Disclaimer: ¿Seguro que este tío es un Gryffindor?
A/N: Buenas de nuevo. Para la gente que me creía muerto, o desaparecido o lo que sea, no, no estoy muerto... del todo. Simplemente tenía demasiadas cosas en mente y demasiado poco tiempo para hacer todo lo que debía hacer. Llevo cosa de un año sin actualizar, lo sé, pero más vale tarde que nunca, como diría aquél.
Ya queda poco para el desenlace. La guerra está cerca y será cruenta y épica. Espero no cargarme del todo la historia con ella, de todas formas...
En fin, R&R, que si tiran más dos tetas que dos carretas, los reviews tiran aún más de los autores y animan a acabar... a veces.
CAPÍTULO 36
ANIMAGO
—¡Lo conseguí, mi anhelo! —Harry estaba loco de contento y, nada más entrar yo en la habitación, me abrazó con todas sus fuerzas—. ¡Lo conseguí por fin!
—Ya lo veo, chico —desde luego que sí, saltaba a la vista—. Ahora a ver si puedes invertir el proceso.
—¡Pues claro! ¡Ya sé cómo va y…! —una pausa, pues no había pasado nada—. ¿Qué diantres…?
—Amigo mío, no es tan fácil como parecía, ¿verdad?
—¿Pero qué pasa? —graznó Harry, asustado. Sí, lo he dicho bien, graznó—. ¿Por qué no puedo volver a la normalidad?
—Porque la primera vez nunca sale —ululé. Efectivamente, ambos estábamos en nuestras formas animagas, de ahí que él graznara y yo ululara.
Me había colado en la habitación de Harry como hacía desde que descubrí la entrada reservada a las mascotas, cortesía de Crookshanks, el gato de Hermione. Al ser un agujero pequeño, no había otra forma de entrar que yendo en mi forma de lechuza. Al verme, Harry me abrazó con las alas, graznando que lo había conseguido por fin. He comentado otras veces que los animales se entienden entre ellos, y lo mismo nos pasa a nosotros en nuestra forma animal.
En ese momento, Harry estaba atrapado en su forma de cuervo, como en su momento me pasó a mí o a Sirius o a cualquier otro animago. Seguramente incluso McGonagall tuvo sus más y sus menos con la inversión de la animagia, por muy dotada que esté en ese tema. Es normal que el proceso de transformación de vuelta en humano falle la primera vez, al ser una inversión de la transformación anterior. Tuvo suerte de contar conmigo para su regreso a la forma humana, de todas formas, y con una pequeña explicación pudo felizmente conseguirlo. Peor lo pasé yo, que estuve atrapada una semana en mi forma animaga hasta que encontré el modo de revertir a humana. Menos mal que me pilló de vacaciones y no en Hogwarts; habría sido mucho peor, al ser una animaga ilegal.
—Uf, qué susto, gracias por la ayuda —suspiró Harry, aliviado al verse de nuevo con brazos y piernas, en vez de con garras y alas—. Supongo que tendré que practicar esto un poco más. ¿Y dices que tú tardaste una semana en aprender a volver a ser humana? —asentí y suspiró de alivio otra vez—. Pues doblemente gracias. No sé qué haría yo sin ti.
—Probablemente ser amigo de Ronald Weasley, por ejemplo —bromeé, y Harry palideció al instante—. Y es posible también que trataras de ligarte a Cho Chang o incluso a Ginevra Weasley si te fallara Cho por lo que sea. A falta de pan…
—¡Calla, calla, no bromees con eso! —exclamó, y yo reí a carcajada limpia—. ¡No tiene gracia! Los únicos Weasley que me caen más o menos bien son los gemelos. Y porque me hacen buenos descuentos en su tienda de artículos de broma, que si no…
—Bueno, dejemos eso —atajé—. Me he enterado de algunas cosas muy importantes en el despacho de Dumbledore y…
—Cierto —interrumpió Harry, preocupado—. ¿Qué tal? Espero que no estés en un lío muy gordo, como la vuelta a Azkaban o algo así…
—No, tranquilo, quería un reconocimiento médico —expliqué—. Eso sí, me ha tocado un curro bastante chungo… bueno, a Isabella, yo sigo siendo Hedwig. Me he enterado del tema de los Horcruxes y…
Le expliqué lo que Dumby me explicó y, como supuse, Harry sabía exactamente lo mismo que yo, al ser efectivamente lo que le sacó en su momento con el cóctel con sombrillita. Un gran invento de los muggles, sin duda, una poción casi mejor que el Veritaserum, y además te da un contentillo… Pero a lo que iba. Le comenté asimismo el plan que tenía Dumby para él y no le hizo ninguna gracia, menos aún cuando añadí que probablemente incluiría a Hermione, Luna y Susan para asegurarse. Lo normal.
