Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
libbnnygramajo: Ya pronto verás lo que es capaz Edward. Gracias por comentar *sonríe*
Capítulo 36: Tánatos, Érebo y Hécate
—De acuerdo… vamos otra vez. —repitió Alice de forma cansina. —Cierra tus ojos y concéntrate en tus sentidos.
Cerré mis ojos y me concentré, estaba intentando agudizar mis sentidos como me pedía Alice, pero era bastante difícil con aquellas voces en mi cabeza, aquellos espíritus no dejaban de hablar.
—¿Qué es lo que escuchas a los dos kilómetros? —me preguntó mientras yo tenía los ojos cerrados.
Tantos sonidos me distraían… cornetas de autos, los humanos, música de diferentes tipos y volúmenes, sonidos de distintos aparatos… todo molestaba cuando agudizaba mis sentidos y agregando a la mezcla las voces en mi cabeza eran insoportables.
—Concéntrate Edward. —pidió Alice. —Sé que puedes hacerlo.
—Es… difícil. —empezaba a molestarme en el tímpano aquellos sonidos, haciendo que me doliera la cabeza, en el sentido figurativo.
—Yo sé que eres un hombre enfocado cuando te lo propones Edward. —me animó, pero sin éxito.
—Es tan… difícil… enfocarse en una cosa… determinada. —dije con dificultad. Yo sabía que podía hacerlo, pero todo esto es muy nuevo para mí que cuesta adaptarme.
—Edward… —escuché el susurro (grito para mis sentidos agudizados) de Alice.
—Mmh.
—Hay una… niebla negra… a tu alrededor… —la escuché con miedo. Esto hizo que abriera los ojos rápidamente y viera mis manos.
Mis uñas estaban negras, mi piel estaba cubierta por lo que parecía una extraña niebla o humo negro y este se elevaba hacia arriba, desvaneciéndose en el proceso. Vi los ojos de Alice y lo poco que pude ver de mi reflejo en su cornea es que esta extraña niebla negra que me rodeaba, y por supuesto junto a mi se encontraba la figura de "mi-yo sombra".
Vi a Alice que estaba asustada y su aura estaba rodeada de un violeta pálido con destellos grises; lo que veía me decía que ella era un vampiro asustado y que manejaba la magia. Inmediatamente empecé a respirar hondo para calmarme; mientras me tranquilizaba, mis sentidos dejaban de agudizarse acallándose todo ese ruido que escuchaba, a la vez que sentía como esa nube negra que tenía desaparecía y veía como la vampiresa delante de mí dejaba de tener destellos grises a su alrededor y cambiaba a un pálido azul, ya empezaba a calmarse.
—Lamento asustarte. —comenté culpable.
—No te preocupes, solo intenta de controlar tus sombras para no lastimar a nadie. —comentó.
—Intentaré, créeme que lo estoy intentando. —insistí frustrado. —Pero… —alcé una de mis manos e hice que apareciera momentáneamente aquel humo negro en mi extremidad. —es difícil no hacer aparecer esto. —le indiqué. —Deberías enseñarme usar esto que tengo.
—Te enseñaría Edward, pero no conozco ningún vampiro con esa habilidad que tienes, tanto Stefan como yo no sabemos como funciona tu Nigromancia y tu control de la sombras. Solo sabemos que todavía nos cuesta verte, que a veces aparecen fantasmas a tu alrededor y tienes esas voces de los muertos en tu cabeza. —explicó.
—Deseo controlar todo eso, las voces en mi cabeza son insoportables, me es imposible evitar llamar a fantasmas o sacar esa sombra negra de mí. —le dije frustrado.
—Lo sé, aunque puedo ayudarte un poco acallar esas voces.
—¿Cómo? —pregunté curioso.
—Cuando tengas unos cuantos años de antigüedad, podrás ser capaz de leer mentes sin mucho esfuerzo como también te molestará esas voces. —su rostro se contrajo. —Con la práctica, uno llega un momento en que se puede silenciar todo eso. Creo que lo tuyo sería lo mismo, así que vamos a descansar un poco de poner tus sentidos agudizados…
Por ahora estaba en Anzio, Italia, en el refugio de los Magói, mi raza vampírica. Mi transformación había ocurrido luego de que me dispararan, Alice no había consumido mucho mi sangre ya que la estaba perdiendo a través de las heridas pero si bebió lo suficiente como para entrar rápidamente al punto entre la vida y la muerte; luego ella me dio de su sangre, dando inicio a mi transformación, todo esto ocurrió mientras Jasper colocaba bombas para destruir la base. Me habían llevado a un principado cerca de la no existente base de cazadores, apenas llegué empezaron a notar anomalías en el lugar: los fantasmas algo alterados o las luces eléctricas bajaban de intensidad; se dieron cuenta que era yo el causante de todo eso a la noche siguiente, Alice se dio cuenta de mis extraños ojos negros con iris rojos y la sombra que tenía encima de mí. Toda aquella agónica conversión que tuve se sintió eterna, como si fueran semanas o meses, pero resulta que solo fue una noche.
