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Capítulo 35: Lo peor está por venir

Sin embargo, muchos buenos seres humanos están tratando de hacer cosas buenas,

¿qué haces con los malvados que están esperando y que, en un segundo de maldad destructiva,

deshacen todo el trabajo que los buenos humanos han estado trabajandopacientemente

durante toda la vida?

Cómo pelear con la furia de un dragón- Cressida Cowell,

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-¿Sucede algo mi lady?

Reconoció ese mapa en cuanto puso suficiente atención. Su esposo le había hablado de él. Eso no era un mapa. Era el plano del bastón de Axel, lo supo por las siluetas de las islas.

-Hiccup… el problema no son las islas que han atacado, sino las que no. Alrededor de ocho islas son las que faltan... entre ellas Escalofrío, Berserk y... Berk.
-¿Qué tiene que ver eso?
Astrid bajó la mirada y se puso un poco nerviosa. Relamió sus labios y se dispuso a hablar, pero no pudo porque se escuchó una alarma en un cuerno, significado de que un aliado estaba por llegar a Berk.

Hiccup salió a toda prisa seguido por Astrid y los demás, aunque Ruffnut y su gran panza de siete meses se quedaron sentadas.

Valka tomó vuelo en Cloudjumper y tranquilizó a todos. –Son Gobber, Fishlegs y los que fueron a la isla.

El jefe respiró aliviado. En ese día habían llegado puros aliados. Pero empezó a atemorizarse al ver la cara de Fishlegs y Gobber.

Astrid llevó sus manos al vientre y recordó lo que había vivido en Berserk, quizá no eran rumores todo lo que se contaba de los atacantes de las islas.

-¡Hiccup! Regresamos lo más rápido que pudimos. –exclamó Gobber aterrizando para después estirar sus extremidades.

-¿Cómo les fue? –preguntó Snotlout abriendo paso para que los jinetes ingresaran a la casa del jefe.

Valka se encargó de que los exploradores acompañantes de Fishlegs llegaran a la Academia para después regresar con su hijo, no sin antes calmar a las masas de vikingos que empezaban a alarmarse por ver tanto movimiento en sus líderes.

Decidieron trasladarse al Gran Salón para discutir la situación de la isla de Alberick y las noticias que llevaban. Hiccup montó de nuevo el mapa para que las personas pudieran verlo y los jinetes empezaron a analizar la situación, además que se les unió Heather al igual que Karena y su fiel dama Sotma.

-Bien, ahora, por favor digan lo que pasó en Kogeorn. –solicitó Astrid, tomando brío en esa charla.

-La isla quedó deshecha. –inició Gobber después de dar un largo suspiro. -Cientos de personas lamentablemente murieron. Ayudamos lo más que se pudo pero Alberick insistió en que él se encargaría.

-¿Alberick? –cuestionó Snotlout. -No sabía que había sido nombrado jefe.

-Ahora lo es. Su padre, el jefe Goran murió en los ataques.

Los presentes se aturdieron por la nueva información.

-¿Tomaron algo de la isla? –preguntó Hiccup interesado por conocer qué es lo que esos atacantes buscaban con tanto afán.

Astrid, Karena y Heather se miraron, como si supieran a dónde se dirigía la respuesta.

-Sí… pobre Alberick, él y Mako parecían deshechos. –continuó Fishlegs. –Hiccup, los agresores se llevaron el máximo tesoro de Kogeorns; lo más preciado de Alberick.

Todos se quedaron expectantes de la información completa.

-Se llevaron a Akito, el hijo de Alberick y futuro heredero… tiene como seis meses de nacido. –comunicó Gobber, abatido.

Todos emitieron un grito ahogado.

-¿Quiénes? –preguntó Hiccup apretando los puños ante la impotencia que se sintió.

Los enviados se miraron entre sí, suspiraron y finalmente Fishlegs tomó la palabra.

-Eran mercenarios, pero… por las insignias que había se cree que eran… de los hombres de Drago.

Todos los presentes por fin escucharon esas palabras que tanto les costó creerse. Tras años de paz y ausencia el Bludvist parecía regresar, y no sólo a atacar a Berk, sino a todo el que lo enfrentara o fuera aliado de ellos.

Miles de pensamientos llegaron a la cabeza de Hiccup, temiendo que iba a explotar. Miró a Toothless, a sus amigos, a Astrid… a todo Berk. Era demasiado para él. Su corazón empezaba a acelerarse de más.

-Esa es la estrategia… usar rehenes para que no los ataquen. Una maniobra sucia pero efectiva. –finalizó Gobber.

-Pero si sólo lo ha hecho con Kogeorns, tal vez…

-No ha sido sólo en esa isla. –interrumpió Karena a Hiccup.

-¿Sabías algo de esto? –reprochó el jefe de Berk.