—Que me iba a implicar era algo que me figuraba —protestó, dando vueltas por la habitación—, pero que implique también a Hermione, Luna y Susan es algo que no me esperaba y que no veo justo. No están preparadas. ¿En qué está pensando?
—Hombre, tampoco es una misión de riesgo —objeté—. ¿Qué es lo peor que les puede pasar? Si acaso les puede quitar puntos por pesadas o algo así, y lo mismo pasaría contigo, pero nada más. Slughorn es un capullo, pero no es peligroso, te lo puedo asegurar. Lo tuve de profesor en su momento.
—Supongo que tienes razón —murmuró él, dejando de dar vueltas. Menos mal, me estaba mareando—. Aun así, no me esperaba que las utilizara de ese modo. Está demostrando ser mucho más manipulador de lo que pensaba. Tendré que pensar en algo para deshacerme de él.
—¿De qué vas ahora, de capo de la mafia o algo así? —me burlé—. Bueno, tampoco te preocupes mucho por eso. Va a morir en menos de un año.
—¿Y eso? ¿Ya te lo quieres cargar?
—Si quisiera lo haría, soy su médico y no me siento en la obligación de seguir las normas médicas, pero no —suspiré. Ahí estábamos, confabulando contra Dumbledore casi bajo sus barbas—. ¿Te diste cuenta cuando fuimos a buscar a Slughorn de que tenía una mano mal?
—Sí, pero no le di demasiada importancia —admitió Harry—. Pensé que era una especie de truco para dar pena a Slughorn o algo así. Es capaz de eso y mucho más.
—Esa mano está muerta, Harry —dije—, y se le está extendiendo. Me fijé también en que tenía un anillo en la otra mano, un anillo que, por lo visto, era un Horcrux. Cuando lo deshizo, le afectó de tal modo que le provocó una necrosis que ya le ha ocupado todo el brazo y se le extiende por el costado. Me hizo hacerle ese reconocimiento médico para enseñármelo y para pedirme que lo mantuviera con vida hasta final de curso. Lo intentaré, pues me conviene, pero no sé si podré.
—Pues sí que va rápido —comentó—. ¿Y qué piensa hacer ahora que sabe que le queda poco?
—Bueno, se encargará de buscar y destruir el resto de Horcruxes, por eso me conviene dejarlo con vida lo máximo posible, aunque primero tiene que enterarse de cuántos hay y cómo destruirlos, pues no sabe del todo de qué van. Y ahí es donde entráis el pequeño grupo de elegidos de Slughorn.
—Así que era eso —murmuró—. Se trata de convencer a Slughorn para que nos cuente todo lo que sabe acerca de los Horcruxes. ¿Pero cómo es que sabe de eso? ¿Voldy le dio clases o qué?
—Casi. Fue Slughorn quien le dio clases a Voldy cuando aún se hacía llamar Tom Ryddle. Ya de paso, Dumby me ha enseñado un recuerdo de Slughorn en el que Tom trata de sonsacarle qué es un Horcrux y todo eso, vamos, lo que seguramente tengas que hacer tú, pero el recuerdo está manipulado, tiene partes borradas en sitios clave.
—Ya veo… supongo que no tengo otra opción. Para matar a Voldy tengo que destruir primero sus anclajes a este mundo, sus Horcruxes, y…
—De eso se encargará Dumby —le recordé—. Tú te encargarás de sonsacarle a Slughorn lo que puedas acerca de ellos. También pasarás todo el tiempo que puedas en la sección de Ravenclaw de la biblioteca. Hay libros de magia de combate muy buenos que te van a interesar, magia que nadie sabe actualmente. Pero primero vamos a pulir esa animagia, la transformación en animal y la reversión a humano. Ahora mismo.
Le contamos a Hermione todo lo que sabíamos acerca del tema de los Horcruxes, sin ocultarle nada, y ella reaccionó como previmos. Se puso a caminar en círculos, pensativa, mordiéndose ligeramente el labio inferior, al menos cuando no exponía sus pensamientos. Como Harry, Hermione también quería encontrar y destruir los Horcruxes, pero tampoco era cosa suya, así que se quedó con las ganas. Pero no se mantuvo al margen, sino que, una vez que les dieron las vacaciones, se personó en el ministerio para tener una entrevista con el ministro de magia en persona. Y digo yo: ¿no habría podido tener la entrevista en casa? A fin de cuentas, solía presentarse en Grimmauld Place cuando le venía en gana, ora ella sola, ora con sus padres, y lo mismo hacíamos nosotros en Grangerdent.
