación entre aesir y vanir de nuevo se pondrá bastante tensa con esto, querida. No descarto que Vanaheim inicie una guerra contra Asgard otra vez.
- ¿Y en ese caso, tú y yo huiremos, cierto?
- Sí. Con Fenrir y Jörmungandr.
- No te olvides de Eir. No me gustaría verla en peligro o algo así.
- Seguramente no podríamos escapar con ella puesto que tendría que actuar como curandera – Preguntó él.
Sigyn se aferró a su brazo.
- Mejor no pensemos en ello. Posiblemente nos estemos adelantando demasiado a lo que puede venirse para nosotros en el futuro.
Aunque la calidez venida de las palabras de su esposa lograba crear en él un rayo de esperanza, Loki no podía dejar de pensar en lo que sucedería a futuro.
No había sido cualquier asesinato. Había asesinado al Consejero de Freyr, rey de Vanaheim. Perfectamente lo hubiera dejado a la merced de la justicia de Odín antes que asesinarlo, pero decidió valerse de su derecho a reclamar venganza que legítimamente estaba establecido en las leyes asgardianas.
No se arrepentía, por supuesto. Si fuera por él, lo hubiera torturado de mil maneras de modo que suplicara la muerte como salvación. No sabía cómo, tal vez le sacaría los ojos, lo mutilaría lentamente o daría su cuerpo al hambre voraz de pájaros y de otros animales... Pero se conformaría con que tuviera una eternidad para sufrir de los ecos fantasmales de las penurias y lamentos que pululaban en el Helheim.
Ante ese pensamiento, respiró y sonrió ufano mientras se encaminaba junto a Sigyn hacia sus aposentos con tal de encontrar algún aire de liberación tras todo lo vivido.
A tres días de celebrarse oficialmente la Navidad, les doy un regalo adelantado ;)
En primer lugar, espero que les haya gustado el puño justiciero que Loki dio en este capítulo. Es lo menos que merecía Hela después de todo lo que le pasó. Y con eso, también supimos lo que sucedió en el capítulo 14 sobre el envenenamiento que Loki sufrió ;) (originalmente este capítulo iba a ser con asesinato doble, pero eso lo dejé para el próximo capítulo, se imaginan quién es?)
La "Venganza de Sangre"o "Blutrache" era un principio jurídico germánico que establecía:"...tomaba entidad cuando un miembro de una determinada Sippe (colectivo familiar germánico) moría o era dañado por algún individuo. Ello permitía al resto de miembros de la Sippe de la víctima devolver la agresión, de manera que quedaban exentos de culpa si mataban o dañaban a aquel que mató o dañó a su familiar.
En ausencia de un sistema punitivo institucionalizado, propio del Derecho más evolucionado, las tradiciones germánicas dejaban en manos de la Sippe la persecución y castigo de aquellos que hubieran perjudicado sus bienes jurídicos. Por ello, el sistema punitivo tenía un carácter eminentemente descentralizado, y la Sippe quedaba constituida como una unidad de protección y defensa de sus miembros. Por todo ello, en las organizaciones políticas germánicas no existía un monopolio del Estado en lo referente al uso de la fuerza. Además, era recurrente la existencia de una equivalencia entre el mal provocado y el mal devuelto (el que matase, sería muerto; el que amputase un miembro, perdería un miembro), de manera que el principio ha sido habitualmente relacionado con la Ley del Talión."
En fin, sé que no es directamente nórdico pero me pareció muy adecuado añadir esto al fic como excusa para que Odín defendiera a Loki de lo que éste hizo y no para que lo sermoneara (y lo defiende como una fiera ! XD).
Estoy segura que más de una se quedó con la duda sobre lo que Angerboda dijo sobre Hela. Les explico: Algunos mitos dicen que los tres engendros fueron naciendo de a uno cada tiempo y por eso no pueden ser considerados mellizos (o gemelos o algo así). Esto pasa con Fenrir y Jörmungandr, a quienes doy la nominación de "mayor" y "menor". Como Hela (según el orden que los mitos dan) se ve que es la más chiquita, decidí colocar que como Loki es quien porta la semilla, la engendra con Sigyn y NO con Angerboda debido a que él se marchó de Álfheim antes que pudieran engendrarla. Además, la explicación que ésta le da sobre su parecido y su reflejo en sus hijos - como Fenrir en su impulsividad y Jörmungandr en su silencio, Hela es como dije, lo bueno y lo malo de él-.
Sobre el Skidbladnir, sé es el barco de Freyr pero no tenía idea de otros barcos que pudieran utilizarse (estaba el de Balder, pero no quería colocarlo y ni siquiera recuerdo su nombre XD). Se decía que podía plegarse al soplar la vela y compactarse para luego guardarlo en el bolsillo en caso de que no se usara. El término "Drakkar" se utiliza para referirse a cualquier barco de aspecto vikingo (existían distintos tipos según su fin, ya fuera comercial o de guerra). Tanto la escena de la forja del barco, la conversación de Loki con Angerboda y el asesinato de Skirmir están basados nuevamente en ese cómic maravilloso llamado "Loki, dios de las mentiras", del 2011 ;)
El velatorio y cremación de Hela están basados en el funeral de dicho personaje en Thor: The Dark World... lo imaginaba así pero mucho más triste y dramático porque dicen que no hay dolor más grande que ver a un hijo muerto... es algo que tanto Loki como Sigyn entienden muy bien.
Algunas líneas fueron inspiradas en una de mis canciones favoritas de Björk (cómo amo a esta mujer...) cuyo nombre es "Sun in my Mouth". Su letra no es tanto así triste, pero su arreglo musical (a mí por lo menos) da una pena tremenda (y por alguna extraña razón, nostálgico).
- Björk - Sun in my Mouth (watch?v=oTCm4n3dPZc)
Y yendo al soundtrack oficial de TtDK, les dejo la pista que imagino sonando durante la despedida de Hela en el funeral... qué pena me da (El minuto 2:48 en adelanteeee :'( )
- Bryan Tyler - Into Eternity (watch?v=eulw5UmXM14)
En otro orden de cosas, espero que la venida de Narvi (de quien casi me olvido XD) haya hecho justicia por la pérdida de la otra. ¿Creían que iba a dejar a nuestra parejita sin bebé, eh? En fin, ya sé que es extraño pero eso tendrá que ver con la secuela de este fic que está casi llegando a su término. Y también espero que les guste la actitud de Fenrir y Jörmungandr de hermanos protectores (pero un poco brutos XD) e hijastros revoltosos.
Así termino esta nota de autora, aguardando sus reviews y sus comentarios diciéndome qué les ha parecido, su opinión es muy importante. Ojalá que este capítulo no les haya parecido muy largo (el más largo, si no me equivoco más de 15.000 palabras! :3)
A mis preciosas lectoras:
Angelinda, Angie, Arihdni, BloodyLovett, Hachi06, MeLlamanSigyn, SashaRasha, Pamela Groosvenore (te quiero!) y a mi sensei: Valdemar ! (te quiero hermanita mayor :-* y por tu apoyo en facebook cuando me falta inspiración para escribir este fic).
Bye! ;)