-Pensé que eran rumores. Iba a comentarlo cuando me ayudaras con la planificación de mi estrategia para Berserk. –se escudó.

-¿Entonces en cuáles más han sido sometidas de esta manera? No imagino el sufrimiento que cada jefe debe estar sintiendo.

Astrid se acercó al mapa que habían puesto en el bastidor y dio un golpe en la pared para que le pusiera atención. –En todas las que han atacado. –señaló. –Por lo que veo empezaron por las islas más viejas de Luk Tuk. –indicó la mano en el norte, la isla Svart. –El jefe es el más longevo después de Axel, su hijo es próximo a ser jefe, tiene familia, hijos y hasta nietos. –señaló el número dos después. –Siguió con la isla Vannet como podemos ver, dos semanas después. Aquí es una jefa, lady Kaira con su esposo Reffer. Tiene tres hijos, de 25, 16 y 10 años. –continuó explicando la isla que estaba al sur. En seguida continuó al oeste, señalando más islas según el número, tachando una y otra más hasta que sólo quedaron ocho islas sin tocar. Todos estaban asombrados por la manera tan vil en la que atacaban. –Si pensamos que no era una estrategia estábamos equivocados. Todo está planeado, y lo peor es que no podemos estar seguros de que los herederos, los príncipes y las princesas estén vivos.

Hiccup resopló cerrando los ojos, negándose a creer que había una guerra en el archipiélago… ¿sería por eso que Axel lo había nombrado sucesor? ¿Para que él no tuviera que ver con eso?

-Y las islas que faltan… ¿cómo planean atacarlas? –preguntó Tuffnut, interesado.

La jefa se encogió de hombros, su capacidad estratega no daba más abasto. –Supongo que atacarían, pero… no hay heredero en Berk… aun. No tomarían rehenes. –dijo en un suspiro, llevando una mano a su vientre de manera inconsciente, nadie se percató de eso, excepto Valka quien había entrado al Gran Salón mientras Astrid explicaba la estrategia de los mercenarios comandados por Drago.

El silencio se apoderó de todos por un par de minutos, prolongándose más y más… hasta que pasó cerca de una hora. Nadie quería decir nada. Nadie podía decir nada por miedo a incrementar ese temor o decir algo erróneo que sólo provocara más incertidumbre.

-Hay que hacer un plan. –Snotlout tomó la iniciativa.

-Escuchamos propuestas. –ironizó Astrid.

-No tengo idea de qué plan puede ser… pero lo que sí sé es que pronto tendré un hijo y no quiero que nazca en medio de una guerra que probablemente no ganemos. –expresó desesperado.

-Claro que ganaremos. –aseguró Astrid, molesta por la actitud del Jorgenson.

-Chicos… -irrumpió una voz que pasó desapercibida por todos.

-¿Ganar? Dile eso a las cuarenta islas que han sido atacadas y que no tienen futuro como tribu. –exclamó abriendo los brazos.

-Es porque no se han enfrentado a nosotros. –apoyó Heather a su mejor amiga, chocando brazos con ella.

-Chicos… -se escuchó de nuevo esa temblorosa voz.

-Oigan, esperen. Snotlout tiene razón, debemos hacer un plan, pero es un plan para prevenir, pelear, enfrentar y derrotar a Drago… -estableció el jefe.

-¿Y qué propones Jefecito? –azuzó el castaño.

-Pues….

-Un plan se elabora bajo meticuloso análisis, se discute con el concejo de Berk y después se mejora. Conoces el protocolo, no puedes pedir que un plan se lleve a cabo de buenas a primeras. –amenazó Astrid con su dedo.

-Chicos….

-Cuenten con Berserk para cualquier maniobra estratega. –añadió Karena, preocupada por el bienestar de la isla y el suyo propio.

Demasiado ruido empezó a escucharse en el Gran Salón, cada uno daba su opinión Hiccup trató de mediar la situación pero con tanto vikingo terco era casi imposible.

-¡CHICOS! –el grito desgarrador de Ruffnut sacó a todos de sus pensamientos. Guardaron silencio y después vieron a la embarazada. Todos se atormentaron por verla pálida, pero en especial por ver quién la tenía así.

-Annek… -masculló Astrid, furiosa de que tenía atrapada a Ruff del cuello amenazándola con una daga justo a su vientre, haciendo presión sobre él.

-Más te vale soltarla de una maldita vez. –dijeron al unísono el gemelo y el esposo de la embarazada.

Astrid miró a Heather como si le comunicara que se prepara para atacar a Annek. Disimuladamente y fuera del alcance de la castaña, la berserker rodeó a todos para colocarse detrás de la de Escalofrío a paso sigiloso.

-Estabas en Berserk. Fuiste rescatada de la isla de Magmalos. –masculló Karena poniéndose de pie. -¿A qué has venido a estas tierras donde tanto daño has hecho?