Luego de mi despertar a la nueva vida, Rosalie se había disculpado por haberme dormido y me presentaron ante el príncipe de la zona, Alice me había dicho en su mente que no dijera los poderes que tenía, que podría ser muy peligroso para mí y los que estaban a mí alrededor. A la noche siguiente, nos fuimos inmediatamente de ese lugar, junto con Alice, Jasper, Stefan, Rosalie y el cuerpo de Isabella metido en un ataúd; durante todo el camino de regreso tenía muchas ganas de abrir esa caja donde reposaba ella, pero Alice y Stefan me lo impedían, decían que no estaba listo para verla y mis emociones de neófito podían hacerle daño.
Una vez que llegamos al refugio de mi raza, al verme todos se arrodillaron y me nombraron como Tánatos y/o Érebo, en un principio no había entendido que querían decir con ese nombre, pero Stefan y Alice me habían explicado que Tánatos es la representación de La Muerte y Érebo es la personificación de la oscuridad y la sombra, ambos en la cultura de la Antigua Grecia. La combinación de ambas más las habilidades heredadas por Alice hacía que en realidad fuera un Ángel de la Muerte o fuera el verdadero hijo perdido de Hécate, la diosa de la hechicería en la Antigua Grecia.
Hasta los momentos con mis habilidades de nigromante soy capaz de mirar a los ojos a los muertos o fantasmas y ver y sentir como murieron contemplando lo ultimo que vieron en su vida, también puedo convocar o llamar a los fantasmas y hablar con ellos si lo deseo (eso se incluye aquí las voces en mi cabeza); con el manejo de las sombras puedo oscurecer una habitación (más no quitar la luz) y usar mi propia sombra (sea por alguna contraluz o invocarla) para usarlo como compañero de pelea o guardaespaldas; con respecto a la habilidades que heredé de Alice, podía agudizar mis sentidos a un radio de dos kilómetros (lo normal como neófito es entre 500 metros a un kilometro), escuchar conversaciones a través de los oídos de otro ser (sea con alguien cercano o alguien que está a 500 metros lejos de mi, con o sin objetos de por medio) y ver el aura de cualquier ser. Las habilidades que heredé de los Mágoi eran las que más se me hacían difíciles de controlar o sacar, en cambio con las habilidades con que nací son un poco más fáciles de exponerlos y aún así me cuesta controlarlos.
Jasper, Rosalie, Alice y Stefan me daban apoyo, me ayudaban con mi progreso, pero me hacía falta mi compañera… me hacía falta Isabella que no estaba a mi lado y dos vampiros me prohibían verla. Ella estaba metida en una bóveda, según lo que pude escuchar de varios oídos, ella estaba siendo alimentada a través de bolsas de sangre por intravenosa, ella estaba durmiendo… ya lleva un mes así.
—¿No haz sabido nada de Alec y Jane? —escuché preguntar Alice a Stefan mientras yo intentaba enfocarme en agudizar mis sentidos.
—No… llevan desaparecidos por mucho tiempo. —respondió Stefan preocupado.
—Posiblemente los cazadores los agarraron. —dije de la nada y sin mirarlos. —Si se desaparecieron y no hay ni siquiera alguna señal de ellos, es posible que haya pasado eso. —finalicé.
Había un silencio sepulcral en la habitación y solo sentía la mirada de aquellos antiguos vampiros; abrí mis ojos, vi todo a mí alrededor más colorido y con gran detalle, me embelesé al ver como las motas de polvo bailando en el aire. Todavía sentía la intensa mirada de los antiguos vampiros, así que me enfoqué en observarlos, ambos me miraban de manera intensa y sin ninguna emoción.
La piel de ambos era tersa pero dura como la mía, los ojos de Alice no únicamente eran violetas del todo, ella tenía vetas rosas y azules; en cambio con Stefan se le notaba unas arrugas en su rostro haciéndolo verse más maduro y en el iris de sus ojos azules intensos tenía una leve capa perlada, adquiriendo en sus ojos ese extraño azul eléctrico.
—Para lo que estás haciendo Edward. —pidió Alice y yo volví a mis sentidos normales. Luego de que dejara de tener los sentidos agudizados, mi creadora volvió hablar. —Me dijiste que puedes escuchar a los muertos —asentí. —, necesito que prestes mucha atención a aquellos llamados que te hacen, necesitamos que busques a alguien. —volví asentir.
—¿A quién tengo que buscar? —les pregunté.
—Alec y Jane. —respondió Stefan.