Pronto vimos por qué fue derecha al ministerio.
Dos días después de la susodicha entrevista, el ministro Black, Sirius para los amigos y familiares, se sacó de la manga una nueva división de agentes de élite, de paisano, que se encargarían de localizar y eliminar a los mortífagos de élite, exceptuándonos a Snape y a mí, claro, ayudando así a los aurores para quitarles algo de presión y carga de trabajo. Fue ahí donde se notó la mano de Hermione, pues Sirius habría localizado y eliminado con gusto a Snape también, y posiblemente lo habría hecho en persona. Y a la gente le encantó esa decisión.
Creó asimismo otra división, esta vez totalmente secreta para no alarmar a la gente de a pie, encargada de eliminar criaturas antinaturales del tipo de inferi o dementores. Si sé esto es porque Harry confía en mí, pues Sirius le había mandado una carta en la cual le explicaba todo esto pero le pedía que no me lo contara. Ten primos para esto…
—Bien, parece que dominas también esto —sentencié, tras un día duro en la sección de Ravenclaw—. Gracias por presentarte voluntaria para la prueba, Helena.
—No hay problema —dijo Helena Ravenclaw, mejor conocida en Hogwarts como Dama Gris—. Menos mal que este conjuro no puede matarme al estar ya muerta. Aprendes deprisa, Harry.
—Gracias, mi trabajo me está costando —dijo Harry, sentándose en el suelo, agotado—. A propósito, ¿sabes si hay algo en esta sección acerca de los Horcruxes?
—¿Horcruxes? ¿Qué es eso? —preguntó Helena. Cuando Harry se lo explicó, ella suspiró… o algo así. No respiraba, a fin de cuentas—. ¿Y eso se llama así? No lo había oído nunca. Parece nigromancia y eso aquí nunca se ha estudiado. Me pregunto cómo se las habrá apañado Tom Ryddle para aprender nigromancia.
—Por Horace Slughorn —revelé.
—Vale, entonces reconstruyo la frase —rectificó la fantasma—: ¿Cómo se las habrá apañado Horace Slughorn para aprender nigromancia?
—Pues no es todo —añadió Harry—. Al parecer, se la enseñó a Tom, por voluntad propia además, y ahora me toca a mí descubrir cómo para aprender lo suficiente de los Horcruxes para destruirlos, digamos que son órdenes de Dumbledore, aunque dictadas de modo sutil. Por suerte, yo no seré quien los destruya, porque vamos…
—Entonces no me extraña que estéis aquí los dos —murmuró Helena—. Si Dumbledore os encomienda misiones tan difíciles tan pronto, es mejor que vayáis bien preparados. A saber cuál es la siguiente tarea…
—¿Y cómo es que casi nadie sabe de esta sección? —preguntó Harry—. ¿Por qué sólo los animagos ave como Bella o yo podemos entrar?
—Porque esta sección esconde muchos secretos —dijo Helena, seria—. Lo que ahora veis es sólo la punta de lanza de todo lo que mi madre almacenó. El resto lo escondí yo misma. Sigue aquí, eso os lo puedo decir, pero no os diré cómo llegar hasta esa sección para que el secreto siga siéndolo. No puedo permitir que esa nefasta sabiduría salga a la luz. La última vez trajo un kraken al lago que esclavizó a medio Hogwarts durante demasiado tiempo. No puedo arriesgarme a que suceda de nuevo otro desastre tapado con magia ancestral. Lo que veis aquí, lo que os dejo que veáis, más bien, es sólo el ABC de la colección de Rowena Ravenclaw. Y os permito estar aquí porque hay una amenaza que se cierne sobre todo el mundo mágico, aquél al que conocéis por Lord Voldemort. Puedo decir su nombre sin temor a su crecimiento de poder, pues sólo dicho por un ser vivo se aplica y yo llevo muerta unos mil años. No obstante, de no existir esa amenaza, el agujero que posibilita la entrada a este lugar estaría sellado incluso para los animagos ave.