-No el suficiente. –dijo la princesa, con ojos desquiciados presionando la daga, empezando a notarse una manchita de sangre en el vientre de la rubia.

-Basta, por favor… no te he hecho nada. –dijo Ruffnut tratando de zafarse, pero era consiente que si se movía de más terminaría dañando a su hijo no nato.

Astrid se molestó tanto de volver a ver a esa traidora. Intentó tener compasión de ella pero no fue suficiente, ella no merecía misericordia.

-Annek, por favor… es mi hermana. –pidió Tuffnut acercándose lentamente a ella, intentando que un poco de cordura quedara en ella.

La Kulden temblaba ante el shock que seguramente tenía. –Ella tendrá lo que yo no… -confesó empezando a gritar. –Por la culpa de ustedes. –señaló a todos. -No me hables como si me quisieras… nadie me quiere y la única personita que podía amarme murió… -confesó empezando a gritar fuera de sí.

Los vikingos notaron la mancha de sangre entre sus piernas, fue cuando pusieron atención a su vientre totalmente plano, ya no estaba embarazada.

-Perdiste a tu bebé. –comprendió Sotma. –Escapaste de la isla antes de que saliéramos de ella, tenía varias horas de no verte… sólo deje instrucciones para que te cuidaran. –se atrevió a hablar, recapacitando del momento.

-Sí, y vine por venganza. No… no aborté si eso creen. Mi bebé nació, estaba tan chiquito… mi niño… era un varón, sería el próximo rey de todo el archipiélago. El hijo de Hiccup y mío. Era nuestro bebé… –visiblemente estaba delirando, enloquecida. –Pero dejó de respirar… dejó de llorar y de moverse… y ahora al bebé de ella le pasara lo mismo. –amenazó presionando la daga en el costado de Thorton, provocando un gemido de dolor en la gemela.

-¡No! –gritó Snotlout furioso.

Esta vez sí se compadecieron de su sufrimiento, pero no lograron suavizarse.

-Si se acercan la terminó de matar.

Todos dieron un paso hacia atrás después de eso.

-Princesa… tienes que calmarte. Podríamos hacerle un funeral digno a tu bebé. –Valka trató de menguar.

Pero la castaña sólo gritó más y zarandeó a Ruffnutt que empezaba a sollozar.

-Annek, lo siento tanto, pero lastimando a los demás no lograras que tu bebé regrese, créeme sé lo que sientes. –Astrid trató de hacerla reflexionar para que le pusiera atención y no notara a Heather detrás de ella. –Pero estás débil y alguna curandera debe atenderte para que te recuperes pronto.

-¡Por tu culpa perdí a mi bebé! –le gritó amenazándola ahora a ella con la daga.

Heather aprovechó ese momento para tomar a Ruffnut y jalarla fuera del alcance de Annek, aunque con el impulsó ella calló, dejando a Ruff en desequilibrio, amenazando con caerse también, pero por suerte Snot se lanzó a su esposa y la atrapó en sus brazos para que se sintiera protegida.

-Estoy aquí mi valquiria. –le susurró acariciándole el vientre después de darle un beso en la frente, la embarazada sólo se aferró a su cuello empezando a sollozar.

-Sácala de aquí. Llévala con mi tía para que la revise. –le ordenó Astrid mientras Gobber y Fishlegs tomaban a la mujer loca para que no maltratara a nadie más. Jorgenson asintió, cargó a su esposa y salió del Gran Salón a toda prisa. –Valka, ve con ellos.

La suegra obedeció, después de todo también la hacía de curandera.

-¡No! ¡NO! –gritó la princesa sin corona. Tuffnut la sostuvo de cuello, pero la chica le mordió el brazo arrancándole un poco de piel.

-¡Eres un animal!

Desafortunadamente la vikinga se soltó, tomó la daga que se le había caído y fue contra Astrid, pero Hiccup la detuvo antes de avanzar más.

-¡No volverás a lastimar a mi esposa ni a ninguno de mis amigos! –la sujetó tan fuerte que hasta se quejó, en eso Fishlegs le pasó una cuerda y entre los dos la amarraron a una silla que Gobber acerco para que perdiera movilidad.

Sin embargo, notaron que una mancha de sangre empezaba a incrementarse entre sus piernas.

-Tiene una hemorragia. –informó Sotma al notar los síntomas. –Puede deberse al desprendimiento de…

-¡POR SU CULPA MI BEBÉ MURIÓ! –lloró desconsoladamente, mientras que Tuffnut la miraba con el corazón roto. Le dolía verla así; pero más le dolía lo que había hecho a Astrid y a su hermana.

Astrid la miró, tratando de decidir qué hacer. Durante meses se repitió que había superado su aborto, incluso había días en los que ni recordaba esa fase de su vida, y ahora estaba casi segura que estaba embarazada se preguntó qué clase de madre sería, o qué ejemplo quería dar. A su mente vino la guerra que estaba en puerta, una guerra se acercaba a Berk y también a sus vidas.