Miré a ambos confundido y preocupado a la vez, no quise preguntar porque sus rostros me lo decían todo. Cerré mis ojos y empecé a concentrarme… todas las voces me gritaban por ayuda o por favores que les haga en el mundo material…
—¡Callensé todos! Ando buscando a dos vampiros. —les ordené a las voces. Solo algunos hicieron silencio. —¡Alec y Jane Lexington!
Uno de ellos no está aquí… pero el otro está debatiéndose entre la vida y la muerte…
Escuché una voz distorsionada de alguien… quería saber más.
—¿Quién está debatiéndose entre la vida y la muerte? ¿Dónde están ambos? —pregunté.
Ellos están en manos de los lobos… los de poder… ellos quieren venganza por haber destruido una de sus guaridas… los vampiros pensaban que estaban protegidos en aquella tierra, pero no era así… una cazadora junto con una vampiresa se aliaron y pudieron conseguir fácilmente a ellos dos…
—¿Una vampiresa? ¿Quién es?
Una pertenece a un antiguo reinado y la otra… se alojó en un cuerpo humano luego de que su cuerpo fuera destrozado… ella es una vampira muy fuerte y antigua…
—¿Dónde están ellos?
Está donde hay amplios campos verdes… en una isla ubicada en la antigua tierra de los celtas y Leprechaun… Éire…
—¿Éire? —pregunté confundido.
No obtuve respuesta de aquella voz distorsionada y las voces volvieron aparecer. Abrí mis ojos y los dos vampiros me miraron con atención, esperando alguna respuesta de mi parte.
—Una voz me habló, me contó que ellos no estaban entre los muertos aunque uno de ellos está a punto, pero no me dijo su nombre. —empecé a relatar. La cara de ambos se volvió a uno de miedo. —Me dijo que estaban en manos de los lobos de poder, que supongo que son los cazadores de la Iglesia Ortodoxa, y que los pudieron agarrar gracias a dos vampiros…
—¿Quienes? —demandó Stefan.
—Me dijo que era una vampiresa de un antiguo reinado y la otra que se había alojado en un cuerpo humano luego de que su antiguo cuerpo fuera destrozado, que esta ultima era una vampiresa muy fuerte y antigua. —respondí.
—¿Te dijo dónde estaban? —preguntó Alice.
—Eso fue lo que no entendí, me dijo que estaban en dónde habían amplios campos verdes, en las antiguas tierras de los celtas y Leprechaun. —expliqué. —Lo que se me vino a la cabeza fue en la propia Gran Bretaña, pero apenas sé algo sobre celtas y no sé que es Leprechaun, así que no estoy seguro si es allí. También dijo una palabra muy extraña. Éire. —finalicé.
—Es en Irlanda. —musitó. —Edward ¿Hay alguna base principal allí?
—Si te refieres a la República de Irlanda, si hay una base principal de cazadores y es preferible irnos lo más pronto posible allá. —expliqué.
—Hay un problema. —acotó Stefan. —En esa Irlanda no hay vampiros, son casi inexistentes y todo por la religión de ese lugar. —explicó el vampiro. —A donde podemos ir es a Irlanda del Norte, si es que no lo han tomado ya los cazadores.
—Sería un suicidio ir a Irlanda —indicó Alice. —, toda Gran Bretaña e Irlanda está en manos de los Fraternitatis Sanguinem.
—Pero tenemos que hacerlo ya —exigí preocupado. —, en cualquier momento pueden morir y allí está nuestro aquelarre.
—¿No entiendes que es un suicidio? —escuché a Alice horrorizada. —Si vamos para allá es posible que nos maten.
—Bella haría lo que sea para rescatarlos. —puntualicé.
—Bella no está despierta Edward. —me recordó Stefan. —Y ni te atrevas ir tu solo a ese lugar, eres un neófito todavía.
—Podré ser un neófito, pero sé como se mueven ellos y mis habilidades son algo que ellos no esperan—expliqué de forma severa. Me molestaba que me subestimaran. —, yo sé que ellos no han visto un vampiro como yo o como ustedes. Así que sé lo que digo. —agregué.
Alice y Stefan se miraron durante unos segundos, para luego verme a mí.
—Vamos a pausar por ahora las magias que heredaste de mí —habló Alice. —, vamos con las artes oscuras que adquiriste, tiene que ser un intensivo en tu caso ¿Eres capaz? —asentí.
—Iré a preparar todo. —informó Stefan. —Cuidado con lo que haces, no hemos descubierto del todo tus poderes. —con esto el vampiro se fue.
—Empecemos por tus sombras…
¡Hola chicas!
¿Ya más o menos ven porque Edward lo consideran Angel de la Muerte? El capítulo que viene lo verán en acción y les informo que ya terminé la historia, por lo tanto el capítulo que viene será el penúltimo (si es que no me pongo creativa y agrego otro más). Así que todo depende de ustedes si le saco una continuación o no, que será la ultima por cierto.
Dejen sus comentarios chicas ¡Hasta la próxima!