—La verdad es que lo veo lógico —dijo Harry—. Aquí hay hechizos muy poderosos. Este Foliam Abscisante que acabo de aprender es terrible, corta cualquier cosa. Hace que los efectos del Sectumsempra sean como hacer cosquillas.
—Pues hay cosas aún más fuertes —dije—. Hay un hechizo de fuego y otro eléctrico que los aprendí aquí, y me salvaron la vida cuando peleé con el kraken. Y el hechizo de levitación y vuelo también es de aquí, al menos el que hago ahora. Existe otro, perteneciente a la magia oscura, que permite viajar rápidamente, pero no es ni por asomo tan versátil como el que utilizo ahora. Ya te lo enseñaré. Y otros muchos. Como parece que vas a tener que matar a Voldy, lo único que podemos hacer es prepararte bien para que sobrevivas.
—De todas formas —continuó Helena—, no aprenderéis nada más. Y cuando esto acabe, olvidaréis esos hechizos. No quiero que esta magia tan peligrosa vuelva a circular. Si cayera en peores manos que las vuestras…
—¡Ey! —protestamos Harry y yo al mismo tiempo.
—Es verdad, no sois precisamente buenos samaritanos —acusó Helena—. Todo lo hacéis por vuestro provecho personal. Harry, estás aprendiendo todo esto porque quieres salvarte el culo, y no puedes negarlo —arqueé una ceja, sorprendida. ¿Salvarse el culo? ¿Desde cuándo utilizaba esa fantasma expresiones tan vulgares?—. Quizá también salves el culo del resto de la gente en el proceso y te aclamen como héroe por ello, pero sé muy bien que esto lo haces por ti.
—Por mí y por mis amigos —aclaró Harry, curiosamente tranquilo—. Pero tienes razón, Dama Gris. El resto de la gente no me importa. Total, para ellos sólo soy una celebridad, un personaje de moda, y al final todas las modas se acaban. Estoy esperando que acabe ya mi fama y ya he hecho algunos planes para cuando pase.
—¿Estoy en ellos? —pregunté, curiosa. Sabía la respuesta, pero quería oírsela.
—Claro, ¿cómo puedes dudar de ello?
—¿Y cómo se llamará, Harry? —preguntó Helena.
—¿Qué quieres decir con eso? —pregunté yo a mi vez—. Sabe muy bien que soy Bellatrix Black.
—Ya, pero tú ni siquiera existes para la mayoría de la gente, Bellatrix —puntualizó Helena—. A la hora de vivir en algún sitio, ya sea en Gran Bretaña o fuera, tienes que identificarte. ¿O pensáis vivir como nómadas toda la vida, huyendo y escondiéndoos?
—Lo tengo todo previsto —insistió Harry con seguridad—. Podré seguir llamándola Bellatrix sin ningún problema y nadie la tachará de mortífaga, asesina o lo que sea, a no ser que vuelva a las andadas, claro. Si ese fuera el caso, que sea de modo sutil y no repercuta en nuestra vida normal.
—¿Consentirías que siguiera siendo una asesina? —preguntamos Helena y yo a la vez, aunque con distinto tono. El de ella parecía bastante reprobatorio, mientras que el mío era casi exultante.
—Ante todo hay que vivir feliz —se limitó a decir Harry.
—¿Pero? —intuí que había condiciones. Harry sonrió.
—Muy aguda, mi anhelo —dijo—. Sí, hay un pero. Si volvieras a matar, que sea a gente indeseable. No me refiero a limpiar las calles, eso sería algo como lo que trata de hacer Voldy, pero siempre hay gente que no merece vivir, gente como asesinos indiscriminados, terroristas, violadores y otros de esa calaña, muggles o magos, y es ese tipo de gente la indicada para evitar que te oxides.
—¿Así que me aceptas como asesina? —pregunté, asombrada e ilusionada al mismo tiempo, todo hay que decirlo—. ¿Aceptarías que continuara matando, siempre y cuando seleccionara a la peor escoria de la humanidad, gente a la que nadie echará de menos? —él asintió, mientras que Helena nos miraba con la incredulidad en sus ojos—. ¡Gracias, mi amor! —lo abracé con ternura, aunque con bastante fuerza también—. ¡No sabes lo que me cuesta ir de buena persona, aunque no lo parezca! ¡Ya estaba a punto de unirme a la Cruz Roja y salvar perritos y ayudar a ancianitas a cruzar la calle, de lo cursi y bonachona que me estoy volviendo! ¡Esto será como volver a respirar!