Consideraba a Annek como una enemiga. Miles de recuerdos aparecieron en su mente, y recordó cuando sus padres murieron a manos de un pirata, un hombre que no mostró misericordia ni bondad.

"Tú corazón vale mucho, mi princesa… No dejes que se vuelva negro. Ayuda a cuantos puedas, eres una burglar."

Recordó de repente esas palabras de sus padres en medio de su lecho de muerte. Habían pasado años desde que no recordaba eso, ahora les daba sentido, pero ahora… debía ponerlas en práctica.

Sería una buena madre, le pondría el ejemplo a su hijo. Debía ser buena jefa, tal vez reina, pero antes de todo debía ser una buena mujer.

-Debemos ayudarla. –estableció, asombrando a los presentes que quedaban. –No importa lo que ella ha hecho en el pasado, es una princesa, una persona y merece atención.

Hiccup le sonrió, enamorándose más de ella.

La prisionera se desmayó en ese momento, como si sintiera algo de seguridad.

-La llevaré a las cabañas de salud. –se ofreció Tuffnut.

Los jefes le asintieron, agradeciendo el buen gesto. –Fishlegs, ayúdale. –pidió Hiccup.

-¿No sería mejor mandar por los Magmalos? –opinó Gobber quien terminaba de anotar las cosas que Astrid e Hiccup le habían pedido.

-Su isla también fue atacada. Me imagino que están sitiados. –informó Karena, recordando que no alcanzó a ir a ayudarlos.

-Entonces Escalofrío será. –finalizó Hiccup, tomando un pedazo de pergamino y tinta de su escritorio.

Él y Astrid se despidieron con un beso, para que después ella saliera del Gran Salón siendo acompañada por Heather.

-Bien, dime lo que pasa. –le picó un costado con el codo, animándola a hablar.

Astrid se sintió atrapada. Se llevó la mano al vientre como si se sintiera descubierta.

-¿De qué hablas?

-Vamos… ya lo sé. –arqueó una ceja.

Astrid se mordió el labio nerviosa.

-¿En serio?

-Claro, nadie lo notó. Pero sabes que te conozco. –dijo con simpleza, montando a su dragón mientras Astrid hacía lo mismo. –Además que sé de estas cosas.

-Si eres curandera. –susurró para sí. –Heather… aún no estoy segura, por eso no he dicho nada. Y como amiga, y jefa te ruego que no menciones algo de esto. –suplicó acercándose a ella en Stormfly.

-Vamos, soy experta guardando secretos. –alardeó.

-Lo sé, y confío en ti. –le sonrió, para después chocar los brazos, gesto que hacían desde que eran una jovencitas. –Así que… no digas nada de que es una posibilidad que este embarazada.

Cuando la rubia terminó de hablar Heather abrió los ojos, sorprendida, emocionada… impactada.

-¿Ese es el secreto?

Astrid se sintió torpe, claramente se notaba que Heather no tenía ni idea de lo que acababa de confesarle.

-¿No era a lo que te habías dado cuenta?

-Creí que habías visto algo en el mapa… -negó ruborizada.

La jefa miró hacia el cielo, sintiéndose torpe. –Pues sí, sí vi algo que me llamó la atención. No miró más, dio un largo suspiro y emprendió vuelo, dejando sola a Deranged.

La berserker se aturdió… su amiga estaba embarazada, o al menos ella lo creía.

-¡Espera!

La siguió surcando los aires hasta que llegaron a un punto de observación en una de las cimas de Berk. Hiccup y Astrid habían nombrado aquel lugar como un paraje, allí hablaban de las decisiones en la isla y las acciones que debían tomar como jefes. A la rubia le gustaba porque era uno de los lugares donde se podía ver toda la isla y por supuesto todo el horizonte en todos los extremos. Astrid se bajó de Stormfly y tomó su hacha, empezando a golpear el tronco de un árbol y se notaba claramente frustrada.

Su amiga también dio con ella y se acercó para escucharla.

-Olvida lo que dije, ¿sí? Estoy preocupada por la guerra y… -sus ojos se humedecieron -un poco, dejando sentimientos encontrados a flote.

-Astrid… ¿has hablado con Hiccup?

-¡No!

-Tienes que decirle… es una gran noticia.

-Es una noticia que no tengo confirmada. –aclaró recogiendo su hacha para volverla a aventar con el tronco, pero Heather la detuvo.

-¿Qué?

-Si estás embarazada no debes cargar cosas pesadas. –regañó apartando el hacha, hasta colocarla de nuevo en Stormfly.

-No sé si lo estoy. –confrontó nerviosa.

-Entonces sal de dudas. –dijo como si fuera lo más obvio. –No te tortures.

La rubia se sintió tonta por todo el sentimiento se sentó en una roca y pensó un poco lo que debía hacer.

-¿Cuánto llevas de retraso? –se aventuró Heather, tomando lugar al lado de ella.

-¿En serio vamos a hablar de esto? –preguntó incómoda. –Nuestras pláticas siempre han sido de hachas y técnica de batalla personal.

Heather se rio por recordar. –Sí, hasta que te enamoraste de Hiccup.

-Y tú de Fishlegs. –recordó para incomodarla.

-Y luego hablamos de que me desenamoré porque él se enamoró de Ruffnut.

-Y luego hablamos de que te irías porque no aceptabas ser una princesa Berserker.

-Y luego hablamos de que le rompiste el corazón a Fishlegs.

-Y de que él me rompió el mío.

-Sí, porque tú le diste el hacha para hacerlo.

-Y de que ahora sólo somos amigos.

-Y de que no quieres aceptar lo que sientes por él.

-Y de ahora, a pesar de que nos hemos contado casi todo, terminamos con que no me quieres contar que estás embarazada. –contraatacó, acorralando a la rubia.

Haddock desvió su mirada hasta el horizonte, tratando de encontrar algo nuevo en él pero sólo veía el atardecer mientras el Terrible Terror que Hiccup había enviado a Escalofrío salía en busca de Fass, además de nubarrones grises que anunciaban una tormenta a lo lejos, acercándose a Berk.

-Me da miedo. –confesó con la garganta entrecortada. Heather la abrazó por el hombro. –Me da miedo que sea verdad y después sólo sea una esperanza que se vaya, justo como pasó hace dos años.

La castaña entendió, era normal ese temor.

-Astrid, no te auto compadezcas. Las cosas pasaron porque tenían que pasar. Fue lamentable para todos y mucho más para ustedes, pero ya pasó. Esa experiencia obviamente te marcó y te hizo diferente… pero te hizo más fuerte, más vikinga, más mujer, más Astrid. Así que vive con ello y disfruta de las posibilidades que tendrás.

La rubia agradeció con la mirada.

-Gracias Heather.

-De nada. –le guiñó el ojo. –Pero en serio, sal de esas dudas y cerciórate de tu embarazo.

Astrid se puso de pie y tocó su abdomen. Lo sintió diferente y quiso llorar de la emoción.

-Eres curandera, ¿no?

-Sigo aprendiendo, Astrid. –confesó, triste por no poder ser de mucha ayuda.

Astrid dio vueltas alrededor de Heather, pensando en algo en concreto, pero sin llegar a nada.

-No quiero que nadie en Berk sepa, no con esto de la guerra y…

-Menos con los rehenes que toman para escapar. –finalizó la castaña.-

La rubia dio un largo suspiro.

-Ve con tu tía.

-No, no, no… ella es muy parlanchina y no sabe cuándo callarse. –se quejó la rubia mientras acariciaba a Stormfly, quien le correspondió, pegando su hocico en su vientre.

-Pues, ve con Gothi, ella no habla. No dirá nada.

-Será sospechoso que vaya con ella, todos se darían cuenta.

-No si tienes una excusa. –opinó. –Dijimos que íbamos con Ruff, regresemos con ella, veremos qué hace falta y te acompaño bajo el pretexto de ir por suministros para las cabañas de salud.

A la rubia no le gustó esa excusa y Heather lo notó.

-Está bien, Astrid. Tú lo pediste. –comentó mientras se levantaba un poco su malla para mostrar un raspón que tenía. –Annek me lo hizo cuando ayudé a Ruffnut, ¿me acompañas con Gothi?

La jefa le sonrió a su amiga. Agradecía tanto tenerla en su vida, esperaba tener la oportunidad de mostrar esa lealtad a ella alguna vez.

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Las cabañas estaban en agitación debido a las dos mujeres que requerían de atención inmediata. Por suerte Ruffnut sólo había tenido una herida muy pequeña en un costado, pero por insistencia de Snotlout y protección de Gylda y Valka la convencieron de quedarse.

-No sé a qué vino esa mujer. –reprochó Gylda mientras limpiaba las telas que se habían llegado a manchar de sangre. –Ni ganas me dan de atenderla. –comentó molesta.

Tuffnut estaba con su hermana, apoyándola. Mientras también le ponía atención a Sotma, quien iba de un lado a otro para auxiliar a Annek.

Por un momento de debilidad quiso ir a ver cómo estaba, pero una parte de él le decía que no lo hiciera, así que simplemente decidió no quedarse con su hermana, después de todo presentía que lo necesitaba allí.

-Estoy bien… ya me quiero ir. –se quejó Ruffnut, haciendo que todos se rieran un poco, armonizando ligeramente la tensión que la presencia de la Kulden había desencadenado. –Créeme que me siento mal acerca de lo que pasó Annek. Pero no le dio derecho a hacerme pasar un mal rato.