—Si te acoges a esa condición, supongo que no está demasiado mal —suspiró Helena, dándose por vencida—. Desde luego que sabía que no ibas a dejar esa afición tuya de destruir vidas, eso lo tenía asumido, pero no me esperaba que Harry Potter tuviera los mismos instintos, la verdad…
—No tengo esos instintos, no quiero matar a nadie, ni siquiera a Voldy —dijo Harry—. Supongo que al final no tendré otro remedio que hacerlo, pero no quiero matar a nadie más. Eso sí, no voy a imponerle a mi novia que deje de matar si esa es su vocación. No tengo derecho a decirle lo que tiene que hacer, es mayorcita para tomar sus propias decisiones de acuerdo con su criterio. Eso sí, sí me gustaría que tuviera ciertas limitaciones por nuestro bien.
—¿No es un cielo? —dije, juntando mi cabeza con la suya mientras le pasaba un brazo por la cintura, y noté la misma acción por su parte—. Me deja matar, me pone límites pero no está en contra. ¿Sabes lo difícil que es encontrar a alguien tan tierno? ¿Sabes cómo lo quiero por eso?
—¿Tierno? —Helena estaba anonadada. Suspiró y puso los ojos en blanco, echando la cabeza hacia atrás—. Que los dioses nos cojan confesados.
Que los dioses nos cojan confesados. Esa frase se me pasó por la cabeza unas semanas más tarde, cuando vi los primeros indicios de que alguien ajeno a la escuela había pasado por el pasillo del séptimo piso y nadie aparte de mí se había dado cuenta. Y yo lo vi porque iba volando por el jardín en ese momento, que si no… Para colmo, Dumbledore no estaba, lo cual daba que pensar. ¿Por qué siempre pasaban cosas raras cuando Dumby no estaba?
En fin, eso coincidió además con otras "clases especiales" de Dumbledore, al menos cuando estaba presente, así que al menos yo tuve trabajo doble. Menos mal que, técnicamente, éramos dos. Mientras Isabella asistía a las clases de "aprende de tu enemigo", yo iba por otro lado investigando estos extraños sucesos. Parecía que todo se desarrollaba en el séptimo piso, curiosamente cerca de la Sala de los Menesteres. Tras una investigación ligeramente más minuciosa, pude ver que efectivamente era en la Sala de Menesteres donde estaba todo el lío. Lástima que no supiera quién era el causante de esas idas y venidas, pero estaba dispuesta a averiguarlo.
Luego resultó que era quien menos esperaba, la verdad.
«¿Pero qué…?», pensé, al verla. «¿Por qué? ¿Por qué lo traiciona?».
Dispuesta a llegar al fondo de todo aquello, la seguí a todas partes, pero a primera instancia no descubrí el porqué de aquellas ayudas a los mortífagos, porque era realmente eso. Los mortífagos trataban de entrar en Hogwarts de alguna manera y ella los estaban ayudando.
Pero más tarde descubrí que no debía culparla, aunque sí informar de lo que ocurría, al menos a Harry.
—Harry, tengo que contarte una cosa importante —comencé, en otra de nuestras escapaditas nocturnas. Estábamos aprovechando una de sus rondas de prefecto y menos mal, porque tardé lo mío en reunir el valor para contárselo.
—¡Oh! ¿De verdad? —exclamó Harry, jubiloso, aunque yo no entendía por qué. No era precisamente algo bueno y él ni siquiera sabía qué le iba a contar, como pude comprobar en la siguiente frase—. ¡Pero eso es maravilloso! ¡Algunos dirán que es demasiado pronto para asumir esa responsabilidad extra, pero…!
—¿De qué estás hablando? —pregunté.
—Me pregunto a quién se parecerá más… —continuó Harry, ya agachado, hablándole a mi barriga. Fue entonces cuando comprendí exactamente de lo que estaba hablando.
—¡No estoy embarazada, Harry! —exclamé—. ¡No es de eso de lo que quería hablar!
Él me miró confuso y se levantó, poniéndose de nuevo a mi altura. Suspiré.
—Oye, ¿de verdad pensabas que estaba embarazada? —pregunté, y él asintió sin dudar un instante—. Es curioso, se te veía ilusionado…
—Pues claro, sería hijo nuestro, ¿cómo voy a estar si no?
—¿Cómo? ¿Es que vais a tener un hijo? —era Hermione, en su ronda, mirándonos con ojos como platos—. ¿No es un poco pronto para eso?