Snotlout se acercó a la rubia y amorosamente le besó la frente para después seguir con su vientre. Al realizar ese gesto sintió un tremendo movimiento. Abrió los ojos sorprendido por tanta efusividad del feto.

-Tú hijo está inquieto. –le susurró amorosamente, entrelazando la mano con la de él.

Gylda los dejó solos un momento, aunque también con el gemelo, después de todo tenía que ir con Annek y atender esa hemorragia.

Jorgenson le sonrió risueño. –Tal vez es niña. –sugirió.

Ruffnut abrió los ojos sorprendida. –Yo quiero un niño.

-Yo una niña. –confesó ruborizado.

-¡Tal vez es un pollito! –agregó Tuffnut.

El matrimonio lo miró con desdén.

-Este… ya me iba…

El gemelo salió abrumado por la mala cara que le habían hecho y al salir chocó con Sotma, que llevaba una cubeta de agua que parecía estar pesada.

-¡Lo siento mucho! –se disculpó bajando la cabeza, ruborizándose al momento.

El agua le empapó al gemelo pero no le molestó.

-Tranquila no pasa nada. –disminuyó, levantando la tina. –El pozo de agua está cerca, déjame traerlo para ti.

Sotma agradeció el gesto y acompañó al rubio en el camino al aguaducho. En el camino se toparon con Astrid y Heather quienes irían con Gothi porque la castaña estaba "lastimada". Sotma se ofreció a ayudarla pero desesperadamente dijeron que no. Además preguntaron por Ruffnut y les dijeron que estaba fuera de peligro por lo que se fueron más tranquilas.

Llegaron al lugar que les correspondía. –Me alegra que estás ayudando a Annek. –comenzó el chico.

-Sí, le di un tranquilizante que una de las curanderas me prestó. La señora Valka está ahora vigilándola, para que no cometa otra locura. –informó mientras el chico bajaba el contenedor por el pozo para llenarlo del agua.

-Listo lady Sotma. Aquí tiene el agua, ¿a dónde hay que llevarla?

La rubia se incomodó un poco, pero también se sintió alagada por el cumplido.

-¿Lady?

Tuffnut no había sido consciente de haberlo dicho.

Se encogió de hombros. -¿Te molestó?

La rubia negó rápidamente.

-No, no… no es eso… es sólo que nunca me habían dicho eso, al menos no sin compromiso. –confesó ruborizada.

Esa inocencia, dulzura y sencillez, además de esa capacidad de asombro lo cautivó momentáneamente al gemelo.

-Eres una lady, no por ser la dama de Karena, sino por tu actitud. A leguas se nota tu amabilidad. –le guiño un ojo.

Sotma se ruborizó más. –Pues gracias, aunque una esclava no puede ser tomada en cuenta de ese modo.

-¿Esclava? Creí que la reina te había dado tu libertad.

La ex burglar se incomodó un poco.

-Sí, lo hizo pero… supongo que ocupas más que un papel o reconocimiento público para olvidar los tratos que me dieron por tantos años. –musito suavemente, con dolor.

El gemelo puso atención a la mirada vacía y llena de remordimiento de la dama de la reina. Despertando en él un sentido de protección o cuidado hacia ella.

Caminaron en silencio hasta entrar a las "cabañas de salud" donde vieron mucho movimiento por parte de algunas curanderas.

-¿Qué habrá pasado? –se preguntaron a mucha gente entrar y salir.

El gemelo y la dama se miraron, temiendo lo peor, pues el lugar era la cabaña de Annek.

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"Embarazada"

Fue lo que ambas chicas leyeron en el piso cuando vieron a Gothi escribir.

Astrid se acomodó su blusa, y se puso de pie, pues seguía acostada en una cama que Gothi tenía en su cabaña.

La vieja le sonrió y le palpó el vientre.

"Y ya sé lo que es". –presumió con una sonrisa cómplice.

-¡Felicidades! –celebró Heather.

La rubia seguía pasmada. Acarició su vientre y trató de abrazarse a sí misma, ahora tenía que saber algo importante, algo que todas las embarazadas se preguntan, pero antes de que ella hiciera esa pregunta, Gothi ya escribía en el suelo.

-Desde hace días te he notado diferente. A mi parecer tienes dos meses de embarazo.

Heather chilló feliz de nuevo. –Genial, dos sobrinos.

La rubia empañó sus ojos y le agradeció a Gothi.

-Por favor no digas nada. No con esta guerra en puerta. –pidió.

La chaman asintió dándole la mano.

-"Ten mucho cuidado. Recuerda que tienes un antecedente. Come bien, reposa y no te agites. El futuro heredero de Berk debe desarrollarse bien"

Astrid asintió como niña regañada. Aun no podía decir nada, no quería pero estaba tan feliz que deseaba gritarlo.

-Gracias Gothi, y gracias por la pomada para mi raspón. –le guiñó el ojo mientras salía detrás de la jefa.

Afuera esperaban las dragonas, las montaron y se dirigieron a otro rumbo.

-Tú tampoco digas nada, por favor. –pidió Astrid sin dejar de tocarse el vientre.

-Nop, yo no sé nada.

Bajaron de nuevo, aterrizando en la plaza principal de Berk.

Allí estaba Toothless e Hiccup a punto de despegar, pero Astrid se bajó de Stormfly y le pidió con la mirada que él también bajara.

-Iré a afilar mi hacha. –Heather guiño un ojo, volando con Windshear a otra parte.

-¿Todo bien? –preguntó el jefe al notar un rubor en su esposa.

-Sí… todo está bien. –dijo con nerviosismo.

El castaño sólo la observó pero no tuvo tanto detenimiento porque en un parpadeo Astrid se aferró a él, abrazandolo con desesperación.

-As… estamos en la explanada de Berk. –le recordó aturdido por esa confianza tan repentina que tuvo.

-Lo sé, pero no aguantaba las ganas de abrazarte. –susurró cerca del oído para después darle un beso. Empezó tan casto y dulce que después terminó antes de que pasara otra cosa con medio Berk de testigo.

-Hiccup, hay algo que debo decirte.

Astrid no estaba segura de contar lo que le ocurría, pero era su deber con su esposo comentarle para que ambos tuviera cuidado.

El jefe la miro con curiosidad, no era normal verla tan nerviosa.

-Me acabo de enterar que…

Una alarma desde las cabañas de la salud acaparó su atención, más porque muchos empezaban a gritar y a correr por fuego.

-¿Qué sucede? –preguntó el jefe, corriendo junto con Astrid y los dragones de ambos al recinto.

Se asustó cuando vio a su mamá salir cojeando. Cloudjumer la vio y le ayudó a recostarse.

-Hay serpientes, demasiadas, por las cabañas. –advirtió con dolor.

Astrid notó que estaba con una herida en su pierna.

-¿Cómo llegaron? –preguntó, quitándose su fillet de la cabeza, usando como un torniquete en su pierna para que el veneno se detuviera.

Gritos se escucharon en las cabañas, más y más.

-Ruffnut y los demás están allí. También Gylda. –dijo, aguantándose el dolor. Empezó a sudar.

-¡Mamá! –gritó Hiccup tomándola de la cabeza para recostarla en el piso.

-Ayu… ayuden a los demás. –rogó.

Astrid miró desolada lo que le ocurría. Casi anochecía y eso molestaría en la caza de los reptiles.

-Sí mamá, pero primero ponte bien.

Valka trató de ser fuerte.

-¿Stoick? –preguntó a lo lejos, como si viera a alguien.

La pareja se miró entre ellos.

Astrid se puso de pie y sin dejar de apretar el torniquete sacó una de las dagas que siempre llevaba en las botas.

-¡Stormfly! –llamó a la dragona, con una mirada le indicó que sacara fuego. Colocó la punta de la daga en el calor de las brasas de la dragona y cuando estuvo caliente se acercó a su suegra de nuevo. –Valka, esto va a doler, y mucho.

La mujer asintió casi ida, el veneno le empezaba a acabar con ella.

La rubia no lo pensó más. Levantó el mallón de la mujer, a la altura de la rodilla. Ambos notaron que la pierna estaba morada. La jefa encajó la daga en la herida de la serpiente, levantó la piel y estaba a punto de succionar el veneno, cuando llegó Gylda.

-¡Yo lo hago, Astrid! –dijo la curandera. –Mejor ve con los hombres que arrojaron las serpientes. –los señaló. Hiccup y Astrid los miraron. Hombres fornidos y cubiertos de capas de piel de dragon.

Toothless e Hiccup salieron con ellos, la rubia tardó un poco más porque sujetaba la cabeza de Valka.

Gylda succionó el veneno de su amiga y lo escupió en el suelo, notando mejoría en la jinete de dragones.

-Gracias chicas. –agradeció Valka, somnolienta.

-No te duermas, amiga. –pidió Gylda, pues debía mantenerse consiente.

-Stoick… -seguía susurrando.

Astrid quiso llorar, pero la sentó un poco y le dio un par de golpes para que reaccionara.

-Escucha Valka. Tienes que quedarte con nosotros. –le rogó Astrid. –Tendrás que ayudarme, sí. Vas a ser abuela. –le susurró a modo que sólo ella escuchara, pues Gylda seguía escupiendo el veneno, aunque no estuvo segura de que no hubiese oído.

-¡Hija! –felicitó la castaña con debilidad -¿En serio?