—¿Qué? ¿Ya? —dioses, ahora Draco. ¿Es que todos los prefectos se habían turnado para hacer la ronda por ahí ese día o qué?—. ¿Y cuándo sales de cuentas, tía Bellatrix?
—¡Que no estoy embarazada, coño! —rugí—. Y no me llames "tía Bellatrix" aquí, no seas cafre. ¿Y si te oye alguien?
—Si no estás embarazada, ¿por qué estabais hablando de tener hijos? —preguntó Hermione, suspicaz—. ¿Es que estáis planeando tenerlos tan pronto?
—Como dijiste, es un poco pronto para eso —insistí, más calmada—. No, iba a hablar de otra cosa importante, pero Harry me malinterpretó —se lo contaría también a ellos, pues también les atañía—. Se trata de Susan.
—¿Entonces es Susan la que está embarazada? —preguntó Draco—. ¡Qué comidilla! ¡Verás cuando se lo cuente a Lily!
—Eso si es que no lo sabe ya —añadió Hermione, sin dejarme meter baza—. Ya sabes que es novia de Luna y esa chica se entera de todo antes que nadie, a saber cómo lo hará…
—Hablando de las lesbis, ¿cómo se las apañarán ellas para tener hijos?
—Los adoptarían, supongo…
—¡Basta! ¡No es nada de eso! —atajé, cansada ya de ese tema. ¡Y no, no estaba embarazada entonces!—. ¡Nadie está embarazada! —aseguré—. Que yo sepa al menos —musité, porque con los tiempos que corren…—. Como decía, se trata de Susan. He descubierto algo importante acerca de ella, que no es nada relacionado con embarazos —recalqué por si acaso—. Resulta que he visto mortífagos rondar por el séptimo piso mientras volaba por ahí cerca, y Susan los está ayudando a entrar y fisgar.
—¿Eh? ¿Es que Susan es una mortífaga infiltrada? —preguntó Hermione, pero curiosamente mirando a Draco.
—Oye, a mí no me mires —dijo él—. Que mi padre sea un mortífago no quiere decir que conozca a todos.
—No es una mortífaga —dijo Harry, aparentando una seguridad que no creo que tuviera—. Susan es inocente… debe de ser inocente… tiene que serlo…
—Harry, la he visto —insistí—. Sé que es difícil para ti que alguien de nuestro grupo esté del lado de Voldy, pero es algo que podía ocurrir…
—No, me niego —dijo Harry, obtuso—. Tiene que haber una explicación razonable para esto. Nadie se hace mortífago de la noche a la mañana. Seguro que incluso tú tuviste que sufrir un cambio importante en tu personalidad o algo así. Y desde luego eso se notaría. Y si no mirad el proceso de evolución de Tom Ryddle, según los recuerdos que nos está haciendo tragar Dumbledore. Es el mejor ejemplo.
—Harry tiene razón —añadió Hermione—. Tenemos que investigar. Igual le pasa algo que no puede contarnos por lo que sea y la han pillado con la guardia baja o algo así. No le veo otra explicación.
—¿Lo habrá dejado con Neville y le ha seducido el Lado Oscuro de la Fuerza… digo de la Magia? —opiné. Al pensar en lo que dije, suspiré. Debería de escuchar menos a Pomfrey cuando está con su "Starwarsitis". No es sano.
—Bella, Susan no es una Sith —murmuró Hermione, mirándome de reojo, y pude notar una gruesa gota de sudor caerme por la sien, mientras se me subían los colores por la vergüenza. No, definitivamente debía de dejar de escuchar a Pomfrey cuando le daba por hablar de Star Wars.
—¿De qué habláis? —preguntó Draco, desorientado.
—Una película muggle de gran éxito —resumí, lacónica—. Pero no tiene nada que ver con esto. Tienes razón, Hermione. Deberíamos investigar el porqué de ese extraño comportamiento. Igual está inducido por algo externo.
—Vale, haremos eso, pero hoy no —dijo Draco.
—No, hoy no —estuvo de acuerdo Harry—. Sigamos con la ronda.
—Sí, que si nos pilla algún profesor nos mete un puro de aúpa, fijo —terció Hermione—. Mañana nos vemos y trazamos un plan para investigar a fondo a Susan y ver qué está pasando realmente.
Quedamos en eso, pero la cosa no iba a resultar tan fácil como parecía a primera instancia. Al día siguiente ocurrió algo que nos fastidió el plan antes de comenzar a trazarlo siquiera. Algo que no había quien se esperara, desde luego.