Astrid asintió feliz, era la primera vez que lo decía abiertamente.

-Así que sé fuerte, porque Berk, Hiccup, tu nieto y yo te necesitamos en esta guerra que está por comenzar.

La viuda de Stoick asintió, con las fuerzas que tenía acarició la cabeza de Astrid, pues la rubia pronto se puso de pie y fue a ayudar a Hiccup.

Valka se recostó en el piso mientras Gylda le curaba esa herida.

-Parece que seremos abuelas. –comentó la tía de Astrid, llorando pues ella ya se había dado cuenta y con la confesión casi imperceptible de su sobrina todo quedó confirmado.

-Sí… tenías razón. Qué bueno que llegaste, Astrid habría podido envenenarse.

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Toothless siguió el rastro de los hombres que Gylda indicó.

Bajo la orden de Hiccup arrojó un plasma a unas rocas, evitando el pase de ellos.

-¡Alto allí! –ordenó el jefe desde el Furia Nocturna. -¿Por qué han hecho semejante atrocidad?

Los cazadores se miraron entre ellos.

-Una guerra empezó, oh, amo de dragones. Este es un mensaje de Drago: Ríndete ante él con tus dragones o espera el fin de tu isla.

El castaño se aturdió. Drago no vendría, lo acabaría poco a poco.

-¿Ah, sí? Pues dale este mensaje a él. –dijo después de escupir en las caras de ambos. –No le tengo miedo a Drago, él me lo tiene a mí y a mi armada.

Los seguidores sonrieron, esperaban esa contestación.

-Puedes decírselo en una semana cuando llegue él con la armada que ha conformado. Es más grande que la última vez, nuestro amo es más poderoso.

-¡Eso ya lo veremos! –gruño el jefe, preparando a Toothless para que aventara plasma y acabara con ellos.

-No, por favor. No nos hagas reír. –dijo uno de ellos, metiendo su mano en la una de las cestas que llevaban.

-Miranos bien, porque así es como terminarán todos en tu isla. –agregó el otro, sacando una serpiente, abriéndole la boca y clavando sus colmillos en uno de sus brazos.

Ante la mirada atónita de Hiccup el hombre se dejó morir, pues el veneno parecía avanzar rápido.

-Envía tu rendición en los próximos cinco días, o todo Berk y Luk Tuk desparecerá del mapa. –el cazador le arrojó un pergamino al pie del jefe y después él mismo se tomó de un trago el veneno de víbora que había puesto previamente.

Astrid llegó al lado de él, montada en Stormfly, mientras veía confundida las acciones de los mercenarios.

-Cinco días… sólo cinco días. Drago matará en persona a todos los que amas. –poco a poco fue perdiendo fuerza, pero alcanzó a señalar a Astrid.

Hiccup lo notó, vio ese brillo de asesino en los ojos del hombre y temió por todos.

-¿Estás bien? –preguntó su esposa, tomándolo de la mano.

El jefe se dio la vuelta y miró los gritos de dolor, de sufrimiento, de necesidad… de incertidumbre. Su madre, sus amigos, su gente estaba pasando momentos de real angustia.

-No Astrid. No estoy bien.

La rubia sintió su mirada perdida mientras él avanzaba con Toothless a socorrer a los demás. Era importante para él y para ella también.

Se sintió impotente frente a esa necesidad. Fue una unas mujeres que también habían sido picadas por las serpientes, y las ayudó a como pudo, aunque no succionó veneno de ellas. Le hubiera gustado hacerlo, pero ahora debía pensar en su bebé.

Heather aterrizó cerca de ella.

-Yo me encargo. –dijo la castaña después de que Astrid hirió la piel de la mujer.

La jefa caminó hacia atrás y también observó cómo Hiccup lazaba agua desde Toothless para apagar el incendio que fue provocado en una de las cabañas. Vio a Ruffnut abrasada a Snotlout, volando en el aire para que no le picara nada, de igual modo a todos los jinetes que trataban de ayudar, también a Karena que apenas salía del Gran Salón y aferraba sus manos a su vientre.

Eso la hizo recordar su embarazo.

Nada de eso debía ser así.

Ella estaba embarazada.

Se suponía que todo Berk debía festejar.

No debía ocultar que la esperanza de la isla llegaría en unos meses.

Pero nada era como lo había soñado alguna vez.

La guerra se acercaba, o mejor dicho ya había llegado, pero lo más triste y lo que más le dolió es que lo peor estaba por venir.

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Notas de la autora:

Capi revelador…

No se me traumen tanto, por favor, cinco capis más y le digo adiós a Cómo Escuchar a tu Corazón, mientras, disfruten y lloren con lo que queda.

Gracias a todos, ahora somos más de 1000 reviews! Es un logro para mí, y gracias por apoyarme en esta historia.

Gracias por leer

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**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 1 de marzo de 2017